Capítulo 120

Ya hizo se molestó conmigo al menos un par de veces, más que estudiada, la tengo tatuada en mi memoria a la expresión de enojo que ahora está haciendo.

—No me digas —murmura él—. Está bien, admito que en ese entonces no me importó con quien fuera. Quería salir con alguien, pero me sentí peor cuando volví a casa de la monarquía y tuve que comer para aliviar mi tristeza.

—Bueno, ahora no tienes de qué preocuparte. —El amigo de Liam casi sonríe—. No debí decirte nada.

Liam vuelve a sonreír, abrazándome por un costado mientras deja caer su cabeza en mi hombro.

—Nah, Michael puede rogarme todo lo que quiera y prometerme hasta un océano, pero jamás logrará que vuelva a salir con él cuando conseguí a alguien mil veces mejor, y ya te dije que fue un descubrimiento asombroso que solo yo pude hacer.

Theo parece que recibió una puñalada, aunque es difícil reconocerlo porque su expresión no cambia, solo sus ojos revelan lo que siente y eso hace que de repente me dé cuenta de por qué quiso evitar que hablara con mi novio.

Liam propuso salir al jardín un rato a pesar del frío y por supuesto que Theo y yo lo seguimos. Más o menos a la mitad del recorrido por la nieve, el principito vuelve a entrar en la casa porque olvidó su teléfono y lo necesita para sacar algunas fotos.

Ahora es buen momento para conversar con Theo.

—Liam me contó que se hicieron amigos cuando debió pasar todo un año con sus abuelos. —Observo al chico. Dice que sí con la cabeza, pateando un poco de nieve—. Creo que omitió o no se dio cuenta de una parte de la historia: estás enamorado de él.

Theo se parece a una ardilla que vio un enorme perro y ahora tiene que correr por su vida. Incluso asustado, lo único que cambia en su rostro de niño son los ojos saltones cuando antes estaban escondidos entre sus gruesas pestañas.

—Calma, no estoy diciendo eso porque me moleste.

—Estaba enamorado —susurra Theo, bajando la mirada a sus pies—. Antes y ahora, siempre fue imposible.

Relamo mis labios, volviendo la mirada hacia donde se fue el principito.

—Lamento que hayas tenido que soportar vernos cuando obviamente eso no te gusta.

—No, no es eso. —El amigo de Liam se apresura a hablar—. Sí, al principio me cayó mal, pero cuando vi lo infeliz que es al no tenerte cerca, me regañé a mí mismo por inútil. Hace más de un año que estoy luchando con la idea de que me sigue gustando Liam a pesar de que él dejó muy claro que jamás podríamos ser pareja.

—Ocurrieron muchas cosas en Aspen, ¿verdad?

—Escándalos —aclara—. El peor fue cuando besé a Liam en la fiesta de Navidad que organizan sus abuelos. Él fue amable conmigo más allá de que sabía que estaría en problemas por mi culpa. Esa noche hablamos y arreglamos el asunto. Me dijo que lograría superarlo sin problema.

—Pero…

—Estoy feliz por él, de verdad —insiste Theo—. Es decir, Liam me habló de lo que quería en un novio y realmente estoy asombrado de que haya encontrado todo eso un solo ser humano. Lo siento, no fue mi intención verme tan mal. —Theo apenas logra liberar su respiración—. Pero está bien, más que mi novio, quiero que sea mi amigo.

De pronto escuchamos pasos en la nieve.

—¡Mason! ¡no quedan más macarons! —El principito llega con un pequeño puchero formado en sus delicados labios—. ¿Me puedes hacer unos cuantos?

Acomodo su gorro de lana y la bufanda casi desenroscada de su cuello.

—Claro que sí.

El principito sonríe, abrazándome y suspirando mientras se apoya en mí.

—¿Lo ves, Theo? ¿Cómo podría querer ser plato de segunda mesa cuando hay alguien que me trata como un rey?

Theo sonríe, lo que es curioso porque cuando lo hace toda su cara de repente se trasforma y parece que estamos en frente de otra persona.

—Sí, es bueno saber que eres feliz.

Pasamos un largo rato deambulando por el jardín. Liam y Theo están más animados y juegan a lanzarse una que otra bola de nieve, a veces la guerra viene contra mí, otras, Theo me pregunta cómo es que aprendí a cocinar y hacer las muchas cosas que mi novio ya le presumió millones de veces.

Cuando Theo se fue, mi novio y yo volvimos a la habitación de duende. Los abuelos de mi novio no están aun en casa así que el principito me arrastró hasta su cuarto secreto con la intención en la mirada. En la habitación de duende, el principito lanza su chaqueta por ahí y sus botas. La chimenea sigue encendida y la poca iluminación que da al ambiente es acogedora. Un poco más ligeros de ropa, nos recostamos en la cama con dosel.

—¿Puedo preguntar cómo resolviste la cuestión entre tú y Theo? Quiero decir, cómo terminaron siendo amigos si tú le gustaste o le sigues gustando, en realidad.

—Theo no sigue enamorado —afirma—. Quizás le dolió ver que su primer amor ahora tenga pareja, pero me parece que supo sobrellevarlo muy bien. Cuando él confesó sus sentimientos por mí, ya lo sabía, y siempre pensaba que el día en el que se animara a decírmelo lo ayudaría a lidiar con eso.

—¿Cómo podrías ayudarlo a lidiar con eso si eres la causa de su dolor?

—Imagina que Theo se haya enamorado de un tipo como Michael, que no hace falta agregar que es un idiota porque eso ya debiste deducirlo —me dice, acurrucándose a mi lado—. Un tipo así le hubiera roto el corazón. Entonces si yo era quien debía darle la dolorosa inyección de verdad podría hacerlo con cuidado. Él me besó, me confesó que me quería, y yo tuve que reventar su burbuja rosa, pero tampoco me pasé y la destrocé hasta convertirlo en un antiamor. Fui realista, no cruel.

—Entiendo, pero creo que todavía no lo ha superado del todo —opino.

—Esa parte ya le corresponde a él. Yo no le di nunca esperanzas, siempre mantuve mi actitud amistosa, pero más allá de eso, pienso que hicimos bien las cosas. Sí, él tendría un mal sabor de boca por lo que pasó con su primer amor y beso, pero sería llevadero y hasta recordado con cariño porque tuvo la suerte de no caer por un sujeto insensible.

Asiento, sorprendiéndome por la manera en la que mi novio manejó la situación.

—Eso es un lindo detalle —le digo, acercándolo a mí para besarlo—. Aunque no lo creas, aprendo alguna que otra cosa de ti.

—¿En serio? —Liam se ve bastante asombrado—. También aprendo cosas de ti y me gustó mucho cómo fuiste progresando desde no querer decirme nada a hacerme parte de tu vida.