XXXVII
Instituto Científico de Carixis
—Bienvenido al Instituto Científico de Carixis —dijo la Dra. Arkham conforme Rupert se introdujo a las asépticas instalaciones repletas de pasillos blancos y laboratorios. Finalmente llegaron a la Oficina del Director, donde ella tenía computadoras de alta potencia, imágenes holográficas del Universo y un enorme y plástico escritorio. Se sentó en su cómoda silla móvil, y cerca se sentó Rupert justo en la silla frente a su escritorio.
—¿Qué está pasándome? Esta no es mi vida. ¿Dónde estoy? ¿En un sofisticado programa de realidad virtual? ¿En una alucinación telepáticamente inducida?
—No. Se encuentra en un lugar físico. Existente. Una realidad de un Universo material. Pero no su Universo material. Al menos no donde usted nació. Donde su mente, para ser precisos, nació.
—¿Un Universo Paralelo?
—Así es. ¿Está familiarizado con las teorías científicas como la del Agujero Blanco, la del agujero negro de Reissner—Nordstrøm, o la Teoría Everett sobre los Múltiples Universos?
—Algo, por supuesto.
—Einstein creía que el Universo tenía cuatro dimensiones. La mayoría de los científicos modernos cree que el Universo tiene muchas dimensiones, de acuerdo a la teoría ampliamente aceptada de las supercuerdas. Todo lo que existe en el Universo es como la cuerda de una guitarra. Todo lo que existe en el Universo tiene una vibración particular desde que las supercuerdas estallaron durante el Big Bang. Todo esto apoya la posibilidad de los Universos Paralelos. Es decir, no existe un universo, sino un Multiverso, conformado por una cantidad indeterminada de universos.
—¿Cómo llegué aquí?
—Su mente llegó aquí. Hace algunas semanas, el Rupert Corrado de este universo, cambió su forma de ser. Al principio pensé que estaba loco. Pero luego le creí. Se identificó como el Doctor Rupert Corrado, director del Instituto Científico de su Carixis, y que había descubierto la forma de transportar una mente de un universo a otro. ¿Cómo viajan por el espacio en su universo?
—Utilizamos campos electromagnéticos que producen enormes cantidades de energía para provocar un pliegue en el tiempo—espacio. Es básicamente un agujero de gusano artificial que nos permite conectar cualquier punto de la Galaxia en un tiempo razonable.
—Exacto. Un agujero de gusano conecta dos puntos en el espacio. El Dr. Corrado descubrió que a cierta vibración los agujeros de gusano artificiales pueden conectar dos universos. Pero sólo pueden viajar las mentes.
—¿Una mente? ¿Cómo?
—Las mentes son energía pura. Se traslada una mente a la mente idéntica en el otro universo. Es decir, a su Rupert Corrado paralelo.
—Pero si, al menos en mi universo, no podemos viajar a otras galaxias porque no hay suficiente energía como para cruzar distancias intergalácticas. ¿Cómo es posible trasladarse a otros universos?
—Está pensando que el viaje interuniversal es de espacio. Y está equivocado. Los universos paralelos, como su nombre lo indica, son realidades alternativas. No son distancias físicas, sino subatómicas. En su universo se tomaron decisiones diferentes que provocaron desenlaces diferentes. Así, podemos viajar desde un universo tan radical y diferente donde la Tierra jamás produjo formas de vida y por ende no existimos los humanos, a uno donde la única diferencia es que usted tiene los ojos verdes. ¿Me explico?
—Perfectamente. ¿Qué sucedió con el Dr. Corrado?
—Corrado estaba obsesionado con su vida deprimente. Vivía en un universo donde estaba solo, sin amigos, sin pareja. Y donde, a pesar de su alto puesto, sufría los ataques constantes y abusos de sus jefes. Cuando su mente se encontró con este Rupert Corrado, cuya vida como pudo haber notado, es bastante feliz, decidió no regresar a su realidad. Este universo es realmente un paraíso de acuerdo a lo que el Dr. Corrado me contó. ¿En su universo existe el Planeta Oscuro?
—Por supuesto. Es una terrible amenaza y estamos en guerra en este momento contra ellos.
—En este universo no existe el Planeta Oscuro. Los akashianos unificaron la Galaxia dentro de la Gran Alianza, hay paz y armonía. Los niveles de pobreza y crimen son minúsculos.
