EL REGRESO DE LOS DIOSES II
Segunda parte
Año 2051.
José Antonio Córdoba observaba la foto que le tomaron en el 2047 cuando firmó el Tratado a nombre de las Naciones Unidas después de que la Asamblea General lo aprobó y a pesar de las airadas protestas de personas en todo el mundo. La foto lo mostraba a él y al embajador Sáuxer (y empresario) Válax firmando el texto que había sido escrito tanto en inglés como en Sáuxer, con la bandera de las Naciones Unidas a sus espaldas y el escudo de la Corporación Sáuxer (una garra felina) detrás.
“¡Como había cambiado!” pensó. Córdoba había sido un político de izquierdas desde que como adolescente participaba en airadas protestas y era un comprometido activista. Recordaba con cierta nostalgia cuando era muy joven y mucho más idealista y luchaba por causas políticas que él veía como muy justas, como la legalización del matrimonio homosexual y de la marihuana en todo el mundo. ¡Y ahora en estos tiempos se estaba discutiendo la legalización de la cocaína y la mayor polémica matrimonial era si debía permitirse el matrimonio legal entre humanos y extraterrestres!
Había sido un comprometido ecologista que había luchado por leyes ambientales más estrictas, que había visto como, en parte gracias al cabildeo de ambientalistas como él, se habían promulgado leyes más duras contra el maltrato a los animales y que extendían los derechos humanos a los grandes simios y los delfines. Incluso ya siendo miembro del Parlamento había visto cuando los científicos había logrado decodificar el lenguaje de los delfines y habían sido capaces de comunicarse con estos.
Le había tocado ver muchos cambios sociales y políticos importantes. La geografía del mundo cambiaba constantemente, los regímenes políticos variaban. China había dejado el comunismo y se había vuelto nacionalista en los años treintas, a la inversa de Estados Unidos donde las alas más izquierdistas del Partido Demócrata junto con el colapso del Partido Republicano en una sociedad cada vez más diversa y liberal lo habían vuelto un país casi socialista, aunque en ambos casos estos giros conllevaron la independencia plena o de facto de ciertas regiones, como Alaska y Texas, o Tíbet y Taiwán. Aún así el surgimiento de países nuevos se había detenido tras la creación del gobierno mundial que ahora él encabezaba.
Las reformas hechas a las Naciones Unidas lo habían transformado en eso, un gobierno global. Se creó un Parlamento Mundial con representantes electos por votación democrática en sus respectivos países y ya no designados por los gobiernos que, además, se elegían en proporción a la población del país aunque se mantuvo la Asamblea General como una especie de “cámara alta”. Se abolieron los puestos permanentes del Consejo de Seguridad y se le dio más poder a la figura del Secretario General que, aunque mantuvo el nombre por razones históricas era, para todos los efectos, el presidente o primer ministro de la Tierra.
¡Y allí estaba él! ¡El antiguo activista izquierdista firmando tratados de libre comercio con una potencia alienígena extranjera! ¡Que ironía!
—Las críticas contra el Tratado continúan, José Antonio —le dijo su esposa, Anabel— la prensa te está haciendo trizas. En estas condiciones no te reelegirán.
—¿Cómo no lo vi antes? Los gatos son depredadores…
—Ese no es el problema. El problema es que los gatos son excelentes cazadores. Claro, los Sáuxer depredan por medio del comercio…
—Bueno… no hay mucho que hacer. Los Sáuxer ya mostraron su verdadero y oscuro rostro y nos tienen en sus garras… literalmente porque tienen garras… No sólo explotan nuestra sal y nuestra luna sino que prácticamente todas las empresas de la Tierra son ahora dependientes de ellos…
—¿Y que vas a hacer?
—Mmm… la Corporación Sáuxer no es la única potencia de la Galaxia. En teoría somos un protectorado del Imperio Anaki…. Hablaré con ellos.
Córdoba miró seriamente a su esposa que leía un libro despreocupadamente sobre la cama antes de dormir. Anabel era una científica brillante. Fue una de las primeras biólogas en estudiar los restos fósiles encontrados en Marte e ir clasificando las formas de vida que alguna vez habitaron ese planeta. También fue de las primeras en estudiar la vida en la luna de Saturno, Titán, que habitan en sus fríos y oscuros mares subterráneos. Pero había dejado su carrera científica por él, para estar a su lado mientras él prosperaba en la política sin que ella nunca objetara. ¿La había decepcionado? Pensar en su fracaso político lo llenaba de más remordimiento y frustración…
—No se dejen engañar, mis discípulos —decía L. Ronald Howard, quien era considerado por sus seguidores como un maestro ascendido y la encarnación de una macroentidad intergaláctica. Perseguido por las autoridades que lo consideraban un loco y un farsante, Howard predicó siempre en contra de los extraterrestres— puedo asegurarles que la Corporación Sáuxer es un imperio maligno dominado por un tirano cruel y sanguinario. Lo sé porque yo fui un ciudadano de esa organización en mi vida número 356, durante la cual me llamaban Xexeshmoor. Por fortuna pude escapar hasta la catorceava dimensión y heme aquí, encarnado en este cuerpo, predicándoles la Verdad.
