Capítulo II. CONMOCION EN EL ORO NEGRO
Los marineros, al ver que las jóvenes no le habían aceptado la invitación, se levantaron de la mesa, y caminaron hacia donde se encontraba Luna. Era obvio que tenían buen rato ingiriendo licor, y su condición etílica les impulsaba, a que emergieran sus instintos libertinos. Así que sin importar que Luna y Perla, estuvieran acompañadas en la barra, el caminar errático de los dos hombres, y las risas burlonas, invadieron el lugar, ante la mirada atenta de don Pepe, que ya estaba acostumbrado a este tipo de escenas de ebrios en su salón familiar.
Marinero #1:- Hola, amor – se dirigió a Luna – veo que no escuchastes a mi amigo cuando entrastes. Te invitó a sentarte con él y conmigo.
Luna, no quiso contestarle, y más se aferraba al brazo de Miguel, lo cual no le gusto al marinero.
Marinero #1:- ¿Quién es este hombre? ¿Tu Padre? – y quedo mirando a Miguel. Éste, no quiso hacer comentario alguno, y mantenía su mirada a lo que ocurría en la televisión.
Marinero #2:- Parece que se hace la sorda, amigo
Marinero #1:- Si, veo que si
Acto seguido, la tomo de un brazo, apretándoselo, lo cual obligo a que Luna, se lo sacudiera con un fuerte movimiento, lo que fue tomado por el marinero como una ofensa.
Marinero #1:- ¿Qué te pasa pequeña perra? Sólo queremos divertirnos en esta pocilga de lugar
Don Pepe, tuvo que intervenir, para calmar lo ánimos: - Por favor, señores, ya es suficiente. Paguen su cuenta y márchense de este lugar.
Marinero #2:- Mire anciano, no se meta, que el asunto no es con usted.
Estela:- Tranquilo Papá, es mejor no meterse con estos señores
Ruth:- De por sí, ellos buscan solo mujeres como Perla y Luna
Perla:- ¿Qué quieres decir, pulga? – le contestó visiblemente molesta
Marinero #1:- Mira, amigo, pleito de viejas
Ruth:- Es algo obvio ¿no? Ustedes son dos pobres chicas sin clase
Perla:- No sé qué es lo que quieres decir, pero no me gusta tu tono de voz
Estela:- Ay, hermanita, para que te pones a discutir con esta cosa. Da igual, no entienden a personas cultas como nosotras
Luna:- Si es así, ¿Por qué no se van para su casa?
Marinero #2: - Oye, amigo, yo apuesto por las que están vestidas
Marinero #1:- Bien, les voy a las indígenas
Don Pepe:- Aquí nadie se va a pelear – se dirigió a Luna y a Perla – y si ustedes dos no se pueden comportar deberán irse de este lugar
Perla: - Las tiene que defender papi ¿no? – le lanzo una mirada sarcástica a Ruth
Estela:- Váyanse – les gritó - ¿No oyeron? ¿Qué hacen aquí?
Andrés:- Oigan, cálmense ya, que no dejan oír la televisión
Marinero #1: - ¿Quién quiere ver ese estúpido partido, viejo? – le preguntó a Andrés, mientras se le plantó frente a él en conducta amenazante
Miguel: - A mi me interesa no solo verlo sino también escucharlo – mientras se colocaba a un lado del marinero. Éste, miraba con cierto asombro el cuerpo musculoso de Miguel, y luego miro a su amigo.
Marinero #2: - Oye, tú, no te metas, que esto no es tu asunto
Sin otro comentario ni previo aviso, el primer marinero quiso sorprender a Miguel, e giro su cuerpo para propinarle un duro golpe en el estomago, pero aquello era como golpear contra una pared de concreto. El dolor que sintió en sus nudillos y muñeca, lo forzaron a emitir un leve quejido, y a abrir sus ojos con asombro mientras miraba a Miguel, que ni siquiera se había movido de donde estaba de pie, y ni le había producido lesión alguna en el abdomen. Aun cuando Miguel, medía metro setenta y cinco centímetros, y el marinero metro ochenta, aquel lo sujeto fuertemente de las solapas del uniforme de marinero, y como un muñeco lo levanto unos centímetros del suelo y luego lo lanzo, sin esfuerzo alguno, hacia la puerta principal, donde derrapo todo su cuerpo sobre el suelo como muñeco de trapo.
