Capítulo 6
Diana estaba preparando algunas mermeladas que le habían asignado. Se sentía feliz de poder colaborar en la cocina y se esmeraba en su trabajo. Estaba pensando hornear un pastel y llevarles muestras para que la dejen hornear, también.
—Diana, hay una clienta preguntando por ti. —Xiang, la amiga que le había recomendado la tienda donde se suplió, le avisó.
—¿A mí? —preguntó sorprendida.
—Sí, ella me dijo que quería hablar contigo. —Su amiga se encogió de hombros.
Diana fue a recibirla y sonrió al ver a la rubia frente al mostrador, quien la escaneó con la mirada de una forma que la hizo sentir incómoda.
—Hola, ¿cómo te puedo ayudar? —Diana preguntó en tono profesional y cortés y la rubia se le acercó.
—Necesito una recomendación, pero es algo privado y me gustaría invitarte un café. —Diana la miró sorprendida por su petición.
—Estoy en horario laboral, no puedo aceptar tu invitación ahora.
—¿A qué hora sales?
—En una hora termina mi turno. —Diana respondió extrañada.
—Muy bien. Tengo que hacer unas compras, pasaré por ti en una hora —concluyó animada y salió antes de que Diana reaccionara.
—¿Qué quería? —Xiang le susurró en el oído de repente.
—Pues... —balbuceó atolondrada—. Me parece que quiere hablar conmigo o algo así.
Beka y Diana fueron a una cafetería a conversar.
—Disculpa que te moleste, pero me agradas y por alguna razón que desconozco, me siento en confianza contigo. —Beka empezó su discurso—. Eres muy cortés y tienes el arte de escuchar, quiero un consejo y una recomendación.
—Gracias, puedes contar conmigo. —Diana sonrió sonrojada.
—¿Recuerdas el chico del que te hablé? —preguntó con lágrimas en los ojos y Diana asintió—. Pues hay una mujer que lo está zarandeando y él me está tratando diferente. Hemos tenido nuestros momentos románticos y casi damos ese paso, incluso esta mañana nos besamos antes de él salir. No me quiso decir a donde se dirigía y me quedé preocupada por la forma evasiva en que lo dijo. El caso es que una amiga me llamó y me dijo que lo vio con una chica hoy. No quiero creer que sea cierto, pero temo. Su comportamiento ha cambiado últimamente y no se decide a formalizar nuestra relación.
Diana la escuchaba atenta y con pesar, sin embargo, se sentía incómoda, pues apenas la conocía y no sabía qué decirle.
—Creo que debes hablar con él y aclarar su relación. Si han tenido sus momentos románticos y él te besó, es posible que sienta lo mismo que tú. —Ella respondió esperando no haber dicho una tontería.
—Es lo que pienso hacer. No permitiré que nadie lo aparte de mí, lo conozco desde siempre y ninguna mujer podría amarlo más que yo. Además, él tiene una misión de vida y no debe relacionarse con cualquier aparecida.
Ambas chicas hablaron por horas y hasta recorrieron la ciudad juntas, entre risas y conversaciones triviales.
—Gracias por escucharme.
—No tienes que agradecerme, me encantó compartir contigo. —Diana respondió con una sonrisa sincera.
—A mí, también. Es bueno contar con una amiga, ya que en mi caso es difícil, las personas se me acercan por mi posición y muchas de mis supuestas amigas le coquetean a mi chico.
—Eso es triste. Pero puedes contar con mi amistad sincera y yo no le coquetearía a tu chico. —Ambas rieron y cada cual tomó su camino.
***
Lían estaba de misión con sus hermanos y ellos cayeron en una extraña dimensión donde había objetos flotando.
—Deben ser objetos perdidos en el tiempo. —Jinag comentó—. Puede que hayan existido en otras dimensiones o realidades paralelas que se han restaurados.
—Es como si fuera un basurero dimensional, ¿cierto? —Lían dedujo y John asintió.
—Debemos salir de aquí. —Jinag advirtió y los tres hicieron brillar sus joyas. Un objeto pasó por el lado de John y Lían lo observó como si lo hubiera reconocido, entonces decidió tomarlo.
—¿Qué crees que haces? —John le reclamó.
—Esta tecnología es rara, solo quiero analizarla. —Lían respondió examinando el aparato.
