Moras Amargas III
¿Cuánto tiempo llevaba mirándoles?
El sonido quejumbroso de la hojarasca con la brisa se mantenía persistente, habían camuflado sus pasos bajo este.
No, a los pies de Zan, las hojas revoloteaban en su propio lugar y como si de un solo cuerpo se tratase, cuando se apoyó en su brazo, el manto de vegetación se agitó y expandió.
Al distinguir la sonrisa amplia de este depredador, Koréen retuvo el impulso de voltear hacia la fogata, mantenía el aire en sus pulmones a la espera del primer movimiento de alarma.
Con la paciencia propia de un lobo, rodeo la orilla que los separaba, las hojas bajo su túnica se arremolinaban a cada paso, atrayendo a otras a su revoltijo. Resguardado entre las ramas caídas de los sauces, Zan se erguía con poderío, su gesto soberbio lo separaba en un plano distinto a la figura contra luz que era Koréen. En el aire podía ser capaz de olfatear su pánico.
— Qué satisfactorio— deleitado, expuso su puño, donde de una manera lastimera el ruiseñor aún se mantenía consciente, su pico se había roto, al igual que parte del cuello. Aun así, la pequeña piedra verde en su frente le otorgaba un brillo de vida en sus cuencas vacías.
Koréen acerco su rostro en un impulso, deteniéndose en seco y sin quitar la mirada de la marioneta. Su miedo se había transformado en preocupación y con ellos se llevó la sonrisa del rostro de Zan.
— Que molestia…— cortando la distancia entre ellos, acerco los restos de la marioneta, preguntando con desdén— esta es la porquería que quieres
Solo tenía que estirarse y podría tomarlo. Pero Koréen no lo hizo, retuvo sus manos al arrugar su falda, su respiración se aceleró mientras sostuvo la mirada a Zan, que desde arriba, la veía con desdén. Las orejas del lobo se movían con sutileza, eran capaces de oír el corazón acelerado de su objetivo y en el momento alto en que ambos se encontraron mirándose; la joven desvió sus ojos por segundos hacia la marioneta.
—Tus ojos…— farfulló con ira reprimida, forzando cada palabra— No, me, veas, de, esa, manera.
Las hojas saltaron enloquecidas, se agrupaban a los pies del lobo, que molesto, exponía sus colmillos; Koréen tuvo la valentía de abalanzarse hacia los restos de la marioneta, siendo burlado por Zan en el último segundo.
— Esta es la porquería que querías— arrojándola al suelo, la pisoteo con fuerza, una y otra vez.
Logrando que la mano de Koréen quedase en el aire, mantenido los ojos abiertos, incrédula y con un sabor amargo en la boca. Quería replicar, quería lamentarse, quería detenerlo, pero se quedó en blanco.
Esto no ayudo al mal genio del lobo; lo odiaba, repudiaba esta reacción.
“¡Grita, llora, maldíceme!”, pensó hacia sus adentros.
Podía estirar su brazo y romper ese pequeño cuello como a un palillo, exprimir de sus últimos alientos una disculpa. Sí, eso era lo que deseaba, extraer de su garganta una súplica, oírle implorar su perdón.
Del otro lado de la laguna, justo en el momento en que Rosario dejo atrás la silueta de Koréen, Kiara levantaba por lo alto una taza de metal con lo que parecía ser café barato, o un intento pobre del mismo. Echando un poco por los bordes.
— ¡mira, mira! Estos mercenarios tenían un par de granos en la bodega— su efusión era tal, que al levantarse no estimo que la caldera se cayera de lado, atenuando la hoguera.
— Maldita sea— Alecksz trato de recogerla, quemándose en el instante. Kiara fue un poco más acertada al estirarlo con una ramita.
Rosario los alcanzaría con prisa, haciendo gala de sus guanteletes, acomodo el desastre provocado.
—Kiara— llamó Rosario en reproche, viendo como la otra se limitaba a tomar a sorbos el café restante, soltando un suspiro, miro a Alecksz pidiendo una disculpa.
Un escalofrío recorrió su columna, tan abrupto, con tal fuerza, que por segundos sus ojos se perdieron en una neblina.
— ¿Qué pasa? — se adelantó a preguntar Kiara, recibiendo un parpadeo veloz y una media sonrisa.
— Esta noche parece ser demasiado fresca para mis huesos viejos
Riéndose de su propia desgracia, sintió que la sangre se agolpaba en su garganta, soltando la cafetera de sus manos. De su frente provino el sonido de un cristal roto, acompañado de un brillo verduzco.
— Duele…— Rosario se sostuvo las sienes con fuerza, tambaleándose hasta caer sobre sus rodillas.
— ¡qué ocurre!
— ¡¡No toques!! — mordiéndose los labios por el dolor agudo, señaló en dirección de la laguna.
Alecksz lo vio como una finta, pero el susurro de Rosario lo convenció
— El ruiseñor…
Tirando sal a la hoguera, las llamas se avivaron con violencia, mostrando con una tibia nitidez la figura de Koréen en la orilla, teniendo en frente a Zan.
El murmullo de las hojas aumento, la brisa se convirtió en una corriente. El lobo apoyó dos dedos sobre su boca y emitió un silbido. Guiando a la maleza seca a rodearlos con ferocidad, actuando como torbellinos que separaban a los demás de su presa.
Alecksz sostuvo la empuñadura de su espada, dando un salto en su dirección, sus pasos se tambalearon en el piso cubierto de hojarasca, al levantar la cabeza, el silbido del aire cortado lo advirtió de no moverse. Desde su espalda, Kiara arrojo su hoz.
