XLI

El Gran Templo (Universo 0)

Sistema Carixis

—Bienvenidos —dijo su propia voz. Rupert se levantó del suelo y observó a su alrededor. Estaba en medio del espacio estrellado flotando sobre un piso adoquinado, con dólmenes alrededor como asteroides. Sobre una especie de pináculo se encontraba un Corrado de largos y lacios cabellos y una sonrisa enigmática, vestido con un sari blanco.

Pronto notó que había otros Corrados a su lado. Entre ellos reconoció al capitán Corrado, del Imperio Valtárico, al presidente Corrado, a la gobernadora Corrado, el malvado gobernador Corrado, al coronel nazi Corrado, al esclavo rebelde Corrado, etc.

Al lugar llegó el Dr. Corrado con su aspecto de dinosaurio.

—Hola, Dr. Corrado —saludó el Corrado del sari. El capitán Corrado se le aproximó y propinó un severo puñetazo al rostro del Doctor.

—¡Usted es el culpable de todo esto!

—¿Dónde estamos? —preguntó la mujer Corrado.

—En el Gran Templo de Carixis —respondió el Corrado del sari— un vértice o intersticio dimensional. Han sido traídos físicamente a este lugar, gracias a mí. Carixis es por lo general un punto de encuentro entre dimensiones.

—¿Cómo nos trajo aquí? —preguntó Rupert.

—Bueno, de todos los universos es de suponer que al menos uno controla el viaje transuniversal, ¿no creen? Nosotros somos los Guardianes del Multiverso. Creemos que nuestro universo, al que llamamos el Universo Cero, es el centro del Multiverso, el universo original, y que todos los demás universos son copias imperfectas, versiones degeneradas de nuestro universo. Utilizamos nuestros avanzados conocimientos científicos para contener posibles... fenómenos... como este.

Al lugar comenzaron a aparecerse en medio de resplandores azules más Corrados. Uno vestido como mendigo, una mujer con uniforme militar, un travesti, uno hippie...

—¿Hay forma de detenerlo? —preguntó Rupert.

—Tal vez. La pequeña travesura del Dr. Corrado ha puesto en peligro la estructura misma del Cosmos.

Nuevos Corrados continuaban apareciendo, entre ellos una mujer prostituta, un Corrado extremadamente obeso, otro que estaba totalmente desnudo...

—¿Qué hacer con el loco Corrado? —preguntó Ruperta.

—Ha sido él —dijo el Corrado Cero —quien empezó ha dañar el orden cósmico. Hace algún tiempo estuvo en mi cuerpo, de manera que logró utilizar la Ecuación Primordial y es entonces que comenzó a destruir el Multiverso con el uso de nuestra avanzada tecnología. Mis compañeros tardaron mucho en descubrir que no era yo y revertir el daño iniciado por él. De no ser por eso, no estaríamos acá. Sin embargo, hizo un gran daño y comenzó un proceso gradual de degeneración del Multiverso. En estos momentos los agujeros negros se vuelven cada vez más voraces y los agujeros blancos se cierran. De no detenerse esta situación, al carecer los agujeros negros de desembocadura, los universos comenzarán a explotar uno a uno.

Al lugar llegó el loco Corrado, con mirada psicótica y risa histérica. Tenía el cabello largo y despeinado, ojos desorbitados y gruesas ojeras.

—¡Un momento! —mencionó Rupert. —¿Ustedes en el Universo Cero conocen la Ecuación Primordial?

—No. —Respondió el Corrado Cero— a pesar de nuestra avanzada evolución, no la conocemos. Pero creemos que algunas mentes pueden descifrar la Ecuación de forma accidental.

Apareció un Corrado calvo y vestido todo de negro, una mujer Corrado con ropajes de esclava, un Corrado con piezas cyborg en la mitad de su cuerpo... La cantidad de Corrados alcanzaba ya más de 100 personas...

—El loco Corrado está demasiado demente para haber descifrado la Ecuación y para hacerse pasar por el Corrado Cero por un lapso amplio de tiempo. Y no tiene los conocimientos científicos como para utilizar la tecnología del Universo Cero. Tuvo que ser el Doctor Corrado. Cuando estuve en su laboratorio que hizo un universo artificial pequeño. Descubrió accidentalmente la Ecuación Primordial. Fue el Dr. Corrado el que comenzó el proceso de destrucción del Multiverso.

