Capítulo 41

Lo que antes era un jardín ahora se había convertido en un laberinto sin salida con espinas y trampas que podrían causarle claustrofobia a quien cayera en ellas o incluso la muerte inminente.

El chocar de las rocas se hizo presente en el lugar, dando acto de presencia a pequeños monstruos de piedra que rodaban por todo el laberinto saliendo de los alrededores uniéndose al caminar del gigante y trepando los laterales del santuario para llegar hasta ellos.

El suelo volvió a crear una onda que los empujo hacia las escaleras que ahora eran lisas causando una caída inevitable por la falta de fricción que mantenía el material con sus cuerpos para tratar de frenar el descenso.

— ¡Joven amo debe correr y tomar el arma!

Insistió Bábil desesperado ante las intensas ondas que los empujaban por la rampa resbalosa.

—No tomaré ese tonto pedazo de madera, si ni siquiera me reconoce como su portador para que la debo tener ¿para pegarle en la cabeza a esa cosa? —Señalo el gigante —No soy idiota eso no resistirá ni un golpe de Charlotte.

— ¡Oye! —se quejó ofendida.

Las oleadas los dejaron entre la orilla de la rampa y el suelo del santuario. Sin poder resistir más todos cayeron menos Charlotte y Bábil quien pudo evitar que cayera al tomarla de su camisa en forma de cuervo.

Ella rodó un poco por el suelo, el cual había dejado de lanzar oleadas al sentir que nadie llegó a pisarlo por segundos. Asomándose con sumo cuidado pudo observar como todos cayeron al suelo siendo tragados prácticamente por los densos muros.

Charlotte quiso ayudarlos, pero Bábil la contuvo haciendo que ella se desesperara por no saber qué hacer.

—No se acerque al borde o también caerá—advirtió preocupado.

— ¿Por qué me salvaste?

Bábil se quedó boqueando como un pez extendiendo una pluma para puntualizar su explicación.

—Fue la más ligera que vi —se excusó haciendo que ella rodara los ojos en molestia.

—Todos están allá bajo y necesitan ayuda.

Recorrió su mirada entre el laberinto y el gigante.

—Lo sé… pero…

El cuervo se quedó en silencio murmurando algo que ella no entendía y eso la angustiaba aún más.

— Pero ¿¡qué!? Habla.

—Creo que usted puede sacar la Kokira Tamashi de su lugar.

Charlotte se quedó espabilando sin creerse lo que había escuchado, ya sabiendo lo que le hizo a Enzo cuando la toco ella no quería vivir la misma experiencia.

— ¿Por qué yo?

—Usted vive defendiendo a los demás ¿cierto? —señaló haciendo que ella asintiera un poco dudosa —Eso es todo lo que se necesita para poder tomarla, el amo creo esta arma para cuidar a los indefensos y eso es lo que desea más que nada en este mundo así que será mejor que nos apuremos.

Aceptando el plan de Bábil ambos se dispusieron a entrar nuevamente en el santuario, el cual al abrir de nuevo las puertas, ya no estaba como antes, sino que eran corredores con miles de puertas que hacían difícil el saber cuál era el pasillo correcto.

—Genial lo que faltaba —se quejó ella golpeando su frente con su mano— ¿Ahora qué?

—Pues… hay como mil pasillos así que solo debemos buscar cuál puerta es la correcta.

—Qué gran idea.

Ella le dio una mirada plana mientras él hizo lo que parecía ser una sonrisa. Estando como cuervo era difícil descifrar ciertas expresiones. Suspirando en resignación se adentraron a buscar la dichosa arma.

Caminando de un lado a otro casi que haciendo un hoyo en la tierra. Enzo estaba furioso por haber caído en tal lugar sin poder tomar la tonta vara y sin mencionar la confusión de no entender a lo que se referían con no ser sincero. Sentía que todo se le aglomeraba en la cabeza creando una tormenta de emociones sin comprender. El resto que los acompañaban fueron separados por los muros dejándolo a él solo destruyendo todo a su paso incluyendo a los monstruos de piedra que se le acercaban.