—¿Los akashianos? En mi universo los akashianos se extinguieron... bueno en realidad se dividieron en los valtáricos y los oscuros. Supongo que eso explica la inexistencia del Planeta Oscuro. ¿Dónde está ahora el Dr. Corrado?
—Corrado no pensó en un efecto colateral del viaje transuniversal. Su mente comenzó a ser rechazada por este universo. Comenzó a sufrir terribles migrañas hasta que despertó y había otra consciencia de Corrado en su lugar. Usted es el cuarto que conozco. Pronto, sufrirá una jaqueca, se quedará inconsciente y despertará en otro universo.
—¿Hay forma de controlar a donde viajaré?
—No que yo sepa. Solo ruegue para que no estén torturando a su doble en el momento en que usted se cambia.
—¿Qué pasa si mi doble murió o nunca nació en ese otro universo?
—Es de suponer que usted no puede viajar a universos donde no existe.
—¿Y si matan a mi doble mientras mi mente está en él?
—No lo sé, le recomiendo que evite que lo maten.
—¡Debe haber una forma de regresar a mi universo!
—Hay un problema más grave que ese, Gobernador.
—¿Cuál?
—Entre las mentes que han viajado de otros Corrados estaba la mente de uno que nació en un universo donde el Planeta Oscuro había ganado la Astromaquia. Como es de suponer, ese universo es un infierno. Es un lugar de tinieblas donde los habitantes viven en esclavitud, tortura y dolor constantes. Este Corrado estaba loco. Totalmente desquiciado y psicópata como producto de su vida de sufrimiento. Está tan enloquecido, que quiere destruir su universo infernal aunque eso implique destruir la totalidad del Multiverso.
—¿Cómo es eso posible?
—Los musulmanes (¿hay musulmanes en su universo?) —Rupert asintió— los musulmanes rezan recitando los 99 nombres de Dios. Pero ellos creen que Dios tiene 100 nombres. El centésimo nombre será conocido solo durante el Día del Juicio Final. Diferentes grupos religiosos, cabalistas, numerólogos, incluso los pitagóricos, creen que todo en el Multiverso tiene un número matemático.
—Una vibración, lógico. Las vibraciones o supercuerdas de las que habla la ciencia...
—Exacto. Según estos místicos, el Centésimo Nombre de Dios es en realidad la máxima ecuación. El código numérico del Cosmos mismo. El número de Dios. La nota o vibración que produjo el Big Bang. Quien conozca dicha ecuación, puede destruir el Multiverso.
—Pero ¿cómo puede el loco Corrado tener dicha ecuación?
—Hay un Rupert Corrado que es una especie de ser iluminado en su propio universo. Un poderoso gurú muy evolucionado. Este Corrado aparentemente, tiene conocimiento de la Ecuación. Y si el loco Corrado logra tener acceso a ella, realizará su cometido. Pero mientras tanto, el loco Corrado seguirá viajando de mente en mente, de universo en universo cometiendo todos los crímenes que pueda.
—Hay... hay que hacer algo...
—Sí, pero ¿qué? No tenemos idea de cuantos universos hay en el Multiverso. Y en todo caso, suponiendo que sean solo unos cuantos millones, ¿cuántos universos tienen un Corrado?
A Rupert le atormentó una profunda punzada de dolor neurálgico en su cabeza.
—Está comenzando —dijo acariciándose su frente.
—Hay una cosa más, Rupert. Hay una leve posibilidad de que el proceso pueda ser controlado si logra mitigar el dolor de cabeza. Dicha jaqueca es una reacción de su cerebro rechazando una mente ajena. Si su cerebro no siente dolor, puede que no expulse su mente a otro universo. A la inversa, generarse un dolor de cabeza podría expulsarlo ipso facto. Pero, si usted logra descifrar la ecuación correcta... podría detener... el proceso... generar un Agujero Blanco...
Rupert perdió la consciencia.
Sistema Carixis (Universo 031)
Fecha desconocida
Rupert despertó desnudo, con Kriggs a su lado.
—¿Habré regresado? —dijo. Luego notó que esta Kriggs tenía una serie de tatuajes en su espalda y brazos que no tenía la Kriggs que él conocía. También se tocó la barbilla y sintió una barba de candado.
Rupert se levantó y se colocó la ropa que encontró cerca. Toda de cuero negro y cuello de tortuga.
