Capítulo 30

—¿Qué haces aquí? —Odiel cuestionó con reclamo. Él estaba sobre un gran árbol observando los campos de Nim.

—¿No fue exagerado venir a otra región? —Leela se sentó a su lado.

—Necesito pensar.

—¿Y para pensar tienes que venir tan lejos?

—¡Déjame en paz, chiflada!

—Para ser un maestro guía te comportas como un inmaduro infantil. —Ella bufó y él sonrió.

—Es tu efecto en mí. Sabes que siempre me has gustado, mi vida era fácil de esa manera...

—Pero ahora todo se complicó. —Leela sonrió—. Ella no está casada y siente lo mismo por ti.

—Para ser una loquilla eres muy observadora.

—Así es. Ella está esperando a que des el paso, deja tu miedo y confía en tus sentimientos. Lo que dijiste en el estudio de Ulises no iba dirigido a mí, es lo que esa guardiana guía provoca en ti. Pero para ti es más fácil creer que sigues sintiendo esas cosas por mí y no aceptar lo que les sucede.

—Es que nunca he tenido ese tipo de relación antes y tengo tantas responsabilidades, no sé cómo lidiar con esto, Leela.

—Ella también tiene responsabilidades y me imagino que teme al igual que tú, pero el temor no nos debe privar de las cosas que queremos y nos hacen felices; ustedes se ven muy bien juntos, deberías intentarlo. A Jing y a mí nos ha funcionado y también tenemos muchas responsabilidades, a ustedes también les irá bien. —Acarició sus manos.

—Gracias, Leela. —El mestizo sonrió y ambos se abrazaron.

***

—¡Vaya que tenías ganas! —Lían dijo con sorna mientras se vestían.

—¡Mira quién habla! —Ella sonrió mientras exprimía su cabello.

—Fuiste tú quien me atacó como leona hambrienta, pero me encantó esa parte pícara que te tenías bien guardada —espetó con coquetería y ella se le lanzó encima.

—Estoy feliz de que estés aquí. —Besó sus labios—. ¿Por cuánto tiempo te quedarás en Lucero Verde?

Lían acarició su cabello mojado con delicadeza y besó su nariz.

—Tenemos que hablar, Diana.

El rizado le contó lo que Odiel le había dicho mientras ella lo escuchaba en silencio, asimismo acariciaba sus rizos color chocolate mojados. Ambos estaban tirados sobre la grama con la mirada al cielo verde.

—Según Odiel, es peligroso que estés en este lugar lejos de mí. Las joyas tienen que estar juntas, es lo que se espera cuando escoges a tu complemento. Sin embargo, no te puedo obligar a que te vengas conmigo, pero sí estaría preocupado por tu seguridad, puesto que esa Sapria está merodeando y debe estar planeando algo. Odiel nos dijo que debes venir con nosotros hasta que resolvamos el asunto, después buscaríamos una solución. ¿Qué dices, mi estrella plateada?

Diana se quedó en silencio por unos segundos. Si bien le emocionaba la idea de irse con Lían y conocer su mundo, le entristecía tener que separarse de su familia otra vez, además temía por la reacción de su padre, él no permitiría que se la llevaran.

—Me encantaría irme contigo, pero no sé cómo convencer a mi padre.

—Odiel se encargará, él dice que el asunto es delicado. No te preocupes, cuidaré de ti.

Diana se aferró a su pecho llena de felicidad, no obstante, algo la molestó de repente.

—¿Y qué va a pasar con la princesa? Se supone que la ibas a escoger como complemento.

—Beka... —Se rascó la nuca—. Entre Beka y yo no hay nada más que una amistad, nunca le propuse nada, así que no tiene que ser un problema. Te amo a ti, mi chica dulce. Eres mi complemento.

Lían beso a Diana y ella se enganchó de su cuello mientras él se deleitaba con su boca. Sus lenguas se entrelazaban con delicadeza y goce y Diana empezó a desnudar a su compañero otra vez.

