Chapter 47: Cap. 34

Con el sol despuntando en la mañana, un suave olor delicioso se colaba por el aire, la niña olfatea con sus ojitos aun cerrados, recordándole su estómago que no había comido quien sabe desde que hora, abriendo los ojos lentamente se encuentra con un hermoso paisaje, una cascada con una maravillosa caída formando un arco iris, unos emparedados y un vaso desechable de jugo de naranja, se levanta lentamente atenta a su alrededor, al no ver amenazas y sin pensarlo dos veces, toma el emparedado y come con avidez. Mientras comía se percata de unas risas que provenían del agua cerca de la cascada, la niña mira a su alrededor y observa a dos mujeres bañándose y otra preparando más comida, pero la mujer de ojos amarillos, ¿Dónde está?, Jessica nota que la niña se había despertado ofreciéndole una sonrisa, con ojos expectantes se mantenía quieta con el emparedado en la boca. ─ ¿Está delicioso? ─ pregunta Jessica, la niña asiente tentativamente. ─ ¿Quieres más? ─ la niña vuelve asentir.

Muy lentamente Jessica se acerca con otro emparedado, la niña se acurruca temerosa, Jessica le acerca el emparedado lo suficiente, más no se acerca, siempre sonriendo amigablemente. ─ Me llamo Jessica, ¿Y tú? ─ la niña se mantuvo en silencio por unos segundos, pensando si debía responder o no. ─ Puedes estar tranquila, estás a salvo ─ la niña siguió en silencio dando un sorbo a su jugo sin despegar la mirada en Jessica. ─ ¿No me vas a decir tu nombre? ─ Adara ─ Que lindo, me gusta, lindo nombre ─ ¿Dónde estamos? ─ Lejos de todo peligro, de eso puedes estar segura ─ Mm… ─ ¿Dónde están tu papi y tu mami? ─ la niña baja su emparedado y su jugo, agachando la mirada dejando aflorar su tristeza. ─ Se los han comido ─ ¡¿Comido?!... perdón… yo… no quería… ─ Jessica vuelve a sonreír. ─ Come otro poco, te hará bien, y si quieres puedes bañarte con nosotras, el agua parece deliciosa ─ la niña mira a las dos mujeres bañarse, parecían disfrutar del agua. ─ ¿Quieres más jugo? ─ la niña mira su vaso y se lo ofrece a Jessica para que se lo llene. Con una sonrisa, Jessica sirve la bebida gustosamente. ─ ¿A dónde ibas con tus padres? ─ Mm, al este ─ ¿Qué tan al este? ─ No lo sé, papi me dijo que era un lugar hermoso, pero… ─ Descuida, de ahora en adelante nosotras te cuidaremos, ellas son mis amigas, la morena se llama Ana y la otra se llama Carla ─ ¿Y la de ojos amarillos? ─ Se llama Flora ─ Ella me da miedo ─ Puedes estar tranquila, a pesar de que parece regañona es buena persona, ella nos salvó ¿Sabes? ─ ¿De qué nos comieran? ─ De que nos comieran ─ ¿Ella es especial? ─ ¿Especial? ─ Si, especial, así como yo ─ la niña colocando su vaso de jugo en el suelo, le muestra su mano e inesperadamente el contenido del vaso sale flotando de él, Jessica mira anonadada la demostración, una niña con tal talento. ─ Cu, cu, ¿Cuántos años tienes? ─ pregunta Jessica tartamudeando con los ojos abiertos como platos. ─ Tengo ocho ─ contesta la niña regresando el jugo al vaso. ─ Aunque mamá me dice que ser especial es muy delicado y a veces peligroso, que no debo usarlo ─ ¿Por qué? ─ Es muy peligroso, mucha gente mala no les gusta la gente especial ─ Eso es cierto ─ la niña se asusta al oír la voz de Flora, Jessica la toma entre sus brazos para reconfortarla. ─ No debería aparecer de esa manera, la ha asustado ─ Lo siento ─ Se llama Adara ─ Flora estrecha la mirada en la niña. ─ ¿Adara?, y ¿Cómo se llamaban tus padres? ─ Yara y Thane ─ Flora abre los ojos de par en par. ─ Es imposible ─ ¿Qué? ─ Eres hija de una Eterna… eres un Nefilim ─ ¿Qué es un Nefilim? ─ pregunta la niña a Jessica, ─ Son seres súper especiales, Adara ─ contesta Flora con una sonrisa. ─ Muestra tus manos por favor ─ la niña muestra sus manitos. Flora, con mucho cuidado acerca las de ella a pocos centímetros, ambas manos comienzan a emitir cierta energía, la niña retira sus manitos rápidamente al sentir un hormigueo que le recorrió todo su brazo, Adara mira a Flora con cierto temor, en cambio esta sonríe. ─ Con nosotras no debes preocuparte por ser especial o no, todas somos especiales, y ahora tú estás con nosotras, nosotras nos cuidamos y ahora te cuidaremos ─ ¿Tu eres especial? ─ Adara le pregunta a Jessica, ésta asiente con una amplia sonrisa. ─ Ahora princesa, ¿Puedes dejarnos un momento a solas?, necesito hablar algunas cosas con la señorita Flora ─ Adara asiente dubitativamente y se va con las otras chicas que ahora se bronceaban en la orilla del lago. ─ ¿Es un Nefilim? ─ Es mitad Eterna y mitad demonio, su madre era una Eterna ─ ¿La conocías? ─ Si, logró escapar a tiempo antes de que la descubrieran, el término “Nefilim”, se usa con todos los híbridos sobrenaturales, pero se han enfocado más con los hijos bastardos de ángeles y demonios ─ Entiendo ─ Llama a las chicas ─ Enseguida ─.

