Capítulo 7

Diana había terminado su turno de la mañana por lo que se dispuso a salir de la repostería. Estaba agradecida de que terminara su día, pues su mente divagaba en los últimos acontecimientos; el beso de Lían, su nueva amiga y posible novia del rizado y lo que la traía nerviosa y distraída: los sueños eróticos con Lían. Sus mejillas se sonrojaron y su cuerpo ardía, el simple hecho de imaginar al rizado haciéndole todas esas cosas le provocaba sensaciones que creyó no existían. Esos sueños eran muy reales, como si fueran recuerdos. Por lo menos no se sentía tan depravada cuando soñaba con él haciendo otras cosas que no implicara aquello.

—Diana. —Su corazón latió con agitación al escuchar a Lían nombrarla.

—Hola. —Trató de sonar lo más natural posible y poder disimular todo lo que su presencia le estaba provocando. ¿Cómo mirarlo a los ojos?

—Te acompaño. —Lían se ofreció.

—No, gracias. Quiero estar sola —respondió tajante y continuó su camino.

—Necesitamos hablar. —Él la siguió.

—No ahora, Lían. —Ella se volteó quedando frente a él, entonces la imagen de sus ojos miel escaneando su cuerpo desnudo con fascinación y deseo, la golpeó de repente. Sus mejillas se sonrojaron y ella le evadió la mirada avergonzada.

—Por favor. —Él suavizó su voz y levantó su mentón con delicadeza. Diana empezó a temblar al ver sus labios. Imágenes de él besando y mordiendo su busto inundaron sus pensamientos y no pudo evitar recorrerlo con la mirada. En sus sueños, su cuerpo desnudo se veía firme y definido, siguió el escaneo y miró por debajo de su cintura, dio un saltito ante el recuerdo.

Lían la observaba extrañado y sin saber por qué, se sintió excitado con la observación poco prudente de la chica.

—¿Te tomará mucho tiempo desnudarme con la mirada? —preguntó con media sonrisa y Diana saltó del espanto. Lían soltó una sonora carcajada al notar el sonrojo de la chica y tuvo una intensa gana de besarla.

—Y-Yo, yo, no, no… —Diana tartamudeó y Lían volvió a reír.

—¿Quieres un helado? —invitó acariciando su mejilla—. ¿Tienes fiebre? —Palpó su frente al sentir lo caliente que estaba su piel.

—No. —Retiró su mano con brusquedad y siguió su camino con más rapidez; Lían corrió tras ella, la jaló por el antebrazo y unió sus labios. Una cachetada los separó y él se frotó el área que se tornó roja.

—¿Por qué hiciste eso? —Lían frunció el ceño y Diana entrecerró los ojos.

—Eres un cínico, descarado y sin escrúpulos. ¿Cómo te atreves a besarme? Respeta a tu novia.

—Beka no es mi novia ni nada que se le parezca, si así fuera, ¿crees que sería tan idiota de llevarla a Dellis? Vamos, Diana, usa la lógica. Me gustas y quiero que seas mi novia.

—¡Idiota! —Diana espetó y corrió con lágrimas en los ojos. Lían la siguió mientras la llamaba, pero ella no se detenía.

—¡Diana! —insistió y dio un salto para atraparla, pero Diana chocó con el cuerpo de un extraño.

—Creo que lo estás haciendo a propósito. —El pelirrojo espetó divertido—. Esta vez sí pagarás, tendrás que salir conmigo, no aceptaré un no como respuesta.

Diana lo iba a mandar a pelar tuza cuando Lían la alcanzó.

—Diana, debemos hablar.

—¿Quién es él? —El pelirrojo apuntó en dirección a Lían.

—¿Perdón? —Lían interpeló extrañado—. ¿Quién eres tú?

—¡Es mi cita! —Diana espetó de repente ganando la cara de sorpresa de ambos chicos.

—¡Vaya! Sabía que lo deseabas tanto como yo. —El pelirrojo espetó airoso y Lían se acercó examinando al extraño con el ceño fruncido.

—¿Tu cita? —La cara de Lían era un poema. Diana lo confrontó con los brazos cruzados.

—Sí, así que te agradecería que me dejaras en paz, no quiero mal entendidos con tu novia ni ser la causante de que una relación se rompa.

—¿Cómo te lo digo para que lo entiendas? —Lían apretó su cabello y mordió su labio inferior—. Entre Beka y yo solo hay una vieja amistad, nunca he tenido una relación romántica con ella ni nada que se le parezca, no tengo por qué mentir, Diana. Incluso, la llevé a la tienda para que te conozca porque se supone que es mi amiga cercana y quería que fuera la primera en saber mi decisión de pedirte que seas mi novia, quería que te conociera y me aconsejara al respecto. No sabía su interés hacia mí y...