Howard hablaba ante una nutrida sala repleta de sus devotos seguidores. La sala estaba decorada con fotografías de Howard, o con pinturas que lo mostraban a él en sus previas y majestuosas encarnaciones semidivinas en diferentes misiones como, por ejemplo, combatiendo al tiránico presidente de la Corporación.
El howardismo era clasificado como secta por la mayoría de países del mundo pero contaba con miles de seguidores, si bien la Iglesia aseguraba que tenía unos 50 millones de miembros, la mayoría de los cuales practicaban secretamente por temor a represalias, las autoridades del gobierno mundial calculaban que no llegaban a los 10.000 individuos entre los cuales se contaban Jake Pierson y (la que ahora era su novia formal) Jessica Córdoba, la hija del Secretario General de las Naciones Unidas.
—El Maestro Randall es un verdadero genio —le dijo Jake al oído— ¡Habla con una claridad sobre las cosas!
—Sí. Él debería ser el Secretario General y no mi corrupto padre.
—Para un mejor entendimiento sobre el asunto —continuó Howard— les recomiendo que compren mi libro; La Completa Verdad sobre el Universo y las 35 Dimensiones a un módico precio de…
Dora Vega, al igual que otros integrantes del movimiento xenófobo, continuaba su incansable lucha contra lo que consideraban era la intromisión de invasores extraterrestres en las políticas de la Tierra. Pintaban sus pancartas y realizaban sus airadas protestas frente a las embajadas de gobiernos extraterrestres o ante la sede de Naciones Unidas. Los había de todo tipo; abducidos igual que Dora, personas que sentían odio, miedo o rechazo hacía los aliens por ser diferentes, seguidores del howardismo y cristianos fundamentalistas que veían tanto al gobierno global como a la presencia de extraterrestres como el cumplimiento de las profecías apocalípticas (¿eran los alienígenas venidos del espacio las estrellas caídas o los espíritus inmundos como ranas que vaticinaba el Libro de las Revelaciones?).
Cuando se empezó a discutir en el plenario del Parlamento Mundial la legalización del matrimonio entre humanos y seres extraterrestres (pues ya para esa época se habían dado casos de humanos que se habían enamorado de algún alienígena, especialmente de los Anaki que eran muy parecidos, aunque esto no parecía ser un requisito taxativo) los xenofobistas se enfurecieron mucho e iniciaron una larga ola de protestas en oposición a la medida. Los políticos que favorecían la legalización, como José Antonio Córdoba, argumentaban que cien años antes era en algunos países como Estados Unidos, ilegal el matrimonio entre razas diferentes y que medio siglo antes era ilegal el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Los que se oponían aseguraba que abriría la puerta a aberraciones como la legalización del matrimonio con animales y que era similar a la zoofilia.
Pero a pesar de las protestas la moción pasó en el Parlamento y se legalizó el matrimonio entre humanos y seres de otras especies siempre y cuando fueran especies inteligentes y con una cultura desarrollada. Otro duro golpe para la dignidad humana… decían los xenofobistas.
La siguiente ley polémica, también impulsada por Córdoba y su partido, era la propuesta de darle a los delfines un asiento en el Parlamento Mundial y la Asamblea General en calidad de nación de la Tierra. Sobre esta no había tanta oposición, especialmente en una época donde el ser humano ya no era visto como el pináculo de la creación, no obstante está propuesta no prosperó cuando alguien planteó algo obvio y que sin embargo se había pasado inadvertido; preguntarle a los propios delfines.
La mente del delfín era muy diferente a la mente humana y la comunicación gracias a la decodificación de la mayor parte de sus sonidos y sus significados era posible pero sólo a un nivel rudimentario. Los delfines a menudo expresaban conceptos abstractos y difíciles de entender por los humanos y probablemente sucedía igual en viceversa. Hasta donde se sabía estos cetáceos tenían en buena estima a la Humanidad, los perdonaban por las ocasiones en que habían sufrido por culpa de seres humanos y estaban contentos con ayudar a la gente cuando pudieran. Consultados sobre el tema los delfines declinaron… tal parece que la idea de sentarse a discutir en una asamblea junto a cientos de humanos no les apetecía, además de que no comprendían bien como funcionaba eso ya que ellos resolvían sus disputas internas de otras formas. Amén que la propuesta fue finalmente archivada.
