Capitulo XI. EL TUERTO
Marbelly:- Se sintió bien. Oigan, Entonces, si no son lesbianas, ¿Por qué dejaron que yo las besara?
Jade:- Porque pensamos que estabas de luto y que buscabas desahogarte sexualmente
Marbelly:- ¿Y no les molesta que fuera una chica?
Luna:- No, eso jamás sería una molestia para ninguna isleña, más bien nos honra cuando nos buscas para ayudarte a ser feliz
Marbelly:- ¿Tienen novios?
Luna:- Es la segunda vez que usan ese palabra, pero ya la entiendo, y no, yo no tengo, ni tampoco Jade
Jade, sintió que no podía seguir callando la verdad:- No, Luna, no es del todo cierto – Miro a Luna con cierta reserva – si tengo a alguien especial
Luna:- ¿En serio? – Pregunto emocionada- ¿A quién?
Jade:- A tu hermano Saturnino
Luna:- No – gritó tan emocionada que la abrazo - ¿Y él lo sabe?
Jade:- Si, Luna – nos queremos tanto, que ya me dio la “Flor de Luna”
Luna:- No – fue más fuerte el grito – ya son el uno para el otro
Marbelly, que contagiada de la alegría de aquellas dos mujeres, no comprendía lo que pasaba, así que intervino para enterarse:- ¿Están comprometidos?
Luna:- Mi hermano mayor es el “reflejo” de ella, qué alegría siento en mi corazón ¿Y cuándo se lo dirán a mis padres?
Jade:- Hasta que Saturnino, termine nuestro bohío, en la playa – miro que los ojos de Luna brillaban por el significado de aquello y prosiguió - si, amiga, muy cerca del “Nido” – los ojos de Luna se llenaron de lágrimas nuevamente que se fundió en un largo abrazo con Jade.
Marbelly:- Deben ser buenas noticias, aunque aún todavía no entiendo lo que está sucediendo, pero casi tengo una idea, chicas
Jade:- Espero que tú y Miguel, puedan estar juntos pronto
Luna: Gracias, amiga
Marbelly:- Bien, creo que es mejor que me vaya
Luna:- ¿Por qué?
Marbelly:- Porque no me necesitan, ya estoy clara que todo se ha debido a una confusión. La “capitana” de la puerta no entendió que ustedes venían buscando un hospedaje, o refugio, y no a contratar los servicios de una chica. Así, que mejor las dejo descansar y aprovechen lo que queda de la madrugada
Jade:- ¿Tú qué harás?
Luna:- No nos has dicho ni siquiera tu nombre
Marbelly:- Bueno, volveré a sentarme a esperar que llegue algún cliente que requiera mis servicios sexuales – sonrió sin muchas ganas – y luego en la mañana regresar a mi pequeño cuarto lejos de aquí, en un barrio por cierto muy feo, para tratar de dormir. Y sí, disculpen por no presentarme, pero en esta profesión no se dan los nombres verdaderos, pero no importa con ustedes. Me llamo Marbelly, y ha sido un gusto conocerlas chicas, algo así no pasa mucho por acá, y porque las escuché, sé que tú te llamas Luna y tu, Jade, y espero que regresen pronto a su Isla, y se marchen rápido de esta horrible ciudad
Luna:- Oye, Marbelly, no tienes porque irte. Esa cama es demasiado grande para nosotras dos, hay lugar para ti también
Jade:- Si, no tienes porque esperar a ningún cliente, puedes descansar también junto a nosotras, claro, si no te molesta
Marbelly:- ¿En serio, quieren que me quede con ustedes?
Luna:- Y dale nuevamente con lo mismo, amiga
Marbelly:- ¿Amiga? ¿Me llamastes amiga?
