XXXIV

Oficina de Rupert Corrado

—Es inusual que usted me visite, Senadora —le decía Rupert a Arsala. La vegana se encontraba en las sillas frente al escritorio de Rupert. A un lado de éste se encontraba Kriggs de pie y en otro extremo Zílog.

—Tengo algo importante que tratar con usted, Gobernador. Hace algunas semanas, el general Ushuk Lang y yo colaboramos para destruir un virus mortal desarrollado por el Escuadrón de la Muerte. A raíz de esto, el ex ministro Vishak Durg, líder de la Casa Durg, acusó a Ushuk de traición al Imperio en complicidad con los veganos.

—Algo que podría castigarse con la muerte —recalcó Rupert.

—Durg no tiene suficiente evidencias —destacó Arsala— pero el deshonor de la acusación per se puede destruir a la Casa Lang. Ushuk entonces se vio obligado a invocar un Torneo de la Muerte como forma de resolver el asunto.

—¿Torneo de la Muerte? —preguntó Zílog— pensé que era un deporte. Uno muy sangriento, pero un deporte al fin.

—En realidad —aclaró Kriggs— el Torneo Sangriento lo desarrollaron hace miles de años los xirgones cuando eran una civilización tribal como una forma de resolver los conflictos entre tribus. Conforme los xirgones se civilizaron más pasó a ser un simple deporte. Pero la Tradición Xirgona aún permite invocar al Torneo Sangriento como forma de resolver disputas legales.

—Básicamente —continuó Rupert— cada Casa escoge un representante. Ambos representantes luchan hasta la muerte. Cuando una Casa pierde, todas sus propiedades pasan a la Casa ganadora, y todos sus integrantes se convierten en esclavos. Pero, ¿por qué acude a mí, Senadora?

—Nadie dentro de la Casa Lang —prosiguió Arsala— es capaz de derrotar a Oshok Durg, un psicópata de dos metros que es campeón galáctico de Torneo Sangriento. No cabe duda de que Ushuk Lang es una de las voces más moderadas en el Imperio Xirgón. Si Lang muere en el Torneo Sangriento, y la Casa Lang deja de existir, será terrible para la estabilidad de la Galaxia.

—Tiene razón —concedió Rupert— probablemente le darían al ministro Durg todos los puestos de Ushuk, incluyendo el gobierno local de los territorios de Carixis y la representación xirgona ante el Concejo Galáctico. Un Durg en un puesto tan estratégico provocaría estragos terribles.

—Sólo usted puede ayudar a Ushuk Lang, Gobernador —sentenció Arsala. —Usted es amigo de Jadi Bashar, campeona del Torneo Sangriento. Ella podría ganarle a Oshok Durg.

—Jadi Bashar se encuentra desaparecida —explicó Zílog— y se unió hace poco a la guerrilla marciana anti—xirgona. Aún si pudiéramos localizarle, es muy dudoso que esté dispuesta a ayudar a un xirgón.

—De todas maneras —dijo Rupert— debemos encontrar la manera de ayudar a Ushuk. ¿Cuándo se realizará la contienda?

—Mañana, en los territorios xirgones de Carixis —respondió Arsala.

Domo de Éxilon

—De veras lo siento, Nirsala —le decía sarcástico Serg, en la tarde siguiente a su noche con la joven vegana. —Pero has perdido tres veces de forma consecutiva. De no ser porque estuviste en la terna que ganó Jadi, no habrías recibido el premio anoche. Pero las reglas, son las reglas.

—¡No por favor! —suplicaba la joven siendo arrastrada por los empleados de Serg.

—¡Serg! —le gritó Jadi— ¡No lo hagas! Es sólo una niña, por Dios.

—Tu dios no ordena aquí. Lo hago yo. Tráiganla, le sacaremos buen dinero porque está muy joven. Aunque ya no sea virgen.

Mientras los dos empleados arrastraban a la adolescente, Jadi se lanzó contra ellos en ayuda de su compañera. Serg accionó de inmediato el collar provocándole nuevos choques eléctricos convulsos que le azotaron todo el cuerpo. Los empleados golpearon a Jadi en el rostro y el estómago, hasta dejarla sangrando sobre el suelo, mientras desaparecían en una aerolimosina con la joven vegana rumbo al mercado de esclavos.

En algún lugar cerca de Carixis

La Sephirot al lado de toda una flota de 300 naves afiliadas luchaba una feroz batalla contra una flota de al menos 100 naves oscuras. A pesar de la diferencia numérica, los afiliados llevaban la peor parte.

—Daños en el 65% de la estructura, señor —le decía Cheng a Zílog dentro de un Puente repleto de humaredas, cables chispeantes, paneles desprendidos y cuatro oficiales muertos en el suelo.

—Hemos perdidos diez naves más —informó el reptilesco brakionés Kerozt, nuevo en la tropa.

