En busca de Trabajo

La mañana era muy soleada, aquí las lluvias no llegaban a intimidar este lugar, a las 8 el desayuno Estaba servido en ese comedor al aire libre.

Panqueques, mermelada y miel junto a un dulce café, los sabores se hacían agua en mi boca estaban en la enorme mesa ovalada.

Cornie hablaba tranquilamente con los chicos, apenas había 4 de ellos como inquilinos, pero todos me recibieron estupendamente. Kuro no paraba de decir que era la primera persona que conocia que comprendía lo de su nombre y cultura, su ánimo porque me integrara en el grupo me agrandaba el corazón. Jack no apareció en la comida, pero los otros 4 chicos si y se presentaron muy amablemente. El primero en recibirme con un saludo fue Josua, quien parecía exótico con su piel achocolatada y magníficos ojos verdes que eran pequeños y seductores, se podía notar que era un gran galán por la forma que dejaba ver esos grandes músculos con camisas sin mangas y casi nada de los lados.

-No sabes lo agradecido que me siento con esta noticia Cornie- le dijo a la posadera, -al fin te dignaste a traer un chica y muy guapa. No paro de quitarme los ojos de encima intimidándome un poco.

-¡Heaven!, ¿qué clase de nombre es ese?-pregunto con intriga.

-Significa cielo en ingles idiota- kuromi parecía algo molesto por la cosa del nombre, - ¿Por qué siempre tienen que preguntar el significado? ¿no pueden ponerle así solo porque le gusta?-sacudió su cabeza y se metió un bocado a la boca.

-Te has ganado una zurra Kuro, bájale dos a tu humor, solo quería conocerla-Explico.

-Sí, pero tiene novia, Heaven- aclaro con sorpresa el rubio a su lado. Aunque sus ojos no eran hermosos su rostro parecía intrigante y misterioso gracias aquel vello facial que recorría la mitad de sus mejillas y se deslizaba a unas patillas hasta su oreja.

-Que chismosa te has puesto Vladimir- se burló, creo que tú te vas a ganar la zurra.

-¡ha!-soltó jactancioso Vladimir.

- ¡Podrían callarse!, no me dejan concentrarme. tengo que prepararme para mi examen y ustedes solo están ahí peleándose por una niña, dijo el más pequeño.

Pese a que todos rondaban por los 20 el parecía mucho más pequeño, creo que, de unos 15 años, pelirrojo y pecoso no paraba de leer sin prestarme atención, aunque a había ciertos instantes que me observaba fugazmente.

-Prefiero que me llames por mi nombre o simplemente no digas nada de mí, solté algo molesta. En la mesa hubo un silencio que fue roto por kuro y Josua gritando.

- ¡Uhhhh!-fue largo y escandaloso.

-¡Un momento!- Cornie intervino molesta. -No voy aguantar este tipo de cosas, todos muestren algo de educación y clase en mi mesa.

Y eso fue solo suficiente para que todos comiéramos en silencio por un largo rato. Cuando todo termino Josua y el chico gruñón fueron a lavar los platos pues era su turno. Con un poco de valor y muchos sueños en mi mente salgo a las calles en busca de trabajo, necesitaba encontrar algo pronto para poder marcharme fuera del peligro.

-Deberías alejarte de los callejones si vas a salir sola- me aconsejo Vladimir saliendo a mi lado.

Mi cara de confusión le estaba alertando algo lo cual agradecí, pues enseguida vino por mi ayuda -¿qué vas hacer?¿de paseo?

-¡No!. voy a buscar trabajo ¿sabes dónde puedo conseguir uno-hice una pausa- que no pida papeles.

-Ya veo, si hay uno, pero es temporal, aunque pagan bastante bien-rasco su mentón cuadrado y vio volar a una golondrina.

-¿En dónde?-

-En el festival de sangre- respondió sin poder equivocarse, -a nadie le importa quién eres, no hay límite de edad, solo ve, te anotas en una lista y recibes tu paga al final del día. Deberías aprovechar la semana en la que estamos de fiesta, saco de su bolso negro un papel colorido con una rosa ya conocida. Trago saliva resignada era una tonta, pero tenía que hacerlo, era temporal y necesario para vivir.

