Cap. 35.1

Lenaya se vuelve a sobresaltar con el sentir de aquel poder. ─ ¿Ocurre algo? ─ pregunta Darlen ─ Están más cerca ─ comenta Lenaya con la mirada fija en la ventana. ─ ¿Es de él? ─ No, es alguien más, pero sea quien sea, debemos estar preparados. Informa a Sofía y a Wyatt en preparar la evacuación si es necesario ─ Darlen hace una reverencia antes de ponerse en marcha, por un instante los pensamientos de Lenaya se fueron con sus amigos, deseando que estuvieran bien en manos de Darién.

Llegando a un restaurante de carretera de las que funcionan las veinticuatro horas, todas se bajan de la furgoneta, Carla se va para la parte de atrás a vomitar mientras que Ana le daba golpes por la espalda sujetándole el cabello, Adara miraba con ojos suplicantes, imploraba a Jessica en no volver a repetir lo sucedido en aquel pueblo ni mucho menos que vuelva a manejar de esa manera, Jessica consuela a la niña abrazándola con fuerza. ─ ¿Alguien quiere ir al baño? ─ pregunta Flora, la primera en levantar la mano fue Jessica, las otras dos levantan la cara ofreciendo una mirada interrogante.

Entrando por fin al lugar, todas se reúnen en una de las mesas del restaurante, una mujer con cara de pocos amigos se le acerca para tomar la orden. ─ Solo cuatro cafés por favor ─ la niña tira de la manga del abrigo de Flora. ─ Y… una malteada de fresa ─ ordena Flora. ─ ¿Dónde pasaremos la noche? ─ pregunta Ana. ─ ¿Qué coño fue eso? ─ Pregunta Carla con su cara empalidecida después de haber vomitado hasta lo que no tenía en el estómago. ─ El dónde pasaremos la noche no es el mayor de los problemas, y con referente a lo que pasamos, uno: ese pueblo era una farsa, una trampa para los Nefilim y quienes sean demonios o para los que seamos diferentes, les llaman los hijos de los benditos, o los bendecidos, (bufido), son una espina en el culo ─ ¿Y la nube negra? ─ pregunta Jessica. ─ Simple, eran demonios ─ ¿Esa cosa fue lo que se comió a los padres de Adara? ─ pregunta Carla sintiendo con ojos bien abiertos, le resultaba increíble con solo pensarlo, y eso q fue testigo. ─ No, personas corruptas de almas que vendieron lo poco que tenían por nada, las aberraciones que vimos, ellos fueron ─ ¿Y qué pintan los bendecidos? ─ pregunta Ana. ─ Son los hijos favoritos de Dios, son difíciles de matar ─ ¿Y cómo sabía lo que eran? ─ pregunta Jessica. ─ Cuando cruzamos el cartelón dándonos la bienvenida, había un punto de protección, no era la gran cosa, pero les daba el aviso de quienes son las personas que se acercan, si son amenazas o no, si son humanos buscan de convencerles para que se unan a ellos ofreciéndoles la misma estupidez que todo creyente se cree, inclusive Adara se dio cuenta ─ ¿Pudiste sentirlo Adara? ─ la niña asiente con mirada expectante ante la pregunta de Carla, la mujer trae los cuatro cafés y la malteada, inesperadamente Flora le sujeta la mano, la mujer se sobresalta un poco, pero al ver a los ojos de Flora ésta se paraliza algo asustada. ─ No temas ─ dice Flora serenamente apagando los miedos de la mujer. ─ Solo te venimos a prevenir de algo. Vete lo más lejos que puedas y no mires atrás, y hazlo ahora ─.

La mujer asiente lentamente, Flora le suelta la mano, la mujer se va a toda prisa a la parte trasera de la cocina sin decir una palabra, minutos después de beber los cafés y la malteada, Flora y las chicas se levantan de la mesa dejando la paga y salen del restaurante a toda prisa. ─ ¿Cuánto falta para llegar a nuestro destino? ─ pregunta Jessica abordando el auto, Adara se para con la mirada fija al este. ─ Ya estamos cerca ─ todas miran sorprendidas a la niña. ─ ¿Estás segura? ─ pregunta Flora agachándose para sujetar suavemente por los hombros a la niña, ésta la mira fijamente a los ojos asintiendo. ─ Puedo sentirla, puedo oírla ─ ¿A quién? ─ pregunta Carla. ─ Es como un canto, pero no es ella ─ ¿Qué quieres decir? ─ pregunta Ana. ─ Es ella, pero… no lo es, es ella en otra vida, de alguna manera está atrapada ─ Flora presta atención por unos segundos. ─ Es cierto, estamos cerca, suban rápido ─ ordena flora. ─ Yo manejo ─ propone Flora. ─ ¿Está segura? ─ Flora le da una mirada plana a Jessica, ésta entiende el mensaje y en gesto de rendición se rueda al lado del copiloto dándole el espacio a Flora. ─ Sujétense ─ Flora toma el volante y el auto vuelve a chirriar cambiando a un modelo nuevo, a un Lamborghini murciélago, las chicas sonríen asombradas por el gran cambio, incluyendo sus ropajes. Una señora que salía del restaurante vio la transformación del auto, entre perpleja y asustada se hizo la señal de la cruz y volvió a entrar al restaurante, Flora acelera a fondo derrapando neumáticos en la carretera.

