Capítulo cuarentena
NARRA GISELLE.
— Daniel Alejandro Ferrer, aceptas como esposa a Georgina Isabelle Horan para amarla, cuidarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe.
A mi alrededor, en la iglesia, se hace un corto silencio mientras el novio de mamá se coloca frente a frente con ella, le toma ambas manos y le regala una cálida sonrisa antes de enfocarse en el padre otra vez.
— Acepto.
— Georgina Isabelle Horan, aceptas como esposo a Daniel Alejandro Ferrer para amarlo, cuidarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe.
Mamá también sonríe, como madrina de la boda estoy de pie a su lado junto al resto de damas de honor así que me doy cuenta de cómo mamá le da un leve apretón en las manos a su novio antes de asentir emocionada.
— Si, acepto.
— Entonces que lo que el señor ha creado, que el hombre no lo destruya —el padre dice sus últimas palabras—. Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia.
No ha terminado de decir aquello cuando mamá se abalanza sobre su ahora esposo, rodea el cuello de él con sus brazos mientras Daniel posa ambas manos en la cintura de mamá y unen sus labios formando un lindo beso, haciendo que todos los presentes aplaudamos con entusiasmo.
Mientras mamá se besa apasionadamente con Daniel mis ojos se desvían por inercia a la segunda fila de asientos que están frente a mí, allí donde está el chico rubio que me trae mal desde que lo vi entrar a la iglesia vistiendo ese traje hecho a la medida negro con corbata azul el cual le queda más que sensual con su cabello sin una gota de fijador. Pero no está solo, a su derecha está su madre acompañada de Louis, ya que su padre no pudo venir y a su izquierda, para mi desgracia, esta Mónica vistiendo un vestido del mismo color azul marino de su corbata.
«Par de ridículos» Pienso, imaginando que tal vez pasaron horas decidiendo como combinarse para venir ella como acompañante de él
Mi sonrisa desaparece, se convierte en una mueca cuando los veo platicando tan animadamente, como cuando los vi entrar en la iglesia, incluso la pelinegra logra sacarla una que otra sonrisa al rubio, cosa que me logra cabrear.
Como si supiera que lo estoy mirando sus ojos se apartan de la pelinegra por unos breves segundos para clavarlos en los míos, así que pronto desvío la mirada y esbozo una sonrisa forzada cuando mamá se aparta de su novio.
Agarrados de la manos los novios abandonan la iglesia, detrás de ellos empiezan a salir también los invitados y Jason se acerca a mí en ese momento, ofreciéndome su brazo.
— ¿Vamos o piensas quedarte aquí como una boba?
Ruedo los ojos, aceptando su brazo.
— Bobo tú.
Salimos de la iglesia, afuera vemos como mamá cuenta hasta tres para lanzarle el ramo hacia atrás donde hay un grupo de mujeres, entre ellas veo a mi prima y a mí amiga una al lado de la otra.
— ¿Por qué no te les unes? —me pregunta Jason, mientras nos acercamos hacia el ahora esposo de mamá.
— Mejor paso.
Un alboroto se forma cuando una de las que se posaron detrás de mamá consigue alcanzar el ramo por el aire. Curiosa, me giro a ver quién ha sido y mi genio empeora de solo verla.
Mónica, quien trae una sonrisa de oreja a oreja con el ramo de rosas en una de sus manos. Veo como desde su posición le hace señas al rubio que la espera a unos metros, este niega con la cabeza mientras sonríe.
Molesta y con los celos en mi sistema me giro hacia mí hermano que conversa con Daniel.
— Vámonos —le digo.
— ¿No esperaríamos para irnos con mamá y...? —su pregunta queda a medias porque calla cuando niego con la cabeza.
— Vayan, no hay problema —nos dice Daniel—. Igual con Georgina daremos unas vueltas en el coche para darle tiempo a los invitados de llegar al salón que alquilamos para la fiesta.
Jason asiente con la cabeza.
— Entonces vamos.
Me dió un pequeño jalón para que caminará hacia dónde había dejado el coche de mamá en el cual se vino.
Nos fuimos ambos en la parte delantera, y antes de que él ponga el coche en marcha con mi mirada inspeccionó el lugar para darme cuenta de que el imbécil de ojos lindos ya no está, tampoco Mónica o su familia. Solo quedan pocas personas esperando para irse a la fiesta que mamá organizó para después del casamiento, el resto de los invitados debe estar en camino ya.
