XLII
Cuarteles Generales Militares de la Afiliación en Carixis
Zílog hablaba a Cheng, Arg y Kerozt.
—Confío plenamente en ustedes y sus capacidades. Me enorgullece ser su capitán. Por supuesto que me encantaría contar con su servicio en esta misión, pero siéntase libres de negarse a venir. Esta misión solo puede ser voluntaria.
—Cuente conmigo, Capitán —dijo Kerozt.
—No Kerozt —dijo Zílog— a pesar de que serías un elemento muy importante, tú estás casado y tienes hijos...
—Y quiero que vivan en una Galaxia libre y no esclava de los oscuros. Por ellos debo participar en esta misión, señor.
—Bienvenido.
—Yo iré también —dijo Arg.
—Y yo, señor —dijo Cheng.
—Me enorgullecen. El castigo que les apliqué queda abolido. Partimos a la Zona Inexplorada en una semana, tómensela libre. Hablen con sus amigos, familiares y parejas. Pasen tiempo con ellos, hagan lo que siempre han querido hacer. Diviértanse, es una orden. ¿Está claro?
—¡Sí señor! —respondieron los tres al unísono. El comunicador de Kerozt sonó.
—¿Sí? —la voz del otro lado le respondió en brakionés. —Voy para allá.
—¿Qué sucede? —preguntó Cheng.
—Mi huevo está por empollar. ¿Quieren venir?
Hospital General de Carixis
Al entrar a una habitación del hospital, Kerozt saludó a una de sus esposas, no con un beso como entre los mamíferos, sino acariciándose mutuamente con las crestas en sus cabezas. Zílog, Cheng y Arg observaron el enorme huevo blanco sobre una especie de incubadora electrónica. El médico androide 200—2000, les dijo:
—El huevo está sano. No debería tener ningún inconveniente. Podemos extraer al bebé de forma artificial si quieren.
—Es mejor que salga por sus propios medios —dijo Kerozt— para que sea fuerte.
Una leve grita se formó en el cascarón. Luego otra, hasta que fue un agujero. Del agujero salió una pequeña garrita de bebé reptil. Poco después salió la otra garrita, y finalmente salió la cabeza con una cresta apenas incipiente. Pronto, un húmedo bebé brakionés, sin escamas pero con sus características de reptil bien definidas, comenzó a sollozar con un gemido seco. La madre lo tomó en brazos y le dio de comer algunos gusanos frescos.
—¡Ay! Es tan tierno —dijo Cheng después de un suspiro sonoro.
—Se parece mucho a ti, Kerozt —le dijo Arg.
—¿Cómo lo llamaras? —le preguntó Zílog.
—Lo llamaré en honor a usted, Capitán. Se llamará Ziilogg. ¿Le gustaría ser su padrino?
—¡Oh, Kerozt! —dijo Zílog conmovido— me... me honras... Será para mi un gran honor ser el padrino de tu hijo.
—Es la costumbre brakionesa que nuestros superiores sean los padrinos de nuestros bebés. Realizaremos la ceremonia antes de irnos. Requerimos de sangre para beber, cuchillos y calaveras de enemigos muertos...
Puerto de Carixis 3
Día 1 del Mes 6 del Año 2104 D.A.
Esa mañana soleada, los diversos soldados y oficiales que viajarían en el Walhalla se despedían de sus seres queridos en el puerto antes de abordar los módulos que los llevarían hasta el mega.
Zílog abrazó a Rupert, Kriggs, Shikha, Maktub y Nam, quienes le dieron regalos de despedida y le desearon mucha suerte.
—¿Pudiste despedirte de tu familia y de tu hija? —le preguntó Rupert.
—Sí, mi hija me envío este dibujo por Astronet —dijo mostrando un dibujo infantil de Zílog con algo escrito en brazzky. —Dice “Estoy orgullosa de ti, papi”.
Al lugar llegó Sálax, la amante de Zílog. Se miraron largo rato y finalmente se besaron de forma apasionada.
—Te extrañaré —le dijo Sálax.
—Y yo a ti. Pórtate bien mientras no estoy, ¿sí? Se buena persona.
—No exageres.
