XXXV

Planeta Carixis 5

El panorama en Carixis 5 es totalmente desolado. El planeta se encuentra cubierto por hielos perpetuos y ventiscas silbantes que recorren sus llanuras muertas y sus montañas glaciales. Debido a su inhóspito clima, solo había en el planeta esporádicos campamentos habitados principalmente por androides (capaces de soportar las bajas temperaturas) quienes generalmente explotaban algo del poco etérium que había en el planeta.

Un grupo de obreros androides afiliados conversaba tranquilamente en su hora de descanso dentro de una base de estilo esférico donde residían por prolongados periodos. Por los ventanales del comedor se observaban solo extensas llanuras de nieve y una cordillera helada a la lejanía. Conversaban sobre temas sin importancia y se sorprendieron al observar a una temible nave oscura bajar cerca de su base.

—¡Notifiquen al Cuartel Militar de inmediato! —ordenó alarmado el androide de más alto rango. Sin embargo, esta acción no les fue posible pues la nave disparó de inmediato poderosos cañones de fotones que redujeron en complejo a ruinas humeantes.

De las naves surgió una hueste de oscuros liderados por Curshok, quienes tenían aún prisionero a Lothar. Éste estaba con las manos atadas a la espalda, con el cuello encadenado y de donde era jaloneado, y mostraba graves heridas, golpes y señales de tortura.

Mientras que Curshok era protegido por un dispositivo térmico en su traje negro y su capucha, los oscuros estaban totalmente cubiertos por trajes espaciales negros. Lothar estaba con sus ropas usuales aunque rasgadas, sin embargo debido al clima helado de Valtaris, su especie podía sobrevivir a muy bajas temperaturas.

—Tras arduas investigaciones arqueológicas —explicó Curshok— nos ha sido posible determinar que este punto particular es donde está más cerca el poderoso Y’lir Komuth. Preparémonos para el ritual...

Tras haber colocado un altar diabólico extraído de la nave, los oscuros hicieron un círculo de sangre y dibujaron el símbolo del Orm Infernal; un gusano mordiéndose su propia cola. Tras lo cual procedieron a pronunciar una horrible letanía en lengua oscura, invocando a Y’lir Komuth:

—Mghuphui krgnorg vhukhuma’an Y’lir Komuth gakhthethpth khmmethoth kmmethoff khthakummoth Y’lir Komuth vekhthithem pogh ughuphui mak’undesh shamakhothzhu Y’lir Komuth

Mientras el ritual se repetía litúrgicamente por parte de los oscuros, Curshok colocó la pirámide en el centro para luego decir en voz alta:

—Poderoso Señor de la Destrucción, Padre de la Muerte y de la Violencia. Ante ti ofrendamos en esta fecha sabática de tu liberación, la sangre de 666 víctimas inocentes inmoladas violentamente en tu nombre... —dos oscuros vertieron sobre la pirámide un torrente de apestosa sangre mezclada de diversas especies y transformada en un caldo aceitoso multicolor, que salía de una manguera conectada a la nave. La sangre se derramó por el suelo nevado y comenzó a hacer brillar resplandecientemente la reliquia. —Y ante ti presentamos también el poder de la sangre de uno de los grandes enemigos de los poderosos Abismales; un valtárico. —Los mismos dos oscuros llevaron el maltrecho cuerpo de Lothar hasta estar sobre la Pirámide Verde para luego cortarle la mano derecha y verter su sangre sobre el místico objeto. Este dispersó un resplandor plateado y comenzó a flotar en el aire girando estrepitosamente. Las montañas nevadas comenzaron a resonar conforme el hielo en ellas se resquebrajaba y caía al suelo. Una serie de sonoras grietas comenzaron a formarse en el interior de los hielos provenientes desde casi el centro del planeta, hasta que empezaron a visualizarse en la superficie, justo para encontrarse en el centro del malévolo círculo. Unos nubarrones negros comenzaron a arremolinarse siniestramente sobre la pirámide. Pronto, peñascos enteros cayeron de las cumbres nevadas y las grietas se abrieron mostrando un espantoso abismo que dispersaba una tupida niebla verdosa.

El alarido estruendoso de un ser monstruoso comenzó a resonar conforme se acercaba a la superficie, hasta que de entre las frívolas entrañas brotó una garra horrorsa de tres dedos filosos y una piel leprosa y negra. La garra aferró el hielo superficial destrozándolo y permitió impulsar la salida del resto del cuerpo. Pronto, otra garra idéntica apareció, hasta que de entre el abismo helado surge un monstruo de cuatro metros de altura. Sus brazos y piernas terminaban en garras filosas de tres dedos. Su cuerpo era todo negro y leproso, con una serie de filosas púas que brotaban de su espina dorsal hasta llegar a la punta de una larga cola que se movía como látigo. Su rostro mostraba una colección de negros colmillos indistinguibles de los labios con cuatro ojos que dispersaban un resplandor rojo brillante.