Mi hermano arranca el coche, mientras yo despegó mis ojos de la ventana y me encargo de darle vida al ambiente, conectando mi móvil vía Bluetooth en el reproductor de música del coche, seguido de eso coloque una canción de Justin Bieber, What Dou You Me.
— Joder, amo esa canción —digo, empezando a cantar siguiendo el ritmo.
La verdad es que la música en estos momentos de mal humor es lo único que logra desestresarme, eso y beber. Pero eso aún no puedo hacerlo hasta no llegar a la recepción y perdermele a mi hermano, porque mi madre estará bastante ocupada al ser la fiesta en motivo de celebración por su matrimonio como para estar pendiente de si su pequeña se emborracha o no.
Jason desvía sus ojos un par de segundos de la autopista y me mira, parece un poco preocupado en su mirada.
— ¿Estás bien? —pregunta, y regresa su mirada al frente.
— Más que eso —miento.
Me siento como mierda, no solo por lo que ví hace dos días en el salón de química del instituto, sino también por la impresión y decepción que me dió al verlo entrar a la iglesia con su mano entrelazada con la de la pelinegra.
¿Serán otra vez amigos... de esos que se besan o tienen sexo sin ningún compromiso?
O peor todavía...
¿Será que la trajo porque ahora tienen una relación más formal?
Sé que el que este con ella en parte es mi culpa, porque yo le rechace cuando me confesó que me quería. Pero el que este con ella ahora mientras hace como si yo no existiera me pone a dudar de aquello, ¿qué tal si solo quería utilizarme, jugar conmigo como lo hizo mi exnovio?, porque sé que Samuel y Matías son dos personas distintas, pero aún no olvido el beso entre Mónica y él que presencié momento antes de su confesión.
— Giselle —me llama Jason, sacándome de mis pensamientos.
Lo miro, parpadeando confusa.
— ¿Eh?
— ¿Estás segura? —dice, haciéndome fruncir el entrecejo sin comprender a que se refiere.
— ¿El qué?
Jason suelta un suspiro, lleno de comprensión y paciencia.
— Que si estás segura de que estas bien —dice—. Te noto de mal humor, cosa que no comprendo, ayer estabas de lo más feliz con mamá planificando los últimos detalles para la boda.
— Si lo estoy —digo, más tratando de convencerme a mí que a él—. Solo me ha bajado Andrés.
— ¿Andrés? —lo veo arquear una ceja, sin comprender.
Suelto una pequeña risa.
— Si —afirmo—. El que nos viene cada mes a las mujeres, Jason.
— Oh, te refieres a la regla.
Muevo la cabeza en un gesto afirmativo.
— Eso tiene lógica —dice, creyéndome cuando no es más que una mentira.
Vuelvo a asentir y el resto del camino permanecemos en silencio, escuchando las canciones de mi esposo el Justin.
[***]
Llegamos al lugar que mamá ha reservado para su fiesta, un enorme salón para fiestas el cual está adornado con detalles en beige, negro y rojo, todo muy elegante. Y con música a todo volumen como si estuviéramos en un club nocturno.
En la entrada del salón hay dos guardias los cuales se encargan de recibir las invitaciones de todos y darles a todos un brazalete rojo fluorescente para que puedan salir y entrar como deseen al lugar, y que no se cuelen desconocidos a la celebración.
Tanto Jason como yo traemos ese brazalete puesto desde que salimos de casa, así que sin necesidad de hacer la fila se los mostramos al guardia de piel morena que nos deja entrar sin ningún problema.
Cuando pongo un pie adentro quedó impresionada con la decoración del lugar.
Hay mesas con manteles color crema las cuales tienen unos hermosos centros de mesas con arreglos florales magníficos. Las sillas con la misma tela color crema tienen un adorno en el espaldar, un lazo en color negro tienen las seis sillas de una mesa, mientras que de otra son de color rojo, y así.
El enorme salón que tiene dos divisiones dentro, una pequeña cocina a la izquierda y otro salón el cual debe estar decorado de igual manera a la derecha, todo esto está iluminado gracias a los candelabros que cuelgan del techo hechos completamente de cristales los cuales le dan un toque elegante al sitio.
También veo que han hecho una pista de baile en la cual parte de los invitados ya están bailando mientras la cabina del DJ está justo al frente, la otra parte de los invitados están en sus asientos asignados conversando. Frente a todas las mesas redondas de seis puestos hay una rectangular en la cual de supone que iremos los familiares de los recién casados junto con ellos. También veo un rincón donde está en una mesa el pastel de cuatro pisos, junto con variedades de postres y el ponche.