Marinero #2:- ¡Amigo! – gritó asustado
El segundo marinero, tomó una botella de cerveza, y con un rápido movimiento quebró el cuello de la misma con el filo de la barra, y se coloco en posición de ataque. Miguel, se alejo de la barra para evitar que alguien más saliera herido. Cuando el marinero trató de asestar el golpe contra la humanidad de Miguel, éste se movió como una serpiente, esquivándolo, mientras con su rodilla izquierda conectaba un fuerte golpe en el estomago del marinero, quien se dobló hacia adelante. Miguel, lo tomó por el cuello y como un perrito, lo hizo caminar en sus cuatros extremidades, hasta expulsarlo fuera del salón, mordiendo el polvo, ante el aplauso de todos los presentes.
Estela:- Todo esto fue culpa de Luna y su compañera
Luna:- ¿Cómo te atreves a decir eso?
Perla:- Porque utilicen esos tontos vestidos no significa que sean mejores que nosotras
Ruth:- ¿Y todavía lo dudas, muerta de hambre?
Don Pepe:- Por favor, muchachas, ya, es mejor que todas se calmen
Andrés:- Ya, por Dios, los jugadores salieron al terreno de juego
Miguel:- Si, por favor, muchachas, tranquila
Luna:- Solo porque tu lo dices Miguel
Estela:- Yo lo iba a decir, desgraciada
Luna:- Nadie te escucho decirlo
Estela, estaba muy agitada:- Quítate de ese asiento que es de Miguel – y empujo a Luna de la silla
Miguel:- Por favor, Estela, yo se la cedí a ella, así que déjala ahí
Estela, sintió que había perdido la batalla, y molesta se levanto del lugar y se retiró hacia su cuarto. Ruth, por solidaridad, también se levanto y la siguió. Luna, se sintió feliz al lado de Miguel, al igual Perla, que al menos habían alejado del sitio a las dos mujeres.
Luna:- ¿Y de qué trata el juego?
Miguel:- Son once jugadores por equipo. El mío son los que visten de morado ¿Lo ves? – apuntando hacia el televisor – y solo pueden utilizar el pie para llevar ese balón blanco de un extremo a otro del campo.
Andrés:- Si logran meter ese balón…
Perla:- ¿Meterlo a dónde? – intervino con una sonrisa picaresca, que contagió a Luna, y ambas chicas se rieron, ante la risa del resto de los varones presentes.
Andrés:- No es lo que se imaginan. ¿Pueden ver esos arcos con unas redes? Pues el objeto es llevar el balón dentro de ese arco
Perla: -¡Qué fácil!
La ocurrencia de Perla, hizo estallar en risa a los presentes, varones todos que se habían reunido a ver el partido.
Andrés:- Si, claro, muchacho. Muy fácil.
Comanche:- Ya ella resolvió toda la ciencia del juego
Purrujo:- ¿Por qué no la nombran directora del equipo?
Miguel:- A ver, ya todos tranquilo, que van a anunciar la alineación
El comentarista, comenzó a enlistar los nombres de cada uno de los jugadores del equipo contrario, y luego de la onceava morada.
Miguel:- Eso es, va a jugar el “Pato” costeño
Andrés:- Ese tipo si me convence
Purrujo:- Esta viejo para seguir jugando ¿No creen?
Miguel:- Vamos, apenas tiene 32 años
Comanche:- ¿Y no es a esa edad que se retiran?
Miguel:- Pero, si aún pueden, entonces deben seguir ¿No lo creen?
Purrujo:- Bueno, sí. Eso creo
Don Pepe:- ¿Vas a apostar nuevamente Miguel?- le preguntó mientras limpiaba con una toalla parte de la barra, y su mirada picara esperaba una respuesta de aquel hombre.
Andrés: - No, hombre, no lo hagas, ya sabes que nunca ganan
Miguel:- Sigo confiando en que este año pasaran a la final
Comanche:- Ni que el tal Maradona juegue con ellos – todos rieron a la misma vez, menos Miguel
Miguel:- Quedan solo unos cuantos partidos, y no van tan mal
Purrujo:- Pero si son terceros en su propio grupo, y son cuatro
Comanche:- Solo pueden ganarle a los “sancochos” de escarlatas, y eso, porque son un montón de viejetes de 38 años
Miguel:- Y dale con la edad, por favor, la edad no tiene nada que ver con el deporte
Don Pepe:- ¿Entonces?
