Enfrentamiento final y restauración (Parte dos)
—¡Te extrañé tanto! —Eli acarició su mejilla con ternura y él la miró malicioso.
—Eso me quedó muy claro, picarona. Me destrozaste, ya hasta perdí toda la energía que había recuperado.
—¡Ja! Te recuerdo que fuiste tú quien me trajo aquí y me atacaste como bestia salvaje. —Eli frunció el cejo y Ulises estalló de la risa.
—Ya extrañaba a mi enana peleona y cachonda.
—¡Ulises Harrison! No soy ninguna cachonda. Ni siquiera estaba pensando en eso. Yo de inocente y tú con tu perversión por dentro, fuiste a buscarme para quitarte las ganas. Por lo menos te aguantaste y no te revolcaste con otra.
—Yo soy fiel a ti, Enana. Nunca, pero nunca, me acostaría con otra mujer. —Ulises dejó un beso fugaz en sus labios. Eli lo abrazó con una sonrisa de oreja a oreja y sus miradas se cruzaron.
—Te amo, tarado.
—Yo también te amo, Enana en celo.
Eli le pegó en el hombro y ambos rieron de sus riñas infantiles.
***
Ana aprovechó que Dimitri se estaba bañando para tomar un poco de aire sin él. En esos días no se le despegaba ni para respirar y aunque era muy lindo de su parte, se estaba sintiendo asfixiada.
Ana tuvo deseos de volar como solía hacerlo con Jonah y Eli. Buscó a su amigo y ambos tomaron sus palos y emprendieron el vuelo. Hora y media después, aterrizaron en el campamento. Ana se sentía libre y viva otra vez. Esos días se había encontrado en una cárcel oscura, presa del temor de que en cualquier momento podría ser atacada. Le daba pesar ver a Dimitri preocupado y con ojeras. Aunque ella no había tenido pesadillas de nuevo, él no podía conciliar el sueño. Probablemente, temía que Reka atacara de repente.
—¿Vas con tu novio? Debe estar buscándote como loco. —Jonah preguntó con malicia y Ana se encogió de hombros.
—Solo está preocupado. Me siento como una inútil y una carga para él. Quiero demostrarle que yo también soy fuerte como la guerrera que vino del otro mundo, pero para él soy débil, alguien que necesita que la estén protegiendo. —Bajó el rostro con tristeza.
—No creo que él piense eso. Según lo que me dijiste el asunto es serio. Nunca imaginé que Reka fuera de esa calaña. Por cierto, desapareció del mapa.
—Creo que se enteró que fue descubierta. Me imagino que se percató de los viajeros, ella siempre se daba cuenta de esas cosas. Cuando Eli llegó a este mundo ella lo supo. —Ana contestó desganada.
—Bueno, ve con tu novio antes de que le dé un ataque de pánico al no encontrarte. —Jonah palmó su hombro y se dirigió a su tienda.
Hacía mucho calor por lo que Ana decidió ir al río. Se sentía mal porque de seguro Dimitri la estaría buscando preocupado, pero tenía que demostrarle que ella era fuerte también.
***
—¡Tienes que calmarte! —Leela trataba de tranquilizarlo.
—¿Cómo quieres que me calme? Salí del baño y ya no estaba allí. ¡Hace dos horas! No sé dónde buscar y temo lo peor. —Se movía de un lado a otro nervioso. Debía ser el karma o la justicia, pero Ana no era culpable de su maldad. Si alguien tenía que padecer era él, no ella. Ahora entendía el sufrimiento de Jing y su temor. Ahora entendía su insistencia en proteger a Leela y ocultarla de él. ¡Fue tan malvado! Le hizo mucho daño a su rival y ahora lo estaba pagando con creces. Ver a Ana muriendo, tan vulnerable. Cada vez que esa imagen lo azotaba no podía evitar las lágrimas. A veces quería alejarse completamente y así ella no tenía que padecer por culpa de él, sin embargo, no tendría paz al saber que la mujer que amaba podría estar en peligro.
—¿Hay una reunión? —Jonah se acercó a ellos.
—Ana no aparece. ¿De casualidad la has visto? —Jing le preguntó y Jonah los miró desconcertado.
—¿Cómo que no aparece? La dejé frente a su tienda hace media hora.
Dimitri se lanzó contra Jonah, apretando su cuello con fuerza. Leela y Jing trataban de liberarlo, pero este estaba aferrado a él.
—¡Explícate, imbécil! ¡¿La dejaste sola?! —Dimitri apretó con más fuerza, a tal punto que Jonah se estaba poniendo rojo.
—¡Ya basta, Dimitri! —Jing logró liberar al chico, quien no dejaba de toser.
—Siento una mala presencia. —Leela dijo de repente y su cadena brilló, luego le siguió la de Jing.
—¡Es en el bosque! —Jing gritó—. ¡Vamos!
Los tres saltaron y se perdieron entre los árboles. Cuando llegaron al río la sangre se les heló al ver una figura negra en forma de sombra sobre el cuerpo de Ana, quien yacía en ropa interior en la orilla del río. El rostro de Reka se evidenció. Sus ojos estaban completamente negros y su mirada endemoniada. Ella saltó sobre unos árboles y Leela y Jing la siguieron.
