Capítulo 45
Tomando algunas fotos y deleitándose del paisaje una joven pareja se encontraba en un tour con todo pago, mientras se sentaban a refrescarse un poco debajo de una sombrilla por el inclemente sol, aprovecharon el momento para comer algunos aperitivos cuando la arena debajo de ellos comenzó a moverse.
Extrañados se vieron a la cara pensando que solo podría ser un escarabajo, observando nuevamente el lugar se percataron que la tierra no solo se movía sino que se estaba abriendo como una boca que los devoraría. Colocándose de pie con torpeza se alejaron abrazándose temerosos de que podría salir por aquel agujero.
Al ver que la tierra se detuvo se asomaron intrigados para investigar de qué se trataba y justo en el momento en que el hombre dio un paso adelante manteniendo a su mujer en brazos un gran perro negro salió de aquel oscuro lugar sacudiéndose la arena y viéndolos con ojos intimidantes.
— ¡Es Anubis resurgiendo en vida propia corre!
Ambos salieron en carrera limpia aterrados por lo que vieron mientras que el canino inclinó su cabeza confundido y un tanto ofendido por la comparación.
—Tranquila tu eres más linda que un chacal —dijo Vincent rascando su cabeza a lo cual ella meneó su cola contenta.
Saliendo del agujero todos sacudieron sus ropas por la inevitable arena que les cayó encima. Charlotte al ver el lugar quedó deslumbrada por el incandescente sol que tocaba todo con sus imponentes rayos, cosa que le hizo preocuparse por su amiga.
— ¡Por el señor de toda sangre! Este sol no está nada fácil.
Morghan tan solo se asomó y volvió a adentrarse en el túnel.
—Con razón me decían que ni loca debía pisar un desierto y eso que siendo tan vieja me ha molestado en gran manera —se quejaba tapando sus ojos y parpadeando rápidamente.
—Charlotte ¿tienes los anillos aun contigo?
Ella se quedó estática por su pregunta. Le había dado uno a Vincent, pero no tenía ni la mínima idea de para que serviría el otro. Hurgando en su bolsa con un poco de nerviosismo lo encontró.
—Uh…eh… si aquí está.
Le tendió el anillo a Régis, el cual lo examinó con la luz del sol y asintió. Bajo unos escalones para quedar en la oscuridad del túnel junto a Morghan y ella no podía perderse ver lo que haría con la joya.
Morghan abrió los ojos como platos cuando vio el objeto en las manos del moreno y Charlotte podía jurar que él le estaba sonriendo. Ella le dio su mano y con delicadeza incrusto el anillo en su dedo haciendo que el tallado de su alrededor brillara extendiéndose para luego desvanecer.
Salieron del túnel y esta vez no fue afectada por el sol.
— ¿Y eso fue…?
—Un anillo de día —explicó Vincent enarcando una ceja intrigada.
—Exacto… sabía que existían, pero tengo noción de que solo quedan tres en el mundo.
—Ahora uno lo tienes tú —afirmó Régis.
— ¿Cómo lo consiguieron? ¿Enzo se lo rapto de los dedos al obeso traficante o qué?
Él le dio una mirada plana mientras ella reía al recordar aquel momento.
—No…
Charlotte se les quedó mirando intrigada.
—Me lo regalaron para utilizarlos… pero tal y como me indicaron no eran para mí.
Vincent tocó su anillo disimuladamente sintiendo la energía brotar en el.
—Bueno ya estamos aquí ¿ahora a dónde? ¿A las pirámides a buscar el tesoro de una momia? —insinuó Enzo observando al horizonte.
— (Suspiro) No… debemos adentrarnos en el desierto.
— ¿Y sabes en qué lugar exacto del desierto está lo que buscamos?
—No… tampoco lo sé…
Todos se le quedaron mirando sin entender su lógica.
—Aguarda un momento…
Enzo extendió su mano tratando de procesar lo que dijo.
—Nos estas queriendo decir que ahora nos trajiste a la caja de arena de un gato gigante para no saber dónde coño ir… ¿acaso Bábil te influyó o qué?
