TIENE LA SEÑAL

Como era costumbre, Adelaida, llegó por las niñas, para que se alistaran, e iniciar las labores de un nuevo día. Berenice, besó a Margot, por su cumpleaños, y se dispuso a cepillarse los dientes en el sanitario, cuando nuevamente, volvió a sentir ese ardor en su mano derecha, pero esta vez, a diferencia del día anterior, se localizaba en uno de sus dedos. Al mirarse, el dedo anular de su mano derecha, comprobó que a un lado, inexplicablemente había aparecido un diminuto lunar color café. Ella se atemorizo, y puso su mano debajo de la corriente de agua del lavabo, esperando que aquello desapareciera, pero no fue así. Se miró al espejo por unos segundos, buscando una explicación, y otra vez, volvió a observar el dedo, y ahí estaba aún aquella marca.

Margot, golpeaba la puerta del baño, llamando la atención a su amiga, para que se apresurara a desocupar el sanitario. Nerviosa, abrió la puerta y jalo a su amiga al interior del baño, y le mostró su dedo, explicándole lo ocurrido desde el día anterior. Margot, miró detenidamente el dedo, y trato de calmar a su amiga, indicándole las posibilidades de la presencia de ese punto. Inicialmente, que fuera algo que ella hubiera dejado pasar, y que ya se encontraba ahí desde su nacimiento, pero no lo había detectado; o, que se tratara de algún residuo a causa de una quemadura al utilizar los equipos de limpieza. Pero, a todas las alternativas, Berenice, le restaba credibilidad, pues, ella estaba completamente segura, que eso le había ocurrido de un día para otro. El grito de Adelaida, les alertó que debían terminar de alistarse.

Luego, del baño, las niñas tuvieron que desayunar más ligero que de costumbre, pues, ya era un poco más tarde, de lo acostumbrado, así que tuvieron que separarse, para realizar eficientemente sus tareas. Berenice, comenzó a rastrillar las hojas de los árboles en aquel inmenso patio, lleno de árboles frutales y otros maderables. Sus manos se movían aceleradamente con el utensilio, para acortar el tiempo, cuando cerca del manzano, sintió un pequeño golpe en su cabeza. Se limito a limpiarse sin detenerse, considerando que se trataba de una hoja, pero al rato, volvió a sentir el mismo golpe, por lo que se detuvo, y llevo su mano a su cabeza, y pudo constatar que se trataba únicamente del corazón de una manzana recién comida. Eso le extraño, por lo que elevo su mirada hacia la copa del árbol. Ahí, un chico rubio, de unos 16 años, y ojos azules, sonriente la observaba, mientras comía otra manzana.

Berenice:- ¿Oye, qué haces ahí? – molesta colocó el rastrillo junto a su cadera

El muchacho, no le contestó, sino que seguía masticando la manzana, mirándola con mucha satisfacción, y un resplandeciente brillo que le salía de sus ojos.

Berenice:- ¿Eres sordo, o qué? – volvió a insistirle ante la negativa de aquel chico de responder

El chico, al terminar de comer, lanzó la basura hacia el suelo, y tomo otra manzana.

Berenice:- Oye, no hagas eso – y rastrillo lo que había lanzado - ¿No ves qué estoy limpiando? – y volvió a ver al chico, pero para sorpresa de ella, aquel muchacho ya no estaba. Ella, miró a todos lados de la arboleda, y luego a su alrededor, y efectivamente, aquel hermoso chico no estaba por ningún lado. Ella se restregó los ojos, y volvió a buscar al muchacho, y no lo encontró. Termino de limpiar el patio, y se unió a Margot a lavar la ropa.

Durante toda la mañana, prefirió no comentarle nada a su amiga, pues con lo sucedido con su dedo, no deseaba intranquilizarla ahora con sus aparentes visiones, las cuales atribuía al cansancio y a un consumo excesivo de la deliciosa torta de chocolate de la noche anterior. Luego, del almuerzo, Berenice, le sugirió a su amiga, comer algo del pastel de chocolate que aún guardaban en el sótano, y de esa forma celebrar su cumpleaños, así que corriendo, la dejo en la cocina y se fue al sótano. Una vez que bajo las escaleras, lanzo un grito, y su corazón se le paralizó, al mirar al mismo muchacho, sentado en una de las camas, degustando la torta de chocolate. Tanto sus dedos como su boca, estaban llenos de lustre.