Zílog se introdujo en el módulo.
De forma similar, Cheng y Kerozt se despedían de sus familiares y amigos. Arg, como todo kinoshano, no tenía relaciones familiares y tenía casi nulas relaciones amistosas, así que llegó solo a la despedida, salvo por una especie de escarabajo de metro y medio que le acompañaba.
—Disculpe, señor —le dijo a Rupert.
—¿Si? dime Arg.
—¿Podría usted cuidar de mi mascota durante mi ausencia?
—Eh...
—Por favor. No tengo muchos amigos. No tengo quien la cuide.
—Sí... sí por supuesto, Arg. La cuidaré. ¿Qué es?
—Es un escarabajo púrpura kinoshano. Son muy nobles y no molestan. Venden comida concentrada especial en las tiendas de mascotas, pero puede darle algunos helechos de vez en cuando.
—¿Crece más?
—No. Sólo tenga cuidado, puede comerse alguno de sus trajes. Además, no se extrañe si se hace capullo en un dado momento del año. Ah, y le gusta jugar con pelotas de estambre. Muchas gracias, señor.
—Es un placer, Arg. Lo cuidaré como si fuera mío.
Ushuk se despidió muy emotivamente de su esposa, intentando reprimir el dolor que sentía por verla partir.
Al lugar llegó también Velkhar, la esposa de Lothar.
—Seré la delegada de la Alianza Valtárica —le dijo a Zílog introduciéndose al módulo. —Consideraron que requerirían de una psíquica, especialmente para comunicarse con especies que no hablan valtárico como las que encontraremos en la Zona Inexplorada. Además, soy bióloga, física cuántica y psicóloga.
—Tiene muchos títulos.
—Tengo 1300 años de edad, Capitán. He tenido tiempo para estudiar.
—Su presencia es muy bienvenida —dijo Zílog.
El módulo cerró sus puertas y se elevó hasta perderse de vista.
Reunión de Asesores de Gobernación
Oficina de Rupert Corrado
Sistema Carixis
Día 7 del Mes 6 del Año 2104 D.A.
—Los enfrentamientos contra el Planeta Oscuro han recrudecido en las últimas semanas, casi todos cerca de Carixis —decía Nam, la nueva comandante de las fuerzas militares en Carixis a Rupert, Kriggs, Shikha y Maktub en una reunión de asesores. Todos extrañaban bastante a Zílog y estaban algo emotivos. —Por lo que debemos incrementar el presupuesto militar de esta colonia...
El comunicador de Rupert sonó.
—¿Sí?
—Gobernador —le dijo su secretaria— un fiscal está aquí.
—Que... pase... —dijo Rupert extrañado. Al lugar llegó un fiscal brazzky con dos militares de la sección de Seguridad del Ejército.
—¿Agente Kriggs? —preguntó el fiscal, la aludida asintió. —Se encuentra bajo arresto por cargos de alta traición y asesinato...
Kriggs fue llevada a las celdas del circuito judicial de Carixis donde pasó esa noche. A primera hora de la mañana del día siguiente, Rupert llevó a su ex cuñado Sur, un cártagik quien era abogado y bastante bueno.
—He examinado los papeles —dijo Sur en una mesa en la sala de visitas donde estaban él, Rupert y Kriggs. —La acusación por asesinato la levantó el Régimen Zaraki. Te acusan de haber asesinado al coronel Zordock, un importante líder Zaraki, hace diez años, cuando los soths no eran afiliados sino aliados de Zarak.
—Conocí a Zordock. —Explicó Kriggs. —Incluso trabajé con él en algunos atentados contra la Afiliación. Era un cruel asesino y me alegra que haya muerto. Aunque no puedo juzgarlo del todo porque fui su colaboradora en aquella época.
—Eran tiempos distintos, Kriggs —le dijo Rupert. —Eras una soth, y tu pueblo estaba en guerra contra la Afiliación. ¿Tienen evidencias? —preguntó a Sur.
—Sí, y bastante fuertes, aunque no son concluyentes. Zarak exige la extradición.
—Y el más reciente tratado de paz con Zarak —dijo Rupert— establece la extradición, ¿verdad?