—Enzo —advirtió tentativamente.
—No me vengas con eso de Enzo ni un rábano, pensé que sabias a donde nos llevabas y no tienes ni la remota idea de adónde ir y dudo que ella tampoco lo sepa—señaló a Charlotte con un dedo sin despegar la mirada del moreno.
Cerrando el túnel de tierra Régis recorrió su mirada en cada rostro para posarse en el de su elegida.
—Ella es quien nos indicara el camino.
— ¿Yo?
Charlotte se señaló a sí misma con la sorpresa pintada en su cara. Él asintió en respuesta.
—Me encanta la idea, pero no somos palmeras para andar aquí parados y aguantarnos el sol, aunque tenga el anillo sigue siendo una molestia así que muévanse de una vez y hablen mientras caminan —refutó Morghan haciendo que todos iniciaran su andar.
El calor que hacía se podía palpar en cualquier dirección a la que fueran. La brisa en vez de ser fresca era todo lo contrario y para empeorar el panorama levantaba la arena y hacía que se pegara en sus cuerpos por el sudor, incluso Enzo recogió su cabello en una coleta al igual que la vampiresa, pero la diferencia es que Charlotte no le quitaba el ojo de encima y más con el hecho de que ató su abrigo a su cintura, quedando en camiseta resaltando sus tonificados músculos cosa que no ayudaban mucho a su acelerado ritmo cardíaco y Vincent no se quedaba muy atrás. También mantenía una camiseta que marcaba su abdomen y su cabello rebelde y húmedo era tentador.
Charlotte sintió que casi dejaba la baba por el piso terminando de deshidratarse, pero ni eso podía hacer porque el calor era tal que se evaporaría tan solo al salir de su boca, hasta Régis tuvo que doblar su camisa dejando sus antebrazos al descubierto y algunos botones desabrochados por tanto sudar.
En algunos momentos casi se resbala por la arena como si estuviera surfeando, pero no caía ya sea porque Régis la rescataba o Yuzu llegaba para evitar que se resbalara. La pobre criatura estaba con la lengua afuera y ya en su verdadera forma de igual manera nadie los vería en esos lugares.
Después de tener una larga y ardua caminata se detuvieron para que Régis hiciera de las suyas y manipulara la misma arena creando rocas y formando una clase de pozo de fresca agua potable.
— (Jadeo) No es que quiera ser pesimista, pero… ¿Cuándo se supone que nos dirás dónde está el lugar? —preguntó Vincent sentándose a su lado en los bordes de las piedras.
—Pregúntale al guía yo no sé nada —dijo moviendo su mano desdeñosamente mientras se abanicaba con la otra.
Régis tomó aire para acuclillarse y tocar la arena haciendo que brotara una gran palmera que brindaba una agradable sombra.
—Pudiste haber hecho eso antes ¿no crees? —se quejó Enzo mirándolo con los ojos entrecerrados.
Ignorando sus quejas el moreno se acercó a Charlotte para mirarla con los ojos bien abiertos haciendo que ella frunciera su ceño confundida.
— (Jadeo) ¿Qué sucede? ¿Tengo arena en la cara?
Charlotte comenzó a sacudirse el rostro y lavarse con agua mientras todos la observaban con la misma cara que el moreno haciendo que se comenzara a preocupar. Enzo cuando la vio cayó en carcajada limpia sosteniendo su estómago.
— ¡Dios! Díganme que tengo.
Desesperada se giró al agua para ver su reflejo y no se podía creer lo que tenía en su cara.
— ¿¡Pero qué rayos es esto!?
—Charlotte cálmate eso debe tener una explicación.
— ¡Mi frente brilla Régis! Y la explicación es simple ¡eso no es normal! —exclamó señalando su rostro.
Trato de quitarlo con agua, pero por más que lo intentara el punto brillante en su frente no se esfumaba.