Una vez todas reunidas, Flora les explica a quién buscaba ella, y todo su plan sobre reconstruir la orden de las Eternas. ─ Y suponemos que no sabes cómo se llama la hija de la tal Nadia ─ físicamente no sé cómo es, solo sé que es su descendiente directa, y que Nadia es descendiente de Eva… Eva no solo tuvo a Caín y a Abel, tuvo más hijos y a las hembras les enseñó la verdad y éstas fueron custodias de aquel conocimiento, el resto de los recuerdos que me fueron otorgados son algo confusos ─ todas quedan en silencio, asimilando toda aquella información. ─ Pero si usted quiere formar nuevamente una orden y todas somos hermanas de esa orden, no debería ocultar información a nosotras ─ opina Carla con expresión impasible en su rostro. ─ Tienes razón, lo que hace fuerte a una hermandad es la unidad de ella, nada de secretos, todas compartimos un mismo pensamiento, un mismo ser, todas somos Eternas, o pronto lo seremos, y todas debemos guardar sus secretos con nuestras vidas y ahora tenemos un miembro más en nuestra orden, la más joven y fuerte, Adara ─ todas aplauden y le dan palmadas de felicitación a la niña, Adara confundida mira cada uno de sus rostros. ─ Bienvenida Adara ─ dice Jessica colocando una mano sobre el hombro de la niña con una sonrisa llena de ternura.

Avión con destino a Turquía, los amigos de Lenaya se preguntaban muchas cosas sobre su aterrizaje, Sebas nervioso por aquella aventura, no paraba de hablar sobre la mala idea de trabajar con Darién, Renata se mantuvo emocionada, más trató de disimularlo, sin embargo, su hermana Rosa podía sentir la emoción en su hermana, José solo recordaba la mirada de Lenaya y Caroline antes de salir al aeropuerto, Caroline le ofrecía una triste sonrisa mientras que Lenaya los contemplaba con mirada inescrutable, en cambio José solo podía añorar y recordar aquellos días divertidos en el viejo apartamento como toda una familia, las peleas constantes por el desorden y ella ordenando, desde luego, después de aquella diatriba, todos terminaban colaborando con la limpieza y la colada. ─ Piensas en ella, ¿no es así?... yo también ─ el comentario de Rosa trajo a la realidad a José, sacándolo de sus pensamientos sentándose a su lado. ─ Solo quiero que todo sea como antes ─ dijo José frotando su cara con las manos. ─ Yo igual ─ ¿Y Sebas? ─ Por fin se durmió ─ Ya era hora… ¿y Renata? ─ Está mirando por la ventanilla, no paraba de hablar de Harley. Harley esto, Harley lo otro y lo importante de ésta tarea ─ José suspira con tristeza. ─ Creo que Renata ya no es la misma ─ Extraño a mi hermana ─ Extraño nuestras vidas ─ ¿Crees que sea seguro trabajar con… él?, sabes a quien me refiero ─ Si Harley lo recomendó fue por algo, lo menos que podemos hacer es confiar en ella ─ la conversación se vio interrumpida por la aeromoza, recordándole a Rosa que debía regresar a su asiento, ella le dedica una mirada fugaz a José, José le ofrece una sonrisa y ésta regresa a su puesto al lado de su hermana. ─ ¿Nerviosa? ─ pregunta Rosa. ─ Un poco… bueno si, lo estoy ─ solo hubo un silencio entre ellas después de cruzar algunas palabras, un silencio que para Rosa le pareció algo incómodo, nunca había durado tanto sin hablar con su hermana. ─ Será mejor que duerma un rato, éste viaje no sé cuánto durará y quiero terminar ésta locura cuanto antes ─ masculló Rosa por fin dándole la espalda a su hermana, Renata asombrada por la indiferencia de Rosa, trata de tocarle el hombro, pero al final no lo hizo, en cambio Rosa esperaba que su hermana hiciera algo para conversar o lo que sea, un berrinche de las que hacía cada vez que se sentía o se veía ignorada o le hacía la ley del hielo, pero solo sentía en su corazón que viajaba con una total y extraña, una lágrima se deslizó por su mejilla, ¿Qué pasó con Renata?.