—Eso es arriesgado, Lían. No sabes qué es ni por qué cayó en esta dimensión. —Su hermana le advirtió.
—No parece peligroso, puede que nos sea útil. —Lían replicó.
Su hermana iba a refutar cuando John intervino.
—Ya, par de tarados —dijo hastiado—. Regresemos, quiero ir a casa.
—Me imagino. —Lían sonrió con picardía—. Solo quieres estar pegado a Perla. Ya han pasado seis meses desde que se casaron, no entiendo cuál es tu fiebre.
—Idiota. —John rio divertido—. Cuando pruebes lo entenderás. ¿Cierto, Jinag? —se dirigió a la pelinegra.
—¡Indecentes! —Los miró escandalizada y ellos estallaron de la risa.
—Como si tú no lo hicieras con Paolo, hasta lo tienes desgastado al pobre. —John espetó con sorna y Lían lo golpeó en el hombro, pues su hermano siempre se pasaba de los límites.
—¡No soy como tú, imbécil! —La chica gritó sonrojada y John la abrazó juguetón, le encantaba sonrojar a su hermana. Lían los observaba enternecido, ellos siempre fueron muy unidos, pese a que se la pasen peleando.
—¡Yo debí tener un mellizo también! —Lían se lamentó y ellos lo miraron como si fuera un bicho raro.
—De qué te quejas si siempre fuiste el mimado. —John desordenó el cabello del rizado quien lo manoteó bufando.
—Pero crecí sin un hermano de mi edad con quien jugar o pelear, ustedes me trataban como al mocoso que era muy joven para entender sus juegos y me aislaban.
—Porque eras muy pequeño para entender los juegos de los más grandes; además, no seas mal agradecido, pasábamos tiempo contigo, no mucho, pero era algo. —Jinag se defendió.
Lían entrecerró los ojos y ellos se encogieron de hombros.
—No siempre estabas solo, la amiga tuya te visitaba mucho y tú a ella. Además, el raro de Otelo jugaba contigo cuando iba al palacio y Nikaus y Nancy también. No era siempre, pero tampoco te la pasabas solo todo el tiempo. —John le dijo cruzando sus brazos—. Por cierto, he escuchado que la hija de Bruno se la pasa metida en la mansión; cuidado contigo picarón, si vas a hacer algo, mejor te proteges, no vaya a ser que la embaraces y Bruno te mate.
Jinag le pegó a su hermano.
—Antes lo mata Odiel. —Jinag se burló y Lían hizo una mueca.
—Beka es mi amiga, nada más.
—Sí, claro. —John ironizó—. Una amiga que te quiere quitar la florecita, si esa te agarra te destroza.
—¡John! —Su hermana lo miró con desaprobación y Lían lo fulminó con la mirada.
—No hables así de Beka, imbécil. —Lían reclamó—. Respeta, tarado. No me he acostado... —No terminó la frase y se sumió en sus pensamientos. ¿Por qué sentía que sí se había acostado con alguien?
—Sé que eres virgen, no pareces hijo de Leela Patrick. Todavía no puedo creer que mamá esté embarazada, es una locura. —John mencionó con sorna.
—De mamá se puede esperar cualquier cosa. —Jinag rio.
—¿Podemos irnos? —Lían miró su reloj con ansiedad. Había llamado a Diana y como era su día libre quedaron en ir a ver una película.
***
Diana y Lían salieron por varias semanas y se hicieron buenos amigos. Él la visitaba a la repostería cada vez que tenía tiempo y esperaba a que terminara su turno.
—No está mal. —Lían examinó el lugar con la mirada—. Lo tienes muy bonito, eres buena decorando cosas.
—Gracias. —Ella sonrió—. Hice un pastel de naranja y quiero que me des tu opinión. —Diana se dirigió a la cocina y regresó con dos trozos de pastel y jugo.
Ambos se sentaron sobre la alfombra y empezaron a degustar su postre. Lían se quedó estupefacto al comer el pastel.
—¡No puede ser! —espetó desconcertado. Diana se puso nerviosa y bajó el rostro avergonzada.
—¿Tan mal quedó? —Sus ojos se cristalizaron.
—No, no, no… —Lían negó con nerviosismo. Limpió una lágrima que se le había escapado y se sintió como un tonto frente a ella—. Diana, disculpa mi reacción, es que he buscado este sabor por más de un año y volver a degustarlo es increíble. No sé dónde comí este pastel antes, pero lo extrañaba.
