Capitulo XVI. EL TUERTO, SALVADOR

En el Hotel Miramar, Manuel, se registraba en la recepción con Estela y Ruth, cuando Cheng, ingresaba al Lobby, para atender una reunión en uno de los salones con el que contaba el lugar. Cuando vio a Manuel, fue a saludarlo con su séquito de ejecutivos de la televisión.

Cheng:- Mira a quien vengo a encontrar en esta mañana

Manuel:- Cheng, viejo amigo, ¿Cómo estás? ¡Qué gusto verte, hombre!

Cheng:- ¿Cuándo llegastes a la ciudad, hombre?

Manuel:- Hoy mismo vengo desembarcando ¿Y Tú que me cuentas, como va el negocio?

Cheng:- Mal, muy mal

Manuel:- Cuanto me apena oír eso, hombre. Sé cuanto amor le pones a tu programa

Cheng:- Así es, y ahorita casualmente voy a reunirme con la gente de la televisora para definir el futuro del programa

Manuel:- ¿Lo pueden cancelar?

Cheng:- La audiencia está bajando, y eso es un factor determinante para tomar una decisión como esa. Pero así es este negocio, que le vamos a hacer

Manuel:- ¿Has visto al Tuerto, recientemente?

Cheng:- ¿A esa rata inmunda? Si lo vi ayer en su oficina, pero te recomiendo alejarte de él si quieres conservar tu dinero

Manuel:- Pues necesito hablar con él para preguntar por unos amigos

Cheng:- Pues pobrecitos si caen en manos de esa rata inmunda

Manuel:- ¿Por qué lo dices?

En esos momentos, un hombre de corbata y traje entero, le llamó la atención a Cheng, de que estaban a punto de iniciar la reunión.

Cheng:- Bueno, hablamos más tarde ¿Tienes siempre el mismo número de celular?

Manuel:- Claro que sí, llámame cuando puedas, gusto en verte

El recepcionista le entregó la llave del cuarto, y subieron por el ascensor hasta el quinto piso, hasta la habitación 523. El cuarto poseía dos camas tipo matrimoniales. Las chicas entraron con sus equipajes. Estela, se veía malhumorada por lo pequeño del cuarto.

Estela:- ¿Esto es un gran hotel? ¿Un cuarto pequeño?

Manuel:- Es lo que se puede pagar por el momento, así que no llores por favor

Estela:- Bien, ¿Y dónde dormirá usted?

Manuel:- ¿Cómo que dónde? Una cama es de ustedes dos y la otra, cerca de la ventana es donde dormiré

Estela:- ¿Usted piensa quedarse en este mismo cuarto con nosotras? -Pregunto asustada

Manuel:- Claro que si, ¿o es que esperabas que gastara dinero en otro cuarto?

Estela:- Pero, Ruth y yo siempre hemos compartido un cuarto a solas, sin nadie, ni siquiera con mi papá ni mi mamá

Manuel:- Pues aquí no estamos ni en la Isla, ni estamos en tu casa, y confórmate con que te deje dormir junto a mí en este mismo cuarto

Estela:- Usted es un hombre horroroso

Manuel:- Pues, qué lástima por ti, porque así soy yo y punto. Además, la persona horrorosa que cometió algo horroroso entre todas las cosas horrorosas de la tierra, eres Tú, señorita Horrorosa

Ruth:- Estaremos bien, Manuel – trato de mediar en la discusión mientras Estela, se sentaba iracunda en la cama

Manuel:- No me importa si estas muy furiosa, es tu problema, pero tengo que salir en estos momentos y ustedes se quedan aquí quietas. Ahí hay una televisión, miren algo, y simplemente aguarden a que yo regrese

Luego, él salió del cuarto, cerrando la puerta. Ruth, encendió la televisión para ver los programas que pasaban en ese momento. Estela, se tiro en la cama y hundió su cabeza en la almohada para evitar hablar con su hermana menor y quitarse la rabia.

Ruth:- No hagas berrinches hermana, sabes muy bien, que tenemos la culpa de lo que nos está ocurriendo

Estela:- Ya me tienes harta con tus sermones, Ruth. ¿Tú esperas que mañana yo regrese a esa Isla? ¿Estás loca? ¿Sabes lo que nos va a pasar a ti y a mí, así como a los viejos de mi papá y mamá?

Ruth:- No hables de esa forma de ellos, por favor

Estela:- Mira, este es el momento para que escapemos antes que Manuel regrese

Ruth:- ¿Qué? ¿Estás loca? No conocemos esta ciudad ¿A dónde iríamos?