Ella, en su primera reacción, trato de volver a subir por la escalera, cuando al mirar nuevamente a aquel chico, quien con una mirada tranquila, y una sonrisa amistosa, seguía comiendo el queque, decidió lentamente, caminar hacia él, y seguidamente se sentó en la otra cama, sin dejar de mirarlo.

Berenice:- ¿Eres el mismo chico que vi afuera en el patio, cierto? – Buscaba la forma de iniciar una conversación con el extraño, pero aquel aún seguía comiendo – Veo, que te gusta nuestra torta de chocolate, y dime, ¿Tienes nombre?

Hans:- Hans – le dijo sonriendo

Berenice:- ¡Oh! Veo que hablas – le devolvió la cortesía con una sonrisa – Mi nombre es…

Hans:- Berenice – y se metía otro pedazo de queque

Berenice:- Así es – no podía creer que aquel extraño conociera su nombre - ¿Cómo lo sabes?

Hans:- Esta cosa está deliciosa – se refirió al queque

Berenice:- Ya lo creo, era el queque de mi amiga y mía – observo que ya no quedaba absolutamente nada – Pero veo que te lo acabastes todo ¿Tanto comes?

Hans:- El viaje fue muy largo, Princesa – tomaba cada borona que quedaba en el plato

Berenice:- Oye, no seas tan fresco, apenas nos conocemos y ya me estas lanzando piropos – le dijo rudamente

Hans:- ¿Piropos? – Pasaba los dedos sobre el plato para limpiarlo - ¿Hay más de esto?

Berenice:- No, claro que no. Te acabaste lo único que teníamos – le quito el plato de sus manos - ¿Dime, de dónde vienes? Jamás te había visto por estos lugares

Hans:- De Osiris – se chupaba los dedos

Berenice:- Perdón, ¿De dónde? – preguntó extrañada

Hans:- Osiris, la tierra sagrada de los sueños

Berenice:- En eso tienes toda la razón, parece que estoy soñando – todo lo que aquel chico decía parecían cosas sin sentido para ella

Hans:- Tú eres la princesa Berenice, heredera al trono de Osiris. Tu abuelo nos envió…

Berenice:- ¿Nos? – Quería comprender el hilo de la conversación - ¿A quiénes te refieres?

Hans:- A mi compañera y a mi – se levanto para mirar por la ventana – Es extraño, ella ya debía de estar aquí

Berenice:- Baja la voz, Hans, no quiero que te vayan a descubrir aquí conmigo – se levanto para hacerle gestos de que guardara silencio

Hans:- Tranquila, princesa, nadie más me puede ver u oír, sólo tú

Berenice:- ¡Dios mío! – Aquellas palabras la hicieron reflexionar – o tú estás demente o yo ya me volví loca

Hans:- No entiendo, Princesa

Berenice:- Deja de llamarme, Princesa, por favor

Hans:- Lo siento, Princesa, pero no puedo dejar de hacerlo

Berenice:- Hans, quieres decirme realmente ¿Quién eres tú?

Hans:- Uno de tus dos guardianes

Berenice:- ¿Qué cosa?

En eso, Margot, bajaba las escaleras preocupada porque su amiga no regresaba, y la encontró de pie, cerca de la ventana, y al mismo tiempo, observo el plato donde estaba la torta de chocolate, totalmente vacía.

Margot:- Ya veo porque no regresaste, Berenice, preferiste quedarte aquí para comerte tú solita toda la torta

Berenice:- No, Margot, nada de eso, fue… - y miro al frente de ella, y Hans, ya no estaba

Margot:- ¿Fue quién? – Estaba molesta - ¿El ratón de los dientes?

