Capítulo 3
—¡¡Lían!!
—¡¡Diana!!
El rizado se despertó alterado y con la respiración entrecortada. Pasó sus manos por su cabello varias veces. El dolor en el pecho y la sensación de pérdida eran insoportables. La tristeza de que algo o alguien le faltaba lo consumía en secreto, entonces recordó esos ojos grises que se quedaron impregnados en su mente. Y aunque había pasado un año, ese hermoso rostro no salía de su cabeza.
***
—Hola, preciosa. —El pelirrojo besó sus labios con pasión y la sostuvo y de la espalda baja.
—¿A dónde me llevas? —Ella preguntó intrigada, pues él empezó a dirigirla por un túnel oscuro.
—A la gloria, preciosa. A la gloria.
***
—Jing, encontramos a otra chica muerta en las afueras de Jeng. —Esteban informó al grupo.
—¿Ella también tenía rastro de haber tenido relaciones sexuales? —Jing preguntó indignado con los últimos sucesos.
—Sí, es la misma situación. Parece ser que el asesino las seduce, tiene relaciones y luego le saca toda la sangre. —Nico añadió.
—No entiendo el propósito de sus actos. —Bruno comentó.
—Debe ser uno de esos psicópatas de mierda. —Nico espetó apretando los puños.
—Debemos estar atentos a su próximo ataque, él tiende a cambiar de lugares y ataca cada cuatro meses. —Jing informó y ellos asintieron.
***
—Vamos, Lían. No seas aburrido. —Beka juntó sus manos con expresión de ruego e hizo un puchero.
—No estoy de humor, Beka.
—Lían, últimamente estás insoportable. Viajé para pasar tiempo contigo y tú solo quieres estar encerrado. —La rubia se quejó decepcionada. Estaba preocupada por su amigo, debido a que por tiempo se aislaba y su mirada reflejaba tristeza. Ella había viajado desde el reino del Norte para pasarse unos días con él y poner en práctica su plan de conquista, pues le gustaba Lían y ya era tiempo de pasar el límite de la amistad.
—Lo siento, Beka. Disculpa lo aguafiestas que soy, pero escogiste un mal momento. —Lían se excusó.
—¿Y por qué es un mal momento? Es más, creo que vine en el tiempo indicado, puesto que necesitas que te suba el ánimo.
—No te vas a rendir, ¿cierto? —Él la miró resignado.
—Pues no —respondió con una sonrisa que él le devolvió.
***
Diana respiró satisfecha al mirar el resultado. Ya tenía una semana en Destello y por fin encontró una pieza que le quedaba cerca del centro de la ciudad y era económica. Cuando la vio por primera vez le dio ganas de llorar por el estado de abandono del lugar, pero el arrendador no le cobró por adelantado para que ella lo arreglara a su gusto. Se dirigió al baño y abrió la ducha, las gotas se deshacían de las salpicaduras de pintura rosa y blanca. Cerró sus ojos mientras disfrutaba la relajante sensación al recorrerla el agua caliente.
Después de una ducha reparadora y una sopa instantánea, la cama se sintió increíble al caer en ella. ¡Estaba tan cansada! Le tomó todo el día arreglar su nuevo hogar y aún le faltaron algunas cosas, así que aprovecharía el último que tenía libre, puesto que pronto empezaría a trabajar. Estaba satisfecha de encontrar una repostería llamada Dellis en el centro de Zafiro, donde servían los postres más deliciosos y exóticos de la ciudad. Ella empezaría haciendo cosas simples y dependiendo de su desempeño podría ser una de las reposteras del lugar.
Pronto sus ojos se cerraron y ella se quedó rendida.
—¡Eres un aprovechado! —Ella pellizcó la nariz de él, quien le había robado de su helado con su pequeña cucharita.
—Es que eres una mezquina. Yo te di del mío, lo menos que debes hacer es brindarme del tuyo también.
—No tienes justificación, principito. —Le apuntó con el dedo y él se lo mordió—. ¡Oye! —Ella volvió a pellizcarle la nariz.
