Capítulo 38
Tomando la ruta de Subashiri. Bábil aconsejo que esa sería la más apropiada para subir la montaña ya que el número de visitantes es limitado y solo los más experimentados pasan por esa ruta para llegar a la cima.
Las vistas eran espléndidas a Charlotte le fuera encantado tomar unas cuantas fotos del lugar, pero sabía que había otras prioridades y con todo lo que pasó ni si quiera un teléfono tenía en sus manos.
La caminata era totalmente agotadora, subir por una montaña empinada y sin ningún tipo de experiencia en el tema estaba destruyendo las piernas de Charlotte. Sentía que era un poco injusto que todo el resto fuera caminando como si estuvieran en un prado de flores y solo le afectara a ella. Deteniéndose un momento para tomar aliento y beber un poco de agua noto lo hermoso que se veía el sol cubriendo todo el lugar.
Observar aquella imagen tan hermosa con la naturaleza a su alrededor, los olores frescos, el canto de las aves y la paz que se sentía en la montaña le recordó al sueño que tuvo en su confinamiento, aun después de eso no ha vuelto a soñar con ese hombre y al comentárselo a Régis no supo muy bien que podría ser, pero le aseguro que solo sería una imagen que creó su mente o posiblemente algo importante, luego llamaría a los gemelos para preguntar.
Ella recordó algunas de las extrañas cosas que le dijeron ambos niños y ninguna le sonaba a que se refirieran a tener sueños de ese tipo, aunque… realmente no entendía con exactitud nada de lo que le habían dicho, pero haría el intento en descifrarlo… algún día.
Estando cerca del grupo Bábil se encontraba contando historias donde había ayudado al padre de Enzo en muchas de sus aventuras. Por lo que contaba el cuervo todos se enteraron que era un gran guerrero respetado por todo el país y la cultura sobrenatural, todo peligro que llegara al lugar él se encargaba de exterminarlo, cuidaba de su territorio y era muy reverenciado y querido por todos, claro nunca faltaron quienes deseaban retarlo por la posición que ocupaba, pero nadie salía ganando en el intento.
Aquella información le resultó de sumo interés a Charlotte, sabía que Enzo era un ser poderoso, pero no se imaginó que su padre fuera alguien como el hombrecillo relataba, lo más probable Régis sabía un poco acerca de su historia de todas formas había vivido mucho tiempo con él, pero al voltear a verlo, el moreno estaba atento a cada detalle que explicaba el hombrecillo dando a entender que había cosas que desconocía. Eso causó que Charlotte sintiera más curiosidad por Enzo ¿realmente quién era él?, averiguar tal información no sería fácil, pero lo intentaría.
— ¿Estás bien?
Morghan volteo a ver a Charlotte quien la observaba.
— ¿Te refieres al tema del sol y los vampiros?
Señalo el sol haciendo que ella asintiera casi que con una manta en mano para lanzársela encima.
Su preocupación le pareció un gesto tierno y le sonrió en respuesta.
—No te preocupes es algo… —se quedó pensando las palabras correctas —Molesto sí, pero no es que me mate por recibir sus rayos solo me debilita un poco… algo muy mínimo y para que no vuelvas a preguntar, no, nosotros no somos de esos vampiros que has visto en películas que se vuelven cenizas por el sol o brillan como un diamante, el sol afecta mucho más a los novatos o niños como les decimos nosotros, sufren de ciertos rosetones o incluso puede descompensarlos, pero no matarlos y cuando llegas a una edad estimada ya no es tan incomodo. Eso sí es el caso de un vampiro bien formado, si expones a un clase E de seguro morirá. Son muy débiles.
Charlotte abrió su boca en un perfecto círculo modulando un “Oh” por la nueva información acerca de su raza. Siempre pensó que el ajo y el sol eran el peor enemigo de ellos y que sorpresa se llevó al saber que es todo lo contrario.
—Y cuando nos sentimos agotados o nuestros niños necesitan un lugar para descansar movemos la tierra como medida de refugio.
—Ya voy comprendiendo —se quedó unos segundos analizando la aclaración —Espera ¿Cómo es eso que mueven la tierra?