Dimitri se tiró encima del cuerpo frío de Ana y tomó su pulso. La acción se le dificultaba por los temblores de sus manos y los ojos le empezaron a arder. Su corazón se agitaba con violencia y su respiración se entrecortaba.
—Ana... cariño... ¡¡Ana!!
***
—Se escapó. —Leela dijo con frustración. Todos estaban reunidos en la casa de Ulises, quien trataba de despertar a Ana. Dimitri se encontraba sentado en el sofá, con su rostro sobre sus rodillas, ocultando las lágrimas y apretando su cabello.
—Toma, esto te hará sentir mejor. —Eli le pasó una taza de té, pero él negó. Limpió sus lágrimas y acunó su rostro entre sus palmas.
—Si algo le pasa yo... —Dimitri dijo con la voz rasposa.
—¡Va a estar bien! —Eli se sentó a su lado—. Ulises y Leela tienen poderes cura... —Eli paró en seco y puso la taza sobre la mesa. ¿Cómo no se les ocurrió antes?
—¡Oigan! —Eli se dirigió a Ulises y Leela quienes la miraron extrañados.
—¿Qué pasa, Enana? —Ulises la miró con dulzura y ella se perdió en el verde de sus ojos. Ambos se sonrojaron por lo que Leela entornó los ojos.
—¿Es en serio? —Leela removió a Ulises para que despertara de su atontamiento.
—Creo... —Eli sonrió apenada—. Creo que la pulsera de diamantes rojos será más rápida y efectiva.
Los cuatro miraron a Eli y luego se miraron entre ellos, como si fueran las personas más tontas y olvidadizas de la historia.
—¿Cómo no lo pensamos antes? —Jing se topó en la frente.
Eli se quitó la pulsera y se la puso a Ana. Los diamantes empezaron a brillar y Ana se incorporó de repente. Su respiración estaba agitada y su mirada desorbitada.
—¡Preciosa! —Dimitri corrió hacia ella. Ana estaba sobre una camilla delgada que habían traído del campamento, él la tomó entre sus brazos y la abrazó como si su vida dependiera de ello. Todos lo miraban con extrañeza y curiosidad. Todavía no se acostumbraban al Dimitri cariñoso y enamorado. Ana lo besó y Leela se quedó mirándolos como si fueran la cosa más rara e intrigante que haya visto jamás.
—Tigresa, disimula un poco. —Jing le susurró en el oído y ella le sonrió sonrojada.
—Todavía se me hace difícil de asimilar. Las personas te pueden llegar a sorprender muchísimo. —Leela acarició la mejilla de Jing y éste la miró con coquetería.
—¿Por qué no regresamos al campamento? Tengo ganas de... —Jing terminó susurrándole algo en el oído que puso a Leela colorada. Ella se despidió con urgencia y ambos se marcharon al campamento.
—Bueno, tórtolos. Eli y yo nos vamos a... dormir. Pueden utilizar la habitación de al lado. Siéntanse como en casa. —Ulises se despidió.
Eli se estaba despidiendo también cuando Ulises se la llevó casi a rastras.
—¿Quieres dormir? —Dimitri acarició el cabello de Ana con ternura y ella lo abrazó.
—Me gustaría comer algo. —Ana no había terminado bien la frase cuando Dimitri ya estaba en la cocina buscándole que comer.
Después de que Ana cenó se fueron a dormir. Dimitri se quitó su camisa bajo el atento escrutinio de Ana, quien no dejaba de mirarlo como si fuera un delicioso manjar. Él se acostó a su lado y la envolvió entre sus brazos. El ambiente estaba un poco tenso y los ruidos provenientes de la habitación de la pareja de al lado, no ayudaban en nada.
—A dormir, ¡sí, claro! —Dimitri gruñó sonrojado y Ana estalló de la risa.
—Imagínate, más de dos meses separados y con los enamorados que están.
—Sí, pero tampoco tienen que exagerar. ¿O crees que él la trajo para acá en la tarde para conversar?
—Mi amor, deja tu envidia. Mejor vamos a ignorar los sonidos... ¿Por qué no jugamos nosotros? —Ana lo miró desafiante y Dimitri se puso rojo y nervioso.
—¿Ju... jugar? —tartamudeó.
—Sí. Vi unas cartas en la sala, podemos tomarlas prestadas y jugar.
—Ooohhh... —Dimitri se avergonzó por su confusión y la miró con intensidad—. Mejor hablemos. Ana, ¿por qué rayos te fuiste al río sola si sabes que esa loca quiere asesinarte?
Ana bajó el rostro apenada.
—Quería demostrarte que no soy una debilucha inútil como crees.
—¡¿Es en serio?! —Dimitri golpeó la cama—. Vaya forma de demostrarlo. Fuiste muy inmadura y desconsiderada. No te imaginas la angustia por la que tuve que pasar. Ana, si algo te hubiera sucedido yo... yo no sé cómo sería mi vida después. ¿Acaso pensaste en mí?
