Capitulo VIII: Celiviel. El secreto de Portos.
Es el segundo día en el camino, apenas Guren y Luthy parten decides que necesitas saber un poco más sobre Max, a fin de cuentas si va a viajar por todo un año con ustedes no puedes pasar los próximos meses en silencio absoluto día tras día.
— Dime algo Max —Comentas buscando conversación— ¿Has estado en muchas partes?
Max camina sin voltear a verte, pareciera casi como si no fuera a contestarte por un instante pero al final lo hace.
— He viajado por varios años, conozco la mayor parte de la región este y sur este de Milnaroth, las Montañas de Rash, las aldeas del Yosariam y el desierto de Akoram. Y he tratado con personas de toda clase.
— ¿Dirías que tienes favoritos?
— Los nobles humanos —dice volteando a verte, hay algo malicioso en su sonrisa— especialmente esos que buscan mezclarse con los campesinos.
Hay un instante de silencio, se ha detenido y tú igual, no rompes el contacto visual con él, por muy inquietantes que te resulten sus ojos amarillos.
— ¿Puedes ver a través del conjuro? —preguntas preocupada.
— No es tu culpa, tengo años de entrenamiento y tu lenguaje te delata, la mayoría de las campesinas no pronuncian tan bien ciertas letras.
— Llevo cinco años fingiendo ser una campesina frente a toda la torre, hubiera pensado que ya lo tenía dominado.
— Oh, es una excelente imitación, culpa a mi paranoia —esos ojos dorados parecen brillar con algo de luz propia.
— Pues supongo que no tiene sentido que te lo oculte entonces, prométeme por tu magia que no le dirás a nadie y te revelaré mi identidad.
— No tengo intenciones de revelar tu identidad, tampoco quiero conocerla, eres amiga de la Hechicera Mayor, no quisiera enemistarme contigo —solo hasta este momento le ves dudar, sus ojos voltean a mirar a su izquierda como si alguien a su lado hubiera llamado su atención.
Volteas rápidamente en aquella dirección esperando un ataque o un engaño y puesto que no ves a nadie cerca asumes lo segundo y regresas tu mirada al magi, pero algo ha cambiado: sus ojos ya no son dorados como los de un gato, en cambio sus iris son rojos color sangre.
— No perdamos más tiempo acá —dice sonriendo, si antes el gesto te parecía malicioso, ahora te hiela la sangre, su voz también ha cambiado, pasando de una voz serena aunque aguda a un tono mucho más gruesa y baritonal— aún tenemos que caminar todo el día para alcanzar al lagartijo y la elfa.
— Eres realmente un misterio Max —dices aun dudando si puedes confiar en este ser.
— ¿Acaso hay algo que desees saber?
— ¿Cómo alguien puede estar tan serio un momento y tan alegre al siguiente? —preguntas tentativamente.
— Permíteme mostrarte.
Max camina hacia ti y extiende sus dedos para tomarte de la mano, tu mente te grita que no lo permitas pero tu cuerpo no responde al ver esos ojos color sangre acercarse.
Toca tu mano con sus dedos y en seguida el mundo se vuelve oscuro a tu alrededor. Estás segura que estás reviviendo alguna de sus memorias. Tus ojos se acostumbran rápidamente a las sensaciones de este lugar, hace calor, es de noche pero hay fuego a tus espaldas, sientes el suelo frío y seco contra tu rostro, buscas arrastrarte para alejarte del calor pero vez que a tu brazo le falta una mano, alguien se detiene frente a ti, un niño, cabello negro, piel pálida y ojos rojos como sangre.
— Procura pedir perdón en la otra vida —Aquella voz no corresponde con la voz de tan joven cuerpo, es la voz de un hombre adulto, intentas levantarte pero así como las manos no tienes pies, el dolor de tus miembros cercenados te desgarra el cuerpo en este momento.
El niño con aquella mirada de sangre levanta su mano y esta se envuelve en fuego negro.
— Dime Belieth —dice acercándose a tu rostro— ¿le temes a la muerte?
