Desde cero, otra vez...

El autobús se detuvo para tomar un descanso de dos horas. Tiempo suficiente para buscar desayuno y refrescarme, quería lavar mi cara y despejarme de aquel cansancio de tanto pensar pues me encontraba agotada emocionalmente, Valentine jamás apareció, entonces entendía que de pronto no era la princesa Heaven que todos me decían, solo eran mentiras para poder agradarles, mi príncipe no vino a mi rescate, pues bien, yo sería mi propio príncipe, yo tendría que salvarme de mis problemas, y seria responsable de mi misma y de mi vida.

Ya era suficiente de estar enjaulada con promesas falsas, con las que solía ser alimentadas, ya no más. Heaven tenía que madurar. Ya era la hora, tengo miedo es verdad, no sé qué tenga mi futuro deparado para mí, pero si son desgracias yo las afrontaría con la frente en alto y sin chistar. No dependería de príncipes, ranas y guerreros con brillante armadura, solo mis acciones me protegerían.

Entre al pequeño cafetín de la estación lleno de pasajeros ocupados, solo pedí un sándwich y una Coca-Cola, lentamente devoré el alimento hasta quedar satisfecha, pago la cuenta y camino hacia mi autobús. A veces cuando cerraba mis ojos tenía más sueños en donde Donald me atrapaba y se alimentaba de mi sangre, otras era Gabe que reía burlonamente por su plan, el egoísmo de ambos me hizo muy infeliz.

La lluvia me seguía acompañando en todo el camino hacia mi nuevo destino. Con mis ansias carcomiéndome el alma no sabia a donde iría y que podía hacer, solo contaba con el dinero y una daga pequeña además de mis fantasmas cubriendo la luz del sol. Muerdo mis labios sin dejar de pensarlo, extrañaba más que nunca sus dulces besos, sus caricias y esas palabras de cristal que fácilmente se había hecho pedazos.

¿Podría perdonarlo algún día? ¿en dónde estaba ese príncipe que se había colado en mi venta para rescatarme?

suspiro acomodándome con los ojos bien abierto por las múltiples luces de esa ciudad. Era tan bella y animada que poco a poco mi corazón había dejado de encogerse, no podía pensar en nada triste pues aquello nuevo y desconocido ocupaba mi mente. Olía a distancia inciensos y sentía energía rondando por las calles llenas algarabía. Los transeúntes se paseaban con bebidas y mucho escándalo, quizás toda esa alegría me animaría un poco.

-Tómalo con calma-me digo colocando un pie en Ciudad de Dios, lo cual era irónico. Su nombre solo parecía una ironía ante lo que se respiraba por las calles.

A través de un largo recorrido en las calles empedradas, la música y el ruido de los automóviles solo daba movimiento natural a todo lo de mi alrededor. Muchos negocios de adivinación y tiendas esotéricas abundaban al igual que personas que me seducían apara que me leyera mi futuro.

-Ven con madame Lulú- una señora gorda con un pañuelo en su cabeza me animo, pero me aleje.

-Que linda señorita ¿quieres saber con quién te casaras- pregunto un hombre desgarbado lleno de grandes perforaciones.

-No gracias- no me detuve presa del miedo.

Entre las aceras había banquitos de concreto con el nombre la ciudad, estaban dispersos y vacíos. Tome asiento para alentarme un poco, esto era algo difícil ¿a dónde iría? había muchos hoteles, casas de alojamientos, posadas, pero ¿qué podría hacer? era una chica de 17 años, pedirían datos, permisos, números telefónicos.

Mi maleta se cae y se abre un poco dejando ver el sobre con la carta de Ulises, como extrañaba a ese niño tierno que siempre pedía jugar conmigo. Su letra a molde esta algo torcida y sus palabras son claras y puntuales.

¡Hola Heaven!, estoy trists de que tengas que marcharte, siempre serás mi mejor amiga y porque te quiero te mando este dibujo de nosotros de vacaciones, pues siempre donde tus vayas estaré contigo.

Te quiere, Ulises.

Sonreír fue automático, lo quería tanto como aun hermanito que mi felicidad dio un vuelco distinto pues al menos había otra personita que me echaría de menos.

