Capítulo III. LAS MUJERES HAN DESAPARECIDO
Los dos amigos llegaron a casa de Andrés, y como era normal en la Isla, no existían cerraduras ni candados, menos verjas en las ventanas. Una de las cosas que diferenciaban a este maravilloso lugar de la naturaleza, era la seguridad entre sus pobladores. Por ello, la poca policía existente, se dedicaban a asuntos relacionados con otorgar permisos para ventas estacionarias o ambulantes; o supervisar las cargas de los botes y barcos que anclaban; cobrar por las estadías de los turistas, realmente era poco lo que hacían, pero los delitos y crímenes era un concepto que había desaparecido de la vida social de los isleños. El Prefecto, tenía las funciones de un Alcalde, para poner en práctica lo que la junta de ancianos acordaban como reglas para los habitantes, algo así, como unas especies de leyes, pero al final eran las costumbres y las tradiciones lo que regían en general.
Por las pocas pertenencias que Andrés tenía en su casa, realmente, no le llamo la atención que algo faltará en la sala, y como los domingos, su mujer y su hija, salían para visitar a familiares o amistades, tampoco repuso en la ausencia de ellas en el lugar, así que él se dirigió a la cocina, y busco en la alacena, y con cierto incomodidad se pudo dar cuenta que no había agua de coco fermentado preparado, lo cual por años, siempre Katia, se lo dejaba a mano, para tomar una vez que llegara del Oro Negro. No tenía ni siquiera algo cocinado para comer, en el fogón de leña. Aquello, prácticamente estaba desolado.
Andrés:- Hombre, que pena, al parecer no hay nada que te pueda ofrecer
Miguel:- Tranquilo, está bien, hermano. No importa, caminar hasta aquí me ayudo mucho para olvidar el triste momento – comenzó a caminar hacia la puerta.
Andrés:- ¿Para dónde vas?
Miguel:- Sé que es temprano pero voy para el “Nido”
Andrés:- Pues, no me gusta estar solo por acá, así que te acompaño
Miguel:- vámonos entonces, que allá tengo unos pescados en hielo
Andrés:- Pasemos cortando unos limones por el patio de Florita, la solterona.
Miguel:- Buena idea, vámonos pues
Los dos hombres, se pusieron en marcha hacia la playa. De camino, utilizaron unas pequeñas piedras para lanzar a los ramales de un limonal, y de esa forma, lograron obtener varios limones. Era una suerte que la gruñona de Florita no estuviera en la morada. Iban conversando alegremente sobre el partido, cuando pasaron varios marineros que se enrumbaban hacia el muelle.
Andrés:- Mira a esos pobres tipos. Corriendo porque se les va el barco
Miguel:- Así será hasta que el hombre aprenda a volar por si mismo
Andrés:- ¿Te imaginas? – Comenzó a reír – el prefecto de policía cobraría por cada vuelo que hagas
Miguel:- O por cada vez que pase surcando los cielos de la isla
Andrés:- ¿Y cómo le hará para hacerlo, si vas bien alto?
Miguel:- No sé, tal vez, te lance una piedra para que te detengas – los dos hombres hicieron de la risa una melodía sonora que se podía escuchar a lo lejos
En tanto en el Oro Negro, Perla, bien ebria, se fue con el Comanche, para su búngalo. Conforme a la costumbre, si una mujer soltera ingresa al hogar de un hombre sin compromiso, se entenderá que se inicia una relación sentimental entre ellos, algo parecido a un “noviazgo”, pero sin ningún compromiso, siempre y cuando, no sé de una segunda visita por parte de la mujer. Si hay un acto sexual, la mujer puede solicitar al varón de su hogar, pedir la realización de un matrimonio con el “amante”, sin que ésta pueda negarse. Si no hay intención alguna de matrimonio, simplemente la mujer guarda silencio, y la vida continua. El sexo en la Isla, no tenía un propósito religioso de apareamiento, sino que era una actividad libre basada en la decisión personal de cada residente, que en la mayoría de los casos se iniciaba en la etapa de crecimiento de la adolescencia.