—¿Quieres más? —preguntó divertido y ella escondió su rostro sonrojado en el pecho de él—. Preciosa, estoy para complacerte, dime qué deseas y me voy a esmerar en cumplirlo. —Tomó su rostro y acarició su mejilla con una sonrisa que derritió a Diana.

—Quiero que beses mi cuerpo como lo hiciste la última vez en la Tierra… Ya sabes, en especial allí… —pidió sonrojada y él sonrió con coquetería.

—Tus deseos son órdenes, mi bella dama —dicho esto, empezó a desnudarla y a complacer a su amada.

***

—¿De dónde vienen? —Dan los abordó cuando ellos aterrizaron en el patio—. Hasta se llevaron mi palo volador. —Tomó el aparato de la mano de Lían con brusquedad mientras miraba a Diana de soslayo.

—¡Qué fachas! —Diego se les unió mirándolos de arriba abajo con escrutinio.

—¿Qué estaban haciendo que están sucios y mojados? —Natalia inquirió con un leve sonrojo.

—Diana me estaba mostrando las bellezas de este lugar... —Lían rascó su nuca.

—Creo que no era lo único que te estaba mostrando. —Diego dijo con sorna mientras Eliana se acercaba a ellos sin quitarles el ojo de encima.

—Lían, ¿qué estabas haciendo con esta mosca muerta? ¿Por qué vienen en esas fachas? —Sus ojos se cristalizaron. Lían y Diana se miraron avergonzados y sonrojados al saberse descubiertos, pues sus cabellos todavía estaban mojados y sus ropas sucias y desarregladas. Algunas hierbas estaban sobre estas y sus labios lucían hinchados. Después de la segunda ronda donde rodaron varias veces sobre el suelo y la grama húmeda, se dieron otro chapuzón en el río.

—Estábamos en el río, es obvio que estemos mojados. —Diana respondió un poco molesta por la actitud de Eliana.

—Eres una ramera de lo peor. No te conformaste con Dan, tenías que engatusar a Lían también.

—Yo no tengo nada con Dan. —Diana se cruzó de brazos indignada—. En cuanto a Lían, no es de tu incumbencia, es nuestra intimidad y no tenemos que dar explicaciones de ello.

—¿Su intimidad? —Dan cuestionó ardiendo de la ira—. ¿No me digas que le diste tu tesorito a este tonto? ¿En serio, Diana? No quisiste tener nada conmigo, pero a este vienes y le abres las piernas como si nada.

—Ese es mi problema, Dan. Tú eres un cínico de lo peor, te acuestas con medio mundo y me dijiste que solo podíamos ser amigos. Entonces, ¿por qué no puedes comportarte como uno? —Diana espetó perdiendo la paciencia.

—¿Qué se puede esperar de una chica como ella? —Eliana dijo con desprecio—. Eres una cualquiera, regalada. Una oportunista que usa su cuerpo para manejar a los hombres a tu antojo. ¡Claro! Lían es un príncipe guardián, era de esperarse que aseguraras más que un taller de artesanías. —La chica espetó sin reparos.

—¡Eliana! —Lían gritó con ojos asesinos—. ¿Con qué derecho le reclamas a Diana? ¿Cómo osas ofenderla de esa manera? ¿Quién te crees que eres? Si Diana y yo estamos juntos es porque nos da la gana y ninguno de ustedes tiene derecho a entrometerse en nuestras vidas. Escúchame bien, Eliana. Tú y yo no tenemos nada, siempre te he tratado como a una prima y es lo único que puedes esperar de mí. En cuanto a Diana, no permitiré que tú ni nadie la ofenda, ella es mi mujer y espero que la respeten.

Los hermanos miraron a Lían con asombro y Eliana no pudo evitar las lágrimas.

—¡Te odio! —le gritó a Diana y se fue corriendo entre llantos. Diana no pudo evitar llorar ante el trato de la chica; si bien ellas nunca fueron unidas, se habían criado juntas, por lo tanto, la consideraba parte de su familia.