—¡Estoy libre! —dijo con una voz siseante y gutural que provocaba escalofríos— ¡Libre al fin!

Curshok y los oscuros hicieron una pronunciada reverencia lanzándose al suelo en adoración al dios Y’lir Komuth.

—Poderoso Señor —le dijo Curshok— te presentamos a este despreciable guardián para que los despedaces y satisfagas de momento tus ansias de destrucción. Pero en este sistema encontrarás suficiente diversión como para saciar tu hambre de muerte. En Carixis podrás crear un nuevo océano de sangre y una nueva montaña de cráneos y convertirle en la sede de tu poderoso reino de muerte y violencia...

—¡Mmmmm! —se relamió Y’lir Komuth— será un desmembramiento muy satisfactorio. Muchas gracias mis discípulos...

Repentinamente una flotilla de naves afiliadas oscureció el cielo de Carixis 5 disparándole fuertes cañonazos fotónicos contra los oscuros y contra el propio Y’lir Komuth. Aunque los disparos fueron capaces de asesinar a varios oscuros, ninguno pareció causarle el menor resquemor a Y’lir Komuth.

Curshok dio la orden de contraatacar y los oscuros dispararon contra las naves. Sin embargo el fuego y el bombardeo fue capaz de provocarles graves bajas numéricas. Es entonces que un Y’lir Komuth enfurecido dio un salto y comenzó a trasladarse sobre el aire como si volara de manera innata.

—¿Esa cosa puede volar? —preguntó atónito Zílog al observarlo envestir las naves.

—Puede hacer lo que quiera —respondió Rupert— es un dios.

Y’lir Komuth comenzó a destruir las naves una a una golpeándolas con rayos eléctricos de color púrpura que expulsaba de sus garras, haciéndolas explotar de manera efectiva. No obstante, la distracción fue lo suficientemente adecuada como para que un pequeño grupo afiliado, conformado por Cheng, Arg y Kerozt, bajara al hielo y rescatara a Lothar.

—La Pirámide Verde —dijo señalando hacia una hendidura en el hielo donde reposaba la reliquia medio sumergida. —¡Tráiganla! —Cheng obedeció y tomó en sus manos la susodicha pirámide.

Lothar fue llevado dentro de la Sephirot y en cuanto entró, la nave que salió de Carixis 5 de inmediato.

—¡Retirada! —ordenó Lothar a todas las naves que no habían sido despedazadas por Y’lir Komuth.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Zílog. —¿Cómo detenemos a un monstruo de esa magnitud? Es capaz de destruir naves con sus propias manos.

—Los Abismales son de la misma naturaleza que los Primarios —respondió Rupert. —Fuerzas superevolucionadas, casi de energía pura.

—Señor —dijo Cheng leyendo una consola— la entidad se dirige a Carixis 3.

—Será una masacre —dijo Rupert estremeciéndose.

—No... si podemos evitarlo... —dijo Lothar entrando al Puente sorpresivamente.

Domo de Éxilon

Una de las acostumbradas contiendas entre mujeres esclavas se realizaba en el Domo de Éxilon. El amo que retaba a Serg era un xirgón gordinflón de aspecto malsano. La contienda había sido veloz; dos de las esclavas del retador gordo fueron derrotadas por la Zaraki, pero esta fue derrotada por una mujer con dorso de primate, piel clara y largos cabellos rubios, pero con cola de serpiente escamosa. La mujer—serpiente había logrado derrotar a la Zaraki y luego derrotó a Noshak, la guerrera xirgona. Serg había escogido a Jadi como su tercera y última opción.

En el corazón de Jadi se gestó un terrible terror ante la monstruosa criatura, pero estaba consciente de no tener otra opción. Jadi recibió tremendos azotes por parte de la cola látigo de la mujer—serpiente. Dichos azotes la lanzaron contra la pared del redondel. Cuando la serpiente le ató el cuello con su cola y comenzó a estrangularla, también la estrelló contra la dura arena del redondel.

Sin embargo Jadi no se rendiría tan fácilmente. Le lanzó arena a los ojos de la criatura híbrida cegándola momentáneamente. Se abalanzó contra ella aferrándola por el cuello e ignorando los golpeteos furiosos de su cola. Propinándole una llave keváltica que le detuvo el flujo de oxígeno al cerebro y la dejó inconsciente al poco tiempo.

La criatura cayó al suelo desmayada aunque contorsionándose aún al tiempo que Jadi jadeaba recuperándose por el esfuerzo terrible.