Muchas horas pasaron en la sesión con Flora, gran parte de su conocimiento fue transmitido a todas las chicas, en cambio Adara mantuvo su concentración, fue lo bastante fuerte y estable para tener ocho años, como era de esperarse, era la hija de una Eterna. Flora corta sus vínculos lentamente, las muchachas se sintieron aturdidas pero felices, todo les daba vueltas. ─ Será todo por hoy, les sugiero que descansen ─ Ana trata de protestar, pero Flora le vuelve advertir sobre los riesgos de las sesiones, los peligros que acarrean en tratar de obtener todo el conocimiento de un solo golpe, una vez aclarado el tema, Flora decide que era ella quien debía conducir, pero antes de dar el primer paso. ─ ¿Qué pasó con el dueño del auto? ─ Quedó desnudo en algún motel ─ contesta Jessica. ─ Entonces será mejor que busquemos otra manera de movernos para no llamar tanto la atención, lo más seguro es que el auto esté siendo buscado por la policía ─ todas se miran a la cara. ─ Pero… ─ Tranquila Jessica ─ acercándose al auto, Flora extiende su mano, el auto entre chirridos y crujidos de metal fue cambiando su forma totalmente, de un auto clásico en una vieja furgoneta, las chicas miran con asombro en lo que se había convertido el auto. ─ ¿Viajaremos en eso? ─ pregunta Carla con incredulidad tanto en su voz como en su mirada, Flora asiente con una sonrisa traviesa. ─ Solo falta algo ─ masculló Flora con ojo clínico sobre el auto.

El cuerpo de Flora se fue deteriorando, envejeciendo a una velocidad poco usual, incluso sus ojos cambiaron de color. ─ Supongo que es suficiente ─ musitó Flora con una voz que no era la de ella, su aspecto era de una anciana de unos noventa años, una anciana de granja, luego se gira para escrutar a sus discípulas. ─ Así no llegaremos lejos ─ dijo estudiando a sus discípulas, luego extendiendo su mano, la ropa, el de cabello, toda apariencia adquirió otra forma y color, eran todas unas muchachas de campo, incluyendo a Adara, una niña de cabellos rubios y pecas con ojos verdes. ─ Ahora si estamos completas, de ahora en adelante son mis nietas, así que piensen en nuevos nombres pronto. ─ Abuela, Ágata ─ señaló Adara con entusiasmo y sonrisa en labios, Flora enarca una ceja. ─ Lo pensaremos en el camino ─ Eso espero, Ana, es hora de movernos ─.

El avión aterriza por fin en Turquía, recorriendo cada palmo del aeropuerto, los amigos de Lenaya miraban a todas partes para ver si daban con Darién. ─ ¿Será que se adelantó? ─ pregunta Sebas. ─ No lo creo ─ opina José señalando con la barbilla, Darién se encontraba sentado en la sala de espera leyendo una revista. Levantando la mirada sonríe casualmente. ─ Pensé que no llegarían, ¿Tuvieron problemas en el vuelo? ─ todos se mantuvieron en silencio, ninguno quería trabajar con Darién, solo lo miraban de manera inquisitiva. ─ Bien, no perdamos el tiempo y busquemos un hotel donde pasar la noche, saldremos al amanecer a nuestro destino ─ en el momento que da dos pasos se detiene. ─ Sugerencia del día: No abran la boca por nada del mundo hasta que lleguemos al hotel, ¿Queda claro?, así que muévanse ─ propone Darién con la misma sonrisa casual. Todos comienzan a caminar en dirección a la salida del aeropuerto. ─ Odio a éste tipo ─ comenta José en voz baja, Darién baja el ritmo de su andar quedándose al lado de José. ─ Dejemos algo en claro cachorrito, ustedes tampoco son de mi agrado, pero me asignaron para ser su “guía”, así que no tengo más remedio que soportarlos hasta que termine nuestro recorrido, hablaremos y afinaremos nuestro itinerario cuando estemos en el hotel, las reservaciones ya están confirmadas, así que muévanse ─.

