XVIII
"Volví a ver a Wolf.
Está vez apliqué el protocolo que me había mandado previamente por Internet. No podía verlo a los ojos, sólo hablar si él me hablaba, no podía Córdobaar las piernas estando en su presencia y siempre que me refiriera a él debía decirle “señor”. Me dijo que iría condicionándome cada vez más, acostumbrándome a su dominio, hasta que estuviera tan dominada psicológicamente que acataría cualquier orden que me diera. No lo veía imposible.
He sido toda mi vida una mujer fuerte e independiente. Soy una profesional exitosa y me he enfrentado a enemigos poderosos en todas partes. En la universidad me consideraba feminista y aún creo serlo. ¿Entonces? ¿Por qué me sometía así a un hombre? ¿Por qué dejaba que me sometiera de esa forma? Cuando lo hacía me excitaba, me sentía complacida, estimulada… ¿pero por qué?
Wolf me llevó a su casa. Omitiré algunos de los detalles más particulares sobre las sesiones BDSM a las que me sometía y algunas de las cosas que me hacía y yo le hacía a él. Se me grabó en la mente aquella ocasión donde me sentó desnuda en una silla con las manos esposadas al respaldar. Pensé que me haría hacer sexo oral como en otras ocasiones, pero no… sacó un arma de fuego y la puso en mi boca. De nuevo, no era un juguete, era una pistola auténtica y letal. No sé si estaba cargada pero el verme ahí, con el cañón en la boca le provocó de inmediato una erección. Tras esto me lanzó sobre la alfombra y me penetró siempre con la pistola en la boca.
Y mientras esto sucedía se me vino a la mente el Mutilador. Yo no sabía anda de este hombre. Lo contacté semanas antes de que el expediente robado del caso fuera dejado anónimamente en mi portillo. Sé que no era Francisco Almeida porque había visto fotos de él pero ¿y si era un Almeida? Podría ser que Francisco Almeida no fuera el asesino pero si otro miembro de su familia cuya identidad trataban de proteger. ¿Y si el Mutilador no actuó solo y Almeida tuvo un cómplice? Me recordé de los cuchillos y el fetiche sexual que había reportado Rosaura Saavedra justo cuando Wolf culminaba el orgasmo.
—¿Pasó algo? Te noto extraña –me dijo. Mi corazón latía velozmente por el temor repentino y la adrenalina me bombeaba por la sangre. Él se levantó, guardó el arma y me desesposó.
—No, señor, estoy bien.
—¿Segura? ¿La pistola te asustó mucho?
—Es que nunca había visto una tan de cerca, señor. Me impresionó nada más.
Me miró dudoso.
—Bueno, si exageré me disculpo.
—¿Hemos terminado ya, señor?
—Sí, puedes vestirte.
Una vez que me puse la ropa y estuve preparada para irme me coloqué de pie frente a Wolf quien descansaba sobre un sillón. Tenía las manos juntas y la cabeza baja.
—¿Puedo retirarme, señor?
—Espera. Siéntate. Dejemos el rol temporalmente —así lo hice— sabes que no debes temerme ¿verdad? Todo esto es un juego, yo jamás te lastimaría de verdad.
Parecía que había leído mis pensamientos.
—No debes tener miedo. Soy un profesional responsable con un título universitario y trabajo para el gobierno. He querido mantener mi identidad secreta porque esto que hago sería demasiado controversial y, aunque podría confiar en vos, lo cierto es que me gusta separar esta faceta de mi sexualidad del resto de mi vida personal y profesional. Apuesto a que me entendés.
—Sí… Wolf… —dije diciéndole su nick para mayor informalidad, aunque no era su verdadero nombre y me sentía rara no llamándolo señor. –No hace falta que me diga más de usted. Me excita un poco el misterio la verdad.
—Está bien. ¿Te volveré a ver?
—Por supuesto. Cuando me lo pida de nuevo vendré… señor –ese último “señor” no pude evitarlo y hasta bajé la mirada al pronunciar la palabra. Fue una reacción refleja.
Él sonrió.
—Pues bien, podés irte.
—Sólo me gustaría preguntarle algo.
—Sí, dime.
—¿Cuál es su profesión?
—Criminólogo."