Capitulo XII. EMPIEZA LA BUSQUEDAD
Las tres chicas, salieron desde el cuarto de Marbelly, a buscar a los dos hombres que viajaron desde la Isla. A pesar de la insistencia de Marbelly, Jade y Luna, solo aceptaron colocarse unas blusas muy sensuales para cubrirse sus pechos, pero continuaron con sus “kiputs”. Fueron al refugio a preguntar por los hombres, pero ahí solo les dieron referencia de una mujer que había llegando a buscar a su hija, luego continuaron con rumbo al muelle, considerando que ellos podrían venir desde ese punto peinando la zona. Mientras caminaban, miraban los ventanales de las grandes tiendas, y en los maniquís observaban, los elegantes vestidos para damas, así como la zapatería. Al mirarlas, las comparaban con sus ya gastadas sandalias.
Marbelly:- ¿No desearían comprarse unos zapatos iguales a sus sandalias pero nuevos?
Jade:- Si nos gustaría adquirir unas nuevas, pero desafortunadamente no tenemos dinero
Marbelly:- Eso no es ningún problema, yo tengo suficiente
Luna:- ¿Pero, es para tu hijita?
Marbelly:- ¿Van a rechazar mi regalo?
Jade:- Oh, no, No podríamos, eso está prohibido
Marbelly:- Bien, entonces entremos aquí y compremos unas sandalias bonitas para ustedes, así esos guapos hombres que las buscan las verán más lindas ¿no?
Luna:- Tienes razón – emocionada entró a la gran tienda
Adentro, un chico de unos 19 años, las atendió en el departamento de zapaterías.
Dependiente:- Hola, señoritas ¿En qué les puedo servir?
Marbelly:- Busco un par de sandalias para cada una de mis amigas
Dependiente:- Claro con mucho gusto. Voy a mostrarles los estilos que tenemos
Jade:- El aire aquí es muy frío
Marbelly:- Es el aire acondicionado, un aparato eléctrico que produce aire frío y cubre toda la tienda -. Explicó muy emocionada, pero miro que las chicas la miraban sin entender nada – Bueno, olvídenlo, en otro momento les explico
Dependiente:- Les trae estos cinco estilos, y lo mejor es que tenemos de todo tipo de colores
Jade:- Ay, están todos muy bonitos
Dependiente:- ¿Qué número son de calzado?
Luna:- No lo sé – se quito sus sandalias y se lo entrego al muchacho – pero deben ser iguales a éstas
Dependiente:- Si, claro, que apropiado. Permítame para usar la regla
Marbelly:- Oye, si que eres inteligente Luna, yo no me hubiera imaginado hacer eso
Luna:- Es más fácil ¿No?
Marbelly:- Si, claro – sonreía
Dependiente:- Bueno, estas deberían ser iguales a las suyas, permítame para ayudarle a ponérselas señorita
El chico acerco un taburete más bajo que la silla en la que estaba sentada Luna, para ayudarle a colocarle las sandalias en sus pies. Así, que cuando Luna, levantó su pierna para apoyarlas en la saliente del taburete, aquel miró que Luna, no utilizaba ropa interior, lo cual lo apenó y viró su cabeza hacia otro lado, ante la risa que Marbelly, sostenía en sus labios, sin que las otras dos chicas supieran lo que pasaba.
Marbelly:- ¿Algún problema, joven? – le preguntó con segunda intención
Dependiente:- No, señorita, todo está bien
Luna:- Creo que estas me quedan bien ¿Qué dice usted?
Dependiente:- Si les gusta a usted, está bien para mí - evitando mirar la entrepierna de Luna
Jade:- Bueno, ahora voy yo
Dependiente:- ¿También usted? – preguntó angustiado al ver que ambas utilizaban el mismo tipo de falda, lo que suponía que también Jade, estaría desnuda
Marbelly:- ¿Algún problema?
Dependiente:- No, para nada ¿Cuál le gustaría probarse?
Jade:- Esas rojas – y se sentó en la misma silla mientras Luna estaba feliz por sus nuevas sandalias color café
Luego, las mujeres salieron de la tienda felices, y llevaron en una bolsa las viejas sandalias para donarlas en el refugio más tarde. No muy lejos de ahí, en un edificio, el Tuerto, tendría la conversación más importante de su vida con los isleños.