-¡Gracias! Vladimir, guardo en mi bolsillo aquel volante y camino junto a él una larga distancia por las calles empedradas y de figuras coloniales con brillantes colores.

Todas ellas tenían a su muerto de juguete colgados en una cuerda a travesado con algo filoso en el corazón, ¿Cómo podrían engrandecer aquella especie tan despiadada y sin corazón? Ellos solo eran alimento fácil para los vampiros, pero les encantaba vivir en una especie de fantasía gótica en donde creen que por su forma humana podrían mostrar consideración ante esa especie inferior.

Vladimir me pareció un chico muy estupendo, divertido y muy centrado. Sabía lo que quería y hacia todo lo que estuviera en sus manos para lograr su meta, como lo era terminar su carrera de actuación en la universidad local.

Los puestos de flores que eran de madera emanaban un aroma a fresco que me recordó a Villa Virginia y Valentine. No dejo de hacerme preguntas sobre si el pensaría en mí en estos momentos, como anhelaba sus besos, aunque sea escuchar su voz por última vez me haría muy feliz.

El clima era soleado, ya no tenía que usar suéter y gorros para cubrirme de la lluvia, podía tomar aquello como un buen augurio, aquí las nubes no ennegrecerían mi vida. Sonrió llena de confianza, tengo que lograr todo lo que me proponga, tengo que surgir y no quedarme atrás.

Las calles ya tenían ramos y papeles rojos en forma de triángulos colgados por todas partes, desde los postes de luz hasta en las ventanas altas para amenizar aquel mórbido festival del horror. Muchos niños usan colmillos falsos y llevan pintada una raya roja cerca de los labios para simular un hilillo fino de sangre haciéndoles perder su inocencia. Muchas carpas estaban siendo montadas y en medio de ellos había una tarima en construcción con luces y múltiples equipos de sonido.

Tropiezo con una chica algo atareada que aprisa recoge la pila de papeles que fueron volando por todos lados. Su nerviosismo me hizo recordar al conejo de Alicia, no paraba de susurrar que llegaría tarde algún lugar y estaría en problemas. Me arrodillo y recojo casi todo el material y se lo entrego en sus manos.

- ¿Estas bien?- me obligo a preguntarle, sus ojeras y gran palidez me preocupaban.

-¿Bien? no, no lo estoy, si Ricardo se entera que mezcle estos documentos me hará trizas ¿porque todo lo malo me pasa a mí?, suspiro tristemente.

- ¿Te puedo ayudar en algo?- animo mi voz para contagiarla.

-Eso depende ¿vienes por empleo?

-Sí, vengo por un empleo.

-Eso es perfecto, entonces necesito que me ayudes con la logística del festival, ¿podrías hacerlo? Solo tienes que encargarte que todos los trabajadores tengan agua, comida y cualquier cosa que te pidan.

-Está bien, lo hare ¿por dónde empiezo?

-Por decirme tu nombre.

- ¡Soy Heaven!.

-Y yo Anna. Bienvenida al manicomio- camino un par de pasos-por cierto, ve a la carpa amarilla y dile a Doris que te de tu gafete y las instrucciones- sus pequeños pies se movían a una velocidad tan rápida que parecía que corriera.

Doy unas vueltas, no me es difícil conseguir aquella carpa amarilla que era grande y resaltaba entre las rojas. Una mujer bajita y de pelo recogido estaba sentada en un escritorio, en su camisa de cuadros tenía un distintivo con su nombre D.Back..

- ¡Buenos días! Anna me acaba de mandar para acá.

-¿Qué fue lo que te dijo?- pregunto seria, sus arrugas le daban una apariencia de 45 años, no usaba maquillaje y sus cejas eran gruesas y sin forma.

-Que me encargara de la logística.

-Sí, bien- su tono fue errante pero la ignoro, -ten-me entrega el gafete y un mapa. -Ve donde Will y que te entregue todo lo que necesitas, tienes que ser puntual con la entrega de los materiales y sobretodo la comida pues toda esta gente es muy delicada con ello. No te detengas hablar con nadie, estas aquí para trabajar no para perder el tiempo haciendo amigos. Si por algún caso uno de los superiores te ordena hacer algo que no te incumbe debes hacerlo pues ellos te pagan. Ten la tarjeta, esta será marcada al inicio y final de la jornada. Sin más nada que decirte será mejor que te apures, me haces perder el tiempo-gruño como un perro con rabia, pero seguí caminando siguiendo sus instrucciones.