Córdoba lograría la reelección el siguiente año, en el 2052, siendo reelecto por el Parlamento Mundial en parte gracias a la nueva flota de defensa militar que había comprado a los Anaki. Convertía a la Tierra en un planeta equipado con una armada moderna y tecnológica. Córdoba se tomaba fotos al lado de las impresionantes naves guerreras finamente diseñadas y de alta tecnología. Para sus opositores aquello había sido una mera estrategia oportunista y populista, pues por muy bonitas que se vieran, aún así la Tierra era incapaz de defenderse frente al ataque de una civilización más avanzada como los Sáuxer, los Anaki o los Retículi. Pero el público se tragó el anzuelo y el partido de Córdoba obtuvo mayoría en el Parlamento Mundial en las siguientes elecciones garantizando así su continuidad como Secretario General. ¿Qué habían pedido los Anaki a cambio de tan generoso acuerdo? La compra se había hecho a precios muy cómodos y además los Anaki no eran proclives a darle tecnología militar a sus vasallos. Esto se supo convenientemente después de la elección cuando Córdoba firmó un acuerdo de mutua protección con los Anaki que básicamente permitía el uso del sistema solar a criterio de los Anaki para fines militares.
El acercamiento del gobierno terrícola con los Anaki, tan odiados por Howard y sus seguidores, se hizo intolerable y, para el año 2056 (casi diez años después del Primer Contacto) Howard invirtió buena parte de su fortuna en la adquisición de una nave espacial funcional a la que llamó Apolo. Los howardistas acusaron al gobierno mundial terrestre de haberse vendido a los extraterrestres y de ser un gobierno títere infiltrado por oscuras fuerzas invasoras y decidieron escapar antes de que la situación se volviera infernal. Según Howard, los científicos humanos y extraterrestres pronto comenzarían a aplicar lavados cerebrales y a realizar nefastos experimentos médicos en las personas.
—¿Estás segura de esto? —le preguntó a Jake mientras aterrizaba el aeromóvil.
—Sí. El Maestro Randall es el padre que siempre quise y siempre necesite pero… no puedo hacer esto sin antes despedirme de mi padre biológico.
—Entiendo.
Jessica salió del vehículo y tocó el timbre de la lujosa Mansión Córdoba. Su padre observó la imagen de su hija por el intercomunicador y su corazón se sobresaltó. Bajó de inmediato a abrirle la puerta en persona.
—Padre… he venido a despedirme…
—¿Cómo? ¿Por qué? ¿A dónde vas?
—Partiré de la Tierra a colonizar algún otro planeta habitable donde podamos vivir libres y felices.
—¿Podamos? ¿Quiénes? ¿Los de tu secta?
—¡No es una secta! ¡Nunca me entendiste!
—Pero Jessica no puedes hacer una locura así. Colonizar un planeta no es tan fácil. ¿Qué tal si algo sale mal? ¿O si son atacados por extraterrestres hostiles?
—El Maestro nos guía.
—¿Qué sabe él de exploración espacial?
—Él ha recorrido el Universo en sus múltiples vidas ¿Qué más experiencia necesita?
—¡Hija! ¡Howard es un loco!
—No padre, lo que está loco es el mundo. Nuestros gobernantes nos venden a los invasores y nadie se da cuenta. La Tierra pronto será gradualmente conquistada por los crueles alienígenas y a todos les harán una lobotomía para volverlos zombis sin alma. No puedo vivir así. Huyendo con Howard seremos felices y, sobre todo, libres.
—Jessica… —clamó Córdoba tomándola del brazo en un gesto patético y suplicante— se qué cometí muchos errores en mi vida… sé que no te presté la suficiente atención… no te di cariño… pero… por favor…
—Adiós padre —dijo ella lacónicamente— nunca te volveré a ver.
Jessica se desprendió de su progenitor. Años después recordaría las manos de aquel hombre tratando de retenerla y eso le laceraría más el corazón. Se separó de él, ingresó al aeromóvil y partió con su novio Jake hacia el área de lanzamiento.
Dora Vega fue arrestada, junto a varios de sus compañeros del movimiento xenofobista. Los cargos eran muy serios. La Interpol (que ya ejercía realmente como una verdadera policía global) los acusaba de planear un atentado terrorista contra la embajada de la Corporación Sáuxer. Las protestas xenofobistas resurgieron pero ahora se enfocaban en tratar de lograr la liberación de los arrestados. Ellos adujeron que sólo planeaba hacer unas pintas en las paredes, pero el gobierno no pensaba ceder.
