Capítulo 46
La luz del sol esclareció todo a su paso iluminando su andar. Gracias a los instintos de Morghan aprovecharon de iniciar su búsqueda una hora antes del amanecer, así podrían disfrutar de los últimos momentos de frescura antes del implemente calor.
Esta vez eran guiados por la luz que salía de la frente de Charlotte, la cual iba aumentando su intensidad a medida que pasaban por los lugares correctos y si cambiaban de rumbo ese resplandor iba desvaneciendo como indicativo de que no es la dirección.
En algunos momentos Yuzu desplegaba vuelo para refrescarse entre las nubes y era maravilloso verla juguetear en el cielo o incluso hacer trucos para entretenerlos. Se colocaba justo encima de ellos brindándoles un poco de sombra con sus alas para luego integrarse de nuevo al grupo.
Régis se había colocado una clase de pañoleta improvisada y ella juró que parecía un nativo con su piel morena, pero sus ojos azules lo delataban. Las horas transcurrían y por más que la luz se mantenía constante no encontraban nada, solo arena y más arena.
La visión de Charlotte se volvía pesada y el calor comenzó a afectarle haciendo que se sintiera sin fuerzas y muy débil, incluso Morghan llegó a tomar la forma de una tarántula y reposar en el pecho del Grifo buscando refugio del sol. Deteniéndose un momento ella cómo pudo observo unas palmeras a lo lejos pero su visión era borrosa y sentía como daba vueltas. Antes de caer unos brazos la sujetaron evitando que se deslizara por la arena.
—Ten, bebe un poco.
Vincent el atajo ofreciéndole una botella de agua que agradeció en gran manera ya que sintió como la vida le volvía al cuerpo, se estaba deshidratando, pero bueno… en un desierto a quien no le pasaría.
Fijando la mirada en el lugar donde vio las palmeras no se equivocó, realmente había plantas. Ella se acercó a su guardián tomándolo por el brazo para que él asintiera en confirmación ante sus conclusiones. Estaban cerca.
— ¿Ese es el supuesto oasis?
Enzo entrecerró sus ojos tapándolos con sus manos para ver mejor.
—No se ustedes, pero ya estoy cansado de andar caminando, voy a terminar como un huevo frito si sigo con esto ¿Qué tal una carrera?
Debe ser una broma, pensó ella por la propuesta de él, pero al ver la sonrisa en su rostro supo que iba en serio.
Régis sopesando su idea se le quedó mirando y luego a lo que se podía ver de las palmeras. Sonriendo en complicidad aceptó al igual que Vincent ¿y Charlotte?, viéndolos sin creerse su ridícula competencia rodó sus ojos en resignación.
—Vayan yo los alcanzo luego —dijo moviendo su mano desdeñosamente.
Tomándola desprevenida Yuzu pasó su cabeza por sus piernas arrojándola a su espalda dando carrera limpia al oasis. Los tres hombres se quedaron pestañeando como tontos mientras la criatura corría como un rayo con los gritos de vaquera de Charlotte. Viéndose entre ellos mismos no tardaron nada para enfilarse detrás del Grifo.
Aferrándose al plumaje de la criatura Charlotte se reía por lo inesperado que fue eso y la cara de sorpresa que tuvieron. Se sentía agradable la brisa que golpeaba su rostro, una pequeña sensación hizo que mirara su mano sacándole un buen susto al ver la tarántula que se le estaba montando. Si no fuera porque ella supiera que esa era Morghan ya la hubiera lanzado para que viviera una bonita vida en las arenas del desierto comiendo escarabajos.
Volteando hacia atrás pudo ver como se levantaban tres hileras de arena que avanzaban con rapidez; entrecerrando sus ojos visualizo a Régis que venía con todo mientras que Enzo y Vincent corrían como si no hubiera un mañana luchando en que ninguno de los dos sobrepasara al otro.
Dirigiendo su vista al frente pudo admirar el oasis que se avecinaba y era algo hermoso, un paraíso escondido en aquel lugar. Sintiendo un zumbido volteo a ver de qué se trataba y era Vincent el que estaba casi a la par con el Grifo y al otro lado Régis quien lo sobrepaso siguiendo de largo.
Extrañada observó a Vincent, el cual le guiño un ojo sonriente y continúo incitando a la criatura a gritar en júbilo y aumentar la velocidad. Ella se tuvo que aferrar prácticamente para no salir volando. Mirando sobre su hombro vio como una bola de arena daba tumbos para luego definir bien qué era Enzo el que se colocó de pie lanzando improperios irritado pasando al lado de ella como una flecha veloz.