Fijando su vista en el gigante que caminaba en dirección al laberinto sonrió feliz. Si el grandote quería pelear él lo complacería y teniendo tal frustración se daría el lujo de liberar estrés con la piedra.

Irritado y solo Vincent recorría los senderos del laberinto rebanando plantas y raíces que se le atravesaban incluyendo algunos de los monstruos de piedra que aparecían una y otra vez atacándolo con todo, pero él solo les asestaba un golpe dejándolos inertes en el suelo para que en poco tiempo volvieran a aparecer.

Al caer de la rampa los muros engulleron a cada uno de ellos dejándolos por separado para que cayeran en desesperación y murieran con las trampas ocultas o a manos de los monstruos de piedra.

Él debía reunirse con los demás y planear una estrategia para salir de allí. Cortando unas raíces noto como algo salía disparado del laberinto para golpear al gigante de tierra que hacía temblar el suelo con cada paso. Fijando su mirada en quien lo atacó supo inmediatamente que se trataba de Enzo, eso serviría como distracción, pero debía darse prisa y salir de allí.

— (Suspiro) No funciona… la tierra no me responde.

Morghan estaba acuclillada tocando la tierra, pero se rindió colocándose de pie.

—La energía que emana el gigante debe crear una barrera en toda la montaña evitando cualquier método de vía de escape —explicó Régis observando los muros para notar la ruda pelea que Enzo debatía con el guardián del recinto.

—Eso quiere decir que… ¿o tienes el arma o te mueres sepultado vivo?

—Algo así…—él se quedó meditando y observando a su alrededor —Si no podemos salir por nuestros propios medios utilicemos lo que nos rodea entonces.

Régis comenzó a arrancar algunas ramas del muro.

— ¿Qué? ¿Harás tiritas con las ramas?—pregunto intrigada.

—No, usare el muro a mi favor.

Colocó su mano en la densa estructura verde emanando luz morada que se mezcló con los hilos de energía que mantenían al muro haciendo que se marchitara y se creara un gran agujero.

—Robaras la energía para luego usarla contra ella misma… astuto.

Él le sonrió triunfante dándole paso a que atravesara el muro.

—No podrás tener total manejo de tus habilidades aquí, pero tus arañas podrían ayudarnos a encontrar una salida.

Concordando con el moreno Morghan hizo lo que sugirió dejando salir miles de pequeñas arañas de su cuerpo y mediante su refinado oído podrían encontrar con más facilidad a Vincent quien quedó dando tumbos solo en aquel enorme laberinto.

Luego de haber atravesado incontables puertas y riéndose del cuervo por asustarlo con sonidos falsos que ella mencionaba para que se alarmara, encontraron por fin la puerta que los llevó al salón donde estaba el arma.

Apresurándose se colocaron en la plataforma. Bábil se posiciono en su hombro indicándole que se calmara y confiara en sus instintos. Respirando profundamente Charlotte se mentalizo calmando todo su ser para luego colocar sus manos en la vara y sacarla de su lugar.

Al tenerla en sus manos y no ser electrocutada grito en júbilo al igual que Bábil quien saltaba de emoción en su hombro como un loro entrenado.

— ¡La tengo! —grito, eufórica agitándola en sus manos para que un temblor se hiciera presente y toda la emoción desapareciera.

Sonidos de pisadas se escucharon en el santuario haciendo que ambos se pusieran en alerta. Piedras rodantes entraron de golpe por las puertas tomando una forma similar al gigante de afuera.

—Su corazón es puro… pero no le corresponde poseerla— todos hablaron al mismo tiempo con voces roncas al igual que el enorme gigante que hizo retumbar el lugar diciendo las mismas palabras que ellos.

—Bábil.

— ¿Sí?

— ¿Qué son esas cosas? —preguntó Charlotte amenazándolas con la vara en mano.

—S-son g-golems—dijo con voz temblorosa.

Ambos fueron retrocediendo mientras ellos avanzaban cautelosamente para atraparlos.

— ¿Podemos contra ellos?

—Aunque los destruyas no mueren, toman nuevamente su forma original ya que son piedras y lo único que podría evitar eso es el arma sagrada —señaló la vara en sus manos —Y no reacciona con usted.