—Computadora —dijo al ordenador en el aparato de comunicación en su muñeca— dame toda la información que tengas sobre mí.
—Gobernador Rupert Corrado, regente de los territorios afiliados en Carixis de acuerdo al nombramiento que hizo el Señor Presidente Vitalicio de la Afiliación Democrática de Planetas, Lord Torm. Casado con la agente de Inteligencia y Control, Kriggs. Divorciado de la ex comandante Nam quien fue encontrada culpable de traición y ejecutada hace seis años. Tiene un hijo de 12 años llamado Lin Corrado, hijo de su primer matrimonio.
—Entonces Torm nunca fue derrocado en este universo. ¿Qué pasó con mi padre, Armando Corrado?
—Armando Corrado era uno de los principales seguidores de Lord Torm. Murió hace diez años en manos de disidentes izquierdistas. El gobernador Rupert Corrado vengó la muerte de su padre de forma brutalmente ejemplar.
—Veo que ya despertaste, mi amor —le dijo Kriggs.
—Sí. Tengo algunas cosas que hacer.
—Iré de inmediato a ver a quienes hay que torturar hoy... es decir... interrogar hoy. —Kriggs se vistió con un traje que dejaba al descubierto sus piernas y vientre, y que estaba bastante escotado, dejando al descubierto casi todos sus tatuajes.
Rupert se asomó por la ventana de su lujosa habitación. Estaba en una torre enorme de al menos 100 pisos, desde cuyo alféizar se observaba una ciudad oscura y corroída. Los barrios pobres abarcaban hasta donde llegaba la vista, pero eran separados de las enormes torres vecinas a donde se encontraba por unos murallones gigantescos.
Luego caminó por entre los pasillos de la enorme y fría torre topándose con gente de todas las especies afiliadas, salvo los brakioneses. Todos lo saludaban con gran respeto. Al llegar a la que parecía su oficina (o centro de operaciones), se encontró con Zílog. Un Zílog de aspecto maligno, con una barba de tres días y una cicatriz en su mejilla. Vestía una larga chaqueta negra, botas y pantalones de cuero en vez de su tradicional uniforme afiliado. Casi todos los militares usaban uniformes negros de cuero.
—Saludos, Rupert —le dijo Zílog— ¿listo para la fiesta de mañana?
—Sí, por supuesto. Ansioso —mintió.
—Creo que iré de inmediato a traer concubinas nuevas al área periférica. Debemos celebrar a lo grande, ¿no crees? Mañana recibimos a Lord Torm aquí en Carixis.
—Me gustaría ir contigo al área periférica.
—Rupert, es demasiado peligroso.
—Bueno, te pago una buena cantidad de dinero para que me protejas, ¿no? No me digas que es desperdiciado en una seguridad ineficiente —dijo suponiendo como serían las relaciones personales en este Carixis.
—Tienes toda la razón. Disculpa.
Rupert entró a un enorme areomóvil con forma de tanque, de color negro, junto a Zílog. El areomóvil era uno de cinco vehículos idénticos que salieron de un área de enormes torres donde vivían los privilegiados gobernantes de Carixis. Los transportes llegaron entonces al borde de la muralla metálica, y una gigantesca puerta fue abierta por los centinelas que custodiaban la salida y la entrada.
El área externa a la muralla era un vertedero de miseria y hacinamiento. El olor mismo era repulsivo. Cientos de casas miserables y corroídas por la intemperie se alzaban grises entre los suelos áridos y bajo un cielo nublado por la contaminación ambiental. Decenas de personas de todas las especies afiliadas, que estaban desnutridas, ojerosas, harapientas y curtidas husmeaban en la basura buscando como subsistir. Algunos, en mejores condiciones, pero siempre vistiendo ropas baratas, abrigos carcomidos y viejos, guantes sin dedos, bufandas deshilachadas, gorros sucios, cintas sobre el cabello grasiento, etc. vivían en casas miserables, conformadas por paneles viejos, tubos oxidados y otros deshechos.
Una redada de las fuerzas militares se llevaba a cabo en uno de estos barrios míseros. Los guardias uniformados de negro se llevaban a varios hombres y mujeres de todas las edades (desde adolescentes hasta ancianos, pero en su mayoría adultos jóvenes), ante la mirada frustrada e impotente de sus familiares.
