LA LUZ AL FINAL DEL TUNEL

Me encontré con un aviso en el periódico que anunciaba la creación de un grupo amantes del cine para realizar reuniones con el único propósito de hacer cine. Eso me llamo la atención, y en la cama apunte el número para llamar al día siguiente y solicitar más información. El cine siempre ha acaparado mi mundo. Desde pequeño viendo la televisión maravillado de los efectos y de los personajes, así como las delicias de esa nueva visión de la pequeña caja “mágica” de los sueños en que cortos de vaqueros, películas de acción y terror, poblaban mi cabeza en el día y en la noche. Así tenía aventuras imaginarias en el patio de casa, desde grandes lomas en que cabalgaba en el palo de la escoba, hasta importantes encuentros extraterrestres en marte, caminando despacio imitando el movimiento sin gravedad de la luna.

Temprano me levanté más animado por el asunto del grupo, y al lavarme los dientes pensaba que tal vez sería mi oportunidad para emular a Steven Spielberg, o a James Cameron, produciendo o dirigiendo una película enigmática digna de un óscar o al menos un reconocimiento nacional. Al llegar la oficina lo primero fue marcar el número que aparecía en el periódico y una voz femenina me dio la información y me proveyó de un correo electrónico para solicitar mayores datos al respecto. Lo cual hice y al final del día tenía el lugar y la fecha en que se realizaría la reunión. Eso me entusiasmo y coloque en agenda la palabra “éxito” y sonreí.

En realidad, eran un grupo de jóvenes y tal vez éramos dos los pasados de cuarenta que asistíamos a la gala, pero so pesamos la diferencia con la experiencia en guión e ideas. Al final de la tarde me acomodé con cinco veinteañeros para realizar el trabajo encomendado por la directiva y de ahí salieron los actores, la productora y el director. Aunque eran muy paupérrimos los recursos de cámara, micrófonos, boom, etc., se pudo concretar que otros nos ayudaran con esos menesteres, incluyendo el préstamo de una computadora para realizar la edición y la conversión final del cortometraje que no superaría más de cinco minutos de duración.

Fueron agotadores tres días de filmación, que me encantaron, brindando la asesoría detrás de cámaras, así como aprendiendo lo correspondiente a la iluminación y fotografía. Fue una aventura épica que no había experimentado desde mis días de estudiante de actuación, en donde pude conseguir por una única vez un papel en un trabajo audiovisual para una serie de televisión nacional. Maraville a los jóvenes con mis intervenciones puntuales en la dirección de los actores para llevar calidad y mayor realismo a la producción final. Luego vinieron dos días de edición, que por razones de tiempo, se tuvo que utilizar las noches y madrugadas para obtener el resultado más apropiado y coherente para la proyección al final de la semana.

Hubo muchos trabajos propuestos y al final quince fueron los que llegaron a la pequeña sala de cine provisional en el auditorio de una casa de enseñanza de la capital. Nuestro trabajo rindió sus frutos porque al final de la presentación arrancó aplausos y el tema de terror, fue inesperado considerando que ellos mismos no tenían enmarcado en la semana de trabajo, un proyecto de ese tópico. Todos nos fuimos a celebrar como si hubiéramos ganado un gran premio y salíamos por la alfombra roja hacia la fiesta de gala. Luego de baile y copas, todo aquello había terminado pero me emocionó el tiempo que rompió el esquema de mi soledad. Quise compartirlo con mi familia y cuando se subió a internet el trabajo, compartí el link para que todos vieran aquello de lo cual formé parte.

- ¿Te gustó ser parte de una película? – Le pregunté ese día a John

- Realmente sí, fue espectacular estar siendo parte de una filmación

- ¿Solo eso? ¿Espectacular? – Me sentía contrariado esperando que compartiéramos el entusiasmo de haber estado frente o detrás de una cámara

- Pues mira, a diferencia de hoy en día, en aquellos tiempos ir al teatro para ver una película no estaba en nuestros planes, y lo más fácil era tal vez leer un libro o andar con la pandilla, pero cuando se presentó la oportunidad de realizar una película sin que fuéramos actores de carrera, nos emocionamos, claro que sí, pero es que debes recordar que en aquellos tiempos, todo lo veíamos como diversión, hasta incluso comer una salchicha y tomar cerveza en Hamburgo en un pequeño cuarto sin mucho oxígeno, así que no había diferencia en que nos tomaran fotografías o nos pedían que modeláramos o camináramos, o simplemente mover los labios y hacer que cantábamos, todo aquello era nuevo pero siempre era un juego.

