Capitulo XXIV. LA REGLA ES QUE NO HAY REGLAS
En los camerinos, los asistentes, les aplicaban cremas y bálsamos a Alejandro y Fernando, mientras Tomás, descansaba acostado en una de las bancas, y Eduardo, se inyectaba también “vitaminas”. Al fondo, Miguel, tranquilo tomaba sorbos de agua mineral, admirando el paisaje por la ventana. Un miembro del equipo llego a avisarles que ya debían prepararse, porque todo estaba listo para que la competencia pudiera continuar. Afuera, los parlantes informaban al público, que debían regresar a sus asientos. Lo mismo ocurría a nivel de las transmisiones de radio y televisión, en que se anunciaba entre comerciales, que pronto estarían regresando a los estudios centrales Wiztmore, para continuar con la cobertura del Decatlón. Nadie deseaba perderse las restantes tres disciplinas del día.
Las ventas de los productos alusivos al Decatlón, se vendían hasta agotar las existencias, en cada tienda autorizada. Desde un banderín, hasta muñecos plásticos de cada jugador. Sin embargo, no había ni uno solo color chocolate como Miguel, a pesar, que comenzaron a preguntar por uno similar al atleta que en el transcurso de la mañana, había llamado la atención de los espectadores. La noticia llego a oídos del departamento de mercadeo de la televisora, y éstos a los ejecutivos. Rápidamente el señor Witzmore, tenía la información en sus manos.
Witzmore:- ¿Nadie pensó en hacer un muñeco negro? – dijo despectivamente
Productor Sénior:- Moreno, señor, el jugador es color moreno – le corrigió muy atento para que no existiera malos entendidos
Witzmore:- Da igual, carajo – le reprendió con dureza - ¿Cuál es la diferencia?
Productor Sénior:- El jugador es más claro, señor – sabía que ya había hablado al respecto y debía finalizar su idea, a pesar de lo que pudiera señalarle su Jefe
Witzmore:- ¿Ah, sí? – volvió a ver a los abogados
Abogado:- Es importante tomar en consideración el color de la piel, señor, para que no se considere que estamos siendo injustos con el jugador
Witzmore:- Bueno, entonces si es un negro más claro, que así lo hagan y punto – le gritó a los productores
Productor Sénior:- Así se hará señor
Witzmore:- Lo que quiero en realidad saber, es como ese desgraciado ha ganado las primeras dos contiendas – se sentó abruptamente en su sillón, mientras miraba a todos sus colaboradores
Productor Sénior:- Ha sido solo suerte, señor – le respondió con cierta ligereza
Witzmore:- Suerte mis calzones – vocifero al ejecutivo – o, es que acaso no has visto con que destreza venció a esos idiotas, que dijeron ser los mejores en su campo
Abogado:- Aquí tengo sus resúmenes, hojas de vida, y cartas de recomendaciones, señor – le señaló varios fólderes que manejaba dentro de su maletín
Witzmore:- ¿Y desde cuándo todas esas tonteras son garantías de que la persona es quien dice ser? – puñeteo el escritorio
Abogado:- Al parecer, se hizo una selección entre más de 300 atletas, y estos eran los más calificados
Witzmore:- Tal vez, los más calificados en habladurías – se levanto nuevamente y miraba a los monitores de televisión – no, nada de eso, ese isleño está jugando con el corazón, no con la mente. Mirénlo, esa mirada, esas piernas…
Productor Sénior:- Y tiene una gran desventaja, señor, - sonrió disimulando que no tenía más argumento que indicará el porqué del desbalance entre los jugadores – ese tipo tiene 42 años
Todos los presentes guardaron silencio. El señor Witzmore, por un momento, no comprendía porque ese dato se le entregaba hasta ese momento.
Witzmore:- ¿Quiere decir que ese isleño, tiene 42 años? – quiso recalcar que la información era la que había comprendido
Productor Sénior:- Si, señor
Abogado:- Oiga, y no lo parece – acomodo sus anteojos y volvió a ver a la pantalla de televisión – pensé que tendría lo más unos 32 años
Witzmore:- ¿Usted se da cuenta que es inconcebible que un tipo tan viejo, le haya dado tremenda paliza a unos veinteañeros? – volvió a encender otro cigarro fino
Abogado:- ¿Y si realmente no los tiene? – lanzo la pregunta a quemarropa
Witzmore:-¿Es casado? – se dirigió a sus productores
Productor Sénior:- No lo sabemos, señor – volvió a mirar a los demás del equipo
Witzmore:- ¿Qué no lo saben? – le lanzo el cigarro al productor, quien lo esquivo - ¿Cómo que no lo saben tarados?
