Capitulo VII: Luthy, un comienzo accidentado

La cabeza te duele a la mañana siguiente, recuerdas con claridad todo lo que sucediera la noche anterior: el discurso, la aparición de Max, el baile, el remolino…

Tras llevar a Max a una habitación dónde dejarlo descansando recuperó la consciencia y te pidió que le permitieras viajar con ustedes.

— La presencia que observaste no era yo —te explicó en ese momento— su nombre es Portos, sobre quién o qué es, casi no tengo información, pero Athos me indicó que aquí encontraría la solución para deshacerme de él de una vez por todas. Tengo el presentimiento de que esa respuesta está ligada a ti, por su reacción parece que le incomoda tu presencia.

En aquel momento te dio mucha pena y dolor decirle que no, pero ahora que ha llegado la mañana y luego de encontrarte con Daphiel de vuelta en la fiesta ya no estás tan segura.

— ¿Despertaste? —pregunta Celiviel a tu lado, Qiedia, debes acostumbrarte a pensar en ella como Qiedia por su bien.

— Sí —contestas en seco

— ¿Quieres hablar de lo de anoche?

— ¿Qué de anoche? Pasaron muchas cosas.

— Bueno, estabas a punto de besar a Daphiel, luego regresaste e hiciste ese espectáculo con un completo desconocido y luego saliste a buscarlo cuando corrió fuera del salón.

— Es… complicado…

— Pues Daphiel se veía simplemente molesto.

— Daphiel es un niño grande que puede bailar con cuantas ninfas quiera.

— ¿Todo esto porqué bailó con Nyodena?

— Es complicado, las ninfas y los elfos no nos llevamos bien y ella solo lo busca para molestarme.

— Pero Luthy, contestarle con la misma no va a ayudarte con Daphiel, ponerlo celoso no es la solución.

— No creo que pueda resolver lo de Daphiel…

— ¿Qué hiciste?

— Max viene con nosotros en nuestro viaje.

— ¿¡Qué!?

— Es complicado Qi, realmente no puedo explicarte mucho.

— Luthy… soy tu amiga, te voy a apoyar en lo que necesites, pero esto ya dista mucho de ser un simple romance, es evidente que Daphiel no va a estar contento con esta decisión, si quieres que las cosas entre ustedes sigan mejorando…

— Max viene, fin de la discusión.

Te levantas y accedes al baño esperando que el agua en tu rostro ayude a despejar tus ideas.

Una hora más tarde sales de la regadera y te vistes, tomas tu maletín de viajes y lo haces desaparecer, cosa que en realidad es esconderlo en una dimensión de bolsillo con tu espada y arco.

— ¿Nos vamos? —le dices a Qiedia sonriendo quien te mira preocupada pero asiente.

Al bajar al vestíbulo principal Daph y Guren ya se encuentran esperándote, el ambiente está tenso pero el saludo es cordial.

— Muchachos, tuvimos un ligero cambio de planes —explicas luego de revisar las provisiones— Max, el mago que llegó anoche, viene con nosotros en nuestro viaje. Al parecer tiene un problema complejo que solo yo puedo ayudarle a resolver como Hechicera Mayor, y no puedo negarme a ayudar a alguien en apuros.

Hay un largo silencio y luego de unos minutos Daphiel deja salir un suspiro y te sonríe.

— Luthy, tú eres nuestra líder —dice el humano— es tu viaje y tú eres quien decide, lo que tú pidas se hará y yo solo deseo acompañarte para cuidarte.

No puedes evitar sonreírle cándidamente, él coloca una mano sobre tu hombro a manera de apoyo, luego su semblante se dirige a la escalera que desciende desde las habitaciones y su expresión pasa de amigable a serio. No necesitas voltear para saberlo pero igual lo haces para confirmar que Max se encuentra en este momento bajando por las escaleras.

“Este va a ser un viaje largo” le dices a Qiedia mentalmente

Ella no te contesta pero asiente en silencio.

— Buenos días —saluda Max— lamento si anoche no di muy buena impresión.

— O quizás diste demasiada —susurra Guren a tu lado, tienes la sensación de que todos oyeron el comentario y decidieron ignorarlo.

— Mi nombre es Max Reedse y debido a circunstancias que no entiendo del todo me veo en la necesidad de viajar con la Hechicera Mayor con el fin de encontrar algo de suma importancia, espero no importunar demasiado.

Aunque sus palabras son educadas, algo en su forma de hablar lo hace sonar menos amigable de lo que sugiere.

— Bien, Max —intervienes antes de que se dé una controversia— estos son Daphiel von Hulzt y Guren Ryu, tecnócratas de la torre y mi amiga Qiedia Whitemane, otra mística.

— Es un placer —saluda Qi manteniendo los modales.

— Ya veo —susurra el humano— sin duda un placer señorita, del mismo modo señores.

El silencio posterior al saludo es atronador y la tensión entre el mago y tus amigos también, no ves muchas formas de hacer avanzar la conversación.

—Bien, nuestra primera parada es el bosque de los elfos: Orien Rash, al noroeste de la torre. Tomará algunas semanas pero creo que hace buen clima hoy.

Dices esto mientras te volteas y por tu sola voluntad las dos hojas de la enorme puerta se abren de par en par dejando ver la inmensa pradera de Milnaroth.