—¡Déjenme! —suplicaba una mujer desesperada que Rupert reconoció como Jezabeth Arkham. —¡No soy una disidente! ¡Jamás lo he sido! ¡Soy leal al gobierno! ¡Amo a Lord Torm! ¡Por favor! ¡No me lleven al Calabozo! ¡No me torturen! ¡No me torturen!
Rupert intentó suprimir sus sentimientos ante tan horrible imagen y fingió regocijo.
En una parte de los barrios pobres había una buena cantidad de prostitutas. Algunas tan jóvenes como preadolescentes, pero la mayoría maduras. Todas vestidas con ropas ajustadas (algunas desnudas), de todas las especies afiliadas salvo las insectoides kinoshanas.
—Hola, ¿buscan compañía? —dijo una prostituta que Rupert reconoció como su gran amiga Shikha, quien en su universo era la directora del Instituto Científico y en este una prostituta ataviada solo con una minifalda y un top.
—No contratamos rameras de tan baja calidad como tú —espetó Zílog. —Mejor sigue con tus clientes pordioseros.
—¡Shikha! —dijo Rupert sin poder reprimir su sorpresa. —La Shikha que conocí era una de las mentes científicas más brillantes de la Galaxia.
—Tiene buen sentido del humor, señor —le dijo la Shikha prostituta. —Yo ni siquiera se leer.
Bajaron de los aeromóviles en un barrio al azar. Los guardias armados anunciaron que estaban buscando concubinas nuevas. Todas las mujeres jóvenes fueron puestas en fila.
Zílog escogió a dedo a aquellas mujeres que se veían más o menos sanas, no demasiado sucias o desnutridas, y con cuerpos atractivos. Entre estas Rupert reconoció a Jadi Bashar.
—¿De donde eres? —preguntó Rupert a Jadi.
—De Marte, señor. Pero vivo en Carixis desde hace diez años.
—¿Qué pasó con tus padres?
—Fueron asesinados. Se les acusó de ser independentistas, señor. Era mentira, por supuesto. En todo caso se les ejecutó al lado de otros dos mil sospechosos de promover la independencia de Marte.
—Comprendo. Tráela... —le dijo Rupert a Zílog.
Unas 20 mujeres jóvenes fueron llevadas hasta dentro de los murallones en la ciudad de las torres.
—Son todas muy afortunadas —dijo Zílog. —Aquellas de ustedes que sean seleccionadas concubinas vivirán en las Torres, con comida, agua, jabón y otros lujos pequeños. A cambio, deberán obedecer todo lo que se les ordene. Tienen estrictamente prohibido decir que no a una orden o solicitud. Aquella de ustedes que se niegue a satisfacer un deseo será flagelada. Y tres negativas seguidas se castiga con ser enviada a las canteras, donde los disidentes trabajan como esclavos. ¿A quedado claro? —todas asintieron. —Las que no sean seleccionadas regresarán al área periférica. Las seleccionadas nunca volverán a salir de los límites de las murallas.
Las jóvenes serían aseadas y examinadas por un médico. Las que estuvieran sanas serían seleccionadas.
El comunicador de Rupert sonó.
—¿Sí?
—Querido, ven a la sala de interrogatorios, por favor —le solicitó Kriggs.
—De acuerdo. —Rupert utilizó un mapa holográfico en la computadora de su comunicador para averiguar la ubicación de la sala de interrogatorios. Mientras caminaba al lugar, aprovechó para averiguar datos nuevos.
—Computadora, ¿qué pasó con el Imperio Xirgón?
—Se encuentra sumido en una violenta guerra civil entre las facciones lideradas por los Lang y los Durg. Cuando el general Ushuk Lang asesinó al Emperador Turg y tomó el poder en el Imperio como dictador, comenzó una purga general. 12000 personas fueron ejecutadas en dos semanas. Los Durg lideran a los rebeldes contra la dictadura Lang. Debido al estado de guerra constante, el Imperio se encuentra débil, pero mantiene control sobre varios planetas, entre ellos Vega 2. Recientemente, el Emperador Lang ordenó una limpieza étnica masacrando a 2 millones de veganos.
—¿Quién es el principal aliado de la Afiliación?
—El Régimen Zaraki. Desde su pacto de alianza, la Afiliación y Zarak han gobernado gran parte de la Galaxia. Derrotaron a la República Polari la cual fue invadida por los Zaraki.
—¿Y la Corporación Alaxi?
