En la entrada de la cueva I

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——Antes de que Geist 33. H (Riat) este en línea, después de la primera respuesta positiva del modelo de experimento en pirámide invertida.——

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— Explícalo de nuevo y ahora voy a poner atención— se burló Anderson, tenía muy pocas horas de sueño y por un momento creyó que lo que había oído de su colega era producto de una alucinación.

— Queremos información verdadera, ¿no? La gente miente y mentira cuando les coloques en una habitación blanca con una ventana de doble vía. Julia es el ejemplo perfecto.

White arrugó el gesto, mirando a una esquina de la habitación estaba la mencionada, doblando una bata de laboratorio. Había ingresado en la plantilla del personal por sus registros académicos en el área de salud; pomposos y de renombre, quien esperaría que al entrar en una sala de enfermería se desmayaría en segundos.

— Lo siento, esta es una discusión que no te correspondía— se disculpó White

— No, si le toca. La contratas para ayudar en los exámenes de los sujetos y luego no salgan con una demanda por sus huevos. Estamos sin un médico, con un equipo de mantenimiento en desorden y ahora el jefe de toda esta organización, o sea tú, ¡ha enloquecido! Perdón, pero yo me voy a la cama

White bloqueo el paso a Anderson.

— Este proyecto siempre ha sido una locura, ¡por qué ahora quieres retroceder!

— ¡Ah, no sé! — respondió con sarcasmo— tal vez porque meter a más de mil personas con mentiras en un circuito cerrado contaría como secuestro ¡Y ya no estamos en el auge del señor con bigote!

— Yo no pensaba decir mentiras para atraer gente.

— ¿Y qué dirás? — Falseando la voz de White— “Mucho gusto, los voy a meter a una caja blanca con el fin de experimentar con ustedes, espero que nos llevemos bien” Si ellos no te dan una cachetada, te prometo que yo lo hago.

— ¡el mundo necesita esto!

— No

Anderson se tiró de los pelos, su ira se había apilado en una lista larga de malos hábitos, apoyándose en la pared; quería evitar golpear a su amigo.

— White, el mundo no necesita otra masacre, otra cruz…requiere de personas que lo salven, que lo ayuden. Alguien como…

Anderson se mordió los labios, un nombre prohibido trato de escurrirse entre estos. Preocupado por su desliz, miro a White, en contra de sus predicciones, se mostraba sereno y decidido.

— ¿y que si es así? Nos movemos así, ¿qué es unos pocos a cambio de muchos? Usaremos este maldito sistema para reformularlo. Que esta vez sí exista alguien que pueda ayudar, que sepa cuando se lo necesita; que no se distraiga por cosas banales; comer o dormir, capaz de estar alerta las 24 horas del día.

— ¡Por eso es la IA! Pero hasta mi tecnología tiene un puto límite. Necesita aprender para ser perfecta, y no voy a crear a un monstruo que solo identifique miedo, porque eso es lo que sentirán las personas una vez que empiece el proyecto ¡m-i-e-d-o!

—… ¿no hay manera de engañarlos?

— No pienso utilizar drogas estimulantes.

Llegando a un punto muerto, White recordó que Julia aún permanecía en el cuarto; girándose hacia ella, se disculpó por el espectáculo, mencionando con sutileza que aquella conversación no debía salir de aquel cuarto.

— Si me permite señor— se adelantó— en los archivos del antiguo mundo estaba un experimento aislado, se suponía que criaron a un grupo de bebes con condiciones específicas.

— ¡genial! Secuestro y tráfico de personas, ¡hoy tenemos 2x1 en delitos!— Anderson se frotó las sienes, suspirando cansado, trató de ser gentil con Julia— no tienes que meterte en esto, el trabajo es tuyo y ya veremos cómo acomodarte.

La joven se vio más relajada, su historial laboral tenían demasiados despidos abruptos por su condición, mantenerse un poco más en una empresa de renombre la ayudaría. Ignorar lo oído sería fácil.

— Esa era mi segunda opción— murmuró White, calándose al ver la mala cara de Anderson— estoy desesperado.

— Se nota y cometer un delito, no ayudará en nada, ¡ahí está! Ese es mi límite. Rebásalo y yo me largo con mi investigación. Quieres que la IA aprenda de comportamiento humano, busca la forma en que no tenga por qué explicarles a mis hermanos que tendrán que ir a una casa hogar.

—…Exageras— Anderson levanto en lo alto su pantufla— solo…requiero crea un ambiente controlado, conectar la IA a la red con millones de usuarios no es viable, para manejarlos habría que meter mano de obra humana, un juicio tan voluble y volveremos al mismo punto. Nuestra moralidad no debe meterse en el proyecto.

White se apoyó en la pared, golpeando su nuca en la misma, tratando de pensar en algo.

— ¿una exposición parcial?

— No, aún hay variables que no controlaríamos y me imagino que tu límite roza con poner gente espiando a los sujetos.