Miguel:- Vea señor, el licenciado nos dijo que lo buscáramos a usted
Tuerto:- ¿El licenciado? ¿Cuál licenciado?
Miguel, saco la tarjeta que le había entregado Manuel, y se la enseño al Tuerto.
Tuerto:- Ah, ¿Ustedes son amigos de Manuelito?
Andrés:- Si, señor, así es
Tuerto:- Y ¿Para qué me andaban buscando?
Miguel:- Necesitamos que nos ayude a buscar a dos mujeres
Tuerto:- Ah – exclamo con emoción- quieren unas mujeres para echarse unas canitas al aire, sinverguenzones, pues no hay problemas, compañeros, porque vinieron con el tipo adecuado
Andrés:- ¿En serio? ¿Nos va a ayudar?
Tuerto:- Claro que sí, esperen aquí – se movilizo hacia afuera a hablar con la secretaria
Andrés, aprovecho para hablar con su amigo, que estaba sentado al lado de él: - Oiga Compadre ¿Qué es eso de la canita al aire?
Miguel:- No tengo ni la menor idea pero veo que él debe haber conversado con el licenciado porque no vio que apenas le enseñe la tarjeta que él nos entrego, rápido nos va a ayudar
Tuerto:- Bueno, chico, tienen suerte. Hoy en la noche, hay una actividad en la calle del Cerezo, y ahí podrán encontrar a sus mujeres
Andrés:- ¿En serio, señor? – preguntó muy emocionado
Miguel:- ¡Qué eficiente fue usted señor! – le extendió la mano derecha y se la estrecho
Tuerto:- Así soy yo, señores
Andrés:- Bueno, ¿Y cómo hacemos?
Tuerto:- Ustedes están en la Divina Providencia ¿Cierto? Entonces, como a las 7 los pasare a recoger y los llevare al evento
Miguel:- Muy bien, me parece ¿Y qué podemos hacer por usted señor?
Andrés:- Si, ¿Cómo le vamos a pagar el favor?
Tuerto:- En serio, ¿Quieren pagármelo?
Miguel:- Claro que sí, señor, solo que no tenemos dinero si es eso
Tuerto:- No, como van a creer, señores. Miren, primero quiero que esta noche se diviertan con sus mujeres, y luego les diré como me pueden ayudar ¿Bien?
Miguel: Claro que sí, señor
Tuerto:- Tomen este poco de dinero para que puedan almorzar de regreso a la Divina Providencia, yo ahí hablare con Narciso ¿Bien?
Andrés:- ¿Regresamos solos?
Tuerto:- No se van a perder ¿verdad?
Miguel:- No para nada, tenemos un buen sentido de la orientación
Tuerto:- Qué bien, entonces hasta esta noche
Andrés:- Gracias, señor Tuerto – luego se dirigió a Miguel: - Oiga compadre y a todo esto por qué este señor nos recogió en su “bote”?
Miguel: -Tiene razón, por qué sería? Le preguntamos?
Andrés: - Creo que sería una falta de respeto, no cree?
Miguel:- Tiene usted la razón, esperemos esta noche
Los dos hombres salieron de la oficina y pasaron por donde la secretaria.
Andrés:- ¿Cuánto tiempo lleva en el luto, señora?
Secretaria:- ¿De qué habla usted?
Miguel:- Lo sentimos mucho, pero verá que pronto llegara alguien especial a su vida otra vez
Los dos hombres salieron al pasillo y se dirigieron al ascensor, mientras que la secretaria un poco confundida entró donde el Tuerto.
Secretaria:- Señor ¿Usted les contó a esos caballeros que acaban de salir, que anoche rompí con Alejandro?
Tuerto:- ¿Cómo?
Los dos amigos esperaron hasta que otras tres personas bajaron al lobby del edificio por el elevador, pues no sabían como las puertas se podían abrir. Ya en la calle, comenzaron a caminar admirando el panorama.
Miguel:- Bueno, compadre, ya casi todo este viaje estará por llegar a su fin
Andrés:- Si, qué bueno – se detuvo un momento – oiga compadre, si hoy salimos a ese “evento” para encontrar a Luna y Jade, ¿Qué hacemos con las otras dos mujeres de la cafetería?
