Capitulo XXV LA LEY DE LA PALMERA

Por todos los monitores se exhibían repeticiones de las proezas de los gladiadores en las anteriores pruebas, como preámbulo de lo que a continuación sería el final de un día tan emocionante. Tony, el anunciador, oficial, tras bastidores, se encontraba molesto por los resultados de las primeras cuatro disciplinas, ya que él, había apostado a favor de Alejandro, aunque por ser miembro del programa se le tenía expresamente prohibido, por lo que le solicito a su cuñado, lo hiciera a su nombre. Sin embargo, los resultados lo tenían sumamente nervioso. Había convencido a su cuñado, a sus dos hermanos y a su propia madre, hicieran los mismo en las casas de apuestas, y ya que él era parte de la producción, nadie de sus familiares cuestionó su insistente petición de que lo hicieran. Su teléfono celular se movía dentro de su traje.

Tony:- Si, claro, hombre, todo va bien – se alejo un poco del lugar en que esperaba le dieran la pauta que finalizaban los comerciales y continuarían con la transmisión – es parte del programa, tranquilo, es para ponerle un poco de suspenso, ya sabes - al parecer se trataba de uno de sus hermanos, nervioso por lo que ocurría en el programa

Uno de los técnicos, le informa que en menos de 5 minutos debería acudir nuevamente al escenario porque todo estaba listo para reanudar el espectáculo.

Tony:- Mira, no puedo seguir conversando contigo, pero cálmate y hablaremos luego ¿bien? – cortó la comunicación e intranquilo se dirigió hacia el frente de las cámaras a espera de la señal de transmisión

El último juego correspondía al circuito de gokart, donde cada jugador debía demostrar su destreza en la conducción de pequeños carros de carreras, en un campo conformado de vueltas y pequeñas elevaciones, rodeadas de una valla metálica para asegurar que los pequeños vehículos, en caso de un percance, tengan que salir expulsado fuera de la pista. Como era lo esperado, Miguel, aunque se le instruyo sobre la dinámica de controlar el diminuto carro, no lograba comprender cada una de las explicaciones de los asistentes de producción. Tomás, simplemente le sugirió que no aplicara demasiado gas si no se sentía seguro de poder controlar el gokart. Miguel, asintió y se limitó a sonreírle y darle una pequeña palmada en la espalda. Luego, a cada uno se le entregó únicamente un casco y se les sujeto con un cinturón de seguridad a los asientos.

En el carril número uno, estaba Fernando; en el número dos, Miguel; en el número tres, Eduardo; en el cuarto, Tomás y en el último, Alejandro. Los vehículos se encontraban con la maquina corriendo, a espera de que el Juez de pista, bajara la bandera de salida. En ello, Tony, apareció en los monitores, ante los aplausos de los presentes, que sabían que aquello solo significaba el reinicio de las competencias. Luna, estaba extasiada cuando mencionaron el nombre de Miguel, como la persona que llevaba la delantera de los primeros cuatro juegos, pero se puso muy nerviosa cuando observó que Miguel, llevaba un casco negro y sentado detrás del timón del carro. Tony, hizo el anuncio oficial y la explicación del juego, así como del número de pista, que correspondía a cada jugador, pero por lo embotado de su mente, erró al informar que Miguel, corría en el número cinco y Alejandro en el número dos, sin percatarse del error. Una vez que finalizó su anuncio, las cámaras se dirigieron al circuito y en el balcón donde el Juez, con la bandera en mano, miro a los vehículos, y dio la señal para que todo empezara.

Miguel, no podía ver muy bien, con aquel casco acolchado. Sentía que la faja que cruzaba diagonalmente en el frente de su cuerpo, le apretaba y no le permitía respirar, así que mientras esperaba la señal del Juez, jalaba la misma para que le permitiera el paso del aire. Sudaba del nerviosismo. Y sujeto al timón, miraba hacia el piso del auto, donde solo estaba el pedal del freno y del acelerador. El ruido ensordecedor de su pequeño automóvil no le gustaba del todo. Así, que cuando miró caer la bandera de manos del señor Juez, a diferencia del resto de competidores, presionaba el pedal del freno, y por tanto no se movió de la meta de salida. Alejandro, y Fernando, iban palmo a palmo, al salir al mismo tiempo. En el gokart de Miguel, por accidente presiono el acelerador y éste avanzo antela impresión asustadiza de él.