—Eres una sádica, mi hermosa estrella plateada. —Él le sonrió y ella se perdió en esos hermosos hoyuelos que se le formaban cuando lo hacía. Él besó sus labios al descubrirla babeando mientras lo miraba.
—Lían... —Diana balbuceaba mientras daba vueltas sobre la cama.
***
—¡Ten cuidado, Lían! —Jinag gritó cuando un atacante lo sorprendió por detrás mientras él cerraba un portal. Lían se giró y cubrió su rostro con sus brazos, entonces ambos fueron heridos por la espada del intruso. Jinag saltó por encima de ellos y traspasó a su enemigo.
—¡Vaya eso estuvo cerca! —Lían exclamó observando el cadáver.
—¡Estás mal herido! —Ella lo miró aterrada—. Te voy a transportar para que curen tus heridas y yo me quedo cerrando el portal.
—¡No te dejaré sola! Es obvio que hay asaltantes merodeando este planeta. —Lían replicó.
Jinag frunció el cejo y apuntó hacia sus manos ensangrentadas.
—Pues no creo que puedas hacer mucho así. No te preocupes, le enviaré una señal a John.
—Esperaré a qué venga John, entonces.
—¡Eres demasiado terco, Lían! —Ella resopló rendida y sacó su comunicador.
Lían estaba sentado en la sala con sus dos manos vendadas, totalmente aburrido.
—¡Qué fastidio! —expresó con un gruñido—. Tres días aquí encerrado y sin poder hacer lo más mínimo. Tengo tanto deseo de un trozo de pastel de naranja, pero nadie sabe hacerlo como me gustaría que lo hicieran. No logro recordar dónde había probado ese pastel, ¿habrá sido en Lucero Verde? —Se quedó pensativo.
—Señor, su baño está listo —Una joven sirvienta hizo reverencia, mirándola él de soslayo.
Él le pidió a la joven que se volteara para sentirse menos expuesto ante ella y se metió en la bañera, una vez dentro de esta, ella tomó una esponja con espuma y empezó a bañarlo. Lían frunció el ceño cuando la sirvienta se esmeró en dejar limpia su parte íntima.
—Si sigues frotando lo vas a desaparecer —comentó con reclamo en su voz y ella se sonrojó.
—Mi señor, usted se ve muy tenso. Yo sé cómo hacer que se sienta mejor —propuso con picardía, mas él bufó.
—Lo siento, pero no necesito tus favores sexuales. Sal de aquí y no vuelvas a entrar.
—Pero, su majestad, fui asignada para su baño mientras esté discapacitado. —Ella replicó.
—Pues tu asignación termina hoy. Al parecer, no sabes la diferencia entre bañar y acosar. Por poco me masturbas y encima te atreves a insinuarte. Si mi padre se entera podrías perder tu trabajo por indecente.
—Lo siento, señor. —Ella hizo reverencia.
—No te preocupes, no le diré. Pero no te quiero cerca de mí.
—Pero debo bañarlo.
—No lo harás más. No soy un discapacitado como dices o como mis padres insinúan. Son unos exagerados y ya me estoy aburriendo de esta situación. No te preocupes, cualquier cosa me echo la culpa.
La chica asintió y salió del baño. Lían cerró los ojos para disfrutar del relajante líquido aromatizado. De repente, se espantó al sentir unas manos masajear sus hombros.
—Hola, guapo. —La chica besó su mejilla.
—¿Qué haces aquí, Beka? ¿Tan aburrido es el reino del Norte? —bromeó.
—Sin ti cualquier lugar es aburrido. —Siguió masajeando—. Pero vine a cuidarte.
—No necesito que me cuides.
—¡Claro que sí! —Se puso de pie y tomó la toalla que colgaba cerca de la bañera. Lían se puso de pies a espaldas de ella, quien lo cubrió desde la cintura con la tela.
—Necesito privacidad.
—¿Crees que puedas solo? Yo puedo ayudarte —ofreció con tono seductor.
—Gracias por el ofrecimiento, pero estoy herido, no manco.
—Como digas. —Ella se acercó y rodeó el cuello del rizado con sus brazos—. Estás muy malhumorado últimamente, sé lo que necesitas.