Miguel:- Bueno, si hay tiempo luego de encontrar a las mujeres, podemos pasar un momento al tal bailongo y nos quedamos un rato con ella, y ya mañana buscamos un bote que nos regrese a la isla ¿No cree?
Andrés:- Usted siempre tiene buenas ideas
Miguel: - Ahora busquemos un lugar donde ir a almorzar
Katia, fue al departamento de policía, como le había sugerido la encargada del refugio. El lugar parecía un mercado, con heridos sentados esperando a ser atendidos a entablar una denuncia; otros esposados ingresaban para ser registrados, y algunos esperando a ser escuchados frente al mostrador del sargento de guardia.
Katia:- Señor, necesito que me ayude a buscar a mi hija
Sargento:- Señora, ya la voy a atender, tome una ficha y deme una foto de su hija mientras tanto
Katia:- No tengo ninguna foto, señor
Sargento:- ¿Entonces, cómo quiere que la encontremos?
Katia:- No lo sé, ustedes son los policías
Sargento:- Si, pero no magos, señora. ¿Qué edad tiene ella?
Katia:- 17 años, señor
Sargento:- ¿Y por qué se fue de casa?
Katia:- Bueno, no se fue de casa, se vino conmigo desde la Isla, y ayer en la mañana, se escapó del barco
Sargento:- ¿De un barco? ¿Quiere bromear conmigo señora?
Katia:- No, le estoy diciendo la verdad, señor. Ella venía conmigo en un barco, pero me dejo una nota y luego se marcho, debo encontrarla, señor, por favor
Sargento:- Bueno, espere en esa banca, que luego la atenderé
Ella, haciendo caso, se fue a sentar en una banca de madera a unos pocos metros del mostrador junto con otros más que esperaban ser atendidos. Entre ellos, había una mujer de unos 55 años, muy mal maquillada y con muchas arrugas, que utilizaba una peluca color marrón.
Bernadette:- Hola señora, no pude dejar de escuchar que tuvo un problema con su hija
Katia:- Así es
Bernadette:- Los hijos son bellos, pero a veces unos dolores de cabeza
Katia:- Bueno mi hija no es la del dolor de cabeza, soy yo
Bernadette:- Lo entiendo, es lo que siempre pasa, la madre siempre se culpa por lo que hacen sus hijos. Me llamo Bernadette, soy princesa de durazno
Katia:- Soy Katia ¿Es princesa de qué?
Bernadette:- Un espectáculo muy famoso que se presentaba aquí en la ciudad hace treinta años atrás. Yo cantaba y bailaba, era la joven más hermosa de mi pueblo y de toda la ciudad. Me casé con un príncipe, que me decía “mi princesa de durazno”, por el color de mis labios, algo muy tonto, pero era muy lindo cuando él me lo decía, pero murió, hace 7 años, por un cáncer de pulmón – saco un pequeño pañuelo de su bolso – fue el día más triste de mi vida
Katia:- cuanto lo siento señora
Bernadette:- Una no se acostumbra a la soledad. Tuvimos dos hijos, Jorge y Víctor, los dos se casaron y se olvidaron de mí. Sé que viven bien, tienen hijos – miró a Katia con emoción - ¿Se da cuenta? Soy abuela de tres lindos niños, aunque no tengo fotos de ellos, me los imagino corriendo en el jardín y jugando con sus balones
Katia:- ¿Y por qué no los va a ver?
Bernadette:- Porque no me quieren ver. Les he escrito, pero no responden a mis cartas, así que no quiero ser una molestia para ellos
Katia:- Una madre nunca es una molestia para sus hijos
Bernadette:- Es lo que una cree, pero solo somos una bolsa de donde los niños salen, y los cuidamos hasta que ya tienen una edad en que se fijan en otra mujer, y se olvidan de una vieja como yo
Katia:- Son unos malos hijos
Bernadette:- No, no – la corrigió – son unos buenos hijos, porque quieren mucho a su esposa y son buenos padres con sus hijos. Eso es importante, saber que usted les dio el mejor ejemplo para dedicarse a su hogar. Es lo que hice, dedicarme a ellos en alma y cuerpo
Katia:- Lo entiendo, por eso perdió su juventud criando niños y no pudo ver el mundo ¿Verdad?