Estela:- Cualquier lugar es mejor que regresar a la Isla, a recibir un severo castigo por nuestros actos. Así, que decídete vienes conmigo o no

Ruth:- Pero no tenemos dinero

Estela:- Tome un poco de la billetera de Manuel, mientras él estaba distraído conversando con el tipo ese que lo saludo abajo en la recepción

Ruth:- ¿Ahora, eres una ladrona?

Estela:- Vamos, Ruth, no es ningún robo, es el dinero que papá le dio para que pagara nuestra colegiatura, así que es algo que nos pertenece

Ruth:- No sé, Estela, tengo mucho miedo

Estela:- Bueno, es tu problema, hermanita porque yo me voy largando en este momento

Ruth:- No, Estela, espérame, no quiero quedarme sola

Cada una se llevo solo una maleta y salieron por la puerta. A kilómetros de ahí, el Tuerto, recogían a Andrés y a Katia, y luego, según les dirigía Luna, pasaron por Jade, y a su vez Marbelly, decidió acompañarlos. Luego, todos en el vehículo llegaron a los estudios de televisión Witzmore, ignorando que Cheng, se encontraba en el Hotel Miramar. Él les pidió a los ocupantes del carro que esperaran mientras regresaba de hablar con los amigos de su “amigo”. En la recepción le informaron de la situación, así que al regresar les dijo que le habían dejado un recado importante para reunirse con ellos en el Hotel Miramar. Todos estaban emocionados. En el camino trato de contactarse con Cheng, por el celular, pero éste lo tenía apagado. Así, que cuando arribaron al Hotel, todos los acompañaron al interior, y ahí, en el Lobby, le informaron sobre la reunión a puertas cerradas. Así que tuvieron que esperar, sin que se percataran que segundos antes por la entrada principal, Ruth y Estela, habían salido.

Katia:- ¡qué lugar tan lindo y tan grande!

Andrés:- Aquí al parecer todo es así

En eso, el celular del Tuerto, comenzó a sonar, al contestar se dio cuenta que se trataba de Manuel.

Tuerto:- Hola, hombre ¿Cómo te va?, ajá, no me digas. Sí, claro que si ¿Estás aquí? Pues, mira yo estoy ahorita en el Miramar – volvió a ver a los presentes – ¿no? ¿Aquí estas hospedado? Bueno, entonces si te parece hablamos más tarde, si en un par de horas está bien, bueno, adiós

Luna:- ¿Su amigo?

Tuerto:- Si, mi amigo, quería saber cómo iba todo, y nos veremos para darle las buenas noticias en persona

Las puertas de la Sala, se abrieron y Cheng, venía muy contrariado, caminando a paso rápido, cuando el Tuerto, le salió a su encuentro.

Cheng:- Ahora no, Tuerto

Tuerto:- Pero debemos hablar es muy importante

Cheng:- Estoy a punto de perder mi programa y tú vienes a hablarme de tus problemas

Tuerto:- Pero, sé que ambos podemos vernos beneficiados

Más atrás venía caminando el propietario de la televisora, un señor de 70 años, de tez rosada, robusto, y cubierto de un abrigo costoso sobre su traje ejecutivo, acompañado del séquito de productores.

Witzmore:- Augusto ¿Cómo estás?

Tuerto:- señor Witzmore, un placer saludarlo

Witzmore:- Hace rato que no te veo por el club con tu señora esposa, que por cierto es la hermana de nuestro buen amigo Cheng

Tuerto:- Si, señor, he tenido muchas cosas pendientes que hacer

Witzmore:- ¿En serio? Pensé que era por la deuda pendiente en el pago de la membrecía

Tuerto:- No señor ¿Quién le dijo tal mentira?

Witzmore:- Un pajarito, Augusto – luego viendo a Cheng – bien, Cheng, creo que deberías aceptar nuestra propuesta y cerrar el ciclo del programa esta semana en lugar del mes según el contrato

Tuerto:- ¿Cómo? ¿Finalizar el programa? – Se sintió que estaba entrometiéndose en el tema – disculpe don Witzmore, pero “Alcanzando un sueño” ha sido el programa más popular en los últimos 20 años de la televisión nacional e internacional ¿Por qué lo van a cerrar?

Witzmore:- Es cuestión de números, mi amigo Augusto. Si un programa no es visto, no produce dinero, y ese es el objetivo de nuestro negocio, ganar dinero, ¿No es así Cheng?