Comenzó a llegar a la primera vuelta, y no podía entender porque no podía soltarse del timón. Eduardo, antes del inicio de la competencia, había rociado un líquido alrededor del timón del pequeño vehículo de Miguel, que con el calor, quedaron literalmente pegados al timón. Así, que al ver que la pista de cemento se terminaba y una valla metálica estaba frente a él, por reflejo, al querer apartarse de la posible colisión, giró el timón hacia su izquierda, ante el aplauso del público, quien no daba crédito que alguien que provenía de una isla, manejara temerariamente a gran velocidad, pues aún no apartaba su pie del acelerador, y que realizará una maniobra en una curva semi cerrada, sin pestañear. El corazón de Miguel, latía muy acelerado por el temor que aquel extraño juego le provocaba. Tanto en el balcón de los visitantes especiales como en la Isla, el sonido provocado por el suspenso y el susto, de ver a su amigo, controlando un vehículo, que jamás en su vida había visto.

Miguel:- Apártense – le gritaba al primer vehículo que encontró en su carrera. Se trataba de Eduardo. Miguel, creía que los demás competidores podían escucharlo, así que casi al llegar detrás de él, hizo nuevamente una exitosa maniobra de evasión

Muchos, en el público, incluyendo, profesionales conductores en competencias de alta velocidad, se estremecían al observar aquella destreza y pericia de Miguel. Algunos aseguraron que no podía ser que en realidad Miguel, fuera un isleño, por su forma de conducir, y todo aquello lo atribuían a una especie de campaña publicitaria orquestado por las casas de apuestas y la misma televisora, para incrementar no sólo las audiencias sino las tranzas. Tal postura iba creciendo dentro del público que no conocían a Miguel. Alejandro y Fernando, iban codo a codo, cuando el vehículo conducido por Miguel, se aproximaba a Tomás, quien al mirar en su retrovisor no podía creer que su amigo estuviera muy cerca. En una de las curvas cerradas, el gokart de Miguel, fue a estrellarse de costado en la valla, pero aún con la fuerza, salió bien librada y continuaba su enloquecida carrera hacia el frente.

En esa misma vuelta, logro dejar atrás a Tomás, quien debía ahora conformarse con no dejar pasar a Eduardo. Al llegar a la quinta vuelta, Miguel, miraba con espanto que los vehículos de Alejandro y Fernando, no lo dejarían pasar por ir juntos, así que volvía a gritarles para que lo dejaran pasar. Alejandro, miró que él se aproximaba, y ciño su ceja derecha. En su mente nació la idea de que aquel era el momento propicio para sacar a Miguel, definitivamente fuera de la competencia. Así, que en la última vuelta que se aproximaba, se aseguro atrasarse un poco para abrir un espacio por el cual consideraría era suficiente para que Miguel, quisiera pasar por ese espacio, ignorando que Miguel, no conducía apropiadamente el pequeño gokart. Cuando, el rápido carrito iba a insertarse en esa área, Alejandro, intentó cerrarle el espacio, para que naturalmente Miguel, se asustara y se saliera de la pista, colisionando contra la valla. Pero, Miguel, seguía tenso presionando el pedal del acelerador, que sintió que el espacio se achicaba, por lo que su reacción fue cerrar los ojos, ya que no tenía conciencia de cómo disminuir la velocidad.

En el público con terror miraron la maniobra de Alejandro, y la inevitable evasión de Miguel, sin embargo, con perplejidad observaron como el pequeño gokart de Miguel, continuaba su camino tratando de pasar por el estrecho espacio. Fue Alejandro, quien sin imaginar lo que ocurría, se asusto y trató de abrirse para que el otro gokart, no lo tocara, pero fue tarde, y las llantas de ambos vehículos a penas si se contactaron, pero fue suficiente para que el carro de Alejandro, saliera disparado de la pista, girara varias veces en su mismo eje hasta quedar en el centro de la circunferencia, sin posibilidad de poder continuar la carrera, por lo que Fernando, logró llegar al final, mientras el Juez, ondeaba la bandera a cuadros. Miguel, por lo ocurrido, sentía cuando su vehículo se ladeo a un costado y se arrastraba por la pista a gran velocidad hasta concluir a la valla metálica, donde quedo inerte ante el estupor de todo el público, y a menos de diez metros de la meta. Tomás, se detuvo para auxiliarlo sin importar ya la competencia. La ambulancia llegó hasta donde estaba el gokart.