Sentado en la cornisa de un alto edificio de Turquía, sintiendo el viento relajar su cuerpo, Darién se fumaba su cigarrillo de hierba tranquilamente contemplando las luces de la bulliciosa ciudad, desde el punto donde se encontraba, la ciudad parecía otro cielo estrellado plasmado en la tierra, ─ Me cae bien el pequeño idiota ─ comenta Darién dándole una calada. ─ ¿Compartes? ─ Si no tienes algo bueno que ofrecer no compartiré nada Arthax ─ responde Darién sin siquiera mirar al demonio, éste se para a su lado. ─ ¿Qué haces aquí en Turquía? ─ Mm, de vacaciones ─ Escuché que te aliaste con nuestros enemigos ─ No me alío con nadie y lo sabes ─ Por eso eres bueno en lo que haces y por eso tanto el cielo como el infierno te estamos agradecidos, pero deberías escoger bien para quien trabajas ─ No me he formado una reputación por ser exigente con la clientela o tener preferencias, siempre y cuando paguen bien ─ Si es cuestión de paga, ¿Cuál es tu precio? ─ (otra calada) Sabes que no aceptaré Arthax ─ Triplicaré el precio ─ Darién sopesó la oferta mirándolo inquisitivamente, de pronto esboza una media sonrisa. ─ ¿Puedo pensármelo? ─ No tardes ─ ¿No quieres? ─ Sabes que no fumo ─ (pantomima de asombro) Un demonio sin vicios, eso es nuevo ─ el cuerpo de Arthax desaparece entre las sombras, Darién da otra calada, bota el humo, mira el cigarro con desagrado y lo deshecha, las visitas indeseadas o inesperadas le quitaban los ánimos de todo, mira al cielo por unos instantes y se marcha.

Caminando por una de las calles con manos en los bolsillos de su abrigo, se percata de algo curioso, un pequeño grupo de cuatro personas entrando a un club latino nocturno, Darién maldice por lo bajo y se acerca a zancadas al lugar. Sin hacer cola ni nada, y a pesar de las protestas de los presentes en espera para entrar, Darién trata de colarse al club, un agente de seguridad se interpone en su camino, y sin mediar palabras, Darién le propina un fuerte golpe que lo deja inconsciente, la gente emite un jadeo y respingan por lo acontecido sin intervenir ni nada, solo murmurar, una vez dentro del club, la música latina de moda sonaba a todo dar, el local estaba a reventar, Darién escruta todo el lugar detenidamente y descubre en la pista de baile a Renata bailando con un extraño, ¿Dónde estaban los demás?, baja unos escalones y se acerca hasta Renata, la toma por el codo a la fuerza para sacarla de la pista de baile, Renata protesta para que la soltara, el hombre trata de hacerse el héroe, pero de nada le sirvió. ─ ¡Dijiste que no tenías novio! ─ ¡Así es! ─ Dile a tu compañerito de baile que nos vamos ─ No me voy a ningún lado contigo ─ ¡Suéltala! ─ ¡Tú no te metas!… ¿Dónde están los demás? ─ ¡No te diré una mierda! ─ Renata, me estás haciendo perder la paciencia, no soy como mi hermana, si me apetece puedo acabar con este lugar en un abrir y cerrar de ojos y fingir una fuga de gas ─.

Con la poca luz del local Renata pudo ver como los ojos de Darién se encendían en rojo lentamente. ─ Estás loco, estás volado de la torre ¿Sabes? ─ Por eso estoy vivo y éstas personas no lo estarán si no me dices donde están los demás ─ el hombre al verse ignorado, coloca una mano en el hombro de Darién y en un parpadear ya estaba en el suelo inconsciente por un codazo propinado por Darién, la gente se aparta asombrada dejando el cuerpo caer al suelo. Renata protesta por la brutalidad y agresión de Darién, sin embargo, a pesar de las protestas, Darién aun continuaba con la mirada dura sobre ella, Renata hecha una furia respira profundamente, tensa sus labios en una fina línea, se da la media vuelta para guiarlo al resto de su pequeño grupo. Llegando a un lugar apartado de la barra, Sebas, Rosa y José mantenían una amena conversación, pero ésta se ve arruinada borrando toda señal de alegría en sus caras. ─ Nos vamos. Ahora ─ ordena Darién, José se levanta de su puesto plantándose delante de Darién, desafiándolo. ─ ¿Y si no? ─ Renata le susurra al oído a José las advertencias de Darién, éste mira a Renata con los ojos bien abiertos, horrorizado por la advertencia, José le hace un gesto con los dedos como si fuera una pistola apuntándose a sí mismo la cabeza, insinuando lo loco que estaba el Nefilim, Darién sonríe como si fuera un gran elogio.

