Sueños 1
Introducción
Sueños es un corto especial sobre la vida de Diana y Lían, después de que se les borrara sus recuerdos del año en que fueron transportados a la tierra.
Aunque pertenece a la saga Mundos, no es Mundo Paralelo y es una pequeña historia romántica.
La pareja se reencuentra y entre ellos surge una amistad acompañada de una intensa atracción y la sensación de haberse conocido antes. Diana tiende a soñar con un joven a quien no puede ver su rostro y su preocupación no es solo la sensación de tristeza y nostalgia al otro día, muchas veces es la excitación de algunos sueños donde ella tiene relaciones sexuales con aquel extraño. A medida en que la pareja se va relacionando, el rostro del joven se hace más claro y la preocupación y tensión de nuestra protagonista empeora al descubrir quién es el chico de sus sueños.
Lían por su parte encuentra un artefacto que lo hará abrir una investigación para completar esos recuerdos que cree que ha perdido.
Nuevos enemigos y luchas, tanto externas como internas. Donde el amor se impone contra todos los obstáculos y las rivalidades.
¿Creen que esta pareja logre superar las barreras que los separan?
Capítulo 1
Sus besos dulces la enloquecían, sus dedos traviesos jugueteaban sobre su ombligo y sus labios acariciaban su cuello. Un gemido de parte de ella provocó un gruñido en él.
—¿Mi leoncito está gruñendo? —dijo divertida y él soltó una carcajada.
—Te amo —susurró sobre sus labios.
—Yo también te amo. —Ella respondió antes de devorar su boca.
Diana despertó llorando otra vez. No entendía la razón de sus sueños, tampoco la nostalgia en su pecho. Respiró varias veces y se adentró al baño, abrió la ducha y entonces se percató de que tenía el pijama puesto. Se quitó la ropa mojada decidida a tirarla sobre el piso, pero algo la detuvo. Por alguna extraña razón, sentía que alguien aparte de sus padres le había reprendido por aquella acción. Echó la ropa dentro del canasto para lavarla cuando se vistiera.
—¡Buenos días, polilla! —Dimitri la recibió con una gran sonrisa y ella le devolvió el gesto. Después de que pasaran aquella semana en el mundo de él, meses atrás, su padre se veía más relajado y feliz. Ella se sentó frente a este y al lado de su hermano.
—¡No me beses! —El chico se quejó limpiando su mejilla—. Deberías buscarte un novio o volver con Dan, parece que la falta de un hombre te está volviendo más melosa. ¡Qué desagradable! —Su hermano bufó y Diana le pellizcó el cachete.
—¡Deja de decir tonterías! Antes te gustaba que te diera muchos besos, pero estos carajos cuando crecen se vuelven muy creídos —dijo divertida y él resopló.
—Chicos, Ulises nos invitó a almorzar junto a la familia Patrick. Entonces nos iremos antes del mediodía. —Dimitri avisó.
Diana escupió su jugo y Doel agrandó los ojos. Ambos chicos observaban a su padre con asombro, por lo tanto, Dimitri entornó los ojos ante la exageración en sus reacciones.
—¡Dejen de mirarme así, carajo! —gruñó con incomodidad y Ana dejó salir una risita.
—¿Dónde está mi papi? Mami, ¿acaso lo cambiaste por otro? —Diana bromeó sin salir de su asombro. Ana estalló en carcajadas al notar el leve sonrojo en las mejillas de su esposo.
—No lo entiendo. —Doel dijo confundido—. Se supone que no nos juntamos con los Patrick.
—Eso va a cambiar. No tiene sentido tener enemistad con ellos sin ninguna razón, además, es incómodo y cansón. —Dimitri concluyó parándose de la mesa y ellos dos se miraron con la boca abierta, sonrieron y se encogieron de hombros.
Diana tomó su palo volador y emprendió el vuelo sobre los campos de Arcoíris. El aire puro, el polen de las flores, la frescura del agua cuando sus pies rozaban el riachuelo y la belleza de aquel colorido paisaje le encantaba. Amaba su mundo y sus riquezas naturales, sin embargo, ya no se sentía parte de él. La ciudad de Zafiro se quedó impregnada en su mente y se imaginaba viviendo allí, aprendiendo a hornear los postres de ellos y luego poniendo su propia tienda de dulces. Pero eso significaría desligarse completamente de su familia y su mundo, pues, aunque pudiera transportarse con la pulsera, no debía ser algo común ni a la ligera; después de todo, sería transportarse a otro mundo. Así que tenía que conformarse con la ciudad de Estrella verde en la región de Fuego. Por lo menos, podría ver a su familia seguido y sin riesgos.
Aterrizó en el patio de su casa y se puso sus zapatos, guardó su palo y se dirigió a su habitación a peinarse el cabello y poner labial sobre su boca.
La familia Pavlosky fue recibida por Nadia; Ulises y su familia saludaron con entusiasmo, pues era la primera vez que tendrían a los Pavlosky y a los Patrick juntos en su casa después de la restauración, veinticinco años atrás.
