Capítulo 8
—¡No debiste hacer eso, Otelo! —La rubia lo confrontó furiosa—. Si te lo conté fue para desahogarme, no para que fueras a reclamar nada a Lían. ¡Qué humillante!
—Lo siento, es que me dio mucha rabia que sufrieras por él —se excusó cabizbajo.
—No entiendo tu comportamiento, Otelo. Lían es tu amigo también y no está obligado a sentir lo mismo que yo.
—Es un idiota, eres perfecta. No entiendo cómo pudo rechazarte —dijo con ojos brillosos y sostuvo sus manos. Estaba decidido, dejaría su cobardía y le confesaría sus sentimientos.
***
Un mes después...
Diana se acercó a Xiang en el almuerzo que por suerte le tocó a la misma hora.
—Bien, me dirás qué sucedió. No soporto verte tan triste, tú no eres así. —Diana la miró a los ojos y ella empezó a llorar.
—¡Soy una tonta! Creí que Otelo sentía lo mismo que yo siento por él, pero como siempre me equivoqué. ¿Sabes para qué sale conmigo? —Diana negó y ella sacudió su nariz—. Para hablarme de la princesa del Norte y su amor frustrado, de cómo la ha amado en silencio y ella lo rechazó cuando este se le declaró. ¿Acaso me va cara de una maldita consejera?
—Lo siento mucho —Diana sostuvo sus manos—. Te apresuraste con él y mal interpretaste sus intenciones, la próxima vez serás más cautelosa.
—¡No! —negó con violencia—. No habrá una próxima vez, no quiero saber de los hombres. ¡Son todos unos idiotas! —Empezó a llorar con fuerza y Diana se sentó a su lado y la envolvió con sus brazos. Se sentía mal por su amiga, ella estaba muy ilusionada con ese príncipe.
Diana se fue a asistir los clientes y Antuán, su amigo pelirrojo, se acercó a ella con una sonrisa.
—Dame lo mismo de siempre, preciosa y de paso dime que sí —dijo con una sonrisa coqueta y Diana negó sonriente.
—No voy a salir contigo, Antuán.
—¡Qué mal! Tú te lo pierdes, entonces.
***
—No te preocupes, Otelo —Lían palmó su hombro—. Entiendo tu reacción y lamento mucho que las cosas resultaran de esta forma.
—No debí tratarte de esa manera, Lían. No estás obligado a quererla, así como ella no está obligada a quererme a mí. —Bajó el rostro con marcada tristeza.
—¡Que rollo novelístico! —Nikaus espetó—. A ti te gusta Beka, quien babea por Lían, pero el pendejo aquí presente —apuntó al rizado—, está idiotizado por otra chica. Por cierto, Lían, ¿cuándo la conoceremos? —El rubio preguntó con una sonrisa pícara.
—Te dije que no me la menciones. —Lían se quejó—. Ya no me interesa, es asunto olvidado y superado.
—Sí, claro. Uju. Claro. Por supuesto. —Los tres chicos repetían divertidos.
—De verdad, ya la olvidé.
—Entonces demuéstralo. —Nancy retó—. Si ya no te interesa, no te importará ir con nosotros a Dellis. Sabemos que has evitado ese lugar como la peste.
—No tengo que demostrar nada... —dijo con nerviosismo.
—Claro, porque no la has superado. —Nikaus lo confrontó.
—Sí la superé, es más vamos al bendito lugar ese, así aprovecho y le traigo algo a mami, hoy amaneció muy feliz y quiero que se mantenga así.
Los chicos se dirigieron al lugar.
—¿Vas a pedir algo más? —Diana preguntó, dado que Antuán se acercó al mostrador.
—Sí, dame un pedazo de pastel y un té de limón. También quiero que salgas conmigo esta noche.
Diana entornó los ojos.
—No quiero salir contigo, no sé de qué manera decirlo para que lo entiendas.
—¡Qué cruel!