Comanche, al igual que todos los varones de la Isla, sin importar la edad, debía tener sumo cuidado en no embarazar a ninguna mujer, porque ello implicaba automáticamente hacerse cargo del bebé. Por ello, el Jefe Bungala, ayudaba a muchos varones con sus brebajes “misteriosos” que inhibían la producción de espermatozoides a corto plazo. Pero por tradición, era prohibido que la mujer ingiriera algún objeto extraño, sea líquido o sólido, con el fin de evitar su periodo menstrual. Así, como el sexo era consentido, entonces estaba terminantemente prohibido que el hombre o la mujer, forzaran a la otra persona a mantener relaciones íntimas. Se debía conversar, y escuchar el consentimiento previo a continuar. La honestidad era la clave. Era increíble, la crianza que existía en la Isla, pues, la verdad era algo que se inculcaba en niños y niñas, pues mentir era un crimen mayor sancionado con la expulsión de la Isla.
Comanche:- ¡Qué linda que eres, amor!
Perla:- Y tú hombre precioso
Comanche:- ¿Es tu primera vez que bebes tanto?
Perla, riendo tontamente, lo miraba y buscaba besarlo:- Para serte sincera, sí, no había llegado a más de dos, porque son muy caras
Comanche:- Me imagine, cariño
Perla:- ¿Qué te imaginas?
Comanche:- Que no estás en tus cinco sentidos
Perla:- No sé qué es eso, pero solo sé que todo me da vueltas, y me siento feliz
Comanche:- Claro, me imagino amor
Perla:- ¿Imaginas otra vez? Eres un hombre imaginativo
Comanche:- Te voy a preparar café
Perla:- ¿Café? ¿Para qué?
Comanche:- Para ayudarte a bajar la borrachera
Perla:- No, no, ¿Para qué? Así estoy bien
Comanche:- Si, pueda ser que sí, pero así no sabes lo que haces ni lo que dices
Perla, pudo entender, que aquel hombre deseaba tener un buen momento intimo con ella, así que con una mirada seductora, se aflojo el nudo de la falda, la cual se deslizo por sus torneadas y hermosas piernas hasta el piso de madera. Completamente desnudo, era la tradicional invitación al sexo.
Comanche:- No, no, no, chiquita
Perla:- ¿Por qué no? Yo quiero hacerlo contigo – y se aferró a su cuello rodeándolo con sus brazos
Comanche:- Y créeme que yo también – mientras se los quitaba con sus manos
Perla:- ¿Entonces? – preguntó perpleja
Comanche:- En ese estado no eres tú quien habla, sino el licor ¿Comprendes?
Perla:- No – se rio y nuevamente se abalanzó para besarlo
Comanche:- Estas en mi casa y debes comportarte, así que siéntate y espérame aquí
Esas palabras activaron, las ocultas y arraigadas enseñanzas de la Isla en Perla, al “comportarse” en casa ajena, lo cual era el equivalente a obedecer para no deshonrarse asimisma ni el hogar que se estaba pisando, así, que busco el sofá de bambú, y se sentó y no dijo una palabra más, mientras su estomago comenzaba a sentirse enfermo y todo el lugar giraba ante sus ojos. Ella, trató de mantener la compostura, mientras el Comanche, prendía uno de las pequeñas horquillas del fogón, para colocar una vieja jarra de metal, llena de tizne, y vertía café en polvo. Al rato, escuchó como Perla, vomitaba en su sala. Corrió a socorrerla para que lo hiciera por la ventana hacia el patio, sosteniéndole la frente. Luego, la llevo a su propio dormitorio y la coloco sobre su raída cama. Finalmente, le ofreció el café, quien despacio por lo caliente del contenido, Perla, fue bebiendo.