—Es lo único que hago. Pero me molesta ser una carga para ti. Tú ni siquiera estás durmiendo bien y vives paranoico —respondió con lágrimas en los ojos. Dimitri la envolvió entre sus brazos otra vez y acarició su cabello.
—No eres una carga para mí, al contrario, eres el combustible que me ayuda a seguir. Eres mi motivación a un futuro, a ser una persona normal. Te amo y no me importa sacrificarme a mí mismo por tu bienestar. Por favor, deja de pensar tantos disparates y deja de hacer estupideces. No se trata de si eres débil o no. Esa cosa está detrás tuya y es más fuerte que nosotros dos juntos. Mi amor, prométeme que te cuidarás y no volverás a exponerte de esa manera. Yo entiendo lo asfixiante de la situación, no obstante, vamos a atraparla y tú podrás retomar tu vida; pero por ahora, tendrás que soportar mi sobreprotección.
Ana asintió dejando salir algunas lágrimas que Dimitri quitó con sus dedos. Ella empezó a besarlo y acariciar su torso desnudo. El sabor de sus labios le encantaba asimismo la forma en que él la besaba, con tanto amor y deseo; ella estaba enloqueciendo con un simple beso y su cuerpo le estaba pidiendo más.
—Dimitri... —Ana balbuceó excitada y empezó a besar su blanca y suave piel. Él era tan blanco que cada vez que ella pasaba su dedo, su piel se tornaba rosa y si presionaba mucho le quedaba colorada por un rato. Dimitri temblaba de la excitación por sus caricias y besos atrevidos. Su respiración se dificultaba y varios escalofríos recorrieron su cuerpo. Él se le subió encima deseoso de más. Sus dedos recorrieron su muslo y siguieron subiendo hasta su cintura mientras devoraba su boca. Ana lo abrazó con sus piernas, atrayéndolo más a ella.
—¡Rayos! Ana, debemos detenernos. —Dimitri saltó de la cama como si esta representara algún peligro.
—Lo siento, yo... —Ella bajó el rostro avergonzada y él no dejaba de mirarla. Se veía tan apetecible con su piel sonrojada y sus labios hinchados, su cabello largo un poco desarreglado y su respiración agitada. La deseaba con locura, pero él era hombre de una sola palabra y cumpliría lo que le había dicho antes.
—No, perdóname tú a mí. Eres irresistiblemente apetecible y tengo ganas de comerte, pero vamos a cumplir con lo que nos propusimos y eso nos hará más fuerte como pareja. Te amo, preciosa.
Dimitri volvió a la cama y ella se recostó a su lado. Minutos después, ambos se durmieron abrazados.
***
—¿Qué haces aquí? —Kiara preguntó con reclamo y sospecha. Aún se estaba recuperando de la herida que Ulises le había causado en la cueva.
—Vine por una tregua. —Reka respondió con una sonrisa cínica y despreocupada.
—¿Qué te hace pensar que yo quiero aliarme contigo? ¿Qué? ¿Ya te descubrieron? —La miró airosa.
—Al parecer, sí. Fui muy obvia al enamorarme del viajero. Esa debilidad nuestra es algo que siempre odiaré de nuestra naturaleza. Tú me necesitas para vencerlos, soy mucho más fuerte que tú.
—Pero estás sola. ¿De qué te sirve tu poder, ahora? Siempre presumiste ser hija de un guardián y nos menospreciabas. Sabías cosas que nosotras no. Pero ahora estás acabada porque esos viajeros y mi Ulises, pueden destruirte en un abrir y cerrar de ojos.
—Primero te destruyen a ti, Kiara. Hagamos algo, luchemos juntas contra ellos y esclavicemos al guardián. Eso sí, no tocarás a Dimitri. Entonces, una vez nuestros enemigos estén destruidos, compartimos el poder de Ulises y yo te digo un secreto que va a salvar la vida de tu padre.
—¿Un secreto? Sé cómo salvarle la vida.
—Eres tan ignorante, querida. Pero si quieres seguir creyéndolo, ese es tu problema. No lo niegues, me necesitas y te conviene más tenerme de aliada a tenerme de enemiga. ¿Sabes? La enfermedad de tu padre es incurable porque nació de su propia maldad. Él, al acostarse con una Sapria y beber de su veneno, adquirió un extraño mal que se convirtió en enfermedad por su despiadado corazón. Es decir, que acostarse con tu madre y concebirte fue su gran desgracia. ¿Crees que él te llegue a odiar más si se entera de eso? ¿Qué tal que yo le dé la verdadera cura? Piénsalo, te conviene parecer la heroína.
—Está bien, Reka, trabajemos juntas. Pero no caeré en ninguno de tus trucos baratos, esta vez. ¿Me entiendes?
—Sin trucos. —Reka confirmó con una sonrisa malvada.
***
En el centro de Ilusiones, rodeados de grandes montañas, una multitud se preparaba. Hombres con apariencia temerosa, armaduras y armas peligrosas se dirigían hacia la costa, listos para atacar.