Capítulo 31

Diana abrió los ojos lentamente y mordió su labio inferior al sentirse en tierra firme. Se tambaleó un poco y Lían la sostuvo por el antebrazo.

—Da un poco de mareo. —La voz de Lían retumbó en sus oídos y ella sonrió.

—¿Es de día? —preguntó atolondrada mirando el cielo azul.

—Sí. —El rizado respondió con una sonrisa—. De todas formas, descansaremos. Te sentirás extraña al principio por la diferencia de horarios, pero es similar a cuando estábamos en Bulgaria y viajamos a los Estados Unidos.

—Sí… —Ella susurró—. El cielo de aquí es parecido al de la Tierra. ¿Dónde estamos? Este lugar es hermoso. —Miró a su alrededor encantada. El patio de la mansión de Jing era un pedazo de paraíso rodeado de diferentes tipos de árboles, flores y un estanque con un pequeño puente lleno de flores. Las montañas color rosa de las tierras Cristal se apreciaban desde allí y un bosque de árboles coloridos rodeaba los terrenos. Un cristalino riachuelo salía de un conglomerado de bambúes y terminaba en el estanque. La mansión era inmensa y desde afuera se podía apreciar la belleza y el lujo de aquella gran casa.

—Bueno, yo seguiré investigando y pronto les traeré noticias. —Odiel informó antes de desaparecer. Un grupo de sirvientes se pararon frente a ellos e hicieron reverencia, luego tomaron sus equipajes y lo llevaron dentro de la casa.

—Esta maleta llévela junto a la mía, mi esposa dormirá en mi habitación. —Lían avisó mirando a sus padres como si buscara su aprobación.

—Espero que descansen. —Jing palpó el hombro de Lían con una sonrisita pícara que le provocó un leve sonrojo al rizado.

—Diana, desde este momento esta también es tu casa. Cualquier cosa que necesites puedes pedirla a los sirvientes, Lían ya te mostrará todo el lugar y te pondrá una mucama para que te sirva. Yo voy a descansar un poco. —Leela informó y siguió a su esposo.

—¡A descansar! ¡Sí claro! —Lían exclamó arrugando el rostro por lo que Diana lo miró confundida—. Vamos a nuestra habitación para que descanses. —Tomó su mano con delicadeza mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios. Diana miraba por todos lados asombrada con tanto lujo y la hermosa decoración. Subieron unas escaleras y un largo pasillo los recibió, en todo el trayecto Diana contemplaba cada detalle fascinada y se preguntaba quién se encargaba de decorar aquel inmenso lugar de una forma tan variada y hermosa, debería ser un arduo trabajo. Su boca se agrandó cuando entraron a la habitación que podía jurar era más grande que toda su casa en Lucero Verde. Parecía un pequeño apartamento, pero de una forma más antigua a la que recordaba tenían en la Tierra, con un toque moderno. No veía la necesidad de una cama tan grande donde podrían dormir ella y toda su familia y sobraría espacio. Los muebles, las cortinas transparentes, los cuadros, las flores; todo era fino, lujoso y hermoso. Se percató de un pequeño pasillo a la derecha y caminó hacia allá para ver de qué se trataba. La sorpresa llenó su ser al ver que dirigía a otra habitación muy amplia donde había una bañera grande con muebles dorados y blancos, toallas, flores e instrumentos de higiene. Salió de allí y más adelante había un lujoso baño con una ducha, inodoro, lavamanos y todos los instrumentos de higiene personal y toallas de diferentes tamaños. Siguió su inspección y caminó a la izquierda de la habitación, abrió un armario y los ojos le brillaron. ¡Había ropas de mujer! Era como otra habitación con armarios, gavetero, espejos, maquillaje, joyas y muchas ropas finas y hermosas.

—Es tu clóset personal. Mandé a prepararlo cuando Odiel nos dijo que debíamos buscarte. —Lían dijo adivinando su pregunta—. ¿Te gusta? Espero haber acertado con la talla, compré de todo un poco y diferentes colores para que uses a tu gusto. —Se rascó la nuca.

—¡Esto es increíble! Pero... es demasiado, Lían. No debiste gastar tu dinero de esa forma.

El rizado la miró con confusión y luego sonrió divertido.

—Preciosa, debes saber que eso es nada comparado con mi herencia. Como hijo de príncipe, tengo ciertos privilegios y el dinero no es un problema. Además, en ti gastaría toda mi fortuna.

