XXXVIII
Acorazado Sephitot (Universo 006)
Nave del Imperio Valtárico
Fecha exacta desconocida
Rupert despertó en una nave espacial que viajaba en el hiperespacio. Reposaba desnudo sobre una cómoda cama con suaves cobertores. A su lado estaba el cuerpo, desnudo también, de la hermosa Sashak Lang, la atlética militar xirgona esposa de Ushuk Lang (al menos en su universo), quien usaba el largo cabello verde no lacio como estaba acostumbrado a verla, sino con rizos.
Rupert notó que su cuerpo era notablemente más fornido y musculoso en este universo, y que además tenía algunas cicatrices en la espalda y el abdomen.
—¿Ya despertaste? —le dijo Sashak dándole un beso en la boca— ¿dormiste bien?
—Eh... sí... espléndidamente.
—Ayer hiciste el amor como nunca, Albert. —Le dijo la xirgona levantándose de entre las cobijas, lo que le permitió a Rupert apreciar su esbelto cuerpo desnudo.
Su comunicador comenzó a sonar.
—¿Sí? —dijo al responderlo.
—Capitán Corrado, señor —le dijo la voz reconocible de la mayor Cheng. —Estamos por llegar a nuestro destino. Saldremos del hiperespacio en unos minutos.
—Eh... sí... de acuerdo. Voy para el Puente.
—¿Vas a desayunar? —le preguntó Sashak mientras iba camino al baño.
—Sí, por supuesto. ¿Nos dará tiempo?
—Nos dará tiempo si nos duchamos juntos...
Después de ducharse al lado de Sashak, e inmediatamente después de salir del baño, esperó a que Sashak se distrajera preparando el desayuno. Accionó la computadora en su comunicador, y le dijo:
—Computadora; quiero que leas mi expediente en la base de datos.
—Capitán Albert Corrado —comenzó a recitar la computadora— hijo de Armando y Sara Corrado, ambos vivos y residentes de la Tierra. Armando es el actual gobernador de la Tierra ante el Imperio Valtárico. El capitán Corrado es militar del Imperio Valtárico, tres veces condecorado con la estrella plateada al mérito y un sol dorado al valor. Comandante militar del acorazado Sephiroth, famoso por su excelente desempeño contra las legiones del Planeta Oscuro en la Batalla de Carixis. Soltero, sin hijos conocidos.
—Dame toda la información que tengas sobre el Imperio Valtárico.
—Imperio formado por los valtáricos hace 5000 años poco después de terminada la Guerra de las Esferas Solares. Lo conforman 316 planetas distintos bajo la autoridad del Sínodo Valtárico. Cada planeta con su propio gobernador y representante en el Concejo, siendo el Concejo el principal poder legislativo. Su ejército es el mayor de la Galaxia, solo igualado por las Legiones del Planeta Oscuro. Originalmente el ejército solo admitía valtáricos, pero la confrontación con los oscuros obligó a admitir a todos los ciudadanos del Imperio. Destáquese que la mayoría de los mundos bajo dominio imperial prefieren mantenerse como tales por el inminente peligro del Planeta Oscuro. Su idioma oficial es el valtárico...
—¿La Tierra es miembro del Imperio Valtárico? —interrumpió.
—La Tierra fue incorporada al Imperio Valtárico el Día 3 del Mes 10 del Año 5312 Después del Imperio, es decir, hace 52 años.
—¿Y la Afiliación?
—No tengo ningún archivo con ese nombre en mi base de datos.
—¿El Concejo Galáctico? ¿El Imperio Xirgón? ¿La Alianza Valtárica?
—No tengo ningún archivo con esos nombres en mi base de datos.
—¿Y la Astromaquia? ¿La guerra contra el Planeta Oscuro?
—Desde hace 2500 años el Imperio Valtárico y el Planeta Oscuro han estado sumidos en una guerra que se ha prolongado hasta la fecha.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó extrañada Sashak— ¿Una tarea de historia antigua?
—Me dijeron que la computadora en mi comunicador estaba fallando y la estoy probando —dijo sentándose en la mesa a comer.
Tras desayunar, Rupert se colocó su uniforme de capitán (de color azul), así como Sashak se colocó uno de comandante. Juntos viajaron hasta el Puente por entre los intrincados pasillos del acorazado. Los subalternos saludaban a Rupert con gran respeto en cuanto lo observaban.
En el Puente fue saludado más disciplinadamente aún por los tripulantes, entre los cuales reconoció a la mayor Cheng, a Kerozt, a Arg, a Jadi, a Alum Siraki y a tres personas más (dos humanos caucásicos y una lobariana) que no reconoció.
