Capítulo 40

—Esta entrada no me parece como si fuera una simple cueva.

Dudo Morghan al asomarse un poco a la abertura de los pilares. Después de haberse acercado se dieron cuenta que la supuesta entrada realmente no era una cueva ya que al lanzar una piedra de prueba no se escuchó caer al suelo.

—Pero debemos entrar de todas formas ¿cierto? —incito Vincent observando la cueva.

—Si… es verdad ––afirmó Enzo mirándolo sonriente —Ve y dinos que es por dentro y después te seguimos si es seguro.

Vincent volteo a verlo sin estar convencido cuando ya Enzo lo había empujado a la entrada haciendo que cayera como si fuera una trampa mortal. Charlotte abrió los ojos como platos al ver lo que acababa de hacer para fulminarlo con la mirada y lanzarse a su búsqueda.

Régis se alarmó cuando ella cayó por la entrada y se lanzó también haciendo que Enzo se quejara por dejarlo atrás.

— (Suspiro) Tranquilo grandulón.

Morghan le dio unas palmaditas en la espalda.

—Se que no se la llevan, pero tampoco lo mates tan pronto.

Ella también se lanzó por la entrada riendo, mientras que Enzo se quedó allí parado como tarado sin creerse que lo dejaran solo. Rodando los ojos tomo a Bábil y se adentró también en la sospechosa entrada.

Observando desde la vegetación una criatura sintió curiosidad por aquella extraña abertura. Molesta por no poder acercarse aún más gracias a la energía restrictiva que emanaban los pilares se sentó en resignación vigilando el lugar en espera de que salieran de allí.

Cayendo por lo que parecía ser el hoyo de Alicia en el país de las maravillas o también un tobogán bastante rústico y sucio. Charlotte cayó de cara al suelo siendo atrapada por algo que amortiguo su aterrizaje. Aturdida, alzó su cabeza para encontrarse de frente con Vincent quien estaba tirado en el suelo con ella encima de él.

Masajeando su cabeza él hizo contacto visual con ella sonriendo y apenada se levantó de encima de su cuerpo para ayudarlo a colocarse de pie.

— ¿Acaso esto es una broma de mal gusto o qué?

Se quejó ella observando el agujero por el cual fueron expulsados.

—No lo sé, pero por lo menos no morimos en el intento.

Vincent se sacudió la tierra de sus ropas mientras ella se disculpaba por haberle caído encima. Él no le dio importancia y al voltear a ver en donde habían entrado se quedaron pasmados.

Si estando en la montaña disfrutaron de una gran vista esto era mucho más sorprendente. Se encontraban en un jardín más grande que el del palacio de Buckingham, cualquiera que se inmiscuyera en el lugar sin saber a dónde ir se perdería en un pestañeo.

El jardín estaba en perfectas condiciones con montones de árboles en un orden simétrico con diferentes estilos de patrones ya sean de fruta o florales predominando los hermosos cerezos típicos en la región. Los arbustos mantenían hermosas formas bien podadas al igual que la hierba fresca y el montón de flores silvestres que adornaban las rocas de diferentes tamaños posicionadas a lo largo del jardín dando un toque simple y natural.

A lo lejos se podía apreciar una pequeña montaña que a Charlotte le pareció absurdo el hecho que dentro de la montaña hubiera otra más pequeña, pero viendo el paisaje lo creía porque a pesar de estar allí dentro había luz natural que inundaba todo. También se podía apreciar la estatua de lo que parecía ser un enorme lobo del tamaño de la torre Eiffel con rasgos más filosos y ciertos toques diferentes a un lobo común y corriente. Mantenía una enorme armadura que lo cubría y se encontraba sentado con la cabeza bien en alto. Su postura emanaba poder y justicia, era algo digno de admirar.

En el centro de aquel gran jardín se encontraban unas escaleras largas que daban a lo que parecía ser una mansión con pilares en la entrada. Charlotte se imaginó que ese era el dichoso santuario al cual debían ir.

Escuchando unos gritos de diversión ambos voltearon a ver el agujero por donde entraron para que salieran Régis y Morghan muy “amistosos” riendo como dos tontos. Charlotte se cruzó de brazos enarcando una ceja al verlos tan divertidos.

Régis al notar su mirada se colocó de pie limpiando su camisa para que Morghan hiciera lo mismo.

—Es que casi (carraspeo) se traga una piedra en el camino y me dio risa —explicó Morghan para evitar las suposiciones de Charlotte.

— ¿Estás bien?

Régis la reviso como un padre a su hija.

—No debiste lanzarte como si nada.

—Pero no podía dejar que Vincent fuera el sacrificio.

El comentario de ella fue lógico, pero aun así Vincent no sabía porque, pero se sintió un poco ofendido con que lo llamara sacrificio, aunque viniendo de Enzo sería un insulto inminente de todas formas, lo lanzó como si nada a la entrada sin saber que pudiera haber debajo.