Todos miraron al Dr. Corrado con recelo.

—Sí... —respondió el reptil— así es. Fui yo. Pero no quiero destruir el Multiverso. Sólo quiero reconstruirlo a mi voluntad. Y convertirme en Dios. Y no pueden detenerme...

El Dr. Corrado comenzó a producir una especie de agujero negro entre sus dedos, absorbiendo grandes ráfagas de aire. Los adoquines se resquebrajaron y agrietaron. La estructura del Gran Templo se estremeció y los dólmenes empezaron a chocar entre sí.

La estructura misma del Multiverso comenzó a estremecerse. Una serie de relámpagos comenzaron a retumbar alrededor del Gran Templo en medio de ráfagas de viento que movían el cabello y ropas de todos los Corrados. Pronto, el firmamento nocturno y estrellado comenzó a agrietarse mostrando un vacío blanquecino en el espacio que se abría y por unos segundos, Rupert pensó que el Multiverso estaba a punto de ser destruido...

El Corrado Cero extrajo de entre su sari una especie de aparato tecnológico con forma de cristal. Dicho cristal expulsó un rayo de luz azulada que chocó contra el cuerpo reptilesco del Doctor Corrado. Esté rugió enfurecido a medida que su cuerpo se retorcía y desdoblaba en formas imposibles. Su figura comenzó a exudar rayos eléctricos azules, hasta que todo su cuerpo se distorsionó en medio de un gritó de dolor y fue consumido por un resplandor azul.

El agujero negro se cerró, así como las grietas estelares. La ventisca cesó, como los relámpagos y los temblores. Había orden en el Cosmos una vez más.

—Esta hierva que me fumé estaba muy verde —dijo un Corrado de largos cabellos y ropa “hippie” sentado a un costado del presidente Corrado.

—Ha terminado —dijo el Corrado Cero. —A pesar de tener conocimiento de la Ecuación Primordial, el Doctor no contaba con estas reliquias que nos fueron entregadas por los Primarios a los Guardianes del Multiverso.

—¿A dónde se fue? —preguntó el capitán Corrado.

—Así como existe el Universo Cero —dijo el Corrado Cero— que es un universo de perfección y orden absolutos, existe su opuesto, el otro extremo, un universo de imperfección y caos absolutos. Un universo al que llamamos el Universo Anti—Cero, y donde solo existe la locura y la barbarie. No hay civilización alguna en dicho universo, sólo salvajismo. Es quizás el único lugar donde el Dr. Corrado no podrá hacer daño.

—Siento lástima por él —dijo un Corrado vestido de sacerdote católico.

—Se lo merece —dijo el capitán Corrado— el idiota casi destruyó el Multiverso.

—¿Qué pasará ahora? —preguntó Rupert.

—Regresarán a sus respectivos universos —dijo Corrado Cero. —Y con esto llevaremos equilibrio al Cosmos una vez más.

—¡NO! —chilló el Corrado loco. —¡No quiero regresar! —Y se lanzó fuera de la plataforma flotante adoquinada hasta estrellarse y morir sobre uno de los dólmenes que flotaban en una parte posterior.

—Ahora es libre —dijo Corrado Cero. —Los demás regresarán a sus universos. Hasta luego, fue un placer conocerlos, mis hermanos.

Un resplandor azul cegó a Rupert y lo dejó inconsciente una vez más...

Residencia Corrado (Universo 013)

Día 25 del Mes 14 del Año 2103 D.A.

Rupert despertó nuevamente. Estaba desnudo y sobre una cómoda cama. Al abrir los ojos reconoció su habitación idéntica en cada detalle. A su lado yacía desnuda Kriggs, su novia.

—Computadora —dijo Rupert alcanzado su comunicador en el buró— ¿quién soy?

—Gobernador Rupert Corrado, regente de los territorios de la Afiliación Democrática de Planetas en el Sistema Carixis. Secretario general del Concejo Galáctico, divorciado de la comandante Nam, con un hijo llamado Lin.