Diana se sentó a su lado sonrojada. Lían estaba en la cama con el torso desnudo mientras ella miraba al suelo pulido con un poco de vergüenza, pues no estaba acostumbrada a ese tipo de vida.

—Oye... —Él la miró seductor—. ¿Por qué no nos bañamos juntos?

—Sí... —Ella estaba roja como un tomate y él la abrazó.

—Es un sueño que estés aquí conmigo, te amo. —El rizado besó sus labios y Diana se sentó sobre su regazo para disfrutar más de aquel beso. Ambos se desnudaron y se dirigieron a la bañera. Lían preparó un baño de flores con espuma y sirvió un poco de sidra en dos copas.

***

Diana despertó totalmente relajada. No sabía cuántas horas había dormido, pero se sentía tan liviana como una pluma.

—Hola, preciosa… —El rostro sonriente de Lían la sonrojó—. Ya está anocheciendo y pronto servirán la cena, debes tener hambre.

—Sí, estoy muy hambrienta —respondió estirando su cuerpo. Después de aquel baño y de dormir sobre el pecho cálido de Lían y en ese cómodo colchón, se sentía como nueva. Como ya había descansado, estar cerca de su rizado le hacía sentir unas cosquillas extrañas en todo su cuerpo. Miró el pecho desnudo de su chico y lamió sus labios.

—¿Tienes tanta hambre que me quieres comer a mí? —bromeó con una sonrisa pícara.

—Tengo más hambre de ti que de comida —dijo esa palabra con tanta intensidad que Lían se quedó observándola sin decir nada. Notó como sus ojos grises se oscurecían y su respiración se aceleraba. Por encima de aquella batita transparente, se notaban lo endurecidos que estaban sus pezones y como su piel se tornó colorada.

—Creo... —Lían balbuceó con el corazón agitado—. Creo que debemos quedarnos un poco más en la habitación... —No terminó de hablar cuando Diana se le había tirado encima y devorado su boca. Él se giró quedando ella abajo; tocaba y besaba con un gran deseo, la excitación era demasiada y el goce insaciable. Besó cada centímetro de su piel sacando grandes gemidos a su chica, quien era un poco gritona, pero eso era combustible para encenderlo más.

—Ay, Lían... —balbuceaba mientras sus estocadas la llenaban de placer; era más intenso y sabroso que las veces anteriores y ella sentía que explotaría en cualquier momento.

—Mi amor, creo que pronto culminaré… —Él avisó con la voz ronca, pero Diana lo ignoró. Estaba concentrada en las nuevas y exquisitas sensaciones. Cada vez que estaba con él descubría algo diferente, no sabía que la sexualidad era tan amplia y variada. Él la tocó en el centro de su placer para acelerar su clímax, pues temía terminar y dejarla con las ganas. Pronto Diana estalló en un intenso orgasmo y la habitación se llenó con su gemido, ese fue el detonante para Lían. Ambos se abrazaban temblorosos y sudorosos, con una sonrisa de satisfacción y con sus cuerpos relajados.

***

Jing y Leela observaban a los chicos divertidos, pues comían como si hubieran ayunado por toda una semana.

—La comida aquí es deliciosa. —Diana dijo fascinada mientras pensaba en aprender a preparar esas delicias. Descubrir platos nuevos hacía volar su imaginación y la llenaba de gran entusiasmo.

—¿Ven esos hermosos ojos brillar? —Lían apuntó hacia Diana—. Pues debe estar imaginando los ingredientes y como añadir algo nuevo para personalizar el plato. Mi linda esposa es una gran cocinera y repostera, si no es porque practico todos los días, tuviera unos kilos de más probando todas sus delicias. —El rizado expresó con orgullo y admiración. Jing y Leela los miraron sonrientes, estaban satisfechos de ver a su hijo tan feliz y animado. No recordaban verlo tan radiante y divertido.

—Entonces tendrás que enseñarme. —Leela dijo con admiración.

Después de la cena, las dos parejas se sentaron en un balcón que daba una hermosa vista a beber vino y conversar. Horas después se fueron a dormir.