En ese momento llegaron Lían y sus amigos.
—¿Sabes qué, preciosa? —Nikaus se acercó nervioso a Diana—. Olvida el pedido, debo irme. Ya sabes, volveré pronto para que tengamos una cita. —Le tiró un beso al aire y se fue ocultando su rostro. Por su parte, Diana se quedó mirando la salida extrañada.
—¡Este loco es muy rarito! —susurró para sí. Miró al frente y su corazón empezó a latir con brusquedad.
—Hola. —una chica castaña y muy elegante le saludó con cortesía—. Queremos pastel y chocolate caliente en aquella mesa. —Apuntó a una mesa de cuatro sillas en el centro.
—¡Oye, santita! ¿Quién dijo que yo quería chocolate? —Nikaus se quejó y luego se acercó a Diana con tono seductor—. Lindura, yo quiero café negro con poca azúcar y pastel de vainilla, y tú código, claro. —Le guiñó un ojo seductor y Diana suspiró. Ya estaba acostumbrada a las insinuaciones de algunos clientes.
—Pastel de vainilla y café para usted, chocolate para los demás... ¿De qué sabor será el pastel de ustedes? —Apuntó al grupo evadiéndole la mirada a Lían, quien la observaba serio y con los brazos cruzados.
—¿Fresa está bien para ustedes? —Nancy preguntó y Otelo bufó.
—A mi hermanita, de fresa, a mí de coco y Lían... ¿chocolate? —El moreno se dirigió a Lían.
—Sí, pero no con chocolate. —Se acercó a Diana con una sonrisa maliciosa—. ¿Tienes té de manzanilla? —preguntó mirándola a los ojos.
—S-Sí. —Ella respondió nerviosa.
—Pues, ese es mi pedido... Diana, ¿cierto? —Sonrió al ver qué ella frunció el ceño. Los demás la miraron asombrados y luego a Lían, quien amenazó a Nikaus con la mirada para que no saliera con una de las de él.
Los chicos se dirigieron a su mesa por lo que Diana recuperó su aliento al Lían alejarse a quien observó por última vez, antes de entrar a la cocina.
—¡Por Dios! —Una rubia gordita entró a la cocina emocionada—. ¡La realeza nos visita hoy! Que seas amiga del príncipe Lían le ha dado más prestigio a este lugar.
—¿Quienes nos visitan? —Xiang dejó de preparar el té para prestarle atención a la rubia.
—Pues, además del príncipe Lían, el enamorado de Diana —sonrió con picardía, Diana se encogió de hombros con tristeza y Xiang la miró con pesar—, está también el hijo del guerrero papasito, Nico. Y me pareció ver a los hijos de Lars: Nancy y Otelo.
—¡Otelo está aquí! —Xiang gritó espantada—. Diana, te ayudo a servirles. —La chica pidió con ruego en los ojos.
—¿Segura? —Diana cuestionó dudosa.
—Sí, me gustaría saludarlo... —Sonrió, pero sus ojos emanaban tristeza—. Somos amigos después de todo.
—Está bien. —Diana asintió y Xiang dejó salir un chirrido.
Ambas chicas se dirigieron a la mesa de sus clientes cada una con una bandeja. Diana juntó el pedido de Nancy con el de Nikaus y el de Otelo con el de Lían, para no tener roce con el rizado. Por su parte, Lían no le quitaba el ojo de encima, mas ella trataba de disimular sus nervios.
—¿Xiang? —El mulato saludó con una sonrisa que derritió a la chica.
—Hola, Otelo —saludó con fingida timidez.
—¿Trabajas aquí? —Y ese era un momento en el que ella deseaba estrellarle la bandeja encima.
—Sí, por enésima vez, trabajo en el Dellis y preparo las bebidas calientes —espetó con tristeza al descubrir que el chico nunca le prestó atención.
—¿Me lo habías dicho? —preguntó todo inocente y Diana sostuvo a su amiga como si adivinara su intención.