—¡Excelente, Jadi! —se regodeó complacido Serg— te has vuelto acreedora de tu premio esta noche...

La ira de Jadi comenzó a fluir de forma tormentosa y tórrida por sus venas. Inundó su corazón y llegó hasta lo más recóndito de su mente. El dolor, las torturas, las humillaciones llegaron a un nivel incontenible. De lo profundo de su masa cerebral surgió un poder psíquico inusual, reprimido y oculto que se gestó como un torrente de furia incalculable. Dicha emanación psíquica comenzó a superar la barrera que imponía a sus poderes el inhibidor. Sus ojos refulgieron de luz verdosa brillante. Sus cabellos flotaban por el aire como tentáculos, al tiempo que su cabeza se llenaba de venas inflamadas. Su cuerpo comenzó a flotar sobre la arena hasta alcanzar la altura del balcón de Serg al tiempo que el inhibidor psíquico en su collar esclavista hacía corto circuito y quedaba inservible. El collar mismo colapso cayendo al suelo en medio de chispazos.

Un Serg aterrorizado observó la figura enfurecida de la Jadi flotante y de ojos resplandecientes que se le aproximaba. Sus empleados huyeron así como el público.

—¡Por favor —suplicó Serg— no me mates!

El cuerpo de Serg fue levantado del piso del balcón por los poderes telequinéticos de Jadi. Su cuerpo se convulsionó a medida que Jadi le modificaba la mente a su gusto. Luego lo soltó para que cayera como un costal sobre el balcón. Tras esto, los collares esclavistas de sus compañeras fueron abiertos por los poderes de Jadi.

—Gracias Jadi —le decía la xirgona Noshak al día siguiente. Jadi estaba por tomar una nave fuera de la Zona Anárquica para regresar a Marte. —Nos salvaste a todas. Fuiste una bendición de los dioses. Ahora que todas somos libres podremos volver a nuestros mundos y comenzar nuevas vidas.

—No tienen nada que agradecer.

—Pero... quisiera preguntarte algo.

—¿Sí?

—¿Qué le hiciste a Serg?

—No lo maté, como lo merecía. Pero me aseguré de que no vuelva a lastimar a nadie.

Desde el momento en que Jadi le invadió su mente y hasta el último día de su vida, Serg quedó convertido en un loco balbuceante que vivió como indigente en las calles de Éxilon.

Carixis 3

En la ciudad más grande y poblada de todo el sistema Carixis, la ciudad de Astrópolis, sede del gobierno colonial afiliado, llegó Y’lir Komuth mostrándose como una horrible mancha en el cielo hasta aterrizar sobre una concurrida calle. Al contemplarlo, los transeúntes huyeron asustados. Y’lir Komuth destruyó por placer varios aeromóviles que pasaban matando a sus pasajeros. Comenzó a provocar estragos a placer contra edificios dispersando el pánico entre la población.

Tras esto, se complació asesinando personas inocentes de forma violenta. Estrellaba hombres y mujeres contra paredes de concreto. Empalaba personas o les quebraba la espalda con sus propias manos para luego beber su sangre. Era una fuerza destructiva de una maldad insondable.

—Rupert —le decía Lothar una vez aterrizaron— esta pirámide es capaz de despertar los poderes latentes de un mago y maximizarlos. Multiplica por mucho los poderes psíquicos. Lo único que tienes que hacer es mezclar tu sangre con la reliquia.

—¿Yo? ¿Por qué yo? ¿Por qué no tú? Eres un mago guardián de alto rango...

—No... estoy muy débil. Me mataría. No hay ningún mago cerca. Pero presiento en ti un poder escondido que está en lo profundo de tu ser.

—No...

—Rupert... el destino de Carixis. De la Galaxia, dependen de esto. Se valiente. No te mentiré, hay muy pocas probabilidades de que sobrevivas.

Rupert accedió. Zílog le alcanzó una navaja reglamentario del Ejército Afiliado y Rupert hirió su mano y manchó con su sangre la Pirámide Verde. Está disperso un nuevo resplandor que se extendió por la mano de Rupert y le invadió todo el cuerpo...

—Insignificantes sabandijas —insultaba Y’lir Komuth a medida que destruía y mataba todo a su paso. —No pueden esconderse. Ninguno de ustedes se aproxima a mis talones. Todos y cada uno de ustedes morirá hoy. Nadie puede detenerme. ¡Soy un dios...! —un disparo de energía blanca le golpeó el cuerpo estrellándolo contra un edificio cuya pared atravesó hasta pasar por la otra pared, luego otra y otra y otra, hasta que cuatro edificios fueron atravesados por su cuerpo deforme.

Un Y’lir Komuth enfurecido sobrevoló los aires tras este ataque inesperado.