—¿Ah sí? —Enarcó una ceja—. Según tú, ¿qué necesito?
—Un trozo de pastel.
—Eso se lo puedo pedir a la criada. —Sonrió con ironía.
—Pero yo te lo traeré de Dellis, sé que te encantan sus pasteles. De todas formas, debo hacer algunas compras, ya que me quedaré a cuidarte.
—Creo que es una excusa. —Él sonrió—. A veces siento que usas nuestra amistad para venirte para acá, presiento que no te gusta la ciudad Diamante.
—Digamos que todo lo que me interesa está en esta ciudad. —Beka insinuó mirándolo con intensidad. Se acercó a él y sus labios se rozaron, pero Lían se alejó como si ella tuviera la peste.
—Mejor me voy. —Beka dijo temblorosa y con el corazón latiendo frenético. No podía creer que tuvo el coraje de intentar besarlo.
***
Diana tarareaba llena de felicidad. Tenía más de una semana trabajando en aquella repostería y cada día que pasaba le encantaba más el lugar. Estaba fascinada con la variedad y delicadeza de sus postres asimismo lo deliciosos que eran. Ella se encargaba de atender a los clientes, hacer recomendaciones y preparar algunas cosas sencillas. Los reposteros de la tienda eran muy profesionales y reconocidos y se consideraba un privilegio llegar a tener ese título en la repostería Dellis.
Diana estaba organizando un pedido cuando una cliente se dirigió a ella.
—Hola, me gustaría un pastel de chocolate, pero no quiero que sea solo ese sabor, ¿qué me recomiendas?
Diana se quedó pensativa un rato.
—¿Le gusta la menta? —preguntó después de su meditación.
—Pues no es para mí, es un regalo. El chico que me gusta es amante de los postres y le encanta el chocolate, pero quiero variar.
—Bueno, yo te recomendaría el flan de naranja con bizcocho de chocolate. Es un delicioso flan que combina bien el sabor cítrico con la masa suave y jugosa de chocolate. Es una especialidad aquí y todos los que lo prueban quedan fascinados.
—Pues me llevaré ese. —La rubia pidió con una sonrisa. Diana la escaneó por un momento, fascinada con su presencia. Ella era muy linda; su cabello rubio, largo y brilloso caía con gracia por su estético cuerpo llegándole a la cintura, su vestimenta era elegante y le daba un porte de autoridad y delicadeza. Pero fueron sus ojos verdes lo que más le llamaron la atención, porque aparte de la familia Harrison, no había visto ese color de ojos antes, pese a que el tono y la intensidad en la mirada era diferente.
Diana empacó el pastel en una caja negra con naranja y un lazo muy elegante y estético.
—Espero que a tu chico le guste el pastel. —Diana enunció con una sonrisa y la chica le agradeció.
Una vez terminó de asistirle, se quedó observándola hasta que ella desapareció de su campo de visión.
***
La joven tomó su comunicador y marcó el número de su primo.
—¿Qué quieres? —Se escuchó desde la otra línea—. No, déjame adivinar, más dinero.
—Sí... —La chica arrastró el monosílabo—. Pero es que con este trabajo de sirvienta no me da ni para lo básico.
—Pero estás trabajando en la casa de un príncipe. Deben pagarte muy bien.
—No es suficiente para mí. Además, estoy cansada de ser una sirvienta, eres rico, deberías ayudarme y compartir tu riqueza conmigo.
—Yo hice un sacrificio muy grande y ahora disfruto de los resultados. Eres joven y hermosa, si sabes utilizar tus encantos podrás engatusar a un hombre rico y tener esa vida que deseas.
—Estoy trabajando en eso, pero mientras tanto necesito dinero.
—Está bien, pero será la última vez. Consíguete a un hombre que te dé todo lo que quieras y a mí déjame tranquilo —rechistó con hastío y cerró la llamada.
—¡Mezquino! —Ella guardó su comunicador y se recostó de la pared con una sonrisa maliciosa—. Lían Patrick, tú serás mi salida de la pobreza, bombón. Te voy a conquistar para que tú me conviertas en tu esposa y así dejaré de ser una simple sirvienta y disfrutaré de todo tu dinero.