Capitulo VI: Max, el tesoro

Finalmente luego de días de camino te encuentras frente a frente con la Torre del Oráculo, el enorme edificio que puede ser visto desde todo el reino pero que solo puede ser alcanzado si has sido instruido en cómo llegar a él. Con una excepción: el despertar del hechicero mayor.

Aquel brillante resplandor de luz en el tope de la torre fue una inmensa y gloriosa invitación para todos los Magi que hubieran visto el evento, según los libros de historia, luego de la aparición de cada hechicero mayor, cientos de magis jóvenes llegaban a las puertas de la torre sin jamás haber recibido instrucciones de cómo llegar.

Observas con cuidado los detalles de la enorme puerta a dos hojas de la torre, cientos de runas y símbolos mágicos están tallados en altorrelieve, a su vez la puerta tiene varias escenas que dibujan detalles clave en la historia de Milnaroth, en las cuales la participación de los magi fue fundamental para su desenlace.

Colocas una mano sobre la hoja y sientes el flujo energético del edificio mismo, alzado sobre el cruce de al menos cinco líneas ley, las venas de la magia que confluyen debajo de la superficie del mundo. Con el mínimo esfuerzo la inmensa hoja de madera maciza se desliza abriéndose de par en par y mostrando frente a ti un glorioso vestíbulo de mármol blanco y columnas de granito negro, todo lo que tus ojos alcanzan a ver es pulcro y reluciente una docena de puertas alrededor de la estancia así como una hermosa escalera que se pierde mientras sube a un lado de la estancia son las salidas visibles.

“Vacío, curioso pues no es tan tarde, al menos los elfos lunares deberían estar despiertos, así como algunos enanos ¿no lo crees así?” pregunta Portos

— No sabría decir lo que sucede pero esto es fácilmente solucionable

Juntas tus manos cerca de tu rostro y sientes la corriente de aire que rápidamente se arremolina entre ellas, una mínima esfera de aire girando a inmensa velocidad, susurras unas palabras y tras un instante de concentración puedes oir como el aire que gira entre tus manos empieza a hacer crecer el sonido. Separas tus manos con fuerza y tus palabras rebotan por toda la estancia, y estás seguro que toda la torre.

— ¡NECESITO HABLAR CON LA PERSONA A CARGO DE ESTA TORRE! –el eco retumba unos segundos después y un silencio sepulcral se instala en el sitio— Ahora queda esperar.

Pasan algunos minutos, no llevas la cuenta, te entretienes repitiendo formulas arcanas durante ese tiempo, cuando finalmente por las escaleras baja una elfa de estrellas, de cabello azul celeste recogido en un moño adornado con joyas, un hermoso vestido rojo muy sencillo, nada que ver con las ropas que usan los nobles en las cortes.

—Disculpe, ¿ha sido usted quien llamó? —Pregunta la chica.

— Sí, perdone que la importune señorita, soy Max Reedse.

— ¿Es usted un apostata? Es la primera vez que conozco uno en persona.

Es poco común oír el término en conversación civilizada, pero era de esperar, los entrenados en magia que no han sido formados en La Orden usan túnicas negras como la tuya como una forma de advertir a las personas a su alrededor de que eres un usuario de magia, la mayoría lo hace con fines de cortesía, tú lo haces con el fin de que no te molesten.

— Así es señorita…

— Oh, mis modales, disculpe. Luthy Calhaellen.

— Luthy, un placer. Como le decía, fui entrenado por un mago de La Orden hace algunos años pero vivíamos muy lejos de la torre y mi maestro estaba muy viejo para hacer este viaje, me enseñó a portar la túnica negra como una señal de cortesía, nunca le he huido a La Torre del Oráculo, por el contrario llevo tres años desde que mi maestro falleció buscando este lugar.

— Lamento escuchar lo de su maestro —te contesta— ¿Quién era?

— Le llamaban el Archisabio, Athos Portfoir.

— Sí, lo he escuchado nombrar, era muy respetado en La Orden, muchos esperaban que tomara las riendas del círculo e incluso que fuese el hechicero mayor, pero no sucedió así, se retiró unos años antes de que yo empezara mis estudios.

— Pues vivió en las montañas de Rash todo este tiempo, me indicó en sus últimos momentos que había dejado algo en este lugar y necesito obtenerlo.

—Pues bien, bienvenido seas Señor Reedse, puede buscar cuanto guste siempre que no use su magia para abusar de otros más débiles dentro de la torre.

— Disculpe la molestia, pero quisiera hablar con el Hechicero Mayor.

— Oh, no querrás hablar con él —contesta entristeciéndose— es demasiado débil, no es de fiar y siempre todo le sale mal.

“¿Alguna rivalidad entre elfos?” susurra Portos.

“Es posible, evidentemente el hechicero mayor debe ser un elfo o un dragón para tardar tanto en ser ordenado, quizás esta chica guardaba la esperanza de ser ella”

— Entiendo señorita Calhaellen.

— Por favor, llámame Luthy.