Diana lo miró con confusión y esperaba que fuera esa la razón, que alguien llore por lo mal que sabe tu comida es deprimente.
—No me pongas asunto. —Él acarició su mejilla—. Está delicioso, si te soy sincero, es el mejor pastel que he probado en mis veintitrés años de vida.
Diana sonrió y él se acercó, provocando que ella temblara de los nervios. Sus respiraciones se mezclaron y sus labios se rozaron. Lían le dio un casto beso de pico y la respiración de ella empezó a acelerarse. Se quedaron en la misma posición sin mover un músculo. Diana iba a romper el contacto, pero antes de que lo hiciera, Lían atrapó sus labios. Ella se quedó petrificada mientras él saboreaba su boca con desesperación. Él se separó avergonzado al notar que ella no estaba correspondiendo su beso.
—L-Lo siento —tartamudeó decepcionado y dolido. Creyó que ella le correspondía, pero al parecer, se dejó llevar por sus sentimientos, entendiendo mal el trato de Diana—. Perdón, yo creí... —Rascó su nuca—. No volverá a suceder, si quieres que seamos solo amigos por mí está bien... No... —Lían fue interrumpido por los labios de Diana. Él tomó su rostro con delicadeza y correspondió el jugueteo; sus labios apretaban los de ella, los jalaba arriba, luego abajo, su lengua lamía cada extremo de ellos y él succionaba su boca como si quisiera tragarse todo su contenido. Diana lamió la punta de la lengua de Lían y él invadió su boca. El beso tomó intensidad y era desesperado y lleno de amor y anhelo. Se abrazaron fuerte sin dejar de besarse mientras las lágrimas mojaban sus mejillas; era raro que sintieran que por fin estaban juntos y que se habían extrañado bastante. Diana dejó besos mojados sobre el cuello de Lían y no pudo evitar reír cuando el estremecimiento de él fue muy obvio. El rizado mordió sus cachetes y ella se recostó sobre su hombro, disfrutando de su colonia y la calidez de su cuello.
***
Beka volvió a la mansión y habló con Jing y Leela para quedarse allí por tiempo indefinido.
—Me debes una salida, Lían. —Ella demandó y él sonrió como respuesta.
—Está bien. Así aprovecho para comprarle un pastel a mami que está de mal humor; por cierto, quiero presentarte a alguien. —Sonrió como tonto al recordar a Diana y el beso que se dieron la noche anterior. Había decidido esperar un tiempo para pedirle que fuera su novia. Temía asustarla o que se sintiera presionada, aunque si por él fuera hasta su esposa la hiciera. La sensación de que la conocía desde antes era extraña y no tenía dudas de que ella era la indicada.
Lían y Beka entraron a la repostería y Diana se quedó helada al verlos entrar juntos. Beka entrelazó su brazo con el de Lían y se apresuró a encontrar a Diana.
—¡Hola! —La rubia saludó con entusiasmo.
—H-Hola… —Diana balbuceó sin quitarles la mirada de encima. Beka había recostado su cabeza del hombro de Lían quien se mostraba tenso.
—¿Cómo estás, Diana? —Lían la saludó con toda naturalidad y con su distancia prudente, debido a que estaban en el trabajo de ella y no quería causarle problemas. Miró a Beka quien se comportaba de forma extraña y estaba pegada a él como un chicle, temía que Diana mal interpretara la situación, así que trató de alejarse.
Beka aprovechó el momento para abordar a Diana y susurrarle al oído su veneno.
—Él es mi chico. ¿No es todo un bombón? Estoy emocionada y quiero que me recomiendes un delicioso postre para celebrar nuestra nueva relación.
Diana se quedó pasmada en su lugar y sus ojos picaban, trató de componerse y no llorar delante de ellos. No podía creer el cinismo del rizado, al parecer, aquel beso no significó nada para él.
—Preciosa. —Lían se acercó al ver el cambio de expresión en Diana y entender que era probable que haya mal entendido la situación—. Ella es Beka, 'mi amiga' —resaltó las últimas dos palabras.
—Sí, somos muy unidos, tanto que nuestra amistad ha pasado de nivel. —Beka contraatacó.
—Me alegro por ustedes. —Fingió una sonrisa—. ¿Qué desean pedir? —Trató de disimular su decepción.