Su mano y aquel fuego que no emite luz alguna se acercan lentamente a tu rostro, puedes sentir como tu piel comienza a arder…
Y de pronto vuelves a aquel camino en medio de la pradera, puedes ver a Max en el suelo con la mejilla enrojecida, Daphiel se encuentra entre ustedes y puedes ver como flexiona una y otra vez el puño derecho, sus nudillos están levemente enrojecidos, tus mejillas en cambio están húmedas y te duele la garganta.
Alzas la mano y convocas la señal, un ave de fuego, poco antes de caer al piso, tu cuerpo entero agotado por la experiencia.
Guren y Luthy no tardan en llegar volando por los aires.
— ¿Qué sucedió aquí? —pregunta tu amiga, aun te sientes cansada para responder.
— No sé lo que tu nuevo amigo hizo, —contesta Daphiel— pero Qiedia comenzó a llorar y gritar, así que lo golpeé.
Luthy te observa y observa a Max, quien se encuentra aún sentado en el piso evitando las miradas de todos. La elfa camina hasta él y le extiende la mano, él duda pero eventualmente la toma, ella lo arrastra como a un niño regañado lejos del grupo y puedes verlos discutir, desvias la mirada cuando te das cuenta que Guren se ha parado junto a ti.
— ¿Te encuentras bien? —pregunta el dragón.
— Creo… creo que sí, aunque eso me ha cansado más que ninguna visión.
— Si necesitas agua o algo dímelo, estaré pendiente.
El gesto amable te toma por sorpresa pero asientes en agradecimiento.
Unos minutos más tarde Luthy regresa y se sienta a tu lado.
— Hablé con él, va a intentar mantenerse bajo control de aquí en adelante, pero de igual forma Guren y yo viajaremos con ustedes de ahora en más.
— Lo siento —susurras.
— No tienes que hacerlo —dice llevando su mano al puente de su nariz—, no eres quien hizo algo malo.
El resto del día, los cinco viajan en relativo silencio, aunque Daphiel y Luthy conversan cada tanto tiempo sobre algunas trivialidades y Guren cada tanto se aleja del grupo, para recolectar algunas frutas en la zona.
La llegada de la noche no parece aliviar la tensión, Max se dedica a leer un tomo que al parecer ha sacado de la torre y lo vez colocar su mano en la tierra cada tanto, aunque si está intentando algo no parece lograrlo.
Al día siguiente, luego de un par de horas de viaje, logran divisar el río Yosariam. Sabes que el río proviene del Lago Mirwundur, y sus aguas poseen capacidades curativas y energizantes, el reino ha usado el río para fijar sus ciudades principales desde hace más de mil años, pues sus aguas permiten a un viajero caminar sin necesidad de descansar o comer durante horas. De tal modo que los viajeros solo necesitan el río para sustentarse y pueden atravesar largas distancias solamente consumiendo de sus aguas.
Desde allí el viaje se hace más rápido y sencillo, el equipaje, por ligero que ya era, se siente más liviano y los pies molestan menos mientras caminas.
— Y pensar que esta agua probablemente tiene tanto poder por venir de la ciudad de las ninfas —comenta Luthy con asco mientras caminan.
— Un reloj dañado da la hora correcta dos veces al día —te limitas a responder con una ligera sonrisa.
Esa noche ya han alcanzado el límite del bosque tal como habían planificado.
—Deberíamos seguir avanzando un poco más —sugiere Daphiel— podemos dormir más adentro del bosque, tomar guardias, ahora que hemos alcanzado una vegetación más espesa podemos ocultarnos mejor entre las plantas.
Luthy y Guren asienten y abren la marcha, puesto que ambos pueden ver en la oscuridad con la misma facilidad que si fuese de día. Daphiel mantiene a Max apartado de ti.
Avanzan un par de horas, o eso les dice Luthy luego de un tiempo, y montan un campamento discreto, con un conjuro creas una fogata cuya luz no pueda ser percibida desde lejos y Guren junto con Daph se ofrecen para hacer las guardias de la noche.