—¡Que alivio! ¡Estoy en casa de nuevo!

—No me digas que vas a empezar con tus locuras otra vez —reclamó Kriggs. —Has estado actuando muy extraño estas últimas semanas. Súbitamente hablabas incoherencias y parecías no recordar los más básicos eventos de tu vida.

Rupert le contó todo a Kriggs, que para cuando terminó de escuchar el relato estaba sentada sobre la cama, bastante asombrada.

—Increíble —dijo Kriggs tras un prolongado silencio. —Pero entonces, ayer no hice el amor contigo.

—No. No con la mente del Rupert Corrado de este universo, al menos.

—Si lo que dices es cierto. ¿Cómo puedes estar seguro que eres de este universo? Podría ser que la diferencia entre este universo y tu universo de origen verdadero sea imperceptible para ti. Puede que estés aún en otro universo. Es más. Hagamos una prueba, ¿cuál es mi comida favorita?

—Fácil, ensalada Alaxi.

—No, Rupert, es y siempre ha sido el estofado xirgón de verduras.

—¿Qué? ¡No puede ser! ¡Sigo estando en otro universo!

Kriggs se rió.

—Estoy bromeando, Rupert. Por supuesto que es la ensalada Alaxi.

—Bueno, supongo que es imposible estar 100% seguro de si estoy en mi universo realmente. Pero si en este universo somos novios, estoy feliz.

—¡Oh, Rupert! Has dicho algo muy romántico. ¡Hagamos el amor! Pero esta vez con tu mente en el cuerpo correcto.

—¡Sabes dar buenas bienvenidas a los viajeros transuniversales!

Ciudad Domo

Territorios xirgones en Carixis

Día 15 del Mes 8 del Año 2104 D.A.

Wushuk fue llevado a rastras por dos fornidos maleantes xirgones, hasta introducirlo en una lujosa habitación algo oscura. Lo tiraron azotándolo contra el suelo.

Frente a Wushuk había una piscina cuadrada repleta de un agua verdosa y pastosa. Del agua emergió un sujeto bastante desagradable. Era de piel blanca y callosa, extremadamente gordo y desnudo. Su enorme barriga prominente caía bofa sobre el agua con notorias llantas de grasas. Sus brazos tenían piel gelatinosa por la manteca. Su cabeza era totalmente calva, con orejas algo puntiagudas, ojos amarillos lechosos, una nariz larga y respingada, con una boca enorme y llena de colmillos amarillentos. Incluso sus dedos grotescos y gruesos eran algo afilados. A sus espaldas había un ventanal con una hermosa vista de la ciudad.

—Se... señor Morgo —dijo Wushuk notablemente asustado. —¿En que puedo servirle...?

—Tienes una gran deuda conmigo, Wushuk —le dijo el monstruo gordinflón. —Pensé que podrías pagarme ahora que eres un hombre más... acaudalado.

—Mi... hija no me devuelve las llamadas. Le he pedido dinero prestado...

Tras una señal de la mano de Morgo, los dos maleantes xirgones introdujeron la cara de Wushuk al agua verdosa, extrayéndolo durante breves intervalos para que no se asfixiara del todo, como forma de tortura.

—¡Basta...! —dijo tosiendo agua— le pagaré... lo juro.

—Tengo un trabajo especial para ti...

DIARIO EL COMETA

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RECRUDECE LA GUERRA ENTRE EL CONCEJO GALÁCTICO Y EL PLANETA OSCURO

A casi dos años desde que comenzara una nueva guerra entre las Legiones del Planeta Oscuro y el recién creado Ejército Galáctico (brazo militar del Concejo), la mayoría de las derrotas han sido para éste último. Aunque todos los expertos coinciden en que la alianza galáctica ha permitido resistir el embate del Planeta Oscuro, y que sin ella quizás hace mucho los pueblos libres habrían sucumbido, lo cierto es que las legiones oscuras han ganado la mayoría de las batallas desde que comenzó la guerra. La fortaleza del Planeta Oscuro (capaz de derrotar al poder combinado de todas las potencias de la Galaxia) radica en su poderío numérico y su armamento en extremo destructivo.