—¡Ya basta! —Diana lo interrumpió con los ojos cristalizados, hacía esfuerzos para no llorar—. Yo no quiero ser tu novia, Lían; no pierdas tu tiempo conmigo porque no estoy interesada. —Se giró hacia el pelirrojo—. Vamos... —no sabía su nombre—, tú.

—Entonces te irás con él. —Lían sonrió con ironía y la miró con tristeza—. ¿Es tu decisión final? —La confrontó con mirada cristalizada y desilusionada, pero ella no respondió—. Entiendo, siento haberte incomodado. ¡Soy un idiota! —Arrugó el rostro, trataba de no mostrarse más vulnerable de lo que ya estaba, se sentía tonto y humillado.

—¡Adiós, Lían! —Ella culminó, llevándose al desconocido a rastras.

—Diana... —susurró con lamento, el escozor en los ojos le indicó que estaban llenos de lágrimas, listas para salir en cualquier momento.

***

Lían llegó a la mansión emanando chispas a su paso, se fue directo a su habitación y estrelló la puerta tras sí.

—Quiero estar solo —respondió al escuchar toques en la puerta.

—Necesito que hablemos. —Beka pidió desde el otro lado.

—No es un buen momento, Beka —respondió de mala gana.

—Por favor, Lían —dijo casi hipando—. Perdón por mi comportamiento, de verdad lo siento. Por favor, hablemos.

Lían respiró profundo y peinó su cabello con sus dedos como forma de relajarse.

—Está bien.

Beka entró y se sentó a su lado.

—¿Qué te sucede? —La rubia preguntó acunando el rostro del rizado entre sus manos.

—Me partieron el corazón, Beka. —Lían recostó su cabeza sobre el hombro de ella y esta lo abrazó.

—Lo siento mucho, Lían. Ella no te merece, no es la mujer que necesitas a tu lado. —Acarició su cabello, mas él tomó distancia.

—Perdón… —Limpió una lágrima que se le escapó—. No debería decirte estas cosas, lo siento. —Bajó el rostro. Se sentía un idiota; esa chica siempre estuvo interesada en él y ahí estaba contándole sus problemas románticos. Todo se le estaba viniendo abajo, le dolía entender que estaba perdiendo a su mejor amiga.

—Somos amigos, Lían. —Volvió a acariciarle el cabello—. Puedes decirme todo lo que te molesta, estoy aquí para ti. —Ambos se abrazaron.

—Es difícil enamorarte y no ser correspondido. Duele mucho y me siento horrible por causarte ese sentimiento amargo. —Beka se aferró más a él. El olor de su colonia ligado a su aroma natural y la calidez que emanaba de él, estaban enloqueciendo sus sentidos. Él era para ella y ella para él, nadie nunca podría romper ese lazo.

—Todo tomará su lugar, Lían. Olvídate de ella, no es para ti. En cuanto a mis sentimientos, no te preocupes, soy feliz con tu amistad y con que tú lo seas. Superaremos este momento amargo juntos. Te amo, Lían.

Beka se separó para encontrar su mirada miel que se reflejaba desconcertada ante sus palabras, si se sentía culpable antes, ahora no se soportaba a sí mismo. No quería que su amiga sufriera por él, él la apreciaba mucho.

—Beka, no... —El rizado susurró cuando ella besó la comisura de sus labios, pero antes de que él terminara de refutar, sus labios atraparon su boca con un intenso beso—. No, Beka, por favor. —Lían rompió el contacto, pero ella insistía.

—Es solo un beso, Lían. Déjame demostrarte que es a mí a quien quieres, solo estás confundido. —Beka lo volvió a besar y él le siguió el ritmo, pero no era lo mismo a cuando besó a Diana. No había chispa ni deleite, su cuerpo no se estremecía ni reaccionaba de ninguna forma. No, él no podía engañarse ni engañar a su amiga, aunque hubiera sido más fácil sentir aquello por ella.

—Beka —dijo al romper el beso, tomó su mentón con delicadeza y la miró a los ojos—. Lo siento, preciosa. De verdad, mi deseo es sentir lo mismo que tú, pero no es así y no voy a engañarte. Sé que duele tener esos sentimientos y que no sean correspondidos, sin embargo, es mejor ser sinceros y hablar con la verdad, no quiero dañarte ni decirte una cosa por otra. No estoy enamorado de ti, Beka.