—¿Podemos hablar? —Lían pidió desesperado, pues temía que ella estuviera confundida respecto a Beka.
—Estoy en mi horario laboral —respondió de forma tosca.
—¿Ustedes se conocían? —Beka preguntó con ironía.
—Sí, el señor Patrick es un cliente de Dellis. —Diana se apresuró a responder.
—No solo soy un cliente de aquí. —Lían aclaró molesto con la situación.
—¿Ah no? —Beka miró a Diana de forma acusatoria y ella se puso nerviosa.
—Nos conocimos en Lucero Verde y luego aquí, solo eso —respondió temblorosa.
—¿Solo eso? —Lían la miró dolido—. Y no nos conocimos en Lucero Verde, fue en esta ciudad cuando viajaste por tu cumpleaños.
Diana se mordió los labios para no llorar, le conmovía que él recordara esos detalles.
—¿Eres del mundo donde Lían y su familia suelen viajar? —Beka inquirió —. No lo entiendo. ¿Por qué estás aquí? —Miró a Lían y volvió la mirada a Diana.
—¿Ya los clientes pidieron? —Xiang vino al rescate.
—Estoy esperando su pedido. —Diana respondió tratando de sonar indiferente.
—Pues yo los atiendo, te necesitan en la cocina. —Su amiga le guiñó un ojo.
—Los dejo en buenas manos. —Diana se marchó cabizbaja.
—¿Qué rayos fue eso, Beka? —Lían le reclamó cuando salieron de la tienda.
—¿De qué hablas? —se hizo la inocente.
—Del teatro que montaste.
—No te entiendo, Lían.
—¡No me entiendes! Le hiciste creer a Diana que entre tú y yo hay algo más que una amistad, fue lo que insinuaste.
—¿Y cuál es el problema? ¿Dese cuándo te importa lo que piense una empleada de la tienda que frecuentas?
Lían inhaló y exhaló.
—¿Por qué lo hiciste? —La miró con seriedad y algo de temor. Él y Beka habían sido viejos amigos siempre y muy cercanos, incluso hubo un tiempo que la consideró para ser su pareja, pero no recordaba en qué momento desistió de aquello por lo que nunca nunca se lo mencionó.
—Me lo prometiste, Lían.
—¿De qué hablas? —preguntó confundido.
—Cuando éramos niños, prometiste casarte conmigo —le reclamó—. No pretendas que solo somos amigos y ya. Si vamos a ser esposos, deberíamos romper la barrera de la amistad y tú ponerte serio conmigo y no estar coqueteando con otras mujeres.
—¡Estás loca! Éramos unos niños, ni siquiera volvimos a hablar del asunto. Perdón, de verdad, no fue mi intención ilusionarte. Perdóname por esa promesa que no cumpliré, lo siento, Beka.
—Estás confundido, Lían. —Ella negó con violencia—. Tú me amas, lo sé.
—Beka... —La miró con tristeza y culpabilidad, se sentía tonto por no haber notado el interés de ella. Tuvo una leve sospecha, pero temía enfrentarlo, prefirió asumir que era un mal entendido y ahora ella estaba sufriendo por su culpa.
***
Diana entró a su pieza y tiró su mochila sobre el sofá, entró a la habitación y empezó a llorar. Se sentía tan tonta, creyó que sus sentimientos eran correspondidos, pero al parecer, todo fue un juego para él. Ignoró todas sus llamadas y mensajes, y esperaba no volver a verlo jamás.
Diana iba de camino a su trabajo cuando...
—¡Lo siento! —Ella se disculpó apenada.
—Un “lo siento” no será suficiente, tendrás que pagar por chocar conmigo. —Diana miró al bromista con extrañeza y decidió seguir su camino, no estaba de humor para lidiar con idiotas—. ¡Oye! ¡Qué mala educada eres! —El extraño empezó a seguirla por lo que ella adelantó el paso. Entró a la repostería y se dirigió a su armario.
—¡Hola, Diana! —Xiang la abordó emocionada.
—Hola, Xiang —devolvió el saludo con desdén.
—¡Conocí a un chico! —chilló con emoción, pero recordó que su amiga no la estaba pasando bien y se disculpó.
—No te preocupes. —Diana sonrió—. Estoy bien. No hay razón para deprimirme si ni siquiera él y yo empezamos algo. Mejor cuéntame sobre ese chico que conociste.