Cheng:- Señor, tengo todavía un mes para alcanzar la meta en audiencia

Witzmore:- Lo cual según mis asesores no podrás conseguir, por lo que la televisora solo incurriría en gastos y más gastos, lo cual podríamos evitar clausurando el programa esta misma semana

Cheng:- Ese programa es mi vida, señor Witzmore, tal vez para usted no signifique nada, pero para mí es todo lo que tengo, sin él, realmente no tengo nada, me quedaré en la calle

Witzmore:- Pues qué lástima, Cheng, debistes ser un productor más prolifero, en lugar de quedarte con un solo programa, lo que en el mundo del espectáculo es un suicidio porque nadie sabe cuando las cosas terminaran pero desafortunadamente se terminan

Cheng:- señor Witzmore, créame que aún allá afuera hay mucha gente que cree que sus sueños pueden hacerse una realidad. Por ejemplo, señor Witzmore – mirando a Miguel – aquel hombre que está de pie junto a esa columna, de porte humilde; ese que a leguas se nota que pertenece a la clase obrera, por más increíble que le parezca, es un ser humano con sueños – y levantando la voz para llamar la atención de Miguel, lo llamó

Miguel:- ¿En qué le puedo servir señor?

Cheng:- Por favor, caballero, disculpe que interrumpa su amena conversación, pero le podría decir aquí a estos señores ¿cuál es su sueño más preciado?

Miguel:- ¿Mi sueño más preciado?

Cheng:- Así es, aquello que a usted le gustaría vivir con todo su corazón

Miguel:- Pues ya tengo todo en la vida – Witzmore sonreía como victorioso – pero, claro, ahora que usted me pregunta y no sé si sea un sueño como usted lo llama, pero - se le iluminaba el rostro – desde pequeño veía en la televisión de mi pueblo al equipo de mi Padre, el mismo que por años he seguido con todo mi ser, los Morados de Salcedo, y a veces en las noches, me veía con el uniforme de ellos, jugando en la misma forma que ellos lo hacen

Cheng:- ¿Y le gustaría aunque fuera una vez en su vida, vestir ese uniforme y jugar un solo partido con los morados de Salcedo?

Miguel:- ¡Oh, sí! Claro que me gustaría ¿A quién no en mi pueblo?

Cheng:- Y si yo le dijera que usted puede hacer ese sueño realidad, ¿Le gustaría?

Miguel:- Por favor señor, creo que por estar unos segundos sobre ese césped con la camiseta, moriría en paz – les dijo emocionado

Cheng:- ¿Lo ve, señor Witzmore?

Tuerto:- Cheng, si me permites – quiso interrumpir a su cuñado, para informarle que casualmente Miguel, era el hombre del que le había hablado en la oficina para que le ayudara a ganar dinero en el boxeo de calle – Cheng

Cheng:- Estoy ocupado hombre

Witzmore:- Eso no prueba nada, Cheng. Todos en algún momento tenemos un sueño pero ya no es más un tema llamativo para la audiencia, los números lo dicen

Tuerto:- ¿Números? – se dijo asimismo y de repente una idea brillante nació en su mente – don Witzmore, y si mi cuñado prueba que la audiencia aún desea ver el programa, ¿Usted le renovaría el contrato por un año más?

Witzmore:- ¿Cómo? – Lanzo una carcajada – Por favor no me hagas reír, Augusto, que eso es algo imposible que él pueda hacer

Tuerto:- Entonces ¿Estaría dispuesto a apostar, señor Witzmore? – apelando al gusto que el hombre tenía por las apuestas

Witzmore:- ¿De qué estamos hablando?

Cheng:- ¿Qué haces?- le preguntó algo asustado

Tuerto:- Muy fácil, señor Witzmore, si mi cuñado prueba que en pocos días la audiencia se incrementa, usted sin objetar le renueva el contrato, pero si él se equivoca, él termina el contrato sin cobrar absolutamente nada

Witzmore:- Déjame pensar – se reunió con sus asesores

Cheng:-¿Qué diablos haces, ratón?

Tuerto:- ¿Confías en tu programa, no?

Cheng:- Realmente no

Witzmore:- Bueno, acepto con estas condiciones. El participante lo escojo yo, y no puede ser mediante las tontas pruebas que realizas en tu programa sino que ese candidato participará en mi programa debut, EL DECATLON, y si esa persona gana, entonces, realiza sus sueños, y tendrás la extensión del contrato por un año más ¿Qué decides?

