Capitulo XV. SE CIERRA UN TRATO
Era acogedor el dormitorio que el Tuerto, les había asignado a Luna y a Miguel, quienes durmieron apaciblemente luego de su primera noche juntos. Ella, se veía radiante, y él muy feliz. Ambos, se dieron un beso de buenos días, y luego pasaron a bañarse juntos en la ducha, la que tenía una tina. Como Luna, durante su encierro en el barco, vio que uno de los marineros había girado la perilla para que corriera el agua, solo repitió el mismo procedimiento ante el asombro de Miguel, quien no tuvo que hacerlo en la Divina Providencia, porque había un horario para bañarse, y el agua lo conectaba Narciso, y corría libremente.
Miguel:- Amor, ¡Qué inteligente eres!
Luna:- Algo he aprendido en este viaje, amor
Miguel:- Te he extrañado mucho
Luna:- Y yo esperaba este maravilloso momento para estar contigo
Miguel:- ¿Sabes? Al inicio no me había dado cuenta que tú eras la indicada para mi
Luna:- ¿A pesar de mis bailes sensuales cuando llegabas a casa?
Miguel:- ¿Esos eran para mí? – se sintió tonto
Luna:- ¿Y para quién más, amor?
Miguel:- Realmente soy muy distraído, amor, perdóname
Luna:- No, tranquilo, está bien – lo beso tiernamente en los labios
Miguel:- Pero fue durante este viaje que me di cuenta que tú eras para mi
Luna:- ¿Hasta este viaje?
Miguel:- Si, amor, el día que desaparecistes, fui a tu casa para disculparme contigo por no haber aceptado tu agua de tamarindo
Luna:- ¡Oh, amor, eres tan lindo! – se rió recordando el agua de tamarindo
Miguel:- Lo extraño era que tanto tu mamá como tu papá me preguntaban si había bebido o no tu agua de tamarindo
Luna:- Pues claro, amor, dentro de esa agua de tamarino iba un brebaje de “Amor” para ti que me hizo mi papá porque deseaba que de una vez por todas, saliera de ti la verdad, si me amabas o no
Miguel:- ¿En serio? – se sonrió
Luna:- Si, amor. Jamás te daría algo para “robar” tu amor, ni creo que mi papá me lo hubiera preparado. Solo deseaba saber lo que había en tu corazón en cuanto a mí, y si yo no estaba dentro de ti, entonces, desistiría en mis intentos porque te fijaras en mí
Miguel:- Pues, ya vistes que no fue necesario, amor. No se necesito de ningún brebaje ni de poción alguna, porque ese amor siempre estuvo ahí dentro de mí, esperando por salir y decirte cuanto deseaba que tú lo vieras
Luna:- Si, amor. Por eso soy la mujer más feliz del mundo
Mientras ellos se besaban, el Tuerto, toco la puerta varias veces para informarles que el desayuno ya estaba listo.
Tuerto:- A ver si estos tortolitos bajan de una vez.- luego habló para sí mismo en voz baja: - ¡Demonios, cuanto ruido hicieron esos dos en esa cama toda la noche! Pensé que nunca se detendrían. Más tarde tendré que venir a ver si no me la destrozaron
En el departamento de Bernadette, ya Andrés y su familia, desayunaban, lo que les fue preparado por la misma anfitriona. Huevos revueltos con tomate y chile dulce. Además de Jugo de Naranja, y varios panes tostados con mantequilla y mermelada.
Andrés:- Delicioso, señora
Bernadette:- ¡Qué bueno que le guste, Andrés!
Katia:- Realmente usted cocina maravillosamente
Jade:- Si, estoy casi llena
Bernadette:- Entonces, todavía hay un lugarcito en ese estomago, hija, come más pan con mantequilla y úntale algo de mermelada
Jade:- Gracias
Andrés:- ¿A qué hora es que vendrá el Tuerto por nosotros?
Bernadette:- ¿Confían ustedes en ese hombre?