—Señor —dijo Cheng— el almirante Lothar le envía un mensaje.
—En pantalla.
—Saludos, Capitán. Me complace verlo plenamente recuperado de sus heridas. Sabía que los oscuros no podían hacerlo sucumbir fácilmente.
—Gracias, Almirante.
—Esta misión que le encomienda el Imperio es de suma importancia, Capitán. Estas colonias rurales han sido devastadas totalmente por las legiones oscuras. Es su misión buscar sobrevivientes así como cualquier indicio que pueda ser de utilidad contra los oscuros. Pero sea cuidadoso, es posible que aún haya presencia oscura en la zona.
—Sí señor.
—Suerte —dijo cortando la señal.
—Bueno —dijo Rupert— viajemos a las colonias...
—Disculpe, señor —dijo Jadi— el procedimiento normalmente indica que primero nos reportemos ante el Señor Feudal de la zona. En este caso sería Lord Zílog de Lothoss.
—Ah sí, claro. Lo olvidé. Comunícanos.
Ante la pantalla apareció Zílog ataviado con un largo abrigo de piel de animal y de color oscuro. Tenía el pecho desnudo y decorado con un medallón. Usaba una tupida barba y sus largos cabellos rizados le caían hasta la espalda.
—Saludos, capitán Corrado.
—Saludos, Lord Zílog. ¿Nos permite pasar por su feudo?
—Por supuesto. Son bienvenidos. Los esperaré en mi castillo después de que hayan buscado sobrevivientes.
Una serie de módulos pequeños salieron del acorazado y se distribuyeron en busca de supervivientes en las ahora desoladas colonias rurales situadas entre varios sistemas solares. Rupert mismo viajaba en uno de los módulos que aterrizó en el espantoso paisaje. Del módulo bajaron Rupert, Cheng, Arg, Kerozt, Alum y dos tripulantes brazzky.
Las granjas habían sido quemadas, y los edificios destruidos. Centenas de cuerpos de hombres y mujeres inocentes yacían amontonados sobre colinas de cadáveres carbonizados. Otros tantos estaban brutalmente empalados en hileras horripilantes que se extendían largamente.
—No detecto señales de vida cercanas, Capitán —dijo Alum leyendo la información que los sensores de su computadora portátil le suministraban.
—¡Cuidado! —gritó Cheng en cuanto percibió a una horrible criatura que se aproximaba. Aunque corría a cierta velocidad, el espantajo era un cadáver reanimado. Una monstruosidad deambulante que alguna vez fuese un ser humano, y que ahora se removía hambriento con las vísceras expuestas.
Rupert se paralizó del terror hasta que los disparos lo sacaron del estupor. Cheng le disparó al zombi en la cabeza, asesinándolo.
Pero pronto, una horda de zombis idénticos se alborotó repentinamente. Eran varias decenas de criaturas muertas, con horribles heridas en sus cuerpos putrefactos. Eran de todas las especies que Rupert conocía y se dirigían contra ellos con un hambre enloquecida y sin mentes razonables.
Los disparos láser de la tripulación se volvieron insuficientes, así que corrieron hasta su módulo abriéndose paso entre la masa de zombis. En el proceso perecieron los dos brazzkys y Alum resultó mordido.
—¿¡Que demonios son esas cosas!? —preguntó Rupert exaltado dentro del refugio de su nave.
Los demás tripulantes lo observaron extrañados.
—¿Se siente bien, Capitán? —preguntó Cheng. —Los zombiss son algo ampliamente conocido. Usted mismo ha matado cientos.
Alum sudaba copiosamente y se sostenía la mano mordida con gran dolor y profuso sangrado, mientras Jadi le proporcionaba tratamiento médico.
—Sí, lo lamento. Estoy algo distraído últimamente. —Rupert se movilizó hasta el interior de uno de los baños de la nave y consultó nuevamente a la computadora. —Los zombies —le respondió el ordenador— son producidos por un virus artificial creado por el Planeta Oscuro, el cual estimula los remanentes impulsos electroquímicos del cerebro produciéndoles un cierto grado de conciencia, que se limita a los más básicos impulsos (principalmente la necesidad de comer). Se contagia por medio de la saliva y no tiene cura. Si la mordida no es demasiado profunda, es posible que no haya contagio. De acuerdo a la Ley del Imperio, el individuo que comience a mostrar los primeros síntomas debe ser ejecutado de la forma más rápida, y preferiblemente indolora, posible.