— Seguro, Luthy. ¿Serías tan amable de indicarme como llegar a la biblioteca? Asumo que si he de encontrar lo que mi maestro dejó seguramente se trate de un tomo.

—El camino es complicado si no lo conoces, mejor te llevo.

La sigues por las escaleras, dos pisos, luego un pasillo a la izquierda, luego una puerta, otro pasillo, subes otra escalera, tres pisos más, una puerta a la derecha, una suerte de vestíbulo y finalmente una puerta pequeña que da entrada a la biblioteca.

La estancia es todo lo que siempre soñaste, pareciera extenderse a la infinidad, es cierto lo que dicen: La torre es más grande por dentro que por fuera, no hay forma de que tamaña construcción cupiese en la torre vista desde afuera, pero acá está, con libros hasta donde la vista te alcanza.

— Si lo que buscas es un tomo —te indica Luthy— los libros del maestro Athos deben estar en la sección de magia avanzada, acompáñame.

Aunque la elfa te guía, no puedes evitar recorrer los pasillos con la sensación de que los conoces a la perfección, memorizaste por años el sistema de clasificación según tu maestro te lo explicó, es como si ya hubieras estado antes aquí.

— Bien, es aquí —dice llegando a una serie de estanterías en una larga pared, casi por instinto caminas entre los tomos y rápidamente encuentras “Transfiguraciones correspondidas a la geomancia. Tomo 16” tus manos pasan rápidamente las páginas y se encuentran a mitad del tomo con un pie de página.

— “A pesar de la creencia recurrente respecto a la geomancia sobre su correlación con los otros elementos de la cruz energética, es importante señalar que manipular los cristales de la tierra para poder producir efectos similares a los de la agricultura es una tarea que requiere de amplios conocimientos biológicos” —lees en voz alta— mi maestro tenía este tomo pero esta frase había sido tachada por algún estudiante imprudente. Siempre que le preguntaba que habría allí escrito me decía que el tomo original estaba en La Torre y que cuando viajase hasta ella podría saciar mi curiosidad.

Volteas a ver a Luthy pero ella no está mirándote, por el contrario observa por la ventana, y sus dedos dibujan un círculo a la altura de su rostro en el cristal. La vez susurrar y tu magia de aire trae consigo las palabras que salen de su boca en una suave canción.

— Siente el canto de las aguas, el abrazo cálido del fuego, el latir de la tierra y las suaves caricias del aire.

Tienes una sensación extraña al oír esas palabras, como si las hubieras escuchado en algún momento de tu vida.

— Si tengo que buscar el tomo en este espacio —dices acercándote a ella— necesitaré algo de tiempo. ¿Pudieras indicarme con quién he de hablar para solicitar un puesto como profesor? ¿Qué pruebas debo superar?

— Si realmente fue entrenado por Athos el Archisabio no dudo que usted tenga todo lo necesario para demostrar su conocimiento y adquirir el rango de un túnica verde, pudiera hablarlo con Gwendal, del circulo interno.

— ¿Serías tan amable de llevarme a él, Luthy?

Ella duda unos segundos, pero eventualmente asiente sin decir palabra y comienza el viaje de regreso.

La torre resulta igualmente laberíntica para moverse de regreso, pero pocos minutos después con ayuda de la elfa se encuentran frente a una puerta, detrás de la cual puedes oir algo de música. Ella parece renuente a entrar.

— ¿Sucede algo? —preguntas.

— No me gustaría llamar la atención y tú causaste algo de escándalo para hacer sentir tu llegada.

— Quizás deba entrar con una explosión —le contestas guiñándole un ojo.

— Preferiría que no.

Te resignas a tratar de pasar desapercibido y extiendes tu mano para abrir la puerta pero no hace falta, puedes sentir el flujo de energía mágica que abre la puerta por si sola.

Entras a la sala donde una gran muchedumbre de jóvenes magi se encuentran reunidos, todos voltean a verte.

Mueves una mano y te levantas algunos centímetros del aire consiguiendo algo de altura por encima de la multitud y con otro conjuro amplías tu voz para que suene por encima de la música.

— Perdónenme interrumpir el festejo, pero busco al que llaman Gwendal, necesito hablar con él de una posición académica.

Del fondo de la sala un elfo de la luna se levanta de entre la multitud.

—Adelante viajero, pase y no interrumpamos más el momento.

Con un ademán te señala una puerta a mano derecha y caminas entre la multitud hasta donde él te da paso a una pequeña sala con tres asientos y una mesa para el té, una vez cierran la puerta tras de ustedes la música se reanuda tras ustedes.

— Y bien señor —dice Gwendal sin tomar asiento— ¿Cómo puedo dirigirme a usted y en qué puedo servirle?

— Mi nombre es Max Reedse, espero perdone las molestias —contestas sentándote tranquilamente— fui entrenado por aquel que llamaban el Archisabio, lejos de esta torre en las montañas. Fue su última voluntad que buscara algo en este sitio, un último legado que dejó a su estudiante más valioso, por no entrar en detalles.