—Colapsó hace doce años cuando fue absorbida totalmente por un ataque masivo de los devoradores.
—¿Y la Alianza Valtárica?
—Se encuentra sumida en una guerra contra los brakioneses desde hace 10 años.
—¿Y los androides? ¿Y psíquicos?
—Todos los androides fueron exterminados dentro del territorio afiliado en el décimo año desde la toma de poder de Lord Torm. Hay rumores no corroborados de que algunos escaparon a la Zona Inexplorada. Todos los psíquicos son puestos en custodia del Estado para que se les controle e impida utilizar sus poderes en contra de la población. Se castiga con la muerte a aquellos que, siendo psíquicos, no lo reporten al Estado.
Rupert llegó a la sala de interrogatorios, que más bien era un cuarto de torturas repleto de filosas armas punzocortantes y aditamentos para generar dolor. En una silla metálica estaba atado Wushuk Kurg quien mostraba hematomas por golpes en el rostro, heridas de láser y cortaduras en diversas partes del cuerpo.
—¿Qué sucede? —preguntó Rupert.
—Estamos interrogando a este xirgón —le contestó Kriggs con mirada sádica. —Quien aparentemente ha estado ayudando a escapar a varios disidentes. Les proporciona transportes hacia la Zona Anárquica.
—Increíble.
—No me importa lo que me hagan... —dijo Wushuk. —Jamás hablaré. No traicionaré a esas pobres personas que están intentando escapar de monstruos como ustedes...
—Hubiera llamado a Zílog —explicó Kriggs— para que le diera una buena golpiza, pero está ocupado (ya sabes como le gusta divertirse con las prisioneras), así que te llamé a ti. Se bien como te gusta golpear a los interrogados reacios en persona.
—Sí, pero ahora no tengo tiempo. Es más, te ordeno que lo liberes.
Tanto Kriggs como Wushuk se quedaron boquiabiertos.
—¿Qué has dicho?
—Tengo... información secreta. Wushuk es en realidad un espía del Emperador Lang, y he llegado a un acuerdo. Un intercambio de espías. Libéralo de inmediato.
Kriggs, muy a su pesar, obedeció.
—No se que pretende, Corrado —le espetó Wushuk al oído una vez liberado y camino a la puerta. —Pero si de casualidad su conciencia le comienza a remorder, y debajo de toda esa maldad hay un alma humana que empieza a arrepentirse de sus crímenes, gracias.
Algunas horas después, Rupert hablaba por videófono con un jefe tribal devorador. El sujeto era un ser horrible con rasgos felinos y una maraña melenuda de cabello entrelazado, que hablaba con acento gutural.
—En una semana estaremos en Carixis —dijo el devorador— para firmar el tratado de alianza entre la Afiliación y los devoradores.
—Serán bienvenidos.
—Le llevaremos un regalo. Una de nuestras hembras más hermosas —dijo el devorador mostrando en la pantalla a una mujer que Rupert reconoció como Sálax. Pero no era la mujer fuerte, independiente, manipuladora y poderosa que Rupert conocía. Era una mujer sumisa, débil y de mirada baja, vestida con harapos y con un golpe en la mejilla.
—Gracias. Es bastante atractiva. Hasta luego.
—Hasta luego —dijo el devorador y se cortó la comunicación.
A su oficina llegó Lin. Nuevamente, no era el joven simpático de mirada curiosa que Rupert amaba, sino un delincuente juvenil todo vestido de negro.
—Hola, padre —le dijo— necesito un favor.
—¿Qué?
—Mata a este estúpido —dijo jaloneando una cadena y arrastrando a un sirviente anciano que Rupert reconoció como Ker, su odiado enemigo político quien ahora le provocaba compasión al ser un anciano frágil e indefenso.
—¿Por qué?
—Porque me molestó. El idiota quebró uno de mis juguetes favoritos. Un aparato para torturar que me regalaste en mi cumpleaños. Mátalo, por favor.
—No voy a matarlo —dijo Rupert.
—¿Qué no? —dijo Lin, quien evidentemente era un muchacho malcriado al que no se le negaba nada. —¿No lo harás? ¡Pero yo quiero que lo mates! ¡Mátalo! ¿¡Me escuchaste!?
—Tú no mandas aquí, mocoso inútil. Lo hago yo. Y si no quieres que te mate yo a ti por insolente, lárgate de mi vista.