—Vamos, Xiang —dijo mirándola con recelo—. Tenemos mucho que hacer en la cocina.
La pelinegra miró a Otelo con ganas de matarlo y Diana se la llevó a rastras.
—Bien, ustedes dos tienen mucho que contar. —Nikaus paseó su dedo de Otelo a Lían—. Empezaremos contigo, Otelo. Escupe lo de la chica sensual de ojos pequeños.
—¡Solo es una amiga! —Resopló con desinterés—. Hemos salido varias veces, pero para conversar, nada romántico.
—¡Oh! Estoy rodeado de pendejos y una santita —dijo mirando a Nancy—. ¿Conversar? En serio, tarado. Esa chica está como quiere y dispuesta a lo que quieras, la putería le sale por los poros, imbécil.
—Deja de expresarte así de una mujer. —Nancy se quejó enojada.
—Perdón, santa Nancy; me olvidé de tu inocente y virginal presencia.
—No te metas con mi hermanita, que siga siendo virgen. —Otelo reclamó.
—Claro, pendejo porque tú ya te diste el gustito de saborear el delicioso. Nancy dejará de ser una puritana, de eso me encargaré yo, ella será mi discípula. —La chica escupió su pastel de fresa.
—¿Qué insinúas, Nikaus? —Otelo se paró de la mesa con cara asesina.
—No me mires así. —El rubio sonrió de lado—. No seré yo quien le quite el sellito, será otro pendejo santito que le voy a conseguir, yo solo seré su instructor.
Nancy bajó el rostro con tristeza al escucharlo, era obvio que él nunca la vería de esa forma. Se sentía tonta por creer que podía enamorarlo solo con hablar con él todas las noches, como lo habían estado haciendo por más de un mes.
—Nancy, ven, siéntate conmigo. —Su hermano se paró y la jaló por el brazo, la chica se sentó a su lado llena de vergüenza—. No te quiero ver junto a este idiota. Y tú, Nikaus, más te vale que te alejes de mi hermana.
—Solo ella decide si me alejo o no. —El rubio bufó—. Necesita vivir y dejar de ser tan rarita o la veremos criando gatos dentro de unos años.
—¿Podrías callarte, idiota? —Lían dijo al notar el rostro triste de la castaña, pues él sabía sobre los sentimientos de ella hacia su tonto amigo—. Esa lengua tuya debería ser censurada, arruinas todo, tarado.
—¿Arruino qué, idiota? Déjame tranquilo, no te creas que no me doy cuenta de tus insinuaciones. —Nikaus le apuntó con el dedo—. Mejor cuenta por qué rayos no arreglas las cosas con ese bombón, ¡está como quiere la condenada!
Lían entornó los ojos.
—Te dije que ya no me interesa.
—Sí, claro. No puedo creer que soy amigo de estos fenómenos idiotas. Si no la quieres para ti, entonces no te molestará que yo la invite a salir. —Lo miró malicioso y Lían sonrió.
—No aceptará. No le gustan los idiotas —respondió con sorna.
—Entonces nunca le gustaste. —Nikaus dijo con una risita que Otelo acompañó, mientras que Nancy solo quería matarlo.
***
—¡Soy una tonta, Diana! —Xiang suspiró—. Creer que un príncipe como él se fijaría en alguien como yo; ya veo que esos hombres solo se interesan en mujeres de su círculo, al parecer el ama a esa princesa. ¿Cómo voy a competir con esa hermosa rubia, quien será la próxima reina del Norte?
—Deja de martirizarte. —Diana limpió sus lágrimas—. No necesitas competir ni compararte con nadie; eres una buena chica, hermosa y muy trabajadora. Estoy segura que encontrarás un buen hombre que te ame y valore, solo debes ser paciente y no ilusionarte en la primera cita. No entiendo a ese príncipe, si no le interesabas, ¿por qué te siguió invitando?