Jade:- Tú no eres diferente a nosotras, Marbelly, simplemente tuvistes malos momentos, que claramente le puede pasar a cualquiera de nosotras. Así, que sí, claro que eres nuestra amiga ahora
Marbelly, las miró y comenzó a enjugar sus lágrimas, pero no pudo retenerlas, así que se abandono a abrazar a las dos mujeres, y lloró como una niña, mientras ellas dos la consolaban. Poco a poco, se fueron acomodando en la gran cama, quedando Marbelly, en medio de las dos.
Luna:- Buenas noches, Jade
Jade:- Buenas noches, Luna
Luna:- Buenas noches, Marbelly
Marbelly:- Buenas noches, Luna
Jade:- Buenas noches, Marbelly
Marbelly, sonrió:- Buenas noches, Jade
Y la oscuridad no fue mucha por las luces exteriores de los corredores que se filtraba por las comisuras de la puerta, además del ruido de los cuartos de los vecinos, donde los gemidos de las parejas en plena actividad sexual, fue la constante durante el resto de la madrugada, abonado la música ambiente que reinaba en el exterior. Pero, nada de eso perturbo el tan merecido descanso de las dos isleñas y de su nueva amiga.
Miguel, y Andrés, hicieron fila, al día siguiente para utilizar, la ducha y el sanitario. Como no sabían utilizar la palanca de la taza, luego de que uno termino el otro dejaba encima la suciedad del primero, lo que produjo un hedor en todo el pasillo, que fue insoportable para uno de los huéspedes que afuera necesitaba utilizar el mismo, que prefirió subir al siguiente piso superior para usar el de ahí. Los dos hombres se pusieron las mismas camisetas del día anterior y bajaron a la recepción, y le entregaron la llave a Narciso, quien les entregó dos cupones para que los intercambiaran por dos desayunos en la cafetería ubicada al cruzar la calle.
Se sentían afortunados por tanta atención de parte del hombre calvo, y se lo agradecieron, y como era lógico, ya tenían hambre, así que no dudaron en ir a donde se les dijo. El lugar era de una planta, con grandes ventanales, y mesas con doble sillones y una barra detrás del cual atendían, Serena y Marcela, hija y madre, mientras que el esposo, Lisandro, era el cocinero del lugar. La chica, de tez rosada, ojos azules, cabello rubio, de unos 20 años, inmediatamente se flechó por Andrés, cuando éste fue el primero en ingresar al local. La madre, regordeta, de 46 años, se fijo en Miguel. Como el lugar estaba vacío, escogieron la mesa más cercana a la puerta, y se sentaron, cuando Serena, con una linda sonrisa, les ofreció unos menús.
Serena:- Buenos días, caballeros, Bienvenidos a la “Casa del Panqueque”
Andrés:- Oh!, disculpe, señorita, Allá al frente nos dijeron que éste era un lugar para desayunar, no sabía que era la casa de alguien. Mejor nos vamos compadre
Ambos hombres, se ponían de pie, ante el asombro de la chica, quien sonreía ante lo que considero era una broma.
Serena:- No, señor, está bien. Disculpe por la confusión. Aquí nosotros preparamos desayunos
Miguel:- Ah, bueno – y se volvieron a sentar
Andrés:- Miré tenemos estos cupones – se los mostró a la chica
Serena:- Ah, Muy bien. Quieren el “continental”- se dirigió a la mamá – Salen dos continentales – y volvió a ver a Andrés - ¿Desea una taza de café?
Andrés:- ¿Hay que pagarla?
Serena:- No, señor, es cortesía de la casa – le contesto sonriendo
Andrés:- Entonces, tráigame dos tazas
Serena:- ¿Y usted, señor? – le preguntó a Miguel
Miguel:- Esta bien con una, gracias
Serena:- Se los traeré en un momento
La chica se marchó detrás del mostrador no sin antes lanzarle una mirada a Andrés, acompañada de una coqueta sonrisa
Miguel:- Tenga cuidado, Compadre
Andrés:- ¿Por qué?
Miguel:- No olvide a lo que hemos venido.