Tomás, le gritaba a Miguel, porque este no respondía y mantenía los ojos cerrados. Le quito el cinturón de seguridad, y comenzó a jalarlo fuera del vehículo en el momento que llegaban asistentes y paramédicos. Todo el mundo estaba en vilo, y a nadie realmente le intereso, las muestras de alegría de Fernando, al ganar la última competencia del día. Todas las cámaras, conforme a la orden del propio Witzmore, estaban enfocadas en el accidente, que mantenía en ascuas a todos. Incluso, quienes consideraban que todo aquello era un truco publicitario, mantenían sus miradas en las pantallas de televisión con cierto escepticismo. En la Isla todos estaban pendientes de las noticias.

Tomás:- Miguel, ¿Me oyes? – le gritaba mientras junto a otra persona lo sacaba del vehículo

Miguel:- ¿Al fin se detuvo este aparato infernal? – Fue lo primero que le preguntó a Tomás al abrir sus ojos

Tomás: - Si, amigo, ya se detuvo – le sonrió al corroborar que su amigo se encontraba bien

Todos pudieron fijarse que los guantes de Miguel, estaban sujetos al timón, y ello significaba que alguien había saboteado el pequeño carro de aquel hombre peculiar, y así fue informado al señor Witzmore, y éste inexplicablemente ordenó que guardaran dicha noticia lejos de los medios de comunicación y del público en general. Pero, Tomás, se sentía defraudado ante la negativa de los productores en realizar una investigación exhaustiva de lo descubierto, por lo que en su oportunidad, converso con Miguel, en la clínica, para sugerirle que tuviera más cuidado en las siguientes competencias. Miguel, no sabía de lo que hablaba, pues no estaba claro que su supuesta destreza tras el timón hubiera obedecido a una maldad. Pero, ante la oscurana de aquella situación, los más escépticos, confirmaban más sus ideas de que Miguel, era cualquiera cosa, menos un pobre isleño ignorante, y así lo declaraban ante las cámaras. La creciente popularidad de Miguel durante el desarrollo del Decatlón, sufría así un lamentable revés, a causa de los últimos sucesos.

Con un chichón y unas cuantas raspaduras en los brazos, Miguel, fue dado de alta, sin ninguna complicación de la cual se pudiera lamentar. Ante todos los pronósticos, ya Alejandro, dejaba de ser el favorito en las apuestas, y por la autorización de mantener ese mismo sábado las casas de apuestas abiertas, en todo el mundo, por internet y en la misma ciudad, todos corrieron a realizar sus apuestas a favor de aquel extraño, a los que ofrecían un porcentaje alto, en caso de que él saliera triunfador, lo que convertía en un grave riesgo los fondos y el sistema de financiamiento de dichos locales, los cuales eran controlados por gente fuerte del gobierno, y empresarios, pero administrados por el señor Witzmore. En menos de dos horas, aquello era un pandemónium, las operadoras no dejaban de recibir llamadas de todos los continentes buscando colocar desde diez hasta un millón de los grandes. Un telefonema llegó en forma urgente a las oficinas del señor Witzmore, donde se le comunicaba de lo que afuera estaba sucediendo.

Preocupado por la situación, Witzmore, reunión a todos sus asesores, tanto legales como de producción del programa. Y la primera decisión que se adopto a partir de ahí, fue el cierre de las apuestas inmediatamente. El hombre visiblemente alterado, levanto el teléfono y con un grito desesperado ordenaba que las “maquinas” se paralizaran a toda costa, lo cual en cuestión de minutos se hizo, pero ya el daño estaba hecho. Miles de millones estaban ahora en mano de muchos apostadores, con la esperanza que el domingo, les sonriera la fortuna. De ser así, Witzmore, y mucho de sus socios quedarían en la absoluta bancarrota. Así, que la segunda decisión tomada a puertas cerradas, era “facilitar” las cosas a Alejandro, para que saliera victorioso en las siguientes pruebas, y de esa forma lograr la ventaja que esperaban, y recuperar el control del dinero invertido, así como tranquilizar a sus socios.