Un quejido se escuchó del mismo lugar haciendo que voltearan a ver quiénes eran y se trataba de Bábil cayendo de trasero al suelo, pero el hombrecillo no sabía si sobarse el golpe que recibió al caer o el bulto palpitante que salía de su cabeza. Detrás de él salió Enzo como si nada sonriendo como si fuera tenido un divertido viaje.

—Por lo menos mi viejo se las ingenió para hacerlo entretenido.

— ¡Eso no fue entretenido! (sollozo) fue espantoso —se quejó el hombrecillo colocándose de pie.

—Wow

Enzo se quedó impresionado al detallar el lugar al igual que el resto.

— ¿Soy rico y no me dijiste nada?

—Joven amo a su padre no le interesaba lo material, pero cuando se trataban de cosas importantes todos se ofrecían a ayudarlo, de todas formas, él siempre cuidaba a todos sin pedir nada a cambio y no, no es rico, aunque… alguien que conozco piensa igual que usted y si tiene dinero—dijo evitando su mirada rascando su nuca nerviosamente.

Enzo le dio una mirada plana en desilusión mientras el cuervo alzaba sus hombros en defensa.

— (Suspiro) De acuerdo vamos por la dichosa cosa que me dejó mi padre.

Enfilándose por el camino de piedras labradas todos siguieron a Enzo quien iba en la delantera de ellos.

—Bábil… aquí no hay sorpresas como los lobos de la entrada ¿verdad? —pregunto Régis observándolo con una ceja enarcada.

—Lord Régis le juro que no tengo ni la más mínima idea que habrá dejado el amo en este lugar, solo se dé la existencia de su cuerpo sepultado aquí junto a su objeto sagrado—explico con total seriedad.

A ninguno le gustó lo que informó el hombrecillo. Mirando al frente dudaron del lugar al que se habían metido, era como si fueran llegado a una madriguera sin saber con qué se podrán encontrar.

Al ir caminando y detallar la enorme estatua de un lobo. Régis recordó algo que había escuchado hace mucho tiempo ya, pero no estaba totalmente seguro de la información que poseía.

— ¿Quién es ese?

La pregunta hizo que todos observaran la figura haciendo que a Bábil se le inflara el pecho.

—Ese es el amo Juuzo, pero solo es una réplica de cuando era joven, estando adulto era el doble de grande —dijo con total orgullo mientras que todos se sorprendieron al imaginarse ese enorme can.

—Y… ¿Enzo es igual? —preguntó con la incertidumbre carcomiéndolo.

Régis quedó encantado con su cola y no se podía imaginar llegar a tocar toda una gran masa con la misma piel esponjosa y suave.

Bábil se quedó unos segundos pensando.

—No sé el tamaño actual del joven amo… la única vez que lo vi en su verdadera forma tenía casi ese tamaño y aún era un niño, pero es una gran pregunta —concordó con el moreno.

Quedando sin palabras todos continuaron el camino hasta llegar a las largas escaleras que parecían ser interminables. Por más escalones que subían no veían la cima. Charlotte llegó a pensar que cualquiera que deseara bajar de peso solo tenía que subir y bajar toda la escalera una sola vez y al terminar ya estaría listo… a no ser que muriera por una ineficiencia cardíaca antes.

Llegando por fin a la cima todos respiraron en alivio siendo Bábil el primero en esparramarse en el suelo para recobrar el aliento, aquí hay un ejemplo de candidatos para bajar de peso, pensó Charlotte al recordar que el hombrecillo no podía ver comida porque arrasaba con todo y aun así le sorprendía el hecho de que no engordara.

Detallando el lugar parecía ser un templo antiguo de los que se encuentran en el país, solo que este estaba en mejores condiciones con su tejado oscuro de dos aguas y algunos pilares de madera que servían de soporte para la entrada. Las enormes puertas de madera oscura los hacían ver como hormigas. Allí se encontraba Enzo recostado esperando por ellos.

Al acercarse a él, se retiró de la pared para luego posar su mano en las enormes puertas abriéndolas con total facilidad dando paso a un gran salón con piso de madera clara muy bien pulido y sus paredes blancas con tallados antiguos sumamente hermosos iluminados por lámparas de velas que se encendieron al entrar en efecto domino. En el centro de aquel salón se encontraba una clase de pequeña plataforma con una vara negra envuelta en una banda de metal brillante en el medio para tomarla.

Charlotte tocó una de las paredes admirando las pinturas muy bien talladas sin poder contener el asombro en sus ojos. Régis se le unió en su deleite al ver tales obras de arte.

—Esto es…

—La vida de mi padre —terminó de decir Enzo al observar nostálgicamente las paredes.

Él tenía razón. En las pinturas un enorme canino blanco resaltaba destruyendo enemigos, ayudando a pueblerinos, viajando entre las nubes y defendiendo territorios… todo era tal y como Bábil había relatado anteriormente. En una de las escenas aparecían dos canes iguales de una manera muy cariñosa y tierna. Las pinturas continuaban en la siguiente pared al otro lado donde se podía ver claramente que el padre de Enzo estuvo involucrado en una gran guerra.

—El amo Juuzo murió en esta batalla…

Bábil tocó la pared viendo con orgullo la imagen.