Andrés:- Pues el licenciado de la Isla, nos dijo que lo buscáramos por ayuda
Katia:- El licenciado es una persona muy ilustrada, Bernadette
Bernadette:- Me imagino que sí. Bueno, entonces, es cuestión de esperar a que él aparezca ¿No?
Andrés:- Así es
Bernadette:- Mientras, si ustedes quieren podemos ir al parque que está muy cerca de aquí un buen rato para que estiren las piernas y bajen la comida
Katia:- Me parece una maravillosa idea
Andrés:- ¿Y si vienen a buscarnos?
Bernadette:- No se preocupes, Andrés, dejare una nota con el encargado del edificio que tiene su apartamento en el primer piso
Andrés:- Ah, bueno, entonces no hay problemas. Vamos a dar el paseo entonces
Jade:- Mamá, ¿Habría algún problema si voy a visitar a Marbelly, un rato?
Katia:- No, amor, no hay problema, pero no te tardes mucho
Jade:- No durare mucho. Volveré pronto
Katia:- Bien, amor, anda con cuidado
Entre tanto, en el muelle un barco venía llegando a tiempo en su itinerario. Manuel, con las dos hijas don Pepe, bajaron a puerto, con todas sus pertenencias. Ruth, seguía muy triste por haber tenido que dejar la Isla, mientras que Estela, se mostraba muy feliz, aunque un poco nerviosa por el nuevo mundo.
Manuel:- Bien, espérenme aquí que debo buscar un taxi para que nos lleve al internado
Estela:- Bien, aquí lo esperamos licenciado
Ruth:- No quiero esto, hermana – le dijo con una voz apagada
Estela:- Pues, ya no hay forma de volver, hermanita, así que hazte la idea de que ya no volverás más a esa mugrosa isla
Ruth:- Si que eres muy ingrata hermana
Estela:- ¿Ingrata yo?
Ruth:- Esa isla nos vio nacer; nos vio crecer y nos vio hacer buenos amigos y tú por un capricho tonto, lo echastes todo a perder
Estela:- ¿Capricho tonto?
Ruth:- Tu jamás quisistes a Miguel, solo deseabas estar un rato con él, porque era el mejor partido de la Isla, y sabías que Luna, estaba enamorada de él
Estela:- Solo tonterías estás diciendo, claro que yo quería a Miguel
Ruth:- Si así fuera, porque no luchastes por quedarte en la Isla y vivir con él
Estela:- Una cosa no tiene nada que ver con la otra
Ruth:-¿Qué no?- agregó molesta – Ese día del partido de fútbol, si Miguel, no hubiera cedido su silla a la pobre Luna, tú no hubieras montado en cólera y le hubiera pagado a esos marineros para que la secuestraran y no tuviéramos ahora que haber abandonado la Isla
Manuel:- ¿Así, qué eso fue lo que paso? –les dijo intrigado
Estela:- No le crea don Manuel, ella esta desvariando
Manuel:- Ahora entiendo porque sus padres deseaban que salieran inmediatamente de la isla
Ruth:- Por favor, don Manuel, no vaya a decir nada
Manuel:- ¿Cómo me pides eso, Ruth, si ningún isleño podría ocultar una barbaridad como esa?
Estela:- Es que no se qué paso – le sudaban las manos – una cosa llevo a otra y cuando nos dimos cuenta no pudimos detener a esos hombres
Manuel:- Así que entonces fueron ustedes dos las que provocaron toda esta conmoción, y aún cuando vieron que todo el pueblo se dio a la tarea de buscar a la pobre Luna, ustedes simplemente callaron
Ruth:- Me siento muy mal, quiero vomitar – no pudo contenerse y ahí mismo arrojo el desayuno cerca de las maletas y de los pies de Estela, quien se aparto con una cara de disgusto
Manuel:- Lo que deberían hacer ustedes dos es regresar a la Isla y hablar con el Jefe Bungala y el señor Prefecto y que las dos reciban su justo castigo, pero antes que eso, deberían decirme a dónde se llevaron esos hombres a Luna
Estela:- No lo sabemos, don Manuel, pueda ser que aun este dentro del barco, o tal vez, ellos la arrojaron al mar
Manuel:- ¡Qué fácil lo dices! Pareciera que no tuvieras remordimiento de tus actos
Estela:- ¿Por qué los debería de tener, si fue la mujer que me quiso quitar a mi hombre?