—Así es. —Respondió Sur. —El Gobierno Central quiere mejorar sus relaciones con Zarak y esto llegó en pésimos momentos. Si la extradición se diera, los juicios Zaraki son automáticos y siempre se presume al imputado culpable.
—¿Y el cargo de traición? —preguntó Kriggs.
—Te acusan de ser adoradora de los Abismales y por ende colaboradora del Planeta Oscuro. Las evidencias son débiles y circunstanciales. Sin embargo, en casi todos los Estados miembros del Concejo se castiga con la muerte el pertenecer a una secta oscura. En la Afiliación no existe la pena capital, pero la pena por traición (que incluye el pertenecer a una secta oscura) es la cadena perpetua. Esta acusación de traición no es muy viable, lo peligroso es su daño por el odio que generan los adoradores oscuros. Normalmente los adoradores oscuros que son condenados son asesinados en las cárceles. Se les mantiene separados del resto de la población penal, pero a veces los custodios los agreden. Todos temen al Planeta Oscuro, incluyendo a los presos.
—Por supuesto que jamás he pertenecido a una secta de adoradores oscuros —dijo Kriggs. —Las evidencias son testimonios de adoradores oscuros condenados que están medio locos. Todo esto debe ser alguna especie de venganza contra mí, pero aún no se de quien. Me he hecho enemiga de mucha gente en mi larga carrera como agente especial de Inteligencia.
—Haré lo posible por sacarte de esto —dijo Sur.
La Zona Inexplorada
Día 6 del Mes 7 del Año 2104 D.A.
El Walhalla llegó hasta la órbita de un planeta de nubes blancas y clima ártico que resaltaba como una bola de nieve en el espacio.
En el enorme puente se encontraban Zílog (en la silla del capitán), Sashak sentada muy cerca, Velkhar en una consola aledaña, Cheng, Arg y Kerozt en sus respectivas consolas de navegación, y otros muchos tripulantes todos de origen afiliado.
—¿Cómo encontraremos una esfera del tamaño de un globo en un espacio de territorio que es casi un tercio de la Galaxia? —preguntó Sashak algo sarcástica.
—Hace casi mil años, los guardianes —explicó Velkhar— que entraron a la Zona Inexplorada a esconder la esfera nunca regresaron. Pero transmitieron un mensaje a una frecuencia que solo tienen acceso las logias guardianas. El mensaje estaba cifrado en un código criptográfico difícil de descifrar, pero que en general marca un mapa de planetas visitados por los guardianes que podemos seguir. El mapa solo establece que planetas visitaron, no dice donde escondieron la esfera.
—¿Es posible que el Planeta Oscuro tenga el mismo mapa? —preguntó Zílog.
—De no haber logrado interceptar la frecuencia guardiana —dijo Velkhar— ¿por qué habrían de enviar una nave a la Zona Inexplorada?
—Tal vez quieren comenzar la conquista de la Galaxia por aquí —comentó Sashak.
—En cuyo caso habrían enviado una flotilla entera, y no una nave individual —corrigió Velkhar. —En todo caso, este planeta blanco que vemos en pantalla fue la primera visita de los guardianes.
—Los sensores detectan una fuente de energía muy grande, señor —dijo Cheng leyendo su consola.
—¿Será la esfera? —preguntó Zílog.
—Sería demasiada suerte que el primer planeta al que vayamos sea el que nos haga cumplir la misión. —Dijo Cheng. —Pero sí, puede ser la esfera. No detecto formas de vida ni vestigios de civilización.
Un módulo bajó al lugar de donde provenía la fuente de energía. Se trataba de un enorme y palaciego edificio de mármol blanco enclavado en unos farallones nevados. El edificio tenía un techo piramidal sostenido por nueve columnas, y con cuatro altos obeliscos en cada punta. El viento azotaba eternamente su estructura en un mundo gélido y ventoso, máxime al encontrarse en la cima de una montaña.
Del módulo bajaron Zílog, Sashak y Velkhar y caminaron por los pisos adoquinados del edificio con sus cabellos y ropajes removidos por la ventisca. Encontraron una especie de estanque o piscina de color azul en el centro exacto debajo de la punta de la pirámide.
