Capítulo IX: Max, magia de altura.
Han pasado aproximadamente tres días desde que hiciste las paces con Qiedia, el ambiente ha mejorado considerablemente en el grupo, de modo que a pesar de la inconformidad de Portos, consideras que la sumatoria de las ganancias es positiva.
-Nos estamos acercando a las primeras aldeas de elfos –indica Luthy mientras caminan.
-¿En serio? Porque todo se ve más o menos igual –comenta el lagartijo.
-Nuestras casas están construidas dentro de los mismos árboles –explica la elfa-, la magia nativa de nuestra gente, en la infancia nos vinculamos con un árbol y mientras crecemos este también lo hace, crece hacia arriba y crece por dentro para acomodar nuestra vivienda.
-Interesante –susurras.
Siguen caminando durante aproximadamente una hora, el bosque es frío y seco y ya hace rato no hay caminos manufacturados, solo el terreno natural por donde es evidente que transitan los viajeros.
A lo lejos se ven un par de figuras que caminan en la dirección opuesta a tu grupo, conforme se acercan puedes detallar las facciones de dos elfos, hombres, cargan sendas cestas tejidas de fibra vegetal, y conversan amenamente sonriéndose el uno al otro. Al pasar por el lado y ver a Luthy asienten y murmuran un leve “Bonjour” pero es toda la interacción que tienen con ustedes.
-Llegamos –dice Luthy en medio del bosque- a partir de aquí estamos en la ciudad élfica de Sullié, podemos quedarnos aquí a pasar el día y reabastecernos, tienen frutas frescas y buenas hortalizas.
-¿Invertiremos un día que podríamos estar viajando en comprar verduras? –pregunta Guren, el lagartijo amargado.
-Faltan cuatro días para llegar a la Ciudad Capital de Oriell, realmente no hay prisa –le contesta Luthy-, además necesito descansar de tantas emociones.
-Si así lo pide la Hechicera Mayor –contesta Daphiel- entonces aquí nos quedamos.
Luthy los guía por entre el bosque hasta un árbol cuyas ramas forman una escalera espiral alrededor de su tronco.
-Con cuidado –susurra mientras empieza a subir rama a rama.
Al llegar a la punta encuentran un espacio hueco en la corteza del tronco por donde entra la luz y puede verse un escritorio donde un gnomo se encuentra sentado leyendo algún libro. El individuo no mide más de un metro y veinte, tiene un bigote delgado y carece de cejas.
-Bonjour –pronuncia en élfico con una voz extremadamente aguda, al levantar la mirada repara en tu grupo y puedes ver como su mente trabaja mientras cambia a hablar la lengua Almarëa- Buenos días, ¿necesitan hospedaje?
-Eso y algunas indicaciones de dónde pudiéramos reabastecernos –replica Qiedia.
-Por supuesto, ¿viajan con algún destino específico?
-Nos dirigimos a Oriell –dice Luthy.
-¡Ah! Van a la capital, conozco un buen sitio para comprar algunas raciones para viaje de tres o cuatro días, tenemos un excelente panadero en el pueblo, los mejores pasteles de mermelada de fruta que hayan comido, se conservan frescos por días.
-Excelente, ¿cuánto sería las habitaciones? –pregunta la elfa.
-Solo tenemos habitaciones para una o dos personas, a seis rosas rojas la noche.
Daphiel extrae de su morral una bolsa de cuero y empieza a contar las monedas de bronce y plata que lleva en esta.
-¿Les parece bien dos habitaciones de pareja y una individual para Max? –pregunta el novatillo.
Todos asienten y pagan al gnomo una moneda de plata y algunas monedas de cobre, todas adornadas con el altorrelieve de una rosa en la cara superior, sello inequívoco de la moneda oficial de la corona.
Escuchas a Luthy y Guren hablando de ir de compras al sitio indicado por el gnomo, tú decides irte a tu habitación, necesitas un tiempo a solas.