Ruth:- ¿Tu hombre, Estela? ¿Tú hombre? Miguel jamás ha sido tu hombre
Manuel:- ¿Y todo por Miguel? ¿Por eso se deshicieron de la pobre Luna, por un hombre? – les reclamo
Estela:- No es cualquier hombre, es alguien incluso mejor que usted
Manuel:- ¿Ah, sí? ¿Y crees que alguien mejor que yo, como tú dices, querrá estar con una mujer tan mala como tú?
Ruth:- Yo sé, don Manuel, que merecemos un castigo, yo estoy conforme que me lo apliquen a mi hermana y a mi – Estela hizo mala cara – pero no a mis padres; a ellos no porque nos ayudaron a que dejáramos la Isla, por favor
Manuel:- Ruth, desde que salimos de la Isla, vi en ti tu dolor por todo esto, y eso habla bien de ti, así que abogare por ti ante el consejo de ancianos para que no sean duros contigo o tu familia, pero sabes que debemos volver ¿Cierto?
Ruth:- Sí
Estela:- Pues, yo no
Manuel:- No depende de ti, señorita. Ya lo del internado olvídalo porque no te ayudare a huir. Ahora ayúdenme con las maletas para ir a buscar un hotel donde quedarnos y mañana zarparemos hacia la Isla nuevamente. Hoy tengo que hacer algunas cosas personales
De mala gana, Estela, se fue junto con Manuel y su hermana, en el taxi a buscar un hospedaje. Ruth, estuvo callada durante todo el trayecto.
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Miguel: - ¡Bueno, ha sido un delicioso desayuno, Tuerto!
Luna:- Pero no tan delicioso como los besos de mi amado – y beso a Miguel en los labios
Tuerto:- Aquí vamos de nuevo – dijo susurrando
Miguel:- ¿Y bien, a qué hora vamos por mi Compadre y su familia?
Tuerto:- Más tarde, Miguel, primero debemos terminar aquí y luego hablar de nuestros asuntos
Miguel:- Pues yo aquí ya termine
Luna:- Yo también – se levanto y se sentó en las piernas de Miguel
Tuerto:- Entonces, acompáñenme a la terraza del jardín para que hablemos de nuestros asuntos
Miguel:- Bien, lo seguimos Tuerto
Los tres pasaron por la amplia sala de la hermosa casa de dos plantas, que se ubicaba en la cima de un pequeño cerro, desde donde se tenía una vista impresionante de gran parte de la ciudad, y a través de una puerta de vidrio deslizable horizontalmente, llegaron a una zona verde en la que se encontraba un extenso jardín, bellamente cuidado, entre arbustos y pequeños árboles ornamentales, así como tapizado en el suelo por una alfombra de grama fina. Cerca de ahí, en un área destinada al descanso, sobre una losa, había una mesa metálica color blanca, con la parte de arriba de vidrio, y a su alrededor cuatro sillas metálicas del mismo color, desde el cual se accedía a la misma vista panorámica, que mantuvo con la boca abierta a la pareja, quienes no habían tenido la oportunidad de apreciarla porque habían llegado a la propiedad en horas de la noche.
Tuerto:- ¿Hermoso, cierto?
Luna:- ¡Qué bella vista!
Miguel:- ¡Qué grande es esta ciudad!
Tuerto:- ¿Nada que ver con la pequeña isla en la que ustedes viven, ah?
