Capitulo XVII. EL CLUB COLINDRES

Estela y Ruth, vagaban por las calles, alejándose lo más que pudieran del Hotel. Sin embargo, ninguna de ellas estaba acostumbrada a cargar algo que no fuera mayor al peso de una muñeca o de un refresco dietético, así que en poco tiempo comenzaron a sentir las molestias de llevar las mismas. Se detenían un buen rato a descansar, sentándose sobre cada maleta, y luego reanudaban su andar. Pasado el medio día, sentían hambre, así que en su camino, se fijaron en un restaurante en una de las avenidas, así que ingresaron, para comprar algo de comida.

Valet:- ¿En qué les puedo ayudar señoritas?

Estela:- Deseamos comer – le contestó cándidamente

Valet:- Perfecto, pero es política de este restaurante, que no pueden entrar sin esas maletas

Estela:- ¿Y qué quiere que hagamos con ellas?

Valet:- No lo sé, señoritas. Solo le explicó cuál es la política del restaurante

El delicioso aroma que percibía su nariz, le abrió más el apetito, así que ambas salieron del restaurante.

Estela:- Mira, hermanita, aquí la única forma de que comamos algo es que tú te quedes aquí mientras entro para comprar algo de comida para las dos

Ruth:- ¿Y yo qué hago mientras?

Estela:- Solo quédate con las maletas aquí que ya regreso

Ruth:- Bien, no te demores mucho, por favor

Estela:- Será algo rápido, ¿Bien?

Ruth, tomo las dos maletas y se coloco en la calle, a un lado de la puerta, mientras Estela, ingresó al Restaurante. El lujo de la estancia, la había impresionado, y pensaba que era el perfecto lugar donde ella merecía estar. El valet, la condujo hasta una mesa elegantemente decorada, justo para dos personas. A su alrededor, los comensales la observaban por su forma humilde de vestir, aunque por el contrario ella consideraba que se encontraba en su entorno, pues siempre se había diferenciado con sus pares de la Isla. El valet, le entregó un menú de cuero, en el cual había todo tipo de platillos a degustar.

Estela:- ¿Y ahora qué hago? – le preguntó al mesero que le fue asignado

Mesero:- ¿Desea la señorita alguna entrada para iniciar?

Estela:- No sé ¿Debería? – le consultó ante la ignorancia sobre el protocolo a seguir

Mesero:- Le recomiendo a la señorita, la ensalada Cesar

Estela:- Muy bien, tomare esa, entonces

Mesero:- Muy bien ¿Va a beber algo mientras tanto?

Estela:- Si, claro ¿Tiene agua de tamarindo?

Mesero:- No, señorita, no tenemos de eso aquí

Estela:- ¿Qué podría beber entonces?

Mesero:- ¿Le apetece a la señorita, una copita de coñac?

Estela:- Esta bien – le tuvo que responder para no parecer muy ignorante, aunque no era difícil que el mesero se hubiere enterado que ella no sabía lo que hacía, por el desconocimiento que la delató

Mesero:- Bien ¿Desea ya ordenar la señorita, el plato fuerte?

Estela:- ¿Qué es eso? – preguntó un poco angustiada

Mesero:- Es el plato central de su almuerzo, señorita. Le recomiendo el Gordon blue ó el pescado al romero

Estela:- ¿Cuál escogería usted?

Mesero:- El Gordon Blue, por supuesto

Estela:- Bien, tráigame eso también

Mesero:- Muy bien, señorita, en seguida – le retiro el menú y sonriendo fue a dejar la orden a la cocina

Afuera, Ruth, sudaba por el sol que hacía, y no tenía forma de donde escudarse, mientras esperaba a su hermana, a quien le había creído que regresaría pronto. No muy lejos de ahí, en un edificio totalmente de vidrio en la cual su cima estaba adornada por todo un lujoso piso giratorio, Miguel y su grupo llegaban al hermoso Club Colindres, donde los grandes empresarios y magnates de todos los sectores del ámbito económico de la ciudad, se reunían a presumir de su dinero. Por regla, los varones debían vestir con traje ejecutivo y las mujeres debidamente elegantes. El guarda de entrada se fijo que ellos no reunían tales requisitos.