Bernadette:- ¿Ver el mundo? ¿Qué mundo vas a querer ver, cuando frente a tus ojos tienes lo mejor de ti misma y del hombre que has amado?
Katia:-. ¿Con eso se conforma?
Bernadette:- Yo me siento feliz de haber invertido cada segundo de mi vida, criando a mis hijos. Hay muchos que se pasan la vida viajando, conociendo nuevas personas, y se pierden lo lindo que es ver crecer a esos retoñitos. Sus primeras palabras, sus primeros pasos, cuando lo necesitan a uno porque se cayeron, o porque un juguete no funciona. Te conviertes en la persona más útil de la tierra, porque cuando llegas a viejo es triste sentir que ahora eres únicamente un estorbo
Katia:- ¿Un estorbo?
Bernadette:- Dime, querida ¿Cómo fuiste tú con tu mamita?
Katia:- Francamente, no creo que haya sido una hija modelo
Bernadette:- ¿Por qué?
Katia:- Ella pasaba de pie frente al fogón cocinando día y noche. Atendiendo a siete niños, y a un padre que llegaba noche, con ricos dulces para todos nosotros
Bernadette:- ¿Tu mamita viajo a conocer el mundo?
Katia:- No, pero yo se lo decía, que ella era bella, que debía conocer el mundo que no merecía estar atada en ese mugroso lugar
Bernadette:- ¿Y qué te dijo ella?
Katia:- Solo se reía y me miraba con esos bellos ojos, y decía que con nosotros ya había conocido las siete maravillas del mundo – y los ojos comenzaron a humedecerse – ella siempre estaba para todos nosotros, siempre con una sonrisa – y comenzó a llorar
Bernadette:- ¿Lo ves? Ella decidió vivir la maravilla de la maternidad en lugar de salir a ver el mundo, ¿y ahora ves como la recuerdas con mucho amor?
Katia:- Sí, mi mami – se abrazó a la señora desconsolada
Sargento:- Por favor, no llore señora, que pronto encontraremos a su hija
Bernadette:- ¿Tienes donde quedarte en esta ciudad?
Katia:- Iré nuevamente al refugio
Bernadette:- ¿A ese feo lugar? No, no, para nada. Esta noche vendrás a mi departamento, que es muy amplio y te podrás quedar para que descanses, así les daré a estos inútiles el número de mi teléfono para que nos llamen cuando tengan noticias de tu hija ¿Te parece?
Katia:- Gracias, señora
Bernadette:- Con gusto, hija. Así me vendrá bien un poco de compañía – y le acarició el cabello
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Los dos amigos habían almorzado azarosamente en un pequeño carrito de ventas de salchichas y hamburguesas, y ya saciados, se enrumbaron hacia la Divina Providencia.
Andrés:- Bueno, será mejor que durmamos un rato y nos bañemos
Miguel:- Me gustaría tener mi pantaloneta gris, que es más presentable que esta negra ¿No cree?
Andrés:- Lo sé, a mi me gustaría ponerme la azul que deje allá, es la que más le gusta a Katia
Miguel:- Pero al final, ellas se sentirán contentas de vernos así como estamos
Andrés: Así es, Compadre
Las tres chicas casi llegaron al muelle, desilusionadas de no haberlos encontrado. Así, que decidieron regresar nuevamente en sus pasos, para una segunda vuelta, pero ya la tarde iba muriendo poco a poco.
Luna:- ¡Qué triste, Jade! ¿Dónde estarán ellos?
Jade:- No lo sé, esperemos que ahora que regresamos los podamos encontrar
Luna:- Tienes razón, pero ya casi es noche
Marbelly:- Si, y debemos regresar a mi cuarto que a las 7 debo volver al trabajo
Jade:- ¡Oh, qué lástima!
Luna:- ¿No puedes quedarte con nosotras solo por esta noche?
Marbelly:- Sí, creo que sí. La patrona me debe muchas vacaciones acumuladas, así que pasemos primero al Burdel para decirle a ella que hoy no iré a trabajar, ¿bien?, y tal vez salgamos a bailar más noche, para que las dos se despejen un rato y, pues mañana continuaremos la búsqueda. Incluso unos amigos míos nos pueden ayudar. ¿Bien? Vamos.