Max continua leyendo su tomo y colocando su mano sobre el piso, pero esta vez algo sucede, puedes ver una pequeña planta romper la superficie de la tierra.
— Ya —dice Luthy— Herbomancia ¿era eso lo que intentabas?
— Es un estilo de magia poco convencional, redirigir la energía de la tierra hacia los rastros de una semilla que pudiera estar o no estar en la tierra, revivir una planta que hubiese muerto siglos atrás ¿no crees que es fascinante?
Max sonríe y por primera vez, en mucho tiempo, no lo ves como un monstruo, parece humano, y casi resulta amigable.
Max y Guren voltean de pronto, observando al fondo del bosque hacia el sur. Guren extiende su brazo y de debajo de su manga produce la empuñadura de una espada, que en breve suelta una llamarada solida formando una espada de llamas.
Max coloca una mano en el suelo y susurra unas palabras que no logras entender.
— Hay tres individuos acercándose, al parecer siguen nuestras huellas desde hace algunas horas —susurra el mago de la túnica negra, apenas audible para ustedes.
— ¿Dirección? —pregunta Guren, Luthy se acerca a Daphiel y ambos se colocan a tu lado, las tres espaldas protegiéndose.
— Dos por el sur, uno está buscando dar la vuelta alrededor del campamento, pretende acercarse por el oeste o por el norte, seguramente desean atacarnos por ambos flancos.
—Déjame al solitario —le contesta el dragón—, le daré una divertida sorpresa
—Hechicera Mayor, espere aquí y en breve me encargaré de estos sujetos.
Max y Guren comienzan a avanzar en direcciones opuestas con mucho sigilo. El silencio en el bosque es absoluto, parece que nada se mueve.
Un grito desgarrador atraviesa el aire desde el norte.
— ¡Nos descubrieron, huye! —se oye otras voz al sur antes de que el sonido de dos enormes piedras colisionando una con otra llega desde el extremo sur, casi como un trueno.
Luego silencio un par de segundos y tanto Max como Guren vuelven caminando, el dragón lleva a cuestas el cuerpo de un individuo atravesado en el estómago por su espada de llamas, lo arroja a un lado de la fogata, puedes ver claramente sus rasgos, similares a los de un elfo, aunque menos marcados, sus orejas son menos puntiagudas y su rostro es menos delgado, tratas de no fijarte en la mueca de dolor de su expresión
— Un híbrido —dice Luthy examinándolo— mitad elfo, mitad hombre.
— Seguramente era un esclavista —contesta Daphiel.
— Considerando que su estirpe es la más afectada —añade Max— es un absurdo que sean también el brazo fuerte del negocio.
— Carne de cañón —indica Guren— porque son muchos los esclavos híbridos, es normal que sean entrenados y usados para estas tareas, el tiempo de gestación de un humano es de 9 meses pero el de un elfo es de año y medio, los híbridos nacen a los nueve meses si la madre es humana.
— ¡Los crían como perros de caza! —dice Luthy espantada llevándose las manos a la boca, algo de nauseas se ve en su rostro.
— Bueno, estos ya no serán un problema —concluye Max moviendo una mano y con un conjuro el cadáver empieza a hundirse bajo la tierra.
— Al menos sabemos que túnica negra es bueno para magia de combate —comenta Guren.
— Tampoco te quedas atrás lagarto —contesta el aludido— y tú para que sirves —le pregunta a Daphiel.
— Sanación —le contesta de forma seca.
— Eso puede llegar a ser útil, eventualmente —dice Max sonriendo con sorna.
Daphiel no le contesta, Luthy suelta un suspiro y poco a poco el grupo se prepara para dormir, ya pretendes acostarte cuando Max se te acerca, haciendo en consecuencia que Guren y Daph también se aproximen a ustedes.