Guarda:- Disculpen, señores, pero por política del Club, los caballeros deben vestir apropiadamente al igual que las señoritas que les acompaña

Tuerto:- Vea usted, señor, nosotros estamos aquí invitados por el señor Witzmore, en persona, así que haga el favor de permitirnos entrar, que él nos está esperando

Guarda:- Lo siento señor, pero no puedo permitirles la entrada si no cumplen con los parámetros establecidos por el Club

El Gerente General, llegaba detrás de ellos en ese momento, acompañado de una hermosa joven.

Gerente:- ¿Qué pasa aquí, Jorge?

Guarda:- Señor, les recordaba aquí a los caballeros que debían cumplir con el reglamento del Club, en cuanto a las vestimentas

Gerente:- Ah!, ya veo – y con cara de disgusto miro aquel grupo singular salidos de algún tipo de granja o jungla – pues no los recuerdo a ellos ¿Son socios los señores?

Tuerto:- No, claro que no

Gerente: - Entonces ¿Qué hacen aquí? Este es un Club exclusivo, no algún tipo de bailongo de barrio, así que hagan el favor de retirarse o me veré obligado a llamar a la policía

Tuerto:- Usted no entiende, estamos aquí invitados por el propio señor Witzmore

Gerente:- Ajá, claro que si, y yo invitado por el Jeque de Arabia Saudita

Andrés:- Invitado por un Jeque? Cómo está? – le extendió la mano amablemente para saludarlo, pero el Gerente, se la miró con cierto asco

Gerente:- Jorge, llama a la policía – e ingresó con su acompañante

Guarda:- Si, señor – y se dirigió a usar el teléfono del vestíbulo

Cheng, que había llegado en su propio vehículo, primero que el grupo, salió a ver porque demoraban en ingresar.

Cheng:- ¿Tuerto, qué pasa que no han entrado?

Tuerto:- Aquí el guarda de la entrada, no nos permite entrar por no venir vestidos apropiadamente

Cheng:- Ah, sí es cierto – se dirigió a todo el grupo – vean señores, para estar en este lugar, se requiere que utilicen algo parecido a esto – y les señalo su propio traje ejecutivo

Miguel:- ¿Es necesario?

Tuerto:- Claro, Miguel, recuerda – su actitud se torno compasiva – es por los niños sin hogar

Miguel:- Pues, bien, si es así, entonces las usaremos

Luna:- Amor, yo no voy a quitarme mi kiput

Jade:- Ni yo tampoco

Katia:- Bueno, yo lo hice y no me paso nada

Marbelly:- Úsenlo debajo de los vestidos, así nadie sabrá que se las quitaron

Luna:- Buena idea

Cheng:- Ve, Tuerto, llévalos al piso de abajo, donde rentan ropa, y alquílales unos trajes y unos vestido y vuelvan rápido

Para cuando el guarda regresó, ya el grupo se había ido, y Cheng, regreso a la mesa con los ejecutivos de la televisora.

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Por otra parte, Ruth, sentía la necesidad de usar el sanitario donde desaguar, por lo que movía nerviosamente sus piernas, sentada sobre las maletas. Al no poder aguantar más, dejo el equipaje arrimados a la pared, y entro al Restaurante. Ahí, el valet, al reconocer que era la misma que había llegado acompañando a Estela, le indicó donde se encontraba el sanitario para damas. Cuando finalizo, de lejos miro a Estela, quien finalizaba de comer el plato principal, eso la indigno y camino hacia ella.

Ruth:- Si que eres ruin, Estela, mientras yo me quemaba afuera vigilando las maletas, tú estabas aquí dándote la gran vida

Estela:- Estaba comiendo lo más rápido que pude, Ruth

Ruth:- ¿Pedistes algo para mí? – la miro con desdén

Estela:- A eso iba, hermana. Te aconsejo comer este Gordon algo, es delicioso

Mesero:- Aquí tiene su postre, la señorita, su queque cristal con almendras bañado con chocolate

Ruth:- Espero que te de dolor de estomago, mala hermana

Estela:- Espera Ruth

Ruth, iba tan enfadada, que tenía ganas de llorar, pero al llegar a la calle, se dio cuenta que ninguna de las dos malestas se encontraban donde las había dejado. Miro a todos lados, entre aquella cantidad de personas que caminaban por ambas aceras, y la innumerable cantidad de autobuses, taxis y vehículos que circulaban por las calles y avenidas, que producían un estruendoso ruido, que alteraba todo el cuerpo de Ruth. No sabía que había pasado con el equipaje ni que podía hacer ahora. Mientras, Estela, había terminado con el postre y se levantó para seguir a su hermana, cuando fue visto por el mesero, quien se apresuró con la cuenta.