—Tal y como entendiste movemos la tierra a voluntad.
El asombro en la cara de Charlotte le hizo reír y más aún porque no estuvo atenta en donde pisaba y se tropezó con una roca casi que cayendo de cara al suelo, pero ella la sostuvo evitando el impacto.
—Aparte de vieja ¿también eres topo?
Morghan se sintió un poco ofendida por el hecho de que se refiriera a ella como vieja, pero no le dio importancia y colocó su brazo alrededor de su hombro para seguir caminando.
Luego de varias horas de caminata el tiempo fue pasando y más de una vez Charlotte casi no muere a causa de las rocas o de los ataques de risa que le causaban las anécdotas de Bábil y los golpes que recibió por Morghan al tratar de insinuársele.
Tornándose la tarde tuvieron que descansar en uno de los ríos que se encontraban en la montaña para pasar la noche y continuar la mañana siguiente.
Régis se encargó de crear una fogata con algunas ramas y hojas secas que encontraron brindando un cálido ambiente para pasar la fría noche. Vincent se encontraba recogiendo agua para sentarse en la fogata y comer algunos aperitivos conversando con Bábil y Morghan.
—Lastimosamente tendrás que usar las mochilas como almohadilla porque no creí que sería tan largo el camino —indico con una mueca de desagrado.
—Tranquilo Régis no tengo problema —aseguró moviendo su mano desdeñosamente —Además, en la cabaña dormi en el suelo ¿Cuál sería la diferencia?
—Que por lo menos la cabaña tenía sábanas acolchadas.
Ella tomó sus manos deteniendo su labor con las mochilas haciendo que la observara a los ojos.
—No me pasará nada, tú me proteges y eso nadie nunca lo cambiara ¿entendido?
Régis asintió tomando su mano y sentándose con ella en la fogata.
— ¿Por qué no puedes crear portales si eres un brujo? —pregunto dándole una mordida a un bocadillo.
— (Suspiro) Eso…
Él se quedó un momento en silencio y ella intentó leer sus emociones, pero no pudo.
—Desde el día en que sucedió el ataque y tus padres murieron yo… he perdido cierta… acumulación de magia —desvió su mirada de la de ella haciendo que Charlotte frunciera un poco el ceño.
— ¿A qué te refieres?
––Cuando existe un vínculo… como el que poseo contigo normalmente el protector pierde… la mayoría de su libertad para con sus habilidades, pero en mi caso es un poco más complicado.
—Por eso Aloisio nunca quiso aceptar tal cosa ¿cierto?
Él asintió dejando a Charlotte meditabunda. Régis era un ser tan poderoso y se ha privado de su libertad a causa de proteger a su gente y por culpa de eso ha sufrido tanto. Ella se sintió triste y culpable por hacerle eso a alguien por quien aprecia y ha sido el único que la ha ayudado y comprendido en su dolor, era injusto continuar con tal sufrimiento.
La idea de romper el vínculo recorrió su mente. Odiaría el hecho de deshacer lo que tenía con Régis, pero ella no era quien, para arrebatarle su libertad, un intenso vacío se coló en su corazón… no quería dejarlo y tampoco quería atarlo a ella de esa manera. El sentimiento de soledad albergó su interior. Lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas haciendo que el moreno levantara su rostro por su barbilla y limpiara sus ojos vidriosos.
—Nunca pienses tal cosa —dijo mirándola fijamente haciendo que ella se perdiera en aquellos ojos tan profundos como el mar —Yo fui quien decidió estar atado a tu gente, estar atado a ti y poder convivir contigo, sentir tus emociones, cuidarte, instruirte y guiarte en tu camino, no me privas de mi libertad yo me siento completo y perfectamente satisfecho con lo que he hecho y no me arrepiento.
La forma en que él se expresaba hizo que ella sintiera alivio y se aferrara a su mano llorando.
—Tú siempre serás mi elegida y yo tu guardián, no me interesa a quien tenga que enfrentar para tenerte a mi lado nunca te abandonaré te lo dije la primera vez que hablamos ya no estarás sola, no lo olvides.