En la primera sesión del Comando Central se eligió al comendador Lothar, de la Alianza Valtárica, como Comandante General del Ejército Galáctico. Gracias a la mediación del propio Lothar, se firmó un tratado de paz entre la Afiliación y el Régimen Zaraki, así como un tratado de paz entre el Imperio Xirgón y el Reino Vegano.

Sede del Concejo Galáctico

Una nueva sala se había construido en el palaciego edificio del Concejo Galáctico. Se trataba del salón de reuniones del Comando Central del Ejército Galáctico, el cual sesionaba en ese momento.

A las afueras de las espaciosas y lujosas instalaciones, había un rótulo que enumeraba los ejércitos que integraban el Ejército Galáctico:

EJÉRCITO GALÁCTICO

Ejércitos Miembros

EJÉRCITO CENTRAL AFILIADO

ORDEN DE CABALLERÍA VALTÁRICA

GUARDIA IMPERIAL XIRGONA

SEGURIDAD MERCENARIA ALAXI

EJÉRCITO POPULAR POLARI

RESISTENCIA VEGANA

MINISTERIO DE DEFENSA DE ANDROIDISTÁN

CASTA MILITAR ZARAKI

Los diversos altos jerarcas militares se sentaban en una mesa redonda durante extensas sesiones. La seguridad era muy severa por el riesgo de espionaje o de un atentado terrorista del Planeta Oscuro, por lo cual se tomaban las más profundas medidas de seguridad y había una presencia constante de muchos soldados montando guardia.

Entre los representantes de cada miembro del Ejército Galáctico estaban Zílog por la Afiliación, Ushuk Lang por Xirgón, Lothar por Valtaris, Alum Siraiki por Polari y Cárashak por Zarak. Así como un capitán vegano de aspecto joven pero curtido por las batallas, que usaba una cinta alrededor de la cabeza, el cabello naranja muy largo y un traje azul oscuro (uniforme vegano), también un Alaxi vestido con un traje púrpura que dirigía a los mercenarios, y una mujer androide con un traje militar de color escarlata oscuro que representaba a Androidistán.

—Por eso les digo, compañeros —decía el Alaxi— que la mejor manera de protegernos es contratando a los devoradores como mercenarios. ¿Qué mejor forma de contrarrestar la brutalidad oscura que con una brutalidad similar?

—Los devoradores podrían salirse de nuestro control —espetó Zílog.

—No si les pagamos bien. —Recalcó el Alaxi.

—General Álax —le dijo Ushuk— todos sabemos que la Corporación Alaxi no tiene ejército realmente, solo tiene un montón de mercenarios contratados. En el caso del resto de nuestros pueblos, no dependemos de nuestro dinero para protegernos, sino del honor de nuestros ciudadanos. Pero votemos su moción de una vez. Los que estén a favor de la propuesta de la Corporación Alaxi de contratar devoradores, levanten la mano. —Sólo el propio Álax levantó la mano. —Los que estén en contra... —todos los demás levantaron la mano, salvo Cárashak, porque Zarak aún no tenía derecho al voto. —Se rechaza.

—Pasemos a un tema más importante —dijo Lothar oprimiendo un botón en su control remoto. Una imagen holográfica se formó en el centro de la mesa redonda. Era el mapa de la Galaxia. Una basta área se marcó en rojo en uno de los extremos de la Galaxia. —Hay indicios de que una Esfera Solar, una de las esferas perdidas, se encuentra extraviada en algún lugar de la Zona Inexplorada. Registros de las logias guardianas, reportes muy antiguos desde tiempos del Imperio Valtárico, registros arqueológicos, etc. hacen suponer que después de la destrucción del Planeta Alaxi, unos guardianes escaparon con la Esfera Perdida y la escondieron en alguna parte de la Zona Inexplorada.

>>Nuestros satélites espías han descubierto que al menos una nave oscura penetró en la Zona Inexplorada. Es de suponer que están buscando la Esfera Perdida.