- Comprendo, realmente no es lo mismo la primera impresión que seguir siendo uno mismo en todos los actos

- Ahora si me perdiste, ¿De qué hablas?

- Cuando eres niño te es fácil jugar, cuando eres adolescente sigues en las tonterías, pero cuando ya estudias algo y creces, nadie sonríe con las jugarretas que hagas, te ves mal, entonces, es obvio que cuando expresas esa libertad de sentirte juguetón, sin ver a los demás ni sentirte encadenado a las presiones sociales, como ustedes, pues

- No lo creas, siempre esas cosas están presente. Imagina que debíamos pedir disculpas por lo que decíamos cuando se dice que hay libertad de expresión pero para evitar que se nos abuchara o no compraran nuestros discos teníamos que salir ante la opinión pública, y mira como son las cosas, hoy en día que no se dice de la religión o lo que hacen los mismos sacerdotes y nadie sale a pedir disculpas, más bien todo eso se busca esconder y por más que quieras sentirte absolutamente peculiar, no hay que olvidar que no estamos solos

- Sí, es realmente cierto. Siempre hay un par de ojos que te miran, un par de orejas que te oyen y están siguiéndote a dónde vas, con quien hablas, que dices, a quien miras, es un acoso social que va más allá del respeto al privacidad

- Ser lo que éramos, y en lo que nos convertimos al llegar a la cima de la montaña, no fue una elección sino parte del juego, que cuando nos dimos cuenta ya éramos populares, pero como todo en la vida, todo llega a su final y teníamos que afrontar nuevos retos nuevos roles

- Pero sin olvidar lo que uno realmente es o lo que realmente uno quiere, ¿no?

- Si, si puedes, hazlo, nadie te detiene más que tú mismo – Y sonrió haciendo una de sus peculiares muecas que me hizo reír.

- Yo invito la siguiente ronda

Como las luces de un teatro, la iluminación se hizo más tenue y me quede completamente solo en aquella sala, pero con una sonrisa dibujada en mi rostro por aquella conversación que me reflejo lo muy cerca que estaba de mi propia felicidad.

Everybody's runnin' and no one makes a move

Everyone's a winner and nothing left to lose

There's a little yellow idol to the north of Katmandu

Everybody's flying and no one leaves the ground

Everybody's crying and no one makes a sound

There's a place for us in the movies you just gotta lay around

Nobody told me there'd be days like these

Nobody told me there'd be days like these

Nobody told me there'd be days like these

Strange days indeed -- most peculiar, mama

Las horas son eternas cuando no hay mucho que hacer, es algo incomprensible, cuando de antemano se conoce que ocuparse en algo es mantener trabajando a nuestro cerebro. Si hacen la prueba se darán cuenta que el ánimo es diferente cuando no se está haciendo nada. En realidad el ocio es el responsable que un individuo no logre aprovechar cada segundo. Y no importa si es para ver un partido de futbol o para aprender a cocinar, o para ayudar a sacar la basura o fumar un buen cigarro de marihuana, siempre que no te sostenga la quijada como decía mi abuela, que en paz descanse.

Estoy completamente en desacuerdo que se crea que el trabajo es la única cosa que debe realizar el hombre y olvidarse de la diversión, lo cual es una completa locura y un suicidio. Tanto hombre como mujer, deben tener el derecho del esparcimiento a diario, no importa si es caminar alrededor del edificio en que labora o visitar las plantas más cercanas del jardín vecino, hasta incluso dejar de laborar a mitad de tiempo para ir a ver una película, jugar tenis, o tomar un trago con los amigos o solo. El cerebro es un órgano que requiere descanso y no de un séptimo día o de un sábado, sino que es diario.

Claro, los japoneses son una potencia porque tienen hasta turnos rotativos de veinticuatros horas, y sus empleados, al igual que los estados unidos, corren de su casa al trabajo y viceversa con poco tiempo para comer y recorriendo a veces vías largas en carretera para llegar o regresar, mientras tanto la presión sanguínea y los dolores de cabeza están a la orden del día, sin dejar de lado la poca motivación y lo vulnerable que es la salud ante la presión y el estrés continuo. Una vez observé un anuncio que requerían contratar alguien que resistiera la presión pero no indicaba cuál era el medio que ofrecían para poder lidiar con ella.