Un disparo láser le confirmó a Rupert sus sospechas. Al salir del baño encontró a Alum muerto. Aparentemente se había disparado a si mismo con su láser en la cabeza.
Tras la horrible experiencia, Rupert y su tripulación cercana llegaron al exuberante castillo en el Planeta Lothoss donde residía Lord Zílog. La ciudad circundante al castillo estaba ubicada en unas tierras nevadas constantemente cubiertas por gruesas capas de nieve blanca.
—Bienvenidos, bienvenidos —dijo alegremente Zílog, vestido como un lord feudal medieval por sus gruesas botas, pantalones de cuero negro y su abrigo de piel que se arrastraba por el suelo. Estaba rodeado por una corte de valerosos guardias ataviados con trajes muy gruesos y cascos que les cubrían el rostro. Todos armados con láseres.
—Gracias, Lord Zílog —le dijo Rupert. La tripulación fue recibida con un banquete en un salón central del inmenso castillo. Música por parte de trovadores (los cantantes del Grupo Eclipse en el universo de Rupert), animación por parte de un bufón (Wushuk Kurg), y una serie de voluptuosas camareras de diversas especies sirviendo deliciosos manjares.
—Le presento a mi esposa, Lady Arsala.
La Arsala que Rupert conocía en su universo era definitivamente algo distinto en este. Se trataba de la misma mujer vegana de cabellos naranja y manchas multicolores en su piel. Pero aquí vestía un elegante traje plateado de gala y no el atuendo de toga selvática con que Rupert estaba acostumbrado a verla.
Lady Arsala saludó con una leve reverencia. Ella y su esposo se sentaron a la cabecera de las mesas (colocadas en forma de media luna) al lado de Rupert. Luego brindaron por el Imperio Valtárico.
La fiesta se había extendido hasta bien entrada la noche, hasta el punto que la servidumbre cabeceaba cansada mientras Lord Zílog bailaba, contaba chistes y bebía en exceso.
—A veces —dijo Zílog en tono jocoso— me gustaría que existiera una servidumbre mecánica que resistiera más horas despierta.
—¿No hay androides? —preguntó Rupert.
—¿Qué? Creo que ha tomado demasiado, Corrado. Androides o robots de inteligencia artificial, esas cosas no existen.
Efectivamente, Rupert se había sobrepasado en su consumo de alcohol. Por lo cual, su mente turbada no encontró nada extraño cuando Lady Arsala se le aproximó eróticamente. No retuvo sus deseos por la mujer cuando esta lo besó y acarició. Y no tuvo reparos en hacerle el amor.
Fue hasta la mañana siguiente, en que los guardias encontraron a los dos amantes improvisados desnudos en una parte oculta del jardín, que Rupert tuvo plena conciencia de su acto. Y de las consecuencias que podía acarrear. Ante el descubrimiento, los guardias los encañonaron a ambos hasta que Lord Zílog llegó al lugar.
Enfurecido, ordenó que encerraran a Rupert en un frío calabozo, donde lo encadenaron a la pared (aún desnudo) y le lanzaron baldes de agua helada.
—La situación no es tan grave como usted piensa, Capitán —le dijo Cheng cuando le permitieron entrar a visitar a su capitán. —Lady Arsala le ha sido infiel a Zílog en innumerables ocasiones como él a ella. Por supuesto que por su orgullo masculino ha ordenado su ejecución por tortura. —Rupert tragó saliva— Pero estamos moviendo toda la burocracia del Imperio para impedirlo.
—¡Necesito una migraña urgentemente!
Al calabozo se adentró Zílog rodeado de guardias con cara de mal humor. Obligaron a Cheng a salir y un Zílog de mirada sádica extrajo una serie de instrumentos de tortura, entre ellos un látigo eléctrico y una serie de ganzúas filosas.
—Ahora lo pagarás... —dijo sonriente.
Rupert intentó sin éxito provocarse un dolor de cabeza golpeándose la cabeza contra el muro. Estaba a punto de resignarse a sufrir las torturas, cuando súbitamente entró al lugar Sashak armada. Ella, junto a Cheng y Jadi, habían derrotado a los guardias que vigilaban fuera del calabozo, y ahora confrontaban a los hombres de Zílog en el interior.
Tras despachar a la mayoría, Sashak propinó un certero golpe a Zílog dejándolo inconsciente.
—No lo mates —advirtió Cheng. —Matar un noble es un crimen grave del cual la reputación de Rupert no nos puede salvar.
—Debería dejarte aquí —espetó Sashak que se mostraba genuinamente molesta por la infidelidad infringida por Rupert.