Charlotte se abalanzó a los brazos de su guardián y le dio un gran abrazo, el cual él correspondió de la misma manera. Sabía que pronto ella se convertiría en quien realmente es y todas sus dudas serian disipadas incluyendo su grave debilidad actual, pero si le mencionaba algo no lo entendería y tampoco la quería preocupar.
— (Sorber) Gracias Régis.
Él le sonrió dulcemente pasando sus dedos por su mejilla mientras ella limpiaba su nariz.
—No me tienes que agradecer soy yo quien debe hacerlo mi Nakyv—dijo besando su mano tomándola por sorpresa, él nunca la había llamado así, pero no se pondría a pedir explicaciones en ese momento.
La noche se apoderó del lugar dejando al descubierto un hermoso cielo despejado mostrando la enorme y magnífica luna relucir su brillante y hermosa luz en toda aquella oscuridad. El tiempo que pasó fue grato, pero alguien faltaba y ella tenía rato sin verlo cerca.
Colocándose de pie con la excusa de ir al baño se adentró entre la vegetación para encontrar algún indicio de aquella persona, fue como una clase de instinto lo que la guió a través de los arbustos y el camino de tierra donde ella rogaba no caerse con otra roca y rodar cuesta abajo por la falta de luz.
Al salir de unos arbustos pudo ver un espacio despejado lleno de hierba fresca y a su alrededor luciérnagas con su típico titilar continúo brindando cierta iluminación muy tenue. El pulular de los animales se hizo notar y ella disfrutó aquel entorno tan natural y pacífico que brindaba la naturaleza. Fijando su mirada al frente dio con el blanco al encontrar a quien buscaba.
Él estaba sentado con una rodilla recogida dejando su brazo descansar en ella teniendo la mirada perdida en el cielo. Charlotte vio la escena como un perfecto cuadro de melancolía que podría pintar cualquier artista talentoso y sería una gran obra de arte. Al acercarse un poco más cautelosamente pudo notar su semblante totalmente sereno y calmado nunca lo había visto tan… callado y concentrado en sí mismo.
Se sentó a su lado dejando una distancia prudente extendiendo sus piernas en la hierba y sosteniéndose de sus brazos fijándolos a cada lado. Él le dio una mirada de reojo por el rabillo de su ojo sin mencionar ni una palabra.
— (Suspiro) Esto es muy hermoso nunca había estado en un lugar tan pacífico y fresco, el vivir en ciudad siempre es caótico con tanto ruido y contaminación ya entiendo a la gente que ama ir de viaje a este tipo de lugares.
Charlotte espero a que él dijera algo, pero solo consiguió silencio como respuesta. Recogiendo sus piernas las pego a su pecho rodeándolas con sus brazos apoyando su cabeza en sus rodillas.
—Y-yo…
Se quedó unos segundos en silencio sintiendo como los latidos de su corazón se aceleraban de a poco —Yo no te he agradecido correctamente… Enzo.
Él fijo su mirada en Charlotte mientras ella mantenía la vista en el paisaje nocturno que tenían al frente.
—Desde el primer momento en que me rescataste de ser el almuerzo de aquel clase E como de las garras de Angela en el muelle y del confinamiento en el edificio de Crono… y-yo…
Ella volteo a encararlo y se sorprendió al encontrarlo viéndola fijamente con aquellos ojos oro que la hacían quedar en un trance total. Tragando un nudo en su garganta recordó lo que tenía que decir.
—Te agradezco todos tus esfuerzos por protegerme, ayudarme con mi entrenamiento y cuidar de mi… de verdad que si no fuera sido por ti no estaría aquí contando la historia (risas) y lamento haberte causado molestias en algunos momentos.
Ambos mantenían el contacto visual y era como si no existiera más nada a su alrededor. Ella sentía como su corazón martillaba en su pecho y temía a que él pudiera escucharlo incluso los nervios estaban a flor de piel. Él causaba un remolino de emociones en su interior haciendo que todo fuera confuso y electrizante.