—Según los sensores —dijo Velkhar examinando la composición del agua con un escáner portátil— esto no es agua. Pareciera más bien alguna especie de campo electromagnético sumamente denso. Y además, no tiene fondo perceptible.
—Desemboca en un reino muy distante —dijo una voz misteriosa que se acercó a ellos por detrás. Todos se voltearon y observaron a un ser con ropajes de monje encapuchado. Su rostro estaba totalmente cubierto por las sombras.
—¿Habla valtárico? —preguntó extrañada Sashak. —¿Quién es usted? ¿Es uno de los guardianes que vinieron aquí hace mil años? Supongo que si alguno de ellos era valtárico podría estar vivo todavía.
—No, no soy uno de los guardianes —dijo la figura sombría. —Pero si soy su sucesor.
—¡Es mentira! —dijo Velkhar y sacó su espada keváltica de detrás de su espalda para apuntar al extraño. —¡Es un oscuro! Puedo sentirlo telepáticamente...
Zílog y Sashak apuntaron con sus láseres también. Sashak se aproximó y removió la capucha al sujeto. El rostro espinoso, con colmillos y ojos rojos, de seis cuernos en su cabeza quedó evidente a la vista.
—¡Matémoslo! —dijo Sashak y se disponía a dispararle en la cabeza.
—¡Espera! —ordenó Zílog y Sashak se detuvo. —Pudo habernos matado de haber querido. ¿Por qué no lo hizo?
—Es posible que no me crean —dijo el oscuro— pero no soy una bestia maligna. No soy parte del colectivo de mis congéneres. Me he convertido a las enseñanzas de Valthor el Iluminado, el profeta valtárico. He decidido renegar de mi origen y por eso he vivido en reclusión solitaria en este lugar por mucho, mucho tiempo.
—Eso es imposible —le dijo Velkhar. —La naturaleza misma de los oscuros es maligna. Desde la división de la especie akashiana.
—No me interesa si me creen o no —dijo el oscuro. —Pueden matarme si les apetece. He logrado la paz interior y puedo morir tranquilo.
—No habla como un oscuro, eso es cierto —dijo Zílog. —Supongamos por un momento que dice la verdad (algo que aún no creo), sus conocimientos del enemigo serían fundamentales. Conoce la tecnología oscura y podríamos estudiar la biología de su especie.
—Eso suponiendo que me lleven prisionero —dijo el oscuro. —Cosa que no deseo. Pero no puedo oponérmeles por sus armas. Como pueden ver, estoy desarmado. Si quieren llevarme como prisionero y experimentar conmigo, está bien. Pero entonces comprenderé que los llamados pueblos libres no son tan santos y heroicos como hacen pensar.
—¿Cuál es tu nombre? —le preguntó Zílog.
—Los oscuros no usan nombres —dijo Velkhar— solo números seriales para diferenciarse.
—Sin embargo —dijo el oscuro— en un rito de bautismo me di mi propio nombre. Me llamé a mi mismo Némesis.
El comunicador de Zílog sonó.
—¿Sí?
—Señor, la nave oscura nos ataca —dijo Cheng entre interferencia.
—¡Maldito! —dijo Sashak tomándolo de las solapas— ¡Tú los llamaste!
—No he sido yo, pero si los hace sentirse mejor el desquitarse conmigo... —dijo Némesis.
Un cañonazo plásmico lanzado por la nave oscura desde el exterior golpeó el techo piramidal. Un enorme bloque se desprendió amenazando con aplastarlos a todos, pero Némesis empujó súbitamente a Zílog, Sashak y Velkhar al círculo de agua donde fueron absorbidos totalmente.
Planeta Krishnaloka
Centro del Universo
Los tres fueron transferidos en forma de moléculas separadas por un agujero de gusano, y reaparecieron totalmente secos cayendo sobre un piso adoquinado. Un círculo de agua idéntico se sostenía en el techo de una extraña habitación de paredes doradas.
Cuando se recuperaron del impacto observaron a un conjunto de seis tipos musculosos, de piel café, vestidos con uniformes de guardias que les descubrían el torso. Y con enormes cabezas abultadas y calvas. Los tipos los encañonaron con armas exóticas y los hicieron levantarse.