Productor Sénior:- Es que a ese jugador no se le recluto en la misma forma que a los otros – bajo el tono de su voz – en realidad, jamás se le entrevisto, señor
Witzmore:- ¿Y qué esperan para hacerlo? – volvió a encender otro cigarro y se sentó en el sillón
Los productores, tomaron sus apuntes, y lapiceros, y salieron de la oficina. Una bocina, le avisaba al señor Witzmore, que todo estaba listo para reiniciar los juegos.
Witzmore:- licenciado, si él dijo que tiene 42, los tiene, un hombre no se sube la edad, al igual que a todos, se los quitan – y se marchó para el palco presidencial
A los cinco jugadores, se les llevo en autobús hasta un helipuerto, donde un helicóptero, los esperaba. Miguel, se sorprendió al ver aquel aparato.
Miguel:- ¿Qué es eso? – le pregunto a Tomas
Tomás:- Es un helicóptero – le respondió mientras miraba su rostro – ¿no me digas que jamás había visto uno igual?
Miguel:- No, Tomás, es la primera vez que veo algo parecido
Tomás:- Pues, sería bueno que te de cierta información sobre ese helicóptero – no estaba seguro que la experiencia pudiera gustarle a Miguel – Al igual que las aves, esa cosa se eleva por los aires
Miguel, detuvo su andar, y Tomás, hizo lo mismo. Aquel, lo miro detenidamente y volvió a ver al helicóptero.
Miguel:- ¿Eso va a volar? – sus ojos mostraban cierto nerviosismo
Tomás:- Así es, Miguel, se levantara del suelo un poco
Miguel:- Eso no me gusta del todo, Tomás – sentía mariposas en el estomago
Tomás:- Pero no pasa nada, Miguel, es más, será mejor que te sientes en el centro
Por la forma como Tomás, se expresaba acerca del helicóptero, Miguel, sintió cierta curiosidad, pero al mismo tiempo un poco de temor, pero acepto el consejo de Tomás, para sentarse en el centro del aparato. Todos se abrocharon los cinturones de seguridad, y Tomás, le ayudo a Miguel. Cuando, el vehículo levanto el vuelo, la sensación asustó a Miguel, ante la risa burlesca de Eduardo y Alejandro. Miguel, apretó la mano izquierda de Tomás. A unos minutos de ahí, llegaron hasta el nuevo escenario donde se realizaría la tercera prueba. Se trataba de un lugar boscoso, en las afueras de la ciudad. Cerca aterrizo el helicóptero, donde lo estaban esperando los asistentes de producción para llevarlos en carritos de golf hasta la línea de salida.
Tony, el anunciador, informó a los televidentes, que la nueva disciplina consistía en adentrarse en un terreno inhóspito para los participantes, lleno de trampas y peligros. Se contaba con la asistencia de entrenadores y paramédicos por cualquier situación que se presentara. El reto era que todos correrían desde un mismo punto, y a como pudieran, deberían atravesar 5 kilómetros en la espesura del bosque, hasta llegar a la salida, donde a 5 metros los esperaba una bandera que debía tomar el primero que llegara. Entre la jungla, habían pozos medianamente profundos; arenas movedizas; un pequeño abismo escondido entre la maleza; un río subterráneo, y luego de 25 minutos de que hayan partido, se soltaran tres enormes doberman que los seguirán a todos, para que los tomen por las piernas e inmovilizarlos.
Todos en el público dejaron escapar un gemido de espanto, al escuchar aquellas condiciones adversas que debían afrontar los participantes, incluyendo los familiares de los mismos en el balcón de los visitantes. Luna, se sentía muy mal por lo que había escuchado. Andrés y Katia, igual no podían creer que aquello estuviera pasando. Marbelly, no podía ocultar más que aquello era una charada por parte del Tuerto, y que Miguel, no estaba ahí para conseguir un trabajo sino compitiendo para favorecer económicamente al Tuerto y a Cheng. Pero, sin embargo, no podía hacerlo porque de por medio estaba el dinero que los isleños necesitaban para regresar a su Isla, así que no le quedaba otro remedio que aguardar y esperar hasta el final.