Nuevos golpes asediaron la nave. Súbitamente, Zílog tuvo unas visiones extrañas y tenebrosas que le nublaron la mente. Se recordó cuando estaba prisionero por Zaraki durante la Segunda Guerra de Carixis hace diez años. Y como había sido torturado brutalmente por éstos. Comenzó a convulsionarse, a sudar frío y a emitir gemidos secos. Hasta que perdió totalmente el conocimiento sumergido en los traumáticos recuerdos...

Una bofetada en su cara le hizo recuperar la cordura. Al despertar de la pesadilla observó a Arg, el teniente insectoide que le había golpeado para que volviera en si.

—¿Qué... pasó? —preguntó Zílog aturdido.

—Repentinamente —respondió Arg— usted, señor, la mayor Cheng y el sargento Kerozt comenzaron a tener flashbacks hacia aparentes experiencias traumáticas de su pasado.

—Debe haber sido un ataque telepático enviado por los oscuros —dijo Cheng— hay poderosos psíquicos al servicio de los oscuros.

—¿Por qué no te afectó a ti, Arg? —preguntó Kerozt.

—Los kinoshanos no desarrollamos nunca poderes psíquicos, pero tampoco podemos ser sondeados telepáticamente. Es posible que se deba a que somos insectos.

Nuevas sacudidas violentas ante los bombardeos oscuros les recordó que estaban en medio de una feroz batalla.

—Señor —informó Cheng leyendo la consola— una flota xirgona está acudiendo en nuestro auxilio. Tienen un acorazado.

—Benditos sean los dioses —dijo Zílog.

La batalla terminó unos 20 minutos después. La legión oscura se retiró, pero de la flota afiliada y xirgona quedaban solo 15 naves en conjunto. Incluso el acorazado fue destruido.

—Esto nos demuestra la magnitud del Planeta Oscuro y sus legiones —comentó Zílog. Pueden herir tanto externa como internamente.

Ciudad Domo

Territorios xirgones en Carixis

Dá 26 del Mes 6 del Año 2103 D.A.

—Este Torneo Sangriento —decía el juez xirgón, de larga barba verde y largos cabellos rizados, sentado sobre un enorme podio al frente de una arena redonda rodeada por unas altas graderías repletas de público casi totalmente xirgón— entre la Casa Lang y la Casa Durg da comienzo. Ambas Casas deben seleccionar un representante. El representante que sea derrotado condenará a su Casa, pues todas las propiedades de ésta pasarán a ser de la Casa ganadora. Y todos los integrantes de la Casa perdedora serán esclavos de la Casa ganadora. ¿Quién ha seleccionado la Casa Durg?

—Mi sobrino, Oshok Durg —dijo el viejo y barbudo Vishak Durg, jefe de su Casa. Oshok era un gigante de más de dos metros, muy fornido y de mirada sadista.

—¿Quién ha seleccionado la Casa Lang?

—Ushuk, esposo mío —le dijo Sashak tomándolo del brazo. La otra esposa de Ushuk, Nishak, también muy hermosa aunque débil y petulante en comparación a Sashak, miraba expectante en un costado— escógeme a mí. Tú eres muy fuerte, y valiente, pero tu edad no te permitirá ganar...

—No, Sashak. —Dijo. —El seleccionado soy yo mismo —anunció Ushuk al juez.

—Que comience el Torneo —ordenó el juez y tanto Ushuk como su adversario removieron sus camisas hasta estar vestidos solo con un pantalón rojo.

—No lo mates —le dijo Durg a su sobrino pero con la intención de que lo escuchara Ushuk— quiero que viva para que sufra. Quiero humillarlo como mi esclavo. Quiero que contemple a sus esposas como mis esclavas sexuales. Y quiero que observe a su único hijo como mi sirviente personal.

En el medio de la arena, Ushuk confrontó violentamente a la mole gigantesca llamada Oshok Durg. A pesar de las excelsas capacidades de Ushuk y sus amplios conocimientos en Kevala y en defensa personal, la fuerza descomunal de Oshok le representaba una adversidad infranqueable. Oshok golpeó severamente el rostro de Ushuk varias veces. Le propinó varios golpes en el estómago, los costados y la espalda. Ushuk contraatacó con certeros golpes en el rostro del gigante, pero ninguno de sus puñetazos en el cuerpo musculoso le provocaron el menor daño al nefasto Durg.

La contienda se extendió por casi media hora, cuando Oshok tomó a Ushuk por una pierna y le azotó contra la pared al menos tres vece. Tras lo cual, estrelló a Ushuk contra el suelo, y procedió a patearle las costillas y la cara.

Finalmente, con Ushuk severamente golpeado en el suelo, exudando grandes cantidades de sangre azulada, Oshok se lanzó sobre él golpeándole el dorso con todo el peso de su robusto cuerpo.

Ushuk se encontraba consciente pero fuera de combate. Su cuerpo se convulsionaba a medida que su rostro empañaba la arena con borbotones de sangre que salían de su boca.

—Esta contienda ha sido ganada por la Casa Durg —sentenció el Juez. —Declaro que las pertenencias y propiedades de los Lang pasan a ser de los Durg, así como sus integrantes.