— ¿E-entonces qué hacemos? —pregunto chocando su espalda contra la pared y viendo de reojo la puerta por donde entraron.

—Lo que en toda mi vida me ha funcionada en este tipo de situaciones señorita Charlotte— lo dijo tan seriamente que la sorprendió.

— ¿Luchar?—pregunto tentativamente.

—No… ¡Correr! —gritó el cuervo para salir volando a la puerta seguido de ella gritando mutuamente evitando las piedras mutantes que los perseguían.

Los golems comenzaron a tomar su forma de roca y rodar tras de ellos como otros que corrían en sus verdaderas formas lanzando piedras afiladas que Charlotte estuvo esquivando mientras pasaban por los pasillos y abrían puertas de golpe. En cambio, sus perseguidores destrozaban todo a su paso con tal de atraparlos. Ella no supo si eran mejores los clase E o estas cosas que los perseguían, por lo menos estos eran un poco más lentos y no la dejarían sin sangre, pero si le asestaban una de las piedras, estaba arruinada.

Después de perder la cuenta de cuantas puertas y pasillos atravesaron lograron perderlos de vista por unos minutos para entrar en otra habitación y tomar un poco de aire.

— (Jadeo) N-no llegaremos (jadeo) a nada si seguimos así —dijo ella recostándose en la pared apretando la vara en su pecho.

—T-tiene (jadeo) razón e-ellos no nos dejaran en paz.

Bábil se concentró para calmar su agitada respiración y tomar su aspecto humano formando una bola de luz blanca en su mano que lanzó como una bomba a la pared siguiente. Al impactar contra la pared Charlotte cerró los ojos pensando que estallaría en mil pedazos, pero resultó ser lo contrario. Dudosa de no haber escuchado nada abrió sus ojos y vio como la bola de luz iluminaba las habitaciones indicando la vía para salir de allí. Era como si fueran rayos- X que permitían una visión plena del lugar.

Estando atentos a los movimientos de la bola un impacto atravesó la pared haciendo acto de presencia sus perseguidores. Ellos salieron en carrera a por la luz que les indicaba el camino. Atravesando pasillos y otras puertas más dieron por fin con la entrada, abriéndola rápidamente para que un golem le obstaculizara el paso colocándose en frente de ellos.

Charlotte y Bábil se frenaron en seco observando en todas direcciones y más de sus perseguidores se estaban aglomerando creando un cercado alrededor de ellos sellando cualquier salida.

Ella vio las escaleras que ahora eran una gran rampa y tomando a Bábil por su camisa salió corriendo hacia el frente. El cuervo gritaba diciendo que era una mala idea, pero Charlotte solo lo ignoraba. El golem extendió sus robustos y casi deformes brazos para atraparla cuando ella se desplazó por el suelo pasando debajo de la abertura de sus piernas y caer como en un tobogán por la rampa colocando a Bábil en sus piernas y aferrando la vara a su cuerpo.

Se sintió como algo pesado bajaba por la rampa y al voltear eran los golems quienes rodaban como bolas de boliche en su dirección. Bábil al ver que los aplastarían si no se apresuraban colocó sus manos en ambos lados creando una pequeña ráfaga de viento que los elevo unos centímetros de la rampa y los hizo bajar más rápido.

Charlotte sentía que estaba en una prueba de velocidad de la NASA para volar a la luna. Temiendo por tragarse un insecto por la gran velocidad en que descendían opto por dejar de gritar y cerrar su boca volteando a ver la dura batalla que tenían con el gigante de piedra.

Por andar distraída no se percató de las advertencias del hombrecillo y cayó chocando de cara con uno de los muros, los cuales la estaban tragando al igual que hizo con el resto solo que esta vez enredaderas trataban de aprisionarla. Desesperada trataba de romperlas, pero más salían. Sacando como pudo su Kamna rebano las plantas con facilidad zafándose de la trampa mortal cayendo al suelo con la respiración pesada. Ella estaba agotada, pero no podía detenerse allí.