Ésta vez fue el turno de Caroline en acercarse a la habitación de Lenaya, apenas levantando la mano para tocar se oye la voz de Lenaya invitándola a pasar. ─ ¿En qué puedo ayudarte? ─ pregunta Lenaya irguiéndose en su asiento con una mirada serena, Caroline se aclara la garganta. ─ Con el debido respeto Lenaya ─ Así me gusta, toma asiento Caroline, por favor ─ Gracias… estuve recordando y… tuviste la oportunidad de matarme en aquella ocasión, en Portugal, ¿Por qué no lo hiciste? ─ Querías redimirte, y entendiste el motivo y la responsabilidad que debía cargar, y que entendí una cosa ─ No sé si logro comprenderte, ¿Qué entendiste? ─ Que eres una Staghorn ─ Caroline estrecha la mirada en Lenaya. ─ Que eres descendiente de los Staghorn, pero no de cualquier Staghorn, eres hija de Tristán Staghorn ─ ¿Tu hermano?, perdón, ¿El hermano de Samara?, es confuso, no sé cómo hacer la pregunta ─ Es mi hermano, si, de alguna manera… lo fue mientras fue humano del mismo modo que una vez también lo fui, el gran famoso y poderoso demonio Arthax es tu padre ─ ¿Qué?, (Jadeo), eso… es… imposible ─ No, no lo es, fue por el trato que hiciste con Dhaxos lo que te dio poder, activó en ti todo el poder demoniaco y ahora eres lo que eres ─ Caroline no sabe si reír con ironía o llorar de rabia, la impresión de su pasado revelado, una Staghorn, pero a su vez la hija de un gran demonio, Lenaya se levanta de su sillón y le coloca una mano en el hombro, ésta la contempla con los ojos a punto de llorar, con sus labios temblorosos trató de formar otra pregunta y solo se le escapó un sollozo, sorbe por la nariz, Lenaya aprieta suavemente su hombro. ─ ¿Y… mi hermana Ashley? ─ Ella era totalmente humana ─ (sollozo) Pero, ella era menor que yo… (sollozo), ¿Cómo…? ─ Nació totalmente humana, menos tu, Caroline, naciste humana, Arthax se aseguró de eso, cosa que en algún momento despertaras en ti todo ese poder y le sirvieras ─ ¿Todo esto por ti? ─ pregunta Caroline estrechando una mirada afilada y dientes apretados. ─ No, todo esto por no dejarnos en paz, yo lucho por la verdadera libertad de elección, ellos usan la libertad de elección como una ilusión y mantenerlos presos ─ Cuéntame lo que sabes de mi padre ─ Lenaya asiente ante la petición de Caroline, ésta vez en los ojos de Caroline brilló una luz roja, pero fue el puro odio.

Surcando las calles, Sebas, Rosa, Renata y José quedan sin palabras por las maravillas de Turquía, hermosas calles y avenidas bien iluminadas, limpias, sin embargo toda la ilusión, toda emoción se fue desmoronando al llegar a un hotel barato, la cual su iluminación mortecina era señal de que las luces estaban a punto de fallecer, las paredes descascarilladas y con pintura pálida por los años, ahuyentaban toda mirada o intención de considerarlo óptimo para un buen hospedaje. ─ No mames, ¿En serio?, ¿Nos vamos a quedar en ésta pocilga? ─ pregunta Sebas en tono de protesta. ─ Es lo que hay, tómenlo o déjenlo ─ ¿Sabes?, no te creo, a Harley no le hubiera gustado que nos quedáramos en un agujero como éste ─ protesta Rosa. ─ Seguramente es que el lugar que nos reservó fue uno de los más lujosos de la ciudad y tu nos traes a este jacal, y tú te quedarás en el lujoso ─ señaló Renata con dedo acusador. ─ Si apenas se puede mantener en pie ─ apunta José con ambas manos el pobre hotelucho. ─ Un hotel barato es menos llamativo para los demonios y los ángeles, pensarán que aquí vive la escoria, cosa no está lejos de la realidad, no les prestarán atención, los ignorarán como todo el mundo ─ aclaró Darién con una sonrisa sardónica. ─ Ahora sí que te la rifaste cabrón ─ José se abalanza sobre Darién, pero entre Sebas, Rosa y Renata lo detienen, José protesta y lucha para que lo liberen para borrarle la sonrisa del rostro a su provocador, durante un gran minuto largo y extenso lograron calmar a José.

