Capítulo 117

Ansel tiene más de un problema. Hasta donde me contó tiene novia, pero eso es superfluo. Una abuela que le encanta encender fuego por donde pasa es lo que lo tiene más preocupado ahora que sabe lo que eso puede provocar, pero aun así no lo perjudica y ahí es donde entro en duda sobre si es bueno o no este chico.

Sí parece que lo es, no lo demuestra más allá de ser neutral en lo que respecta a lo que dicen de Liam y la posición en la que los pusieron.

—No pareces un mal chico —admito—, pero todavía no entiendo bien por qué de repente te interesa lo que le pasa o dicen de mi novio.

Ansel vuelve a alcanzar el arco de su instrumento cinco veces más grande que el de mi novio.

—Rechazaron y rechazan a Liam por lo que hizo no por lo que es. A mí en cambio me van a rechazar por lo que soy. Mi abuela se encargó de que todo el mundo pensara que el chico perfecto era su nieto, pero no es así, y no me refiero a ser asexual; es en todo sentido. —Ansel se ríe de sí mismo—. Lo único que me gusta es la música. Las amistades que hago son superfluas porque termino por ignorarlos cuando estoy demasiado enfrascado con mis prácticas, usualmente tengo mal genio, no soy como los otros chicos que buscan pareja o puedo aportar algo cuando surge la charla sobre relaciones… Me quedo de lado muchas veces en muchas cosas no solo porque quiera, y la verdad estoy bien con eso.

—Pero todo el mundo piensa que eres el ángel que bajó del cielo y te toca llenar esas expectativas —agrego, rascando mi nuca—. ¿Por qué someterte a eso? Bien podrías ser tu mismo. Creo que en este vecindario mientras más principesco seas y estudios acumules, a nadie la va a importar mucho si hablas o no con los demás.

—Por mucho tiempo pensé que ser como me describí hace rato estaba mal. Intenté cambiar. Conseguí novia porque creí que no entendía sobre relaciones ni las quería porque nunca había tenido una. Empecé a salir más con mis supuestos amigos. Me volví normal, digamos, pero vivía frustrado y cansado todo el tiempo. Prefiero mi forma de ser, no la que otros quieren que sea.

Ansel y yo observamos la nieve caer desde los ventanales de la habitación de trabajo de Darlene. El chico parecido a un vampiro hace honor a su aspecto. Si Liam tan solo se diera la oportunidad de saber quién en realidad es su enemigo tal vez podría arreglar las cosas con su familia. Ansel, como bien dijo, no es el perfecto nieto que describe Leonore y la verdad es que ahora me parece un ser real.

—Me gustaría que Liam estuviera de mi lado —confiesa él—. Al momento en que no quiera bailar con Lena ni besarla cuando ella me insista en hacerlo, voy a necesitar apoyo. Liam es quien luchó contra todo un vecindario que lo repudiaba por lo que hizo. Él es a quien todos deberían admirar.

Mi novio me dijo cuando recién nos conocíamos que no estaba mal darle una oportunidad más a quienes lo merecían. La cosa con Ansel es que Liam cree que él también le hizo daño cuando en realidad solo fue la imagen que el principito tiene del nieto perfecto, imagen que construyeron otros. Aún con todo eso, Liam no va a ceder y esa es la parte frustrante de todo, pero no es su culpa. El daño de otros ya carcomió demasiado del corazón de mi novio.

***

Liam en estos días ha estado un poco deprimido. Además de tener pesadillas que lo mantuvieron despierto toda la noche y somnoliento durante el día, no ha tenido buen ánimo. Sus abuelos tampoco pudieron sacarlo de ese estado por más que intentaran aligerarle un poco la carga horaria de clases particulares o le permitieran tomarse un descanso del violín.

No podía hacer nada tampoco. El principito sigue enojado conmigo y aunque muchas veces he intentado acercarme para hablar no recibí más que indiferencia, cosa que también me desanimó a tratar de arreglar nuestros problemas. En algún momento debe ceder, la cuestión es que mi novio no cede tan fácil a nada de lo que hace. Irónicamente yo soy el ejemplo de hasta dónde puede llegar su tenacidad.

Como la situación no mejoraba y todos ya habíamos hecho de todo para ponerle una sonrisa en el rostro, el desánimo fue contagioso. Emerson y Darlene se veían más cansados. Agnes un poco ausente porque prefería mil y una veces que el pequeño querubín suelte rabietas y haga un escándalo que tener la casa tan silenciosa.

Pasó una semana entera con ese humor gris hasta que la solución llegó. Un día, Emerson regresó a la casa bastante animado luego de dar un paseo por el vecindario. En el almuerzo nos enteramos de que había hablado con los Wadlow, los vecinos a tres casas de aquí, que le dijeron que su hijo ya estaba en la casa. Liam, que hasta ese momento ni siquiera había probado un bocado, de repente se interesó por la conversación y parecía recuperar poco a poco su buen humor. Al principio no entendía muy bien por qué le importaba tanto la llegada de este chico. Cuando Darlene me dijo que era el amigo de Liam, Theo, entendí y agradecí que nos haya caído la solución a las manos.

El principito recobró su energía. Estudiaba con ganas y ya no parecía tan enfadado con todo el mundo. Era hora de hablar con mi novio e intentar arreglar nuestros problemas.

Mientras el principito se arregla para visitar a su amigo yo lo observo desde el alfeizar de la ventana. Me gusta que se tome su tiempo para escoger lo que le gustaría usar, que se observe en el espejo y admire su hermosura y deje una estela de perfume dulce y atrayente. La forma en la que parece estar coqueteando con alguien cuando en realidad solo se siente bien consigo mismo.

—¿Estás emocionado por visitar a Theo? ¿Qué planes tienes para hoy?

El principito continúa cepillando su cabello que dejó crecer un poco más. Busca entre sus joyas el broche que últimamente usa con frecuencia ahora que su melena llega hasta sus omoplatos y termina de revisarse.

De repente cruzamos miradas cuando él se da vuelta. Han pasado los segundos y mis preguntas quedaron en el aire, pero siempre está esa sensación de que falta poco para que al menos reciba palabras cortantes de su parte.

Liam alcanza su abrigo mullido de la cama y sale de la habitación. Como todos los días anteriores, no hay una sola vez que no haya intentado hablar con él.