Tal vez no tenga alcohol, pero en cuanto lo veo me acerco hacia los postres para servirme un poco, pero me detengo cuando uno de los que se encargarán de repartir la comida o bebidas me ofrece una copa que no dudo en aceptar.
— Gracias —le sonrío.
Tomo el primer sorbo, viendo que mi hermano se ha puesto a hablar con una chica la cual es un poco atractiva y es que Jason nunca pierde el tiempo.
Voy a la mesa rectangular donde tomo asiento donde dice mi nombre, justo en la silla que está al lado de la de mi hermano. Y aburrida recorro el lugar con la mirada mientras espero que llegue alguna de las chicas, mi madre o que Jason termine de ligar con aquella castaña.
Mis ojos se detienen en el chico rubio que baila en la pista de baile. Joder, no lo ví cuando llegué. Pero no está solo, a su lado hay una chica que no conozco, pero que ví durante la ceremonia de mamá. Si mi memoria no falla, es conocida de algún familiar de Daniel.
Por el salón no hay rastros de Mónica, cosa que por un segundo me alegra, hasta que veo como entran la madre y el primo de Samuel en compañía de la pelinegra que al ver al rubio con la desconocida no tarda en acercarse, espantar a la chica y bailar con él.
Me bebo tomo el contenido de la copa en un solo trago, molesta.
— Como sigas bebiendo tan pronto y tan rápido, no pasará ni una hora cuando ya estarás borracha —dicen a mis espaldas.
Eso es lo que busco, la verdad.
Giro la cabeza hacia esa voz tan familiar, y me encuentro a Andrew en un traje azul sin corbata sonriéndome.
— ¿Qué tal? —le saludo, obviando lo que me ha dicho—. ¿Dónde has dejado a Claudia?
— Se ha venido con Laura y su novio —me dice, y toma asiento en la silla a mí izquierda—. No hay problema que te acompañe un rato, ¿cierto? Al parecer Jason está muy ocupado con cierta rubia.
Frunzo las cejas ya que hasta donde sabía la chica era castaña y sigo la mirada del sexy primo de mi amiga, el descarado ya está con otra chica y en efecto, esta es rubia.
— Mucho perro —niego con la cabeza, enchinando los ojos hacia él.
— También lo he visto con la castaña —ríe—. Pero no lo culpes, en esta fiesta hay chicas muy hermosas.
— ¿Ah, si?
Él se muerde el labio, conteniendo la sonrisa y asiente con la cabeza.
— Como tú, por ejemplo.
Con eso logra hacerme sonrojar.
— Oh, vaya... yo... —sonrío, nerviosa—. Gracias.
— Solo digo la verdad, no hace falta que lo digas.
Asiento con la cabeza, pero antes de que pueda decir algo un alboroto se escucha en el lugar indicándome que ha llegado los novios, lo confirmo cuando el DJ habla.
— ¡Recibamos con un fuerte aplauso a los novios! —grita el DJ a través de un micrófono, no sin antes haber bajado el volumen de la música—. ¡Georgina y Daniel!
La gente que se ha levantado de sus asientos mientras aplauden como lo ha pedido el DJ se hacen a un lado cuando agarrados de las manos entran mamá y su esposo, Daniel. Ambos con una sonrisa de oreja a oreja que no muestra más nada que la felicidad que se cargan en estos momentos.
De solo ver a mamá así de contenta mi día se arregla un poco.
— Bueno, es mejor que me vaya a mí mesa —se levanta Andrew, y lo imitó tomándolo de la mano.
— Espera, ven para presentarte a mamá y a su novio, digo, esposo —corrijo rápidamente, y río—. Es la costumbre.
— ¿Estás segura?
Asiento con la cabeza, sonriendo.
Espero pacientemente que mamá termine de recibir las felicitaciones de la mayoría de sus invitados, y una vez ellos se acerca a nosotros procedo a presentarle a mí amigo.
— Mamá, Daniel —les digo—. Primero, los felicito, segundo, quería presentarles a Andrew.
— Gracias cielo —mamá me sonríe.
— ¿Tú novio? —pregunta Daniel, mirando un punto mas abajo de nuestros ojos.
Sigo su mirada, notando que aún tengo agarrado a Andrew de la mano así que lo suelto y río mientras niego con la cabeza.