José hace señas al grupo para salir del local. ─ Quiero ir al baño antes ─ solicita Rosa, Darién resopla dejando la mirada en blanco. ─ No tarden ─ Yo también voy ─ Renata se enfila junto a su hermana, Darién mira a Sebas y a José fijamente, Sebas levanta ligeramente las manos. ─ Chicas ─ dijo Sebas como una especie de excusa.

Las chicas entran al baño de damas, obviamente Rosa farfullaba insultos en nombre de Darién, exclamando lo mucho que lo odiaba, que había sido mala idea de Lenaya haber puesto a Darién a cuidar de ellos, Renata apoya a su hermana, por una parte, pero por culpar a Lenaya por su decisión… ─ Pero ve el lado bueno Rosa, estamos trabajando para una reina ─ ¡Basta! Renata, ¡basta!, me duele la cabeza por tanto fanatismo tuyo… esa cosa que sientes por… Harley no es normal, ni mucho menos es bueno, ya no eres tú, ya ni te conozco, ¿Qué te pasó? ─ A mi nada ─ ¿Entonces? ─ Es que si vieras lo que yo vi y sentí… ─ ¡Ya!, Renata, ya me tienes harta, solo quiero encontrar esa pinche tumba de mierda y regresar, además no sé qué hacemos aquí si ni tu, ni yo, ni Sebas, ni… ─ Cálmate Rosa ─ No me voy a calmar, no- me voy- a calmar. Todo se fue a la mierda cuando Harley se montó en ese puto trono, y ahora quiere que busquemos en… ─ Troya ─ Me vale… (respira profundo), me vale, porque, ¿Después que?, yo tampoco quería perder a nuestra carnal, pero pasó Renata, pasó. Es verdad lo que dice José, ella ya no es Harley ─.

Rosa caminando de un lado a otro, trataba de calmarse respirando profundamente, pasando sus dedos por un buen cuidado y liso cabello negro, cuando ya se sintió más en control. ─ Ya vámonos, encontremos esa puta tumba y pintémonos de este puto lugar ─ pasando a un lado de Darién, ignorándolo por completo se dirigían a la puerta, José y Sebas iban detrás de Darién, y Darién detrás de las chicas, de pronto un cañón de una pistola se posa en la sien de Darién, todos se apartan asustados dejando a Darién en el centro de todo aquello, varios hombres sacaron sus armas apuntándole, gente se aparta y mujeres gritan asustadas, éste esboza una sonrisa socarrona. ─ Caballeros, no creo que sea sano para nadie apuntarme ─ pudo ver de reojo que era el hombre que había dejado inconsciente en la pista de baile.

Las chicas no sabían que esperar, solo mirar, ¿era el fin de Darién?, Darién no paraba de burlarse de aquel hombre, los amigos de Lenaya solo observaban como si estuviese loco, éste enfurecido da su orden, los hombres disparan contra Darién, la gente comenzó a correr como locos, dejando la discoteca prácticamente vacía. José, Sebas, Renata y Rosa se esconden entre las mesas sin saber que hacer, si correr o ayudar a Darién, pero si querían ayudar, ¿Qué podían hacer contra un montón de hombres armados?, la discoteca queda en silencio, solo las luces intermitentes danzaban en una música silenciosa, el hombre comienza a celebrar caminando en círculos alrededor del cuerpo de Darién, apuntando hacia arriba apoyando el codo sobre su brazo, Renata al ver el cuerpo de Darién tendido en el suelo, pudo detallarlo con más calma y claridad, sus rasgos cincelados, sus labios finos y delicados, su cabello liso y blanco como la seda, con un mechón tapándole uno de sus ojos, como una figura hecha de alabastro, casi un ángel, ahora estaba tendido en el suelo, sin vida, solo el agujero en su frente y varios impactos en su cuerpo rompía aquella armonía en su rostro, ¿ahora que será de ellos?; una pistola se posa en la cabeza de Renata, ésta cierra los ojos con fuerza y comienza a gimotear con sus labios temblorosos, pidiendo para que no la matasen allí mismo, la toman por el brazo levantándola a la fuerza. ─ ¿Qué hacemos con estos? ─ pregunta uno de los hombres, Rosa pudo notar que su acento era dominicano, ¿dominicanos en Turquía?, el hombre se acerca a Renata devorándola con la vista. ─ A los demás los pueden matar, yo me quedo con ella y con la hermana ─ Sebas busca de forcejear, pero recibe un fuerte golpe con la cacha de una pistola.