Mesero:- Aquí tiene la señorita – y el entregó la libreta de cuero que encerraba la cuenta

Estela:- ¿Qué es esto? – pregunto asustada

Mesero:- La cuenta señorita

Estela, miró la suma:- Si, pero esto es demasiado para mi

Mesero:- ¿Perdón?

Estela:- Que no pensé que todo esto fuera tan caro

El Mesero, cambió su actitud, porque de por medio estaba su propina, y con un chasqueo de dedos, llamó al Gerente del Restaurante, y al oído le expuso la situación, para no llamar la atención de los presentes.

Gerente:- ¿La señorita me podría acompañar a mi oficina para resolver esta situación? – le indicó con su brazo derecho un extremo del local, con la idea de llevar el asunto a un lugar más privado que evitará algún tipo de escándalo delante del resto de los comensales

Estela:- Si, está bien, vamos – se levanto muy avergonzada

Ruth, entro nuevamente al Restaurante, angustiada por el asunto de la desaparición de las maletas, pero desde la entrada observó que ya la mesa estaba vacía, y no había visto cuando Estela, acompañaba al Gerente a la oficina de éste. Entro en pánico, así que no le quedo más remedio que salir y regresar al hotel Miramar, en busca de Manuel.

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Un grupo de personas elegantemente vestidas, regresaban nuevamente ante el guarda del Club. Había un cambio total en la apariencia de todos, que parecían como sacados de una revista de modas, que ni el propio guarda pudo reconocer.

Guarda:- ¿A quiénes debo anunciar?

Tuerto:- Somos los invitados del señor Witzmore

Guarda:- Muy bien, síganme por favor

Dispusieron de una larga mesa vertical, en donde cada uno se fueron acomodando, estando a la cabeza de la misma, el señor Witzmore. A cada uno se le fue sirviendo el almuerzo. Otros invitados especiales, estaban al lado de ellos, sin conocer su verdadera identidad. Un señor de unos 69 años, con un esmoquin, y bigote blanco, no dejo de mirar a Miguel, desde que éste se sentó a su lado.

Almirante:- Hola, caballero, me llamo McAdams, pero todos mis amigos me dicen “Almirante” porque soy el dueño de una naviera comercial que transitan por los cinco continentes de la tierra, y ¿usted es?

Miguel:- Miguel, para servirle señor Almirante

Almirante:- Desde que usted entró se me hizo familiar su cara, pero aún no doy donde lo he visto

Miguel:- Tal vez en el muelle – bebió un poco de sopa

Almirante:- Es muy probable. ¿Y a qué te dedicas? ¿Cuál es tu negocio?

Miguel:- Realmente un poco de todo

Almirante:- Ya veo, es un consorcio – se interesó en aquel extraño – ese es el modo de hacer negocios hoy en día

Miguel:- Me gusta hacer negocios en el Oro Negro –seguía tomando unos bocadillos salados que le habían recién servidos

Almirante:- ¿Oro negro? ¡Claro que sí! El mejor negocio, ¡El Petróleo! – y sonreía considerando que tenía a su lado a un gran magnate - ¿Y tiene sus propios buques?

Miguel:- Mi amigo tiene uno pequeño, ¿Verdad compadre?

Andrés:- Así es

Almirante:- Claro, es mejor tener el negocio de los buques a nombre de otra empresa, y mejor aún en manos de un buen amigo, por razones impositivas

Otro de los invitados del otro lado del Almirante, escuchó lo último e intervino.

