LIBRO DE TAPA BLANCA
Gus salió de la habitación junto a Aurora para que le pudiera explicar todo, al parecer iba a ser todo en un día, por lo que el juicio se iniciaría y terminaría el cinco de septiembre. La expresión facial era de nerviosismo y horror, sabía que algunas consecuencias se le vendrían encima.
—¿No se puede cambiar el día? Tal vez el diez de septiembre–dijo el chico tratando de buscar alguna solución.
—También pregunté, pero no se puede–respondió entregándole la citación al tribunal, era parecida a la que le dieron cuando lo llamaron a hablar por el testamento, solo que esa tenía un sobre marrón madera y era una carta A4 sin doblar.
—El cuatro de septiembre nos llamarán a mi y a Sebastián para el testamento...ese día dividirán los bienes...–dijo aún viendo el sobre, en su mente pasaban miles de escenarios imaginarios dónde su padre le reprochaba todo lo que le dió y "sacrificó" por él un día después cuando se presente para testificar en su contra.
La expresión facial de la mujer parecía estar tensa, como si su músculos estuvieran haciendo fuerza para no tener demostrarse nerviosa o triste, Aurora por dentro también quería aplazarlo, pero recordó que María le había dicho que debía de ser si o si en esa fecha, no encontraba otra alternativa para eso.
—Recuerda lo que me dijiste "Solo será una vez"–dijo citando lo que dijo el chico el día anterior–Ve únicamente a testificar y luego te vuelves al hospital, te lo prometo...–continuo diciendo haciendo que el chico dejara de tener esa expresión de nervios y tensión, pudo calmarse un poco por las palabras de su madre.
"Te lo prometo..." Repitió el chico en su cabeza, esas últimas palabras le hizo recordar muchas cosas, muchos recuerdos dolorosos y otros que tal vez no pueda cumplir.
—De acuerdo...–dijo aceptando después de varios segundos en silencio.
—Vamos adentro, también tengo que hablar con Dante–dijo acariciando su mejilla derecha, el calor de su madre era algo que nunca olvido, se sintió tranquilo al sentir la mano.
Ambos entraron a la habitación, el humor de Gus cambio completamente al ver a Dante, el chico parecía algo preocupado y su mirada se fue directamente a él cuando entro a la habitación, por alguna extraña razón se olvidó de todo lo que estaba pasando por su cabeza se desvaneció al ver a Dante, ya no estaba preocupado por el juicio porque sabía todo lo que haría sería para ayudarlo y no dejarlo solo en ese proceso.
—¿Qué pasó? ¿A qué hora es el juicio?–preguntó el chico que por sus expresiones, forma de hablar y manos (las cuales estaban agarrando el libro con una gran fuerza ) se lo notaba bastante tenso y preocupado.
—Tú quedate tranquilo, ¿sí? No es necesario que tú vayas–dijo Gus sentándose en la silla de su lado para poder tranquilizarlo, le tomó la mano y la entrelazó con la suya–Solo será un rato, supongo que no tomara tanto tiempo.
Las palabras, el gesto de manos y la mirada que estaba transmitiendo al Dante era confianza, amor, afecto y tranquilidad, se sintió más aliviado al saber eso. El vínculo de ambos hizo que toda la habitación volviera a un estado armónico, ya no era tensión.
Durante una media hora se quedaron hablando de otras cosas para poder mantener esa dulce armonía, Dante estaba contando sobre ese libro que le habían dado sus compañeras de trabajo, sus ojos se iluminaban por cada palabra que decía y pasaba de página, Gus lo veía con un brillo en sus ojos bastante peculiar, era admiración, amor y cariño.
—Me iré a casa para poder ducharme, ¿Necesitan algo?–dijo Gus poniéndose de pie, las tres mujeres negaron la con la cabeza–¿Quieres que te traiga algo?–repitió, pero está vez volteó a ver específicamente a Dante.
—¿Podrías traerme mi libro de tapa blanca? Es el que está al lado de armario–dijo mientra movia sus manos imaginando que le indicaba dónde estaba cada cosa–Tiene un bordado negro al costado, son mis iniciales–siguió y terminó de hablar.
—Sí, sé de cual me hablas–respondió, se acercó para darle un beso en la mejilla, saludo a todas las mujeres y se salió de la habitación.