—Vengan con nosotros —dijeron sin mover los labios. Para Zílog, Sashak y Velkhar hablaban en su lengua natal fluidamente, lo cual significaba que se comunicaban telepáticamente.
Abrieron un enorme portón y penetraron en un salón palaciego con un techo alto como una montaña. Unos ventanales mostraban un cielo dorado con dos soles sobre un océano de líquido blanco lechoso. Dos graderías de cada lado repletas de especies extranjeras muy diferentes, de todas las formas y tamaños. Criaturas muy extrañas y con formas increíbles. El extenso salón de dimensiones colosales, terminaba con unas gradas sobre las cuales reposaba un trono en una amplia tarima.
—¡Arrodíllense ante Su Majestad el Rey Brahma, Rey del Universo! —ordenó un guardia cuando estuvieron frente al trono. Los tres se postraron de cuerpo completo y luego levantaron la vista para observar un ser antropoide con piel color azul, vestido con ropajes de seda dorada, collares y una gran corona incrustada de joyas.
—Bienvenidos —dijo Brahma con voz melodiosa. Movía los labios pero hablaba en la lengua natal de cada uno, por lo que seguía siendo una comunicación telepática. —¿Quiénes son y de donde vienen?
—Soy el capitán Ki—Zílog de la Afiliación, ella es la primera oficial Sashak Lang del Imperio Xirgón y ella la doctora Velkhar de la Alianza Valtárica.
—Me refiero a la Galaxia.
—La... Vía Láctea. —Respondió desconcertado.
—¡Ah, sí...! la he escuchado mencionar.
—¿Usted es el Rey del Universo? —preguntó Sashak.
—Soy el Rey del Universo Conocido, sí —respondió Brahma— desde hace 200.000 años.
—Usted debe ser un Primario —apuntó Velkhar.
—Así nos llaman a veces. Soy soberano del Reino Universal, verán, existimos 33 millones de Primarios. Y así como las estrellas forman galaxias, las galaxias forman cúmulos de galaxias o supergalaxias. Así los Primarios nos hemos dividido la administración del Universo Conocido. Hay un secretario intergaláctico por cada supergalaxia y un gobernador galáctico por galaxia que siempre son Primarios.
—Pero no en nuestra Galaxia —dijo Zílog.
—No, porque su Galaxia forma parte de un sector que denominamos los Territorios Desconocidos. Un grupo de tres supergalaxias que están fuera de nuestro dominio. Habitadas por seres primitivos que no conocen el viaje intergaláctico, como ustedes.
—Los Pergaminos Akashianos —dijo Velkhar— dicen que hace eones, antes de la guerra entre los Primarios y los Abismales, todo el universo se conectaba por medio de los Portales. Pero que estos Portales se cerraron tras la guerra...
—Sí, y los reabrimos. —Dijo Brahma. —¿No mencioné que soy Rey del Universo desde hace 200.000 años?
—¿Dónde estamos? —preguntó Sashak.
—En el Planeta Krishnaloka, capital del Reino Universal. Cerca del centro del Universo. Pero me alegra mucho que vinieran. Sabíamos que iban a venir. Verán, su galaxia en particular tiene muchas entradas por donde pueden filtrarse nuestros enemigos eternos, los Abismales. Y si la Alineación es propicia, y los Abismales se liberan, no se conformarán con destruir su galaxia, sino que intentarán vengarse de los Primarios, comenzarán una nueva guerra cósmica en aras de conquistar el Multiverso.
—¿Y no pueden ayudarnos? —preguntó Zílog. —A detenerlos de alguna manera. ¿No hay forma de matar a los Abismales?
—Si fuera fácil matar a los Abismales los hubiéramos matado cuando perdieron la Guerra Cósmica. Algunos de ellos se pueden matar o aprisionar, pero en general los Abismales son dioses tan poderosos como nosotros los Primarios.
—Pero si todo el Multiverso peligra —dijo Sashak— ¿por qué no nos ayudan en nuestra galaxia?