Darién y el grupo fueron recibidos por el encargado y una anciana como asistente, un joven desgarbado se encarga de llevar los equipajes, lo cual no era mucho, cada uno llevaba un morral lo suficientemente grande como para dos a tres mudas de ropa. ─ Suponemos que tampoco dormirás en la misma habitación que nosotros ─ comenta Sebas caminando por el pasillo rumbo a la habitación, de pronto una mano lo empuja hacia una pared inmovilizándolo por completo ─ Oye, oye, oye hermano, paz ─ mascullaba Sebas levantando las manos en gesto de rendición, tanto Rosa, como José y Renata se tensan.

Aun con su mano apoyada en el pecho de Sebas, Darién se acerca y lo va olfateando desde el cuello, pasando por el pecho, Sebas pudo oír como un ronroneo gutural provenía de la garganta de Darién, también pudo darse cuenta lo diferente que era a los humanos, de lejos podía pasar desapercibido, pero de cerca, sus ojos, la pupila se dilataba ligeramente casi como los gatos, y sus dientes, sus caninos eran casi semejantes a unos colmillos, una sonrisa demencial se cruza por los labios de Darién. ─ Hueles… diferente ─ murmuró Darién, una risilla nerviosa brotó de Sebas. ─ ¿A qué? ─ ¿Has fumado hierba? ─ todos miraron y escucharon la pregunta de Darién, dejándolos con caras de confusos y perplejos. ─ Yo… he, yo… ─ Hueles a hierba, si tienes yo quiero un poco ─ Renata frunce el ceño colocando sus manos en la cintura. ─ No me digas que… ─ en un instante Darién tenía en sus manos un llavero de pata de conejo, lo huele y lo destapa dejando al descubierto tres liados a mano de pura hierba. ─ Con uno me conformo, gracias. Ya me estás cayendo bien pequeño idiota ─ dándole unas palmadas en el hombro, Darién se da la vuelta para dejarlos solos. La discusión entre ellos no se hizo esperar, todos le reclamaban por la locura de haber llevado la droga encima, los riesgos de haber caído presos por su estupidez, sin embargo Sebas se excusó acusando a Darién en habérsela colado, pero nadie le creyó, todos lo fulminan con la mirada dándole la espalda, pero Sebas con sus manos al aire continúa excusándose.