—¡Está bien! —Frotó sus manos con entusiasmo—. Es un hombre super dulce y muy educado, tiene unos hermosos rizos que le llegan aquí. —Puso sus manos sobre su hombro—. Una piel bronceada hermosa, unos labios… ¡Oh qué labios! Super exquisitos para besar. Ojos amarillos o pardo, no sé, pero son hermosos. Hablamos muchísimo y él me invitó a salir. —Xiang chilló de nuevo y Diana celebró junto a ella. Xiang había viajado desde Jeng para independizarse. Ella estaba de preparar las bebidas calientes, puesto que era una experta. Su cabello negro y lacio caía en cascada hasta llegar a la cintura angosta de su delgada complexión y era dueña de unos ojos pequeños y achinados de color oscuro.
Diana fue al mostrador para asistir a los clientes y maldijo por lo bajo al percatarse que el tonto que se encontró en el parque estaba allí.
—Hola, bella. —El pelirrojo saludó con una gran sonrisa, mas ella entornó los ojos.
—¿Qué desea llevar? —preguntó con indiferencia y él se acercó con mirada traviesa.
—A ti. Pero por ahora me conformaré con un par de roquillas y una taza de chocolate caliente.
—Buena elección. Puede pasar y sentarse a esperar su pedido. —Diana respondió con cortesía y el pelirrojo sonrió malicioso.
***
—¡La encontré! —El joven celebró con emoción.
—¿Está seguro? —Su sirviente cuestionó.
—Sí, ella es perfecta. Es la indicada, estoy seguro.
—Bien, usted me avisa cuándo procederá y yo preparo todo.
—¡Perfecto!
***
—¿Qué haces en mi habitación? —Lían cuestionó a la sirvienta que lo había acosado cuando él estaba herido.
—Arreglo su ropa, señor. —Ella respondió un poco nerviosa.
—Ese es el trabajo de Serena, no te quiero aquí —dijo con rudeza, pues aquella mujer no le inspiraba confianza.
—Disculpe, su majestad. —Bajó el rostro—. Solo me ofrecí a ayudarla porque terminé mis labores y ella estaba afanada.
—Gracias por su generosidad, pero yo me encargo. Déjeme solo, por favor.
La joven hizo reverencia y se marchó. Lían empezó a rebuscar en su ropa, pero no encontró nada fuera de lo normal y él mismo la arregló. Se sentó frente a su escritorio y sacó su comunicador, marcó a Diana, pero al parecer ella lo tenía apagado.
—Tendré que ir por ti, ojos plateados. —Sonrió. Miró el extraño aparato que había encontrado semanas atrás, lo tomó y lo examinó con la mirada. Aquel objeto le era familiar, aunque la tecnología era medio arcaica y diferente a lo que estaba acostumbrado.
—¿Cuál es tu función, amiguito? —Empezó a destaparlo para revisarlo por dentro. Una hora después, lo había armado otra vez.
—Eres un radar, pero ¿qué es lo que rastreas? —Lían encendió la máquina y se espantó al ver su cadena brillar—. ¿Qué rayos? ¿Qué está sucediendo? —El rizado estaba pasmado y no entendía la razón de aquello.
—Algo no encaja en todo esto, este aparato funciona con mi joya y reconozco cada pieza como si yo mismo lo hubiera creado. —Se quedó pensativo un rato. Lían se puso de pie con la máquina en mano y se transportó.
—¿Me buscas? —Odiel se colocó a su lado. Ambos estaban sentados en la cima de una montaña en Luan.
—¿Reconoces esto? —Lían le mostró el aparato y Odiel lo miró con extrañeza.
—Tiene semejanza a algunos dispositivos que se fabrican en la Tierra, pero no tengo idea de qué pueda ser. ¿Dónde lo encontraste?
—En una extraña dimensión donde había muchos objetos raros, me llamó la atención porque se me hizo familiar y lo tomé. Lo revisé y al parecer es un radar, pero lo extraño es que cuando lo encendí, mi joya brilló.
Odiel se quedó meditando por unos segundos.
—¡Olvida el asunto! Dame el aparato para devolverlo a su dimensión, podrías causar alteraciones si te lo quedas.