Andrés:- Pero ella está muy linda. Jamás había visto tantas mujeres con caballera como los rayos del sol, y esos ojos tan lindos
Miguel:- Bueno, en eso tiene razón, son todas muy lindas
Andrés:- Yo creo, que cuando encuentre a Katia, le diré que nos quedemos un día por aquí para, usted ya sabe, tener acción con una de esas chicas
Los dos hombres se rieron por la sugerencia de Andrés. Al otro lado del mostrador, la madre de Serena, no dejaba de ver a Miguel.
Marcela:- Esta bien guapo el moreno, de cabello negro, ¿verdad hija?
Serena:- Los dos están bien guapo, mami
Marcela:- Pero mira como al morenito se le ven esos brazos, todos musculosos, que va a romper esa camiseta. Y ese pecho, mamita
Serena:- Si, el otro está más bien más quemado por el Sol, y más flaco, pero tiene un no sé qué, que me llama la atención
Marcela:- Sería bueno preguntarles si son casados o si tienen novias, ¿no?
Serena:- No hables tan alto que papá te va a escuchar
Marcela:- Ay, hija, ese viejo, ya no oye ni aunque le hables al lado de él
Serena:- Desde que rompí con Ernesto, no he tenido sexo con nadie, y hoy que vi a ese espécimen, me siento toda caliente por dentro
Marcela:- Imagínate como estoy yo, cariño, que ardo como los discos de la cocina
Ambas mujeres rieron con buen humor por cada uno de sus comentarios, lo que demostraba la estrecha relación que había entre madre e hija.
Serena, se fue a servir el café a los hombres, mientras don Lisandro, preparaba el desayuno.
Serena:- ¿Y están de visita en la ciudad?
Miguel:- Así es
Serena:- ¿Y andan solos?
Andrés:- Completamente solos, señorita
Serena:- Ah! Qué bueno ¿Y dónde se están quedando a dormir?
Miguel:- Por el momento en la “Divina Procedencia”
Serena: - Providencia – le corrigió sonriendo
Andrés:- ¿Y tú vives aquí?
Serena:- No, a tres calles de aquí. Este es solo el Restaurante de mi papá, y esa señora que está detrás del mostrador es mi mamá.
Miguel:- Hola, señora
Como si fuera con ella, tal saludo basto para que Marcela, diera la vuelta al mostrador y fuera hacia ellos, y se sentará al lado de Miguel.
Marcela:- Hola preciosos
Miguel:- Hola, señora
Marcela:- Pero siéntate hija al lado de… ¿Cuál es su nombre lindo?
Andrés:- Me llamo Andrés, y él es mi compadre Miguel
Marcela:- ¿Miguel? ¡Qué lindo nombre, papito!
Serena:- ¿Y piensan quedarse mucho tiempo en la ciudad, Andrés?
Andrés:- Tal vez un par de días
Marcela:- ¡Qué bien, muchachos! ¿Y dígame, Miguelito, usted sabe bailar?
Miguel:- ¿Bailar?
En eso don Lisandro, llamó la atención del grupo, al sonar la campana de la cocina, anunciando que en la ventana de entrega, ya se encontraban los dos platos de desayuno. Serena, se apresuro a ir por ellos, y colocarlos frente a cada uno de los hombres.
Andrés: - Se ve delicioso
Miguel:- Me encantan los huevos
Marcela:- A mi también, Miguelito, los adoro – dijo socarronamente
Serena:- ¿Y no contestaron? ¿Saben bailar?
Andrés:- Pues bailar, bailar, no mucho, pero aquí mi compadre, si es un gran danzante
Marcela:- Ah, ¿No me diga? ¡Qué bien!
Miguel:- ¿Y por qué la pregunta?
Marcela:- Hoy en la noche, hay un bailongo en un club, no muy lejos de aquí, y ahí se reúnen la crema y nata de este barrio, y a mi hija y a mi nos gustaría que nos acompañaran
Andrés:- ¿Ira su esposo?