— Solo somos amigos —digo, a lo que el chico asiente.
— Es un gusto —estira su mano hacia Daniel—. Y felicitaciones.
— Gracias muchacho —Daniel recibe su mano, dándole un apretón.
— Gracias —mamá le da una cálida sonrisa—. Y el gusto es de nosotros, no te creas.
Andrew ríe, y para mí sorpresa a mamá le agrada ya que le saca temas de conversación para conocerlo un poco más y se comporta dulce, como con todos mis amigos.
No duró mucho con ellos ya que las chicas aparecen, se han bebido algunos cócteles porque lo que se les ve un poco más animadas, en especial a Claudia, y ambas me arrastran a la pista de baile sin dejarme si quiera excusarme con mamá.
Pasan las horas, la fiesta no me resulta tan aburrida como pensé, cuando en la barra de licores que hay en el salón más pequeña me bebo el sexto cóctel de la noche junto a las chicas, olvidándome de cualquier chico rubio que este posiblemente con cierta pelinegra por ahí pasándola de lo mejor.
Esta noche planeo embriagarme, no me importa mamá, no me importa ningún hermano mayor.
— ¡Hasta el fondo! —nos anima Claudia, a lo que tomamos nuestras copas y nos bebemos lo que nos quedaba de los cócteles.
— Chicas parenla ya —dice Xavier, no muy contento de vernos tomar como albañil recién pagado—. Se van a embriagar y todavía no se hacen ni las díez.
— Eso no es tu problema, Xavier —le digo, apuntandolo con mi dedo—. Así que vete a buscar al imbécil de tu amigo o a Louis y déjanos divertirnos.
— Eso, eso —me apoya Laura.
Xavier tensa un músculo de su mandíbula al no lograr que paremos, al contrario, le pedimos al chico de la barra que nos sirva otra ronda para las tres.
— Por lo menos beban despacio.
— Chico, pero, ¿acaso no pudiste echar un polvo rapidín antes de venir con Laura y por esta estás tan pesado o qué? —se queja Claudia—. Déjanos tranquilas.
Suelto una risa ante lo que ha dicho mi amiga, mientras Laura trata de ocultar su sonrisa bebiendo un poco del cóctel que el chico nos da a cada una.
No estamos borrachas, ni siquiera en ese punto que estás a punto de volverte mierda. Pero el chico es un exagerado que no nos quiere dejar divertirnos.
— Llamaré a Andrew y a Jason, en definitiva —dice él, serio. Entonces se gira hacia el de la barra—. ¡Oye, tú, son menores tarado, no vuelvas a darles alcohol!
El rostro del chico palideció ante las palabras del novio de mi prima. Las tres nos quejamos, la verdad es que con tanto maquillaje parecemos mayores de edad, y por eso no nos pidió nuestra identificación. También ayudó que Claudia le coqueteara un poco.
Gracias Xavier, por arruinar mi noche.
— Eres un aguafiestas —su novia le hace un mohin triste, a lo que él solo se encoge de hombros y sale en busca de mi hermano y el primo de Claudia.
Trato de agarrar la copa del cóctel que el chico de la barra nos había dejado anteriormente, pero este se apresura en arrebatarme la.
— Lo siento chicas, pero para ustedes no hay más cócteles ni bebidas alcohólicas. Pero si quieren algún refresco...
— Vete al diablo —le suelta Claudia, bajandose del taburete.
Ella nos da una mirada, indicándonos que vayamos al otro salón así que también nos bajamos de los taburetes donde estábamos sentadas Laura y yo, y con nuestros brazos enganchados vamos al salón principal.
— No es por nada, Laura —digo—. Pero Xavier me cae en estos momentos malísimo.
— A mi también —asiente Claudia.
— Tranquilas, que ya sé cómo me desquitare por esto, se va arrepentir —y una sonrisa maliciosa se extiende en su rostro cuando lo ve a lo lejos conversando con mi hermano—. ¿Les molesta que me vengue ahorita?
— Para nada.
— Ni un poquito, vaya.
Laura esboza una sonrisa y moviendo sus caderas de manera sensual se acerca hasta donde está Xavier. Tomándolo por sorpresa lo abraza por atrás a la vez que deja un beso en el cuello del chico, este al ver que es su novia solo sonríe y gira la cabeza para besarle los labios.