—Porque me vio como su pañito de lágrimas. En la primera cita le dije que contara con mi amistad y que estaría para él cuando me necesitara, es que se veía muy triste. —Se encogió de hombros—. Por cierto, Diana. —Cruzó los brazos y entrecerró los ojos—. Al parecer tu príncipe sí está interesado en ti, no te quitó la mirada de encima ni un momento, deja de tontear, que un hombre de su estatus se fije en una mujer como nosotras es muy raro y difícil, deberías aprovechar la oportunidad.
—No me interesa Lían por su estatus, no me importa si es un príncipe o un mendigo, me gusta él, la persona. Pero lo arruiné por tonta y miedosa, me dejé influenciar por esa princesa y me sentí culpable al entrometerme en esa relación.
—Pero ellos no tienen ninguna relación. El príncipe la rechazó, nunca tuvieron más que una amistad, eres una tonta.
—Tú estás muy informada. —Diana achicó los ojos.
—Pues, ser el pañito de lágrimas de mi bello moreno me ha servido de algo. Diana, ese príncipe está loco por ti y tú por él, no le veo el inconveniente.
—Lo humillé delante de Antuán, él no me aceptará —dijo cabizbaja—. Quiero buscarlo, pero no sé cómo abordarlo después de la manera en que lo traté.
—La manipulación es nuestra aliada en cuanto conseguir lo que queremos se trata. —Xiang sonrió maliciosa—. Pásame tu comunicador.
Diana accedió no muy convencida y la chica lo tiró dentro de un envase con agua.
—Pero ¡qué rayos! —Diana gritó y Xiang la ignoró, tomó el aparato y lo secó.
—Toma. —Le pasó el comunicador de ella—. Pon el código del príncipe, me imagino que te lo sabes de memoria.
—¿Qué pretendes? —cuestionó enojada, puesto que con lo que ganaba no podía comprarse otro comunicador, a menos que durara meses ahorrando.
—¿Que no es obvio? Tu amado príncipe es un genio con los aparatos y tú no te puedes dar el lujo de comprarte otro, entonces le dirás que se te cayó por accidente en el agua y que por favor lo revise. Usarás tu voz suave y encantadora y tus ojitos a punto de llorar. Eso funciona amiga.
Diana topó su frente y miró a su amiga con recelo, pues a ella no le funcionó su táctica con Otelo. Ella le dio el número y Xiang le envió un mensaje a Lían, un minuto después, él respondió.
—¡Dijo que sí! —Xiang chilló—. Dice que está cerca y que te esperará afuera.
Diana sintió hasta mareos. Estaba muy nerviosa y no sabía si seguir con aquel teatro.
El turno terminó y ella salió mirando por todos lados con manos temblorosas.
—Hola. —Lían se acercó nervioso, pero con expresión indiferente.
—Gracias por venir... no quiere funcionar después de mojarse... si quieres te puedo pagar... es que no sé a quién acudir... disculpa que te moleste... —Diana tartamudeaba, en cambio Lían sonrió divertido.
—Sí me pagarás, pero no con dinero. —La miró sugestivo y Diana se puso roja.
—Quiero que me invites a cenar en tu casa, yo lo reviso mientras cocinas para mí.
—¡Ah, eso! —Diana suspiró tratando de relajarse ganando la mirada divertida de Lían.
—¿Qué pensaste que pediría? —Acercó su rostro con picardía y ella le evadió la mirada con vergüenza.
—¡Vámonos! —Lo jaló por el brazo mientras él soltaba una sonora carcajada.
Lían y Diana cenaron en silencio sin dejar de mirarse nerviosos; una vez terminaron de cenar, él le pasó el aparato.
—Murió, Diana. No tiene arreglo, de todas formas, era muy viejo y no tenía protección de líquidos. ¿Dónde rayos lo compraste?
—Me lo vendió un hombre que conocí en la posada donde me estaba quedando antes de conseguir este lugar en alquiler —dijo cabizbaja, definitivamente mataría a su amiga.