Yo haría lo posible para ganar dinero, dentro de mi algo había cambiado cuando acepte ese gafete con mi nombre, por primera vez en mi vida me ganaría el dinero, esto significaba el inicio de una nueva vida, ya no sería más la princesa Heaven, ahora sería la guerrera, la chica luchadora que se encargaría de regir su propia vida. Si mi padre me viera se hubiera sentido orgulloso de mi pues el también hizo lo mismo cuando era joven y antes de ganar aquella fortuna con sus giras.

El movimiento de aquí para allá era bastante ajetreado, el incesante calor y los excesivos ruidos podían ser algo agotador, casi siempre corría para entregar todo a tiempo, aunque recibí algunas quejas de los vendedores de dulces por tardar unos minutos, pero por el resto creo que me fue bastante bien, sólo les entregue cajas de aluminio con comida y refrescos, y algunos paquetes como una mensajera.

Era impresionante como estaban organizando aquel festival muy inusual, a tenían antifaces con plumas, colmillos falsos, sirope de fresa como sangre, cruces, pequeñas botellitas con agua benditas y mujeres que ensayaban sus grandes voces en la tarima. Había bandas modernas y también clásicas, obras de teatros y pinturas de fantasías que simulaban crucifijos de plata como una especie de burla.

Recorro cada espacio hasta llegar al almacén para entregar una pesada caja en mi carrito. Todo luce oscuro y muy silencioso, camino un par de metros hundiéndome más a la oscuridad, siendo rodeada por ese muro de cajas apiladas que formaban grandes torres. Me detengo frente a unas tres puertas, leo la nota que me dio Doris, tengo que entregársela a un tal Ricardo, pero no había nadie, llamo y solo mi eco me responde. Diviso una luz tenue en la puerta de la izquierda, con un gran impulso camino y la abro sin tocar. Adentro un piano negro se encontraba solamente en medio de la habitación junto a un farol que iluminaba aquel brillo característico, mis dedos temblaron, aquel piano era una gran tentación que me invitaba a tocarle, camino hacia él y siento su fría madera lisa y cierro mis ojos recordando aquellos momentos.

Al abrirle ya estoy sentada tocando una pieza que era de papá, aquella que me compuso para acostarme a dormir, junto a ella un hermoso cuento lleno de tierras mágicas me arrullaban, pero esta vez solo me llenaban el corazón haciéndome sentir viva, estuve a punto de llorar si no hubiera sido por esa voz gruesa de aquel hombre.

- ¿Qué haces aquí? ¡vete! no tienes permiso de entrar en esta área.

-No fue mi intención, solo vine a entregar un paquete- digo separándome de mi nuevo gran amor.

- ¡Entrégalo y márchate! No necesito mirones por este lado, si el jefe se entera nos matara a ambos. Grito con tal convencimiento que salí corriendo despavorida.

- ¿Estas bien Heaven?- Anna me pregunta ya más tranquila, -te ves pálida y estas fría- toca mi brazo brevemente.

-Sí, solo moleste al señor- señalo la bodega.

- ¡Ah!, Pierre, ignóralo, es un viejo gruñón.

–La primera vez que me grito me hizo llorar como un bebe, pero lo supere.

–Entiendo.

-Tu turno se acabó- dice con rodeos, - ¿pero podrías quedarte un rato más? necesito a alguien que me ayude a organizar los actos de estos días antes de que el jefe venga. Por favor. te pagare más- rogo súper cansada. -Se lo pediría a otro, pero nadie quiere hacerlo.

-Sí, no hay problema, si hay más dinero- bromeo un poco con ella, - ¿por dónde empezamos?

Ambas nos ponemos manos a la obra en su pequeña oficina confeccionada con una carpa pequeña y cómoda que tiene un par de asientos, un escritorio y una nevera pequeña con muchos refrescos. Sin esperar mucho empezamos realizando horarios específicos de cada baile, canción u obra y en cuanto tiempo se realizaría, dando tiempo para descanso y arreglar el escenario.