Flora y Jessica con sus amigas y la niña Adara, llegan a un pueblo pequeño en busca de provisiones para el viaje, todos miraban con interés y aprensión a la extraña familia de tres señoritas, una niña y una anciana. Unas campanillas suenan al abrirse una puerta de una tienda, el vendedor presta atención a sus nuevas clientes. ─ Bienvenidas, ¿En qué les puedo ayudar? ─ Jessica se acerca con su nueva imagen, con unos vaqueros rasgados en las rodillas, una camisa de cuadros y una cola de caballo sujetando su negra cabellera y de ojos negros, le sonríe nerviosamente al vendedor mostrando sus dientes blancos y perfectos. ─ Hola, gracias, estamos buscando algunas provisiones ─ Jessica le muestra la lista al vendedor. ─ Una larga lista. ¿Largo viaje? ─ Eh… si, algo así, vamos a visitar algunos parientes ─ la niña se acerca al mostrador con algunos dulces. ─ Tía Jenny, ¿Puedes comprarme uno de estos? ─ No tengo tanto dinero Abby ─ Está bien querida, que los compre, yo pago la diferencia ─ contestó la anciana acercándose al mostrador a pasos lentos. ─ Las abuelas y sus nietos, siempre tan consentidoras ─ Toda abuela es así ─ contesta la anciana con una tierna sonrisa, la niña abraza a la anciana dándole las gracias, de pronto el hombre ladea la cabeza. ─ Ustedes vienen del oeste, ¿verdad? ─ No, venimos de Madrid, ¿Por qué? ─ contesta Jessica con el ceño fruncido algo intrigada. ─ ¿No han visto nada raro en el pueblo vecino? ─ De hecho señor, pasamos por allá ─ contesta Carla con mirada sombría. ─ Tenemos días tratando de contactar con el pueblo, pero… ─ Todo fue arrasado señor ─ agrega Ana con la misma mirada sombría, Adara de pronto recuerda la muerte de sus padres y se aferra a Jessica, ésta trata de consolar a la niña. ─ El pueblo se volvió un caos, apenas logramos huir y salir con vida ─ Si necesitan quedarse a pasar la noche, pueden quedarse en la pensión de la señora Roberta, no es lo último en hospedajes pero es cómoda ─ ofrece el vendedor amablemente, las chicas se miran la una a la otra considerando la opción. ─ Si les soy honesto, se ven muy cansadas señoritas ─ Flora Intercede. ─ Muy amable de su parte señor… ─ Héctor ─ Señor Héctor, tomaremos su palabra, pasaremos la noche, de verdad estos viejos huesos necesitan descansar. Vamos mis niñas ─ antes de salir de la tienda, el señor se ofrece en mandarle el mercado a la pensión, las chicas vuelven a dar las gracias nuevamente con una amplia sonrisa, la niña mira con anhelo los dulces, el vendedor accede a que la niña los lleve, Adara corre al mostrador y toma los dulces y se los lleva, pero es reprendida por Jessica cariñosamente, ─ ¿Cómo se dice Abby? ─ Gracias señor ─ el hombre sonríe agitando su mano en señal de despedida.

La señora Roberta las recibió con mucho cariño al escuchar que el señor Héctor había recomendado su posada, y con todo el esmero les dejó una de sus mejores habitaciones, las chicas trataron de explicarse que solo se quedarían una noche, sin embargo, no fue excusa para incluirles hasta la cena, cuya cena aún faltaban horas, el mercado había sido llevado tal como prometió el señor Héctor, todo era muy bueno para ser verdad, inclusive Carla consideró quedarse, ya que pensó que ese era el lugar que tanto Flora pensaba.

Flora aun con apariencia de anciana y sentada en un mullido sillón, meditaba la situación. ─ Ya regreso chicas ─ comenta Flora desapareciendo como un vapor ligero de agua delante de Jessica, Carla, Ana y Adara, dejando a las cuatro totalmente pasmadas. ─ ¿Qué hacemos chicas? ─ pregunta Ana con una mano en su cadera, apoyando su peso en una pierna después de haberse compuesto de la impresión. ─ Ni idea, ¿Qué propones? ─ pregunta Carla con mirada expectante parada cerca de la ventana, Jessica miraba a Adara un tanto curiosa, demasiado callada mirando hacia una de las ventanas. ─ ¿Qué pasa Adara? ─ pregunta Jessica. ─ Éste lugar… no es lo que dicen ser ─ ¿Estás segura? ─ la niña afirma aforrándose a una almohada. ─ Fue lo mismo cuando paramos cerca de una casa, papi bajó a preguntar algo y nunca volvió ─ las chicas se miran las caras todas intrigadas y nerviosas. ─ Será mejor que esperemos a la señorita Flora ─ propone Ana, la niña se mantuvo inexpresiva aun aforrándose a la almohada.

El sol se oculta, la señora Roberta informa de que saldrá por un momento a la iglesia, hasta las invita para acompañarla, pero las chicas se rehúsan amablemente con la excusa de no dejar sola a su abuela, abuela que no se encontraba por ninguna parte, ya Carla se mostraba algo nerviosa por la ausencia de Flora, ¿Dónde se había metido? ─ ¿Y si le pasó algo? ─ pregunta Ana frotándose sus vaqueros para secarse el sudor de las manos, se podía sentir lo nerviosa que estaba a distancia.