Entonces vemos cómo mi prima le susurra algo al oído, haciendo que Xavier ensanche la sonrisa y se disculpe con mi hermano para dejarse guiar por su novia hasta... ¡Ah, caray! A los baños que están en una de las esquinas los cuales son unisex, mientras abre la puerta Laura mira en nuestra dirección y nos guiña un ojo, antes de desaparecer dentro del baño con su novio.
— ¿Su venganza es tener sexo con él en los baños del salón? —digo, frunciendo el entrecejo, confundida.
Claudia niega, sonriendo orgullosa.
— No, su venganza es provocarlo para después dejarlo con las ganar.
Abro la boca, sin poder creerlo.
— Carajo, quien viera a Laura —río—. Pero todo sea porque nos arruinó la noche.
— Exacto.
— ¡Giselle! —el grito que mi hermano suelta apareciendo frente a nosotras de pronto, logra que de un pequeño brinco por la impresión.
— Joder, ¿qué te pasa?
— ¿Has estado bebiendo? —me pregunta, molesto—. Xavier me ha dicho...
— Xavier es un chismoso aguafiestas —interviene Claudia—. Así que relájate, Jason.
Mi hermano le da una breve mirada a ella y, sorprendiendome, toma mi rostro con una de sus manos de una forma para nada delicada y lo acerca al suyo, más bien a su nariz.
— A ver, sopla o habla —dice, sin soltarme y haciendo un poco de presión para que mantenga la boca abierta, eso me lastima un poco.
— Joder, Jason, ya —logro empujarlo lejos de mi, y que suelte mi rostro.
Y entonces me arrepiento de haber hablado, porque ha olido mi aliento.
— No te quiero ver tomando más —me advierte, señalándome con su dedo—. Porque tendremos serios problemas, Giselle.
Bufó, rodando los ojos.
— Tú también estás tomando, así que...
— Yo soy mayor, tú no —me dice, serio—. Y eso también va para ti, Claudia y para Laura.
Claudia rueda los ojos, más nos dice nada para evitar alguna contienda.
— Ahora, vayamos a la mesa, ya todos están ahí esperando por ustedes para iniciar el banquete —nos dice.
— Faltan Laura y Xavier —digo, imaginando que cosas pueden estar pasando dentro de ese baño.
— He visto para donde han agarrado, así como ustedes —nos dice—. Pero haré como si nada y diré que los mandé a buscar algo al coche.
Y eso mismo fué lo que dijo cuando nos acercamos a la mesa y mamá pregunto por su sobrina.
Jason tomo asiento al igual que Claudia, mientras yo veo a las personas que están en la mesa.
Mamá y Daniel están sentados uno al lado del otro en la cabecera de la mesa, del lado derecho sentados veo a la madre de Daniel, le sigue su hermana mayor, su cuñado y el mejor amigo del esposo de mamá. Frente a estos, en los asientos de la izquierda, están los padres de Laura, seguidos de la señora Rinaldi y una de las damas de honor, Vanessa, quien es la mejor amiga de mamá.
Aún hay sillas ocupadas en aquella mesa, y del lado izquierdo, sentada la lado del mejor amigo de Daniel, veo a la chica rubia que ví bailando con Samuel quien resulta ser hija de la cuñada de mamá. A su lado veo al imbécil de ojos lindos, seguido por Louis y un puesto vacío, a de ser el de Xavier.
Y frente a estos, está Jason platicando alegremente con la chica que tiene al frente, no pasó desapercibido que al lado está Mónica, justo frente a Samuel. Le sigue Andrew, otro puesto vacío para seguramente mi prima y frente a mí madre y su prometido está sentada Claudia.
Miro a todos lados, sin saber dónde sentarme, aunque anteriormente había visto mi nombre en el puesto al lado de mi hermano.
Mamá parece notar que algo anda mal, porque me mira con el ceño fruncido al ver que todavía sigo de pie a su lado.
— Cariño, siéntate.
— ¿En dónde? —pregunto, en tono bajo.
— ¿Cómo que en dónde, Giselle? Si tu vas...
Calla cuando nota a la chica pelinegra en el que se supone es mi puesto.
— ¿Quién es ella? —pregunta, frunciendo el entrecejo.
— La ví entrar con el vecino —dice Daniel.
Mamá me mira para ver si es su esposo está en lo correcto así que muevo la cabeza en un gesto afirmativo, algo desanimada.
Mamá me da una mirada comprensiva, pero aquello cambia cuando mira a la pelinegra con una expresión seria.