Doy vuelta al papel y nos vemos frente a una casa de ventanales largos y paredes naranjas, en las orillas este sembrado césped verde y tiene un cartel con flores llamado La esperanza. Pongo en mi pecho esa carta y me levanto para seguir con mi camino, pero me detengo al avistar una calle llamada "La Redención", una pequeña posada con un aspecto antiguo debido a los ventanales grandes y puertas que te conducían por un largo zaguán. Ulises se ha salido con la suya, esta era una señal y no una coincidencia, me había salvado y si aquí tenía que estarlo aceptaría.

Me adentro hasta una habitación pequeña que parecía una sala de juguete. sus muebles de ratán con madera oscura y cojines floreados le daban un aspecto cálido, junto a los grandes floreros y las múltiples fotografías de personas famosas al lado de una mujer bella con cuello largo y mirada penetrante.

- ¿Puedo ayudarle en algo señorita?- pregunto una mujer de 40 años con cabello corto que le daba un aire de elegancia melancólica.

-Sí, una habitación por favor.

- ¿Piensa quedarse mucho por aquí?-me miro de reojo examinándome detenidamente.

-si, así es.

-Necesitare un mes de anticipo, son 200- Su voz con temple vino a la perfección con esas facciones seria. Ella cargaba un collar largo elaborado artesanalmente con piedrecillas, semillas y unas cosas blancas que parecían huesos.

- ¡Tenga!. sonreí lo más natural posible, no quería que me pidiera papeles que pudieran hacer fracasar mi primer día de plena libertad.

- ¿Su nombre?

-Heaven, creo que con eso basto para mi aceptación.

-Muy bien, bienvenida a mi Posada, el desayuno se sirve a las 8, ¿entendió? por favor, no permito visitas del sexo opuesto y mascotas, evite llegar tan tarde por las noches para no causar molestias.

-¡Gracias!- le dije con todo mi corazón y pareció notarlo pues su mirada se suavizo, la curvatura de sus labios morados resalto una sonrisa tenue que enmarcó parte de sus arrugas.

-Tenga cuidado en confiar en los demás- me advirtió en tono profético, parece que su inocencia será su ruina, decreto y se salió de su aparador para llevarme por los pasillos hasta un lugar sin techo como si esa parte de la casa estuviera al aire libre.

Un ligero olor a sándalo se difuminaba entre el viento que agitaba a la gran cantidad de plantas que colgaban o estaban en el suelo. Pude contar 7 puertas hasta detenerse en la mía, abrió con la llave y cuando encendió la luz vi mi nuevo hogar, solo un tocador, unos cajones y una cama cerca de la ventana cerrada. Estaba delicadamente decorados con cruces e imágenes de ángeles con las manos unidas rezando.

-Su nueva habitación Srta. Heaven, por cierto, mi nombre es Cornelia, pero me dicen Cornie, trate de seguir mis reglas y tendremos una buena convivencia.

Sus manos tocaron las mías cuando me entrego las llaves, nuestro toque pareció dejarla en un trance por pocos segundos.

-¿Se encuentra bien?- pregunto preocupada por ver lo blanca que estaba.

-Veo cosas malas en tu vida chica, será mejor que busque hierbas para que te des un baño, no necesito malas energías en mi vida- sacudió su cuerpo como si fuera un terremoto y salió disparada algún lugar.

Me senté de golpe en el duro colchón sintiendo los olores viejos e históricos que recorrían este lugar, toda esta pequeña mini ciudad tenía una energía poderosa que vibraba bajo nuestros pies. Fui a la ventana y la abrí para dejar que entrara el aire y divise aquellas casitas pegadas una a la otra iluminándose con muñecos empalados de aspecto terroríficos, muchos se mecían por la fuerza del viento y otros estaban quietos como guardianes con luces de colores a su alrededor para resaltar más su fiereza.

- ¡Hola, hola!-un chico me saludo desde la puerta, era alto con rasgos asiáticos no muy acentuados, su cabello liso caía descuidadamente hasta sus orejas. Cuando me acerqué a saludarlo me sentí intimidada por su casi 1,90 y delgada complexión.

- ¿Turista?, cubrió su labio superior con el inferior como si fuera su ritual para adivinar.

-No lo creo, espero establecerme aquí por un tiempo.

-Oh, toda una aventurera entonces. Por cierto, me llamo Kuromi, pero me dicen kuro ¿y tú eres?