—Como saben —adujo Alum— actualmente la Afiliación tiene una esfera, la Alianza Valtárica tiene otra, el Imperio Xirgón tiene dos y el Planeta Oscuro otra, dos están perdidas. Si el Planeta Oscuro tuviera dos esferas solares, podemos decirle adiós a nuestras civilizaciones.

—Esto requiere de un esfuerzo conjunto —dijo Lothar. —Debemos enviar una expedición a la Zona Inexplorada a buscar la Esfera Perdida. La última de las sietes esferas solares. Y debemos acordar que, de encontrar la Esfera, esta será patrimonio del Concejo Galáctico como un todo y ningún miembro del Concejo se adjudicará la propiedad sobre ella.

—Estoy de acuerdo —dijo Ushuk— pero, ¿cómo encontrar la Esfera Perdida? La Zona Inexplorada es enorme, es casi un tercio de la Galaxia. Y además, es una zona extremadamente salvaje y peligrosa. No tenemos información de que civilizaciones hay en ella, y de todas las naves que han penetrado en la Zona Inexplorada, muy pocas han regresado.

—Sin duda la misión es muy difícil. Deberemos escoger muy bien al oficial a cargo de dicha misión —sentenció Cárashak.

Cuartel general del Ejército Afiliado en Carixis

—No quiero que peleen con los Zaraki, ¿está claro? —le decía Zílog a sus subalternos de confianza la humana oriental Lai Cheng, el insecto kinoshano Arg, el reptil brakionés Kerozt y, adicionalmente, la felina soth Kriggs. —Tenemos una enorme delegación de soldados Zaraki aquí en Carixis y no debemos pelear con ellos. ¿De acuerdo? Los Zaraki son nuestros aliados ahora. Confío en que podrán mantener la camaradería con ellos. Se los toparán mucho ahora que irán a reforzar la guardia en las lunas de Carixis 4. ¿Ha quedado claro?

—¡Sí señor! —dijeron todos al unísono. Luego se retiraron todos menos Kriggs.

—Te agradezco tu ayuda, Kriggs —le dijo Zílog. —Ahora que Nam está suspendida mientras Cártagik permanece en guerra civil, me es muy útil tu asistencia como mano derecha.

—En todo caso soy jefa de seguridad, y antes de ser agente especial soy militar. Cuidaré bien de tus subordinados en las lunas de Carixis 4. Adiós.

Planeta Cártagik

Una multitud de cártagiks observaba una de las ya rutinarias ejecuciones que se realizaban en la ciudad capital del planeta, Abukus. Sobre una tarima con un arco de madera, estaba Nam encadenada a la tabla superior del arco. Tenía el dorso desnudo y un verdugo del régimen fundamentalista sostenía unas pinzas espantosas.

Iba a ser ejecutada de la peor forma para un cártagik. El verdugo le extirparía su simbiótico de la espina dorsal provocándole una agónica y dolorosa muerte frente a la multitud. Una decena de soldados integristas leales al régimen custodiaban el orden y obligaba al público a observar el ejemplar castillo contra los disidentes.

—¿Aceptas al Único y Su Eterna Ley antes de morir, disidente despreciable? —le preguntó el verdugo de rostro malévolo.

—Siempre he sido una devota seguidora del Único —respondió estoica— jamás dejé su doctrina. Es por eso que luché contra el régimen sanguinario que tú representas. Un régimen asesino que contradice las enseñanzas de amor del Profeta Noth. Muero tranquila porque sé que seré bien recibida en el Paraíso.

El verdugo comenzó a introducir las pinzas en la espalda de Nam para extraerle el simbiótico generándole un profuso sangrado amarillo. Nam dispersó gemidos de dolor mientras su rostro mostraba la agonía que sentía.

Sin embargo, un disparo láser cruzó el aire y atravesó la espalda del verdugo, asesinándolo. Un nuevo disparo liberó a Nam de sus cadenas. Desde el norte de la tarima comenzaron a llegar los compañeros de Nam de la guerrilla afiliacionista disparando contra los soldados del régimen. Estos contraatacaron y la aterrada multitud se dispersó.