—Lo siento, te vendieron un aparato que aparte de obsoleto, ya estaba en las últimas. No te preocupes, yo te compraré uno nuevo, sé que con lo que ganas no te alcanza, tienes muchos gastos que cubrir.
—No te preocupes, yo buscaré la manera. —Diana negó avergonzada—. No tienes que comprarme uno.
—Vamos, yo me comí tu cena y no pude arreglarlo, te lo debo —insistió.
—Pero lo revisaste, no tenías que arreglarlo de todas formas.
—No seas terca, quiero regalártelo.
—No, Lían.
—Ummm... Ya sé. —Sonrió—. ¿Y si me pagas con postres?
—No sería justo —negó. Lían entornó los ojos.
—Es mi pago y yo no necesito dinero, pero soy fan número uno de tus postres. ¿Trato?
Diana resopló resignada y asintió.
—¡Perfecto! Mañana te lo llevo a la tienda, pero ya sabes, te acompañaré para que me des mi porción de postre. —Sonrió travieso y satisfecho, pues lo del postre era una excusa para verla.
—Bien —dijo con timidez y luego besó su mejilla, provocando un estremecimiento al rizado.
Diana lo acompañó a la puerta y él le pellizcó el cachete como despedida.
***
—¡Eres un idiota! —Nancy caminaba con rapidez y enojo, mientras que Nikaus la seguía divertido.
—Siento no haberte dicho de Jackie, pero es que eres tan santita que te ibas a negar.
—No necesito que me busques citas, tarado.
—¡Claro que sí! Nunca has tenido novio, ni siquiera sabes cómo besar. —Nancy se paró en seco y lo confrontó, luego acercó su rostro y lo besó. El rubio agrandó los ojos sin dar crédito a lo que estaba sucediendo en ese momento. Él la tomó por la cintura y empezó a devorar sus labios, era obvio que era su primer beso por sus movimientos tímidos y torpes, pero esa inocencia mezclada con picardía lo estaba enloqueciendo. Había besado a muchas mujeres, pero definitivamente ese era el mejor de todos. Su corazón palpitaba con violencia dentro de su pecho y su respiración estaba agitada. Sus labios sabor a cereza eran suaves y delicados, como toda ella. Él introdujo su lengua con ganas de comerse esa boca que le estaba gustando más de lo que debería, pero ella se asustó y rompió el contacto de sus labios, dejándolo con ganas de más.
—¡Gracias por la práctica! —Ella espetó con el ceño fruncido y los brazos cruzados; estaba enojada, pero había toda una explosión dentro de ella, trataba de disimular sus nervios, pues no quería que él notara lo mucho que la afectaba.
—¿Práctica? —preguntó confundido.
—Dijiste que no sé besar y mañana tengo una cita, entonces necesitaba practicar.
—¿Una cita? ¿Con quién? —reclamó.
—No es tu asunto. —Ella se volteó airosa y siguió su camino, dejando al chico lleno de confusión y ¿celos?
Nancy se encerró en su habitación a llorar. Era tiempo de olvidarse de ese tonto, así que aceptaría la invitación de aquel chico que siempre la invitaba.
***
—Primo, antes de que hagas tus fechorías, déjame investigar el secreto de los Patrick. —La sirvienta hablaba por medio de su comunicador—. Ellos no envejecen, nadie sabe la razón y lo estoy investigando. Pero solo te diré la información si me das la bebida que hará que el príncipe Lían se enamore de mí.
—Cuenta con eso, prima. Mientras tanto, yo seguiré con mi plan, pero no haré el ritual hasta que me des el secreto de los Patrick, si te tomas mucho tiempo, entonces tendré que matar a esa chiquilla.
—No te preocupes, lo investigaré. —La chica cerró la llamada—. Lían, amor mío, pronto seré tu esposa y tendré la vida que me merezco.