Comanche:- Verás querida, que te sentirás mejor en un rato
Perla:- Ay, te ensucie la sala
Comanche:- Tranquila, voy a ir a limpiar
Perla:- Yo debería hacerlo – dijo apenada
Comanche:- No, cariño, ya te dije que yo lo hare
Perla:- Gracias, Comanche – le sostuvo sus manos
Comanche:- Bueno, ahora, duerme tranquila. Te despertare antes que se esconda el Sol
Perla, cerró sus ojos, y se durmió, mientras el Comanche, salía a limpiar el reguero que minutos antes había protagonizado su invitada. Ya en el “Nido”, Miguel, encendió el fuego y Andrés, limpiaba los pescados.
Miguel:- Mañana tendré que ir a comprar más hielo donde don Pepe, para los pescados que mañana iré a pescar.
Andrés:- ¿Saldrás al amanecer?
Miguel:- Si, quiero capturar unos cangrejos para saldar la deuda con él
Andrés:- ¿Quieres que te acompañe, compadre?
Miguel:- Si no tienes otro compromiso, entonces no hay problema
Andrés:- No, realmente no tengo nada que hacer, hasta el próximo mes debo salir a la mar por los langostinos
Miguel:- Compadre, ¿Por qué no sale todos los días, y contrata más gente, y a lo mejor, usted pueda vender los langostinos y además pescados en tierra firme, y no sé, así pueda comenzar un negocio en grande?
Andrés:- ¿Para qué?
Miguel:- ¿Cómo para qué, compadre? Compraría muchas cosas. Ampliaría la casa, compraría un bote más grande, no sé.
Andrés:- Pero si así como estoy, realmente me siento bien. No compadre, no me gusta complicarme las cosas. Entre uno desea más, más problemas le llegan.
Miguel:- Bueno, en cierta forma tienes razón. Pero mire a don Pepe, tiene dos grandes negocios y no lo veo con problemas
Andrés:- Ah, ¿Cómo que no? Mire lo esclavizado que ésta que no puede abandonar ninguno de los dos locales porque entonces no vende nada. Dice aquella canción “quien tiene una Tienda, que…”
Miguel:- “…la atienda” - y sonrió de la ocurrencia de su amigo – Bueno, pero sigo pensando que no cae mal un poco más de dinero
Andrés:- Usted es quien debe pensar en sí mismo – fue a buscar unos tres plátanos para cortarlos en tiras, y echarle sal, y luego sazonarlos en aceite.
Miguel: -¿Por qué lo dice?
Andrés:- Ya no somos unos chicos. Usted necesita una compañera, bueno, todos los necesitamos ¿Me entiende?
Miguel:- Por el momento no pienso en eso
Andrés:- Vamos compadre, ya pasaron más de diez años desde que enviudo. Es mucho tiempo.
Miguel:- ¿Quién dice cuanto tiempo se requiere para que el corazón sane?
Andrés:- Pero todos saben que cualquier herida para que sane es necesario de mucho cuidado; de mucha atención
Miguel:- No me diga, doctor Corazón.- sonrió - Pero, ya uno está grandecito y se puede cuidar solo
Andrés:- Mira, yo quería mucho a Pilar, y estoy seguro que ella, que tanto te amaba, no estuviera feliz ahora viéndote como sigues penando por ella
Miguel: - ¿Cómo lo sabes?- se llevo un pedazo de sandía a la boca
Andrés:- Por favor, compadre, no se haga. Recuerde que en su lecho de muerte, ella le dijo que no estuvieras solo. Yo estaba ahí ¿No lo recuerda?
Miguel:- Ella no sabía lo que decía, estaba delirando
Andrés:- ¿A poco? Lo que pasa que usted no quiere dejarla ir
Miguel:- No es eso
Andrés:- Entonces – en eso sin fijarse al estar cortando los plátanos, se hirió un dedo - ¡Ay!, me lleva, ya me corte un dedito – y se chupo las gotitas de sangre con los labios
Miguel:- Tenga cuidado compadre que me va a manchar los plátanos con su sangre
Andrés:- No sea así, Compadre, por favor
En eso, los graznidos de Robin, se oyeron acercarse, y de repente, el hermoso pájaro multicolor apareció por la ventana.
Miguel:- ¿Qué paso mi Robin? ¿Le atrajo el aroma de los pescados?
Andrés:- ¡Qué bárbaro! En realidad es urgente una compañía
Miguel:- ¿Por qué?