Marcela:- No, para nada, él siempre se duerme temprano cuando sale de trabajar
Miguel:- ¿Y no dice nada por qué usted salga, señora?
Marcela:- Llámame Marcela, Miguelito. Y claro que no, Miguelito, soy una mujer libre, así que no hace falta que le diga a donde voy ni con quién salgo
Andrés:- Eso está mal, Marcela
Serena:- ¿Por qué dices eso, Andrés?
Andrés:- Bueno, cuando tienes a alguien, que vive a tu lado, es importante que lo tomes en cuenta en lo que piensas hacer ¿A ti no te gustaría que te lo hicieran?
Serena:- Tienes razón – le guiño un ojo a la mamá, sin que los hombres se diera cuenta, ya que estaban saboreando el desayuno
Marcela:- Ah, sí, tranquilos muchachos, que yo siempre le “digo” a Lisandro todo lo que voy a hacer, lo que quise decir que a él no le molesta
Andrés:- Ah, claro, entiendo
Miguel:- Así debe de ser, porque él no debe obligarla a quedarse en casa si usted no quiere
Marcela:- Así es amor
Frente a ese local, una Katia, caminaba por la acera, lista para continuar la búsqueda de su hija, luego de haber desayunado en el refugio, sin percatarse que cruzando la calle, a unos pocos pasos de ella, se encontraba su esposo con Miguel, sentado junto a otras dos mujeres.
Miguel:- Bueno, creo que es hora de que nos marchemos, Compadre
Marcela:- ¿Tan pronto se van?
Andrés:- Si, tenemos unas cosas pendientes que hacer
Serena:- ¿Pero, vendrán al bailongo?
Andrés:- Claro que sí, señorita, ahí estaremos, no queremos ser mal agradecidos con los pobladores de esta ciudad
Marcela:- Esperen para escribirles la dirección en una servilleta
Serena:- Voy a estarte esperando, Andrés
Andrés:- No se preocupe que le aseguro que ahí llegaremos
Marcela:- Aquí tiene, cariño
Miguel:- Bueno, gracias – y guardo la servilleta
Luego, salieron del lugar, en el momento que un vehículo color oscuro se estacionaba frente a ellos, y la ventana del pasajero descendía. Era el diminuto hombrecillo de la noche anterior, vistiendo traje entero y corbata y les invito a subir al automóvil.
Miguel:- Lo sentimos señor, pero no lo conocemos para entrar a su casa
El Tuerto:- Tienen razón, discúlpenme que no me haya presentado antes, me dicen el “Tuerto”
Al escuchar aquel sobrenombre, Miguel, busco la tarjeta que les había dado el “licenciado”, y constato que se trataba del mismo hombre que debían buscar en la ciudad, así que se sintieron contento de que él los haya encontrado a ellos, así que subieron al vehículo, pero cuándo éste inicio su marcha, los hombres, que jamás habían estado dentro de un transporte cerrado como ése, se asustaron y se sujetaron en su interior de lo que podían dentro del carro.
Andrés:- ¿Qué es esto, compadre?
Miguel:- Un bote que no necesita agua
Andrés:- Me siento que voy en el aire
Miguel:- Tranquilo, Compadre
Tuerto:- ¿Se sienten bien?