Phillips:- No he podido dejar de escucharlos caballeros, y aprovecho la oportunidad de darles mi tarjeta, soy abogado, el licenciado Phillips, por si requieren de mis servicios

Almirante:- No lo creo, señor, gente importante como mi amigo Miguel aquí, tienes sus propios licenciados

Miguel:- Así es, el licenciado Manuel, es quien resuelve los asuntos cuando así lo requiero

Phillips:- ¿Licenciado Manuel? –Se preguntaba asimismo – Pues, no me suena ¿Tiene mucho tiempo ejerciendo?

Almirante:- ¿Usted cree que un abogado que labora para un multimillonario como mi amigo Miguel, se daría el lujo de tener oficina abierta al público cuando todo el dinero del mundo lo gana con un solo cliente?

Phillips:- En eso tiene toda la razón, que suerte tuvo ese colega

Almirante:- Pues amigo Miguel, le voy a dar mi número personal de celular para que me llame cuando usted lo desee, no importa la hora, y si hay que viajar en avión para llegar donde usted este, téngalo por seguro que lo hare ¿Tiene donde apuntar?

Miguel:- Pues no

Almirante:- Claro, que torpeza de mi parte, señor, para eso usted anda con sus asistentes ¿Quién es su secretaria?, tal vez ella – miro a Luna

Miguel:- No, ella no es ninguna secretaria, es la hija del Jefe

Almirante:- ¿Jefe? ¿Cuál Jefe?

Andrés:- Al que llamamos “Presidente”

Almirante:- ¡Dios mío! Señorita usted dispense por haberla confundido de esa manera, no fue mi intención, es que tengo tanto tiempo que ya no veo noticias y, pues, no sigo la trayectoria familiar de su Padre – se sintió muy apenado, creyendo que se trataba de la hija del Presidente de la nación

Luna:- Tranquilo, señor, lo entiendo

Almirante:- Gracias, señorita, tan comprensible como su distinguido Padre

Miguel:- ¿Alguien tiene donde escribir un número?

Un mesero se apresuro a entregarle un papel limpio y un lapicero al Almirante, quien escribió su número privado, y se lo entrego a Miguel. Se sintió tan avergonzado que se disculpo de los presentes y se marcho del lugar. El abogado que atestiguo lo último se sonrió.

Andrés:- ¿Qué es gracioso? – le pregunto

Phillips:- Lo que paso con el Almirante, parece que el “ave” voló a su nido

Miguel:- No puede ser, él no lo conoce

Phillips:- ¿Qué cosa?

Miguel:- Pues el nido. Está muy lejos de aquí

Phillips:- No comprendo

Andrés:- ¿Y usted hace lo mismo que el licenciado Manuel?

Phillips:- Pues, no sé que hará él, pero yo estoy más en finanzas, asuntos de la Banca y esas cosas del Mercado

Andrés:- Ah, como el mercado de doña Teresa

Phillips:- ¿Doña Teresa? – Se veía visiblemente confundido - No entiendo

Miguel: - Ah, en ese caso yo también estoy en el asunto del mercado

Phillips:- ¿Usted también?

Miguel:- Si, cada semana voy al “Wall Street”, donde doña Teresa

Phillips:- Ah, ya entiendo, claro por las acciones del petróleo, y me imagino que doña Teresa, es su corredora

Miguel:- Bueno, más bien soy yo el corredor, pero las entregas las hago en bicicleta ¿Verdad, mi amor? – y le dio un camarón en la boca de Luna

Luna:- Así es – y mastico lo que le había dado Miguel

Phillips:- ¿Bicicleta? Me imagino que debe ser alguna broma sobre la bolsa de valores – veía con cierta simpatía a sus interlocutores para no hacerse notar que ignoraba lo que aquellos hablaban – pues, que bueno que las cosas están funcionando en el mercado de valores

El señor Witzmore, utilizando una cuchara y un vaso de cristal, llamo la atención de los presentes.

Witzmore:- Deseo comunicarles el lanzamiento del primer programa a nivel mundial del que será el más afamado y popular espectáculo que combina destreza física y mental, señoras y señores, hablo del DECATLON

En ese momento, aparecieron unas bellas modelos, vistiendo todas un traje alicrado impermeable color azul con una franja amarilla, con el nombre del programa, que desfilaron alrededor de la mesa.