Andrés:- Porque solo pasa hablando con ese animalucho
Robin, lanzó un sonido más agudo, en señal de desaprobación por lo que acababa de decir Andrés.
Miguel:- Cuidado, compadre, que ya lo hizo enojar
Andrés:- ¿Usted cree? Oiga, compadre ¿Y cómo sabe que es un macho? Pueda que sea una hembra
Y nuevamente el Papagayo, volvió a agitar sus alas y chilló, ante el susto de Andrés.
Miguel:- ¿Suficiente prueba, mi hermano? Es Macho – sentenció burlonamente
Andrés:- Bueno – se alejo de la ventana - ¿No ha pensado en empezar algo con Luna?
Miguel:- ¿Luna? No lo sé
Andrés:- Vamos, es una chica bella, piel chocolatosa, fuerte, graciosa y super cariñosa.
Miguel:- ¿Cómo lo sabes? – interrogó con cierta extrañeza
Andrés:- Vamos, no se dio cuenta que todo ese pleito con las hijas de don Pepe, fue por usted
Miguel:- ¿En serio?
Andrés:- Vamos, compadre, avívese, ¿Usted cree que una muchacha como ella se interesaría en un aburrido asunto como el fútbol?
Miguel:- Ella dijo que si
Andrés:- Patrañas – levanto la voz y luego arremetió:- ¿No ve que ella esta locamente enamorada por usted? No sé, porque no le aceptó esa agua de tamarindo que cargó desde su casa
Miguel:- No tenía ganas, compadre
Andrés:- Acaso no miró como sus ojitos se le pusieron tristones como un borrego en matadero. Era obvio que ella se lo había preparado con todo cariño que el simple hecho que usted no lo aceptara, la decepcionó.
Miguel:- Tiene razón, compadre. Creo que le debo una disculpa – se quedó meditando – es más voy a ir ahorita a su casa y le pediré una disculpa
Andrés:- Espere Compadre, tranquilo. Primero, debemos comer, y luego podemos ir a la casa del Jefe Bungala
Andrés:- Tiene razón. Entonces, luego de que cenemos, iremos
Mientras tanto en el Navío, los tres marineros dejaron a Luna, en una de las esquinas de una pequeña bodega, que utilizaban para las provisiones, por lo que en el lugar hacía un poco de frío y había humedad. Abrieron el saco, y luego colocaron a Luna, en el suelo donde le ataron las manos y los pies, y le amordazaron la boca con un pañuelo. Ella, luchaba con soltarse.
Marinero #1:- Cálmate, que hagas lo que hagas, no podrás zafarte de esas cuerdas
Marinero #2:- ¿Y ahora qué hacemos? – les dijo a sus compañeros muy asustado
Marinero #3:- Por el momento dejémosla aquí, hasta que zarpemos de esta Isla, luego veremos qué hacemos con ella
Marinero #1:- Si, el trato fue sacarla de la Isla, y no qué hacer luego con ella
Marinero #2: -¿Y la tipa esa te dio el dinero completo? ¿Lo contastes?
Marinero #1: -Claro que si, idiota. Les voy a dar su parte – y saco de sus bolsillos varios billetes
Marinero #3: - Pero si nos descubre el capitán, estaremos en serios problemas, muchachos – se tomo el cuello con sus propias manos – este secuestro se paga con pena de prisión en una corte marcial
Marinero #2:- Tranquilo hombre, que nadie baja a esta zona, nosotros somos los responsables de las provisiones, así que nadie lo va a saber
Marinero #1: - Así es – volvió a ver a Luna – esta perrita va a pagar su atrevimiento por haberme rechazado por aquellos viejos
Marinero #2: - Vamos a divertirnos con ella todo el camino – y lanzo una mirada tenebrosa a Luna, que sobrecogió a la muchacha en todo su cuerpo.