Anna, era una chica muy joven, con 19 años apenas, su cabello rizado se esparcía por todo su rostro dando la impresión que era más pequeño. Con sus ojos negros y profundos daba la impresión de estar algo anémica y cansada, aunque todavía tenía algo de energía para seguir hablando y llamando por teléfono dando órdenes a los subordinados como una persona severa lo cual funcionaba, nadie la contradecía y su palabra era ley en las fiestas.

-Mañana será la primera noche, estoy nerviosa, me mostro su mano vibrante que tenía una cadena con estrellas muy bonitas que sonaban como cascabeles.

-Todo saldrá muy bien.

-¡No lo sé!. Ser organizadora de este festival es muy pesado, todos los años alguien quiere mi puesto, pero yo no lo hare, quiero quedarme con él, me hace sentir feliz, siempre lo he soñado de pequeña, organizar el festival de sangre, con bailes, fiesta, comida, juegos y el gran show de Ricardo.

-Eso suena emocionante- admito.

- ¿Qué? ¿nunca has ido a uno?- su voz sonó como si hubiera dicho algo indebido, estaba casi ofendida por tan solo pensar en aquella idea.

- ¡No!, soy nueva en la ciudad- confieso terminado de cuadrar el cronograma.

- ¿Entonces no sabes quién es Ricardo? - él es magnífico, a pesar de que luce como un chico de 20 tiene 40 años y toca el piano de una forma tan hermosa que sientes que tu alma muere y es llevada al mismo paraíso. Su entrada siempre es la más esperada.

-Gracias por los elogios pequeña Anna- dijo entrando un hombre de gran semblante, su belleza era algo antigua y muy limpia, su cabello corto estaba peinado hacia atrás resaltando más su quijada varonil, llena de vellos perfectamente cortados. Su piel sin brillo era tan blanca que notaba sus venas azules fácilmente. Removió con cariño el cabello de Anna y me miro con interés, -veo que ya conseguiste ayudante. Me alegro mucho, no quisiera que te enfermaras por nuestra culpa.

- ¡No!, solo me siento algo cansada pero no es grave, además Heaven es de gran ayuda ¿o no? -me miro, ambos lo hicieron.

- ¿Con que Heaven? mucho gusto Heaven, soy Ricardo Van Dhelier, estrecha mi mano y siento la suya fría y tiesa.

-Mucho gusto.

-No creo haberte visto por estos lados ¿eres de afuera?, tomo asiento al lado de Anna y tomo un sorbo de su refresco.

-Eso es correcto. Solo estoy aquí de paso, digo con una cierta sensación de peligro que quema mi cara, toda su apariencia me resulta tan familiar que mis piernas temblaban.

-¡Es una lástima! alguien que toca el piano con tanta pasión debería estudiar en la escuela de arte.

-¿me escuho?-suelto con sopresa ante su confesion, mi sangre sube a mi rostro enrrojeciendolo.

-no te escuche. te senti. eres maravillosa ¿quien te ha enseñado?

-mi papá-digo sin decir de mas.

-un gran maestro y tu una gran estudiante. tenia años que no escuchaba a nadie tocar a si, bueno yo soy una excepcion-bromea.

-muchas gracias, pero no es necesario que diga todas esas cosas-me sentia algo intimidada por aquellos halagos que escondian secrets profundos.

-y de paso humilde-solto una carcajada-eso es algo dificil de encontrar. Anna, tienes la mejor asistente-la felicito y ella tambien se enrojecio-señoritas, es hora de irme-se van tranquilemanete y ahora y podia respirar tranquilamente,mi pulso se regulo y ya estaba segura junto a anna.

-le has caido muy bien, Heaven. Ricardo no es del tipo que se sienta hablar con tdos los empleados. no le gusta mezclarse mucho con la gente.

-¿Empleados?

-si, su familia ha sido la encargada de todo esto por muchos años y el es su heredero. No sabes la envidia que te tengo. yo daria lo que sea para que el hablara conmigo asi, le sacastes una gran sonrisa.