El Juez, esta vez, utilizaría un pequeño cañón para anunciar que los participantes debían correr. Todos se colocaron uno al lado del otro, sin ningún orden pre establecido. Alejandro, miro a Eduardo, en señal de recordar el pacto que ambos tenían para perjudicar a Miguel. Fernando, se frotaba las manos de los nervios. Detrás de ellos, tres guardias sostenían a los perros que furiosos deseaban seguirlos inmediatamente. Sin mayor aviso, el pequeño cañón, vomito un ruido ensordecedor, suficiente para que los atletas comenzaran su odisea a través de la espesa jungla. Cada uno al ingresar, corría a su velocidad. Miguel, no iba tan rápido sino que miraba detenidamente el alrededor, mientras los demás se alejaban. Eduardo, iba a menos de un metro atrás de Alejandro, y Fernando, se había dejado de ver, luego de pasar unos frondosos árboles. Tomás, de pronto se vio perdido al no escuchar los pasos de los demás corredores.
Alejandro, de pronto, detuvo el andar de Eduardo, quien asustado miro cuando aquel le señalo que ahí cerca estaba uno de los pozos de dos metros de profundidad.
Alejandro:- Si yo lo pude ver, lo puede ver cualquiera, salvo que lo cubramos nosotros
Eduardo:- ¿No es eso una infracción? – preguntó asustado
Alejandro:- ¿Quién lo vera? – le sonrió animosamente
Efectivamente, la poca vegetación que tenía la entrada del pozo, como prevención para que fuera visto por los atletas, fue cambiada por ellos, con más cautela para que no se pudiera ver por ningún ángulo. Luego siguieron el camino. Fernando, corría como podía, pero una raíz de un árbol lo derribo al tropezar con ella, cayendo sobre un arbusto de espinas, que le hirió el brazo. Aquello no lo iba a detener, así que prosiguió. Trato de descansar unos segundos para revisar sus heridas. Y luego continúo. Tomás, corría sin rumbo fijo. Se detenía para detectar la presencia de ruido, y lograr ubicarse, pero todo era silencio, así que continuo corriendo, recordando que pronto, los canes estarían detrás de él. Miguel, llegó hasta donde estaba el pozo, y en la orilla se detuvo, y se agacho para revisar el terreno, y pudo detectar el movimiento de hojas y ramas secas, y al moverlas descubrió el pozo. Así, que destapo absolutamente todo, para que los demás corredores la pudieran y ver y continuo.
Pasado el tiempo, los guardias, ante el aviso de uno de los jueces de campo, soltaron a los fieros perros, cuyo único propósito era detener en paso de los corredores. Fernando, consideraba que iba por buen camino, pues más adelante se podía ver un claro, lo cual implicaba que ahí estaba la ruta muy próxima a la salida, y se apresuró imprimiendo velocidad, y cuando salto sobre unos arbustos que le impedían el paso, con horror descubrió que no había suelo alguno que lo estuviera esperando, sino que continuaba un abismo en caída vertical de 30 grados, por el cual rodo hasta llegar al final, 20 metros abajo. Ahí, un Juez de campo, le confirmó que estaba descalificado. Unos paramédicos se aprestaron a atenderlo.
Eduardo, al igual que Alejandro, no encontraba la salida, cuando de repente oyeron pasos detrás de ellos, así que se detuvieron y cada uno busco ocultarse detrás de diferentes árboles. Una rápida mirada de Alejandro, constato que Miguel, se aproximaba, y con su mano derecha le hizo seña a Eduardo, que tenían compañía. Miguel, detuvo su andar y comenzó a caminar lento, ya que le extraño que el ruido de sus contrincantes de pronto se hubiera detenido. Vio que un enorme macizo delante de él, le podía ayudar con la visibilidad, sobre todo que no muy lejos de ahí se escuchaban que los sabuesos estaban al acecho. Como un leopardo, subió por el tronco del macizo, y llego a sus ramas. Saltó de una rama a la otra, hasta posarse cerca de donde se ocultaban Alejandro y Eduardo. Se sonrió, y simplemente se sentó a esperar.
Alejandro, volvió a corroborar que había pasado con Miguel, y al no verlo, quedo desconcertado. Salió del escondite y le hizo seña a Eduardo, de que mirará por el otro sector, sin dejar su escondrijo. Se volvieron a mirar, y Eduardo, se encogió de hombros, pues no tenía explicación alguna del paradero de Miguel, pero si podían escuchar que los perros se aproximaban.