—Nunca he creído mucho en los dioses... —dijo un Rupert Corrado con un aura dorada fosforescente alrededor de su cuerpo y generando una esfera de energía en su mano derecha. Rupert flotaba sobre los cielos de Carixis sin ninguna dificultad.

—¡TÚ! —dijo Y’lir Komuth con un odio irreprimible— ¿Cómo te atreves a retarme, maldito mortal? Haré que supliques por la muerte durante horas y horas de tortura...

—Cállate, dios de pacotilla —y le lanzó una nueva esfera de energía dorada que golpeó de tal forma a Y’lir Komuth que lo estrelló como un meteoro contra el pavimento de la calle, creando una estela de destrucción a su paso hasta retenerse en un enorme cráter humeante.

El Abismal surgió de entre las entrañas del cráter y contraatacó a Rupert lanzándole un rayo de electricidad púrpura. El cuerpo de Rupert se estremeció por el dolor y el impacto y cayó sobre un edificio atravesando su pared con estrépito. Es entonces que Rupert emerge del interior del edificio destruyendo el techo y lanza sobre Y’lir Komuth un nuevo azote que lo hace caer sobre las aguas del mar cercano a Astrópolis.

<> le dijo la voz de Lothar comunicándose telepáticamente. <>

Rupert elevó aún más su vibración hasta que su frecuencia lo convirtió en una forma de energía pura. Algo que jamás había siquiera imaginado sentir. Fluía por el Cosmos como una fuerza particular. Percibía las oscilaciones energéticas como si se trataran de sonidos. Ante esta nueva realidad de percepción Y’lir Komuth era un sonido estridente y discordante, que se aproximaba hacia el lastimándole con su sola presencia cercana.

Para Rupert (que la única forma que tenía de describir la sensación era en términos musicales) su propia vibración era un sutil vals de alta calidad. Cada nota a su alrededor correspondía a un flujo de energía particular. Así que luchó contra Y’lir Komuth como una canción melódica y sublime tratando de contrarrestar un sonido ensordecedor y cacofónico.

Pero para los pocos espectadores, Rupert Corrado era ahora una enorme luz dorada resplandeciente, e Y’lir Komuth era un espantoso torbellino de relámpagos púrpura. Ambas fuerzas chocaban entre si provocando que vientos huracanados se difundieran por el ambiente. El cielo se oscureció y las olas de mar se precipitaron.

Para los tripulantes de la Sephirot que observaban el evento desde el Puente, la escena era desalentadora. La luz dorada estaba siendo absorbida por los horripilantes rayos purpúreos. Y conforme esto ocurría se oscurecía aún más el ambiente. Conscientes como estaban de que el triunfo de Y’lir Komuth implicaba su muerte próxima, Zílog dijo:

—Fue un placer servir con ustedes, chicos. Me enorgullecieron siempre. Hagan la paz con sus deidades.

—Bendito Buda —dijo Cheng— que tu luz de sabiduría sea nuestra guía durante nuestro paso por el samsara.

—Antiguos dioses —dijo Kerozt levantando su garra de reptil derecha cerrada en un puño— su hijo va hacia ustedes. Recíbanme en el Salón de los Guerreros.

—Los kinoshanos somos ateos —dijo Arg— pero no temo a la muerte. He encontrado la paz con el Universo.

—Divina Pareja —comenzó a decir Zílog— ustedes que crearon el Universo con su amor, sean mi guía en el Otro Mundo y... ¡Un momento...! —dijo esperanzado.

—Quizás nos apresuramos —observó complacido Lothar vislumbrando una luz de esperanza cuando la energía dorada comenzó a prevalecer sobre el torbellino púrpura. El cielo se aclaró, la mar se calmó, los temblores cesaron y también las ventiscas. Al suelo cayó el cuerpo inconsciente de Y’lir Komuth agujereando el pavimento.

La energía dorada se tornó de nuevo en Rupert Corrado con aura, quien viajó hasta el pavimento cerca de donde el demoniaco ser cayó sucumbido.

—¿Có... cómo? —dijo agónicamente. —E... eres un... simple... mortal...

—Muere, patético monstruo. —Rupert golpeó el pecho de Y’lir Komuth con una esfera de energía dorada que contenía todo el poder que le pudo imbuir. Y’lir Komuth dispersó un alarido ensordecedor a medida que la energía dorada lo consumía hasta reducirlo a cenizas grotescas.

—¿Está muerto? —preguntó Cheng a Lothar.

—No lo sé. ¿Se le puede matar? Al menos de momento fue detenido. Si alguna parte de su consciencia mental ha sobrevivido, no podrá volver a molestarnos por un buen tiempo.

La energía dorada dejó a Rupert quien quedó inconsciente de inmediato.