La Apolo era una nave de pasajeros tipo Crucero Galáctico de enormes dimensiones y en ella cabían más de un millón de personas por lo que el grueso de los howardistas del momento —unos 2.000 individuos— abordó el transporte. La nave era demasiado grande para entrar a un planeta así que esperaba en uno de los puertos espaciales que giraban en torno a la Tierra y era llenada por transportes medianos que trasladaban a los entusiasmados sectarios del mundo al Apolo.
—Listos para partir, Maestro —dijo el capitán de la Apolo, un sujeto de raza negra llamado Emerson Michaels y que había sido militar antes de unirse al howardismo.
—Me siento como Moisés guiando a mi pueblo fuera de Egipto —dijo Howard entusiasmado como un niño. —Adelante, larguémonos de este horrible planeta condenado.
La Apolo produjo un agujero de gusano, irónicamente gracias a la tecnología extraterrestre, y lo atravesó para desaparecer del sistema solar para siempre.
Llegó hasta el Sistema Markab en donde encontraron un planeta habitable. Tenía una atmósfera con suficiente oxígeno para vivir y una distancia adecuada a su estrella como para no ser demasiado caliente ni demasiado frío, así como agua y vegetación abundante. De la nave nodriza —que permaneció en órbita— brotaron como lluvia una innumerable miríada de cápsulas pequeñas transportando personas hasta una de las zonas de clima más templando del planeta.
Allí se acondicionaron las múltiples familias e individuos howardistas construyendo casas y edificando aldeas bajo la égida de su valeroso líder espiritual y muchos se sentían en el paraíso.
—Has que la Apolo entre a la atmósfera —ordenó Howard a Michaels haciendo uso de un intercomunicador desde el planeta.
—Pero Maestro —replicó éste— si la Apolo ingresa al planeta jamás podrá volver a salir. ¿Qué pasa si necesitamos viajar…?
—Eso no será necesario. Conozco este planeta porque lo visité en mi vida 33 y es perfectamente seguro. No los traje aquí al azar. ¿Es que acaso no tienes fe en mí?
Entonces Michaels retiró sus réplicas e hizo que la Apolo penetrara la atmósfera y realizara un aterrizaje forzoso en un campo desolado.
Jessica, al principio, sintió que estaba en el cielo. Aquel planeta tenía un verdor especial muy hermoso y le parecía que estaba finalmente alejada de la sombra de su distante padre y de la corrupción de la Tierra.
Howard anunció que deberían dividirse las tareas y que sería duro al principio. Que todos, incluyéndolo a él, tendrían que trabajar arduamente y cultivar. La Apolo había colapsado sobre el bosque en un aterrizaje forzoso sin nadie herido, y decidieron desmantelarla completamente para construir casas.
Jessica y Jake Pierson se casaron en una boda oficiada por Howard mismo (único que podía oficiarla y además de quien requerían permiso para casarse) y ambos trabajaban felices tratando de cultivar las semillas que habían traído de la Tierra.
No obstante las cosas comenzaron a tornarse bastante difíciles. La mayoría de las semillas no se cultivaban pues provenían de la Tierra y los minerales del planeta era distintos. Los intentos por cazar la fauna local no fructificaron y, al contrario, en las primeras semanas cientos murieron por enfermedades y agentes patógenos desconocidos o atacados por depredadores y animales venenosos nativos. Los más temidos eran una especie muy hostil de animales que parecían una mezcla de lobo con primate y atacaban de noche en manadas. Para protegerse de ellos la población cercó su área de hábitat y esta era siempre custodiada por guardias armados.
Howard dijo que a él le correspondería trabajar también, sin embargo, dicha promesa nunca se materializó realmente. Prácticamente vivía como un rey atendido por seguidores todo el tiempo. Su mano derecha y segundo al mando era un sujeto delgado de mirada perversa apellidado Miscavi.
La dificultad para conseguir alimentos provocó hambrunas, aunque ni ha Howard ni a Miscavi les faltó nunca el alimento, además guardaban una provisión de comida traída de la Tierra.
Esta situación tan tensa comenzó a generar ciertas discrepancias incluso entre los más altos mandos del howardismo. Uno de ellos era el capitán Michaels. Él vivía junto a su esposa, una hija adolescente y un hijo pequeño, en una de las cabañas hechas con los escombros de la nave. Pero su hijo falleció por alguna fiebre misteriosa y esto lo resintió enormemente. Era notable que no se sentía cómodo siguiendo las, a menudo estúpidas, directrices de Howard que muy frecuentemente empeoraban la situación.