Miguel:- Hola, amigos – les grito a los dos, quienes se sobrecogieron al escuchar la voz, mirando hacia arriba de donde provenían – es un bonito lugar para que ustedes se hayan detenido a descansar, pero les sugiero que los suspendan porque desde aquí veo que esos “guatos” no tardan en llegar, y creo que ustedes debería o correr o treparse a un árbol ¿no?
Los dos corredores, se miraron y sus ojos se llenaron de temor, y se dividieron para huir del lugar, ante la persecución de los dos doberman. Eduardo, tomó a la izquierda y Alejandro, a la derecha. Miguel, reía desde donde pudo ver que efectivamente los canes llegaban en cuestión de segundos. Uno de ellos se fue detrás de Eduardo, los otros dos detrás de Alejandro. Miguel, bajo tranquilamente y se enrumbo a encontrar la salida. Eduardo, chillaba mientras corría del temor al perro que le seguía, sin determinar que delante de él, se encontraba con la arena movediza, pues al volver a ver hacia atrás para medir la distancia que le llevaba a su perseguidor, simplemente piso la zona, y se hundió en la arena. El perro, se quedó ladrándole ante el temor de él. Alejandro, por su lado, encontró el río escondido, el cual sin dudarlo se lanzó al agua para evitar a los dos cazadores. Los jueces le avisaron a cada uno que estaban fuera de la competencia.
Tomás, después de varios metros, y atemorizado por los ladridos lejanos de los perros, pudo ver un trenzado de altos arbustos, y pequeñas flores, un claro luminoso, por lo que corrió hacia él.
Miguel:- ¿En qué pensabas mientras quedastes colgado en esos aros hoy más temprano? – le pregunto un Miguel, que se encontraba sentado debajo de unos tallos de bambús
Tomás:- ¿Llegastes primero y no fuiste por la bandera? – se encontraba jadiando después de tantos kilómetros corriendo y sorprendido por la frescura de Miguel, al estar sentado aparentemente esperándolo a él
Miguel:- No me has respondido, Tomás – y utilizo una fina rama como mondadientes para morder
Tomás:- Sé que te vas a reír, pero, en esos minutos que pensé que caería sin remedio al suelo, pensé en mi madre ¿Por qué?
Miguel:- ¿Esto lo haces por ella? – se levantó del suelo
Tomás:- Bueno, realmente lo hago por mí, porque creo que puedo ganar, pero – dejo de mirar a Miguel y observo lo cerca que ya estaba la bandera – por primera vez sentí mucho temor cuando creí que podría dañarme. Y fue cuando recordé que mi madre me pidió que no participara, y sentí en ese momento que por no escucharla, me iba a ir muy mal. Por eso en mi mente le pedí perdón
Miguel:- ¡Qué bueno, Tomás! – escupió la pequeña rama de su boca
Tomás:- ¿Y no vas a ir por esa bandera? – dejo escapar la pregunta que le mortificaba en su cabeza desde que vio a Miguel
Miguel:- Tú mamá en el fondo te está cuidando desde donde ella se encuentra, y créeme que se siente orgullosa de ti, así que aunque la hayas desobedecido, te has ganado su respeto, porque sabe que esto es lo que quieres hacer y espera que hagas tu mejor esfuerzo, Tomás
Tomás:- ¿Qué quieres decir? – no estaba muy seguro
Miguel:- Que esto es entre tú y yo ¿Listo? – se colocó en posición de salir
Tomás:- Cuando digas – miro a la bandera, y aunque en el fondo sabía que Miguel, ganaría porque ya había demostrado lo veloz que era, entendió lo que quiso decirle. Desde su hogar, su madre, efectivamente, lo estaría mirando, a pesar de todo, y por ene él debía poner su mayor esfuerzo en seguir dentro de la competencia
Miguel:- Ahora – grito y ambos salieron de la arboleda, ante la vista de multitudes, que miraron que él y Tomás, corrían palmo a palmo hacia la bandera
Miguel, como era de esperarse, comenzó a distanciarse de Tomás, quien no aflojaba su ritmo, y parecía que conquistaría una tercera victoria, cuando de pronto, él comenzó a saltar del dolor, y se sostuvo la pierna derecha con su mano derecha y se agacho al suelo aquejado del dolor. Tomás, se detuvo para verlo.