Colocándose de pie trato de buscar a Bábil con la mirada, pero no lo encontró. Estaba sola en aquel sendero de vegetación peligrosa. Tomando aire se calmó un poco y trato de buscar a Régis de la misma manera que él lo hacía. Al sentir su esencia ella se dirigió por las vías en donde sentía el vínculo más fuerte. Mientras pasaba de un sendero a otro en varias ocasiones enredaderas intentaron atraparla, pero las rebano con su daga. Pudo escuchar unos pasos acercarse lentamente hacia ella haciendo que cada centímetro de su cuerpo se tensara.

Estando preparada con su Kamna en manos se acercó sigilosamente al lugar por donde provenían los pasos y al estar más cerca salió de la nada sorprendiendo a quien fuera que estaba allí. Al atacar se detuvo en seco cuando vio quien era.

— ¿Vincent? —pregunto espabilando.

— ¿Charlotte?

Ambos se miraron sorprendidos para luego sonreír de felicidad al haberse encontrado cuando una piedra asestó la pierna de Charlotte haciendo que gritara de dolor y las enredaderas hicieran acto de presencia otra vez sujetando todo su cuerpo y lastimando su piel con espinas de dos centímetros de largo que se clavaban inmovilizando sus articulaciones. Sin poder resistir el dolor soltó su daga y la vara.

Vincent se apresuró en ayudarla cuando unos brazos robustos lo atraparon impidiendo moverse obligándolo a caer a tierra sin poder hacer nada, viendo como las enredaderas presionaba más contra la piel de Charlotte.

El olor a sangre fresca inundó todos sus sentidos haciendo que sus instintos picaran en salir. Aquel frenesí que sintió en New York lo envolvía gritándole que debía destruir todo lo que fuera una amenaza, pero era más intenso y abrumador que la primera vez, cegando por completo su visión. Enzo arremetió contra el gigante sin tener compasión alguna causándole una fractura en su rostro. Era un arrebato que no podía parar, tan solo el gigante intentaba hacer un movimiento y Enzo ya lo golpeaba y fracturaba impidiendo que se restableciera.

Al escuchar el grito de dolor de alguien fue recobrando la conciencia. Supo inmediatamente que aquel dolor y sufrimiento provenía de una sola persona “Charlotte”, su nombre pasó por su mente haciendo que se enojara aún más y la sangre le hirviera en furia pura.

Balanceando su arma el gigante se dispuso a lanzarla contra Enzo, pero él fue más rápido y le asesto un golpe limpio en todo su abdomen rocoso haciendo que retrocediera y cayera retumbando en todo el suelo.

Corriendo rápidamente Enzo se enfilo al lugar donde se encontraba ella. Cayendo de un salto destrozó un muro entero de densa vegetación. Él al encontrarla, la vio arrodillada y atada con raspones en todo su cuerpo. Cada vez que forcejeaba el sangrando en su pierna aumentaba junto al dolor de sus extremidades perforadas.

Sus ojos refulgieron en oro puro destrozando los golems que se le abalanzaron convirtiéndolos en una vergüenza para las piedras. Desintegrando las enredaderas con sus manos la liberó de su aprisionamiento para tomarla en brazos evitando que cayera al suelo. Charlotte estaba muy débil y su cuerpo palpitaba en dolor por las heridas frescas. Sacando la piedra clavada en su pierna ella chillo.

Enzo colocó su mano en su pecho emanando luz haciendo que todas las heridas cerraran en cuestión de segundos. Recobrando sus fuerzas Charlotte abrió los ojos en sorpresa al ver quien la tenía en sus brazos.

—E-Enzo.

—Esto es inaceptable —dijo con el ceño fruncido.

Charlotte observó el entorno y cayó en cuenta de que la había rescatado del ataque imprevisto. El rostro de Enzo se explicaba por sí solo, ira, es lo que irradiaba. Al notar que estaba completamente absorto, toco su mejilla dándole una mirada tranquilizadora.

—Estoy bien…

Enzo espabilo y la volvió a revisar para cerciorarse de que era cierto. Ella le sonrió volteando a ver a su alrededor y sí que había hecho un desastre. Colocándose de pie sin dejar de ser vigilada por él, tomó la vara del suelo, junto sus manos con las suyas y se la entregó.