La rubia empezó a llorar a todo pulmón y Lían la abrazó, ella se distanció con brusquedad y lo golpeó con furia en el pecho.

—¡Eres un idiota! ¡Te odio, Lían! ¡Vete al demonio, imbécil! —Salió corriendo entre llantos.

—¡Beka! —Él corrió tras ella, pero esta se encerró en su habitación.

—¡Rayos! —espetó mientras se apretaba los cabellos de la impotencia, se sentía el ser más despreciable del universo.

***

Diana se estaba preparando para empezar su turno.

—¡Creo que estoy enamorada! —Xiang la abordó emocionada.

—No me digas… —Diana se cruzó de brazos divertida—. Tienen una cita y ya te enamoraste, eres rápida, amiga. Por lo menos, ¿sabes su nombre?

—Sí, mi chico de hermosos rizos se llama Otelo y vive en la tribu de Cristal. Es un príncipe y hace trabajos de investigación para los reyes, por eso visita el palacio muy seguido. No sé si has escuchado sobre la princesa Elena y el guerrero real Lars, ellos son sus padres. Él es tan atento y educado. —Suspiró—. Me gusta mucho, espero que esta vez funcione, no he tenido mucha suerte en el amor.

—Me alegro por ti, pero debes tomarte las cosas con calma. Apenas se están conociendo, no te ilusiones de más ni te adelantes a los acontecimientos.

—No te preocupes, Diana. Estoy segura de que le gusto tanto como él a mí. ¿Te imaginas yo casada con ese príncipe? —chilló emocionada y se fue dando saltos de la alegría. Diana la miró con preocupación, sentía que ella se estaba apresurando y temía que saliera lastimada.

Pasaron varios días y Diana no volvió a ver a Lían. A veces quería llamarlo o enviarle un mensaje, pero temía y le daba vergüenza. Llegó a ver sirvientes con la insignia de los Patrick comprando en el lugar, recuerda que Lían le había contado que su madre estaba embarazada y que se antojaba mucho de los postres de la tienda, esa era la razón de él ir todos los días a comprar, o por lo menos esa era la excusa que él ponía. Se sintió triste, era obvio que él no volvería allí para no encontrarse con ella. Por otra parte, el pelirrojo no dejaba de perseguirla e insistir, haber ido con él a la dichosa cita fue el detonante para que no la dejara en paz, ya no lo soportaba, aunque no podía negar que era muy dulce y divertido. Las chicas no disimulaban cuando lo veían, pues era un chico atractivo y exótico. Su cabello era de un rojo intenso y espinoso, sus ojos azules claros y su piel blanca. Tenía varias pecas en sus mejillas que lo hacían ver adorable, pero tenía el ego inflado y a veces era un poco fastidioso. Al parecer, sus padres murieron y le dejaron una gran fortuna, era un chico solitario que gritaba por compañía o por lo menos, eso era lo que ella había percibido en el poco tiempo que llevaba tratándolo.

***

Lían siguió teniendo esos extraños sueños con Diana, donde él la conocía en Lucero Verde y ellos entraban a la montaña de Estrella verde y eran cubiertos por un resplandor. Todo empezó desde que su cadena brilló al encender el aparato; tenía esa extraña sensación de que esos sueños eran recuerdos y sabía que Odiel le ocultaba algo sobre aquello. Siempre se mostraba evasivo cuando él le preguntaba y solo le decía que olvidara el tema. Algo le decía que Diana y él tuvieron una historia, eso explicaría ese intenso amor por alguien con quien no había compartido tanto tiempo. A veces deseaba ir a Dellis y hablar con ella, pero no iba a insistir cuando a ella no le importaba él, todavía estaba enojado y los celos lo consumían.

—Señor, el príncipe Otelo lo espera en la sala de visitas. —Un sirviente anunció y Lían fue a recibir a su amigo.

—Hola, Otelo... —No terminó de decir la frase cuando su amigo lo había golpeado—. ¡Qué rayos! —Lían espetó mientras movía su quijada para menguar el dolor. Otelo lo agarró por el cuello de su kimono con mirada asesina.

—¡Imbécil! ¿Sabes lo difícil que ha sido para mí renunciar a ella? ¿Cómo te atreviste a herirla de esa manera? Nunca confesé mis sentimientos a Beka porque ella está enamorada de ti, creí que le correspondías y por eso no hice nada. ¡Eres un desgraciado por ilusionarla y luego salir con toda tu basura!

Lían se quedó perplejo. ¿Beka era la chica de quién su amigo estaba enamorado?