— Por mi parte —señala Guren caminando unos pasos más adelante— asumo que ustedes alcanzarán unos dieciséis kilómetros de viaje de aquí en adelante y me adelantaré.

Y antes de poder decirle nada dos alas de dragón se extienden de su espalda y lo envuelven en un capullo que crece rápidamente en medio de una llamarada, tomando nuevamente su forma de dragón, extiende las alas de nuevo y con un rugido alza el vuelo.

— Y yo había olvidado decirle que debíamos fijar algún tipo de señal de emergencia —recuerdas tristemente al verlo alejarse— bueno, puesto que parece que nos separaremos iré con él. Pero si algo sucede, les ruego den alguna señal, quizás con fuego.

— Mi especialidad —te contesta Qiedia— déjamelo a mí, si vez un ave de fuego arriba en el aire es que nos ha sucedido algo.

— Me parece bien, nos veremos esta noche cuando nos alcancen.

Y sin esperar mucho más corres con todo lo que te dan las piernas, y la verdad es que un elfo en carrera es incluso tan veloz como un caballo de carreras, tu vista además te permite extender tu percepción mucho más adelante que los ojos de un humano así que puedes saber que hay adelante en el camino mucho antes de toparte con cualquier dificultad. Puedes ver a Guren en el aire haciendo piruetas en el aire y por un instante te parece sentir algo de alegría de parte del dragón.

Tú también empiezas a saltar y correr en círculos por la pradera dejando que el pasto y la brisa jueguen contigo en tu andar. Sueltas una carcajada luego de correr por lo que ha parecido una eternidad y te arrojas entre las briznas de grama.

Horas más tarde Guren aterriza a tu lado junto a un árbol y toma forma de humano nuevamente.

— No imaginé que te alegraría tanto estirar las alas —le confiesas.

— Es mucho lo que me ayuda, no me siento cómodo en esta forma, pero entiendo que los de mi especie debemos mantenerla para comodidad de otros.

— Guren, los dragones han sido parte de este reino por siglos, ¿Por qué tendrías que ocultar tu forma?

— No todos los dragones son tan abiertos con el mundo exterior Luthy —te contesta— mi padre por ejemplo no cree que sea buena idea comerciar con otras razas salvo quizás los enanos y eso porque ellos casi nunca poseen magia.

— ¿Tiene algo en contra de la magia?

—Los dragones viven muchos siglos, al igual que los elfos, mi padre era un niño cuando el Hechicero Dragón azotó el reino, poco antes del nacimiento de La Orden, por eso es muy… reacio a tratar con la magia.

— Y tú… ¿Cómo hiciste?

— Yo… —una mueca se dibuja en su rostro y te desvía la mirada— prefiero no hablar de eso.

— Está bien, no tienes que hacerlo —dices colocando una mano en su hombro y sonriéndole, él te devuelve la sonrisa.

Está anocheciendo cuando Daphiel y los otros alcanzan el lugar donde los han estado esperando.

—Con algo de suerte pasado mañana alcanzaremos el Río —explica Daphiel mientras Guren prepara la comida— de allí un día más de viaje nos conducirá a los límites del Bosque de Orien Rash y otros tres días en el bosque debería ser suficiente para alcanzar Oris, donde vive la reina.

Oír hablar de la reina es como ser bañada con agua helada para ti, no has cruzado una palabra en tu vida con ella pero sabes que es extremadamente conservadora, y ni idea de cómo reaccionará al saber que una pordiosera y huérfana como tú ahora tiene más poder que ella.

— Lo que significa —contestas a Daphiel— que tengo cerca de seis días para pensar cómo voy a lidiar con su majestad Utumm.

— Lo harás bien —te contesta.

— Tómatelo con calma —te apoya Qi.

Agradeces sus palabras aunque no hacen mucho por mejorar tu humor.

El día siguiente explicas a Guren la dinámica para advertir en caso de una emergencia y ambos nuevamente arrancan dejando a los tres humanos atrás.

— ¿No crees que es peligroso movernos de esta manera? —increpas unas horas más tarde.

— La verdad —asiente Guren— es que si sucede algo nosotros tenemos más posibilidades de ir a ayudarlos que ellos de ayudarnos a nosotros, pero en serio necesito el ejercicio.

Es entonces cuando vez a la distancia una llamarada de fuego con la forma de un ave alzándose en el aire.

— ¡Qi!

No has terminado de gritar cuando tu compañero ha tomado su forma de dragón y con la boca toma tu vestido y te sube a su lomo.

— ¡Sujetate! —escuchas la voz del dragón en tu cabeza.

Con un solo batir de alas puedes sentir una brisa helada mientras ascienden a una velocidad vertiginosa por el aire.

Guren no pierde tiempo, acelerando con fuerza durante un buen rato, jurarías que han recorrido la distancia de horas en apenas unos minutos. Te equivocabas por cierto, pensabas que un dragón al vuelo era tan veloz como un elfo… es obvio que este te estaba esperando.

Divisas a tus compañeros a la distancia, Qi y Max se encuentran sentados en lados opuestos del camino, Daphiel está de pie entre ambos.

No han aterrizado cuando saltas del lomo de tu compañero y caes con gracia y agilidad en el piso. Max tiene la mejilla roja y la ropa llena de tierra y Qi los ojos rojos e hinchados como si hubiera estado llorando, Daphiel aunque no parece tener nada está tenso y no quita los ojos de Max.

— ¿Que sucedió aquí?