Llegando al paradisíaco oasis Charlotte se quedó impresionada. Había árboles de dátiles, frutales, palmeras y hasta flores que recubrían la hierba que nacía a su alrededor. Una pequeña cascada salía de dos rocas brindando un flujo constante de agua al manantial cristalino que resaltaba en todo el centro entre aquella vegetación.
Bajo del lomo del Grifo al igual que Morghan tomando su verdadera forma para quedar pasmada por aquel paisaje tan irreal.
Escuchando un alboroto Charlotte salió de su admiración para ver a dos de los corredores discutir a muerte.
— ¡Eres un desgraciado que juega sucio! ¿Cómo te atreves a meterme el pie? Cobarde —escupió Enzo.
—Yo no metí mi pie tú te atravesaste con él.
Vincent alzó las manos en inocencia haciendo que Enzo lo tomara por su camiseta y él lo encarará sonriente.
— ¡Basta!
Ambos no despegaban el contacto visual que desprendía chispas conteniendo la tentación de en cualquier momento explotar.
—De todas formas, ya llegamos y quien terminó ganando fui yo así que dejen su tonta pelea.
Separándose por las indicaciones de Régis dejaron el asunto así, pero muy dentro de ellos sabían que no había terminado.
— (Suspiro) Muy bien ¿ya le dejo de… —Enzo no termino su oración al ver la frente de Charlotte y aguantarse la risa — (Carraspeo) Por lo menos… (Risas) y-ya (risas) ya no tenemos a Rudolf ¡ahora es un faro!
Charlotte se cruzó de brazos fulminándolo con la mirada para que llegara Yuzu aprovechando su ataque de risa y lo arrojara de un solo empujón al agua dando fin a sus burlas.
—Así te refrescas el cerebro —dijo para ganarse una perfecta sonrisa por parte de él.
—Oigan creo que deben ver esto.
Todos se acercaron a Morghan fijando la mirada en el punto que ella señalaba. Dentro del manantial cerca de las palmeras y las rocas salía una luz idéntica a la que desprendía la frente de Charlotte.
—Esa debe ser la señal que corresponde a tú… —Régis miró a Charlotte señalando su rostro —Luz guía.
—Parece ser el resplandor de una joya… eso es lo que decía el acertijo ¿no? —pregunto tentativamente.
Charlotte se quedó mirando fijamente la luz del agua con cierta… familiaridad.
—No creo que sea la joya.
Acercándose al borde del agua se acuclillo admirando la hermosa masa mineral que daba vida a aquel oasis. En su reflejo noto como un camino se unía al destello de su rostro. Estando un poco dudosa colocó su mano instintivamente en el agua remarcando aquel débil camino que recorrió todo su brazo hasta su frente haciendo que abriera los ojos de par en par.
Sintió como las aguas comenzaron a moverse de un lado a otro creando ondas y una grieta recorrió todo el suelo hasta llegar al punto en que salía la luz. Ella intentó retirar su mano, pero no pudo. Régis se colocó a su lado dándole seguridad. La grieta atravesó una de las rocas deteniéndose para que luego se sintiera un pequeño temblor y el agua comenzara a separarse en sincronía con el suelo que se abría dejando a la luz unas escaleras unidas por las raíces de los árboles y piedras que caían en forma de caracol hacia abajo.
Cuando todo se detuvo el agua siguió corriendo como cascada dentro de la entrada sin obstaculizar su descenso. Charlotte pudo retirar su mano colocándose de pie con su guardián sin despegar la mirada de aquella entrada.
Régis dio indicaciones de que bajaran con sumo cuidado de no tocar nada ya que era una zona protegida para ella y cualquier movimiento descuidado podría ser perjudicial.
Bajando las escaleras Charlotte, junto a todos admiraban las paredes. Los chorros de agua se mantenían y era como si estuvieran bajando en las afueras del lugar ya que podían ver todo como si las paredes que los rodeaban fueran de cristal.
No tardaron mucho en llegar al final encontrándose con una puerta blanca con hermosos detalles labrados. Ella tocó los relieves recorriendo con sus dedos cada uno… sentía que esa puerta la había visto antes como un dejavu. Girando el pomo se escuchó un clic dando acceso al interior del lugar. Era una clase de estudio con sus paredes blancas y hermosas pinturas llenas de vida. Un candelabro colgaba en el centro iluminando toda la habitación. Debajo había unos sillones aterciopelados blancos resaltando en el piso de caoba que se encontraba en muy buenas condiciones.
Otra puerta se encontraba en una de sus esquinas. Ella sintió curiosidad por saber qué más habría allí, pero se centró en aquella habitación primero. Había muchos estantes repletos de libros y objetos valiosos como también un gran armario que abarcaba prácticamente toda una pared. Una de las pinturas llamo en gran manera su atención, acercándose detallo las pinceladas perfectas y el sentimiento que emanaba aquel retrato.