No le quedo más remedio a Berenice, que comentarle todo lo sucedido a su amiga. Desde el descubrimiento del extraño en el manzano, hasta su encuentro con él, en el sótano. Margot, simplemente estaba estupefacta ante lo que escuchaba. Sin embargo, su amor por su amiga le persuadió de considerar todo aquello como una historia de fantasía, y le otorgo el beneficio de la duda, pues parecía que efectivamente algo increíble le había ocurrido a su amiga. La abrazo, y como Adelaida, las llamaba, se tuvieron que reintegrar a las labores de la casa, pero Berenice, aún estaba perpleja por todo lo que le estaba ocurriendo.

Mientras tanto, Dari, se preparaba para recibir a sus amigas, pues debía planear su fiesta de cumpleaños número 18, el día siguiente Domingo. Así, que le pidió a Adelaida, que vistiera a las chicas, con uniforme de sirvienta, para que atendiera a las visitas en el jardín, donde se dispondría de mesas y sillas para la reunión de la noche. Así, que tanto Berenice, como Margot, debieron ayudar en acondicionar el jardín para la reunión de Dari y sus amigas. Mientras, Berenice, colocaba la vajilla y los cubiertos, miro de repente cerca del manzano a Hans, por lo que rápido llamo la atención de su amiga, hacia aquel árbol, pero efectivamente Margot, no podía verlo, a pesar que ahí continuaba el chico de pie, al lado del árbol. A Berenice no le quedó más remedio que escabullirse y dirigirse hasta donde Hans, se encontraba.

Berenice:- Me convenciste, Hans, - suspiro un instante – En realidad, eres alguien quien nadie puede ver. ¿Pero, por qué yo, digo, Por qué estás aquí?

Hans:- Por la señal, princesa

Berenice:- ¿Señal? – Seguía sin entender - ¿Cuál señal?

Hans:- Esta señal – tomo la mano de ella, y le mostró el dedo anular

Berenice:- ¿Este lunar es una señal?

Hans:- Sólo así pude encontrarte

Berenice:- No entiendo, Hans, ¿Por qué debías encontrarme?

Margot, le gritó mientras se aproximaba hacia ellos. Y como parecía ser la costumbre, ya Hans, no estaba en el lugar.

Margot:- ¿No me escuchabas?

Berenice:- ¿Qué paso?

Margot:- Es que te veías rara hablando sola, haciendo gestos con las manos y sin haber nadie más

Berenice:- Pero, es que si había alguien

Margot:- ¿El tal Hans? – se mostraba incrédula

Berenice:- Así es – le tomo las manos a su amiga – y me dijo que por este lunar pudo encontrarme, y cuando me iba a comentar el por qué, tú apareciste

Margot:- ¡Ah, perdón por evitar que todos pudieran verte como a una loca, amiga! – y la llevo de la mano de regreso a terminar con los preparativos de la reunión

Durante la noche, las chicas, llevaban y traían platos y platos, así como vasos, y limpiaban los regueros de las mesas, mientras las amigas de Darci, se reían de las dos pequeñas sirvientas. Una de ellas le susurro al oído de uno de sus amigos, quien sonrió mirando pasar a Berenice, y a Margot. Adelaida, al observar aquello, intuía las intenciones de los jóvenes, así que trato de que las chicas estuvieran poco tiempo en la reunión, y las envió a la cocina, para que lavaran los platos y los cubiertos. Sin embargo, eso no fue suficiente, ya que tres muchachos, se fueron a hurtadillas a buscarlas, sin que nadie los viera. Berenice, sin sospechar nada, selló una gran bolsa de basura, y salió al traspatio a botarla en uno de los contenedores.

Los tres muchachos, al verla salir, la siguieron y por la espalda, la tomaron, cubriéndole la boca, para que no pudiera gritar. Así, la arrastraron hasta la caseta de las herramientas, donde la empujaron al suelo. Ella, aunque al inicio se sintió atemorizada, pronto logro controlarse, y arremetió contra el primero que pretendía llenarla de harina, golpeándolo en la entre pierna con la rodilla. Otro, la trató de agarrar por detrás con una soga, rodeándole con sus brazos, pero ella utilizo el cuerpo del tercero frente a ella, para impulsarse con sus piernas y derribar a quien la sujetaba y lanzarlo contra el suelo. El tercero, la tomo por las piernas, en momentos que el primero la sostenía también de los brazos. Ya la tenían inmovilizada, intentando ella liberarse, cuando, un fuerte viento abrió la puerta en forma estruendosa que asusto a los muchachos. La figura de una chica de 17 años, con un tipo de armadura que cubría desde los pechos a las rodillas, y blandiendo una espada, apareció de pronto. Por el casco plateado, sobresalía el cabello rubio y largo hasta la cintura.