Miguel:- Si, si, gracias. Es la primera vez que andamos en este bote
Tuerto:- No es un bote, es un carro
Andrés:- Lo que usted diga, señor
Tuerto:- Los voy a llevar a mi oficina para que hablemos
Miguel: Lo que usted diga, señor
En el burdel, Marbelly, se alistó en abandonar junto con sus nuevas amigas, el centro de trabajo para llevarlas a su cuarto. Al paso salió la patrona a despedirse de las “clientas”
Patrona:- Espero que les haya gustado nuestro servicio
Luz:- Si, señora, muy bueno
Jade:- Gracias por todo, señora
Patrona:- Vuelvan cuando deseen, aquí tenemos mucha carne para que la disfruten lindas niñas como ustedes
Al frente de dicho burdel, en otro antro similar, salían los dos marineros que la habían secuestrado, que visitaban a la “socia” que les compraría a Luna, para prostituirla. Al mirarla a ella, se le lanzaron encima, para arrastrarla hacia ese otro recinto, pero Luna, luchaba con todas sus fuerzas de los dos hombres, gritando con todas sus fuerzas, llegando a su ayuda Jade y Marbelly. Ésta última les lanzo gas de pimienta a los ojos, que se revolcaron en el suelo por la asfixia que les provoco el líquido picante.
Marinero #1:- Demonios zorra ¿Qué te ocurre?
Marbelly:- ¿Quiénes son ellos?
Luna:- Son los tipos que me robaron
Marbelly:- ¿Te robaron?
Luna:- Así es, me sacaron de mi isla para traerme a esta ciudad y venderme a una mujer para al saber que cosas, Marbelly
Al escuchar esas últimas frases, los ocupantes del burdel en que se encontraban los contrabandistas, cerraron la puerta y dejaron a su suerte a los marineros, para evitar problemas con la ley.
Marbelly:- Entonces, será mejor entregarlos a la policía
Marinero #2:- No, por favor, no hagan nada de eso. Ya nos vamos
Marbelly:- Nada de eso, ustedes lo que son es un par de delincuente secuestradores de chicas
Jade:- Son unos desgraciados – y le lanzo una patada en el estomago del segundo
Marinero #1:- Ya, por favor, ya hemos tenido suficiente por dos días. Ayer, con esos isleños que vinieron a buscarlas y ahora con esta loca que nos roció con esa putada
Jade:- ¿Isleños? ¿Cuáles isleños?
Marbelly:- Hablen, o les rocío una segunda dosis de este líquido
Marinero #1:- No, por favor, ya no más – todavía sentían el ardor en los ojos – no sé como se llaman ellos, pero si reconocí a uno, y estoy seguro que fue el mismo que se enojo con nosotros en el Oro Negro, el día del partido de Fútbol
Marinero #2:- Si, el gorila que nos saco fuera del local
Luna:- ¿Oístes, amiga, es Miguel? – gritó con alegría
Jade:- Entonces, sí es Miguel, quiere decir que el otro que viene con él es…
Luna:- Si…
Jade:- Luna, mi papá vino a buscarme – saltaron de alegría las dos sujetadas de los brazos
Marbelly:- ¿Y qué hacemos con estos dos?
Luna:- No valen la pena estos tipos, amiga, déjalos que se vayan
Marbelly:- Ya oyeron, lárguense de aquí rápido
Los dos hombres salieron corriendo de aquella zona.
Luna:- Dios mío, que feliz estoy, eso quiere decir que él me quiere, Jade
Jade:- Claro que sí, viajaron por todo el océano en busca de nosotras
Marbelly:- ¡Qué bueno para ustedes, amiga! Espero que puedan encontrarlos
Luna:- ¿Pero cómo los encontraremos?
Marbelly:- Lo más seguro que buscaran una estación de policía para poner la denuncia de ustedes
Jade:- No lo creo, conociendo a mi papá, debe estar recorriendo las calles en estos momentos
Marbelly:- Bueno, si quieren vamos a mi aposento, me cambio y les ayudo a buscarlos, porque conozco bien la ciudad
Luna:- Buena idea, amiga, vamos entonces
En el tercer nivel de un edificio de 15 pisos, Miguel y Andrés, siguieron al diminuto hombre desde el estacionamiento en el sótano hasta el elevador, del cual ambos venían abrazados y sujetos de las paredes por el movimiento ascendente del aparato. Cuando la puerta se abrió, el Tuerto, los invito a salir del interior, lo que los hombres hicieron a velocidad luego detrás del cual la puerta se cerró.