Miguel:- Si, claro que sí
Don Pepe:- Así me gusta – le toco el hombro
Luna:- ¿Y qué apuestan? – miraba un poco inquieta a los ojos de Miguel
Don Pepe:- Una cesta de cangrejos contra diez billetes de los grandes
Andrés: - La cesta cuesta más que eso
Miguel:- Ya di mi palabra. Prepare esos billetes don Pepe
Don Pepe:- Te serviré una cerveza mi amigo, va por cuenta de la casa
Andrés: - Porque sabe que él no toma licor
Don Pepe, se rió de lo que era evidente, y por lo que se aprovechaba de la situación.
Comanche:- Pero yo me lo tomo por él
Don Pepe:- A ti no te estoy invitando y más bien, quiero saber ¿Cuándo me vas a pagar tu cuenta de la semana pasada?
Comanche:- La próxima semana don Pepe
Don Pepe:- Entonces me deberás también la de esta semana
Comanche:- La de esta semana será para la que sigue don Pepe – y tomaba de la botella de cerveza que le había ofrecido a Miguel, mientras sonreía
El partido inició, y mientras el balón iba y venía de los pies de los jugadores, el ambiente rápidamente se llenaba de emociones entre los fanáticos, quienes incondicionalmente apoyaban a los morados. En cambio, Luna, repetía los gritos que lanzaba Miguel, cuando había una oportunidad de que su equipo llegaba hasta el lado contrario, cerca de la zona de tiro, sin saber en realidad lo que estaba ocurriendo. Perla, había aceptado la invitación de Andrés, y llevaba ya tres cervezas. En la Isla, no existía un control sobre la venta de bebidas alcohólicas a jóvenes mayores de 15 años.
Estela, aún enojada, en su alcoba, no podía perdonarle a Luna, que le hubiera quitado la mejor oportunidad de estar al lado de Miguel, así que junto a Ruth, planeaba la mejor forma de vengarse, por lo que su cabeza daba vueltas y vueltas en busca de la mejor alternativa.
Estela:- Debo desquitarme de esa desgraciada
Ruth:- ¿Pero, Cómo?
Estela:- No lo sé, no lo sé - dijo angustiada -¿Qué sería lo mejor?
Ruth:- Si no viviera en la isla – susurro
Estela:- ¿Cómo?
Ruth:- ¿Cómo, qué? – preguntó contrariada
Estela:- Eso...Eso que dijistes. El que ella no viviera en la Isla
Ruth:- Fue un decir, sabemos que ella no se ira de esta Isla jamás
Estela:- ¿Y si le ayudáramos a tomar esa decisión?
Ruth:- ¿Cómo?- preguntó curiosa
Estela:- Muy fácil, hermanita – se levanto de la cama, y comenzó a caminar en su cuarto mientras miraba fijamente al horizonte como si conversara con alguien más – allá afuera hay un gran barco que pronto zarpara hacia tierra firme
Ruth:- Ajá ¿Y?
Estela:- ¿Y? – quedo mirando a Ruth, al tiempo que ésta comenzó a hilvanar lo que su hermana estaba tramando
Ruth:- Dios mío ¿Serías capaz?
Estela:- ¿Por qué no? – Repuso – si ella fue capaz de enfrentarnos y hacernos quedar mal delante de Miguel y de nuestro Padre, ¿Por qué no podríamos ser capaz de enseñarle quien manda en esta isla?
Ruth: - Si, pero…
Estela:- Nada de peros, hermanita, realmente es una idea fantástica -. Comenzó a reírse – ese barco vino como anillo al dedo para nosotras
Ruth:- No lo sé, Estela, eso sería algo grave ¿Por qué si ella no quiere irse?
Estela:- Ella no tiene porque saberlo
Ruth:- No entiendo
Estela:- No te preocupes, que yo si me entiendo sola
Ruth:- Deberías pensarlo mejor
Estela:- No hay nada que pensar hermanita, todo está muy claro, y hoy mismo pondré en marcha mi plan – y volvió a reírse, esta vez más alto que la vez anterior
Ruth:- Me das miedo, hermana
Estela:- Ya, ya – la abrazo – tranquila hermanita, todo va a estar bien, ya lo verás
El primer tiempo, del encuentro, concluyo con un uno a cero a favor de los contrarios, lo cual tenía muy decepcionado a Miguel.