Ante aquella aparición, los muchachos atemorizados salieron por la otra puerta, huyendo del lugar, dejando a Berenice, en el suelo, recuperando el aliento.

Berenice:- ¿Quién eres? – la extraña le extendió la mano para ayudarle a levantarse

Sofía:- Mi nombre es Sofía, Princesa – se quitaba el casco – su guardiana y Jefa de las tropas

Berenice:- ¿Guardiana? – Recordaba las palabras de Hans, quien se refirió en la misma forma cuando se presento - ¿Por casualidad, conoces a Hans?

Sofía:- ¿El consejero real? – Miró azorada a todos lados - ¿Esta por aquí?

Berenice:- No, bueno, realmente no sé dónde está, porque aparece y desaparece

Sofía:- Me alegra haber llegado a tiempo, Princesa ¿Te hicieron daño?

Berenice:- No, estoy bien, gracias – no dejaba de mirarla - ¿Y de dónde vienes?

Sofía:- ¿Hans, no te ha explicado nada? – Le dijo mientras buscaba donde sentarse

Berenice:- Pues, no, realmente no ha tenido la oportunidad, siempre algo se presenta cuando trato de hablar con él, pero – se quedo pensativa mientras miraba a Sofía, y luego la toco en los brazos – Disculpa, es que todo esto me parece tan increíble que necesitaba saber si eras de carne y hueso, o sólo una ilusión mía

Sofía:- Lo comprendo, Princesa

De repente, detrás de Berenice, la voz conocida de Hans, les informaba sobre su presencia.

Hans:- Sofía, ya era hora que estuvieras aquí

Sofía:- ¿Y dónde estabas tú? Encontré a unos tipos atacando a la princesa

Hans:- Pues por eso debías haber llegado antes, tú eres la responsable por su seguridad

Sofía:- Me perdí en el vasto espacio, porque tome una ruta equivocada...

Hans:- Claro, como siempre, por eso te dije que vinieras conmigo

Sofía:- Pero te fuiste antes de que pudiera estar lista

La discusión se acaloraba entre los guardianes, olvidando que Berenice, se encontraba entre ellos, por lo que ella debió tomar la decisión de interrumpirlos con un silbido agudo que cumplió con esa misión.

Berenice:- Ya, basta – los miro a ambos, quienes se tranquilizaron – No sé a qué se debe todo esto, ¿pero, alguien me quiere explicar de qué se trata todo esto?

Hans, luego de disculparse por su actitud, le solicito se sentará para explicarle. Hay todo un mundo paralelo, llamado Osiris, que regula el equilibrio del extenso universo. El Abuelo de Berenice, lo construyo y le dio a sus dos hijos la administración de los sueños y las pesadillas. Minerva, encargada de la energía positiva, y Sauros, de todo aquello que implicaba lo negativo. Pero, sin que estos herederos pudieran saberlo, nació un tercer descendiente. El padre de Berenice, quien contrajo nupcias con la princesa Aurora, hija del mundo material, en el que vives ahora Berenice. El Abuelo, lo designó heredero directo al trono, en vista que ni Minerva ni Sauros, mostraban reunir los requisitos necesarios para gobernar Osiris, y cada vez más parecían codiciosos de tomar completamente todo.