—Lo siento… —El llanto se hizo presente y su voz era temblorosa. Se sintió sucia y la persona más malvada del mundo por haber hecho aquello con Lían—. No lo hice de maldad, yo solo me dejé llevar por mis sentimientos. Yo no quiero hacerle daño a nadie y mucho menos a Eliana.

—¡Deja de decir tonterías! —Dan se le puso enfrente enojado—. No debes disculparte por esas cosas. ¡Nunca cambias! Eliana es una celosa amargada que se ensañó contigo porque lograste lo que ella no pudo. Solo son celos, ya se le pasará. Tienes muy mal gusto, preciosa. ¿Qué se le puede hacer? Eres una chica de relaciones serias y yo no estoy listo para eso, tú te lo pierdes, preciosa. —Guiñó un ojo y Diana entornó los ojos.

—Lamento que tengas que pasar por esto, mi estrella plateada. —Lían limpió sus lágrimas y la refugió entre sus brazos.

***

—¿Qué les pasó? —Leela, Odiel, Jing, Eli y Ulises observaban a los chicos preocupados.

—Nada... mamá... —Lían dijo nervioso—. Solo nos bañamos en el río...

—¡Estos chicos no pierden oportunidad! —Odiel espetó y Jing lo miró con desaprobación.

Diana se aferraba al pecho de Lían llena de vergüenza. Él la miró divertido por su sonrojo y tuvo que contener las ganas de besarla, pues no le gustaba hacer esas cosas en público.

—Deberían darse un baño antes de ir a visitar a Dimitri. —Leela sugirió.

—Yo me puedo ir primero, de todas formas, no tengo ropa aquí. —Diana dijo con la voz en un hilo.

—No te preocupes por eso, linda. Yo te presto de la mía. ¡Vamos! —Leela se la llevó a rastras mientras Diana miraba a Lían asustada, quien le sonrió y guiñó un ojo.

Lían se fue a dar un baño y a ponerse una ropa limpia; los nervios y la ansiedad lo estaban enloqueciendo, no sabía cómo enfrentar el padre de Diana, en especial, porque era el hombre que tanto daño le hizo a su familia.

—¡Este te quedará perfecto! —Leela dijo con entusiasmo mientras sostenía el vestido y lo mostraba a la chica que estaba parada en la habitación con timidez.

—Gracias… —Diana dijo en un susurro y la miró intimidada—. ¿A ustedes no les molesta que tenga una relación con Lían? Él es un príncipe y yo...

—Eres una chica muy tierna. —Leela terminó por ella—. Me encanta que Lían te escogiera a ti, ustedes hacen una linda pareja y sé que él es muy feliz contigo. Él te ama mucho, nunca lo había visto enamorado y debo decir que mi bebé se ve muy tierno y lindo. Entiendo que la relación de ustedes es un poco complicada, pero buscaremos la forma de arreglarlo y que ustedes puedan estar juntos. Sé lo doloroso que es estar separada de tu amor, lo viví y no se lo deseo a nadie.

—¿Usted estuvo lejos de su esposo? —Diana preguntó intrigada.

—Sí... —Leela respondió nostálgica—. Él y yo nos enamoramos, pero era imposible o eso creíamos. Fue un tiempo muy difícil porque, no sé si lo has notado, pero estamos muy enamorados y cuando estábamos cerca teníamos que fingir y disimular nuestros sentimientos. Cuando supimos que podíamos estar juntos fui muy feliz, claro, tuve muchos miedos, pero nuestro amor los superó todos.

—¡Qué hermoso! Me gustaría que Lían y yo tuviéramos nuestro final feliz, lo amo mucho. —Diana se sonrojó.

—Lo sé y eso me hace muy feliz. —Leela respondió con una sonrisa. Ella también deseaba que Lían pudiera estar con su amor y trataba de no prestarle atención al presentimiento que tenía en el pecho y que amenazaba con quitarle la paz.

***

Los Harrison, los Patrick, Odiel y la pareja estaban frente a la entrada de la casa de Dimitri en silencio, se miraron con complicidad y Diana inhaló y exhaló, pues no sabía cómo iba a reaccionar su padre.

