Capítulo 4
—Me encanta bañarme en este río, no es hondo y la arena se siente acolchada, es agradable el contacto con los pies. —Diana informó mientras se deshacía de su vestido, luego se quitó su ropa interior, quedando completamente desnuda delante de él. El chico tragó pesado y su corazón latió con agitación.
—¿Qué haces? —inquirió con voz temblorosa.
—Voy a refrescarme. ¿Quieres acompañarme? —invitó con una sonrisa coqueta y se metió al agua. Él se desvistió con rapidez y la siguió con la respiración agitada. Jugaron con el líquido cristalino un rato, hasta que el rizado la atrajo a su cuerpo y empezó a devorar su boca.
Diana se despertó con lágrimas en los ojos. Tenía varios días que no soñaba con el chico misterioso y volver a sentir sus besos y caricias en sueño, le provocó tristeza al despertar a la realidad. A veces deseaba quedarse en sus sueños, sintiendo ese gran amor que compartía allí con aquel extraño. ¿Acaso se estaba volviendo loca? ¿Necesitaba algún tipo de ayuda? Corrió al baño al recordar que tenía que trabajar ese día.
***
A Lían le brillaron los ojos cuando se vio sin el vendaje en las manos. Jing le aplicó crema para que no le quede cicatriz y Lían celebró su libertad.
—¡Qué exagerado eres! —Su padre espetó divertido y Lían lo miró con dramatismo.
—¡¿Exagerado?! Si me tenían preso aquí y me trataban como si estuviera manco. Por fin podré ir a misiones y pasear con mis amigos. Por cierto, Beka y yo saldremos esta tarde, vamos a celebrar mi libertad comprando pastel en Dellis. ¿Quieres que te traiga algo?
—Tráele a tu madre. Anda con las hormonas revueltas y devorando todo a su paso. —Jing exhaló un suspiro.
—Papá... —Lían lo miró de forma acusatoria y Jing se encogió de hombros
—La semi inmortalidad incluye no perder tus facultades para tener hijos. Es decir, Leela tiene todas sus funciones reproductivas activas hasta que envejezcamos, no solo nos vemos jóvenes, estamos jóvenes.
Lían agrandó los ojos y dejó caer su quijada.
—Entonces... —El rizado balbuceó pasmado.
—Ya no eres el menor, Lían. Leela está embarazada, no entiendo cómo pasó porque nos cuidamos... Cómo sea, tendré que soportar su mal genio por nueve meses.
—¡Vaya! Nosotros no somos una familia normal. —Lían bajó el rostro impresionado aún.
—¿Hasta ahora te das cuenta? —Jing enarcó una ceja y Lían estalló de la risa. La situación le era divertida y hasta le daba curiosidad de ver a sus padres embarazados.
—¡Felicidades, papá! —Lían lo abrazó. Jing sonrió sonrojado.
—Gracias, Lían. Por cierto, háblame de Beka. Ustedes son muy unidos y ella se la pasa aquí casi todo el tiempo...
—Es mi amiga, solo eso. —Después de responder cortante, Lían reflexionó unos segundos y miró a su padre dubitativo—. Papá... —Su voz salió temblorosa—. Una vez nos contaste sobre tu viaje en la Tierra y como mi madre y tú vivieron una vida paralela... ¿Qué sentías cuando estabas en la otra vida? ¿Lo recuerdas?
Jing meditó un rato.
—A decir verdad, nunca recordé esa vida. Pero Leela te podría decir, pues a ella le dieron sus recuerdos y eso incluyó el tiempo que vivió como Nora. ¿Por qué lo preguntas?
—Pues... —Dudaba si hablar de aquello, pues no quería pasar por loco o tonto—. A veces me da la impresión de que perdí parte de mi vida, recuerdos y personas importantes, en especial... —Suspiró—. En especial, alguien a quien amé mucho y una parte de mí demanda. Tengo algunos sueños donde llamo a una chica con desesperación y dolor, escucho su voz llamarme como si me necesitara, pero no logro recordar su nombre. ¿Crees que estoy loco? —preguntó con angustia en sus ojos.
—No… —Jing lo miró comprensivo—. A veces me da esa sensación y hasta siento que tengo déjà vu muy a menudo. En cuanto a lo que dices de la chica, no sabría qué decirte, tal vez es un deseo en tu subconsciente, puede que te estés inhibiendo y tus sueños sean un reflejo de eso. ¿No te gusta ninguna jovencita?
—Pues... Beka no me gusta de esa forma ni Nancy tampoco... Bueno, sí hay una chica que me dejó prendido, pero solo fue una simple atracción y jamás volví a verla...
—¡No me digas! —Jing sonrió malicioso—. Hace un año de eso, Lían.
—Lo sé, pero es la única chica que me ha interesado o la última por la que me he sentido atraído. No sé, mi cabeza es un lío —dijo sonrojado—. Olvídalo, es una tontería mía, es loco pensar en una mujer que vive en otro mundo, mis posibilidades son nulas.
—¡Lían, debemos irnos! —Beka apareció en su campo de visión.
—Sí, vamos. —Él extendió su mano y ella la tomó con los ojos brillosos y mejillas sonrojadas—. ¿De chocolate? —Lían se dirigió a Jing.
—Trae uno de chocolate y otro diferente. —Jing pidió.