— Hey, tú, la del vestido azul —mamá la llama.
— Mónica, ahí te hablan —le dice Louis, haciendo que está aparte los ojos de Samuel y mire a mí madre con indiferencia.
— ¿Si? —arquea una ceja.
— ¿Podrías, por favor, levantarte y darle su puesto a mí hija?
No hace ni el más mínimo intento en levantarse.
— ¿Acaso ella no tiene boca que tiene que salir su madre a hablar por ella?
— Mónica —el tono de advertencia en la voz de Samuel hace que la chica ruede los ojos y se ponga de pie.
— ¡De acuerdo!
Hace el ademán de ir al puesto vacío que está entre Andrew y su prima, pero me apresuro a hablar antes de que logré sentarse.
— Ahí va mi prima —le digo—. Y en el otro Xavier.
— ¿Y a dónde se supone que voy a sentarme yo? —dice, cruzándose de brazos.
— No tenía idea de tu presencia, por lo que no hay más asientos disponibles —dice mamá, mirando a todo su alrededor—. Ah, si hay uno, puedes sentarte en la mesa donde están los niños.
Los ojos se desvían hacia aquella mesa en la esquina en la que hay unos tres niños y una niña, todos menores de 10 años, a su lado hay una chica que se encarga de cuidarlos mientras sus padres disfrutan la noche. Y una mueca de asco aparece en su rostro.
— No, he venido con Samuel y...
— Pues no se me informo y solo coloque a los amigos de mi hija acá, lo siento.
— Que yo sepa su hija y Samuel no son nada, ni siquiera amigos.
El recordar eso hace que una punzada de tristeza cruce mi pecho y clave la mirada en el suelo.
— Pero es el mío —interviene Jason, serio—. Y es hijo de la amiga de mi madre, es decir, la novia.
— Samuel... —Mónica lo mira con cierto enojo, y este suelta un suspiro cansado.
— Ve allá —le pide—. Después...
Mónica no deja que termine de hablar ya que al ver que no haría nada por ella se giró furiosa y fue hasta la mesa de los pequeños.
— ¡Ya volví, ya volví! —dice mi prima, acercándose a paso apresurado hacia nosotros—. Disculpen la demora.
— ¿Por qué has tardado tanto? —le pregunta su padre, es decir, mi tío.
Aprovecho de que se acabo el problema para tomar asiento al lado de mi hermano, justo frente a Samuel.
¿Por qué será que siento que mamá lo hizo al propósito?
Laura también toma asiento al lado del primo de nuestra amiga.
— Y-yo...
— De seguro estuvieron buscando por todo el auto mi celular —interviene Jason, salvando el momento—. Pero ¿adivinen qué? Me he dado cuenta que lo traigo en el saco.
Lo saca del saco, mostrándoselo a nuestra prima mientras disimuladamente le hace señas con los ojos para que siga la corriente.
— Oh, tú siempre de despistado, Jason —ríe, nerviosa—. Para la próxima revisa bien antes de creer que lo has dejado en el auto.
— Si, si.
— ¿Dónde está Xavier, por cierto? —pregunta Louis.
— Ahí viene —avisa la madre de Samuel.
Giro la cabeza y es cuando lo veo venir hacia nuestra mesa, por su expresión deduzco fácilmente que está cabreado, molesto. Se le ve tambien irritado, bajo la mirada a algo más abajo y es cuando compruebo a que viene ese mal humor.
— Eso no se hace —escucho murmurar a mí hermano, aguantando la risa.
Giro mi cabeza hacia Claudia al mismo tiempo que ella me mira, por su expresión sé que también lo ha notado. Entonces miro a Laura, quien frunce los labios para no reír y ella mira a Claudia y otra vez nos miramos ambas. Y es cuando Xavier toma asiento mientras se disculpa que las tres estallamos en una fuerte carcajada sin poder evitarlo, ganandonos una mirada de odio por parte del novio de mi primo y otras confundas por parte del resto de los presentes, ajenos a la situación. Y Jason se nos une también al no poder aguantar las ganas de reírse.
— Lo siento, hermano —se disculpa, entre risas, ganándose también una mirada de odio de parte de Xavier.
El resto de nuestra mesa nos mira confundidos, tal vez creen que ya nos volvimos locos o que ya estamos ebrios. Por lo que después de durar más de cinco minutos riendo como los propios locos, nos aseguramos de poner alguna excusa para que olviden el tema y seguido de eso empiezan a servir la comida.