—Te estás volviendo viejo y blando —le espetó— pobre estúpido. Mamá tenía razón en traicionarte.
Lin se fue. El tembloroso Ker observó a Rupert asustado.
—Puede irse —le dijo, y Ker se alejó de inmediato.
Finalmente, a su oficina se adentró un Maktub ataviado con una túnica púrpura y un báculo negro y retorcido. Su capucha le ensombrecía la mayor parte del rostro, pero sus ojos amarillos brillaban resplandecientes.
—¿Has olvidado tu responsabilidad con el Planeta Oscuro?
—¿Mi qué? —preguntó Rupert asombrado.
—Descuida, nadie nos escuchará. He tomado precauciones. Por supuesto que no queremos que el Gobierno Central se entere de que colaboramos en secreto con el Planeta Oscuro. Ni siquiera esa ramera psicópata que tienes por esposa debe saberlo. ¿Está claro?
—Sí, por supuesto.
—El Planeta Oscuro necesita nuevos individuos para experimentar con ellos. ¿No les enviarás una nueva carga de disidentes?
—Eh... sí... claro.
—Más te vale que no te estés ablandando, Corrado —dijo con tono amenazador— ya estás muy metido en esto. Has sellado un pacto con el Planeta Oscuro. No olvides que soy un poderoso mago oscuro y sacerdote. No nos traiciones o te mato.
—Una pobre excusa de mago como tú no tiene que amenazarme. Cumpliré mi pacto con el Planeta Oscuro, pero si me molestas me encargaré de que con tu muerte, los maktubianos estén definitivamente extintos. ¿Has comprendido?
—Te espero en el próximo rito que realizaremos lo adoradores de los Abismales en Carixis. Sacrificaremos unas cuantas víctimas frescas.
Maktub salió del lugar.
—Este universo es bastante interesante —se dijo.
Rupert almorzó y después decidió recostarse en su habitación. Su sorprendió cuando encontró a Jadi Bashar, semidesnuda y esperando su llegada.
—Hola, mi señor —le dijo seductiva. —El capitán Zílog dijo que tendría el honor de ser su concubina personal.
—¿Mi esposa sabe eso?
—Ella me seleccionó.
—Bien, pues. No tengo muchos deseos de hacer eso hoy. Puedes irte.
—Se lo suplico, mi señor. El capitán Zílog me castigará si piensa que no le satisfago...
—Le diré que tuvimos sexo y me gustó mucho. Sólo vete.
—Al menos permítame darle un masaje inocente.
Rupert decidió ceder a eso para que Jadi se relajara, así que removió su camisa y se acostó boca arriba. Jadi se sentó a horcajadas sobre él y comenzó a acariciarle los hombros y el pecho. Rupert cerró los ojos.
Súbitamente sintió como una cuerda le estrangulaba el cuello. Abrió los ojos y encontró a una Jadi enfurecida ahorcándolo con un mechón desprendido de su cabello.
—¿Cómo...? —alcanzó a decir Rupert entre asfixias.
—Es un mechón de cabello falso, de fibra sintética. La única forma de infiltrarme a esta fortaleza con un arma capaz de matarlo. De esta forma pondré fin a su detestable existencia. Vengaré todos sus crímenes, maldito asesino...
—No... yo... no soy... no...
Jadi fue repentinamente detenida por un disparo eléctrico que la aturdió e hizo caer estrepitosamente al suelo. Al lugar entraron Kriggs y Zílog, este último disparó un arma de energía que no mataba pero paralizaba a su víctima.
—Suerte que te tenemos monitoreado —dijo Kriggs— mi amor. Sabía que no debíamos traer a esta perra. ¿Sabías que sus padres eran psíquicos clandestinos? Por eso los ejecutaron. Seguramente ella es una psíquica también.
—¿Quieres que la matemos —le preguntó Zílog— o la enviamos a una vida de torturas y esclavitud en las canteras?
—Por lo pronto solo manténganla prisionera en una celda —ordenó Rupert recuperándose. —Ya decidiré que hacer después de la visita de Torm... digo, de Lord Torm.
Efectivamente, al día siguiente, Torm fue recibido con gran protocolo pero en una reunión limitada y discreta debido al peligro que representaban los atentados disidentes.