— ¡quítate!
Zan encaró al arma, ignorando el empuje de Koréen en sus piernas, el filo rozo su cara y este centro su ira en la castaña, que a gatas, tanteaba donde había sido puesto su libro mágico.
No necesitaba tocar su rostro, el lobo sentía como su mejilla había sido cortada. Cuando la primera gota se expulsó fuera, sus emociones y control se desbordaron; los torbellinos se unieron en uno solo, irguiéndose como un golem furibundo dispuesto a atacarles. Su cuerpo era cubierto por flora muerta, aun así era resistente al primer embiste de la espada de Alecksz, soltando un fétido aroma.
Kiara trató de recuperar su arma, pero Zan se aferró a la cadena, tirando con una fuerza bestial, propia de su estado iracundo, arrastrando a la ladrona hacia su criatura recién formada.
— ¡¡Cuidado!!— Alecksz gritó, vio algo entre las sombras.
El golpe de algo detuvo en seco a Koréen, dando una mirada rápida a su espalda, donde antes estaba, un grupo de flechas de acero se habían incrustado en la tierra, de los extremos colgaban gruesas cadenas que se retraían hasta sacar las flechas llevándose pedazos del suelo. Trago duro. Su cuerpo podía haber ocupado ese lugar.
El bosque que estaba quieto estallo en un graznido de advertencia, las aves abandonarían las copas de los árboles y el zumbido del aire volvería a estar presente.
Alecksz estaba muy lejos y Koréen creía haber visto el borde de una de las flechas salir de las copas de los árboles, siendo ella el punto de impacto.
El ave que estaba atado a su muñeca tiraba con fuerza, recordándole correr, pero la misma criatura parecía verse perdida, volando sin rumbo y dirección. Como un pollo sin cabeza.
Un zumbido recorrió la nuca de Koréen, tomando el libro entre sus manos lo levanto encima de su cabeza, justo cuanto otro arpón chocase con la barrera del grimorio
El campo de fuerza del libro se accionaría cuando chocasen, la barrera eléctrica la rodearía por segundos antes de causar una explosión que la hizo retroceder, cayendo y soltando lo que la había salvado.
Koréen sentía sus manos entumecidas por la descarga, el metal de la flecha se deformaría hasta convertirse en una masa amorfa. Pero su cuerpo se sentía en extremo abusado.
— ¡¡Fallé!!— Se escuchó a alguien maldecir desde las sombras del bosque.
Mientras la electricidad remanente en sus manos se extendía por su cuerpo hasta forma un tic nervioso en su rostro, Koréen gateo para aferrarse a su libro. Arrastrándose de rodillas, tratando de poner distancia entre Zan.
Las flechas que rebotaron habían caído a sus pies, un poco más y el herido sería él, Zan miro con reproche hacia el bosque, su presa estaba más lejos de lo que le hubiese gustado.
El hilo de su muñeca se tensaría, podía asegurar que era capaz de cortarle la mano, rompiéndose en el último segundo, El ave recupero su cordura, cayendo en picada hacia el lobo, recogió de la hojarasca un diminuto jade.
Colocándose en lo alto, su pequeño cuerpo expulsó un chillido agudo, tan estridente, que ensordeció a los presentes. El llamado del ave perduró varios segundos, obligando a Zan a cubrirse las orejas con fuerza, de las mismas, caerían un hilillo de sangre.
— ¡Ataquen, inútiles!
El bosque respondía a aquel llamado con un nuevo golpe, una oleada de arpones saldría de ambos lados del camino con un obvio objetivo de choque.
Koréen no lo dudo y se aferró al grimorio, pegando su cuerpo lo más que podía al libro, cerrando los ojos para entregarse a la corriente de la barrera, así como al choque de la misma con las flechas; gritando entre dientes cada vez que una descarga eléctrica recorriese su cuerpo, creyó oír el llamado de su nombre a la distancia.
El ave seguía emitiendo su chillido como una bocina, el sonido era tan agudo que incluso Alecksz y el otro par se cubrieron los oídos mientras recorrían la distancia que les separaba de Koréen. Para cuando una nueva ola de flechas se dirigía a atacarle, Alecksz había desenvainado su espada, interferiría el ataque, ya que, a sus ojos, una descarga más seria posible para cocinar el cuerpo flacucho de la chica.
Estando solo a un par de pasos de ella, un círculo en el piso de luz brillante se adelantó hasta rodear la posición de la castaña, seguido de símbolos rúnicos incompletos para ser encerrados en otro círculo de luz. El primero giraría a la derecha, el segundo iría a la izquierda; mientras las letras se contraerían para luego expandirse sobre si mismas, imitando una pulsación.
A sabiendas de que Kiara y Rosario estarían a sus espaldas, Alecksz aposto a su única opción, guardando su espada para alcanzar a tirar a Koréen al círculo mágico. El campo eléctrico del grimorio no era grande, la joven tenía la ventaja de ser pequeña.
La electricidad rebotó en Alecksz, que decidido, tomo el tobillo de la muchacha y jalo con fuerza.
¿El resto? Su visión se vería cegada por la luz incandescente proveniente del sello, lo que sabía era que estaban en el campamento de los mercenarios, en medio de un ataque de Zan y sus secuaces; y que al segundo siguiente habían desaparecido sin dejar huella alguna.
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Nota de autora: completamos las tres partes de moras amargas, el siguiente empieza con un pedacito de “la habitación blanca” y relacionados.