¿Por qué hay muchos empleados que buscan incapacitarse o piden subsidios por salud? ¿Time is money? El otro día conversé con un pensionado rentista, procedente del Canadá quien se sentía orgulloso que aprovechó su juventud para trabajar sin descansar ni tener vida social y ahora poseía varias empresas y ahora viajaba de un lado a otro. Pero lo más triste fue que me indicó que sufría de muchos padecimientos que siempre lo mantenían de visita al médico. Entonces, ¿Vale la pena tanto orgullo para sufrir los frutos cosechados? Mi padre me decía que habían tres cosas que lo harían a uno feliz: Tener mucho dinero, salud para disfrutarlo y tiempo para gozarlo.

John, tenía como veintiúnaños cuando comenzó a ver el dinero y ya a los veintitrés sonreiría con más libertad financiera que por primera vez sintió una satisfacción personal, al ser independiente y poder lograr sueños que tenía oculto. Tal austeridad lo acompañó siempre incluso al finalizar el proyecto en mil novecientos setenta. Si se le hubiera calculado su fortuna, como se hace hoy en día en revistas importantes, hubiera sido el hombre más joven en ganar muchos millones de dólares. Hoy en día su viuda recibe las regalías de las ventas de los discos, películas y la utilización de su música, la cual ha sido traducida a diversos idiomas y no hay serie o corto, o largometrajes en que al menos no se mencione su nombre, sus canciones o se haga alusión al grupo musical. Eso es lo que llamamos eternidad.

En realidad, si tuviera que traducir estas líneas al inglés, voy a respetar la esencia misma de mis pensamientos pero no así la gramática de la lengua materna de John. Me hace gracia pero es cierto. Se le criticó de no ser un verdadero músico, y mucho menos de ser un literato. El propio nombre del grupo no es más que un juego de palabras que John, gustaba realizar como desdén al sistema que prevalecía en su época. Es por ello que quienes lo conocieron, saben muy bien que no se apegaba a las reglas ni a las normas sociales establecidas. La popularidad y la fama ya le permitían ser escuchado. A dónde iba y lugar que visitaba siempre era abordado por periodistas sedientos y ansiosos de escuchar lo que decía. Su filosofía era mal vista, mal comprendida y muy criticada. Eso era porque no eran él, y él no quería ser ellos.

Veamos en la canción “Ticket to ride”, propiamente en el estribillo en que la tercera persona a la que hace referencia debería respetar la utilización del verbo auxiliar “do”, en lugar de “but she doesn´t care”, simplemente se escribió “but she don´t care”, y no hay persona del habla inglesa que no la cante tal y como está escrita sin importar que no se respete las reglas de la ortografía y gramática. Eso era lo peculiar, principalmente de John. Era un rebelde a su modo de ver las cosas y como las consideraba así las externaba sin pre concebir que pudiera ser tomado fuera de contexto o en su contra. ¿Ser más populares que Jesús?

No hace mucho el fallecido y admirado Juan Pablo Segundo, señaló que la iglesia había cometido muchos errores en su historia y solicitaba el perdón a sus feligreses por todos los errores del pasado. De lo cual se infiere que nadie está exento de no cometer errores. Tal vez John, tuvo que disculparse más por razones de mercadotecnia que por decisión propia, siendo él como era, un muchacho rebelde y que no se andaba con rodeos, sus palabras no llevaban el ánimo de insultar u ofender sino señalar lo que era evidente frente a sus ojos y leal entendimiento. Son las cosas en común que poseemos los seres humanos, pero más sin embargo, nos limitamos a evadirlas por temor a lo que dirán los demás.

Se quemaron discos, se hizo una revolución por parte de sectores conservadores, que vieron en esa frase una violación al status quo de los religiosos y valores morales de la época. Algo así como quemar la bandera de una nación, como muestra de repudio a un gobierno, y que un grupo lo interprete como una aberración a los valores nacionales de un pueblo. Al final, la representación no es más que eso, y no puede ser monopolizada por un gremio o un grupo, sino que cada individuo en sí mismo merece respeto, se acepte o no, sus pensamientos.

He tratado de estudiar el inglés de la mejor forma posible, y al igual que le he puesto ganas a mi español nativo, he tratado de la mejor manera poder comunicarme con los demás. Aunque ello ha sido una labor titánica. Cualquier palabra que se diga tiene que ser mesuradamente bien pensada porque no hay quien la interprete bien o mal, para provocar conflictos innecesarios. Si dices que tu novia es bonita, ella lo agradece, pero si le dices que está ganando libras y pronto se convertirá en la madre, una obesa de doscientas libras, has provocado la tercera guerra mundial.