***

Despertar cada mañana con Lían a su lado era una felicidad indescriptible. Los días en la mansión los pasaba ayudando a las criadas en la cocina, al principio ellas no la dejaban hasta que Lían le preguntó a Diana si lo hacía porque le gustaba o por algún compromiso. Al ella decirle que sentía bien haciéndolo, él ordenó a todos los sirvientes que la dejaran hacer lo que ella quisiera. Diana aprendió a cocinar la comida y postres de Destello y combinaba lo que aprendió en la Tierra y lo que ya sabía de su mundo. Por otro lado, Jing y Leela estaban encantados con Diana y cada día se acostumbraban más a su presencia. Cuando Jing descubrió lo buena que ella era en las artes marciales, le pidió que practicara con él todas las tardes, pues le encantaba encontrar a alguien que dominara el mismo estilo de combate que él; incluso le dio la tarea de entrenar a los espías novatos en los campamentos real y no real. Ella visitaba a los abuelos de Lían junto a él en el palacio, y aunque ellos sabían de su relación, todavía no la habían hecho pública hasta encontrar una solución a su situación. Así pasó un mes.

Lían se vistió y perfumó y, antes de salir, besó a Diana en la frente, quien aún dormía plácida con su cuerpo desnudo entre las sábanas.

—¿Saben a dónde fue Lían? —Diana les preguntó a sus suegros mientras desayunaban. Ellos se miraron con complicidad y sus rostros se tornaron serios.

—Está haciendo algo importante, cuando regrese te dirá. —Leela respondió nerviosa contagiando a Diana.

—Bien... —dijo dudosa.

Reino del Norte

Beka recibió a Lían con gran emoción y felicidad.

—¿Ya se te pasó la depresión? —preguntó sonriente, pues tenerlo en su casa la alegraba. Ambos estaban sentados en una terraza frente a un hermoso jardín, una criada les sirvió té y se marchó dándoles privacidad para conversar.

—Beka, eres mi mejor amiga desde que tengo uso de razón. Recuerdo que cuando éramos unos niños y yo me enteré que viviré más que las personas que me rodean y envejeceré después de cientos de años, me puse triste porque tú y yo no íbamos a ir a la par, ¿lo recuerdas? —inquirió tembloroso.

—Sí, fue cuando me prometiste que me escogerías como tu esposa y pondrías tu joya en mi cuello para que no envejezca y podamos estar juntos para siempre. —Ambos sonrieron.

—Sí... —Lían arrastró su afirmación, puesto que aquello era muy difícil para él.

—Sé que hay un “pero”, Lían. —La rubia dijo con tristeza.

—Lo siento, Beka. Me enamoré de otra mujer, no fue a propósito... —Sus ojos miel se cristalizaron—. Yo te quiero mucho y me hubiera gustado que fueras tú, pero me enamoré de Diana como un loco y no quiero estar lejos de ella. Perdón por no poder cumplir mi promesa.

—No te preocupes, yo siempre supe que no tenías ese tipo de sentimientos hacia mí, pero creí que era menos doloroso engañarme a mí misma, creer que si me esforzaba un poco más podría conquistarte. —Retuvo las ganas de llorar—. No obstante, el amor no se presiona; creo que es mejor ser sinceros y afrontar la verdad, aunque duela, que vivir la angustia e incertidumbre toda una vida. No debes sentirte culpable por una promesa que hiciste cuando eras un niño, no sabías lo que aquello conllevaba y eras un inocente que no entendía sobre el matrimonio. Lían, yo te amo y sí te veo más que como un amigo o familiar. Sim embargo, para que haya una relación se necesitan dos personas, estoy feliz de que hayas encontrado tu complemento y yo espero encontrar el mío algún día. Entiendo que no soy tu pareja idónea y pienso que tuviste ese accidente por alguna razón, no creo que haya sido coincidencia, Lían. Lucha por ese amor, no permitas que los separen.

Lían abrazó a su amiga con pesar y las lágrimas fueron inevitables.

***

Diana estaba practicando con Jing cuando Lían regresó a la mansión. Leela y él observaban al par con fascinación, pues ambos eran muy diestros y sus movimientos únicos.

—¡Hija de Dimitri tenía que ser! —Leela comentó con una sonrisa mientras observaba a su esposo y nuera entrenar.

—Mamá… —Lían llamó su atención con desconcierto en su mirada—. ¿A ustedes no les importa que ella sea hija de él?