Ese día conforme a las reglas del Decatlón, los cinco competidores debían permanecer en un mismo sitio alejados de sus familiares o amigos. Por lo que se les alojo en un lujoso hotel de la ciudad, “EL EMPERADOR”, de la cual el señor Witzmore, era socio. Cada uno tuvo su propia suite, que para Miguel, parecía una casa dentro del gran edificio. Había una hermosa sala, con dos sofás y un sillón, con gamuza blanca; dos dormitorios, uno de ellos el principal, tapizado y adornado como la época monárquica francesa; una inmensa cama en el centro, con cuatro columnas majestuosas; un cielo raso espectacular; parecía que aquel dorado era oro. El baño, en cada dormitorio, estaba acondicionado de un jacuzzi, una tina, puertas de vidrios deslizables, un sanitario laqueado y cristalizado. Un comedor, con mesa gruesa de madera fina, para cuatro personas, y candelabros a lo largo de la sala y comedor. Los ventanales, eran amplios y permitía una hermosa vista, equipado de persianas desplegables, controladas electrónicamente.

Hacia el lado derecho, había una hermosa escalera, que brindaba un acceso, a una especie de salón, en la que además de un piano de cola, había un bar y un gran monitor de televisión, pantalla plana, que podía ser utilizado, sea con control remoto, o simplemente tocando la pantalla. Y en una esquina empotrada en la pared, había un equipo de sonido, con un sistema de audio que envolvía toda la suite. El aire acondicionado, proporcionaba un ambiente frío, agradable para sus huéspedes. Ya, adentro, Miguel, observó que sobre la mesa de la sala, le aguardaba una canasta llena de todo tipo de chocolates, vinos, manzanas y uvas, y hacia un lado un carrito, que contenía, varias charolas, con todo tipo de comida, desde caviar hasta filete mingón, y exquisitos postres. Él, no podía creer todo aquel lujo a su sola disposición. En su dormitorio, había varios tipos de trajes, pares de zapatos, tanto deportivos como de vestir, calcetines, y hasta ropa de dormir, todo aquello donado por los patrocinadores del evento. Miguel, se lanzó literalmente sobre la hermosa cama, y por un momento miró hacia el pequeño techo que ella tenía, bordeado de pequeñas y decoradas cortinas.

Se quito el uniforme del programa, y desnudo corría de un lado a otro, corría por las escaleras, tocaba las teclas del piano blanco, bajaba nuevamente, comía algo de las uvas, y luego se desaparecía debajo de las sábanas del segundo dormitorio, y varias veces volvía a realizar el mismo ritual, hasta que cansado se durmió en uno de los sofás de la sala. Una de las recamareras, golpeó a su puerta y como no atendieron a su llamado, con su llave maestra, ingresó a la suite, para dejar unos ramos florales que algunas admiradoras le enviaban a Miguel. Una vez adentro, no se percato de la presencia del hombre desnudo en el sofá. Busco un jarrón, lo lleno de agua, e introdujo las flores. Al ver el desorden de las charolas, se aproximo para arreglar un poco, cuando dejo salir un pequeño gemido al descubrir a Miguel, durmiendo apaciblemente. Ella, lo contemplo, saliendo de su estupor, y lo admiro, incluso se sonrió al mirar lo bien dotado que estaba aquel isleño, y luego sin decir nada, se marchó.

Andrés, con el grupo, regresó al hotel, incluyendo esta vez, a Marbelly y a Michael. Luna, estaba deseosa de ver a Miguel, pero se le había explicado las razones por las cuales ella ni nadie podía hacerlo, así que se resigno a esperar unas 24 horas para reunirse con su ser amado. Llegada la noche, todos ya cansados, cenaron y luego subieron a la disco del hotel para bailar y divertirse un poco. Estela, y Michael, se la pasaban de maravillas, al igual que Manuel y Ruth, a quienes se les miraba muy cercanos, que no paso desapercibido para Andrés y Katia. Marbelly, acompaño a Luna, en una de las mesas cerca de la pista.