—Preciosa, no entiendo por qué me evades. Tan bien que la pasábamos tú y yo. —Dan abordó a Diana.
—Digamos que me cansé de perder mi tiempo contigo. No soy una adolescente calenturienta para estar en ese plan, Dan. Además, tengo otras cosas en mente ahora y en caso de que quiera tener una relación, sería algo maduro y serio, no un juego de niños. —Diana respondió tajante y él resopló insatisfecho.
—Como digas, bombón. Tú te lo pierdes. —Se alejó con una sonrisa. Diana sonrió divertida y se dirigió al patio, allí estaban los otros hijos de Ulises y Doel.
—Hola, chicos —saludó y ellos devolvieron el saludo.
—En cualquier momento llega Lían. —Eliana expresó con entusiasmo—. Él es tan lindo, me gustaría que me notara, pero Lían me trata como a un familiar. —La chica se lamentó.
—¿Quién es Lían? —Diana preguntó con el corazón acelerado, pues por alguna extraña razón, ese nombre se le hacía familiar.
—Es el hijo menor de los Patrick, es príncipe y guardián de Destello. —Eliana dijo con ojos brillosos.
—Es el amor platónico de Eliana. —Diego comentó divertido.
—¿Quién es el amor platónico de Eliana? —¡Esa voz! A Diana se le erizaron todos los vellos del cuerpo y se volteó por inercia en dirección al chico que había hablado. Ambos se miraron con incredulidad y sonrieron ante la coincidencia.
—¡Vaya! —Lían se acercó a ella como si solo ellos dos estuvieran allí—. ¡Nunca imaginé volver a verte y en este lugar!
—Yo tampoco. —Diana sonrió con flirteo—. Quién diría que serías un príncipe y que fueras amigo de los tíos.
—Bueno, nunca me hubiera imaginado que serías hija de Dimitri Pavlosky, la pesadilla de mi padre cuando él tenía más o menos mi edad. —Lían comentó divertido y Diana se acercó con una sonrisa desafiante.
—He escuchado algo sobre eso, mi padre es un guerrero muy poderoso. —Ella alardeó con orgullo.
—Pero nunca superó al mío, me pregunto: ¿Qué tan buena es la hija de Pavlosky en la batalla? —Lían se acercó más con una sonrisa coqueta.
—De seguro podría patearte el trasero. —Ella sonrió triunfante y se acercó más con la misma sonrisa.
—Señorita, esas no son las frases que una bella dama como tú debería utilizar en su vocabulario. —Rompió la distancia entre ellos quedando tan cerca que casi respiraban el mismo aire. Entonces hubo un momento de silencio donde sus miradas se entrelazaban y sus labios seguían curvados con una sonrisa de flirteo y desafío. Todos los observaban sorprendidos. Dan apareció de repente aclarando su garganta de forma sonora, ambos recuperaron su espacio personal, pero no dejaban de mirarse con esa sonrisita pícara y llena de coquetería.
—¿De dónde se conocen? —Un Dan no muy contento inquirió mirándolos con reclamo en sus orbes verdes.
—Fue en Zafiro, meses atrás. —Lían respondió sin dejar de mirar a Diana, acción que estaba incomodando a Eliana y a su hermano, pues la atracción entre ellos era muy obvia.
—Sí, fue cuando viajamos a Destello para celebrar mi cumpleaños. —Diana rompió el contacto visual con Lían para mirar a Dan.
—¿Tu cumpleaños? —Lían preguntó con incredulidad.
—Sí, precisamente el día que nos conocimos estaba cumpliendo años. —Diana respondió con una sonrisa que puso nervioso a Lían.
—¡Es increíble! Ese día era mi cumpleaños también. ¿Cuánto cumpliste? —preguntó con entusiasmo.
—Veintidós.
—¡En serio! —espetó emocionado—. ¡Yo también! ¡Vaya, preciosa! Tú y yo nacimos el mismo día. ¡Qué gran coincidencia! Lo más irónico de todo es que nos conocimos ese día.
—Sí, es muy raro. —Ella sonrió y ambos volvieron a tener ese cómodo silencio donde sus miradas se cruzaban. Dan aclaró su garganta por segunda vez y ellos rompieron el contacto de golpe y con un leve sonrojo.
—¡Chicos! —Dania gritó ondeando sus manos—. ¡El almuerzo está servido! —anunció. Los jóvenes entraron a la casa.
El almuerzo se dio cómodo y muy divertido con todas esas personas juntas y los chistes de Ulises y John. Luego los chicos fueron a recorrer los hermosos paisajes de alrededor montados a caballo.
—Hola, Jing. —Dimitri se acercó al príncipe, quien degustaba una copa de vino admirando el horizonte.
—Hola, Dimitri —saludó con una sonrisa.
—Solo quería... —Miró por todos lados, suspiró, peinó su cabello y, aun así, las palabras no le salían.