Al llegar observas la recámara, un agujero escasamente iluminado por algunos agujeros de las paredes que deja entrar la luz, una cama de hojas y petalos de flores encima de lo que, estás seguro, debe ser algún tipo de pasto, es el único mueble de la habitación. La cama resulta mucho más cómoda de lo que hubieras esperado, pero no te acuestas: tomas posición de meditación con tus piernas cruzadas, espalda recta, mentón arriba, manos sobre las rodillas y cierras los ojos.
“Inhala” Susurra la voz de Portos, “exhala, inhala nuevamente y ahora concentra tu energía bajo tu cuerpo.”
Claro que el ejercicio es simplemente una rutina, haz hecho esto tantas veces que realmente no necesitas las instrucciones, pero Portos es, por sobre todo, una criatura rutinaria y darte estas pautas lo mantiene enfocado.
Respiras y sientes como poco a poco tu cuerpo se separa de la cama, al principio meciéndote un poco mientras equilibras tu cuerpo con las ráfagas de aire que necesitas mover para generar la levitación.
Capa tras capa de discos de aire vas levantando tu cuerpo y sientes la brisa revolotear en la habitación.
Algo suena, te toma unos segundos identificar que alguien ha abierto la puerta de la habitación, no pierdes la concentración en el conjuro, pero abres los ojos para ver a Qiedia en la puerta, sus ojos como dos platos abiertos de par en par.
-¿Se te ofrece algo? –preguntas manteniendo el ritmo respiratorio.
-Pues… venía a decirte que los otros han ido a buscar las provisiones.
-Prometo pagar mi parte cuando vuelvan.
-¿Eso es un hechizo de levitación?
-No, es que la cama me resulta incómoda y he decidido dormir en el techo.
-Deberías enseñarme a hacer eso
“Esta mujer no entiende el sarcasmo, ¿cierto?”
-No tengo el tiempo ni la paciencia, para tomarte de aprendiz.
-No te digo que seas mi maestro, solo quiero aprender ese hechizo, se ve divertido.
-La magia no es para ser divertida, princesa.
La humana evidentemente se molesta ante el uso de esa última palabra, pero sigue de pie en la puerta.
-Como yo lo veo, Max, tienes dos opciones –te contesta en tono desafiante- enseñarme a hacer esto o aguantar mi molestia durante todo el resto del viaje, porque puede que mis padres no sepan lo insistente que puedo llegar a ser pero te aseguro que tú no quieres averiguarlo.
No puedes evitar enarcar una ceja al oír la respuesta de la chica.
“Tienes que admitir que tiene más fuerza de carácter que muchos guerreros”
“¿De qué lado estás tú?”
“Del lado que más me divierta, claro está”
Sostienes la mirada con la muchacha unos instantes más y finalmente suspiras.
-¿Y prometes no pedirme más lecciones luego?
-Palabra de noble.
-Para lo que eso valga –susurras-. Bien, pero no aquí, necesitas un sitio más abierto para controlar adecuadamente el aire.
Sales con ella y bajan a tierra, lo último que necesitan es que la hija de quien sabe que noble se caiga de la copa de un árbol porque quería aprender a volar.
Las próximas dos horas transcurren en ejercicios básicos de relajación que ella es incapaz de dominar.
-¿Estás seguro que no hay otra forma? –pregunta por quincuagésima vez.
-Sí –respondes igual de seco que todas las veces anteriores.
-Tiene que haber otra forma.
-Si pudieras hacer silencio por dos segundos consecutivos seguramente ya habrías avanzado, este es uno de los conjuros más delicados de magia de aire que puedes aprender, necesitas concentrarte en cada centímetro que colocas entre tu cuerpo y el piso, solo los más poderosos magi han conseguido el control suficiente para alzar vuelo, cual ave.
-Y estás seguro que…
-Sí, estoy seguro que todos lo hicieron de esta forma –dices empezando a perder la paciencia.
-Quizás si en lugar de concentrarme aplico más potencia puedo…
-¡Espera! –gritas volteando a verla mientras sale despedida un par de metros arriba y luego cae completamente encima de ti, golpeando tu frente con un codo en el proceso.