—¿Qué creen? ¿Qué no tenemos otros problemas? Los problemas de su galaxia son una minúscula molestia al lado de graves conflictos que surgen en todo mi reino. Tardaría demasiado en explicarles la clase de problemas que tenemos; guerras entre galaxias, enemigos peligrosos y demoniacos de otras dimensiones, incluso estamos confrontando una extraña raza de agujeros negros inteligentes que devoran planetas por placer, por dar algunos ejemplos. Pero de todas maneras tengo un regalo para ustedes. —Brahma hizo que uno de sus sirvientes, un extraño ser con forma de gusano viscoso, le trajera una exótica fruta de color rojo y con un aura resplandeciente. —Esta es una fruta del Árbol Cósmico, un árbol que nace en el centro del Universo, cerca de aquí, donde los Primarios realizamos nuestras asambleas. Les daré esta para que los ayude en la guerra contra el Planeta Oscuro. Pero sean cuidadosos.
—Gracias —dijo Zílog recibiendo la fruta. —¿Qué hay que hacer con ella? ¿Se come o algo así?
—Sabrán que hacer cuando llegue el momento. Ahora, si me permiten, tengo muchas cosas que hacer. Tengo que gobernar a miles de millones de ciudadanos. El número exacto lo desconozco, mande a hacer un censo de la población del Universo hace 50.000 años y aún no ha terminado... Así que adiós, adiós...
Los guardias levantaron a los tres visitantes y los llevaron hasta el Portal, para luego ayudarlos a levantarse lo suficiente como para que sus dedos tocaran el agua y desaparecieran de inmediato, solo para materializarse de nuevo en el planeta de la Zona Inexplorada donde estaban algunos minutos antes.
Circuito Judicial de Carixis
En un espacioso edificio donde se situaba la sede judicial del Magisterio en Carixis, se realizaba la audiencia de extradición de Kriggs.
—La agente Kriggs —decía Sur ante tres jueces (uno kinoshano, una lobariana y uno cártagik)— es una ciudadana afiliada por lo cual no sería correcto que sea extraditada a suelo extranjero. A lo sumo podría juzgársele aquí y de encontrársele culpable, servir su pena en una cárcel afiliada.
—Parte de la idea del capítulo de extradiciones en el tratado con Zarak —explicaba el fiscal brazzky— era poder arrestar a terroristas como Curshok, que está acusado de diversos crímenes contra la Afiliación pero que jamás había sido extraditado. Menciono a Curshok por ser un ejemplo, pero hay decenas de terroristas Zaraki que la Afiliación jamás había podido enjuiciar. Muchos de los cuales ahora están siendo juzgados por el Magisterio gracias al tratado. En síntesis, la razón esencial del capítulo de extradición es que los ciudadanos Zaraki y afiliados puedan ser enviados al territorio del Estado acusador. Si no extraditamos a la agente Kriggs, la Afiliación deberá devolver a los terroristas Zaraki bajo custodia.
—Pero mi clienta no tiene que ser el chivo expiatorio del Gobierno Central —alegó Sur. —¿Quiere decir que los Zaraki pueden exigir la extradición de cualquier ciudadano afiliado? ¿Y ejecutarlos luego?
—El tratado establece —dijo el fiscal— que los imputados solo pueden ser extraditados cuando a criterio de los jueces del Estado de origen haya evidencias determinantes. Admito que en el cargo de traición no las hay, pero en el cargo de asesinato sí.
—Suficiente —dijo el presidente del tribunal, el cártagik— iremos a deliberar.
—Hola, Rupert —le dijo la alcaldesa de Estelaria, una mujer lobariana madura que se sentó a su lado en las bancas del público durante la audiencia.
—Hola Shelanka, ¿cómo está la alcaldía?
—Bien, gracias. Sabes que estamos en año electoral, ¿verdad? En este año elegiremos de nuevo gobernadores, alcaldes, diputados y presidente. ¿Piensas ser candidato a la reelección?
—Sí.
—Entonces permíteme darte un Concejo. Distánciate de Kriggs. Ser pareja de una sospechosa de homicidio y traición es ya bastante malo. Pero el que le ayudes pagándole su abogado destruirá tu carrera política.