En el camarote número 23, William, llevaba a Katia y a Jade, para que se acomodaran antes de partir. Jade, se sentía desmoronada, porque dejaba tras de sí, toda una vida, además del amor que se profesaba con Saturnino, el hijo mayor del Jefe Bungala, y hermano de Luna. El muchacho de 25 años de edad, era el único hijo varón del Jefe, y un atleta excepcional, en el deporte del surf, y cuyo único rival era precisamente Miguel, quien le enseñó ese difícil arte. Por ello, Saturnino, admiraba como un ídolo a Miguel, y éste conocía el secreto del amor de los muchachos, que ignoraban en jefe Bungala y Alma Iris.
William:- Bueno, aquí están ustedes dos. Para que se pongan cómodas
Katia:- Gracias, amor – lo besó tiernamente en los labios
William:- ¿Estás bien, Jade?
Jade:- Si, gracias señor
William:- Vamos, Jade, llámame William ¿Quieres?
Jade:- Bien
William:- Bueno, las dejo porque debo reportarme al puente. En unos momentos zaparemos de la Isla. Así que luego volveré, y les daré un paseo por el barco ¿Bien?
Katia:- ¡Qué emocionante!
Jade:- Si, emocionante – agregó con una disimulada alegría, mientras miraba el océano por la ventana
Chelo, el padre de Perla, llegó en la oscuridad a casa del Jefe Bungala, muy alterado.
Chelo:- Jefe, ¿Está usted ahí? – ingresó a la sala por la puerta que siempre estaba abierta
Bungala:- ¿Qué pasa, hombre? ¿Por qué tanto alboroto?
Chelo:- ¿Esta aquí Perla? – Miraba por todos lados
Bungala:- No, ella no está aquí. Pensé que Luna y ella estaban en su casa.
Chelo:- No, para nada. Ellas no están conmigo. Perla, me dijo en la mañana que luego vendría para acá
Bungala:- Si aquí estuvo, pero luego acompaño a mi hija Luna, al Comisariato, a hacer algunas compras para mi
Chelo:- Pues a mi casa Perla no ha llegado
Bungala:- Ni tampoco Luna? – gritó mirando hacia dentro de la choza – MUJER, MUJER
Alma Iris:- Hombre, ¿Qué pasa?
Bungala:- ¿Sabes, dónde está Luna?
Alma Iris:- No, hombre. Desde que se fueron en la mañana, ella no ha regresado ¿Por qué?
Bungala:- Aquí mi buen amigo Chelo, viene a decirme que su hija Perla, no ha llegado a casa y pensó que estaría aquí con nosotros, y más bien pensé que Luna, estaría en su casa, pero al final ninguna de las dos están en sus casas ¿Qué pasa aquí?
Alma Iris:- Pues, no lo sé. Sólo sé que ella además de ir al comisariato, ella pasaría al Oro Negro
Chelo:- ¿Al Oro Negro? ¿Para qué irían a ese salón? –se mostró extrañado
Alma Iris:- A entregarle un bre…
El Jefe Bungala, interrumpió a su mujer, para evitar que su amigo se diera cuenta que él le había preparado un brebaje de amor a su hija para dárselo a tomar a un hombre. Así, que se apresuro a hacerle señas a su mujer a espaldas de Chelo, para que guardara silencio. Al mismo, tiempo cayó en la cuenta que en realidad aquella idea sería la respuesta del por qué las chicas no habían regresado aún. Si el brebaje había resultado, entonces, el Jefe, sabía donde podrían estar las dos muchachas en ese momento, y esa sensación fue igual como que le hubiera caído un rayo en la cabeza.
Chelo:- ¿Qué iba a decir Alma?
Alma Iris:- No, no es nada importante, algo que se me ocurrió
Bungala:- Pero sé donde deben estar estas mujeres
Chelo:- Ah, si ¿Dónde?
Bungala:- Venga conmigo mejor amigo, que en el camino le voy a explicar todo – se dirigió a su mujer con una rápida mirada – ya regresamos mujer
Los dos hombres salieron apresurados, mientras Miguel y Andrés, por otra vereda se aproximaban a la casa del Jefe Bungala. Por otro lado, ya el barco había zarpado, y a esas horas ya se encontraba alejándose de la Isla, navegando por el inmenso océano.