Sueños 2
—Ah... —Un gemido sonoro salió de sus labios, su cuerpo temblaba y gotas de sudor emanaban de su piel. La cabeza cubierta de ondas sedosas que se convertían en bellos rizos en la punta, descansó sobre su busto inundando su piel con su cálida y acelerada respiración. Le encantaba estar así con él después de una buena sesión de sexo. Disfrutaba enredar sus dedos entre sus ondas y que él le acariciara el hombro con su dedo índice.
—¿Me hornearás un pastel, hoy? —Su voz suave y varonil era música para sus oídos. Lo amaba y le encantaba cuando le pedía que cocinara para él, pues le hacía sentir la mejor cocinera del mundo.
—Sí, hornearé lo que desees, tú solo pídeme lo que quieras —respondió con una gran sonrisa y él pegó sus frentes y besó su nariz.
—¡Pastel de naranja! —pidió con entusiasmo.
—Tu favorito. —Ella acarició su mejilla con ternura.
Diana se despertó sonriente y un poco acalorada. No entendía la raíz de esos sueños, tal vez era la necesidad de compañía o ya era el tiempo de tener una pareja. Cualquiera sea el motivo, ya tenía un año soñando con aquel hombre, pero nunca recordaba su rostro.
Se dirigió a la cocina donde sus padres y hermano la esperaban con un pastel y un delicioso desayuno bien elaborado.
—¡Feliz cumpleaños veintitrés! —Los tres gritaron al unísono y ella no pudo evitar sonreír como tonta. Amaba esos detalles y cómo su familia buscaba la forma de hacerla sonreír, puesto que había días en los que estaba depresiva sin ninguna razón y duraba semanas aislada y triste.
—¡Gracias! ¡Qué hermoso detalle! —Diana chilló emocionada y su madre fue la primera en abrazarla.
Después de desayunar, Diana miró a su familia con nerviosismo y seriedad.
—Papá, mamá, Doel. —Dejó salir un suspiro—. Quiero agradecerles por tratar de subirme el ánimo y por todo el apoyo que me han brindado. Fueron un buen soporte cuando decidí independizarme e irme a vivir a la región de Fuego, todo el tiempo que duré allí fue sustancial, aunque difícil, pero ustedes siempre me motivaron a continuar y no rendirme. Gracias a eso aprendí mucho allí, pero no es suficiente para mí, no es lo que quiero en realidad.
—¿A qué te refieres? —Dimitri cuestionó perplejo—. Creí que la repostería era tu pasión.
—Y lo es, más no es mi único sueño. Deseo tener mi propia repostería y conocer nuevos lugares, necesito salir de Lucero Verde.
—¿Qué? —Ana preguntó confundida, no es común que alguien desee aquello.
—Sé que creerán que me volví loca, pero siento que mi destino no está en este mundo, es como si algo me faltara y ese algo no está en Lucero Verde. No me miren así, ni yo entiendo esta sensación, solo sé que es lo que me tiene depresiva. Siento que dejé algo inconcluso, a veces me da la impresión de que alguien espera por mi en algún lugar y solo quiero descubrir de que se trata todo esto.
—No lo entiendo, pero sabes que te apoyaré en todo, polilla. —Dimitri dijo desconcertado aún.
—Gracias, papá. Cuando viajamos a Zafiro me sentí parte de allí y quedé enamorada de aquella ciudad. Me dio la sensación de que era mi lugar y solo quiero confirmar que no estoy loca.
Después de aquella extraña conversación con su familia, Diana se dirigió a casa de Ulises, pero él había ido de misión junto a los padres de Lían y regresaría dentro de unos meses.
***
Destello
—Nikaus, deja de mencionarlo. —Lían se quejó—. Te he dicho que no.
—Pero es que no lo entiendo, Lían. La chica es hermosa, una princesa y está loca por ti. —El rubio de ojos azules claros recalcó.
—No me gusta Beka, solo es mi amiga.
—Entonces te voy a presentar a una amiga para que la pases bien, no recuerdo la última vez que saliste con alguien.
—No, gracias. —Lían respondió tajante—. Cuando quiera salir con una chica yo mismo la invitaré. No necesito intermediario.
—Como digas, le diré a Otelo que me acompañe. —El rubio dijo resignado.
—No creo que Otelo te acompañe a ligar, él está enamorado.
—¡No te creo! —Nikaus espetó divertido—. ¿Quién es la desafortunada?
—Ni idea. No me lo ha querido decir, pero está loquito por esa chica. —Lían respondió con una sonrisa.
—Debe ser una de esas ricuras de la tribu de Cristal, mamacitas todas.
—Ummm... No lo sé, pero debe ser alguien especial. Por cierto, Nancy es bonita, ¿no te has fijado? —Lían dijo con picardía y sugerente por lo que el rubio bufó.
—No me he fijado, ella es un poco... ¿Cómo lo diría? ¿Aburrida?
—Solo es tímida, pero es una buena chica, deberías prestarle más atención.