***
Diana se levantó entusiasmada y llena de esperanzas, pues ese día le llevaría una muestra a su jefe y a los reposteros del lugar, para que la consideren por lo menos como aprendiz.
—Estoy seguro de que aceptarán, eres muy buena. —Lían la animaba mientras caminaba a su lado. Se levantó muy temprano ese día para encontrarla en su casa, puesto que su turno empezaba en la mañana—. Lamento no haber podido venir ayer a traerte el comunicador, es que se me presentó una misión de emergencia.
—No te preocupes. —Diana se sonrojó. Lían le pasó una bolsita rosada con un lazo morado. Su hermana lo había ayudado a combinar el empaque.
Diana abrió la bolsa con timidez y sus ojos brillaron ante aquel aparato.
—Es demasiado, no puedo aceptarlo. —Extendió el comunicador junto a la bolsa.
—No me hagas esto, Diana. No te imaginas lo difícil que fue conseguirlo, dado que no quería darte cualquier cosa; además le agregué otras funciones que no trajo y le puse cientos de recetas de Destello, puesto que te gusta mucho la gastronomía. Acéptalo, por favor. Tiene las fotos que nos tomamos cuando solíamos salir. —El rizado se sonrojó. Diana lo miró dudosa y luego observó el aparato. Nunca había visto un comunicador tan moderno y bonito, le encantaba, pero no quería aprovecharse de él.
—Lían... —Lo miró a los ojos con nerviosismo—. La razón por la que no debo aceptarlo es... —tragó saliva—, es que no fue un accidente..., fue una excusa para verte. —Cerró los ojos con violencia temiendo a la reacción del rizado. Los abrió con lentitud y sorpresa al escuchar la sonora carcajada de Lían.
—Diana, gracias por dañar tu celular a propósito. —Sonrió con un brillo especial en los ojos—. Yo también te extrañé mucho. —Tomó su mano y la acarició con su dedo índice. Ambos caminaban en silencio, pero con una sonrisita en los labios; cuando estuvieron cerca de la tienda Lían se detuvo—. Hasta aquí llega mi compañía, debo ir al palacio a llevar una información, se cree que el asesino psicópata está en Zafiro y es posible que tenga una nueva víctima en la mira. Nos llegó una descripción, pero solo el rey puede quitar el sello que el espía envió, es por esto, que le llevaré la información a mi tío. Si tenemos la descripción de ese asesino, será más fácil encontrarlo y arrestarlo. Yo vendré por ti al final de tu turno para que me cuentes cuando empiezas como repostera. —Sonrió.
—¡Qué exagerado! —Diana rio—. Si les gusta mi pastel, empezaría como aprendiz.
—Yo creo que ya puedes ser repostera, te has preparado bien y tienes mucha habilidad. Por cierto, te invitaré a cenar para celebrar.
Los chicos se despidieron y Diana se dirigió en dirección a la repostería.
—¡Diana! —Lían la llamó y ella se volteó. Los labios de ella fueron atrapados por los del rizado de forma sorpresiva. Diana se quedó helada por un momento y no pudo evitar que unas lágrimas rodaran por sus mejillas. Extrañaba mucho el sabor mentolado de su boca, su cálido aliento, su colonia y esa manera delicada, pero apasionada de besarla. Ella rodeó su cuello y se empinó un poco para tener más acceso a él; estaba feliz, por lo visto su día había empezado bien.
***
Lían fue a la mansión a llevar la información que fue revelada en el palacio, si bien la descripción física no era muy específica, por lo menos tenían un nombre del principal sospechoso. Después de hablar con Jing, se dirigió a Dellis, no sin antes comprar un hermoso ramo de flores y hacer una reservación en un restaurante para la cena.
—Hola, preciosa. —Lían saludó a Diana al encontrarse en la entrada, pero su expresión lo preocupó—. ¿Cómo te fue?
Diana no contuvo más las lágrimas y Lían la abrazó entendiendo la situación.