Se trataba de un hombre cargando en brazos un bebé dormido, pero la ternura que reflejaban sus ojos, el amor que desprendía el toque con el que acariciaba la mejilla del infante era lo que impresionaba. Siguiendo el resto de los cuadros se encontró con un prado parecido al de sus sueños donde una joven pareja descansaba en la hierba y la mujer dormitaba en el hombro del hombre mientras se deleitaba con la puesta del sol.
Inconscientemente lágrimas caían por el rostro de Charlotte sin que ella se percatara de ello. Enzo se colocó a su lado admirando las pinturas haciendo que ella lo observara.
—Siempre se te aclaran los ojos cuando lloras —dijo pasando sus dedos por las mejillas de ella.
El tacto fue dulce y gentil. Ella agradeció el gesto sonriéndole y quedando inmersa en su mirada. Régis se les acerco mientras los otros dos quedaban deslumbrados por el lugar.
—Esos son tus padres…
Régis desprendía nostalgia y orgullo al ver los retratos.
—Nerea era una gran pintora le encantaba plasmar sus emociones en los lienzos…
Charlotte sentía una gran familiaridad en aquel lugar. Recorriendo el resto de la habitación reviso los libros de una estantería y le recordó a su confinamiento cuando le dejaron libros en diferentes idiomas. Aquí era igual. Todos estaban en idiomas variados. En uno de los espacios se encontraba un adorno de cristal con forma de ola unido por dos colas que se entrelazaban entre sí, pero la punta de una de ellas no estaba alineada.
Con sutileza enderezo la cola uniéndolas para que la figura brillara en una luz blanca y azul. Un ruido captó la atención de todos. En el centro de la habitación salió una especie de mesón oculto que surgía del suelo dejando al descubierto un pequeño exhibidor de vidrio.
Todos cruzaron miradas sintiéndose en una película de tesoros ocultos. Régis se acercó colocándose a una distancia del mesón mientras que el resto hacía lo mismo sentándose en el sillón al frente del objeto. El Grifo observaba lo que contenía el cristal con ojos curiosos en expectativa de que era.
Ella miró titubeante a Régis quien asintió dándole paso al mesón. Paso sus manos por el cristal encontrándose con un hermoso collar con una delgada cadenilla plateada que mantenía cuatro pequeñas piedras blancas y en el centro una joya en forma ovoide no muy grande. Retirando la tapa de vidrio tomó en manos el collar palpando las incrustaciones lisas.
—Permíteme colocártelo.
Tendiéndole la prenda. Régis la colocó en su cuello observándola fijamente antes de colocarse al frente de ella tocando el collar en su pecho.
—Yo Régis Allard guardián de toda la descendencia directa de los Kyels, libero la restricción de tu cuerpo mediante la llave que posa en tu cuello para dirigirme hacia a ti Charlotte como lo que realmente eres… una Torum.
Charlotte ladeo su cabeza extrañada cuando sintió un fuerte palpitar en su interior que le hizo retumbar cada centímetro de su ser como si algo se quebrara en su sistema. Su respiración se tornó acelerada sintiendo como el aire escapaba de sus pulmones alertándolos a todos, pero Régis los detuvo con su mano.
—No… ella está despertando…
Cayó de rodillas sintiendo un flujo en su interior y recuerdos vagos llegaban a su mente causándole punzadas en su cabeza. Su cuerpo estaba cambiando ella no se sentía igual… era como si un gran fuego interno resurgiera consumiéndola rápidamente.
La joya del collar no dejaba de brillar junto a las más pequeñas. A los segundos Charlotte dejó de luchar teniendo pequeños espasmos haciendo que todos quedaran observando angustiados.
Un quejido sorprendió a Morghan. Ella estaba en el medio del sillón viendo como Enzo sacudía su cabeza y su cuerpo tomaba elevadas temperaturas mientras que Vincent solo cerró sus ojos para calmar su respiración y volver en sí, incluso el Grifo estaba postrado con cabeza al suelo.
Dos presencias la hicieron sentir escalofríos. Al observar a Régis este ya no era igual que la primera vez que lo vio, podía sentir claramente el inmenso poder que emergía de él.
Fijando su atención en Charlotte se colocó de pie y sintió como la energía junto a una abrumadora aura brotaba inundando la habitación. Haciendo contacto visual pudo palpar como su intensa mirada calaba en su interior hasta sus huesos, nunca había presenciado algo como esto en toda su existencia.
No duro mucho estando de pie para cerrar sus ojos y caer de espaldas. Régis la tomo antes que impactara. Cargándola en brazos la acuno pasando sus dedos por su dormido rostro.
—Bienvenida de nuevo mi pequeña Lium.