—¡No se llevarán a mi hija! —Dimitri sentenció a gran voz cuando Odiel le explicó lo sucedido.

—Ella corre peligro mientras esa Sapria esté libre. Debemos tenerla cerca hasta atraparla y buscar una solución a este problema. —Odiel trataba de hacerlo reaccionar.

—¿Y por qué no se queda él? —Dimitri apuntó hacia Lían. Desde que llegó lo miraba con recelo, aunque había algo en el chico que le daba seguridad.

—Porque este no es nuestro territorio. —Odiel respondió entornando los ojos—. Debemos estar en nuestro mundo e investigar cómo resolver este desastre; aquí no podremos hacerlo, y dejar a Lían y Diana en este lugar es un riesgo que no me pienso tomar. No quiero más problemas.

—Me van a separar de mi polilla otra vez. —Dimitri se acercó a Diana—. ¿Quieres hacer esto?

—Sí, papá —dijo con lágrimas en los ojos—. Yo tengo responsabilidad en lo que está pasando y debo ayudar a resolverlo. Debes confiar en mí, ya soy una mujer y quiero escoger mi camino. —Ella acarició el lacio cabello de su padre y él la abrazó.

—¡Te voy a extrañar, mi polilla! Pórtate bien y no te olvides de nosotros.

—Nunca podría hacer eso, papá. Yo los amo, ustedes son mi familia.

Ana y Doel se unieron al abrazo entre lágrimas. Después de componerse, Dimitri se acercó a Lían de forma amenazante.

—Mas te vale que la cuides y respetes, te estoy entregando un pedazo de mí, valora eso hijo de Jing o te mato con mis propias manos.

Lían tragó pesado y Jing lo miró divertido.

—N-No se preocupe, señor. —El chico tartamudeó—. Amo a su hija y la protegeré con mi vida.

—Eso espero. Si eres como tu padre sé que lo harás, él estuvo dispuesto a dar su vida por tu madre varias veces. Pero sé que eres un buen chico y por eso te acepto como yerno, tú te metiste en problemas por ayudar a mi hija antes de ser transportados y ni siquiera la conocías; es algo que siempre voy a agradecerte. Diana es muy sensible y dulce, es una chica de buen corazón incapaz de hacer daño, te llevas a una buena esposa. Solo les pido que no la alejen de mí del todo, espero sus visitas y que me mantengan informados de cualquier acontecimiento.

—Claro que sí, no se preocupe, señor. —Lían y Dimitri estrecharon manos.

—Jing, la vida es irónica. —Dimitri se dirigió al príncipe con una sonrisa traviesa—. ¿Quién diría que nuestras familias estarían enlazadas y unidas por nuestros hijos?

—Así es. —Jing respondió con la misma sonrisa—. Para que veas que el amor supera todos los conflictos y nos da una lección de vida. No hay razón para una enemistad o una estúpida y falsa rivalidad, estoy contento de que te hayas convertido en un hombre de bien y de familia, y hayas hecho un excelente trabajo con tus hijos. Has formado bien a tu familia y eso le ha dado una buena esposa a mi hijo.

—Tú también hiciste un buen trabajo. —Dimitri se puso frente a él—. Gracias por permitir que tu hijo escoja a mi hija, entiendo que deberías tener tus dudas y resentimientos, el que aceptes esta situación de la forma que lo has hecho habla bien de ti y de lo que representas. Lamento todo el daño que te causé en el pasado, de verdad, si pudiera cambiar todo lo que hice no dudaría en hacerlo.

—No podemos cambiar el pasado, Dimitri. Pero sí podemos hacer lo correcto en el presente y evitar cometer los mismos errores. No te preocupes por nada, más bien, aprovechemos el tiempo y practiquemos un poco, veamos si sigues siendo tan bueno como antes.

—Ya verás que no te la pondré tan fácil, Jing. —Dimitri y Jing se dirigieron al patio, seguidos por Doel, Odiel y Ulises.

—Voy a cocinar la cena —Ana dijo—, espero que se queden a cenar y celebremos en familia la unión de nuestros hijos.