Witzmore:- Este lanzamiento será una transmisión en vivo, por dos días, este Sábado, en horas de la mañana. Debo señalar que durante casi nueve meses, los productores del programa mantuvieron los detalles del mismo en total secreto, y desde hace dos meses, ya los contendientes han venido preparándose para batallar en las difíciles pruebas a las que deberán enfrentarse, para ganar un maravilloso premio de un millón de buen dinero.

Todos los presentes aplaudieron.

Cheng:- El desgraciado lo tenía todo preparado – le dijo en voz baja al Tuerto – y en cambio nuestro postulante solo tiene el día de mañana para prepararse. Estamos acabados.

Tuerto:- Eso no lo sabía, Cheng. El viejo sí que nos la hizo muy bien.

Witzmore:- Y les adelanto que a partir de mañana, la ventanillas de las casas apostadoras, estarán abiertas a todo el público para que multipliquen sus dineros, apostando a su jugador favorito, ya que obtuvimos los permisos gubernamentales para incluir al Decatlón como un juego deportivo oficial. La presentación de los jugadores se hará mañana en vivo después del medio día desde las instalaciones de la televisora.

Miguel, y su grupo no entendían lo que pasaba solo observaban, se deleitaban, y seguían comiendo los ricos platillos que se les iba sirviendo por parte de los meseros. Andrés, guardaba alguno en una de las servilletas. La muchedumbre seguía celebrando con aplausos cada palabra que decía el señor Witzmore.

Witzmore:- Ahora, amigos míos, levantemos nuestras copas y preparémonos a brindar por el nuevo bebé de la familia televisiva Witzmore. ¡A su salud!

Todos alzaron sus respectivas copas, incluyendo Miguel y su grupo, los cuales habían solicitado especialmente refrescos gaseosos en lugar del vino que contenían los vasos del resto de invitados.

Miguel:- Todos se ven felices con la noticia de que vamos a ayudar a los niños pobres ¿no? – le comentó muy contento al Tuerto

Tuerto:- Así, es. Muy contentos – le lanzo una mirada patética a Cheng, quien cerró los ojos llevándose su mano izquierda al rostro, en señal de arrepentimiento por haber aceptado la apuesta

En la oficina del Gerente del Restaurante, una Estela, visiblemente asustada, había sido invitada a sentarse frente al escritorio de aquel, y mientras el hombre de 49 años, con cara de piedra, la fulminaba con su mirada, ella no dejaba de sudar.

Gerente:- Así, que no tiene dinero para pagar

Estela:- Solo tengo esto, señor - saco los pocos billetes que había tomado de la billetera de Manuel, que apenas cancelaba el 45% de la cuenta

Gerente:- Y si solo tenía esta cantidad, ¿Por qué se atrevió a ingresar a este prestigioso Restaurante? – subía la voz

Estela:- Tenía hambre, señor

Gerente:- ¿Y acaso vio usted afuera un letrero que dijera que aquí repartíamos caridad?

Estela:- No sé qué es eso señor, pero realmente le aseguro que no tenía ninguna intención de molestar, solo quería comer algo – comenzó a sollozar

Gerente:- No me venga ahora con lloriqueo, por favor, que eso no arregla absolutamente nada. Lo mejor será llamar a la policía que la arresten por la deuda del Restaurante

Estela:- No, por favor, con la policía no señor, que yo no soy una delincuente. Le juro que mi papá le pagará hasta el último centavo

Gerente:- Pues si es cierto lo que dices, que lo pague en el departamento de policía y luego te dejaran ir

Estela:- No, por favor, le suplico que no llame a la policía

En eso ingresó, el encargado de cocina, muy apresurado.

Gerente:- ¿Qué quieres? ¿No ves que me encuentro ocupado?

Encargado de Cocina:- Señor, disculpe, pero es que tenemos un problema en la cocina

Gerente:- ¿Qué pasa?

Encargado de Cocina:- A Rita, la vinieron a buscar para informarle que a su mamá le dio un ataque al corazón y se tuvo que ir

Gerente:- Me lleva el demonios. ¿Y ahora qué hacemos?