—No. —Leela negó—. Dimitri fue un problema para nosotros, pero él cambió y nos fue de mucha ayuda. ¿Sabes? Creo que todo lo hacía bajó manipulación y su sed de venganza. El dolor y la pérdida lo cegaron y por eso hizo tanto daño, es normal que, si te hacen mal, devuelvas lo mismo a cambio. No es que justifique sus actos, pero tampoco tengo derecho a juzgar su pasado. Todos merecemos una oportunidad de enmendar y ser mejores, yo soy un ejemplo. Fui una mala madre al no cuidarme cuando estuve embarazada, me dejé cegar por el odio y el dolor, creí que la vida era injusta al quitarme todo lo que amaba. Estaba mal emocional y mentalmente y tampoco sabía lo que conllevaba estar embarazada. Nadie nunca me instruyó y yo no asistí a la escuela, era muy ignorante, claro eso no justifica que yo actuara como loca sin medir las consecuencias. Lo que quiero que entiendas es, que todos tenemos nuestros momentos oscuros, unos más que otros, pero al final todos la embarramos alguna vez y merecemos levantarnos. No existen las personas perfectas, mas sí las que deciden llevar una buena vida y tener paz y armonía con los demás. Yo recibí una segunda oportunidad para ser madre, pude haber quedado estéril, pero no. Por eso cuando volví a quedar embarazada, me cuidé de más y los atesoro demasiado. Temo perderlos y volver a sentir ese dolor del cual nunca te recuperas, solo aprendes a vivir con ello.

Leela limpió sus lágrimas y Lían la abrazó con fuerza.

—Has sido una buena madre, gracias por darnos tanto. —Él le sonrió y ella mordió su labio inferior, luego le devolvió la sonrisa.

—Te amo, Lían. Debes saber que contarás conmigo siempre y que no importa lo que suceda, Jing y yo seremos un soporte para ti. Lían... —Lo miró con preocupación—. Debes estar atento a Diana, no la dejes sola ni un momento, no hasta que encontremos a la Sapria y podamos desligar a la chica de aquel veneno. Diana es especial, tiene un don parecido al mío. La tal Aurora lo aprovechó para poner su veneno y controlarla; debes estar atento, en cualquier momento los puede atacar.

Lían se quedó preocupado con la advertencia de su madre y desde ese día, no se le despegaba a Diana ni un momento.

—Ya sé lo que quiero hacer, Lían. —Diana rompió el silencio en el que se habían sumido, ella estaba sentada sobre sus piernas mientras él la abrazaba desde atrás. Ambos apreciaban la hermosa noche estrellada desde el gran balcón, disfrutando la brisa fresca y la gran luna amarilla.

—¡Déjame adivinar! —pidió con entusiasmo—. Quieres ser repostera —dijo con una sonrisa triunfante.

—¡Sí! —Ella juntó sus dos manos con emoción—. Quiero poner una tienda de postres y algunos bocadillos.

—Pues solo dime dónde y la pondremos.

—¿De verdad? —chilló con alegría.

—¡Claro! Sería una buena inversión, pues eres muy buena y entregada. Yo te ayudaré y trabajaré a tu lado, sería como nuestro negocio familiar y patrimonio.

—¡No lo puedo creer! ¡Gracias! —Diana besó sus labios con intensidad—. Pide por tu boca, leoncito; hoy me toca a mí complacer tus deseos.

Lían sonrió pícaro y ella se sonrojó.

***

—Hola, cuñada. —John besó la mejilla de Diana y ella le sonrió. Luego se lo unió una hermosa morena de ojos marrones, cabello crespo y negro con mechas doradas, labios gruesos y un cuerpo escultural. La morena tenía un encanto que la hacía ver muy sensual y su sonrisa era contagiosa; ella era Perla, la novia de John. Jinag y su esposo, un rubio de ojos azules y muy delgado, cabello bien peinado y vestido formal, de nombre Paolo, muy pícaro y elegante, fueron los siguientes en saludar. Luego se unió Richard, el primo de Lían y único hijo de Robert, el hermano de Jing. El chico era un reflejo de su padre, pero con los ojos de su madre. Los padres de Jing saludaron también, Bruno y su familia, Nico y su hijo, Esteban y su novia reciente. En fin, los familiares y amigos cercanos. Una luz verde y dorada cubrió la entrada y los Harrison y su familia como también la familia de Diana, aparecieron en su campo de visión. El maestro Lee, quien ya estaba ancianito, abrazó Lían y a Diana con fervor desde que llegó. El único que faltaba era el tío de Ulises, quien había muerto años atrás de vejez. Todos se reunieron en el salón de la mansión a festejar el cumpleaños de Diana y Lían que casualmente se celebraba el mismo día. Al principio, había mucha tensión cuando Dimitri hizo presencia, pero al pasar las horas, todos se divertían y conversaban sin problemas.