Vivimos de la hipocresía humana. Aumentar el ego y auto estima de los demás a base muchas veces de mentiras y falsos halagos, porque no somos capaces de aceptar nuestra propia identidad y nuestra propia realidad. Es ahora un pecado lo que antes era algo normal, y es bien aceptado lo que mucho antes era bizarro. “Salir del closet”, por ejemplo, era un asunto de broma y vergüenza para el chico o chica que tenía inclinación a la homosexualidad, pero ahora es un grito de victoria, señalar que tal o quien, ha decidido gritarle al mundo que prefiere a alguien de su mismo sexo.

Los menores de dieciocho años, eran sujetos apropiados para casarse, trabajar en el campo, pero ahora son niños o niñas, incapaces que deben ser protegidos y marginados para que tomen sus propias decisiones. Las mujeres usan pantalones, los hombres han adoptado la mordaza como parte del cambio de ser más masculinos y no llevar sus asuntos familiares a los tribunales de familia. Las adolescentes, fuman y beben a escondidas, mantienen relaciones sexuales como conejos, y traen al mundo niños no queridos, pero más sin embargo, a la hora de los problemas, ellos son incapaces de falsear la verdad, y por tanto, el adulto es culpable y responsable desde todo punto de vista.

Engañar a la mujer, es malo, pero si lo hace la esposa o compañera, es justificable porque ha vivido un infierno al lado de su pareja. Las cosas han cambiado y por ello, el modo de ver y pensar, es diferente en la presente etapa, y lo que para muchos es correcto para otro no, y viceversa. No hay filosofía en todo esto, solo conveniencia dependiendo del poder gubernamental.

En las noches podía sentir que mi cuerpo se elevaba por sobre mi propio ser y se proyectaba en un viaje celestial hacia otros mundos. No era algo trascendental, sino que era algo real. Como en mundos separados, visitaba al azar diferentes espacios, lugares, horarios y al final despertaba con la sensación de que algo extraordinario había ocurrido y se me había mostrado lo que la vida misma era ayer, hoy y mañana. Diferentes pieles, pero las mismas rutinas. No es un Deja Vu, sino el mismo guión entregado a diferentes individuos en el recorrido por la llamada evolución humana. Una de esas noches invité a John, para platicar sobre el tema.

- ¿En serio estás ensimismado en el tema? – Me dijo muy sonriente

- No vas a reconocer que es abrumador todo esto ¿no? – Le solté la inquietud evitando me viera con una mirada inquisitiva como si hablara con un loco

- Perdona, pero me encantan los relatos de viajes siderales y extra corporales, pero no he tenido esa experiencia

- ¿Debes tenerla para creerme? – Lo dije con un tono un poco molesto

- Cálmate, no me refiero a eso, sino que me encantaría tener esa misma oportunidad que tú. Imaginarme viajar por mi habitación, conocer otros lugares inhóspitos, e incluso viajar debajo del mar – y se rio

- Te estás burlando de mí, creo que ya me arrepiento haberte compartido eso. Así que olvídalo. – Me senté en el sofá dejando caer mi pesado cuerpo

- Vamos, - tomando la guitarra – no te dejes vencer antes que la batalla haya iniciado. Tomo las cosas en serio, créeme. Pero a veces, sientes curiosidad y añades un poco más allá de expectativa a lo que escuchas. Si es posible tener esa facultad, las alternativas son infinitas. – Y comenzó a rascar las cuerdas de la guitarra

- Te respeto mucho, John, y pensé que serías la única persona que me entendería todo esto –

- Y te entiendo amigo. ¿Quién dice que no estábamos en otro mundo cuando inhalábamos, fumábamos o consumíamos de todo, ah? Tal vez aquello que ya existía, en ese trance nos llegaba con mayor claridad que otros compositores. A lo mejor estaba destinado para alguien más, pero no supo escuchar las notas correctas. Quién sabe. – Ya no me miraba sino se había concentrado en la guitarra y hablaba en voz alta, cerrando sus ojos.

- En realidad, hay un lugar al que fui, donde escuchaba el sonido de los colores.- Él dejo de hacer lo que hacía y me miró con total atención e interés

- ¿En dónde fue eso? – Me preguntó

- ¿No quieres tomar algo? – Me dirigí al refrigerador

- No, para nada, no me tengas con ascuas, ¿en dónde fue? – Impaciente dejo la guitarra a un lado mientras encendía un cigarro

- No sé el dónde, solo que está en un sueño que parece tan autentico

- ¿Me puedes llevar? – Inquirió, mientras lo veía y sino fuera porque su mirada era firme, hubiera pensado que jugaba

- Creo que sí. Es más esta misma noche

- Bien, entonces, volveré. Cuídate amigo.