—Si no fuera sido por él toda criatura de estas tierras estaría bajo el poder de un ser corrupto que llego tomando todo a su paso como una bestia insaciable… él…tuvo que sacrificar mucho para detenerlo… incluyendo su propia vida a cambio de la libertad de los demás.

Charlotte fijo su mirada en Enzo, el cual se mantenía callado observando el lugar. Ella no sabría decir si era su intuición, pero podía notar cierta tristeza en él solo que no la transmitía en su inexpresivo rostro.

—Escuche hace mucho tiempo acerca de un gran demonio muy poderoso que prácticamente reinaba en sus tierras y era muy conocido por amar a los humanos y cualquier criatura indefensa… —Régis se quedó unos segundos en silencio —Pero nunca creí que se tratara del padre de Enzo.

—También estuve al tanto de esa historia… entre mi gente suele ser llamado como el noble rey demonio —agregó Morghan recorriendo la mirada entre las paredes y Bábil.

—Sus acciones han perdurado por los siglos y mayoría de las criaturas tienen cierto conocimiento de su existencia solo… que no saben a plenitud de quien o de que se trataba—explicó el hombrecillo fijando su mirada en ellos.

—Por eso Enzo siempre llama la atención en todo lugar al que va —susurró Charlotte sintiéndose un poco avergonzada al notar que todos la observaron por tal comentario.

El hombrecillo se acercó al centro del salón quedando al frente de la pequeña plataforma observando con gran nostalgia y admiración la vara que se encontraba en una base de metal.

Enzo se acercó igual que él quedando encima de la plataforma y enarcando una ceja al ver aquello.

— ¿Todo este viaje para una simple vara de madera?

En esta ocasión Bábil fue quien le asestó un golpe en su cabeza haciendo que él se la devolviera, pero se contuvo al ver la devoción con que el hombrecillo veía el arma.

—No es solamente eso joven amo esto es… —los ojos del cuervo brillaron en fascinación —El arma sagrada forjada del colmillo de su padre… es la valiosa herencia que le ha dejado.

Bábil hizo una pequeña reverencia indicándole que tome el arma. Justo en el momento en que Enzo acercó su mano tomando la vara un campo de energía salió de la misma emanando una corriente eléctrica que hizo soltarla instantáneamente para masajear su mano.

Todos se sorprendieron al ver aquello.

— ¿¡Porque coño no me dijiste que eso electrocuta a cualquiera!? —se quejó sintiendo su brazo cosquilleando por el choque de energía.

—Porque eso no debía suceder —indicó el hombrecillo perplejo —Esto es malo… si la Kokira Tamashi lo rechaza como su portador… eso solo puede significar que no está siendo sincero joven amo.

— ¿A qué te refieres?

Un gran temblor se sintió en todo el lugar mucho más intenso que el que sucedió al abrirse la entrada. Lámparas comenzaron a caer y el suelo se agrietaba haciendo que la estructura perdiera estabilidad y pequeños escombros comenzaran a caer del techo.

— ¡Bábil! ¿Qué está pasando?

Si no salían de allí pronto serían aplastados por el santuario. Otro retumbar se escuchó y era como si la mismísima montaña fuera a caer encima de ellos dándoles una sepultura inmediata, incluso Bábil temió que la montaña que es un volcán activo fuera a estallar en ese preciso momento.

—El santuario debió de haber entrado en un modo de defensa, ya que el arma es algo sumamente peligroso y no puede ser portada por nadie que no tenga un motivo noble y abnegado para con otros ¡por eso le dije que no está siendo sincero! —exclamó el hombrecillo dando tumbos para evitar caer en las grietas.

— ¿Ahora qué hacemos? —preguntó Vincent alarmado recorriendo cada rostro con su mirada.

—No es digno.

Una voz ronca y gruesa retumbó en el lugar haciendo que todos se quedaran espabilando sin saber quién hablo. El santuario comenzó a hacer ondas en el suelo empujándolos fuera del lugar. Al tener que salir para evitar ser tragados por la madera notaron como el hermoso jardín estaba cambiando.

Muros de cinco metros de alto comenzaron a brotar del suelo uniéndose con los arbustos y árboles que se encontraban en una perfecta formación para sacar sus raíces de la tierra y reforzar los muros creando una especie de laberinto.

Otro temblor se sintió seguido de un gruñido ronco y profundo. Instintivamente todos voltearon a ver qué era lo que causaba aquella voz y se quedaron con los ojos como platos al encontrar de donde provenía el sonido.

Se trataba de la “pequeña” montaña que habían visto anteriormente. No era más que un gigante de piedra con moho y plantas arraigadas a sus extremidades con una gran bola con púas de metal unida a un bastón que parecía un árbol encadenado a su brazo.

—Quien se ha atrevido a tocar el colmillo sagrado no es digno de portarlo…sus intenciones no son puras— indico con su voz ronca y espeluznante que hacía retumbar todo el lugar.

—Ahora sí que estamos hundidos hasta el fondo —comentó Morghan observando al gigante de piedra que se acercaba a pasos lentos arrastrando su arma.

*Kokira Tamashi* Alma Noble en japonés.