Llevándolos a la entrada a punta de pistolas, se enfilan a paso fúnebre, Renata pudo ver por un instante los parpados de Darién moverse, ¿está vivo o acaso era una ilusión?, quizás fue querer ver una esperanza desesperada donde no la había, cuando ya se acercaban a la puerta, se oye un crack de un cuello partirse, todos se giran apuntando a todas partes, solo pudieron ver a uno de los suyos caer de rodillas al suelo, pero su cabeza yacía girada 180 grados, cuando se dan cuenta de que el cuerpo de Darién ya no estaba en ningún lado, todos se ponen en alerta, confundidos y temerosos, y aún más al saber que lo habían visto recibir varios disparos y un tiro en la cabeza.

Una botella sale disparada a la cabeza de uno de los hombres que se encontraba más cerca del jefe, logran esquivar la botella a duras penas, pero para cuando se dan la vuelta, Darién tenía apuntándole en la cabeza a otro con una magnum Casull calibre cuarenta y cinco plateada. ─ ¿Jugamos? ─ una sonrisa demencial se cruza en los labios de Darién, los hombres toman de Rehenes a los amigos de Lenaya, la sonrisa de Darién desaparece. ─ Mala idea ─ el tiempo parecía haberse detenido para los sentidos de todos. ─ ¿Tienes buena puntería? ─ pregunta Darién al jefe, éste frunce el ceño confundido por la pregunta. ─ Estás en desventaja y ¿Preguntas que si tengo buena puntería? ─ Te pregunto ya que si fallas… ─ los ojos de Darién brillan en rojo intensamente volviendo su imagen ligeramente difusa, y en un abrir y cerrar de ojos, los hombres de aquel mafioso caen muertos, todos degollados, ¿Qué pasó?, el hombre comienza a recitar aves marías y padres nuestros, Darién solo ríe a carcajadas con rabia e ironía en su risa. ─ Pide, reza, clama todo lo que quieras, Dios no está aquí. Ahora ya no eres tan macho, ¿He? ─.

Darién repitió todas las peroratas de aquel hombre caminando lentamente hacia su víctima mientras que él estuvo tendido en el suelo, el hombre cae sobre su trasero arrastrándose ofreciéndole dinero, cualquier cosa para que lo dejara vivir, tratando de mantenerse lo más alejado de él, pero Darién al acercarse, le susurra algo en el oído al hombre que no tuvo más remedio que orinarse los pantalones, con una amplia sonrisa sádica y pistola en mano, Darién le introduce el cañón en la boca y lentamente tira del gatillo disfrutando del gimoteo de aquel hombre. Sin parpadear dispara regando los sesos por el suelo y la pared, Sebas se desmaya y Rosa se va en vomito, José empalidece y Renata se queda en shock, Darién le quita el pañuelo de la chaqueta del cadáver para limpiarse un poco la cara. ─ Esto era lo que quería evitar. Es hora de regresar al hotel ─ Darién pasa a un lado de Sebas y se percata que éste se había desmayado. ─ Ayúdenlo ─ ordena Darién con un gesto señalando con su barbilla.

Saliendo del club por la parte trasera con Sebas a rastras, pudieron sentir las sirenas de la policía acercarse, las personas que se encontraban esperando para entrar se habían esfumado, solo unos cuantos curiosos se mantuvieron a distancia esperando si algo más acontecía.

Caminando entre callejones oscuros y avenidas apartadas, evitando a posibles mirones y Darién encabezando la marcha, Sebas aun aturdido por el desmayo al igual que Rosa, dando tumbos en cada esquina vomitando todo lo que se habían tomado, solo media cerveza, y algo más que no pudo identificar, tal vez era la comida del día, José con expresión impasible, miraba calculadamente cada movimiento del Nefilim, Renata no paraba de temblar, se lo atribuía al miedo y a los nervios de estar a punto de morir o quizás era simplemente el frío, una cosa era segura, era la primera vez en su vida que pasaba por una experiencia así, la habían robado y amenazado, pero nunca al punto de lo que había vivido en ese instante, la noche se mostraba fría y cielo despejado, con la mirada perdida en el suelo no se percata que Darién le había colocado su abrigo, se dio cuenta fue cuando su cuerpo comenzó a sentirse en calor trayéndola de su ensimismamiento, se aferra al abrigo de Darién y le da las gracias en voz baja, Darién responde con un gruñido bajo, lo gracioso y parecía no importarle al Nefilim era lo grande que le quedaba a Renata que lo arrastraba por el suelo.