Miguel:- ¿Y qué esperas, hombre? Yo no me puedo mover – le gritó sofocado por el dolor
Tomás, lo miro, y luego a la bandera, y siguió hasta que la pudo tomar. Su madre, quien no acompaño a su familia a los estudios de televisión, lloró de alegría al mirar a su hijo tomar aquella insignia y levantarla en señal de victoria. Se llevó sus manos a su rostro, y luego como si estuviera frente a él, acariciaba la pantalla, como su más leal fanática. Luego, Tomás, regresó donde Miguel, a donde paramédicos también corrían. En la Isla, todos vieron con horror ese desenlace.
Comanche:- ¡Qué extraño, purrujo! Es la primera vez que a Miguel, le da un calambre al correr
Purrujo:- Para mí, es el agua de Tierra Firme, es como un veneno
Luna, estaba preocupada por el estado de Miguel, al igual que el resto, pero no se explicaban como pudo ocurrir. Al llegar, Tomás, antes que el resto de los auxiliares, de un brazo ayudo a Miguel, a ponerse de pie, quien renqueaba al caminar. Un carrito de golf, lo asistió y junto a un paramédico se lo llevaron hacia la unidad de asistencia. Tomás, quedo preocupado.
Paramédico:- Señor, no le encuentro ningún problema en su pierna – le dijo luego de examinarlo atentamente
Miguel:- ¿En serio? – Le sonrió – sígale buscando, por favor, sígale buscando
Por parlantes se anunció que Miguel, estaba fuera de peligro y continuaría la competencia, ante el alivio de Luna, y sus amigos, así como del resto de los que le estaban apoyando. Se dio un receso de quince minutos para trasladar a los participantes, por helicóptero, a un río salvaje a pocos kilómetros del lugar. El Tuerto, seguía preocupado porque Alejandro, aún no ganaba ningún juego, y se terminaba las posibilidades del día, pues solo quedaban dos encuentros más. La siguiente justa estaba lista para empezar. Ninguno de los atletas tenían ropa de seguridad, simplemente unas canoas individuales para atravesar 15 kilómetros río abajo antes de llegar a unas cataratas, que debían evitar con la fuerza de remar contra corriente.
Alejandro, se quejó de que debían al menos utilizar un casco protector, pero los productores insistieron en el realismo de la lucha del humano contra la naturaleza. Los cinco se subieron a sus canoas, y cerraron el zíper, y sujetaron su remo horizontal. Los kayaks estuvieron en la salida a la espera de un sonido de bocina de una botella a presión, por parte del Juez. La audiencia se comía las uñas, al ver las imágenes de las aguas bravas y de la imponente catarata que los esperaba al final. Se escuchó la señal de salida y todos se lanzaron al río. Esto era algo nuevo para Miguel, quien no sabía cómo utilizar el remo ante la bravura de las aguas, y comenzó a girar en círculo y luego regresaba al camino. Alejandro, comenzó a distanciarse del resto de competidores, al ser tal disciplina su carta fuerte.
Tomás y Eduardo, chocaron sus canoas, y se volteaban a cada momento entre las subidas y bajadas de la corriente. Fernando, tuvo la mala suerte de que su remo se quebrara contra una de las rocas sumergidas, y por tanto se encontró al garete, que tuvo que pedir ayuda a los oficiales, para que lo sacaran de la competencia. Alejandro, luchaba contra la fuerza del agua, pero lograba perfectamente dominarlas, así que al aproximarse al punto de evitar la caída, simplemente giró con fuerza al callejón que lo dirigía a aguas menos turbulentas. Tomás, le grito a Eduardo, para que se sujetaran entre ambos con el mismo remo, en vista de que se estaban alejando del camino, y podían caer directamente a la catarata. Con mal modo, Eduardo, aceptó y lograron escapar de las fierezas del río. Un Juez corría detrás de Miguel, indicándole que debía detenerse de los tumbos y altibajos, en vista que Alejandro, ya había alcanzado la meta.
En los monitores, se veía a un Alejandro, sumamente feliz al conquistar el final de la cuarta prueba. Pero la audiencia, en su mayoría, en lugar de aplaudir, lo abuchearon. Sus amistades y familiares, respondieron indignados por la reacción de la gente. En la Isla, algo similar ocurrió entre los pobladores cuando veían la imagen del gigantón, levantando su brazo en señal de victoria. Ya los otros cuatro hombres habían sido auxiliados para salir del río, y se les llevaron toallas, e igual se les dio asistencia médica para verificar que todo estuviera normal y listo para la última competencia del día. Los competidores fueron trasladados a los estudios centrales de la televisora, donde se llevaría a cabo la misma, ante los cientos de espectadores que llenaban las graderías.