Miguel:- ¿Y usted se alegra por esto? – le preguntó a quemarropa
Tuerto:- Bueno, claro que sí. Esto es la civilización
Miguel:- ¿Dónde están los árboles, el aire fresco, las grandes montañas, las nubes blancas, el agua clara? Lo único que veo son esas grandes cosas de cemento y metal, y mucho humo que no le permiten respirar. Al bajar del barco, el agua estaba muy oscura, negra de suciedad, peces muertos y un hedor que enferma cualquier estomago. Si a eso se le llama civilización, entonces, no me he perdido de nada bueno, vivir en la isla.
Tuerto:- Es cuestión de ajustarse, mi amigo, al ritmo de vida de la gran ciudad
Luna:- Su casa es muy bonita, pero ayer pude ver lugares horribles, donde la gente vive en una de esas casas grandes, con mucho ruido, donde no se puede tener un verdadero descanso. En la isla, todas las casas tienen sus puertas abiertas para quienes viven en ella, y quienes lleguen a visitarnos. Aquí sus casas están cerradas para sus propios residentes.
Tuerto:- No – se río – estas equivocada mi niña, yo tengo la llave de esta casa, sin ella nadie puede entrar, solo yo
Luna:- ¿Y por qué su casa tiene esa llave?
Tuerto:- Bueno, para evitar que entren personas indeseables
Luna:- ¿Y, si no tuviera esa llave, como ingresa usted?
Tuerto:- Bueno, pues – sabía que aquella chica estaba dominando el tema – quebraría una ventana y entró, aunque se dispare la alarma y venga la policía. Bueno, lo importante en todo esto, es que así es como se vive en esta ciudad y punto
Miguel:- Exactamente, Tuerto, es su forma de vivir y se le nota que se siente contento de su gran casa, aunque sea bajo llave, pero le confieso que todo es muy complicado por acá
Tuerto:- Lo siento por ustedes, pero créanme, que la gente aquí si sabe vivir bien
Una sirvienta, ingresó al jardín con una charola, en la que llevaba varios vasos y una jarra de jugo de naranja.
Tuerto:- Ah, que bien, llego un refresquito para la mañana,- volvió a ver a la sirvienta - y dígame Catrina ¿La señora está en el gimnasio?
Catrina:- Si, señor, no tardará en llegar
Tuerto:- ¡Qué bien! – Mirando a la pareja – así podrán conocer a mi bella esposa
Luna:- Al hablar de esposa habla de una mujer – le aclaró a Miguel, quien le agradeció besándola
Tuerto:- Bueno, Miguel, vamos a nuestros asuntos. Este mi amigo, del que anoche le estaba hablando, tiene una empresa…
Miguel, le interrumpió:- ¿Qué es eso de la empresa?
Tuerto:- Ah, sí es cierto, se me olvida que debo explicarme de tal forma que me haga entender por ustedes. Bien, puedo hacerlo. Vea, Miguel, este mi amigo, tiene otros amigos que le dan dinero si él hace ciertos trabajos
Miguel:- ¿Qué tipo de trabajos?
Tuerto:- Cosas muy sencillas, como nadar, recoger unas pelotitas de la tierra, cosas así
Miguel:- Ajá ¿y dónde entro yo?
Tuerto:- Pues, que mi amigo – no sabía cómo involucrar a Miguel, sin que se diera cuenta que él buscaba la forma de saldar la cuenta con Cheng – como le podría explicar, ah, si, mi amigo en estos momentos está enfermo
Luna:- ¿enfermo? ¿Qué tiene? – pregunto preocupada
Tuerto:- No, no, calma, no se está muriendo, sino que es algo temporal, de poco tiempo
Luna:-¡Ah!
Miguel:- ¿Y entonces? – seguía esperando que le informara cómo podía devolver el favor al Tuerto
Tuerto:- Pues, que esos trabajos que él antes hacía se están desatendiendo y pues, si no los hace, no le pagan, y si no le pagan, no podrá ayudar a esos pobres niños sin hogar
Luna:- ¡oh, no! Pobrecitos esos niños. ¿Entonces, lo que usted quiere es que Miguel, haga esos trabajos mientras se pone bien su amigo?