Miguel:- Ya veras, seguro en estos momentos el técnico les está hablando a los jugadores y saldrán a jugar mucho mejor en el segundo tiempo.
Comanche:- Claro que si, - imitando una voz – “vamos chicos, salgamos a jugar como NUNCA y a perder como SIEMPRE” – y todos se rieron celebrando la ocurrencia
Andrés: - No les haga caso, que estos tipejos no entiende de fútbol
Miguel:- Ya lo verán. Se quedaran callados cuando el partido termine con un dos a uno a nuestro favor
Andrés susurrando:- Eso espero
Miguel:- ¿Qué dices?
Andrés:- Qué así será, eso, así va a ser.
El segundo tiempo empezó nuevamente, con el balón en el centro de la cancha. Mientras tanto, en la casa de Andrés, otro asunto se estaba gestando. Un marinero toca la puerta de la casa, y Katia, salió al encuentro de su amado, que rápidamente ingresó y se besaron acaloradamente. Una cosa conllevo a otra, aprovechando que su hija no estaba en la casa. Iban dejando piezas del uniforme, y él le quito la falda a ella, y terminaron teniendo relaciones sexuales en la cama matrimonial. La temperatura se había subido en el dormitorio, y el lecho se estremecía ante la libido de él, ante una supresión de mucho tiempo en el mar, y ella que no podía ocultar su alegría ante la llegada de su salvador.
Jade, la hija de Katia, llegó a la hora, cuando el marinero se había marchado y encontró a su mamá, preparando varias bolsas con las pocas pertenencias de ella.
Jade:- Mamá ¿Qué haces?
Katia:- Vamos, hija, apúrate que debemos irnos
Jade:- ¿Irnos? ¿A dónde?
Katia:- Lejos de este lugar, de esta isla
Jade:- Madre, que dices – estaba asustada
Katia:- Te dije que pronto vendría un “amigo” a sacarnos de esta asquerosa isla, y nos llevaría a tierra firme ¿no?
Jade: - pero, yo no quiero irme – retrocedió del lado de la madre
Katia:- Vamos, no seas tonta. En esta Isla no hay nada para nosotras dos
Jade: - Mi Papá – le contestó con pesar
Katia:- ¿Tu papá? Ese viejo que nos ha tenido a las dos esclavizadas en la pobreza, que nunca pudo conseguir algo mejor para todos, ¿Crees que consigamos algo mejor si nos quedamos al lado de él? No, amor, solo pobreza. Mira como he arruinado mi juventud atada a esta asquerosa casucha. No, hija, no quiero terminar mis últimos días en esta apestosa isla, y tampoco quiero ese mismo destino para ti, querida. Eres mi única hija y deseo algo mejor para ti.
Jade:- Pero…
Katia:- Hija, confía en mí, por favor, tenemos que irnos ahora, porque el barco se va a marchar – la tomo entre sus brazos y la calmo – por favor
Jade:- Muy bien, como tu digas, iré por mis cosas.
Entre tanto, Miguel, estaba desconsolado, su equipo favorito había perdido nuevamente dos a cero, y ahora solo restaba honrar la deuda con don Pepe.
Andrés:- Vamos hombre, tranquilo, no se ponga triste
Miguel:- ¿Cuándo? ¿Cuándo será el día que ganen? – repetía apesadumbrado
Andrés:- No sé, creo que les hace falta inspiración o algo así, pero mientras tanto, no hay que ponerse así, mire, compadre, esos jugadores se van a sus casas tranquilo, hacen el amor con sus mujeres, se emborrachan, y nosotros somos aquí los que sufrimos
Miguel:- No diga eso compadre. Ellos también sufren, aunque usted no lo crea
Andrés:- Si, claro, ¡uy!, como sufren los condenados – dijo sarcásticamente. Mejor vengase a mi casa, y mi mujer le prepara una rica agua de toronja ¿Quiere?
Miguel:- Bien, muy bien, vamos, entonces
Don Pepe:- No se le olvide el encargo Miguel – se frotaba las manos.
Luna, se había adelantado a retirar las cosas del comisariato, mientras Perla, se quedo con algunos parroquianos tomando licor. Cuando Luna, salió con las compras, tres marineros, la tomaron del cuerpo, tapándole la boca, y rápidamente la metieron dentro de un saco verde olivo, y cerraron el orificio, apresurándose sin demora hasta el muelle, donde sin que nadie se percatara de lo sucedido, abordaron el barco.