En su universo, Rupert había visto a Torm en holotelevisión cuando éste aún estaba vivo, sin embargo jamás lo vio en persona. Odiaba profundamente al asesino de su padre, pero reprimió sus sentimientos y sonrió al rostro frío y cruel del cártagik. Torm tenía una piel de un tono verde pálido inusual en su especie, ojos amarillos de un tono casi anaranjado, con marcadas ojeras y mejillas fláccidas. Su negro cabello estaba peinado de forma relamida hacia atrás y vestía un hábito de monje gris como era costumbre a los cártagiks.
La fiesta se realizó en un enorme salón de banquetes con todos los privilegiados ricos y altos jerarcas del gobierno local, de entre los cuales Rupert era el mayor. Habían muchos esclavos de todas las especies y algunos esclavos importados de origen vegano, que servían la comida. Las concubinas eran todas hermosas mujeres de distintas especies, ataviadas con escueta ropa o con bikinis, que satisfacían los deseos sexuales de todos los hombres y algunas de las mujeres presentes. Tanto Zílog como Kriggs hacían uso de dichos servicios. Rupert se abstuvo esa noche. La figura siniestra de Maktub compartía de los alimentos, sin hacer uso de las concubinas, pero analizando con su mirada malévola la situación.
Entre los soldados que montaban guardia estaban el insectoide Arg, que no se diferenciaba en nada salvo su uniforme negro, y la humana Cheng, con sus largos cabellos negros sostenidos en cola hacia atrás, el mismo uniforme y con sus rasgos orientales exudando una mirada diabólica.
A la fiesta hicieron entrada unos diez Zaraki, entre los cuales Rupert reconoció al malévolo Curshok, un terrible mago oscuro en su universo.
—Bienvenidos sean nuestros aliados Zaraki —saludó Torm. Todos los integrantes de la comitiva Zaraki se sentaron a compartir con los demás comensales. La fiesta de convirtió en un bacanal hedonista y sórdido de sexo, licor y gula.
Sin embargo, Rupert moderó su consumo del licor pues tenía algo planeado.
En la madrugada, cuando todos los comensales (excepto los militares montando guardia o Maktub) estaban algo borrachos, Rupert hizo uso de la palabra.
—Queridos camaradas —dijo— ¡Cómo nos hemos divertido matando, abusando, torturando y humillando a los débiles y a los indefensos! —se escucharon risas. —Me divierto casi tanto como cuando participo en esos rituales de adoración a los oscuros al lado de Maktub. —Las risas cesaron y todos observaron asombrados a Rupert quien hacía una confesión terrible. Aparentemente el Planeta Oscuro era igual de temido en este universo. Maktub se levantó con mirada frívola a la espera de lo que Rupert iba a decir. —Después de todo, si revisan los documentos que dejé en mi oficina, encontrarán las pruebas de que tanto Maktub como yo somos adoradores de los Abismales. Pero eso no es todo. Creo firmemente en que llega un momento donde es necesario pagar por nuestros crímenes. Es por eso que liberé a Jadi Bashar de su celda y le quité el inhibidor de poderes psíquicos. Ella está a punto de entrar en esta habitación con una horda de disidentes a matarnos. Ya era hora, ¿no creen?
Efectivamente las puertas se abrieron con Jadi a la cabeza, muy seguida de un valiente Wushuk bien armado y una docena de aguerridos disidentes. Los guardias no tuvieron tiempo de reaccionar y fueron ultimados al tiempo que los hedonistas comensales (afiliados y Zaraki) eran asesinados uno a uno.
Rupert se alegró de ver la muerte de Torm. Sin embargo Zílog y Kriggs fueron capaces de escapar saliendo de la habitación aunque perseguidos por disidentes.
Maktub reaccionó con el uso de sus poderes mágicos oscuros, dispersando rayos eléctricos que atormentaron el cuerpo de Rupert.
Para cuando éste pudo recuperarse del doloroso impacto, observó a un Maktub muerto por el disparo de una esfera de luz dorada que Curshok había lanzado.
—¿Curshok?
—Soy un mago guardián al servicio de la luz y los Primarios —explicó el Zaraki para el asombro de Rupert. —Gracias por su ayuda.
—Él no es el Corrado que nosotros conocemos —le dijo Jadi, a quien Rupert había explicado todo en su celda. —Debemos ponerlo en una celda, y cuando el Corrado de este universo regrese a su cuerpo original, deberemos ejecutarlo.
—Así es —dijo Rupert sintiendo dolor de cabeza— que tengan... suerte...