Enzo la observaba fijamente y ella al posar su vista en los labios de él recordó el momento en el almacén donde tuvo que besarlo para salir de allí. Los colores llegaron a su rostro haciendo que ella despegara la vista de él y volteara a otro lado. Enzo sonrió por la reacción de ella y se acercó un poco retirando un mechón negro de su rostro tomándola por sorpresa haciendo que volteara a verlo nuevamente.
—Siempre se te atraviesa el mismo mechón en la cara… además no tienes por qué agradecerme yo accedí a buscarte y debía estar atento de tu bienestar… —se quedó un segundo escogiendo qué palabras decir — (Suspiro) Pero debo admitir que he disfrutado cada momento, aunque más de una vez me entraron las ganas de dejarte por allí eso no lo puedo negar—dijo con sorna mostrando una media sonrisa haciendo que ella lo viera entrecerrando los ojos sonriendo.
—No lo harías.
Se quedó pensando por un segundo con su pulgar e índice en su barbilla para verla sonriente.
—Tal vez… ahora no, aunque… escuche de un centauro que busca compañía.
Ella le dio un golpe en el brazo sacándole una risa delatando su perfecta dentadura.
—Está bien, está bien, con el centauro no, pero… ¿segura que con nadie más? —pregunto enarcando una ceja juguetonamente haciendo que ella rodara los ojos.
—No Enzo, con ninguno de esos tipos extraños que ni conozco.
—Lástima —dijo fingiendo una mueca de tristeza.
— ¿No te emociona saber que te dejó tu padre?
La pregunta de ella lo dejó meditando. Si deseaba saber qué era, pero… al verla bajo la luz de la luna, recordar aquellos momentos donde sonreía, se sorprendía y tenía aquel brillo en sus ojos por descubrir cosas nuevas, ver cómo se esforzaba cada día por mejorar en su técnica de combate y tener un espíritu tan fuerte, valiente y abnegado… a él sin duda le inquietaba mucho más saber porque se sentía de tal manera estando con ella. La tranquilidad que le transmitía, los impulsos que tenía para con ella y las emociones que lo confundían al mismo tiempo era algo totalmente abrumador. Llegaba a un punto en que se sentía en un callejón sin salida donde la única luz que encontraba al final… era ella.
—Si lo quisiera averiguar… para eso estamos aquí.
La electricidad se hacía notar en el ambiente y ambos la podían palpar, era como un cosquilleo inexplicable que recorría sus espaldas.
Colocándose de pie Enzo le incito que sería mejor si volvían para que ella descansara. Tendió su mano para ayudarla a ponerse de pie y ella al pararse del suelo tropezó con una pequeña roca tomándolo de la mano y cayendo en sus brazos sin querer. Él la tomo para que no cayera atrayéndola a su cuerpo. Ella se aferró a sus brazos por el impacto inesperado.
Charlotte alzó la mirada quedando muy cerca de su rostro sintiendo como su corazón se aceleraba de tal manera que escaparía por su pecho como un potro salvaje. Ambos sentían sus respiraciones tan cerca que con un simple movimiento chocarían sus frentes y la electricidad estaba allí presente recorriendo sus cuerpos. Enzo se fue acercando lentamente hacia ella recorriendo la mirada entre sus ojos y boca quedando a solo centímetros casi rozando sus labios cuando sintió algo extraño que lo tomo desapercibido alertando cada centímetro de su cuerpo, insultando mentalmente tuvo que alejarse de ella sin antes asegurarse que no se haya lastimado el tobillo.
—Será mejor que volvamos con los demás —dijo observando la espesa vegetación para indicarle que lo siguiera.
Charlotte se quedó espabilando sin aliento con el corazón en la boca sintiendo aun aquella electricidad presente en todo su cuerpo y su rostro ardiendo por el momento tan intenso. Sacudió su cabeza respirando profundamente para calmar sus latidos y no alarmar a los demás por su notoria apariencia. Luego de hacer el vano intento de calmarse camino siguiendo el paso de Enzo y así volver a la fogata. Solo rogaba que Régis no se fuera dado cuenta de lo que acababa de sentir y pasar porque sería muy vergonzoso.