— Qiedia, deseo pedirte perdón por lo que sucedió ayer —su mirada es seria, pero no tiene la malicia de antes— no puedo explicar con palabras lo que sucedió, pero podría mostrarte si me lo permites y prometo no herirte en esta ocasión.
Extiende su mano hacia ti y puedes ver algo que no reconoces del todo en sus ojos dorados… ¿Vergüenza? ¿Arrepentimiento? Es difícil decirlo, pero asientes lentamente y extiendes tu mano para tocar la suya.
Esta vez estás consciente de encontrarte en una visión, no en el cuerpo de alguien, solo vez una cabaña pequeña, una sala que da a tres puertas, habitaciones seguramente, un solo piso. En una de las puertas escuchas el crepitar de las brasas, una cocina seguramente, y el sonido rítmico de algo o alguien cortando… ¿vegetales quizás?
Puedes ver un leve rastro rojizo que sale de la puerta de la cocina hasta un rincón de la sala, allí, donde antes no te habías fijado, hay una figura sentada contra un rincón, un pequeño niño, de piel palida y cabello negro, abrazado a sus rodillas solloza sobre un pequeño charco de una sustancia que mancha su ropa: sangre, sin duda.
— No entiendo —susurra el que, asumes, es un pequeño Max, pero puedes oírlo tan claramente como si estuvieras sentada a su lado— ¿qué hice mal? Fue un accidente…
— Ella te odia —dice una voz que has escuchado antes, es la misma que venía del humano, esta voz parece no venir de ninguna parte y de todos lados al mismo tiempo—, solo desea hacerte daño. Pero yo puedo cuidarte, yo puedo protegerte.
— ¿Quién eres tú? —susurra el niño mirando a los lados.
— Puedes llamarme Portos…
La escena cambia y ahora estas en medio de un bosque o una montaña, llueve y escuchas pasos que corren, vez al pequeño Max corriendo entre la lluvia, su ropa sucia y húmeda, llena de sangre y ceniza.
El niño tropieza y cae de lleno en el barro, sin levantarse empieza a sollozar.
— ¿¡Por qué la mataste!? —Grita— ¡Ahora no podremos volver!
“Nos hubiera matado si no hubiera actuado” contesta la voz de Portos “¿es lo que deseabas?”
— No… pero… yo… yo solo…
No te das cuenta en que momento una figura vestida en una túnica verde se encuentra frente a Max, infieres que él tampoco se dio cuenta en ese momento y por eso la memoria parece tener una falla.
— ¿Te encuentras bien pequeño? —pregunta este hombre, es bastante anciano y su barba y cabello son largos y blancos, pero a pesar de ello tiene un cuerpo firme y una voz grave y serena.
— Yo… no sé que hacer —le contesta el pequeño Max
“Alejate de él, es peligroso…”
— Creo que tu amigo necesita descansar un poco —dice el hombre moviendo una mano y la voz de Portos se silencia—. Mi nombre es Athos, déjame ayudarte.
Mientras el hombre ayuda a Max a levantarse la imagen se vuelve borrosa nuevamente y ahora estás en un espacio completamente oscuro, solo tú y Max.
— Ese era mi maestro —explica Max— y ese es mi problema: Portos.
— Él fue quien me ataco —era una pregunta pero al decirlo no te queda duda, el humano frente a ti asiente— ¿Qué es?
— No lo sé, comparte este cuerpo conmigo y a veces pierdo el conocimiento cuando él toma control. Athos me entrenó en la magia y me dijo que si encontraba la Torre del Oráculo podría deshacerme de él.
— Y por eso viajas con nosotros —concluyes—, porque Luthy pudiera ayudarte.
— Ya sabe de tu existencia y sabe que conoces sobre él, pero no conoce mi plan, no debes permitir que lo averigüe, te confío esta información como lo hice con Luthy, en retribución por haberte herido, pero no creo poder hacerlo con sus acompañantes, ¿puedo confiar en ti?
Asientes en silencio y el mundo a tu alrededor vuelve a la normalidad, Guren y Daphiel te observan nerviosos, volteas y les sonríes.
Todo está bien.