—Tranquilo. —Jing palmó su hombro—. Todo bien. El pasado está superado y no tengo nada en tu contra, Pavlosky. A decir verdad, me alegra que hayas encontrado tu lugar y convertido en un padre de familia. No sé por qué me da la impresión de que ya tuvimos una conversación similar. —Frunció el ceño.
—Pues sí. —Dimitri respondió—. Hasta me dio la impresión de que a tu hijo le gustó mi hija, pero es que Diana es una chica muy hermosa; claro, ese chico no tendría oportunidad con ella.
—¡No me digas! —Jing ironizó—. A mí me pareció que ella se sonrojaba cuando él la miraba, creo que ambos se sintieron atraídos.
—¡No digas tonterías, Jing! Es más, me llevo a mi hija de este lugar —Dimitri espetó enojado y Jing entornó los ojos—. ¡Diana! —El pelinegro empezó a buscarla mientras gritaba su nombre.
***
Ya estaba anocheciendo y los chicos regresaron de cabalgar. Diana y Lían fueron los últimos en salir de guardar sus caballos. Todos habían entrado a la casa, pero ellos se quedaron observando la puesta del sol sentados sobre un gran tronco frente al establo.
—Entonces piensas vivir por tu cuenta. —Lían comentó con una sonrisa y ella asintió.
—Ya he ahorrado lo suficiente para ir a vivir a la región del Fuego, no está muy alejada de aquí y podré visitar a mis padres muy seguido. Aún no les he contado sobre mi plan, tengo miedo. —Ella se abrazó a sí misma y Lían se quitó su larga chaqueta y se la puso encima de los hombros—. Gracias. —Diana sonrió como tonta y él mordió sus labios para ocultar la sonrisa que se le había dibujado.
—Mientras más rápido les digas mejor, así se van haciendo a la idea. Sería peor que le salgas con que te irás de repente; tus padres se ven buenas personas, estoy seguro de que te apoyarán.
—Sí, eso lo sé. Pero nunca he vivido por mi cuenta, será una experiencia difícil que quiero vivir. Ya envié la solicitud a una tienda de dulces famosa y ellos me aprobaron para ser su aprendiz. Mi plan es irme dentro de un mes y aprender de ellos mientras hago un trabajo de medio tiempo, con el dinero que tengo ahorrado alquilaría una habitación y compraría alimentos para sobrevivir hasta conseguir el empleo.
—¡Vaya! Eres una chica excepcional y muy valiente, de verdad te admiro mucho. —Lían dijo con un brillo especial en su mirada, mientras más conocía a la chica más fascinado se sentía con respecto a ella.
—Gracias. —Diana se sonrojó—. Por cierto, escuché que eres el guardián de Destello, ¿qué es lo que haces exactamente?
—A decir verdad, no soy el guardián de Destello, soy el hijo del guardián y mi hermano es quien va a heredar esa responsabilidad. Sí soy algo así como un guardián, junto a mi hermana velamos para proteger los portales e impedir que asaltadores espaciales tengan acceso a mundos receptivos como Lucero Verde. También creo tecnología para los guardianes y maestros guías.
—¡Increíble! —Diana espetó con fascinación y admiración—. Entonces eres una clase de genio o algo así.
Lían dejó salir una sonora carcajada.
—No lo sé, no me considero un genio. —La miró con una sonrisa seductora—. Pero gracias por el elogio.
No supieron en qué momento se acercaron tanto que sus narices se rozaron, pero estar así era muy agradable. Lían acarició su mentón y luego lo levantó un poco, sus labios se rozaron y sus alientos se mezclaron.
—¡Diana! —Ellos se distanciaron espantados y Diana puso su mano sobre su pecho del susto.
—¡Aquí estoy, papá! —Se levantó de golpe con marcado nerviosismo, se quitó la chaqueta de Lían y se la entregó.
—¡Fue un placer, Diana! —Lían gritó con el corazón acelerado. Ella se giró para encontrar su hermosa mirada miel.
—¿Cuándo te irás? —Ella preguntó con voz temblorosa.
—En la madrugada —respondió. Ella asintió con tristeza, pues esa sería la última vez que vería al chico con el que tuvo a punto de besarse y que a pesar de que apenas se conocían, provocaba todo un mar de sensaciones en ella.
—¡Que tengas buen viaje, Lían! —gritó mientras retrocedía ante las insistentes llamadas de su padre.
—¡Gracias! Espero que todo te salga bien y tengas éxitos con tu sueño —respondió con una sonrisa.
—¡Gracias, Lían! Espero volver a verte algún día. —Diana dijo sonriente y luego se volteó y corrió en dirección a su padre, quien continuaba llamándola con gran insistencia.
—Yo también espero volver a verte, chica de los ojos plateados. —Lían susurró para sí y mordió su labio inferior. Era una locura, pero la sensación de vacío y tristeza inundó su pecho al ver que ella salía de su campo de visión.