—El sol pronto se ocultará será mejor que reposemos aquí y salgamos tan solo amanezca —aconsejo Morghan observando el horizonte.
—Eso será lo mejor, así… (Carraspeo) sabremos porque está pasando esto.
Vincent evito el contacto visual con ella para no reír en su cara y enojarla más aún.
— (Risas) De todas (risas) de i-igual manera tenemos la versión actual de Rudolf (risas) para que nos guíe en el camino con su luz —dijo Enzo para ver la cara de Charlotte y volver a reír.
Yuzu se sentó al lado de él elevando su cola haciendo que cayera rotundamente en el suelo y se llenara de arena. Resoplo por sus narices en molestia por las burlas de él hacia lo que resultaba ser su nueva ama asintiendo en concordancia con Charlotte.
—Esa estuvo buena.
Morghan le dio crédito a la criatura mientras veía como el hombre le lanzaba una mirada plana y escupía arena.
Sentándose al lado de Charlotte, el moreno seco su rostro sintiendo su molestia. Ella evitaba mirarlo a los ojos, con delicadeza el tomo su barbilla haciendo que lo mirara.
— (Suspiro) Debemos estar cerca de Siwa y la razón del porqué tu frente brilla debe encontrarse aquí.
Creo una llama parecida a la fogata solo que esta vez no había ningún tronco que pudiera consumir. Atravesó el fuego con su mano sin ser quemado haciendo que apareciera una especie de rollo con un sello rojo que mantenía la forma de una gota de agua. Charlotte lo observó extrañada. Él asintió indicándole que podía verlo.
Al tomarlo y romper el sello abrió el rollo y no le sorprendió el hecho de que no entendiera nada de lo que decía, lo único que pudo identificar fue su nombre escrito en una hermosa letra. Régis tomó el rollo por un lado traduciéndole el escrito.
— “Mi adorada Charlotte… con esto podrás florecer como la rosa más hermosa y serás la envidia de cualquier bello prado, a ti mi querida hija te dejo las siguientes palabras: La joya que resplandece en lo profundo del mar hirviente se mueve constantemente sin un rumbo fijo…”
Charlotte no supo qué decir ni cómo afrontar eso. Su madre le había dejado esas palabras, no sabía expresar la emoción que sentía, era algo totalmente agradable y nostálgico. Por más que no la recordara o nunca fuera estado con ella podía sentir su cariño y amor expresado en esas palabras.
—Em… (Carraspeo) odio ser quien arruine el lindo momento de recuerdos, pero… ¿es enserio? ¿Otro acertijo?
Morghan le dio un codazo a Enzo por su indiscreción haciendo que él se quejara.
—Lamento concordar con el señor no me aguanto una, pero tiene razón.
—Esperemos que esta vez no haya guardianes gigantes queriendo sepultarnos vivos —opino Vincent calentando un aperitivo en el fuego.
Enzo le dio una mirada plana como si fuera tenido la culpa de lo que pasó para que él lo ignorara completamente.
Pensando profundamente su guardián tenía razón. Si su madre solo le dejo esa pista la luz que brillaba en su frente debía ser una clase de brújula.
—Puede ser…
Todos fijaron su atención en Charlotte.
—El mar hirviente puede ser el desierto como tal… lo que no entiendo es la joya y el movimiento constante.
—Tu madre se especializaba por manipular líquidos y sabía muy bien lo que implicaba el movimiento del mar —explico Régis dejando a todos meditabundos.
Flotaron unos cuantos segundos de silencio hasta que Vincent chasqueo sus dedos fijando todos los ojos en él.
—Hasta donde tengo entendido los desiertos son famosos por los “supuestos” oasis que ven quienes deliran por el calor ¿cierto?
—Obviamente que si ¿a qué quieres llegar con eso?
Enzo y Vincent compartieron una mirada no muy amistosa, pero igual lo ignoro de nuevo.
—Que tal vez eso es lo que estamos buscando… un oasis.
—Y mi frente puede ser la que indique el lugar exacto en donde aparezca.
—Exacto —concluyo sonriente.