Capítulo 119
Ansel le relata a Liam todo lo que me dijo en el cuarto de Darlene la vez que hablamos sobre lo que le pasó a Liam en ese verano en Aspen. Yo me quedé apoyado en uno de los pilares del dosel de la cama que ocupaban Theo y el principito; ambos sentados con las piernas cruzadas y las miradas atentas a todo lo que el supuesto enemigo decía.
—Y soy asexual arromántico —agrega—. Nunca me interesó ni me interesaría tu novio, pero es buen chico.
En el momento en que todo estuvo dicho Theo mira directamente a su amigo. Por la forma penosa en la que ambos se miran me doy cuenta de que algo drástico pensaban hacer cuando nos vieron a Ansel y a mí. También se revela solo quien estuvo dándole cuerda a mi novio para seguir disgustado conmigo. Es lo normal. El amigo siempre estará del lado que correcto.
—¿Podrían dejarnos a solas un momento? —habla el principito y yo tengo que contener la sonrisa. Parece un niño a punto de enfrentar a sus padres luego de haber sido castigado.
Ansel y Theo salen del cuarto. Mi novio baja lentamente de la cama, pero nunca despega la mirada del suelo, ni siquiera cuando al fina estamos frente a frente después de un tiempo de solo habernos visto la espalda.
—Lo siento. Hasta yo he dicho que Leonore era la culpable y estuve enojado porque Ansel andaba contigo cuando él en verdad nada tenía que ver con el problema. También es cierto que tienes todo el derecho a pasar el rato con quien gustes, aunque ese alguien a mí no me agrade mucho… Bueno, no lo sé. Ansel no parece mal tipo ahora que me dijo esas cosas.
—Nos estamos conociendo, ¿recuerdas?
—¿No lo vas a olvidar? —Mi novio se queja como si le doliera algo—. Es que de repente haces amigos y no está mal, ¿pero por qué tiene que ser con alguien que no me agrada?
—No estoy enojado por lo que dijiste. Te doy la razón. ¿Si recuerdas que antes de viajar aquí te hablé de lo que podría pasar entre nosotros?
El principito asiente, pensativo.
—Ahora sé que harás tu camino sin importar lo que yo diga y sabes que voy a exagerarlo todo o me cerraré en mí mismo sin darte la oportunidad de explicar las cosas. Va a ser frustrante.
Atraigo a mi novio hasta que puedo encerrarlo entre mis brazos. Hace tanto tiempo que no lo tenía tan cerca que me dan ganas de apretarlo hasta que no pueda respirar. Extrañé su calidez y el dulce aroma que siempre tiene encima porque duerme y se levanta con algún perfume de su pequeña colección.
—Te extrañé. —Beso una de sus mejillas—. Y sobre lo otro, sí. No es que no me importe lo que digas sobre lo que hago o dejo de hacer, a veces voy a ser tan testarudo como tú. Lo que podemos hacer es tratar de encontrarle una manera de sobrellevar eso… Todavía no sé cómo, pero lo descubriremos con el tiempo.
—Entonces, estamos bien y Ansel no es el nieto perfecto, solo un chico normal enaltecido por su abuela.
—Sí y planea acabar con esa fachada de rey en el baile de navidad.
Liam ríe casi de forma maléfica mientras se aparta.
Después de arreglar las cosas con mi novio salimos a buscar a Theo y Ansel. Solo hallamos al amigo del principito, el otro se fue directo a practicar como tenía planeado desde el principio.
Liam y Theo continuaron con su reunión, pero el principito no quería que lo dejara así que me arrastró con él a donde sea que iba. Su amigo no parecía feliz por eso.
Mi novio deja el plato con macarons que le preparó Agnes en una pequeña mesa de madera en medio de los cuatro almohadones que hacen de asientos, y se ubica en uno de ellos. Theo se sienta en un cojín aparte, dándome una rápida mirada entre la molestia y la pena.
—¿De repente eres tímido? —El principito se levanta de su lugar y tira de mi mano hasta que ambos estamos sentados uno al lado del otro —. No me digas que Theo te intimida.
El mencionado frunce el ceño, pero solo aparta la mirada.
—Es un poco serio y parece amargado, pero cuando lo conoces te das cuenta del buen y amigable chico que es. —Liam entrelaza su mano con la mía—. Theo, también estás raro, ¿qué te pasa?
El chico baja la cabeza hasta casi tocar su pecho con el mentón y juega con su cabello desordenado.
—Seguro estoy así por todo lo que pasó —murmura, volviendo a enderezarse. —Liam, hay algo de lo que me enteré cuando fui a visitar a Ivy… Hum, no sé si puedo decírtelo—. En cuanto Theo terminó de decir aquello sus ojos se dirigieron a mí. Esta vez había un toque de recelo en su mirada.
—¿Desde cuándo dudas en decirme algo? —pregunta mi novio—. No te preocupes, Mason no saldrá a decir nada de lo que me confieses.
—Creo que deberías pasar un rato a solas con Theo… — Libero la mano de Liam y pienso que lo mejor es dejarlos solos un rato.
—No, no harás lo mismo que hiciste con Cedric. —El principito no permite que me vaya de su lado—. Esta vez quiero que estés conmigo. —enrosca sus brazos alrededor del mío, luego mira con cierto enojo a su amigo que apenas respira en su sitio—. Theo, si algo te molesta, debes decirlo. No leo mentes.
—Sabes que no me acostumbro muy rápido a estar con gente nueva. Como sea, lo que Ivy me dijo es que la vez que saliste con Michael él ya salía con alguien y se los veía pasear de la mano por la ciudad. —Theo muerde su labio inferior—. Ella me lo dijo por si tú volvías por aquí para Navidad y ese idiota intentaba usarte como plato de segunda mesa, palabras exactas de mi amiga.
Theo masajea su nuca, evitando mirar a toda costa hacia nuestra dirección.
Al menos a mí no me molesta escuchar esas cosas. Sé que el que ahora es mi novio tuvo muchas salidas con otros y no lo considero un problema, pero como lo que acaba de decir Theo sí puede molestar a Liam, le echo un vistazo. Mi novio de repente tiene la misma dura línea que se le forma en los labios cuando algo no solo no le gusta, sino que también lo enfurece.