—Jamás traicionaré a un amigo por mis ambiciones políticas, Shelanka, menos aún a mi pareja sentimental. Sé que Kriggs es inocente. Los electores deberán creer en mi palabra, y si no lo hacen, entonces tendré que perder las elecciones.
Tras unas cinco horas de deliberación, los jueces ocuparon sus asientos de nuevo.
—En el caso del Régimen Zaraki contra la ciudadana Kriggs por el cargo de alta traición —dijo el presidente del tribunal— encontramos que la evidencia es circunstancial y no representa elementos probatorios, por lo cual se niega la extradición. —Kriggs, Rupert y Sur respiraron algo aliviados. —En el caso del Régimen Zaraki contra la ciudadana Kriggs por el cargo de homicidio en primer grado, encontramos que la evidencia tiene posibilidades probatorias de culpa. Se declara a lugar la extradición. La agente Kriggs deberá ser puesta bajo custodia de las autoridades Zaraki de inmediato para su proceso debido. Caso cerrado.
La Zona Inexplorada
La Walhalla estaba sumida en una violenta refriega contra una gigantesca nave oscura de casi sus mismas dimensiones. La nave era, como todas las naves oscuras, una maraña de picos y alerones filosos. Pero esta en particular, tenía un aspecto más terrible por su enorme tamaño.
El Puente ya mostraba los estragos de la contienda con consolas estalladas, humaredas, cables chispeantes y paneles desprendidos. Varios tripulantes estaban muertos o heridos, mientras Cheng (la oficial de mayor tango en ese momento) hacía lo que podía por defenderse de los brutales ataques oscuros.
El módulo que viajó al planeta logró esquivar los ataques del planeta oscuro para introducirse nuevamente a la Walhalla. Al Puente llegaron Zílog, Sashak y Velkhar. Pero además llegaron acompañadas de una inusual figura que alarmó a los tripulantes; el oscuro Némesis.
—Señor —dijo Cheng estuperfacta— ¿qué es...?
—Olvídense del oscuro de momento. Comuníquenme con la otra nave.
En la pantalla se mostró un rostro casi humano. Se trataba de alguien de especie antropoide con un color de piel pálido como el humano, aunque sus ojos eran totalmente negros y su cabello negro estaba hecho de trenzas muy ajustadas peinadas hacia atrás. Vestía todo de negro con cuello de tortuga y guantes.
—Soy Rastrero, general de la Legión Oscura y comandante de esta nave, la Inferno. ¿Quieren rendirse?
—Soy el capitán Zílog, del Ejército Galáctico y comandante de la nave Walhalla. Solo quiero que conozca mi rostro, Rastrero. Algo me dice que nos veremos muy frecuentemente...
—¿Y como es eso si van a morir...? —dijo Rastrero pero Zílog cortó la comunicación de golpe. —El oscuro aquí presente les dirá a que ángulos de la nave deben disparar. Sigan sus indicaciones...
—¡Pero señor...! —reclamó Cheng.
—Cheng... —dijo Zílog mirándola a los ojos— es una orden.
—Sí señor. —Némesis se acercó a la consola de Cheng y le señaló con su garra filosa los ángulos particulares. Los disparos dieron un resultado óptimo y la nave oscura quedó tan dañada que no pudo proseguir la contienda. La Walhalla aceleró a toda velocidad hasta perderse a la distancia.
—Increíble —mencionó Sashak— dijo la verdad.
—Les he dicho que soy un creyente en la doctrina espiritual de Valthor —dijo Némesis. —Tengo prohibido mentir.
—Aún no confío en ti, Némesis. —Admitió Zílog. —Pero gracias por tu ayuda. Podemos darte una cápsula para que regreses al planeta en que estabas.
—No gracias. Ahora que traicioné a mi especie, intentarán vengarse de mí. Me buscarán para matarme.
—En ese caso, puedes quedarte en la Walhalla por un tiempo, hasta que decida que hacer contigo.
—Estaré en la senda que Valthor me designe. Sólo una cosa, Capitán. Sea cuidadoso con Rastrero. Parece un hombre, pero no lo es.