—Te agradezco de nuevo por salvarme, pero esto… ―miro a la vara en sus manos y luego a sus ojos ―Debes recibirlo y usarlo, tu padre te la dejo no menosprecies su herencia… no reprimas lo que sientes al respecto, veo claramente cómo te afecta.

Él observó la vara en sus manos y dudo en aceptarla.

—Eso solo me estorbara ya viste lo que sucedió cuando intente tomarla.

—Pero aun así debes intentarlo.

Retiró sus manos de la vara dejándosela solo a él.

—Esto es tuyo y solo tú puedes poseerla así que tómala por favor.

Los ojos suplicantes de ella le hacían difícil rechazar el arma, pero en su voz era notorio la preocupación que tenía para con él. Pasando su mano por el contorno de su rosto la colocó en su nuca y la observó fijamente a sus ojos miel.

—Quiero que me escuches y prestes mucha atención a lo que te diré ¿de acuerdo?

Charlotte asintió perdida completamente en su mirada.

—No negaré que al principio el encargo para buscarte fue un poco molesto, pero con el tiempo se volvió agradable, por eso hoy te digo que yo nunca dejare que nada malo te pase jamás, no me importa si tenga que dar mi vida a cambio de salvarte, pero ten por seguro que te protegeré cueste lo que cueste.

Tomando firmemente la vara de sus manos esta vez no lo rechazo, más bien una pequeña luz recorrió toda su estructura estando lista para usarse. Recogió uno de sus mechones acomodándolo detrás de su oreja regalándole una sonrisa traviesa.

—Escóndete yo me encargare de que salgas de aquí sana y salva.

Con eso Enzo se fue en un salto dirigiéndose de nuevo al gigante dejando a Charlotte con el corazón latiendo a mil por hora y observándolo con fascinación. Estaba completamente segura que todas sus dudas ya fueron aclaradas, ella realmente había llegado a enamorarse de ese hombre.

Escuchando un quejido volteo a ver de dónde provenía y era Vincent quien trataba de colocarse de pie. Corrió en su ayuda para que él le sonriera diciéndole que estaría bien y tuvo razón porque los rasguños y heridas que le causó el golem desaparecían como si nunca fuera sucedido.

Un crujir se hizo presente y ambos voltearon a ver de qué se trataba. Vincent se colocó en frente de Charlotte como un escudo para que uno de los muros se desintegrara abriendo un gran agujero dándole paso a Régis y Morghan quienes venían hablando con el ceño fruncido. Al verlos se alegraron iluminándoseles los rostros, por fin estaban juntos de nuevo.

Bábil quien se encontraba con ellos se abalanzó a Charlotte como una garrapata abrazándola en sollozos por no poder encontrarla después de caer en el laberinto.

—Me alegra que estés bien, no sabes lo preocupado que estuve cuando nos separamos y me contactaste por el vínculo —dijo Régis tomándola en brazos.

—Lo sé, también me angustie mucho.

Ella correspondió su abrazo para que él la observara revisando su estado.

—Señorita Charlotte ¿Dónde está el arma? —pregunto Bábil al no verla por ningún lado.

—Se la di a su verdadero portador.

Señaló el gigante que se posicionó de pie nuevamente para cobrar el golpe que le dieron.

El hombrecillo comenzó a dar brincos de emoción gritando eufórico por saber que el arma no rechazo a Enzo.

—Muy bien entonces eso funcionara para entretener al grandote mientras seguimos el camino por donde entramos.

Indicó Morghan señalando el sendero por el que habían aparecido.

Todos asintieron y se enfilaron a salir de allí.

Sintiendo como su mente se esclarecía con mayor facilidad Enzo empuño el arma y pudo sentir el palpitar en su mano recorriendo energía dentro de ella como si tuviera vida propia. Evitando la bola de púas del gigante ya se encontraba harto de seguir golpeándolo sin tener ningún resultado significativo. Si tenía que volverlo a enfrentar, esta vez se metería con alguien de su tamaño.