Nam bajó de la tarima y golpeó a un soldado del régimen en la cara y el estómago hasta dejarlo inconsciente y quitarle su arma. Se unió a la lucha en la cual soldados fundamentalistas y guerrilleros caían al suelo ultimados por los láseres y dispersando sangre amarilla.

La propia Nam logró despachar a varios enemigos, hasta que un disparo le penetró el vientre. Nam cayó al suelo, mal herida, con la vista nublada y perdió la consciencia.

Bases militares del Ejército Galáctico

Lunas del Planeta Carixis 4

Sistema Carixis

Día 16 del Mes 5 del Año 2104 D.A.

Carixis 4 es un gigante gaseoso con 15 lunas, todas colonizadas. Era el lugar perfecto para establecer las bases militares del Ejército Galáctico pues desde allí podían monitorear todo el sistema y resguardar las fronteras de Carixis. Además de la gran proliferación de bares y centros nocturnos situados en dichas lunas, los cuales servían para el disfrute de los militares. Dada la naturaleza interplanetaria del Ejército Galáctico, ahora las lunas estaban repletas de soldados de todas las especies del Concejo, convirtiéndose en un vergel de lenguas, costumbres, uniformes y conflictos.

Desde la luna (como era usual) se observaba el gigantesco planeta gaseoso que circundaba como una enorme esfera en el firmamento. El sol del sistema era una luz pequeña y opaca muy lejana, y podía apreciarse a otras lunas en el firmamento siempre estrellado. Kriggs, Cheng, Arg y Kerozt entraron a un pequeño bar situado en una de las lunas, conformado por paneles y estructuras metálicas, cuyo interior barroco estaba repleto de especies familiares e inusuales.

En una de las mesas reposaban cinco soldados Zaraki, todos hombres. En cuanto observaron a Arg, uno de ellos dijo:

—No vuelvo a venir a este bar, hay cucarachas gigantes —dijo señalando al kinoshano.

—¿Qué dijiste? —preguntó hostilmente Cheng.

—Cheng —reprendió Kriggs— ignóralos.

—Sí, señora.

—Así es, pequeña mona —le dijo a Cheng— nosotros los Zaraki comemos simios como tú para el desayuno.

—Muy valiente insultando a Cheng —dijo Kerozt enojado— ¿por qué no te metes conmigo para variar?

El brakionés de dos metros intimidó considerablemente al Zaraki, quien se sentó.

—¡No me digas que le tienes miedo a esa lagartija superdesarrollada! —dijo otro Zaraki.

Kerozt se aproximó amenazantemente a la mesa de los Zaraki, pero Kriggs se paró frente a él y lo detuvo.

—Quieto, sargento Kerozt, es una orden.

—Sí... señora... —dijo a regañadientes.

—Mejor hazle caso a la gatita —dijo un Zaraki.

—Esa gata no está mal —dijo otro Zaraki. —Me gustaría jugar con ella cuando está en celo.

—¡Maldito cabeza de melón! —le dijo Kriggs volteándose hacia la mesa.

—¿Cómo me llamaste, ramera afiliada? —dijo el Zaraki levantándose de su asiento. Los otros cuatro Zaraki lo imitaron y comenzaron a aproximarse amenazadoramente a los afiliados.

—¿Qué hacemos... señora? —le preguntó Kerozt sonriente.

—A veces hay que desobedecer órdenes... —dijo Kriggs y propinó un puñetazo a uno de los Zaraki haciéndolo caer sobre la mesa y destrozándola junto a los vasos que tenía encima.

Kerozt era lo bastante fuerte como para noquear Zaraki con un solo golpe de sus garras. Cheng por otro lado recibió fuertes golpes de parte de un Zaraki, que la lanzó detrás de la barra, quebrando las botellas que reposaban en la pared. En venganza, Kerozt tomó al Zaraki que lo hizo y lo estrelló contra la pared. Kriggs era capaz de esquivar los golpes que le lanzaba un Zaraki, y luego utilizó sus conocimientos de Kevala para patearle el rostro, el vientre y una rodilla, dejándolo retorciéndose de dolor en el suelo. Hasta que un Zaraki le quebró una botella en la cabeza e hizo caer al suelo con un severo dolor y un sangrado.