—¿Y por qué debo hacer eso? ¡Agh! Además, Lars me mataría, ese tipo es celoso con su hija. A propósito, hay algo que no entiendo —dijo pensativo, como si tratara de descifrar un misterio—. Otelo es un pendejo, al igual que tú, pero un poco más pendejo. Nancy una santurrona fresita, una chica que debe empalagar, me imagino. —Lían entornó los ojos esperando el gran disparate con el que saldría su amigo—. Pero son hijos de Lars, el gran y temido Lars, para nada un pendejo ni rarito. Bueno, Norma es medio fresita, así que me imagino que Nancy heredó eso de ella, pero ¿Otelo? Él es hijo de Lars y la princesa más candente que hubo en su tiempo, dicen que ella fue muy hermosa y una arpía de lo peor, al menos eso me dijo mi padre.
—He escuchado algunas cosas, mi madre no la soporta. —Lían dejó salir una risita—. Ella era considerada la posible pareja de papá y ellos tuvieron su tensión, pero tienes razón, según he escuchado esa princesa no era muy buena que digamos. Lars la dejó porque le pegó los cuernos cuando Otelo era un bebé, ella nunca se quiso casar con él, solo lo quería en su cama.
—Bueno, por lo menos se casó con una mujer que vale la pena, pero he escuchado que Lars nunca la olvidó. —El rubio dijo divertido.
—¡Y dicen que las mujeres somos las chismosas! —Beka los sorprendió con una sonrisa maliciosa.
—Hola, bombón. —Nikaus saludó tirando un beso al aire y ella entornó los ojos.
—Hola, tarado —dijo fastidiada—. Te he dicho que no me digas bombón, idiota. ¿Es tan difícil llamarme por mi nombre?
—Prefiero llamarte por un adjetivo que te califique, por ejemplo, ahí viene miss pendeja —dijo apuntando a una chica bajita y bien vestida con un vestido corto color rosa, su cabello castaño y lacio caía por encima de sus hombros, bien peinado y con una pollina recta que cubría su frente. Sus ojos azules como el océano eran deslumbrantes y sus mejillas siempre estaban rosadas.
—Hola, Nancy. —Lían y Beka saludaron.
—Hola, chicos —respondió sonriente y su expresión cambió al encontrarse con los ojos claros de Nikaus. Sus mejillas se sonrojaron y sus manos empezaron a sudar—. H-Hola, Nikaus —tartamudeó con timidez y él solo asintió.
—Entonces solo falta Otelo. —Beka dijo mientras sostenía las manos de Lían.
—¡Aquí estoy chicos! —Un joven alto y delgado de cabello rizado y negro que le llegaba hasta los hombros; piel bronceada y ojos amarillos, se acercó a Nancy, su media hermana, y besó su mejilla. Los jóvenes se dirigieron al centro de la ciudad, donde Lían pasaría su cumpleaños, pues se volvió costumbre entre ellos hacer ese tipo de salidas cuando uno del grupo festejada su nacimiento.
***
Tres meses después...
Lucero verde
—Entonces quieres viajar a Destello. —Ulises examinaba a Diana minuciosamente sin dar crédito a lo que había escuchado.
—Sí, quiero vivir en el mundo donde mi padre nació, es parte de mi origen, no le veo lo raro.
—¿Estás segura, Diana?
—Sí, tío. Ya lo he pensado mucho y realmente quiero ir allá. No sabría explicarlo, pero necesito hacerlo.
—Sabes que estarás lejos de tu familia y que no los verás muy seguido... La transportación es algo serio y que no se debe hacer mucho o traería desequilibrio.
—Estoy consciente de ello, tío. Quiero hacerlo, por favor.
Ulises suspiró resignado.
—Bien, te ayudaré; pero debes seguir todas mis instrucciones, Diana. Es algo serio y arriesgado que debe hacerse con la presencia de un guardián. La pulsera que te regalé te ayudará a transportarte, pero lo harás bajo mi supervisión. Voy a poner un radar de comunicación que enviará una señal cuando quieras regresar. Diana, solo debes hacerlo cuando yo responda de vuelta, si no recibes mi señal, no viajes. ¿Me entendiste?
Ella asintió.
—Bien. De todas formas, si algo sucede, siéntete libre de buscar a los guardianes de Destello y ellos te ayudarán. Primero viajaré yo para buscarte dinero Destellano y un lugar donde quedarte, Jing y Leela te pueden alojar...
—¡No! —Diana lo interrumpió—. Solo te permitiré que me des dinero de Destello y a cambio te doy su valor en la moneda de aquí. Tengo dinero ahorrado, yo quiero hacer esto por mi cuenta, tío. Por favor, no hagas más de lo que te estoy pidiendo.
—No sé, Diana… —Ulises la miró con preocupación—. No estaría tranquilo, vas a estar sola en ese mundo...
—Tío —lo volvió a interrumpir—. Te aseguro que si algo sale mal o tengo alguna necesidad te lo haré saber o busco la ayuda de los Patrick, pero déjame hacer esto por mi cuenta, por favor. —Diana rogó y él sonrió.
—Está bien, preciosa. Pero cualquier cosa me dices, no entiendo el porqué de irte a otro mundo, mas yo lo hice y Eli también.
—Y mi padre. Todos ustedes renunciaron al mundo donde nacieron y adoptaron Lucero Verde como su hogar, cada cual por diferentes razones y situaciones. Estaré bien, tío. —Diana aseguró con una sonrisa y Ulises asintió orgulloso de lo mucho que su sobrina había cambiado y madurado.