Un día, el Padre de Berenice, desapareció inexplicablemente, lo que sumió al Abuelo de Berenice, en una profunda depresión ocasionada por la tristeza, y actualmente permanece en un sueño profundo. Considerando los dos hermanos, que ya no había nadie que se entrometiera en sus planes, una fiel discípula de Minerva, le confesó que la princesa Aurora, se encontraba embarazada. Esto complicaba las cosas, porque legítimamente, ante la ausencia del padre, esa criatura sería la heredera al trono, por lo que urgieron un plan para deshacerse del problema. Averiguando la estrategia, la princesa Aurora, huyo del palacio, perseguida por los lanceros de Sauros. De esa forma, llegó al portal que divide ambos mundos, y acorralada por los esbirros de Sauros, cerró los ojos, y un rayo luminoso del lugarteniente de sus perseguidores, la desmaterializo, sin que ellos se dieran cuenta que un polvo de estrellas había cruzado el umbral.

Los pocos aliados del príncipe, esposo de Aurora, conocían la verdad de todo, y sabían que la heredera había sido enviada al mundo material, a un planeta llamado Tierra. Pero desconocían la ubicación exacta, así que esperaron a que la señal llevara a los guardianes designados por los “rebeldes” a Minerva, para encontrarla. La batalla de Minerva, contra su hermano Sauros, por el poder, los había mantenido ocupado, pues no se ponían de acuerdo de quien debía ascender al trono, pues, por todos los medios deseaban enviar a su padre al descanso eterno, pero la energía que lo cubría se los impedía, así que no quedaba más que esa decisión se tomara entre ellos. Minerva, tenía el bando de los iluminados, y Sauros, el de los oscuros. Todo el mundo se mantenía controlado. Pero, en el fondo cada uno de ellos, deseaba reinar dentro y fuera de Osiris, incluso el mundo paralelo, lo cual llevaría a un desequilibrio total.

Hans, le comentó a Berenice, que todos los súbditos eran jóvenes como ellos, aunque no guardaban relación alguna con la edad cronológica que aparentaban, pues el tiempo era más lento en Osiris. Él, le aseguro, que por el momento ella se encontraba completamente fuera de peligro, mientras nadie supiera de su existencia, pero el objetivo de encontrarla era para prepararla para regresar a reclamar el trono de Osiris. Berenice, se encontraba estupefacta escuchando toda aquella increíble historia, que más bien parecía un cuento de hadas, y al parecer, tanto Hans, como Sofía, notaban que ella, al parecer, no les había creído del todo.

Berenice:- Entonces, tú no tienes 16 ni tú 17 – señalando primero a Hans, y luego a Sofía

Hans:- Así es, Princesa, aquí aparentamos ser más jóvenes, porque cruzamos de un mundo a otro.

Berenice:- ¿Qué edad tendría yo en Osiris? – preguntó curiosa

Hans:- Eso habría que averiguarlo, Majestad, pero no sería mucha la diferencia – vio la bolsa de harina que uno de los muchachos había traído para jugarle una mala broma a Berenice, y metió el dedo para probar la misma

Sofía:- Bueno, pero eso será algo que averiguaremos después, primero debemos empezar tu entrenamiento

Berenice:- ¿Entrenamiento? – puso una cara de extrañeza

Sofía:- Si, Princesa, lo que nos espera al llegar al reino, es caos y destrucción, y sería apropiado que tú supieras combatir y defenderte. Nadie puede formar parte del ejército si no se es mayor

Berenice:- Uh, Entonces, falta mucho tiempo para eso, porque ahora apenas tengo 11 años – Se sonrió mientras buscaba sentarse

Hans:- Pues, no lo creo, Princesa, porque tú madre, la princesa Aurora, pertenecía a este mundo, pero tu padre, era hijo de Osiris – vio que Berenice la seguía con una mirada que advertía que no comprendía el punto – lo cual te hace ser alguien única entre nosotros, pues tú tienes lo mejor de ambos mundos

Sofía:- Además porque seas pequeña no significa que seas una chica débil. Vi como tú sola te defendiste de esos bribones

Berenice:- Pero si tú no hubieras llegado a tiempo, ellos hubieran logrado fastidiarme el día con sus bromitas

Sofía:- Pero igual, Princesa, demostraste tener la fuerza necesaria para que lo que pretendían ellos hacer, no les fuera tan sencillo

Hans:- Yo estoy aquí para transmitirte un poco sobre nuestra cultura, y el conocimiento general de Osiris, princesa, y Sofía, es quien le enseñara sobre el arte y estrategia militar