Encargado de Cocina:- Y en la noche tendremos casa llena con la fiesta de los miembros de la Fundación Piña Colada

Gerente:- La cocina colapsara, si no hay nadie que lave la vajilla, demonios – refunfuñaba

Encargado de Cocina:- ¿Qué hacemos? ¿Asigno a Paolo?

Gerente:- No, claro que no, no voy a sacrificar a un ayudante de cocina – se llevo la mano izquierda a la barbilla para pensar, cuando sus ojos se poso en la triste figura de Estela – No te preocupes, que ya tengo a la reemplaza de Rita, para hoy y mañana

Encargado de Cocina:- Ah, ya veo – expreso como señal de confirmación al coincidir su mirada con la del Gerente

Gerente:- Bien, muchacha – le dijo a Estela – te voy a dar una única oportunidad para evitar que vayas a la cárcel

Estela:- Gracias, señor, Gracias. Le aseguro que apenas pueda comunicarme con mi padre, él enviara el dinero. Solo debo ir al Hotel por el licenciado para arreglar las cosas y…

Gerente:- Nada de irte a ningún lado, cariño. Si vamos a arreglar el dinero que nos debe, es a partir de este momento

Estela:- Pero ya le dije que no tengo dinero – volvió a repetirle gimiendo

Gerente:- Eso no es el asunto, muchacha. En este momento vas a pagar trabajando para mí

Estela:- ¿Trabajar? – dijo asustada, ya que era una palabra que jamás se había aplicado para ella

Gerente:- Así es. Seguirás a este señor que está aquí que es el encargado de la cocina del Restaurante y él te dirá lo que tendrás a hacer. Eso, o ir a prisión ¿Qué decides?

Estela:- ¿Solo será por hoy?

Gerente:- No, muchacha, por hoy y mañana, y de esa forma quedaremos a mano con tu cuenta. Bueno, ya que tenemos un trato, a ponerle ganas, y te regalaremos algo en la cena para que comas ¿bien?

Estela, se levantó resignada, frotando sus manos, mientras el Encargado de la Cocina, la llevo de la mano hasta el área de los alimentos y luego, a una gran pila atiborrada de platos, utensilios, cubiertos, sartenes, ollas, de todo había en ese lavadero. Le facilitaron un delantal, y un detergente liquido, y le pidieron que comenzara su faena para tener todo listo para unas horas que llegarían la gente de la Fundación, para su fiesta. Ella, entro en pánico, las lágrimas le salían como cataratas, y se sonaba la nariz mientras tomaba un plato y le pasaba el jabón, y con un pedazo de lana, lo restregaba y luego lo enjuagaba, para colocarlo a un lado de la pila.

En el Club Colindres, hubo una pequeña fiesta, y un grupo musical de jazz, deleitaba a los presentes. Andrés, había solicitado una bolsa para introducir muchos de los bocadillos que había almacenado en una servilleta, y tomo otros que no estaban siendo consumidos por los invitados.

Miguel: Tuerto ¿Cuándo empezare a trabajar?

Tuerto:- Pues no sé, Miguel – no tenía ni idea de cómo responderle, ante el cambio de la situación original que tenía con él

Cheng:- ¿Y ahora que le decimos? – le preguntó al Tuerto

Tuerto:- Deberemos seguir con la misma estratagema no queda más remedio

Cheng:- Claro, cuando pensamos que se trataba de peleas callejeras, pero no ahora de salir en un programa de televisión, en el que tiene que competir con unos verdaderos atletas de alto rendimiento. Mañana, él se dará cuenta que le estamos mintiendo cuando lo presenten ante la audiencia nacional e internacional

Tuerto:- Tienes razón, mañana él me hará muchas preguntas sobre la presencia de esos atletas y el supuesto trabajo que él tenía que hacer

Cheng:- Salvo que le digamos que esos tipos también vienen a pedir el trabajo – y se carcajeo de la ocurrencia

Tuerto:- No, Cheng – por un momento lo miro detenidamente – no es una idea descabellada después de todo – y luego sonrió

Cheng:- ¿Ah, no? – se intrigo por lo que cruzaba en la mente de su cuñado

Tuerto:- Ya todo está resuelto. Déjamelo a mí, pero ahora disfrutemos