—Lo siento, Odiel. —Lían negó—. Me lo quedaré, necesito saber cómo se relaciona conmigo, porque sé que no es casualidad lo que sucedió.
—Tu joya puede brillar por cualquier objeto, Lían. —Odiel bufó—. Olvida el asunto, hay cosas que es mejor dejarlas como están.
—No te preocupes, Odiel lo cuidaré bien. —Lían sentenció y desapareció del lugar.
—¡Mocoso insolente! Hijo de Leela tenía que ser.
—No importa lo que él haga, nada será revertido. Simplemente, no recordarán. —Kaina apareció de repente.
—¿Crees que ese aparato esté relacionado a sus vidas en la Tierra? —Odiel inquirió con preocupación.
—Es posible, pero eso no afectará nada. —Ella rodeó su cuello y él se sonrojó.
—La chica es su complemento, quedó un lazo de amor entre ellos.
—Sí, y hasta que no se concrete su relación, sufrirán el vacío de no estar juntos. Las joyas deben estar en el lugar correcto, pero el guardián debe hacer las cosas bien esta vez. No es solo seguir las reglas de los guardianes y las joyas, también, aprender a manejar sus sentimientos y demostrar que su amor es sano y sensato. —La rubia expuso. Odiel la atrajo más cerca de su cuerpo y susurró sobre sus labios:
—¿Y nuestro amor es sano y sensato?
—Sí, mi mestizo lindo, nuestro amor es sensato. —Se sumieron en un beso lento y tierno.
***
Lían se quedó dormido con el aparato encima y su joya empezó a brillar...
Lían se quedó mudo y no podía apartar la mirada de esos ojazos grises que lo examinaban con curiosidad. Era como si una chispa hubiera resonado en el lugar y el tiempo se hubiera detenido en esos ojos plateados cristalinos que lo tenían hipnotizado. Miró sus labios llenos y rosados intensos y por instinto lamió los de él. Su cabello lacio y negro cubría sus brazos y terminaba una pulgada por encima de sus caderas. Sus mejillas estaban sonrojadas, dándole una expresión tierna e inocente; era como una combinación de dulzura y tenebrosidad, la mezcla entre hermosura, tentación y peligro. Sabía que había excedido el cruce de mirada y hasta había olvidado la razón de su enojo y la inquietud anterior cambió a otra más excitante. ¿Por qué no podía dejar de mirarla? Tragó pesado al observar su cuerpo. Sus pechos prominentes se veían esponjosos y se reprendió a sí mismo por imaginarse cómo sería tocarlos y sentir su suavidad y grosor. Llamó su atención la generosa cadera de la chica que le daba un cuerpo curvilíneo, pero esbelto. Su corazón palpitaba con intensidad al percatarse del efecto que una extraña estaba causando en él. Nunca había sentido aquella rara sensación recorrer su cuerpo y causar choques eléctricos en sus venas. Respiró profundo para recuperar la compostura, se imaginaba que todos debían estar cuestionando la forma tan descarada en que miraba a la chica.
***
Diana se removía sobre la cama, sudores emanaban de sus poros, mientras que gotitas de luz llenaban la habitación.
—¿Tienes tanta hambre que me quieres comer a mí? —bromeó con una sonrisa pícara.
—Tengo más hambre de ti que de comida —dijo esa palabra con tanta intensidad que Lían se quedó observándola sin decir nada. Notó como sus ojos grises se oscurecían y su respiración se aceleraba. Por encima de aquella batita transparente, se notaban lo endurecidos que estaban sus pezones y como su piel se tornó colorada.
—Creo... —Lían balbuceó con el corazón agitado—. Creo que debemos quedarnos un poco más en la habitación... —No terminó de hablar cuando Diana se le había tirado encima y devorado su boca. Él se giró quedando ella abajo; tocaba y besaba con un gran deseo, la excitación era demasiada y el goce insaciable. Besó cada centímetro de su piel sacando grandes gemidos a su chica, quien era un poco gritona, pero eso era combustible para encenderlo más.
—Ay, Lían... —balbuceaba mientras sus estocadas la llenaban de placer; era más intenso y sabroso que las veces anteriores y ella sentía que explotaría en cualquier momento.
Diana despertó de golpe con el corazón y la respiración acelerados.
—El hombre con quien he soñado todo este tiempo… es Lían. ¿Por qué tengo ese tipo de sueños con él?