Gus iba muy mentalizado a buscar primeramente lo que le pidió Dante, conocía ese libro que el chico le explicó y vaya que lo conocía. El libro ese en realidad era un cuaderno de hojas lisas en el que Dante escribía esa novela que a nadie le mostraba, ni siquiera a Gus, para el chico era algo sagrado y que no le gustaría nunca enseñárselo a alguien por miedo a ser juzgado por su forma de expresarse. El peli negro le tenía respeto a la privacidad, esa era la única razón por la cual aún no tomaba el libro para leerlo, siempre lo veía escribir ahí, a veces se quedaba altas horas de la noche con un bolígrafo escribiendo sin quitar la vista de la hoja y siempre se quedaba con la gran curiosidad de que se trataba, pero sabía que la única vez que podría leerlo, sería cuando Dante se lo permitiría.
"Lo bueno es que la casa no esta lejos" pensó mientra se subía al auto, en su mente pasaron varios recuerdos de la misma mañana, se sentía algo confundido por sus emociones, pero ignoró todo para concentrarse en su camino a casa. No tardó tanto en llegar, se sentía bastante sorprendido de que no haya tráfico.
Cuando entro a la casa, la pequeña gatita se acercó a sus piernas para pedirle algo de cariño, se la veía bastante triste porque no había visto a Dante en unos días y obviamente no podían llevarla al hospital, el chico se puso en cuclillas para poder hacerle los cariños que estaba pidiendo, pero solo duraron un poco porque tenía que volver a su plan inicial, el pequeño animal lo seguía y esperaba a que se lo llevará con su dueño. Al momento que entró a la habitación, la veía igual que la última vez que durmió ahí, estuvo analizando todo hasta que vio el dichoso libro de tapa blanca, al momento de tomarlo fue algo brusco e hizo que se cayeran unas cosas que estaban adentro de las páginas, cuando se agachó para recogerlas, se dió cuenta que era un sobre azul y una carta que parecía media vieja.
"¿Cómo...?"
El papel parecía algo viejo, no estaba roto ni amarillento, pero por la textura se podía sentir un poco la transparencia, al leer las primeras tres palabras se dió cuenta que era la carta que escribió años atrás y que él ya sabía todo lo que tarde o temprano pasaría. Mientra leía en su mente muy torpemente las palabras, recordaba algunos momentos que pasaron ambos, por lo general, Gus casi no se acordaba de esa época en su vida, la bloqueo de su mente, pero con tan solo pensar que Dante conservo esa carta durante todos esos años, le hizo recordar todo.
"No entiendo...¿Por qué la conservó?" Esa pregunta le pasó por su cabeza durante un buen rato, no fue hasta que le llegó un mensaje del chico.
"¿Llegaste bien?" Al leer la pregunta se dió cuenta que no le había avisado que había llegado a casa, era raro eso porque siempre que iba a un lugar solo, le enviaba un mensaje a Dante diciéndole "Ya llegué".
"Lo siento, me entretuve con algo. Llegué hace unos cuantos minutos, y encontré el libro, en un rato volveré" respondió el mensaje, y la única respuesta que recibió fue un emoji de un corazón blanco, termino bloqueando el celular y siguió haciendo lo que iba a hacer.
Busco algo de ropa en el armario, lo primero que logró ver fue un conjunto de ropa deportiva, solo era la chaqueta y el pantalón ambos de color gris oscuro, y también agarro una remera blanca, dejo todo encima de la cama que estaba levemente desordenada y se fue al cuarto del baño para poder ducharse. Estuvo durante unos quince minutos, era el máximo tiempo que había estado bañándose, casi siempre se tardaba unos cinco minutos, pero esa vez se quedó pensando en varias cosas, no solo en la carta, si no en sus fríos y tenebrosos días durante el internado. Recordaba esos días con mucho miedo y horror, a pesar de que no lo hayan golpeado ni maltratado como decía, estar lejos de casa era mucho para alguien de una corta edad como a la que fue. Sus recuerdos principales eran esos días donde se la pasaba aislado de todos los niños, la gran mayoría eran niños ingleses que se podían comunicar en el mismo idioma y él se quedaba a un lado intento descifrar lo que decía, no fue hasta unos cuantos meses después que decidieron integrarlo para que sepa hablar el idioma. Al parecer ese lugar si te enseñaban algunas cosas sobre el matrimonio "común", muchas de esas veces los niños de ahí se la pasaban en un cuarto alejado para que piensen en sus "pecados", a Gus solo le tocó estar ahí una vez y no sabía porque había sido, siempre se mantuvo con la cabeza baja para no volver a estar en ese lugar tenebroso.
"Tranquilo, ya pasaron esos días" se dijo a modo de susurro mientra se secaba el cabello, ya vestido decidió ordenar un poco la habitación, la verdad es que ya lo estaba, pero aún se sentía algo pensativo por la carta, solo se preguntaba una y otra vez la razón de conservarlo. Se podría decir que con el tiempo se volvió alguien muy inseguro de poder demostrar sus sentimientos a los demás y más si era alguien que le gustaba mucho.