Quedando en silencio, Julia no sabía si ya podía retirarse, estaba incómoda, pero hacerlo en este momento sería demasiado. El sonido de una notificación le erizo la piel; lo había dejado encendido y el juego de puzles que usaba para entretenerse le recordó seguir su racha. Anderson respondió de manera mecánica.

— El contrato especifica nada de móviles con cobertura

— ¡Lo siento! Es solo un juego, ¡lo juro! — sacando su móvil con prisa le mostró a su jefe para que lo comprobara.

Anderson lo reviso, Julia era el modelo ideal de personas que buscaban como base del proyecto; sin distracciones, viviendo por y para un solo trabajo; en el fondo de todo se camuflaba una app de juegos junto al emulador VR estándar que viene por defecto de la fábrica.

Una idea vino a su cabeza, estaba tan metido en su trabajo que olvido algo tan simple como un videojuego, ni siquiera sus hermanos presentan el interés por ese medio y en la época actual que corre; el número de personas que derivan su tiempo a este tipo de entretenimiento, es contada. Con la revelación en su mente, el sueño y cansancio se empujaron hasta el fondo, mirando a White como un hombre enloquecido dio inicio a un largo camino.

— VR

(Realidad virtual)

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—Desaparecieron señor— un guerrero se arrodillaba ante Zan, tratando de amortiguar el temblor en su cuerpo.

El lobo se veía sereno, sería en sus ojos donde el caos se acumulaba, listo para explotar al primer incentivo.

— Lo huelo— farfulló.

Manteniendo un andar lento, se acercó a los restos de la fogata; el café tirado era irrecuperable, los cuencos vacíos se habían apilado y en un rincón estaba una pequeña porción de la cena guardada en hojas. Era probable que ya estuviese fría, solo que el olorcillo perduraba en el aire.

Una comida caliente.

Una fogata.

Zan mordió su boca por dentro con ira, sintiendo el sabor de su propia sangre. A su espalda, la masa amorfa de hojas se convulsionó en una arcada, crujiendo su cuerpo entero, aumentaría un par de metros, alzándose por encima del lobo con los brazos extendidos; golpeando la fogata con sus puños, con un gruñido bestial; dejándolos a oscuras.

El grupo de guerreros que se habían quedado a su cargo se aferraron a sus ballestas, mientras que las orejas del lobo se movían en su dirección. Sentía su alerta, su miedo.

La criatura se balanceó sin energía, desmoronándose en el suelo hasta ser lo que era, un montón de hojas y ramas.

Podemos llamarlo instinto. Los hombres miraron el arma en sus manos, con ojos codiciosos y burlescos, apuntaron en dirección de Zan. Llegándose a oír en aquella noche el crujido del metal, así como el pequeño clic que se producen al recargar la ballesta.

— Que desastre— susurró el lobo, sus colas caídas se elevaron con entusiasmo— Mi Señora se enfadará

— ¡no te muevas criatura! —

— Yo tenía razón— Los guerreros dieron un paso adelante, con un agarre firme en sus armas sintieron el poderío de los números.

— Serán tus últimas palabras, ¡quédate quieto y esto será menos doloroso! La carne de lobo es mejor si la bestia no sufre.

Los hombres se rieron, ya saboreando el platillo.

Zan soltó un suspiro cansado, no les daría una mirada más, era demasiado para ese grupo de escoria. Lo siguiente solo sería un murmullo ahogado antes del golpe de los cuerpos al caer. La hojarasca se abalanzó hacia ellos, metiéndose por los orificios del rostro e hinchando los cuerpos. Quien logró sobrevivir al primer impacto se retorcía en agonía.

— La carne estresada es la peor, aunque a diferencia de ustedes, yo no pienso comerlos. Es desagradable.

Zan se agachó a sacar un pedazo de carne seca del suelo, soplándolo un poco antes de llevárselo a la boca.

— Era que mantenga la calma— se lamentó, iniciando un hilo de quejas.

— Ahora tengo que alcanzar a mi señora, ¡no quiero!… las cuevas están demasiado cerca de las montañas, soy un lobo de bosque; la nieve no es buena en mí.

Mirando a los lados se concentraría en uno de los guerreros que aún no había muerto, luchaba contra su conciencia para mantenerse despierto y su don mágico luchaba para contrarrestar los poderes del lobo.

— Gracias, señor humano— se burló, buscando entre los restos del campamento— me hizo recordar que ustedes fueron atacados por ellos. Yo se lo dije a mi señora, ¡son tan inútiles que de seguro no regresarían vivos y en una pieza!

El hombre intentó colocar fuerza en sus manos, tratando de arrastrarse lejos del lobo, sus sollozos se escapaban de la garganta.

Zan encontró lo que buscaba, una pequeña daga que seguramente fue usada en la comida, no era la mejor opción, pero eso no quito la diversión de sus ojos.

— No te preocupes, yo me ocuparé con esto.