— Si lo que desea es buscar este artilugio puede hacerlo sin ningún problema, no es necesario que hable conmigo, todos los magis son recibidos en esta torre siempre que se abstengan de usar su magia para entrar en conflictos con nuestros aprendices o nuestros iniciados.

— Eso lo entiendo y agradezco la oferta, pero desearía dar algo de mi parte a su orden. Pienso que pudiera dar algunas cátedras avanzadas a sus estudiantes, después de todo fui el último discípulo de Athos en sus palabras y el mejor que ha tenido.

— Bien, podemos acordar algún esquema de trabajo y sus horarios posteriormente, pero en este momento tenemos una actividad importante en curso y no es un buen momento para hablar de actividades académicas, si lo desea podemos hablarlo mañana y por hoy puede quedarse a disfrutar de la fiesta, conseguiremos alguna habitación que asignarle.

— Muchas gracias —dices levantándote y extendiendo la mano para estrecharla con él— es un verdadero honor poder hablar cara a cara con el Hechicero Mayor.

El elfo gira su rostro y una mirada de confusión aparece en sus ojos.

— Creo que ha habido un error, señor Reedse, la Hechicera Mayor es Luthy Calhaellen, la elfa que ha salido a atenderle.

Lo primero que sientes al enterarte de su engaño es rabia, pero luego recuerdas como describió a la persona a cargo y sientes algo de lástima.

— Entiendo, lamento el mal entendido.

Regresas al enorme salón donde el baile y la música se han reanudado con más fuerza y ánimo que antes y no tardas en encontrar sentada en una mesa a la elfa observando a la muchedumbre, te aproximas por su espalda y te sientas a su lado.

— ¿Realmente sientes que eres débil y poco fiable? —le preguntas.

Ella se sobresalta al oír tu voz pero se recompone de inmediato y regresa la vista al punto donde puedes ver un humano de cabello corto bailando con una ninfa extremadamente sensual cuyo vestido nada deja a la imaginación.

— Digamos que no es cómo me siento, es la realidad que mis maestros han aprendido durante años.

— Eso suena deprimente —dices, aunque una parte de ti recuerda lo que es sentirse como escoria, decides cambiar el tema, te levantas y le extiendes la mano— ¿Bailamos? —Ella te dedica una mirada incrédula— Por lo menos para darle celos a aquel caballero pudiera servirle.

Ella parece pensárselo unos instantes y finalmente se levanta para tomar tu mano. Caminan juntos hasta la pista y de alguna forma la música cambia a una tonada lenta, suave, el sonido de violines que no vienen de ninguna parte inunda la recámara. Comienzan a moverse al ritmo de la melodía.

— Baila muy bien señor Reedse —te señala.

— He tenido mucha práctica y admito que me gusta lucirme —le contestas.

“Y las damas de corte mueren por un caballero que baila” añade Portos en tu mente.

Le guiñas un ojo a Luthy y con tu magia comienzas a elevarlos a ambos en el aire mientras siguen bailando.

— Si así desea jugar señor… —contesta Luthy sonriendo con picardía mientras varios hilos de agua giran alrededor de ambos.

Observas el espectáculo y como todos se han quedado observándolos y no puedes evitar sonreir.

— Me gusta tu sonrisa, Reedse —dice Luthy sacándote de tus pensamientos— te ves muy serio, pero tu sonrisa es genuina.

Tragas en seco, no sabiendo como contestar al cumplido así que solo asientes.

— Sabes que puedes llamarme por mi nombre, ¿no? —Le contestas— ya que me has dado permiso para hacer lo mismo.

— Gracias Max. Será agradable conocerte cuando vuelva de mi viaje.

— ¿Viaje?

— Mañana comienzo un viaje por todo Milnaroth, como Hechicera Mayor es mi deber conocer mejor a las razas del reino para saber cómo he de ayudarles.

Bajan del aire con tu magia, sientes algo extraño en el pecho.

“Hora de salir de aquí” resopla Portos

“Espera ¿Qué sucede?” le contestas

“Estás en peligro, debemos irnos”

No tienes tiempo para contestar, puedes sentir el dolor de cabeza mientras Portos intenta tomar el control de tu cuerpo, Luthy te pregunta algo pero no escuchas nada, corres fuera del salón y subes por uno de los pasillos, sientes como tu vista se nubla.

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Es extraño que Max se te resista de esta forma, lo cual no hace más que confirmar tus sospechas, se encuentra en un peligro terrible.

Escuchas la voz de la elfa detrás de ustedes, así que conjuras un remolino de aire a su alrededor para mantenerla a raya.

— ¡Aléjate! —le gritas.

Ella sin embargo intenta estúpidamente cruzar tu barrera, varios escudos y objetos del pasillo comienzan a volar a tu alrededor arrastrados por el viento, algo la golpea pero ella insiste en continuar acercándose a ustedes.

— ¡Max! —grita ella atravesando poco a poco tu muro de viento, sus ojos brillan y su mano despide una luz blanca que te arde a la vista.

— ¡Alejate de nosotros! — gritas nuevamente cubriéndote la vista, puedes sentir como se aproxima, sus manos irradian un calor sofocante y cuando toca tu frente todo se oscurece.