—Solo si me dejas ayudarte. —Leela propuso.

—Yo también te ayudaré. —Eli ofreció.

—Vamos, entonces. —Ana invitó y las mujeres la siguieron, quedando Lían y Diana solos en la sala.

—Voy a empacar, ¿me ayudas? —Diana preguntó sonrojada y Lían asintió con una sonrisa. Ambos se dirigieron a la habitación de ella.

—Tan desordenada como te recuerdo. —Lían dijo con sorna y Diana arrugó el rostro.

—Deja de mirar mi ropa interior y ayúdame con la maleta. —Diana recogió sus interiores de una silla y los puso en una canasta. Después de que Lían bajara la valija del closet, Diana empezó a echar la ropa sin ningún tipo de orden. El rizado la vació en la cama y la miró con reclamo.

—Mejor la organizo yo, chica ordenada. —Diana se sentó en la cama a observar cómo su chico empacaba por ella—. Por lo menos bríndame un jugo o un café. Estoy haciendo tu trabajo y ni mimos me das, que mala esposa eres.

—No te pedí que lo hicieras, chico maniático con el orden. Pero para que veas lo cortés y amable que soy, te prepararé un jugo de Pioli, es un fruto delicioso que solo verás en este mundo.

Diana salió de la habitación y Lían siguió en lo suyo. Unos quince minutos después, ella entró con dos vasos en las manos y le dio uno a él, quien ya había empacado todo lo que ella le había indicado. Lían saboreó el jugo con fascinación y luego la atrajo hacia él, que estaba sentado en la orilla de la cama. Diana se sentó en su regazo y empezó a besarlo.

—Ummm... —La chica balbuceó—. Este jugo sabe mejor acompañado de tus labios.

—Te amo, Diana. —Lían susurró sobre su boca.

—Yo también te amo, mi bello príncipe.

—¿Bello príncipe? —Lían levantó una ceja divertido y la llenó de sonoros besos.

Diana tomó los vasos vacíos y los puso sobre la mesita de noche y se sentó sobre él como si montara un caballo. Rodeó su cuello con sus brazos y empezó a besarlo con pasión y deseo.

—Estamos en la casa de tus padres... —Lían susurró tembloroso.

—Solo nos besaremos, no soy tan enferma como para hacerlo tres veces seguidas. —Ella rio divertida y él suspiró.

—Bueno, yo sí soy tan enfermo, podría hacértelo ahora mismo, pero tu padre nos mataría.

—No me atrevería a hacerlo sabiendo que mi padre está cerca, el miedo no me dejaría concentrarme —dijo divertida.

—Pero cuando lleguemos sí, y debes saber que dormirás en mi habitación. Eso sí preciosa, cero desórdenes.

—Dormimos en la misma habitación en la Tierra después de la boda y no te quejabas.

—Sí, y por eso te digo que no aceptaré tu desorden, era difícil para mí; sin embargo, estaba tan enfocado en el Zafiro azul que lo dejaba pasar, pero era obvio que hablaría sobre eso contigo.

—Ah, como sea. —Ella bufó y él la abrazó juguetón.

La cena fue amena entre risas, anécdotas y claro, no faltaron las historias graciosas de cuando Diana y Lían eran unos niños. La pareja solo escondía el rostro avergonzada y enojada con sus padres. Brindaron con vino y sidra, y se despidieron con besos, abrazos y lágrimas.

—Diana, recuerda que en Lucero Verde está tu familia que te ama. Esta es tu casa y las puertas siempre van a estar abiertas para ti. —Dimitri dijo mientras limpiaba su rostro mojado cuando la luz dorada cubrió a los viajeros.

—Gracias, papá. Los amo y nos veremos pronto. —Ella respondió con una sonrisa y su familia le sonrió de vuelta. El resplandor los cubrió y ellos desaparecieron de su campo de visión. Dimitri abrazó a Ana, quien lloró sobre su pecho.

—Hasta luego, polilla —balbuceó mientras las lágrimas cubrían su rostro.