Luna:- ¿Sabes qué he estado pensando, amiga? – le dijo a aquella chica que se sentía extasiada al sentirse por primera vez libre de todo tipo de atadura que por años cargaba encima desde su familia hasta su trabajo en el Buen Descanso.

Marbelly:- No, dime, ¿En qué piensas?

Luna:- Qué deberíamos ir a buscar a tu hija, y llevarla con nosotros a la Isla

Aquellas palabras, dejaron fría a Marbelly, quien sonrío emocionada, por aquella sugerencia.

Marbelly:- ¿Desearías hacer eso? – le volvió a preguntar para asegurarse que todo aquello era cierto

Luna:- Si, amiga, quiero hacerlo

Marbelly:- ¿Pero la competencia de mañana? – consulto un poco preocupada

Luna:- Confío en Miguel, lo hará bien, y estoy segura que él estará feliz de que hagamos esto – le sonrió

Marbelly:- Bueno, creo que estará bien entonces. El viaje toma 15 minutos, así que creo que podremos regresar antes de que finalice el programa

Luna:- ¡Qué bien amiga! – y por un momento quedo pensativa

Marbelly:- ¿Qué pasa, amiga? –

Luna:- ¿Y estás segura que esa familia te devolverá a la niña? – fueron sus palabras sin querer desalentar a su amiga

Marbelly:- No, amiga. Ellos saben de qué quiero llevarme a la niña, pero me exigen un dinero para eso, y gracias a dios, ya lo tengo, por eso todo va a salir bien

Luna:- ¡Qué bien! – tomo la mano derecha de su amiga

Por otro lado, el Tuerto y Cheng, no lograron llegar a tiempo a una casa de apuesta para asegurar su inversión, apostando a favor de Miguel. Ellos, estaban muy temeroso de lo que pudiera suceder ese domingo, así que se reunieron en un bar cercano, lejos de la ciudad, donde los únicos parroquianos eran un tipo borracho en una mesa esquinera, y otro que dormitaba sobre la barra. El cantinero limpiaba unos vasos mientras veía la televisión, y dos saloneras, escuchaban música de la rocola, así que cuando ellos llegaron, les brindaron el menú, pero solo se limitaron a pedir privacidad y un par de cervezas.

Cheng:- ¿Y ahora qué haremos? – se podía sentir el nerviosismo en su voz

Tuerto:- No lo sé, pero debemos hacer algo y pronto – sus ojos se movilizaban de un lugar a otro, que pestañaba para controlar su preocupación

Cheng:- Si ese tipo gana mañana, estaré arruinado, ratón – levantó un poco la voz, que fue acallada por el Tuerto, para que nadie se diera cuenta de lo que conversaban

Tuerto:- Cálmate hombre, que nos van a escuchar

Cheng:- Cómo si eso me importara, ratón, aquí está en juego todo mi futuro – saco un cigarrillo que no pudo encender porque le temblaban sus manos

Tuerto:- ¿Y tú qué crees? ¿Qué a mí eso no me afecta? – Extrajo un encendedor y le encendió el cigarro – absolutamente todo lo que poseo está en juego, hombre. Si pierdo, lo pierdo todo – sentenció

Cheng:- Con mucho más razón, ratón, debemos hacer algo, y creo tener la solución – bajo la voz y se aproximo al Tuerto

Tuerto: ¿Qué tienes pensado?

Se detuvo un momento mientras le servían las dos cervezas, luego de que la mesera se alejo, él verifico que ella estuviera a una distancia prudente.

Cheng:- Debemos desaparecer a Miguel

Aquellas palabras helaron al Tuerto.

Tuerto:- ¿Quieres decir…? – e hizo una mueca con la mano pasando por su cuello

Cheng:- No, hombre – se molesto – no es a eso a lo que me refiero

Tuerto:- ¿Entonces?

Cheng:- Debemos comprarlo, secuestrarlo, algo parecido – y se acomodo en el respaldar del asiento

Tuerto: - Y de esa forma no podrá ganar – se rió fuertemente, pero al ver que lo notaban, se quedo callado y susurro – es una buena idea Cheng

Cheng:- Pero debemos hacerlo esta misma noche – y tomo un sorbo de cerveza, con una mirada de alegría