Capítulo 118
—Mason, ¿estás libre esta tarde? —Emerson me alcanza al final de la escalera. Liam se fue hace rato acompañado por Darlene—. Mi esposa y yo tomaremos té en la casa de los Towsend. Íbamos a ir solos, pero de repente Leonore nos dije que Ansel quería que vinieras con nosotros… ¿Desde cuándo son cercanos ustedes dos?
—Bailamos juntos, por ejemplo.
Emerson ríe.
—¿Por eso mi nieto parece no saber que existes en esta casa? Puedes no ir si consideras que se pondrá peor la situación entre ustedes.
Ansel no le hizo nada, no es lo que defienda, es la verdad.
No hay nada que hacer en la casa y no me voy a poner a leer toda la biblioteca de los Hundson solo porque piense que prefiriendo a Ansel. Liam es tan libre como yo de pasar tiempo con quien quiera, pero si Ansel realmente hubiera lastimado a mi novio quizás pensaba dos veces en hacerle caso.
Le digo al abuelo de mi novio que iré a prepararme para salir con ellos. Necesito un cambio de aire y también tengo algo de curiosidad sobre el por qué ese chico pidió especialmente mi presencia en su casa. Debió de ser una mala sorpresa para Leonore.
En la habitación de Liam busco mi abrigo y pienso si llevar o no mi teléfono. Ya hablé con Brody esta semana. Irina está ocupada ayudando a Margot, quien tampoco creo tenga novedades para darme. Podría pasar que el principito me llame…
—¡Mason ya nos vamos! —exclama Darlene.
—¡Bajo en seguida! —Alzo mis guantes y salgo del cuarto.
***
Ansel y yo volvemos a la casa de los Hundson. Él quería practicar y pidió especialmente mi presencia para sacarse de encima a Lena. Puso la excusa de que a mí me interesaba conocer detalles sobre un chef italiano que él tiene de tío lejano y como justo era su hora de práctica iríamos a la sala de música para charlar y que él practique. Su novio no podía verse más sorprendida y enojada a la vez, pero no dijo nada, solo bajó hasta donde quedaron los demás tomando el té.
—Dices que tienes que esperar hasta el baile de navidad para romperle el corazón a tu novia, pero en realidad ya lo estás haciendo desde ahora.
—En el baile de navidad estaré protegido. No habrá forma de que mi familia oculte mi verdad y será también una solución para Liam, ¿no lo ves?
En la puerta de la casa de los Hundson está Liam con un chico de rulos marrones. Ambos parecen guardias de seguridad en la puerta de una discoteca.
—¡Ahora resulta que eres su mejor amigo!
—Liam, no empieces a sacar conclusiones absurdas —advierto, apresurando el paso hasta estar frente a él. Ansel me sigue—. Primero déjanos entrar. Hablaremos de esto, pero no quiero congelarme en el proceso.
Mi novio se enfurruña y deja libre la entrada. Theo lo sigue a paso veloz, pero, a la vez, mira hacia atrás para clavar su furia en Ansel y en mí. Cómo esos dos se enteraron de que estaba con Ansel es lo que me asombra.
—¡¿Qué me vas a decir ahora?! Mis abuelos te obligaron a pasar tiempo con su nieto perfecto. —En la sala, Liam deambula por todos lados agitando sus brazos como tentáculos al señalarnos y luego señalar a Theo—. Voy a pasar tiempo con mi amigo. Me pongo de buen humor y ya hasta pensé que podría hablar contigo y arreglar las cosas, pero mira lo que tú estabas haciendo. Sabes que no me agrada Ansel, que me pone mal siquiera pronunciar su nombre ¡y vas a pegarte a él!
—Dijiste que fue Leonore quien te hizo daño, Ansel no es…
—¡No lo digas! —exclama Liam—. ¿Tan fácil te lavaron el cerebro como para que te enceguezcas y ahora babees por Ansel?
—¡Sabes que esa no es la cuestión! Liam, si no vas a confiar en mí entonces tú y yo no tenemos nada más que hablar —advierto—. ¿No crees que antes de acusarme de traidor primero deberías escucharme? Me conoces, sabes que nunca haría algo para dañarte.
—No lo sé, Mason, ¿te conozco? Creo que desde que llegamos a Aspen estoy empezando a conocerte.
Mi novio suele dramatizar demasiado algunas veces. Nunca creí que pasaría por eso y menos que no pudiera defenderme de la situación porque solo avivaré el fuego en vez de apagarlo. Podría decirle que Ansel no tiene la culpa de lo que su abuela hizo y solo por decir eso ya estaría condenado.
Theo acompaña a Liam que sale de la habitación. Hay una amarga expresión en su cara por el enojo, pero también puedo notar la tristeza que de repente arruinó su buen humor.
—Vamos a decirle —interviene Ansel.
—No sientas que tienes la obligación.
—Mi familia calumnió a Liam tanto como quiso. Ahora su novio pasa tiempo con quien es adorado por todos. Yo no querré tener pareja, y sigo intentando entender este asunto de ser asexual arromántico, pero me doy cuenta de que, si no hablas ahora no esperes que él te escuche luego. Vamos, arreglaré mi parte y luego te encargas de arreglar tu parte del problema.
Lo más seguro es que Liam se vaya a su casa de duende. Cuando estamos frente a la puerta toco un par de veces y quien sale es Theo. No se pone feliz al vernos, hasta sale de la habitación y vuelve a ponerse en modos guardia de seguridad.
—¿Qué quieres?
—Que dejes de obstruir la puerta —respondo, cansado de tantas vueltas—. No voy a dar rodeos contigo. Necesito que mi novio escuche a Ansel porque hay una realidad completamente diferente de la que él cree y si en verdad eres su amigo vas a persuadirlo para que nos deje entrar, cierre la boca por dos segundos y permita que resolvamos este lío.
El amigo del principito vuelve a la habitación. Hay una pequeña discusión adentro hasta que mi novio abre la puerta y parece querer matarme con la mirada.
—¡La próxima vez que pierdas la paciencia conmigo será la última, Mason Jones! —Se aparta de la puerta y nos deja pasar—. ¡Yo voy a cerrarte la boca si lo que tienes que decirme no vale los segundos de tiempo que pierdo contigo!
—Ah, ahora pierdes el tiempo conmigo. Tienes razón al decir que nos estamos empezando a conocer en Aspen.