Tuerto:- Así es, realmente no es nada del otro mundo, sería solo por unos pocos días, además que mi amigo les recompensaría esa ayuda, dándoles el dinero necesario para que todos regresen a su isla
Miguel:- Bueno, por ayudar a esos niños no espero nada, solo quiero devolverle el favor a usted, y de paso estoy ayudando a esos niños
Tuerto:- Lo sé, claro, pero es que mi amigo no da todo el dinero de esos trabajados a los niños, sino que se queda con una parte para él, y esa parte será la que él les dé a ustedes, lo cual será suficiente para pagar los boletos
Miguel:- ¿Y por qué solo yo? Mi compadre me podría ayudar si son trabajos sencillos como usted dice, y así podríamos terminar más rápido
Tuerto:- Ah, sí, bueno – bebió un poco del jugo de naranja para ganar tiempo en lo que debía contestar – si, es que los amigos de mi amigo, solo prefieren que uno solo haga el trabajo
Luna:- Ah, ya entiendo,- miro a Miguel - él no quiere dejar en mal a su amigo, haciendo parecer que esos trabajos serían más fácil si lo hace más de uno, de esa forma podrían traer a alguien más y su amigo ganaría menos dinero para esos niños pobres ¿No es así, Tuerto?
El Tuerto, se quedo mudo, ante todo el arrebato de la muchacha, que había esbozado mejor que él toda la justificación que necesitaba para convencer a Miguel de hacer el trabajo solo.
Miguel:- Pues no me gustaría que su amigo quede mal
Tuerto:- Si, ni yo tampoco, pobrecito, si él se queda sin trabajo, imagínese – resoplaba como si en realidad sufriera por el amigo - pobre los niños sin hogar
Luna:- No queremos eso, claro que no ¿Verdad amor? – beso a Miguel
Miguel:- No, claro que no. Tuerto, cuente solo conmigo, lo haré
Tuerto:- ¡SI! – Explotó en alegría – volvió a ver a la pareja que no entendía la repentina reacción de su interlocutor – es que me emocionó al solo imaginar las caritas de esos pobres niños que seguirán teniendo un pan que comer
En ello ingreso Zahiro, la esposa del Tuerto, una asiática de 44 años, de 190 libras de peso, un metro sesenta y ocho de estaturas, y bien vestida, con un pequeño plato en la mano derecha, con un flan de coco, que venía digiriendo, por el hambre que le provocaba los cuarenta minutos de ejercicio continuo en el gimnasio, aunque su motivación era verse bien para sus amistades en los clubes más que para su propio marido.
Tuerto:- Hola, amor, mira estas son las visitas de las que te hable anoche
Zahiro:- Hola, bienvenidos a nuestra humilde morada
Miguel:- Un gusto señora – Le sonrió al igual que Luna
Zahiro:- ¡Qué hombre más hermoso¡ y ¿dígame qué les pareció la casa?
Luna:- Bonita
Zahiro:- ¿Y el cuarto?
Miguel:- Muy bonito
Zahiro:- Bueno, los dejo con este bueno para nada, porque ahora debo ir a descansar y llamar a algunas amigas para jugar poker – e ingresó comiendo a la sala, ante la vergüenza del Tuerto por la forma como ella lo había tratado delante de las visitas
Tuerto:- Bien, esa – susurro – “gorda” – levanto la voz – es mi adorada esposa
Miguel:- Muy linda
Tuerto:- ¿Lo cree?..Ah, sí, sí, muy bella, pero la hubieran visto 60 libras menos, digo 15 años atrás, era como una modelo – pero alejo sus pensamientos de su mujer y se centró en los negocios – bien ahora, es mejor que nos preparemos para que salgamos, así que váyanse a vestir
Luna:- Ya estamos vestidos, Tuerto – le manifestó inocentemente
Tuerto:- Ah, sí, se me olvidaba que ustedes visten al mejor estilo de Jane y Tarzán. Bien, entonces, vamos a recoger a sus amigos al barrio