Arg también había logrado golpear a un Zaraki hasta dejarlo inconsciente en el piso, pero otro le golpeó la espalda y luego el rostro insectoide. Arg era considerablemente más resistente al dolor que cualquier otro en el lugar, y retuvo los golpes del Zaraki sin problemas hasta que lo noqueó de un puñetazo.

Cheng logró salirse de detrás del mostrador, con la espalda muy golpeada y la cabeza sangrante, pero tuvo tiempo de quebrar una botella en la cabeza de un Zaraki y luego estrelló una silla en el estómago de otro.

De esta manera, los Zaraki terminaron todos en el suelo.

Cuartel General Militar de la Afiliación en Carixis

—¡Me decepcionan! ¿En que estaban pensando? —decía un Zílog inusualmente molesto frente a Kriggs, Cheng, Kerozt y Arg quienes estaban en posición de firmes. —¡Han desobedecido una orden directa!

—Zílog —intervino Kriggs— asumo total responsabilidad. Yo era la oficial de mayor rango y...

—No me importa, Kriggs —interrumpió Zílog— la orden se la di claramente a todos y todos estaban obligados a cumplirla aunque su oficial superior la incumpliera. Estoy muy, pero muy decepcionado de todos ustedes —Cheng, Arg y Kerozt bajaron la cabeza. —El dueño del bar asegura que el primer golpe lo dieron los afiliados, así que será la Afiliación la que tenga que pagar los daños del local. Dinero que lo rebajaré de sus salarios.

—Lo siento mucho, señor —dijo Cheng. —Estoy muy apenada. Lo lamento. Nunca debimos desobedecerle. Lo que pasa es que los Zaraki estaban molestándonos y...

—¿Y que? —interrumpió Zílog— los militares deben tener disciplina.

—Capitán señor —dijo Kerozt. —Como brakionés he seguido las órdenes de mis superiores toda mi vida. Ordéneme que me estrelle contra la pared y lo haré. Ordéneme sacrificar mi vida y lo haré gustoso. He cometido una falta grave y lo lamento, señor. No volverá a ocurrir.

—Más les vale a todos que no. —Espetó Zílog. —Escuchen, siempre he intentado desarrollar una relación amistosa con mis subalternos. Siempre he querido que me tengan confianza y aprecio.

—Y así es señor —dijo Arg. —Todos lo estimamos mucho.

—Es usted un excelente capitán, señor —dijo Cheng— es un orgullo para nosotros estar bajo su mando. Y agradecemos su forma de ser tan cordial.

—De acuerdo —dijo Zílog— siempre he querido que me consideren su amigo. Pero no a costa de irrespetar mi autoridad. Esta acción deberá tener una sanción. Durante dos semanas les suspendo todos sus permisos. Trabajarán doble turno, es decir, que por dos semanas no tendrán tiempo libre y salvo por comer y dormir, los quiero en servicio activo. ¿Está claro?

—¡Sí señor! —dijeron Cheng, Arg y Kerozt simultáneamente.

—No tengo tanta autoridad sobre ti, Kriggs —dijo Zílog— para imponerte castigos porque estás bajo la autoridad directa de Rupert...

—No, pero me aplicaré a mi misma ese castigo. Es lo justo.

—No está tan mal —dijo Kerozt. —Entre los brakioneses el castigo por desobedecer a un superior era la muerte (antes de que nos afiliáramos).

—Agradezcan que esta vez no pondré esta falta en sus expedientes, pero que no se vuelva a repetir algo así o seré mucho más severo. Pueden retirarse —dijo Zílog, todos rompieron filas y caminaron hacia la salida. —Ah, una última cosa —comentó Zílog y todos se detuvieron de inmediato. —¿Al menos ganaron?

—Por supuesto que ganamos —dijo Kriggs sonriente.

—¡Bien! Extraoficialmente, estoy orgulloso de ustedes.

Hospital Central de Abukus

Planeta Cártagik

Nam despertó en una camilla del hospital. A su lado estaba un compañero de la guerrilla que le sostenía la mano.

—¿Qué... qué pasó? —preguntó con dificultad al hablar.