Los Durg celebraban alegremente y con sorna al tiempo que Ushuk sollozaba angustiosamente en el suelo. Sashak, estoicamente, se apresuró a ayudar a Ushuk para sacar su malherido cuerpo de la arena. Nishak lloraba desconsolada observando con ira a Ushuk.

—¡Eres un maldito fracasado! —le dijo Nishak— ¡maldigo el día en que me casé contigo!

—Su Señoría —dijo Rupert en valtárico, intentando llamar la atención del Juez. —O como llamen los xirgones a los jueces.

—¿Sí? ¿Qué sucede? —consultó el Juez respondiendo en valtárico.

—Quiero retar a la Casa Durg a un Torneo Sangriento —explicó Rupert.

—Eso es imposible —desestimó Vishak Durg— es un humano. Un afiliado.

—Ninguna parte de la Tradición dice que sólo los xirgones pueden utilizar el Torneo Sangriento como forma de resolver conflictos. Yo también tengo derecho.

—Es verdad —concedió el Juez. —Él tiene derecho. ¿Cuál es su nombre?

—Rupert Corrado.

—Pues bien, la Casa Corrado está retando a la Casa Durg. ¿A quien elige como su representante?

—Elijo a Kriggs —dijo señalando a la hermosa mujer soth a su lado. —Es mi pareja.

—¿A quien elige la Casa Durg?

—Al mismo, a Oshok.

—Bien, pero antes de comenzar, ¿está consciente, Rupert Corrado, que de perder esta contienda usted y sus familiares serán esclavos de los Durg, y que sus propiedades pasarán...?

—A ser de ellos, sí lo sé.

—Que comience la contienda.

—Mátala —le ordenó Durg a su sobrino.

Kriggs removió su chaqueta quedando cubierta solo por una camiseta sin mangas para proceder al combate. Sofisticadamente entrenada desde niña en Kevala, y gracias a sus naturales características felinas, Kriggs pronto probó ser buen rival para el monumental Oshok. Esquivó sus golpes con soltura, arañó su dorso y su rostro. Saltó de tal manera que pudo propinar severas patadas en el rostro al xirgón sin caer en sus manos.

Sin embargo, no quedó exenta del dolor. Oshok fue capaz de aferrarla en un determinado momento. Le oprimió el cuerpo con todas sus fuerzas en un abrazo fatal para quebrarle la columna. Hasta que Kriggs le quebró la nariz con un golpe de su propia cabeza. Un Oshok enfurecido logró propinar serios golpes al estómago y rostro de Kriggs, sacándole la sangre verde. Tras esto, Kriggs lo pateó en los testículos, le pateó la mandíbula con un golpe particularmente elevado de Kevala, y terminó despachándolo con una llave que le hizo caer al suelo.

Oshok no pudo levantarse más, a pesar de las órdenes insultantes y desaforadas que le llovían de un Durg desesperado.

—Suficiente —sentenció el Juez— este Torneo Sangriento lo ha ganado la Casa Corrado. Todas las propiedades de los Durg, así como los propios Durg, son ahora propiedad del jefe de la Casa Corrado, Rupert Corrado.

—Su Señoría —dijo Rupert— deseo liberar a Ushuk Lang y a todos los integrantes de su familia para que no sean esclavos.

—Puede hacerlo —explicó el Juez— ya que hace unos minutos los Lang se convirtieron en esclavos de los Durg y ahora pasaron a ser automáticamente sus esclavos.

—Y quiero nombrar a Ushuk Lang como el administrador de todas las propiedades de la Casa Corrado en el Imperio Xirgón.

—Puede hacerlo, especialmente porque ahora se ha hecho usted acreedor a las propiedades en conjunto de los Lang y los Durg, lo cual es mucho territorio. Felicidades, Señor Corrado.

—Ah, y le devuelvo a los Lang todas sus tierras.

—Puede hacerlo también. Si no hay más de que hablar, se cierra esta interesante sesión.

—No... se cómo... agradecérselo, Gobernador —dijo Ushuk con la boca sangrante y sostenido por Sashak. —Le debemos todo...

—No me agradezca nada, Ushuk —aclaró Rupert— es usted una buena persona y merecía nuestra ayuda.

—Si yo luché en la arena —reclamó Kriggs— ¿cómo es que no soy yo la acreedora a las propiedades?

—Porque en la sociedad xirgona las mujeres no pueden ser propietarias de tierras, Kriggs, lo siento —excusó Rupert. —Se requería un hombre para que el procedimiento fuera válido. En todo caso, Ushuk, jamás he estado de acuerdo con la esclavitud, pero en cuanto a los Durg haré una excepción. Ahora que serás el administrador de mis tierras, te tocará también administrar a los esclavos Durg.

—Y... lo haré... con gusto... Gracias de nuevo...

—Estamos en deuda con usted, Gobernador —le dijo Sashak. —Tendrá la lealtad de nuestra Casa por siempre.

<> dijo súbitamente una voz ecosa en la cabeza de Rupert.

—¿Qué? —preguntó extrañado tocándose la cabeza ante la mirada extrañada de sus interlocutores.

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<> respondió Rupert con su pensamiento. <>

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<<¿Te encuentras bien>>

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