El dolor es indescriptible, tu visión se nubla aunque no llegas a perder el conocimiento. Te encuentras acostado en el piso y la humana yace perpendicularmente sobre tu cuerpo quitándote el aliento. Si alguien piensa que esto pudiera ser romántico, no lo es. Como puedes llevas tu mano izquierda al sitio del impacto y conforme tratas de enfocar la vista constatas para tu tranquilidad que no estás sangrando, aunque el contacto mismo te devuelve una punzada de dolor, dudas que sea grave.
-¡Lo siento! –dice ella tratando de retirarse de encima, pero debe estar igualmente adolorida por el impacto porque apenas logra rodar un poco, lo cual quita el peso de tu pecho y te permite tomar una bocanada de aire que retienes unos instantes privado por el dolor y que sale en forma de un suave quejido y algo de tos- No pensé que fuese a tener ese efecto.
-No me digas –susurras mientras empiezas a buscar quitarte su peso de encima para poder incorporarte. Ella intenta lo mismo y como puede termina de quitarse de encima tuyo y tú logras sentarte.
“Esto voy a recordarlo por un buen tiempo” se burla Portos
Respiras profundo y abres los ojos, la luz te incomoda y el mundo da suaves vueltas pero aparte de eso estás seguro que vivirás para contarlo.
-No más lecciones –dices finalmente.
-Espera, no puedes dejarlo así, ¿un accidente y ya?
-Escucha, Qiedia –le contestas- las fórmulas mágicas han sido estudiadas y probadas por Magi en todas partes del reino por generaciones, cualquier pregunta que puedas hacerte sobre cómo tomar atajos, alguien más ya la hizo y descubrió que no funcionaba. Ya tienes la base, si quieres, práctica por tu cuenta, si haces desastres como este prefiero no estar en el área de peligro.
Intentas ponerte de pie pero te fallan las piernas y el mundo rápidamente se voltea antes de darte cuenta que no es la tierra la que se volteó sino tu rostro el que tocó el piso.
“Diantres” piensas mientras ahora si pierdes el conocimiento.
Para el momento que recuperas el conocimiento estás en la habitación, tienes una tela de algún tipo humedecida sobre tu cabeza y Qiedia está sentada a tu lado.
-¿Cuánto tiempo estuve fuera? –preguntas
-Solo unos minutos –contesta la humana- en serio lo lamento.
Puedes ver claramente el remordimiento en sus ojos, estás por reclamarle nuevamente pero la imagen de sus ojos rojos de llanto a la orilla del camino regresa a tu mente y no logras conjurar la fuerza para hacerlo.
-No importa –terminas por decir- fue un accidente.
-¿Seguro?
-Sí, solo procura no golpearme así otra vez. No soy particularmente fuerte en lo que a mi cuerpo se refiere.
-Me doy cuenta, en la torre recibí golpes peores que ese al menos una vez cada tres o cuatro meses y apenas una vez me desmayé.
Apenas giras tus ojos para verla porque voltear todo tu rostro es algo que supones te costará caro.
-Eso puede explicar muchas cosas.
Ella hace el amague de contestar, pero luego parece darse cuenta que no tiene argumentos y termina por enfurruñar el rostro y cruzarse de brazos. El gesto infantil logra sacarte una risa que es seguida de tos y dolor en el pecho.
-Lo siento –dice ella poniéndose de pie, posiblemente para revisar que estés bien.
-Tranquila, no creo tener ninguna herida, solo… ya sabes, algo de dolor remanente.
-Convenceré a Daphiel para que te sane cuando vuelva.
-No creo que el novatillo desee ayudarme.
-Quizás ayudaría que no le llames así.
-Es lo que es y tiene que asumirlo si desea mejorar sus habilidades.
-Es grosero de tu parte… pero que yo te reclame no va a cambiar nada, supongo. Te dejo para que descanses.
Se levanta y se retira, tomas aire y buscas con tu mano el trapo húmedo con el cual tocas el sitio de tu frente donde ya claramente empiezas a notar el abultamiento de un hematoma.
“Esa mujer te va a traer problemas”
Ignoras a Portos y simplemente te tratas de relajar para volver a dormir.