Un leve toque a la puerta hizo sobresaltar a las muchachas, incluyendo a Adara, que con mirada expectante y nerviosa se mantuvo quieta. ─ No creo que sea buena idea ─ susurra Ana. Vuelven a tocar la puerta. ─ ¿Quién? ─ pregunta Jessica. ─ Es la cena que prometió la señora Roberta ─ contestó la voz de un chico desde el otro lado de la puerta, Jessica quita el pasador y la puerta se abre de golpe por una fuerte patada empujando a Jessica, cayendo inevitablemente sobre su trasero, hombres armados con cuchillos y palos entraron a la habitación. ─ ¿Acaso creían que no nos daríamos cuenta? ─ amenazó una voz que se abrió paso entre la muchedumbre amontonada dentro de la habitación, las chicas se sorprenden al fijarse de que era el señor Héctor. ─ Sabemos lo que son, ¡Brujas! ─ las voces de todos los lugareños gritaban en una sola voz, pidiendo a gritos asesinar y quemar a las brujas, Ana disimuladamente se asoma por la ventana para descubrir otra muchedumbre delante de ellas, la ventana recibe una pedrada, Ana da un gritillo cubriéndose con las manos apartándose para evitar que los cristales la cortaran, Jessica trata de explicarse, pero nadie escuchaba, solo querían sangre, sangre de brujas, ¿Cuándo regresaron a la época de las cazas de brujas?

Las luces de todo el pueblo comienzan a parpadear, los lugareños miran a todas partes confundidos y curiosos por saber el motivo de la inestabilidad de la luz, un hombre se gira para descubrir entre una de las calles a una mujer caminando a pasos lentos con sus manos emitiendo rayos como relámpagos que apagaban las luces y explotaban las farolas, los lugareños asustados tratan de retroceder, en cambio Flora esboza una sonrisa sardónica. ─ Si pensaban que sus puntos de protección los iban a mantener a salvo toda la vida… ─ Flora chasquea la lengua varias veces negando. ─ Están muy equivocados ─ cerrando ambas manos en puños, las luces de todo el pueblo se extinguen sumergiendo todo en una total oscuridad, solo la luz taciturna de la luna los iluminaba a duras penas. ─ ¡Ahora chicas! ─ la pared de la habitación explota enviando a volar miles de astillas de madera y yeso por todas partes, los lugareños buscan de protegerse, las chicas salen flotando de sus habitaciones cayendo ligeramente al lado de Flora, Adara se encontraba prendida en la espalda de Jessica. ─ Es hora de movernos, ya tenemos lo que necesitamos ─ gruñidos y alaridos comenzaron a resonar por el oeste, acercándose a una velocidad vertiginosa, los lugareños intentaron de abalanzarse sobre las chicas, pero Flora se interpone explotando una vez más sus poderes, aturdiendo a los pueblerinos. ─ Deberían guardar fuerzas para lo que les viene ─ comenta Flora con una sonrisa maliciosa y traviesa, las chicas se enfilan a la carrera para el auto, algunos lugareños se van en su persecución, pero Flora les corta el paso enviándolos a volar de nuevo por donde vinieron, luego desaparece en un parpadear de un flash.

Jessica nerviosa y asustada busca las llaves, pero el miedo no dejaba encontrarlas, Ana la hace a un lado quitándole las llaves, tuvo éxito abriendo la puerta, todas abordan desesperadas, Ana busca de encender el auto sin tener idea de cómo arrancar. ─ ¿Cómo coño piensas salir de aquí si no sabes manejar? ─ No es tiempo de discutir y muevan el culo ─ grita Flora desde la parte de atrás del auto, Jessica y Ana cambian de lugar, y con éxito Jessica logra poner el auto en marcha a toda velocidad.

Gritos y alaridos de terror, desespero, pánico, se comenzaron a sentir entre las calles de aquel apartado pueblo. ─ ¡Acelera! ─ exige Flora, ─ ¡Es lo que hago! ─ espeta Jessica pisando a fondo, una nube enorme y negra se les venía encima, Flora pudo ver millones de ojos demoniacos mirándolas con anhelo y hambre, Flora usando su poder, pudo retrasarlos a duras penas, y para su suerte, luces cayeron del cielo retrasando más aquella mortal nube infernal, lo suficiente para poder escapar, Adara se acurrucaba con desespero y pánico en los brazos de Carla y Ana, solo fue cuestión de suerte, pero lograron salir airadas de aquella percusión de una muerte segura, Jessica respira más tranquila cuando Flora le indica de que los habían perdido, Adara y las chicas no paraban de sollozar asustadas, Ana no paraba de soltar y farfullar improperios a los lugareños en voz baja. ─ Malditos hijos de los benditos ─ musitó Flora en voz baja con la mirada fija en aquel pueblo que ahora solo era una mancha llena de demonios hambrientos y constantes luces en conflicto.