-¡Heaven!.

- ¡Al fin!- grito alegre de escuchar mi nombre, otra persona con nombre extraño. no sabes cuánto me alegra. Toda esta cuerda de incultos piensa que mi nombre es raro- sacudió el cabeza molesto-en Japón es muy común- resoplo y se cruzó de brazos como un niñito.

-Lo sé, conmigo estudiaba una chica que vivía allá llamada Hanasaki y a veces le resultaba algo duro las burlas hacia su nombre, pero creo que es solo cuestión de cultura- admití.

-Que pesado eres kuro- un chico bajito y regordete salió de una habitación, -he escuchado tus gritos desde mi habitación ¿acaso no puedo jugar call of duty en paz?- pronto me miro y tomo unos segundos de silencio para reaccionar, -¿una chica? eso es raro ¿no me digas que te jodío con lo de su nombre?, acertando en su suposición.

-No es joder, solo pido comprensión, soy un chico mitad asiático, mitad americano que desea vivir sin la división cultural y Heaven me entiende muy bien, Jack.

-Sí, como no- rodo sus ojos. trata de ignorarlo Heaven, me recomendó. Bueno, ya he perdido mucho tiempo, tengo que calentar motores- y cerro su puerta.

-Ese es Jack, es un chico muy inteligente y vive aquí porque sus padres querían que tuviera responsabilidades, pero no es así, solo se echa a comer y jugar ganando miles semanales- arrugo su rostro verde de envidia.

-Con permiso, quítate Kuro, voy a purificar a la nueva, no permitiré que nos ahuyente las buenas energías con sus sombras.

tenía un plato de cerámica con ramitas y carbón encendido que paso por toda la habitación y cerca de mi cuerpo mientras recitaba una especia de mantra o conjuro con sonidos melodiosos y algo repetitivos. ¡oooooomammamamma! ¡omaomaomaaaaaaaaa¡

brinco en un solo pie, dio tres vueltas y termino. -Bien, ahora si eres digna de vivir en mi casa. que pases buenas noches..

-¡Oiga!, la detengo-¿que son esas cosas afuera?, dije señalando los muñecos.

-¡Oh!, eso. Son parte del festival de sangre. Esta ciudad es muy devota a los cultos vampíricos, aunque se sabe que no existen todos son fieles a su tradición. Durante las fiestas nos vestimos con capas rojas, vamos a fiestas y rendimos cultos a ellos. Los muñecos son solo precaución, se decía que para evitar que ellos no llegasen a tu puerta deberías dejar un cuerpo empalado y así eso les sería una especie de alerta a lo que podría pasarle. Además, cuentan que si oyes sonar la puerta o la ventana y son ellos nunca los invites a que entren. Se encogió de hombros y se marchó. -Por cierto, tu no debes permanecer mucho tiempo en las alcobas de la jovencita- tomo por el cuello de la camisa a kuro y lo alejo.

Un extraño presentimiento recorrió mi espina dorsal. ¿acaso me había equivocado de ciudad? huía de vampiros y ahora me adentraba en una ciudad que los adoraba y le rendían culto. Toda mi visión empezó a oscurecerse, no estaba segura de lo que iba hacer y como saldría de este aprieto, tampoco podía darme el lujo de irme a buscar otro lugar, el dinero escaseaba y entonces me asegure de que tenía que comportarme como una adulta.

Me desplome en la cama para poder tener dulce sueños, necesitaba mucha energía para el día de mañana, solo espero que todo salga bien.

Cierro mis ojos y de nuevo estoy sumergida en ese mundo. Ahora veo a Valentine besarme con fervor y diciéndome que me ama, pero su rostro palidece de miedo, no entiendo ese cambio drástico y ahí están los dos, Gabe y Donald se aliaban para separarnos.

Un toque en mi ventana me despierta súbitamente. Mi corazón se acelera y mi sangre fluyen tan rápido por mis venas que duele. Hay susurros pétreos a fuera y me invitan hacerles pasar.

- ¡Ven! -su voz es jadeante y tan seductora como la de una serpiente, -te necesito, dice con un ritmo hipnotizante- pero tengo miedo y me acurruco entre mis piernas y brazos cuando otros dos golpes mas tocan a mi ventana deseando que todo acabe.