Cheng:- Bueno – estaba entre la espada y la pared, pero no deseaba dar su brazo a torcer, pues ya no tenía nada que perder con la baja en las audiencias – está bien, acepto señor Witzmore – y se estrecharon las manos

Miguel:- ¡Qué bien, que todos aquí están felices! Pero si me permiten debo unirme a mi familia

Witzmore:- No, señor, usted no se va de aquí por ahora

Miguel:- ¿Ah, no? ¿Por qué? – preguntó un poco molesto al pensar que se le estaba prohibiendo moverse hacia donde estaban los suyos

Witzmore:- No, no se enoje señor, simplemente con todos mis respetos le solicito que usted y los suyos sean mis huéspedes a almorzar al Club Colindres, para que hablemos de un asunto importante

Miguel:- ¿Sobre los niños pobres?

Witzmore:- ¿Qué? – pregunto sin entender

Tuerto:- Si, sobre eso hombre, sobre los niños pobres

Miguel:- Entonces bien, permítanme para avisarles a los míos – se retiro a decirle a todos los isleños y Marbelly de las nuevas

Cheng:- ¿Qué pretende señor Witzmore?

Witzmore:- No es obvio, éste es mi candidato para definir la apuesta

Cheng:- ¿Qué? – se sorprendió

Witzmore:- Mis asesores consideran que el debut de nuestro programa icono de la televisión sería bien visto si participa no sólo hijos de millonarios que estudian en magnificas universidades, o tienen trabajos empresariales. Un hombre de pueblo, pobre y bruto, sería un material publicitario de lujo para explotar

Cheng:- Entonces, es usted quien se va a hacer cargo de él

Witzmore:- ¿Cómo crees? ¿Yo, de ese campesino? No, mi querido Cheng, yo te dije que yo lo escogía, pero desde ahora él es la llave para cerrar o abrir tu programa, así que debes atenderlo como a un Rey – y río descontroladamente, lo cual fue emulado por el resto de su personal por tratarse del Jefe – bien, nos vemos en el Club Colindres en un rato

Cheng:- Ves lo que has hecho, idiota – le puntualizo al Tuerto

Tuerto:- Mira, más bien te estoy ayudando, no deberías enojarte conmigo

Cheng:- ¿Ayudarme? Ya todo lo tenía controlado y vienes tú y metes las cuatro patas

Tuerto:- Mira, yo te traía a ese hombre para que peleara esta noche y también mañana en la arena de boxeo porque tiene una buena pegada, lo vi contra unos marineros en el muelle y así que ganáramos mucho dinero, y también por otro lado poderte pagar tu dinero, pero al ver el problema en que estabas, pensé en que una apuesta te daría una extensión del plazo y ya ves que si lo conseguimos

Cheng:- La extensión ya existía, tenía al menos un mes para levantar los números, y no ahora solo son dos días que dura ese tal Decatlón, para que se defina el futuro de mi programa

Tuerto:- Pues ahora todo está en manos de ese tipo

Cheng:- Dios mío, según tengo entendido se requiere de mucha destreza, fuerza y agilidad, para superar las diez pruebas que demanda ese programa, por eso en este primer programa debut, se está invitando a jóvenes personalidades deportivas de altísima categoría mundial, antes de permitir a la gente común y corriente. El señor Witzmore me puso una trampa con este indígena

Miguel:- Bueno señor, mi gente y yo estamos listos para irnos

Cheng:- Dígame algo señor…

Tuerto:- Miguel, se llama Miguel

Cheng:- Bien, señor Miguel. ¿Qué edad tiene usted?

Miguel:- Orgullosos 42 años – contestó muy feliz

Cheng, sentía que el mundo le daba vueltas, y sus piernas flaquearon, que el Tuerto, tuvo que sujetarlo, mientras aquel se llevaba su mano izquierda al corazón.

Cheng:- ¡dios mío, Tuerto! ¡42 años!

Miguel:- ¿Le pasa algo?

Tuerto:- Es que se emociono mucho al escuchar su edad porque usted no los aparenta

Miguel:- Es lo que me dicen en la Isla, seguro por la alimentación que hay allá

Tuerto:- Si, así debe ser, ¿Por qué no se adelantan al estacionamiento y me esperan, si?

Miguel:- Bien

Cheng:- Estamos fritos, ratón. No tenemos oportunidad de ganar esta apuesta. Mientras, el señor Witzmore, invitará a jóvenes de 19 ó 21 años, nosotros tendremos a nuestro lado, al papá de todos ellos – su voz se resquebrajaba