Berenice:- Lo siento, chicos – se puso de pie - pero todo esto es muy extraño para mi, y ha sido todo tan repentino, y creo que en mi lugar, ustedes también pensarían que todo lo que me han comentado simplemente es increíble – caminaba de un lado a otro

En eso, se escucharon pasos afuera de la caseta, y Berenice, corrió a ver en la mirilla de la puerta, y se dio cuenta que Dari, y algunas de sus amigas, se dirigían hacia ella. Rápidamente les dijo a los guardianes que debían esconderse para que no los encontraran con ella. Hans, le recordó que nadie más que ella podía verlos, sin embargo, él se dio cuenta que esa era la mejor oportunidad para probarle a Berenice, que tan cierto era todo. Así, que llamo la atención de Berenice, mientras el anillo en su dedo derecho, comenzó a brillar, y con un gesto, dibujo una línea vertical en el aire, y de pronto, apareció una nube turbia, donde él la invito a pasar. Miró a Sofía, quien sonreía. Ya los pasos ubicaban a las chicas, afuera de la puerta, así que sin otra alternativa, tomo la mano de Hans, y juntos cruzaron la nube y luego la siguió Sofía.

Berenice:- ¡Qué gracioso eres, Hans! Aún estamos aquí y…- cerró los ojos al escuchar que la perilla giraba, y era inevitable que Dari, y sus amigas la encontraran en ese lugar

Pero cuando las mujeres ingresaron, notó de repente, que ni Dari, ni sus amigas, la podían ver. Ella, se sentía en el interior del cubículo, como si nada hubiera cambiado, y al lado de ella, estaban Hans, y Sofía, pero se sentía algo extraño, estar ahí pero no ser vista por las otras personas. Aquello parecía como si se tratara de un juego, donde los demás aparentaban no verla.

Berenice:- ¿Me pueden escuchar? – le susurro a Hans

Hans:- No, princesa, ellas no nos pueden escuchar – grito con todas sus fuerzas, y luego él, y Sofía, sonrieron a carcajadas por el comportamiento de ella, pero como Berenice, no disfrutaba la ocurrencia, ambos se sintieron avergonzados y dejaron de sonreír. Entonces, Berenice, fue quien rompió en risas, al mirar los rostros de sus guardianes. Ellos, también lo hicieron, al ver que ella les había jugado una broma

Dari, y sus amigas, sin poderse explicar por qué no pudieron encontrar a Berenice, tal y como les habían informado sus amigos, se retiraron contrariadas. Con su anillo, Sofía, abrió la línea nebulosa nuevamente, y de ahí, salieron los tres.

Berenice:- ¿Cómo es posible esto? – les preguntó evidentemente sorprendida

Hans:- Solo tú puedes decidir que otras personas nos vean, princesa, porque venimos de un mundo donde la mente de quienes viven acá, aún no están capacitados para mirarnos, pero tú eres diferente a ellos. Nosotros, necesitamos de estos anillos, para traer polvo de estrella, desde Osiris, y abrir pequeños portales temporales que te sirvan de cortina para burlar a las personas de aquí

Sofía:- Creo que la mareastes, Hans – al mirar boquiabierta a Berenice

Berenice:- O sea, que solo yo puedo verlos a ustedes dos, porque tengo parte de Osiris, dentro de mí, y también que no necesito de ningún artefacto para hacer aparecer esas nebulosas, como le llamas, y que me hacen invisible ante todos los demás ¿Es así?

Hans:- Perfecto, princesa – y miró con cierto orgullo a Sofía, quien había subestimado, tanto su capacidad para explicar las cosas, como la incipiente inteligencia de Berenice

Sofía:- Mis disculpas, Princesa, por pensar que… - se sentía avergonzada

Berenice:- Tranquila, Sofía, es normal aquí en la tierra, que los más grandes piensen que los más pequeños no somos capaces de entender las cosas que ellos nos hablan

Hans:- A eso exactamente me refería, Princesa

Berenice:- Bien, ¿Cuándo empezamos? – les dijo con un rostro de felicidad