—Es extraño estar aquí. —Dimitri dijo mientras observaba las montañas de Cristal que se reflejaban por las grandes ventanas del salón.

—Lo sé, pero es bueno que te reconcilies con tu mundo. —Jing comentó mientras sostenía una copa de vino.

—Sí, tienes razón. Ulises me regaló una de esas pulseras para transportarme a este mundo cuando quisiera y poder ver a mi hija. Sé que ella es feliz aquí, no solo porque está con el hombre que ama, sino que también encontró un propósito de vida, una pasión. Estoy consciente de que en Lucero Verde se sentía atrapada y vivía para complacerme, pero odiaba cada cosa. Nunca me opondría a la felicidad de mi polilla, sé que tu hijo es un buen esposo y eso me tranquiliza, claro, eso no quiere decir que la dejaré a su suerte. Estaré pendiente en caso de que las cosas cambien y ella necesite regresar, siempre contará con nosotros y mi casa es su casa.

—Estoy de acuerdo contigo, Dimitri. Si las cosas cambian y se tornan en contra de ella, yo mismo te avisaría. Espero que no sea así, me encanta ver a mi hijo con tu hija, son el uno para el otro. Nunca había visto esa faceta de Lían, él era esclavo en sí mismo, creía que esperábamos mucho de él y se atribuía cargas que nunca le pedimos. Estoy feliz porque sé que él lo es. Entonces, ¿ya no somos rivales? —Jing lo miró expectante y Dimitri sonrió.

—Sí y no. Somos familia ahora, pero eso no quiere decir que no siga entrenando para superarte, algún día te venceré en la batalla, Jing Patrick.

Jing entornó los ojos.

—Soñar no cuesta nada. —Sonrió con sorna y se fue en dirección a su esposa.

Todos conversaban animados y las carcajadas eran música en aquel salón. Diana y Lían bailaban entre risas y uno que otro beso robado.

La pareja daba vueltas en medio del salón, divertidos por la música y riendo con libertad; pero de repente, Diana se puso pálida.

—Lían... —balbuceó mientras se encorvaba—. Siento que me voy a desmayar.

—Debe ser por las vueltas, lo siento —dijo con preocupación.

—No, Lían… —Diana se quejó del dolor por lo que todos se acercaron preocupados—. Es algo más, algo me pasa… —Las lágrimas rodaron sobre sus mejillas. La cadena de Diana fue cubierta por una energía oscura que se expandió por todo su cuerpo, luego la joya de Lían fue cubierta también junto a él, una vez fueron envueltos por aquella extraña energía, ambos desaparecieron del salón dejando a los presentes mudos de la impresión. Un estruendo se escuchó y Odiel y una mujer rubia vestida de blanco aparecieron rodeados por un remolino de viento.

—¡Demonios! ¡Llegamos tarde! —El mestizo espetó con frustración y Jing y Leela se acercaron con muchas interrogantes, en especial, dónde estaban los chicos.

—La Sapria los tiene en su poder. Son dos Saprias, creo que crearon una ilusión o una realidad paralela y los transportaron. —Su voz sonaba temblorosa—. El veneno que ella puso en Diana les dio la facilidad de sabotear las joyas. El que Lían y Diana se hayan casados de la forma en que lo hicieron, ayudó a su plan malvado, pues la situación de ellos es caótica y las joyas y las lágrimas fueron afectadas.

—¿Las lágrimas? —Jing preguntó perplejo.

—Las lágrimas están ligadas a Lían porque él ha sido su guardián protector, entonces si Aurora logra manejar la joya tendrá acceso a ellas. Ahora mismo las lágrimas deben estar impregnadas a la gargantilla de Lían, no me pregunten cómo, no tengo idea.

—¿Qué podemos hacer? —Leela preguntó entre lágrimas, pues el mal presentimiento que tuvo todo ese tiempo ahora tomaba sentido.

—Esa es la peor parte. —Odiel respondió aturdido—. No sé cómo ayudarlos.