Enzo se posicionó en el suelo observando de frente al gigante mientras una gran ráfaga de viento inundó todo el lugar condensándose en él como el epicentro de una tormenta. Sus ojos se volvieron rojos sin dejar nada blanco convirtiendo su pupila en una gran raya azul y su cuerpo cambiando de tamaño conforme a la potencia de la ráfaga que lo cubría. Su rostro se alargó mostrando un gran hocico con enormes colmillos y su cuerpo deformándose tomando su verdadera forma quedando como un enorme Inugami más grande que la estatua que se encontraba sentada en el jardín.

Posicionando sus enormes patas en el suelo dejo salir sus garras y el arma resplandeció en una luz blanca cegadora acoplándose completamente a su cuerpo creando una especie de armadura con defensa que cubría su rostro y reforzaba sus garras con un metal brillante, grueso y afilado que resonaba en cada pisada.

Abalanzándose hacia el gigante Enzo clavó sus garras perforando el cuerpo rocoso para abrir su mandíbula y arrancarle de tajo un brazo alejándose triturando y desintegrando las piedras en su boca delatando sus dientes para gruñirle y continuar con su feroz ataque.

Todos se tambalearon al sentir aquel estruendo y quedaron pasmados al ver la transformación de Enzo. No se podían creer lo que estaban presenciando con sus propios ojos.

Los ojos de Bábil brillaron en admiración y orgullo al ver como su amo había crecido tanto convirtiéndose en la viva imagen de su padre. Régis estaba impactado al ver la verdadera forma de quien crió desde su juventud. Sabía que Enzo era reservado por lo que tuvo que vivir, pero al ver como con el paso de los años se desenvolvió con él y mostraba su verdadero ser se sintió honrado de haberlo instruido y cuidado todo este tiempo y lo que más le emocionaba era poder palpar nuevamente su pelaje, aunque eso sería difícil no se daría por vencido y menos ahora que vio su tamaño.

Corriendo a la salida Charlotte estaba feliz al verlo portar el arma y enfrentar con valor sus obstáculos. La batalla era algo digno de admirar, pero necesitaban salir lo más pronto de allí ya que más temblores se hacían presentes por el arduo enfrentamiento y no querían ser sepultados vivos por la montaña.

Llegando al agujero por donde entraron. Régis infundio magia uniéndola con la energía del lugar, la cual se debilitaba gradualmente. Morghan aprovecho la abertura y movió la tierra literalmente creando un conducto directo hacia arriba. Pero la interrogante se hizo presente entre todos ¿Cómo subían?

Aplastando al gigante en la tierra un brazo rocoso detuvo su mandíbula evitando que destruyera su cabeza lanzándolo lejos de él. Colocándose de pie lo más rápido que podía volvió a regenerar su cuerpo con los golems que se adherían a él formando de nuevo su estructura. Enzo se posiciono nuevamente para embestirlo cuando el gigante poso una rodilla en el suelo y mantuvo la otra en alto descansando su brazo en ella y bajando la cabeza en muestra de sumisión.

—Eres digno de poseer el colmillo sagrado… ahora me postro ante ti como su nuevo portador

La voz ronca hizo eco en todo el lugar haciendo que Enzo se acercara a pasos solemnes con la cabeza en alto.

El gigante alzo la mirada para verlo imponente y poderoso al igual que su padre y él asintió aceptando su reverencia para notar como poco a poco todo tomaba su antigua forma. Fijando su mirada en el agujero por el cual entraron, se dispuso a correr hasta allá haciendo temblar la tierra con cada pisada, haciendo que todos voltearan a verlo con los ojos como platos para que Enzo los recogiera a todos con su cola y saltara atravesando la montaña para salir al aire libre causando un gran desastre al caer en la tierra.

Cayendo de golpe observaron el gran agujero que le hizo a la montaña y se pudo sentir como la energía que brotaba desde el interior reparaba todos los daños reconstruyendo todo, dejando la tumba de su padre sellada y bien protegida con dos pilares negros que surgieron del suelo atravesando la entrada.

*Inugami* Son criaturas que pertenecen a la mitología japonesa, los cuales son espíritus con apariencia de perros, a su vez, son clasificados como “dioses japoneses”, de tipo Yokai (criatura con parte animal, parte humana.)