—¿A dónde iremos? —preguntó Rupert.
—La Sephirot —explicó Cheng— está siendo vigilada por las naves de la guardia de Zílog, así que no podemos llegar a ella sin levantar sospecha. No queda más remedio que viajar al vecino planeta Gothoss robando una nave. Estarán monitoreando los mensajes que envíen las naves de Zílog, así que en Gothos tendremos que intentar enviar un mensaje que no sea interceptado por los sistemas de comunicación de Zílog para que algún módulo de la Sephirot nos recoja.
Algunas horas después estaban en Gothoss. Sashak estaba enojada con Rupert y le hablaba poco y muy cortante. Aterrizaron discretamente en un módulo en medio del desierto circundante a la Ciudad de los Ladrones (capital de Gothoss), y caminaron por las pedregosas calles del caluroso planeta. Calles repletas de mercenarios malencarados, prostitutas semidesnudas y mendigos harapientos.
Al no serles posible encontrar una frecuencia segura, intentaron secuestrar una nave de mercaderes Alaxi a quienes encañonaron hasta sacarlos del transporte. Tras esto, salieron de inmediato del planeta, pero fueron acorralados por diez naves de la guardia de Zílog.
Fueron obligados a aterrizar y salir de la nave. Los encañonaron y desarmaron al tiempo que se les acercó la Kriggs de este universo.
—La capitana Kriggs —comentó Sashak— capitana de la guardia feudal de Zílog.
Kriggs en este universo tenía los mismos rasgos felinos en orejas y ojos, cabellos largos de mechones blancos y negros entrelazados, una cicatriz en su mejilla derecha, y vestía un traje de bárbara, con gruesas botas y guantes, que le dejaba al descubierto la mayor parte de las piernas y que estaba notoriamente escotado.
—¡Tráiganlos! —ordenó. Los guardias los arrastraron hasta un viejo edificio pedregoso en cuyo interior había un pequeño trono metálico en donde Kriggs se sentó. —Así que esté es el famoso capitán Albert Corrado. El héroe que rescató a la princesa Nishak, heredera al trono de Xirgón y prometida del Rey de Brazzky de las garras de los malévolos piratas al servicio del Planeta Oscuro que la habían secuestrado. No estás mal, pero te imaginaba más alto.
—Si vas a entregarnos a tu amo, Lord Zílog, hazlo ya —espetó Sashak— o déjanos en paz.
—¿Quién dijo que iba a entregarlos? Lord Zílog ha sido el gobernante de esta zona por demasiado tiempo. Es hora de que pase a mejores manos. Es decir, a las mías. Y si me ayudan, les puedo ofrecer cualquier cosa. Y me refiero a... cualquier cosa —dijo sonriendo a Rupert.
—Siempre supe que eras una traidora —dijo Zílog rodeado de guardias penetrando al lugar enfurecido.
—Pero... ¡¿Cómo!?
—Hemos tenido sospechas de tu traición desde hace tiempo —dijo Cheng— así que sabíamos que intentarías negociar con nosotros para ayudarte en la revuelta. Estuvimos transmitiendo esta conversación por nuestros comunicadores a Zílog todo el tiempo.
—Como puede ver, Lord Zílog —dijo Rupert— tiene cosas más importantes que hacer que matarme.
—Sí —dijo Zílog— pueden irse, pero todavía no he olvidado tu insulto, Corrado.
Kriggs sacó su arma y comenzó a dispararle a los guardias de Zílog. Fue imitada por sus hombres, en su mayoría mercenarios comprados. Zílog y sus guardias contraatacaron sumiéndose en una balacera láser. Rupert y sus tres acompañantes se tiraron al suelo, sin saber realmente de cual lado estaban. Así que optaron por abrirse paso a punta de láser hasta salir del edificio.
De regreso en la Sephirot atendieron de inmediato una llamada de auxilio. En pantalla apareció una hermosa mujer valtárica de largos cabellos blancos y piel muy azul que les suplicó por ayuda. Aparentemente, una colonia entera de valtáricos en un sistema vecino estaba siendo atacada por los oscuros.
La Sephirot acudió ipso facto al lugar de la contienda, donde efectivamente, cientos de naves valtáricas confrontaban a cientos de naves oscuras. La batalla era encarnizada y pronto el acorazado comenzó a sufrir los severos daños que las legiones oscuras le propinaban. Un panel se soltó tras una explosión en el puente y golpeó a Rupert en la cabeza, provocándole intenso dolor antes de dejarlo inconsciente.