Andrés:- Vio, Compadre, esa cosa casi nos traga tuvimos suerte salir a tiempo
Miguel:- Es cuestión de acostumbrarse, Compadre
En la oficina, un asiático bien vestido, estaba esperando junto con otro hombre de rostro implacable, con una cortada en la mejilla. La secretaria tenía una cara de preocupación por la presencia de aquellos personajes.
Tuerto:- Hola, Cheng
Cheng:- Tuerto, pensé que ya no vendrías, tienes 3 minutos de retraso
Tuerto:- Por favor, Cheng, ¿Qué son tres minutos?
El asiático no contestó.
Tuerto:- Bueno, pasemos por favor, y ustedes dos – dirigiéndose a Miguel y Andrés – espérenme sentados aquí afuera
Andrés, se sentó frente al escritorio de la joven secretaria, mientras que Miguel, lo hizo al lado de la puerta. En medio había una mesita con varias revistas empresariales y el diario local, con noticias sobre asesinatos y robos. La secretaria miraba a los dos hombres, que hablaban quedamente entre ellos, pero debía continuar su labor de agendar las citas de su Jefe. Una de las revistas se deslizo de la mesa cuando Andrés, buscaba algo que leer, por lo que se agachó a levantar la misma, momentos en que dirigió su mirada hacia las piernas de la secretaria que utilizaba una falda corta, pero en lugar de encontrarse con lo que él esperaba, solo pudo observar una diminuta tanga color celeste.
Andrés:- Compadre – se arrimo nuevamente a Miguel
Miguel: ¿Qué pasa?
Andrés:- La mujer del tuerto esta “pelada”
Miguel: Pobrecita – la miro con compasión
La secretaria no sabía porque aquellos hombres la miraban con ojos de lamento. Mientras, en el interior de la oficina de su Jefe, el asiático, esperaba una respuesta del Tuerto.
Tuerto:- Yo les tendré pronto su dinero, pero deben darme un poco más de tiempo, por favor
Cheng: ¿Más tiempo? ¿Qué crees que es esto? Son negocios, Tuerto, no caridad. Necesito mi dinero hoy mismo, Tuerto, hoy mismo
Tuerto:- ¿Dónde voy a sacar 200 de los grandes hoy mismo?
Cheng:- No es mi problema, ratón. Debistes pensarlo hace dos semanas cuando me los pedistes prestados
Tuerto:- Dame más crédito para el siguiente juego, te prometo que te lo pagare todo de un solo
Cheng:- Yo produzco uno de los eventos televisivos más exitosos del momento, pero no significa que deba tirar todo mi dinero en préstamos riesgosos como lo hice contigo, pensé que en realidad eras una persona íntegra, pero veo que casarte con mi hermana, solo fue para acceder a nuestra fortuna
Tuerto:- No es cierto, yo la amo más que a mi vida, y créeme que pienso pagarte, pero por favor, que ella no se entere
Cheng:- Lo siento, pero te di mucho tiempo y se lo tendré que decir esta misma noche
Tuerto:- Mejor mátame – le imploro angustiadamente - dispárame ahora mismo, es mejor eso, que verla enojada
Cheng:- Vamos, ¿Qué crees que soy, un mafioso? ¿Un matón? Solo con el enojo de mi hermana tendrás más que suficiente – se levanto para marcharse – desde hoy no haré más negocio contigo, ratón
El Tuerto, se arrodillo para seguirlo hasta la puerta, cuando por la ventana miró a los isleños sentados en la sala de espera.
Tuerto:- Espera, tengo un excelente candidato para el juego
Cheng se detuvo:- ¿En serio? ¿Ó, estas mintiendo otra vez?
Tuerto:- No, no es ninguna mentira, mira hacia la sala, y mira a esos dos caballeros, ¿Los ves?, él que está sentado por la puerta es tu campeón.
Cheng, lo miró detenidamente mientras el Tuerto, dibujaba una sonrisa.