—Adiós, señor. —Beka se despidió ondeando la mano y Lían la jaló, sacando carcajadas a su amiga.
***
—Diana, ya puedes irte. —Su jefe le avisó. Ella se dirigió al área de los empleados, se quitó el delantal, lo guardó en su armario, tomó su mochila y se despidió de todos sonriente. Tendría la tarde para ella, pues ese día le tocó turno en la mañana.
—¡Ya llegamos! —Beka juntó sus manos emocionada y Lían sonrió satisfecho. Estaba ansioso por entrar allí y degustar esas delicias, mientras se tomaba un café cremoso.
Diana estaba saliendo cuando se le cayó un papel que llevaba en las manos, ella se agachó para recogerlo mientras la pareja le pasaba por el lado. Al incorporarse, ya estos habían entrado a la repostería.
—¿No deberías buscar en las vitrinas? —Lían se mofó de Beka al verla examinar el lugar como si quisiera encontrar a alguien.
—Busco a la chica que me asistió la última vez que vine, fue ella quien me recomendó el flan de naranja con pastel de chocolate —informó caminando en dirección al mostrador—. Pero al parecer no está aquí hoy.
—Ese postre estaba delicioso, tenía mis dos sabores favoritos.
—No sabía que te gustara el sabor de la naranja en los pasteles, siempre mostraste favoritismo por el chocolate.
—Sí, pero no sé. Un día desperté con un deseo inmenso de comer pastel de naranja y con la certeza de que era mi sabor favorito. Lo extraño es que, ningún pastel de naranja llena mis expectativas, es raro.
Beka sonrió y ambos hicieron su pedido. Se dirigieron a una de las mesas que quedaba cerca de la ventana de cristal.
Diana estaba parada frente al Dellis, observando el papelito. Allí estaba anotado un proveedor de ingredientes de repostería que una compañera le había dado. Estaba guardando la información en su comunicador, antes de irse a almorzar. Aunque ya era de tarde, no tuvo chance de hacerlo, pues aprovechó la hora del almuerzo para observar a los reposteros del lugar y aprender de ellos.
—Entonces, hay un psicópata que mata mujeres cada cierto tiempo. —Beka confirmó con cara de disgusto.
—Así es. Debo investigar todos los posibles perfiles y buscar en la base de datos de algún hospital mental. Es mi parte, mientras que tu padre visitará los lugares donde el antisocial ha asesinado y tratar de conectar los casos para encontrar, aunque sea un sospechoso... —Lían hizo silencio y su corazón empezó a latir con gran agitación. Beka miró en dirección a donde se encontraba su atención y no vio nada fuera de lo común.
—Lían... —Topó su hombro y él se espantó.
—Vuelvo en seguida —dijo con voz temblorosa y salió corriendo del lugar, dejando a su amiga confundida y sorprendida.
Lían corrió con desesperación mientras buscaba por todos lados, él la había visto, ella estaba allí. Se apresuró a donde la había visto antes, pero no la encontró. Apretó su cabello y se quedó un rato allí parado, totalmente decepcionado.
«Yo la vi. No pude haberlo imaginado; era ella, estoy seguro», pensó angustiado.
Caminó cabizbajo y preocupado por su reacción. ¿Por qué corrió como loco al creer ver a esa chica? ¿Cuál era la razón de su reacción y de que su corazón saltara en su pecho?
—¡Lían! —Beka vino a su encuentro preocupada—. ¿Qué rayos fue eso?
—Pues... —Rascó su nuca—. Creí ver algo sospechoso, pero no fue nada.
—¿Seguro? —Ella cuestionó no muy convencida, mas él asintió atolondrado.
***
Después de almorzar en un restaurante económico, Diana se dirigió a la tienda que su amiga le recomendó. Estar allí se sentía como el paraíso, admiró cada cosa de la tienda y no se percató de la hora. Había anochecido cuando salió de allí, caminó por las oscuras calles, donde rara vez pasaban algunos caballos o carros voladores. Su pieza no estaba alejada y no tardaría mucho en llegar. Ese día las calles estaban más solitarias que de costumbre, aunque en el vecindario donde ella vivía, aquello era común. Diana apresuró el paso al sentirse perseguida, sudores fríos rodaban por su frente y sentía como se le iba el aliento. Puso sus paquetes sobre el pavimento, se alejó de ellos y saltó por los aires; dos atacantes arremetieron contra ella con espada en manos. Diana giró y golpeó sus estómagos, subió más alto de la que ya estaba, como si fuera una bala disparada, desapareció delante de ellos y los atacantes cayeron al suelo inconscientes.
—¡Escaparon! —¡Esa voz! Diana se quedó paralizada al reconocer al chico, nunca olvidaría aquella voz que la estremecía por completo. Él se acercó a ella con una chica pelinegra y algunos años mayor que él, ambos la abordaron y luego miraron a los hombres que yacían en el suelo.
—¿Tú los venciste? —La pelinegra preguntó pasmada. Diana la reconoció, ella era la hermana del chico que tenía la sonrisa más hermosa que ella había visto—. ¿Te conozco? —Jinag se acercó examinándola con la mirada.
—¡Eres tú! —Lían espetó acortando la distancia con Diana—. No estaba alucinando, sí eras tú. —Sus ojos brillaron y una sonrisa se dibujó en sus labios.