Bajo las escaleras sosteniendo el libro y una manta amarilla que le gustaba a Dante, era su favorita y aún no entendía porque no se la había llevado. Fue a la cocina para buscar agua fresca, abrió la nevera y saco una de las botellas frescas, le dió de comer nuevamente al pequeño animal y salió de la casa para volver al hospital.
El libro le empezó a hacer ruido cuando la carta estuvo ahí, quería leerlo o al menos saber de que trataba, cuando volvió a colocar la carta entre unas hojas se dió cuenta que estaba se estaba por terminar las hojas en blanco, le calculo unas mil hojas viendo a simple vista y le parecía realmente impresionante, bueno, ya sabía como era el chico con respecto a la escritura/lectura, solo que el mismo no se veía capaz de escribir tantas hojas doble cara.
Cuando llegó al establecimiento, vio a muchas más personas que las que había antes, pero no se le hizo difícil llegar al piso donde estaba Dante. La habitación del chico se veía desde el ascensor, y una vez que estaba frente la puerta se sintió algo nervioso, todos esos recuerdos se le hicieron algo incómodo en ese momento, se sentía pesado y pensaba que con todo lo del juicio, se iría al carajo todo.
—¡Ah, ya llegaste!–dijo una suave voz al primer segundo que estuvo presente la habitación, esa voz pertenecía a Dante y al ver al chico pudo notar una hermosa sonrisa asomándose–¿Estás bien? ¿Cómo está Nieves?.
—Sí, te extraña mucho–respondió únicamente la última pregunta y se acercó al chico para poder darle el libro, en la habitación solo estaba Aurora–¿Dónde está tu mamá y Tamara?–pregunto acercándose a la otra mujer para poder darle un abrazo, ella estaba algo distraída leyendo algo y casi no noto el gesto.
—Fueron a hablar con el doctor–respondió tomando el libro y ojeandolo un poco, Gus se quedó a un lado viendo el libro y como pasaba las páginas, la letra de Dante era bastante chica.
—De acuerdo–dijo sentándose a un lado de la camilla.
—No me respondiste si estabas bien–dijo rompiendo el funebre silencio, Dante no levantó la vista en ningún momento, él seguía viendo las hojas y algunas le corregía uno que otro error–Estas muy callado.
Gus se levantó de su asiento y fue a susurrarle algo al oído a Aurora haciendo que la mujer abandonará inmediatamente la habitación, no tenía cara de susto ni horror, estaba tranquila y salió para no interrumpir esa conversación con su presencia.
—¿Qué fue eso?–preguntó Dante y está vez si despegó su vista del libro, vio como el otro chico estaba viendo la puerta perdidamente para ver si nadie se asomaba–¡Hey! ¿Estás bien? Me estás preocupando.
—¿Por qué aún conservas la carta?–preguntó evadiendo las dos preguntas que le hizo el otro, no lo dijo de una forma mala, si no de forma curiosa–Cuando tomé el libro, se cayó de adentro y reconocí al instante que era la carta que te escribí hace años...–continuo con una voz que se transformaba en vulnerable–Todos estos años pensé que te habías olvidado de mí y...
—Ya, basta...No pienses eso–interrumpió con un tono de voz algo enojado–La encontré hace meses atrás...–continuo buscando la carta entre las páginas–Hace años, cuando me la diste, olvidé que debía de leerla y decidí guardarla en un cajón, después de años la volví a encontrar en una caja de viejos recuerdos...y la razón por la cual aún no la he tirado–dijo viendo como el chico se sentaba a su lado, tomó el viejo papel para desdoblarlo–Es porque te amo.
Las palabras se hicieron pregunté hundiendo el corazón del otro chico, sus miradas se conectaron y pudieron ver que el brillo que sus ojos iluminaban, era un brillo distinto al de los demás. Gus estaba algo ruborizado por las palabras, ya había escuchado decir a Dante eso, pero aún así, siempre que lo escuchaba, su corazón saltaba más y más fuerte. Tomó al chico de la muñeca para acercarlo a él y poder besarlo en los dulces labios carnosos despues de muchos días sin poder hacerlo, el beso fue correspondido con mucho cariño y amor. Tanto Dante como Gus extrañaban poder sentir un beso del otro, pero junto ese, fue uno en el que se podía sentir un estallido de sentimientos, haciendo que todos los malos pensamientos de Gus desaparecieran inmediatamente.