—Lo logramos —le anunció el joven cártagik. —Derrocamos a los fundamentalistas. Tomamos el edificio de la Conferencia Episcopal. El cobarde de Zum se suicidó. Pero la mayoría de los obispos integristas que no fueron asesinados en la refriega están bajo custodia. Los enjuiciaremos por sus crímenes. Lástima que cuando nos introduzcamos de nuevo a la Afiliación no podremos aplicar la pena de muerte.

—¿Quién... es el... nuevo Arzobispo?

—Un sacerdote moderado llamado Kal. Es buena persona. Ya solicitó el reingreso de Cártagik a la Afiliación. Pronto podrás regresar a tu puesto militar en Carixis.

—Gracias al... Único. Extraño... Carixis.

Sesión del Comando General del Ejército Galáctico

Día 22 del Mes 5 del Año 2104 D.A.

Cuando Zílog llegó como normalmente a la sesión del Comando, se sorprendió de encontrarse al general Ibrahim Mohammed, comandante general del Ejército Afiliado, máxima autoridad militar de la Afiliación, después del presidente, al lado de los representantes militares del Concejo.

—Buenos días, Capitán —le dijo Mohammed.

—Buenos días, señor —le respondió. —¿Qué hace aquí?

—Hemos hablado un poco sobre quien es la persona más adecuada para esta importante misión a la Zona Inexplorada, y hemos llegado a la conclusión de que debe ser usted, Capitán. Su carrera militar habla por si sola. Su expediente es intachable y su capacidad de maniobra militar es expedita. Tengo una carta del propio presidente Rupert Barrington, presidente y comandante en jefe militar de la Afiliación, instándolo a aceptar la misión.

—Cumpliré las órdenes que se me asignen —respondió Zílog.

—Sin embargo, dada la peligrosidad de esta misión, el Gobierno prefiere que sea aceptada de forma voluntaria. Comprenderemos una negativa de su parte (es usted un hombre con una hija), pero en verdad quisiéramos que aceptara. Le daremos un cuantioso bono económico a usted y a todos los que participen de la misión, y a su regreso, lo ascenderemos almirante.

—Si regreso —dijo Zílog. —¿Si no regreso?

—Si se ausenta por más de cinco años daremos el bono económico a su familia. Puede tomarse su tiempo para pensarlo...

—No. Iré a la misión. No tengo nada que pensar. La vida de todos los habitantes de esta Galaxia está en juego, y debo cumplir mi deber.

—Excelente —dijo Mohammed. —Al ser una misión del Ejército Galáctico, todos los miembros del mismo podrán enviar al menos un delegado en la misión. Hemos decidido que lo acompañe la capitana Sashak Lang, esposa de Ushuk, como su primera oficial.

—Me parece muy bien, la capitana Lang es una excelente oficial —dijo Zílog viendo a Ushuk quien no estaba muy complacido con el acuerdo. —¿Con que nave viajaré?

Se accionó una imagen holográfica en el centro de la mesa redonda que mostraba un enorme acorazado de color plateado.

—El Walhalla —dijo Mohammed— uno de los primeros de la línea de Mega—acorazados del Ejército Galáctico. Los tipo mega tienen tecnología valtárica, que es la más avanzada y rápida, escudos xirgones que son los más resistentes, cañones fotónicos, bombas de plasma, láser del más alto calibre y una ojiva de agujero negro artificial. Básicamente es el conjunto de toda la tecnología y recursos de todos los miembros del Concejo. Creados con el fin único de combatir al Planeta Oscuro y de ser el tipo de nave más poderosa que existe. Sólo hay 10 en toda la Galaxia, pero estamos trabajando en nuevos. Usted comandara ese mega con una tripulación de al menos 100 personas.

—Es un buen juguete... —dijo Zílog. —¿Quién será el comandante militar afiliado en Carixis ante mi ausencia?

—Alguien en quien sabemos usted confía, y que además está más que preparada para el puesto.

—¿Kriggs?

—No. La comandante Nam.

—¿Nam? Pero...

—Hoy en la mañana el Parlamento decidió restaurar la membresía de Cártagik dentro de la Afiliación. Nam ha sido reubicada en su puesto.

—¡Excelente!